Presentación

Filología y medios audiovisuales

Presentación del dosier

 

Confieso que tengo una debilidad por las parejas extrañas y distantes de estudio. En ocasiones, contienen esos relámpagos de extrañeza propios del arte. Choques de realidades que iluminan los fenómenos que analizamos bajo una nueva luz. Zanjas que nos obligan a detener el frenesí y provocan ese movimiento del intelecto que nos arrastra en direcciones contrarias, entre el pasado y el futuro, diría Hannah Arendt. Sucumbir a estas parejas distantes me ha llevado, en trabajos anteriores, a analizar, por ejemplo, la manera en que los maestros de guion de Hollywood leen la Poética de Aristóteles o las resonancias cervantinas en las “óperas” espaciales de Kurt Vonnegut. Ahora, para el nuevo dossier de Senderos Filológicos hemos seleccionado un tema que reúne, a su manera, elementos en apariencia distantes: Filología y medios audiovisuales.

En un mundo donde sólo tenemos que deslizar la yema de los dedos para acceder a todo el conocimiento disponible, sigue pareciendo relevante el énfasis que Eric Auerbach ponía en la filología como una búsqueda de la unidad de la humanidad en el reconocimiento de su multiplicidad; la curiosa aventura de rescatar los movimientos espirituales de las culturas que nos rodean y que nos precedieron a través de estudiar sus lenguas y sus textos. Estas exploraciones nos invitan a ser parte de ese amplio diálogo que Mijaíl Bajtín percibía entre autores y culturas distantes, un diálogo que se enriquece a partir de las vivencias individuales y colectivas diversas. Dicha polifonía es organizada por mecanismos de poder que vuelven dominantes ciertos discursos, ciertas voces, ciertos géneros, y silencian otros. El conjunto de artículos que conforman nuestro dossier aspira a explorar diferentes facetas de los medios audiovisuales desde este afán filológico de diálogo y de recuperación de voces. Todos ellos parten del principio que Gonzalo Soltero señala en su artículo “El villano, la trama, la conspiración”: la visión semiótica que comprende a los más dispares fenómenos humanos bajo la forma de textos y a la serie de productos generados por las industriales culturales como los documentos de nuestra era. Soltero se asoma a esta red infinita para analizar nuestro amor por los malvados y el gusto inmemorial por las teorías de la conspiración. Advierte la extrema facilidad con que estas narrativas transforman problemas complejos en dispositivos melodramáticos. El magnetismo emocional que se genera al identificar un culpable todopoderoso, fuente del mal, el infortunio y la injusticia. Estas narrativas propagan el miedo, el odio hacia el otro y son el caldo de cultivo de regímenes autocráticos.

Elsa R. Brondo explora en “La Ola coreana, una industria cultural: cine y literatura” uno de los fenómenos de masas más interesantes en las últimas décadas. La política cultural de Corea del Sur ha logrado generar un interés global por su música y sus series de televisión, por sus películas y su literatura. En un esfuerzo orquestado con la academia y el sector empresarial, el gobierno apostó por desarrollar equipos de artistas como si fueran atletas de alto rendimiento. Cantantes de música pop y melodramas seriados se volvieron los rostros de industrias multimillonarias y el principal agente de soft power de esta nación. Si estos medios ofrecen una visión edulcorada, la literatura y el cine han abordado el talón de Aquiles de la cultura coreana: el derecho de las mujeres.

“Tradición y diversidad del cine mexicano de terror: El fantasma del convento” se concentra en los años previos a ese otro maremoto cultural que supuso el cine mexicano de la Época de Oro. Maricruz Castro Ricalde descubre una diversidad temática y genérica sin precedentes, producto de los flujos migratorios. Analiza la cinta que inauguró el cine mexicano de terror y la manera que retoma leyendas coloniales, cuentos decimonónicos mexicanos y obras de autores canónicos europeos para crear dos tramas en temporalidades distintas con un mismo corazón temático. Dicho artilugio multiplica las interpretaciones e imanta la cinta de una ambigüedad infrecuente en películas mexicanas de la época, que ha llevado a su recuperación en años recientes.

“Exploradores de la memoria: Cien años con Juan Rulfo”, de Roberto García Bonilla, analiza el fascinante diálogo entre la serie documental dirigida por Juan Carlos Rulfo y la obra de su padre. Nos lleva a un territorio limítrofe donde se entreveran biografía y autobiografía, antropología social e historia de las mentalidades. Los misterios en torno al mítico escritor nos conducen a episodios poco conocidos de su vida, como su participación en La Comisión del Papaloapan. El autor percibe en la melancolía de las mujeres mixes que Rulfo fotografió, y en los silencios de sus personajes, el olvido y el despojo hacia estas comunidades rurales.

Claudia Arroyo Quiroz profundiza en estos mecanismos de marginación y estigmatización en “La historia de la representación audiovisual de los indígenas en México y su dimensión lingüística”. Nos recuerda el papel fundamental que han jugado los medios audiovisuales en los procesos de construcción discursiva de la nación, la cultura y la identidad; la manera en que el discurso nacionalista posrevolucionario definió la identidad nacional en torno a la idea de mestizaje y, en esa medida, a los grupos indígenas como los “otros”. El aspecto del habla fue esencial para esta caracterización. Arroyo distingue entre el cine indigenista, producido por personas no indígenas –donde el habla fue interpretada con una entonación estereotipada, o fue marginada en documentales a través de la voz en off— y el audiovisual indígena: un trabajo de auto-representación que derivó en nuevas posibilidades de comunicación intercultural y experimentación estética, donde hay un uso constante del habla en lenguas indígenas.

Con esta serie de artículos esperamos generar interés por estudios filológicos que se aventuran en los medios audiovisuales. En ellos se puede vislumbrar ese compromiso con lo mundano, concreto y particular, y contra lo vaporoso y abstracto que Erich Auerbach remarcaba como parte esencial de las Humanidades. Cada uno de ellos abre la posibilidad de descubrir, más allá de las pantallas por donde se deslizan nuestras yemas, las raíces profundas de estos fenómenos. Representan esa densidad e interdependencia de la vida que, según expresaba Edward Said, no puede reducirse a una fórmula o hacerse a un lado.

 

Diego Sheinbaum

Centro de Poética

Instituto de Investigaciones Filológicas

drorian@gmail.com