Artículo de divulgación

Diversidad del español en México: el aporte de las lenguas indígenas[1]

 

Nadiezdha Torres Sánchez

Centro de Lingüística Hispánica

Instituto de Investigaciones Filológicas


Leonor Orozco

Centro de Lingüística Hispánica

Instituto de Investigaciones Filológicas


El contacto entre el español y las lenguas indígenas en el continente inicia con la llegada de los españoles en el siglo XVI. En ese mismo siglo ya se documentan préstamos de palabras del náhuatl en el español de la época. De igual manera algunas palabras del español se incorporaron en las diferentes lenguas indígenas para referentes como ‘vaca’, por ejemplo (baga en otomí; baak en tepehuano del sureste) –lo que muestra la doble dirección en la influencia entre las lenguas–. Este fenómeno tiene una motivación clara, ya que ante las nuevas realidades y debido a la ausencia de referentes culturales, los hablantes suelen nombrarlos en la lengua de origen. Esto ocurrió con los dos grandes grupos que se enfrentaban a una nueva realidad. Sin embargo, los préstamos no se limitaron a la necesidad de nombrar un referente porque éste no existiera en la lengua. En el español de México, por ejemplo, hemos incorporado a nuestro léxico varios términos para referir a un niño (escuincle, chamaco, chilpayate).

Actualmente empleamos de manera cotidiana palabras que provienen de varias lenguas indígenas. Además de los préstamos más conocidos de origen náhuatl –como chocolate, tomate y aguacate, que han trascendido nuestras fronteras– hay algunas palabras provenientes de otras lenguas originarias que se emplean de manera general en el país como tepache y huarache (provenientes del purépecha), cigarro, cenote, achiote y pibil (provenientes del maya) y guarura (proveniente del rarámuri ‘grandulón’).

Otras palabras, originarias de lenguas indígenas, solo se emplean en alguna región del país. Por ejemplo, en Sonora buki refiere a los niños (proveniente del yaqui); en Yucatán se emplea el verbo anolar (proveniente del maya) para referir a la acción de deshacer algo en la boca; en Chiapas es común escuchar bolo con el significado de ‘borracho’ (proveniente del tsotsil). En Oaxaca la palabra chunco (proveniente del zapoteco) se emplea para designar al hijo menor de una familia. Se trata pues de palabras plenamente incorporadas al español mexicano, que nos distinguen del español general, el cual seguimos resignificando y adecuando a nuevas realidades. Esto ocurrió con la palabra huachicol que no era tan usada hace algunos años, y que se empleaba anteriormente para referir a una bebida alcohólica adulterada, pero que dio lugar al sustantivo huachicolero para referir a las personas que se dedican al robo de combustible.

Alrededor de 1538 a 1650, surgieron nuevas dinámicas culturales como producto de la conquista y colonización que llevaron a los hablantes a aprender la lengua del otro, produciendo bilingüismo, entendido en sentido amplio, como el hecho de que una persona hable dos lenguas. Con el paso de los años y con el aumento de las relaciones entre hispanohablantes y hablantes de lenguas originarias, el contacto se va haciendo más intenso, y con ello la influencia lingüística va permeando en las lenguas en contacto en ambas direcciones. Sin embargo, como lo mencionamos al inicio, nos centraremos en ver qué ha pasado con el español en México. Es importante mencionar que la influencia de una lengua sobre otra no solamente se da importando material, como ocurre con los préstamos, sino que es posible encontrar influencias indirectas en las que el contacto se vea reflejado en la modificación del sistema lingüístico de la lengua receptora (lo expondremos más adelante).

Algunas características del español que hablamos se han atribuido a la influencia de estructuras provenientes de alguna lengua indígena; tales como el uso frecuente de diminutivos, la doble marcación de posesivos (su casa de él frente a su casa; me duele mi cabeza frente a me duele la cabeza) y la doble marcación de objeto (lo habla bien el español frente a habla bien el español). Sin embargo, existen opiniones encontradas acerca de dicho origen y no hay evidencias lingüísticas suficientes para decantarse en cualquier sentido. Es verdad que en algunos casos es clara la influencia de una lengua. Esto sucede, por ejemplo, con el significado que le atribuyen los yucatecos al verbo buscar, pues en maya el verbo kaxtik significa tanto ‘buscar’ como ‘encontrar’.

El aporte de las lenguas indígenas al español

La mayor parte de los ejemplos que hasta ahora hemos presentado tienen en común el ser empleados por hablantes monolingües de español. El vocabulario que se usa de manera específica en algunas regiones del país ha permitido hacer distinciones de los diversos dialectos del español mexicano. Esto implica que son usos aceptados que se han arraigado en las diferentes comunidades de habla y que conforman la identidad del español hablado en México y la de sus hablantes.

