Semblanza

Exploradores de la memoria: Cien años con Juan Rulfo

 

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Roberto García Bonilla

Universidad Autónoma Metropolitana

Unidad Xochimilco

rgabo@yahoo.com

 

 

En 2017 se celebró el primer centenario de la caída del zar Nicolás II y el inicio de la Revolución rusa; en México se conmemoró la proclamación de la tercera Constitución Política y se cumplieron, también, cien años del nacimiento de Juan Nepomuceno Pérez Rulfo Vizcaíno, autor de dos de los libros más célebres de la literatura mexicana. Entre las múltiples actividades que se realizaron, TV UNAM trasmitió –entre septiembre y octubre de 2017– la serie documental Cien años con Juan Rulfo, que dirigió Juan Carlos Rulfo y coprudujeron La Media Luna Producciones y el Instituto Mexicano de Cinematografía con guion de Marina Stavenhagen. La serie sólo se pudo ver en algunos recintos, hasta que en el otoño de 2021 llegó a la plataforma de Amazon. El misterio que ha rodeado la vida del creador nacido en Apulco (Tuxcacuesco), a unos 180 km. al sur de Guadalajara, el prestigio de su obra literaria y, en las últimas décadas, su obra fotográfica, la influencia que sigue teniendo su literatura en las artes y las humanidades, son razones suficientes para que las grandes audiencias se acerquen a Cien años con Juan Rulfo.

Los primeros pasos de una búsqueda

El 19 de septiembre de 1985, Juan Carlos Rulfo (1964-) acudió a recoger los resultados de unos exámenes médicos que confirmaban el padecimiento de su padre: cáncer pulmonar. Ese día un sismo había devastado desde tempranas horas la Ciudad de México; las pérdidas humanas oscilaban entre veinte mil y treinta mil víctimas. El martes 7 de enero de 1986, entre las siete y ocho de la noche, Juan Nepomuceno Pérez Rulfo Vizcaíno murió en su departamento al sur de la Ciudad de México, luego de un infarto al miocardio. Estaba solo. El hijo menor del escritor recordó: “Mi madre estaba en la cocina. Todos mis hermanos y yo estábamos fuera de la casa. La muerte le llegó repentinamente. No sé si en el momento habrá sentido algo fuerte, un dolor, una punzada, pero parecía muy tranquilo, creo que murió en paz” (en Roffé, 2003: 260).

Declaración internacional sobre derechos de autor para fotogramas (stills) o reproducción de fragmentos breves de películas: "Las fotos publicitarias o fragmentos breves de películas tradicionalmente no han sido sujetas a los términos de las leyes del copyright. Desde el momento en que su interés primordial es su diseminación pública, generalmente son consideradas bajo los términos del Dominio público, y por lo tanto, no son necesarios permisos explícitos de la casa productora. De acuerdo con la Ley Internacional de la Industria Fílmica (1989), se establece que, según los estatutos antiguos sobre las leyes del copyright, los fragmentos breves de películas o fotogramas no están sujetas por defecto a las leyes de derecho de autor, como lo está sino el producto completo, y requieren la gestión de términos de derechos de autor por separado para cada uno de los fragmentos susceptibles de protección". [Trad. del inglés a cargo de Alejandro S. Shuttera, responsable editorial de Senderos Filológicos]. Para más información, ver aquí. Bajo estos supuestos y con fines educativos y de difusión se reproducen estos materiales como de Dominio público.

Poco tiempo después el documentalista, por instancias de su madre, tomó su cámara y viajó a la región donde habitó su padre en Jalisco, con el fin de indagar en los resquicios de la infancia y la juventud del escritor. No sin cierta sorpresa advirtió que, sobre todo, la gente hablaba de un hecho que lacró la existencia del escritor y cuyo duelo sublimó a través de la creación: el asesinato perpetrado contra Juan Nepomuceno Pérez Rulfo (1889-1923): abatido a tiros por Guadalupe Nava Palacios al amanecer del 2 de junio de 1923 en la hacienda de San Pedro Toxín, en los confines del Llano Grande.

