Artículo de divulgación

Andrea Camilleri y Manuel Vázquez Montalbán: bosquejo de una complicidad personal y literaria

 

Sergio García García

Instituto de Investigaciones Filológicas

e-mail: sergiogarciagarciacorreo@gmail.com

 

 

El escritor siciliano Andrea Camilleri (1925-2019) y el escritor barcelonés Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), al margen de ser dos de los mejores representantes de la novela policiaca europea, han estado inevitablemente vinculados desde que el siciliano, con la publicación de La forma del agua en 1994, decidiera otorgar a su personaje más conocido, el comisario de policía Salvo Montalbano, el segundo apellido del barcelonés. Así lo relató el propio Camilleri en 2005, en un texto enviado al Primer Encuentro Europeo de Novela Negra, celebrado en Barcelona en homenaje a Vázquez Montalbán: “En alguna entrevista, antes de conocerlo personalmente, había reconocido que tenía una 'deuda' con él o, mejor dicho, que había conseguido resolver los problemas de estructura de Il birraio di Preston[1] a partir de la lectura de su El pianista y que, por eso, como prueba de gratitud, había bautizado a mi personaje, que llegaría a ser el más conocido, con su mismo apellido, Montalbano, que, por otra parte, es muy común en Sicilia” (2005: 268-269).[2] El homenajeado, por su parte, declaró a propósito de este homenaje en su prólogo a la edición española de Un mes con Montalbano (1999), la quinta entrega de la serie del policía siciliano, que, “después de haber conocido a Camilleri y de haberle leído, me parece un honor inmerecido, aunque a veces, Montalbano, no Camilleri, se irrite por los gustos de Carvalho, especialmente por los gastronómicos” (Vázquez Montalbán, 2021: 11).[3]

Vázquez Montalbán fue el creador del detective privado Pepe Carvalho. Aunque en 1972 este personaje de origen gallego hizo una primera aparición en la novela de corte experimental Yo maté a Kennedy. Impresiones, observaciones y memorias de un guardaespaldas, no fue hasta dos años después con Tatuaje cuando se convertiría en el primer detective independiente de la novela negra española. Las pesquisas de Carvalho ocuparon un total de quince novelas, seis libros de relatos, una narración por entregas, cinco cuentos dispersos, un monólogo teatral y un recetario, y terminaron en 2004 con la vuelta al mundo del detective descrita en Milenio Carvalho, novela publicada póstumamente en dos volúmenes (Rumbo a Kabul y En las antípodas). Por su parte, Andrea Camilleri, tras una larga trayectoria como novelista, guionista y profesor de dirección teatral, a la edad de 69 años decidió crear a Salvo Montalbano, y así la ya mencionada La forma del agua fue la primera novela de treinta y una y de siete libros de relatos protagonizados por el comisario siciliano. A diferencia de Vázquez Montalbán, que situó por lo general los casos de Carvalho en un ambiente reconocible como la ciudad de Barcelona, Camilleri creó un trasunto literario de su Porto Empedocle natal, que en la ficción denominó Vigatà, así como de otros municipios de esta zona del suroeste de Sicilia, Montelusa (Agrigento) o Monterreale (Realmonte), por ejemplo, donde localiza las pesquisas de Montalbano, porque, como recuerda Vázquez Montalbán, para Camilleri “Sicilia es el mundo” (2021: 13).

Sicilia

Las narrativas policiacas de Camilleri y de Vázquez Montalbán se inscriben dentro de lo que la crítica ha denominado “novela negra mediterránea” –también llamada “novela negra de la Europa del Sur”–, y ambos autores están considerados como los principales exponentes de ella, junto con el francés Jean-Claude Izzo y su personaje Fabio Montale y el griego Petros Márkaris, creador del policía Kostas Jaritos. La novela negra mediterránea, que tiene sus referentes y antecedentes en escritores europeos como Leonardo Sciascia y Georges Simenon, entre otros, al margen de que sus autores provengan de países colindantes con el Mediterráneo donde ambientan sus novelas, presenta una serie de características coincidentes en las series de Carvalho y Montalbano, tal y como explican Javier Sánchez Zapatero y Àlex Martín Escribà (2011-2012): un marcado desencanto proveniente de los fracasos de las políticas de izquierda en sus respectivos países; una mirada crítica hacia la sociedad (rasgo fundamental de la novela negra); los personajes sufren el paso del tiempo y sus casos representan también una crónica del desarrollo de sus vidas; el espacio urbano surge como un personaje más, y da una especial atención a su pasado, su memoria y su evolución; la vida y el espacio cotidiano de los protagonistas adquieren una relevancia muy notable y se presentan como subterfugios de la trama policiaca; la adscripción a la política-ficción de muchas de sus narraciones y la presencia de ciertas circunstancias político-sociales como la inmigración, y el gusto y una actitud hedonista hacia la gastronomía, acerca de la cual establece Paco Camarasa que