No obstante, la situación del mal llamado “español indígena” es muy diferente. Este término se ha empleado para categorizar el español hablado como segunda lengua por hablantes cuya primera lengua es una de las 364 variantes lingüísticas reconocidas por la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, creada en el año 2003.

Consideramos que hay varios problemas con el término español indígena.

I. 

Asumir que todas las diferentes formas de hablar español de los hablantes pertenecientes a las 68 agrupaciones lingüísticas conforman una única manera de hablarlo, sin tomar en cuenta que estas lenguas pertenecen a once familias lingüísticas y que esto conlleva implicaciones observables en los sistemas lingüísticos. Por ejemplo, las lenguas de la familia otomangue se caracterizan por el uso del tono para marcar contrastes léxicos (en otomí, pe pronunciado con tono alto significa ‘robar’; mientras que pe con tono ascendente significa ‘pegajoso’). Las lenguas de la familia maya tienen clasificadores, esto es, un sistema que permite categorizar las entidades del mundo a partir de características semánticas como la animacidad y la forma de los objetos. De modo que, mientras que en español clasificamos objetos basándonos en el género (la silla / el lápiz), en maya yucateco para poder contar algo se tiene que indicar la categoría a la que pertenece lo que se cuenta, distinguiendo si se trata de personas, dioses y animales (túul), plantas (kúul), objetos inanimados (p’éel) u objetos redondos (wóol), por mencionar algunas categorías de los clasificadores. Asimismo, las lenguas indígenas mexicanas presentan diferentes órdenes de constituyentes: el chichimeco jonaz es una lengua de verbo final, de modo que una oración como náná nùkhús márhè-è’ís (Angulo, 1932) se traduciría literalmente como ‘mi madre dos hijos cuidar’, pues en el ejemplo se sigue el orden sujeto (mi madre), objeto (dos hijos), verbo (cuidar).

En este sentido, afirmar que un hablante de otomí, uno de maya o uno de chichimeco hablarán español de la misma manera es como asumir que un hablante de Querétaro hablará igual que uno de Yucatán o de Monterrey. Es evidente que las diferentes estructuras gramaticales de la lengua materna –kickapoo, tepehuano del sureste, kumiai, seri, otomí, lacandón, tepehua, purépecha, mixe, chontal de Oaxaca, huave, por mencionar algunas– pueden influir en la manera de hablar el español.

II.

Se asume con este término que el español con características de contacto es una variedad de segunda categoría y que es producto de un mal aprendizaje de la lengua. Sin embargo, estas diferencias son producto de las gramáticas y es posible apreciarlas si observamos con detalle algún rasgo gramatical de los que han sido mencionados como característicos de este mal llamado “español indígena” –uso de evidenciales, empleo del adverbio ya con función de marcador discursivo, elisión (u omisión) de artículo, no concordancia de género y número– en dos variedades de español de contacto.

Veamos lo que ocurre con la marcación de número. En español la marca de número se encuentra tanto en el dependiente (los, sus) como en el núcleo (niños, zapatos), dando lugar a frases como los niños, sus zapatos. En el otomí de Santiago Mexquititlán la marcación de número se hace exclusivamente en el dependiente, de modo que en esta lengua una frase como sus hijos sería yá bätsi, donde la noción de número se observa sólo en , que es un posesivo de tercera persona plural (esto se traduciría al español como sus); bätsi no tiene ninguna marca de número, lo que correspondería a hijo en español (Guerrero Galván, 2006). En el español otomí, la manera más frecuente de indicar el número es manteniendo la pluralización de manera exclusiva en el dependiente, como en la frase los maestro, donde el artículo lleva la marca de plural, pero el sustantivo no la lleva.

Por su parte, el tepehuano del sureste marca el número exclusivamente en el núcleo reduplicando un segmento de la palabra, de modo que en esta lengua ‘arco’ se dice gaat y ‘arcos’, gagaat; por lo que en una frase como gu mamai ‘los magueyes’ el número está indicado sólo en el sustantivo mamai (magueyes) y no en el dependiente gu, el cual no marca número (Willet, Cervantes et al., 2016: 259, 306). En el español tepehuano del sureste la manera más frecuente de marcar el número es hacerlo de manera exclusiva en el núcleo como en la frase el cochinitos, donde el artículo es singular, pero el sustantivo es plural. Entonces, en ambos casos los hablantes de español otomí y de español tepehuano toman como referencia para marcar número las estructuras de su lengua materna, por lo que más que denominar a este fenómeno como una discordancia, es mejor decir que se trata de una manera alternativa de indicar el número, la cual está influida por la forma en la que éste se marca en la lengua materna. En resumidas cuentas, a pesar de que se trata de un mismo rasgo lingüístico, la variación en la manera en la que éste se expresa se debe a las características estructurales de las gramáticas en contacto, por lo que la variación observada es sistemática y esperable.