El hecho se transfigura en el asesino víctima del cuento “¡Diles que no me maten!”. Así se gestó un duelo que se prolongó y, muy probablemente, quedó inconcluso. Desde los seis años el futuro escritor enfrentó la pérdida, la orfandad, la ausencia. Este hecho motivó el cortometraje El abuelo Cheno y otras historias (1993), que Juan Carlos Rulfo asumió como un viaje hacia el pasado. Nítida captación anímica, sonora y, en particular, del habla coloquial de la región de los Llanos de Jalisco. El informante, protagónico y guía del periplo, Jesús el Motilón, despliega la riqueza del habla popular mientras el recuerdo adquiere forma sintáctica narrativa y se recuperan los vacíos de la memoria. Los diálogos y monólogos son historias de vida que podrían ser relatos fantásticos. El cineasta enfatiza el modo de hablar de cuanto dicen los ancianos; asimismo, muestran al espectador las geografías: la topografía, el ambiente y la rusticidad de quienes hablan. Se respira añoranza, lejos del sentimental dejo que se atisba en el largometraje Del olvido al no me acuerdo (1999): la indagación de huellas visibles de su padre se alterna con las declaraciones de amigos, colegas y estudiosos, así como con el recorrido de la madre del cineasta, quien rememora instantes significativos de sus encuentros con el joven empleado de la Secretaría de Gobernación Juan Pérez Vizcaíno, y su camino antes de convertirse en Juan Rulfo. Y alcanza el clímax en diversos momentos en los que el cineasta capta la inmensidad y feracidad del firmamento.

Juan Carlos Rulfo es un viajero que fija los recuerdos de sus informantes y conserva la libertad discursiva, en ocasiones con los lapsus cotidianos de la comunicación oral. En muchos momentos su trabajo está más ligado a la antropología social, incluso a la historia de las mentalidades, que a la de un documental biográfico. El cineasta cumple varios propósitos, incluso catárticos, a lo largo de sus expediciones: acude al reencuentro con su padre y descubre detalles que el hermetismo, la idiosincrasia y el pudor le impidieron al escritor explicar; por ejemplo, la muerte violenta de su padre. El cineasta, desinhibido y proverbial, transita de la posición del observador que escucha e indaga, con aparente neutralidad y objetividad, hasta alcanzar un lugar protagónico en Cien años con Juan Rulfo.

Juan Carlos Rulfo establece la ruta de su viaje: llevará al espectador a un territorio donde se desvanecen las fronteras entre biografía y autobiografía; recuperación de la memoria, testimonio e historia. Se propone descubrir huellas desconocidas de su padre para explicarse a sí mismo. A lo largo de los episodios escuchamos la voz adolorida y cancina de Rulfo leyendo fragmentos de “Luvina”, “¡Diles que no me maten!”, “Talpa” y Pedro Páramo. Además, se recuperan fragmentos de conversaciones con Mercedes Milá, Luis Suárez, Eduardo Lizalde y, sobre todo, Joaquín Soler Serrano, que confieren al documental un aliento pausado entre el adagio y el andante; entre el leit-motiv del solista y la polifonía de voces que evocan, relatan o analizan tópicos diversos en torno al escritor. Y el documentalista preserva la intimidad y algunos atavismos que heredó de su padre, quien platicaba con los viejos personajes de la región sobre las festividades y los desconsuelos de la existencia. En su recorrido simboliza a Juan Preciado, quien fue a buscar a su padre por encargo de Doloritas, del mismo modo que ciertos rasgos del abuelo “Cheno” se manifiestan en el dueño de la Media Luna, Pedro Páramo.

Fragmento de la voz de Juan Rulfo leyendo el cuento 'Luvina', de El Llano en llamas. Audio tomado del CD Juan Rulfo. Voz Viva de México. Entre Voces, producido y publicado a instancias de la Dirección de Literatura a través de la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México. Permisos otorgados para su reproducción con fines educativos y de difusión.