se habla siempre de gastronomía cuando hablamos de novela negra mediterránea. Pero hay algo más para contraponerla a la novela nórdica o a la novela anglosajona. El hecho de comer, de beber, como un placer, como la utilización sabia de los sentidos humanos. Hay baños en el mar, hay mujeres hermosas pero no femmes fatales. Se come como un acto social y lúdico, no como simple acto alimenticio. Y está el vino, que pide palabras y conversación (oír, escuchar a las personas que rodean a nuestros protagonistas), nunca la soledad de los aguardientes o destilados consumidos compulsivamente los fines de semana (2018: 74).

Pensar al mismo tiempo en Camilleri y Vázquez Montalbán supone acudir en una primera instancia a Montalbano y Carvalho. Si bien ambos personajes comparten apellido, un grupo de personajes secundarios que conforman sus respectivas familias, mecanismos similares en sus investigaciones, ciertas actitudes ante la realidad como una constante memoria crítica, una implícita filiación de izquierdas –herencia clara de sus creadores, aunque ellos nunca dejaron de confesarse comunistas– e incluso encuentros puntuales con sus autores,[4] no así en el caso de sus oficios y, especialmente, su actitud ante la ya referida, y recurrente, gastronomía. Aun así, Vázquez Montalbán señala que ambos personajes son dos expedientes técnicos para proponer una realidad particular y concreta, que es la realidad literaria (Camilleri y Vázquez Montalbán, 2014: 39), y que, según le explicó al propio Camilleri, en su opinión “las diferencias y semejanzas entre nuestros personajes son, en el fondo, consecuencia de una misma actitud personal ante la novela policiaca” (en Manzano, 1999).

El escritor Vazquez Montalban

A propósito de la cuestión gastronómica, es preciso recordar las declaraciones del siciliano cuando en febrero de 2014 recogió el Premio Pepe Carvalho que otorga anualmente el festival BCNegra: “Manuel Vázquez Montalbán ha representado muchísimo para mí, el escritor, no sus personajes” (en Alós, 2014). Aunque el comisario y el detective disfruten con creces de la cocina, Montalbano no se enfrenta a ninguna receta, sino que decide acudir a las trattorie a comer siempre en silencio o descubrir en su nevera los platos que Adelina, la mujer que cuida y limpia su casa, le ha preparado. Carvalho también gusta de acudir a restaurantes, pero su obsesión por la cocina, donde la memoria y la identidad juegan un papel capital, hace que él sí se refugie y disfrute de la preparación de recetas mucho más elaboradas de lo que suele comer Montalbano –que proceden casi todas de un cuaderno escrito por la abuela de Camilleri con el que un día se encontró (Camilleri y Vázquez Montalbán, 2014: 34)–, tal y como reconoce el comisario siciliano en la novela El perro de terracota (1996): “Pensó que, en cuestión de gustos, estaba más próximo a Maigret que a Pepe Carvalho, el protagonista de las novelas de Montalbán, el cual se daba unos atracones de platos capaces de prender fuego al vientre de un tiburón” (Camilleri, 2021a: 39). Pero se conoce que el reparo hacia los platillos carvalhianos proviene del mismo Camilleri, pues en una charla que mantuvo con Vázquez Montalbán en Barcelona en 1999 le confesó que “¡a mí la comida de Carvalho me da miedo! ¡Es muy bestia! Ten presente una cosa: ¡Yo ya no puedo comer como comía antes! Al escribir hago una transferencia sobre Montalbano y le doy de comer cosas fantásticas que a mí me resultarían letales, como las sardinas rellenas. El miedo de Montalbano ante los platos de Carvalho es en realidad el miedo del autor” (en Manzano, 1999). Vázquez Montalbán siempre se tomó con humor estas declaraciones de Camilleri, que estuvo repitiendo a lo largo de toda su vida; de hecho, durante aquella charla les preguntaron a los escritores si sus personajes podrían resolver un caso juntos, a lo que Vázquez Montalbán, usando su particular ironía, respondió que “bueno, los casos nunca se resuelven... No sé, cada cual tiene su universo, su mundo propio... Es posible que ambos llegasen fácilmente a las mismas conclusiones... pero a través de restaurantes diferentes” (en Manzano, 1999).