El aporte de las lenguas indígenas al español

III. 

El tercer problema se relaciona con la percepción negativa de lo indígena. Dicha percepción tiene que ver con un estereotipo del indígena que viene desde la época virreinal en la que éstos eran considerados como menores de edad; después de la Revolución Mexicana se les vio como agentes del retraso cultural y económico del país al no integrarse a una sociedad progresista. Este estereotipo se retoma en la época del Cine de Oro mexicano y continúa reproduciéndose y resignificándose hasta nuestros días en personajes cómicos grotescos, como la India María.

Esta percepción se extiende a toda manifestación cultural, que incluye la visión de las lenguas indígenas como dialectos –entendido este término en sentido peyorativo– y del español que hablan los indígenas como un español “mezclado”, “champurrado” o “mocho”, por mencionar algunos de los adjetivos más comunes.

* * *

Con estos tres problemas hemos tratado de poner de manifiesto que no es pertinente continuar empleando el término español indígena, ni asumir que se trata de un español producto de un mal aprendizaje, lo que conlleva a pensar que las características observadas en él son evitables y no esperables. Lo adecuado, entonces, es referirse a éstas como variedades de español en contacto con características particulares según la lengua de contacto: variedades que han contribuido a la diversidad del español en México, así como el contacto de más de 500 años ha contribuido a conformar el español o los españoles hablados en México.

Referencias

  • Angulo, Jaime de, "The Chichimeco Language (Central Mexico)", en International Journal of American Linguistics, núm. 7, 1932, pp. 153-194.
  • Guerrero Galván, Alonso, "Hablamo(s) así todo(s) iguale(s): concordancia plural en un contexto bilingüe", en Líderes lingüísticos. Estudios de variación y cambio. Pedro Martín Butragueño (ed.). México: El Colegio de México, 2006, pp. 89-110.
  • Willet, Thomas, Mariana Cervantes Márquez, Emiliano Cervantes Solís, Melesio Cervantes Solís y Cornelio Ramírez S., Diccionario tepehuano de Santa María de Ocotán. México: Instituto Lingüístico de Verano, 2016.

[1]Se resaltan en negritas algunos términos propios del vocabulario especializado de la lingüística, con el fin de que el lector se familiarice con esos nombres, por otro lado, imprescindibles para la justa explicación de los argumentos. Cabe señalar que el texto se acompaña suficientemente de ejemplos, que hacen más claro el uso específico de estos términos.

 

Si te pareció interesante el artículo, te invitamos a escuchar la riqueza de estas lenguas dando clic en los siguientes audios. ¡Una pequeña muestra de la gran diversidad de nuestra cultura!:

Tsotsil

Fragmento del poema Cargueros, escrito por Enriqueta Lunez, en voz de su autora

Audio tomado de la serie Lenguas de México, coordinada por el periodista y escritor Mardonio Carballo, publicado en Descarga Cultura.UNAM, 2009: https://www.descargacultura.unam.mx/tzotzil-en-voz-de-enriqueta-lunez-25401. Derechos de reproducción en trámite.

Rarámuri

Fragmento del poema El espíritu, de Martín Makawi, en voz de su autor

Audio tomado de la serie Lenguas de México, coordinada por Mardonio Carballo, publicado en Descarga Cultura.UNAM, 2019: https://www.descargacultura.unam.mx/raramuri-en-voz-de-martin-makawi-7100256. Derechos de reproducción en trámite.

Zapoteco

Fragmento del poema Oración, de Natalia Toledo, en voz de su autora

Audio tomado de la serie Lenguas de México, coordinada por el periodista y escritor Mardonio Carballo, publicado en Descarga Cultura.UNAM, 2016:https://www.descargacultura.unam.mx/zapoteco-en-voz-de-natalia-toledo-4817172. Derechos de reproducción en trámite.

Purépecha

Fragmento del poema Delirios, de Rubí Huerta, en la voz de su autora

Audio tomado de la serie Lenguas de México, coordinada por Mardonio Carballo, publicado en Descarga Cultura.UNAM, 2015: https://www.descargacultura.unam.mx/purepecha-en-voz-de-rubi-huerta-5731208. Derechos de reproducción en trámite.

Maya yucateco

Fragmento del poema Cuánto, de Isaac Carrillo, leído en la voz de su autor

Muestra de maya yucateco del poema Cuánto, de Isaac Carrillo, en voz de su autor. Audio tomado de la serie Lenguas de México, coordinada por el periodista y escritor Mardonio Carballo, publicado en Descarga Cultura.UNAM, 2015: https://www.descargacultura.unam.mx/maya-en-voz-de-isaac-carrillo-4572795. Derechos de reproducción en trámite.