Un siglo en siete pasajes

Cien años con Juan Rulfo incursiona en la región del sur de Jalisco donde nació el escritor. Juan Carlos Rulfo recuerda la tragedia que significó el asesinato de su abuelo; observamos el orfanatorio Luis Silva, donde su padre estuvo recluido (1927-1932) bajo una disciplina carcelaria; ahí aprendió a deprimirse. Afuera se respiraba la violencia de la Guerra Cristera (1926-1928); los cultos se reanudarían después de tres años de suspensión. También se sabe de sus recorridos por Guadalajara, donde encontró por vez primera (1944) a la jovencita de quince años Clara Aparicio (1928-), quien casi cuatro años después se convirtió en su esposa. Durante el noviazgo él le escribió más de ochenta cartas que se reunieron en Aires de las Colinas. Cartas a Clara (2000): reveladoras porque dejan ver el carácter del escritor, los avatares de su vida cotidiana y laboral, así como el desarrollo de su trabajo literario y su publicación. El epistolario está presente a lo largo de la serie. La voz en off del cineasta lee fragmentos que contextualizan escenas y temas: la infancia, los recuerdos aciagos de las sucesivas muertes de familiares; su madre, María Vizcaíno, murió cuando el niño Juan tenía tan sólo diez años.

La serie se conforma de siete capítulos. El primero, “Hacia El Llano en llamas”, deja entrever la orfandad de nuestro personaje, su predisposición a la parquedad y el aislamiento, a la escritura y el ensimismamiento. El Llano en llamas (1953) representa un hito en las letras mexicanas. Las técnicas que utiliza son, por completo, inéditas. Los diálogos adquieren una polisemia explosiva a través de la elipsis; asimismo, se desvanece el sustrato espacio-tiempo para adquirir una dimensión mítica: imaginarios de la ruralidad traslucen idiosincrasias, ritos mestizos del campo que se han integrado, incluso, a la noción de mexicanidad.

El segundo capítulo, “Pedro Páramo, el oficio de escribir”, es el recorrido gremial y escritural; las búsquedas que cristalizaron en la novela, dividida en 69 apartados, donde los personajes están muertos. Pedro Páramo cautivó a lectores en todo el orbe; para empezar grandes creadores como Susan Sontag y Werner Herzog, para quien, después de los Códices de Fray Bernardino de Sahagún, la obra que más lo ha impresionado como texto literario es esta novela. En opinión del compositor Julio Estrada: “[En Rulfo] todo está enfocado a pasar a través del sonido […]. No hay cosa que no suene en él […], lo que hace es una novela de sonido o es una ópera para leer en privado” (Estrada, 2021: mins. 4:25-4:33; 7:44-7:48; 43:29-43:37).

Encontramos, también, al escritor alternando la vida de burócrata con su ingreso, como becario, al Centro Mexicano de Escritores (1952-1954), donde coincidió con figuras fundamentales como Juan José Arreola, quien llevó a Rulfo a la revista Pan en la década anterior. Las afinidades literarias fluyeron en estas dos personalidades tan opuestas que llegaron a convertirse en la cúspide de nuestras letras. Emerge la enunciación de cómo el habla popular se convierte en literatura, decantando la escritura desde el oído y con la asimilación de múltiples tradiciones tan distantes como la nórdica, la brasileña y la estadounidense. Después de una extensa novela concebida a su llegada a Ciudad de México (1935) –“El hijo del desaliento”– Rulfo se fue al extremo opuesto: la síntesis, conjugando la palabra esencial, el sustantivo ya sin el adjetivo; la elipsis y la metáfora, confiriendo sensaciones de un sentido a otros (sinestesia). Más que recrear un habla, Pedro Páramo crea un habla campesina propia.