Algo parecido a su forma de enfrentarse a la cocina es la relación con la lectura de ambos personajes. “Hay una biblioteca que crece en Camilleri [...], mientras que la del personaje de Vázquez Montalbán se consume en su chimenea: consunción aquí es de algún modo consumición”, afirman María de las Mercedes García Saraví y Carolina Repetto (2008). Frente a Montalbano, que siempre se relaja con un libro (novelas policiacas por lo general) y acude a los comercios locales de Vigatà a surtirse de nuevos títulos, Carvalho acostumbra casi todas las noches a encender la chimenea de su casa de Vallvidrera con un libro ya leído proveniente de sus nutridas estanterías –incluso alguno de su padre literario– porque, sencillamente, los libros “no le han enseñado a vivir” (Camarasa, 2018: 411). No obstante, llama la atención cómo entre las lecturas de Montalbano se encuentran los libros de Vázquez Montalbán: en la segunda entrega de sus pesquisas, El perro de terracota, el personaje de Camilleri se nos presenta leyendo por primera vez al barcelonés: “el comisario estaba leyendo una novela negra de un escritor barcelonés que lo intrigaba enormemente y que tenía su mismo apellido, sólo que españolizado en Montalbán” (Camilleri, 2021a: 10),[5] afición que mantendrá en otros títulos, como en La excursión a Tindari (2000), donde Montalbano aparece comenzando a leer Quinteto de Buenos Aires (1997), la penúltima novela de Carvalho: “Apagó el televisor y decidió empezar a leer el último libro de Vázquez Montalbán, cuya acción transcurría en Buenos Aires y que estaba protagonizado por Pepe Carvalho” (Camilleri, 2021c: 40; la traducción al italiano  a cargo del sello Feltrinelli, 1999). Además, esta afición y la admiración del comisario siciliano por Vázquez Montalbán y Carvalho ha trascendido las páginas de los libros, y así nos encontramos cómo es el propio Montalbano quien narra el documental sobre el barcelonés titulado Caleidoscopio Montalbán, dirigido por Jordi Segú en 2012.

Fragmento de audio del narrador Salvo Montalvano, personaje ficticio de Andrea Camilleri, sobre la vida, obra, legado y complicidad literaria de Camilleri con Vázquez Montalbán, en el documental Imprescindibles. Caleidoscopio Montalbán, de Jordi Segú (2012). Co-producido por Televisión Española TVE, Canal 3. Televisio de Catalunya, con el apoyo del Instituto Catalán de las Industrias Culturales. Disponible en el canal de YouTube https://www.youtube.com/watch?v=JlCXaUPGrhk Edición de audio a cargo de Alejandro S. Shuttera. Reproducción de los fragmentos con fines educativos y de difusión.