En el tercer y cuarto capítulos se advierten los alcances del autor en la fotografía y sus colaboraciones en el ámbito cinematográfico como asesor en la filmación de textos suyos y la escritura de algunos de los guiones más extraños en el cine mexicano (recordemos, sobre todo, El despojo, La fórmula secreta y El gallo de oro). “Las imágenes de Rulfo” revelan que fotografía y escritura son disciplinas mellizas en nuestro autor. En la serie se enfatiza una mirada independiente, rotunda y esencial en uno de nuestros fotógrafos mexicanos más importantes, cuya obra, conformada por más seis mil negativos, fue desconocida, sombreada o minimizada por lo literario durante más de tres décadas. Su trabajo fotográfico se conoció a nivel masivo hasta el verano de 1980, cuando se le tributó el Homenaje Nacional, por vez primera concedido a un escritor. Antes tuvieron que convencerlo porque no quería aceptar ese doble reconocimiento como escritor y fotógrafo.

“Un hombre de cine” describe las aspiraciones del creador jalisciense por fundir imágenes en movimiento, texto y narraciones que dieran cuenta de México, su mayor pasión y preocupación. Juan Carlos Rulfo reproduce una polémica conocida: en la adaptación de una obra literaria hay que ceñirse al texto literario o hay que hacerlo pedazos, tal como opinan, por ejemplo, Arturo Ripstein y Toni Kuhn. Lo ideal es que guionista y director asimilen la esencia del texto literario y de sus proyecciones extraliterarias y las conjuguen desde una posición ética y estética. Esta integración, consideramos ahora, se expresa de diversas maneras en los cortometrajes de Roberto Rochín –que ya unidos se convirtieron en Purgatorio (2008)– y en Los confines (1992) de Mitl Valdéz.

En el quinto capítulo, “El México de Juan Rulfo”, observamos a un creador de curiosidades exquisitas, la historia es esencial para quien quiere conocer, en este caso, uno de los países con mayor diversidad cultural (multilingüe y multicultural) y, desde luego, con tradiciones que el autor siguió conociendo cuando trabajó en la Comisión del Papaloapan (1954-1956). Ahí respiró el choque cultural entre las aspiraciones de desarrollo económico de un Estado y la realidad de las sociedades agrícolas, su entorno natural y la preservación de sus formas de vida, sin excluir la vitalidad de sus ritos y el sincretismo religioso.

El olvido de estas comunidades es perceptible en la oblicuidad de sus personajes y en el propio silencio de Rulfo. Despojo, pérdida, aislamiento, agonía individual y colectiva –en las poblaciones rurales, indígenas y mestizas– representó el costo de la Comisión del Papaloapan. La derogación del proyecto fue terrible, señala el historiador Ricardo Pérez Montfort (una de las voces más críticas en esta serie): significó el fracaso de 40 años que se refleja en la mirada llena de melancolía de las mujeres mixes que Rulfo fotografió. Este capítulo es acaso el más revelador de los episodios por las disciplinas que confluyen en él; un pasaje poco conocido de la vida del escritor y significativo de la realidad nacional por sus contradicciones aún no erradicadas.

El sexto episodio, “La dignidad del silencio”, aborda cómo la soledad marcó la vida del futuro escritor, desde la niñez, forjando y alimentando su imaginación; sabemos del gran viajero y conversador que fue entre cercanos; aunque, incluso con ellos, preservó su intimidad. Él estuvo lejano de las figuras tutelares poderosas que a la postre lo proyectarían. Su único guía fue Efrén Hernández, a quien consideró su “padre intelectual”. Pérez Montfort señala que Rulfo “se escapa a [la] dinámica del caciquismo [cultural], aunque se vuelve víctima del mismo: tiene que conseguirse una chambita para, más o menos, poderla librar; claro […] tiene que ser amigo de…” (Pérez Montfort, 2021: mins, 16:43-17:04). Sobre las implicaciones del silencio en la vida y en la obra del escritor jalisciense, ciertamente, hay reparos. Guillermo Sheridan observa cómo “la compulsiva hermenéutica del silencio en la obra de Rulfo, con su marca terrible de fatalidad y opresión, trasladada a su autor se convierte en una elevada virtud, en un silencio que aparece como garantía de poseer una ‘verdad’ superior” (Sheridan, 2022, s. p.).

El último episodio, titulado como la misma serie, “Cien años con Juan Rulfo”, además de ser una suma de momentos significativos de los capítulos anteriores, aborda la fascinación por la obra de Rulfo fuera de México. No se sabe con precisión a cuántas lenguas se ha traducido su obra; con seguridad son más de 50: la primera fue al alemán y la realizó Mariana Frenk-Westheim (1958). Se aborda la dificultad de traducir los registros y giros del estilo rulfiano, los arcaísmos que muchos lectores contemporáneos, incluso versados en las letras, desconocen. Se desliza la cercanía de escritores como Eraclio Zepeda o Eduardo Galeano, quien observó la importancia de la oralidad en la literatura del jalisciense.

Historia y biografía: una exploración de los orígenes

Cien años con Juan Rulfo es un rastreo de las huellas del fotógrafo y escritor, desde la mirada de su hijo quien descubre secretos familiares y colectivos. Durante el viaje las voces traen al presente hechos y experiencias anímicas que adquieren nuevos acentos –desde el afecto de familiares amigos y colegas–, la sapiencia de intelectuales y artistas o el análisis de los académicos que dieron sentido y enfatizaron temas. Fotografía y cine se actualizan en una mirada biográfica crepuscular, en un país manchado por la violencia, el despojo, la impunidad en todos los ámbitos; de la austeridad personal a los hallazgos pletóricos del ícono de la cultura mexicana, que vestía de manera impecable y cuyo prestigio pervive, como en todos los clásicos. Y su mayor fragua es el paso del tiempo.

Juan Carlos Rulfo va en busca de sí mismo para sanar los rescoldos de su duelo y borrar los múltiples equívocos y dudas que provocó el escritor ensimismado y huidizo; parte de sus propias interrogantes a través de la única fotografía en que aparece junto a su padre: ambos están recargados en un árbol y, atrás, la magnificencia de la montaña. La curiosidad y la nostalgia lo hicieron recorrer y situarse exactamente en algunos caminos que pisó el alpinista Juan Rulfo, como el lugar donde se le ve –en una conocida fotografía– sentado sobre una roca en el Nevado de Toluca. Como documentalista se propuso un testimonio, cuyo horizonte se abre a múltiples saberes y disciplinas humanísticas.

El cineasta capta y fija los escenarios del escritor y fotógrafo; se advierte que el México profundo (para decirlo con el título de la obra de Guillermo Bonfil Batalla), el México rural, se mantiene intacto tras más de 70 años de una modernidad que no ha terminado de llegar. Desde las literaturas del yo y el docudrama, Juan Carlos Rulfo accede a procesos de transformación de un país y de imaginarios –que fluyen y cambian– se sombrean e iluminan. Como un ejemplo de la mezcla de manifestaciones culturales que signan nuestros días, la oralidad (el coro de voces convocadas y entrevistas al escritor recuperadas) y la escritura (guion, textos literarios y cartas íntimas de Rulfo leídas fragmentariamente).

Estamos ante vertientes de la historia que la audiencia puede recuperar e integrar de manera segmentada, desde territorios individuales propios y que alcanzan horizontes familiares, regionales y nacionales que permiten indagar elementos y tópicos de una realidad social a partir de la primera persona. Y en Cien años con Juan Rulfo se funden la recuperación del cineasta de resonancias y bifurcaciones en torno a la existencia de su padre, la significación de su obra literaria, su fotografía y los alcances de sus colaboraciones en el cine. Algunas aseveraciones del propio escritor, en su reproducción reiterativa, se han conservado como verdades absolutas, siendo lo contrario; por ejemplo, cuando señaló que su generación no lo comprendió y que cuando apareció Pedro Páramo la crítica no le hizo caso. Él siempre fue un escritor arropado por sus colegas y privilegiado por los editores, al margen de los detractores que todos los creadores prominentes sobrellevan.