Si bien la filiación literaria entre ambos escritores debe superar el patronímico de Montalbano, son su contribución a las letras europeas, su admiración por Sciascia[6] y su relación de amistad el gran nexo entre Camilleri y Vázquez Montalbán; una amistad “a la siciliana”, como la definió el italiano, “hecha más de silencios que de palabras, [...] hecha de pausas, de destellos en el fondo de los ojos” (Camilleri, 2005: 269). Según recuerda el escritor italiano, “con Vázquez Montalbán nos vimos tres veces en Roma, una en Barcelona, una en Bolonia, una en Mantua, una en Brescia; siete veces en total aunque quizás haya olvidado alguna, pero ciertamente no más de diez. ¿Demasiadas pocas ocasiones para que nazca y se cimiente una amistad? No fue éste el caso” (2005: 268). Camilleri y Vázquez Montalbán se conocieron personalmente en el verano de 1998 en Italia, en el Festival Nacional del diario L'Unità: a petición del político Massimo d'Alema, Camilleri moderó una mesa donde Vázquez Montalbán presentaba la traducción italiana de su novela O César o nada (1998) –recordemos el éxito que ha tenido y tiene aún en Italia la obra del barcelonés (Colmeiro, 2015: 3)–. Ese mismo año, concretamente el 11 de septiembre, ambos compartieron un diálogo en el Festivaletteratura de Mantua, que fue reproducido íntegramente en el libro Andrea Camilleri incontra Manuel Vázquez Montalbán (2014). Tenemos constancia también de su encuentro en Barcelona en febrero de 1999, donde el barcelonés presentó varios libros del siciliano. De nuevo, podemos recuperar sus diálogos de aquellos días gracias a que uno de ellos fue publicado meses después en La Vanguardia Magazine (véase Manzano, 1999).[7] De aquel encuentro, el propio Camilleri recordaría años después, en 2005, las dos mañanas que pasó con Vázquez Montalbán paseando a solas por Barcelona[8], palabras que pueden servir como una excelente descripción de la complicidad que compartieron estos dos escritores, más allá de Salvo Montalbano y Pepe Carvalho: “Con cuánto pudor, con cuánta ironía me llevó a algún lugar que todavía sobrevivía y que él había amado. Y yo le hablaba de mis lugares sicilianos. Porque, de hecho, durante las horas que habíamos podido conversar, sin micrófonos, sin cámaras de televisión ni fotógrafos, habíamos hablado de nosotros. De nosotros como dos hombres, no como escritores” (Camilleri, 2005: 269).

 

Referencias

  • Alós, Ernest. “Andrea Camilleri: 'Vázquez Montalbán ha representado muchísimo para mí'. El Periódico de Catalunya. (6 de febrero de 2014). https://www.elperiodico. com/es/ocio-y-cultura/20140206/andrea-camilleri-premio-pepe-carvalho-3078132. [18 de agosto de 2021].
  • Camarasa, Paco. Sangre en los estantes. Un repaso singular del género negrocriminal de la mano de un librero. Barcelona: Austral / Destino, 2018.
  • Camilleri, Andrea. “Homenaje a Manolo”. Primer Encuentro Europeo de Novela Negra. Homenaje a Manuel Vázquez Montalbán. Texto íntegro de las jornadas. Barcelona, 20, 21 y 22 de enero de 2005. David Barba (ed.). Barcelona: Planeta / Ajuntament de Barcelona, 2005. 268-270.
  • Camilleri, Andrea. El perro de Terracota. Trad. María Antonia Menini Pagès. México: Salamandra, 2021a.
  • Camilleri, Andrea. Un mes con Montalbano. Trad. Elena de Grau Aznar. Barcelona: Salamandra, 2021b.
  • Camilleri, Andrea. La excursión a Tindari. Trad. María Antonia Menini Pagès. Barcelona: Salamanda, 2021c.
  • Camilleri, Andrea y Manuel Vázquez Montalbán. Andrea Camilleri incontra Manuel Vázquez Montalbán. Milán: Skira, 2014.
  • Colmeiro, José. “La conexión italiana: novela poshistórica y anacronismos necesarios en O César o nada de Manuel Vázquez Montalbán”. Orillas: Rivista d'Ispanista 4 (2015): 1-21.
  • Font, Edmundo. “Montalbán y Montalbano de Andrea Camilleri”. Catalunya Press (3 de julio de 2019). https://www.catalunyapress.es/texto-diario/mostrar/1471515/montalban-montalbano-andrea-camilleri. [11 de agosto de 2021].
  • García Saraví, María de las Mercedes y Carolina Repetto. "Manuel Vázquez Montalbán, Andrea Camilleri y Paco Ignacio Taibo II. Una lectura de filiación". Iº Congreso Internacional de Literatura y Cultura Españolas Contemporáneas, 1 al 3 de octubre de 2008, La Plata. Los siglos XX y XXI. 2008. https://www.fuentesmemoria.fahce.unlp.ed.ar/trab_eventos/ev.315/ev.315.pdf. [8 de abril de 2019].
  • Manzano, Emilio. “Charla entre Camilleri y Vázquez Montalbán”. La Vanguardia Magazine (18 de abril de 1999). https://www.vespito.net/mvm/camilleri3.html. [11 de agosto de 2021].
  • Sánchez Zapatero, Javier y Àlex Martín Escribà. “La novela negra mediterránea: crimen, placer, desencanto y memoria”. Pliegos de Yuste 13-14 (2011-2012): 45-54.
  • Vázquez Montalbán, Manuel. El escriba sentado. Madrid: Diario Público, 2009.
  • Vázquez Montalbán, Manuel. “Treinta miradas del comisario Montalbano”. Andrea Camilleri. Un mes con Montalbano. Trad. Elena de Grau Aznar. Barcelona: Salamandra, 2021. 9-13.