Se genera una doble y actualizada visión sobre la estética y la historia; el documentalista comparte la pasión de su padre por México, su geografía y el reconocimiento de los orígenes propios: “el que no conoce su historia, su pasado, no tiene identidad alguna. Es un hombre que está volando en las nubes, está navegando en el vacío, está simplemente fuera del mundo y de la sociedad en que vive” (Rulfo, 1986: 15, 23).

Fragmentos de audio de críticos, artistas, escritores, entrevistados en Cien años con Juan Rulfo. Se reproducen las voces, respectivamente, de Juan Carlos Rulfo, Julio Estrada, Arturo Ripstein, Julio Estrada, Eduardo Galeano, Werner Herzog, Juan Carlos Rulfo y el propio Juan Rulfo. De acuerdo con la Ley Internacional de la Industria Fílmica (1989) se establece que, "según los estatutos convencionales sobre las leyes del copyright, los fragmentos breves de películas, audios o fotogramas no están sujetas por defecto a las leyes de derecho de autor, sino el producto completo, y requieren la gestión de términos de derechos de autor por separado para cada uno de los fragmentos susceptibles de protección". [Trad. del inglés a cargo de Alejandro S. Shuttera, responsable editorial de Senderos Filológicos]. Para más información, ver aquí. Bajo estos supuestos, y con fines educativos y de difusión se reproducen estos materiales como de Dominio público.

Entre las voces que integran la polifonía que aquí se despliega como un fresco con matices multicolores (sobre la vida y la obra a lo largo de un siglo) habrían sido esclarecedoras las opiniones de escritores, artistas e investigadores jóvenes para evidenciar nuestro parteaguas ideológico: antes y después de cuatro generaciones lacradas por un nacionalismo autoritario y paternalista que nos indujo una preocupación retórica por la identidad. Las nuevas generaciones, inmersas en la instantaneidad de la comunicación líquida –por tomar una categoría de Zygmunt Baumann–, tienen presupuestos más inclinados al mundo global, y no tienen la presión de responder a ideales en medio de un ambiente de poca exigencia por considerar y apreciar la herencia de las tradiciones historiográficas de las humanidades y las artes. La difusión de esta serie confirma imaginarios en torno a Juan Rulfo y descubre vetas desconocidas de la vida de un creador inmerso en sus orígenes: el México rural.

Cien años con Juan Rulfo: dirección, Juan Carlos Rulfo; producción ejecutiva de Eugenia Montiel Pagés; la gerencia de producción corresponde a Magali Donnadieu; fotografía de Eduardo Herrera, Héctor Ortega y Juan Carlos Rulfo; edición; Ana Laura Calderón, et al. Música original: Gerardo Tamez; Investigación: Paulina Millán, Douglas Weatherford, et al. Producción asociada: Mora Films.

Referencias

  • Estrada, Julio, en Juan Carlos Rulfo, Cien años con Juan Rulfo. Capítulo II, “Pedro Páramo, el oficio de escribir”, mins. 4:25-4:33; 7:44-7:48; 43:29-43:37, 2021.
  • Pérez Montfort, Ricardo, en Juan Carlos Rulfo, Cien años con Juan Rulfo. Capítulo VI, “La dignidad del silencio”, mins, 16:43-17:04, 2021.
  • Roffé, Reina, Las mañas del zorro. Madrid: Espasa-Biografías, 2003.
  • Rulfo, Juan, “Dónde quedó nuestra historia. Hipótesis sobre historia regional”. [2ª. ed. ampliada]. Colima: Universidad de Colima-Escuela de Arquitectura (Rajuela, 2), pp. 15, 23, 1986.
  • Rulfo, Juan Carlos, 2021, Cien años con Juan Rulfo. Serie en siete capítulos. Disponible en Amazon Prime: https://www.primevideo.com/
  • Sheridan, Guillermo, “Octavio Paz y Juan Rulfo, desencuentros”. Zona Paz [página de inicio], 2022. Disponible en https://zonaoctaviopaz.com/detalle_conversacion/543/octavio-paz-y-juan-rulfo-desencontrados [25 de marzo de 2022].