 

[1]En su traducción al español esta novela de Camilleri de 1995 se tituló La ópera de Vigàta.

[2]Para el escritor mexicano Edmundo Font, Camilleri también dotó a Montalbano “con los rasgos de carácter de apego ético y talante generoso que caracterizaron” a Vázquez Montalbán (Font, 2019).

[3]Estas mismas palabras las recogió Vázquez Montalbán en su artículo titulado “Montalbano”, publicado en el diario catalán Avui el 30 de enero de 1999.

[4]En el cuento “Montalbano se rebela”, incluido en La Nochevieja de Montalbano (1999), el comisario llama por teléfono a Roma al propio Camilleri para quejarse del carácter sumamente macabro del crimen que estaba investigando. En el caso de Vázquez Montalbán, el barcelonés creó a un personaje, el escritor de novela policiaca Sánchez Bolín, que era un evidente trasunto literario suyo, y que intercambia numerosos pasajes con Carvalho en el cuento “Asesinato en Prado del Rey”, perteneciente a Asesinato en Prado del Rey y otras historias sórdidas (1987), y en las novelas El Balneario (1986) y El premio (1996).

[5]Durante prácticamente toda la novela, Montalbano, siempre que puede, se enfrasca en la obra de Vázquez Montalbán (véase Camilleri, 2021a: 17, 100, 135, 157). Asimismo, mientras conversa sobre Barcelona con su amigo de la infancia Gegè en las primeras páginas, le asegura que “en Barcelona, en España, también escriben libros muy buenos” (2021a:12), refiriéndose claramente a la obra carvalhiana.

[6]Vázquez Montalbán descubrió la literatura italiana en su juventud –incluso tradujo a algunos autores–; Trabajar cansa, de Cesare Pavese y las cartas desde la cárcel de Gramsci fueron sus primeras lecturas, que amplió considerablemente durante su estancia en prisión como preso del franquismo entre 1962 y 1963. Pero para el barcelonés, su gran descubrimiento fue Sciacia, “no sólo por sus valores literarios objetivos, sino por la simpatía automática que me suscitaba la posición moral que adivinaba tras aquella 'mirada' de escritor” (2009: 134). Por su parte, en el cuento “Milagros de Trieste”, incluido en Un mes con Montalbano, Camilleri aúna a su compatriota con Carvalho en una de las valoraciones de Montalbano: “le confesaré una íntima convicción. Si Leonardo Sciascia, en lugar de ser maestro de escuela, hubiera hecho oposiciones a la policía, habría sido mejor que Maigret y Pepe Carvalho juntos” (2021b: 139).

[7]El periodista catalán Pau Arenós Usó publicó en El Periódico de Catalunya una pequeña crónica de aquel encuentro que se puede encontrar en su blog: lacocinadelosvalientes.blogspot.com/2014/01/cena-con-montalban-o-un-encuentro-con.html. [20 de agosto de 2021].

[8]Posiblemente, retazos de aquellos paseos barceloneses se puedan encontrar en el libro Dos tardes con Camilleri. Manuel Vázquez Montalbán conversa con Andrea Camilleri en un paseo por el barrio gótico de Barcelona y Jordi Saladrigas le entrevista en su casa de Roma, editado por Hado Lyria y publicado por Salamandra y por la tienda FNAC en 2002 en una edición no venal a la que no hemos tenido acceso.