YA EN OAXACA Y EN DURANGO ACABÓ LA LIBERTAD(1)
Cada día se desacata más el genio infernal de la discordia y tiranía. Por cartas de Oaxaca se sabe que allí no fueron libres las elecciones. Varios clérigos y frailes abanderizaron al populacho, quien corría tras ellos como frenético, gritando “mueran los herejes, mueran los impíos, viva la religión”; y aun en medio de esta confusión, se oyeron las nefandas voces de “viva España, viva Fernando VII.”
No paró en esto: la canalla se avanzó a las casas de dos ciudadanos antiguos y beneméritos patriotas, el uno sacerdote, y el otro senador, y tuvo la insolencia de pedir a gritos sus cabezas.
Finalmente, ha llegado a tanto el desenfreno de aquel populacho corrompido, por los malos clérigos y gachupines,(2) que aseguran las cartas que aquellas Cámaras tratan de salir de Oaxaca y trasladarse a las Mixtecas,(3) temerosas de morir a manos de un populacho tan insolentado como vil.
Fácil es conocer qué clase de diputados enviará Oaxaca al Congreso general, con semejantes preparativos, y fácil es también concebir la mala disposición de la canalla dirigida por unos clérigos criminales, corrompidos y traidores. Apenas supieran que la Liga(4) había desembarcado, cuando ellos proclamarían al tirano como que los clérigos los inducirían en unión de los gachupines, pues la causa de éstos se identifica con la de aquéllos.
Por ahora aún no se atreven a gritar claramente: mueran los insurgentes, mueran los independientes; pero como el clero traidor los ha hecho odiosos al populacho, acusándolos de herejes, masones, impíos, etcétera, el vulgo se vale de estos apodos para aplicarlos a los patriotas verdaderos, extendiéndose su furor a perseguirlos y aun a intentar asesinarlos.
¡Ministros indignos del santuario! ¿Cuándo dejaréis de valeros de la religión para alucinar al pueblo rudo y llevar al cabo vuestros perversos designios?
Lo que me sorprende es cómo el gobernador y el comandante, teniendo tropa a su disposición, no se valieron de ella para contener tamaño desorden, castigar a los cabecillas y dejar a los vecinos pacíficos en entera libertad para votar.
Si el supremo gobierno de la federación no toma las más serias providencias para castigar y contener estos excesos en los Estados, la república y libertad pronto van a concluir sin necesidad de que venga la Liga, porque la impunidad de los delitos aumenta el número y la osadía de los delincuentes. Esperamos, pues, que nuestro paternal gobierno se apresure a reprimir estos escandalosos motines de Oaxaca, precursores de la ruina de aquel Estado y trascendentales a los demás.
Aquí es tiempo de que los electores secundarios oigan las blasfemias que produjo en Durango el senador Alcalde,(5) las cuales tengo a la vista impresas en un papel de Zacatecas.(6) Después de haber gritado que primero lo crucificarían que faltar contra sus intereses, dijo: “el pueblo no tiene facultad ninguna para reclamarnos, en nosotros ha depositado sus confianzas y sus derechos; y así, aunque crea que abusamos de nuestro encargo, aunque nos juzgue unas plagas de las más desoladoras, debe inclinar la cerviz, y sufrir sin mover los labios el yugo que le impongamos” (ni Fernando VII se ha producido en tamaña insolencia y tiranía); sigue el diputado diciendo: “si somos déspotas, si somos tiranos, ¿por qué no lo vio el pueblo antes de elegirnos?”
Ésta es una lección muy viva, señores electores secundarios,(7) para que no elijáis unos diputados tan orgullosos y soberbios como el senador Alcalde en Durango. Yo no me admiro de que este bárbaro se hubiera producido tan criminalmente ante un pueblo libre, al fin las palabras son el eco del corazón, según dice el autor del Eclesiástico,(8) lo que me espanta es cómo este pueblo libre no lo mató en el mismo Congreso,(9) y cómo hoy lo está sosteniendo con ocho pesos(10)y tomines(11) diarios; ya se ve, el pueblo de Durango nació como los demás de la República bajo el planeta ovejo:(12) todo lo sufre y todo lo tolera; mas el fruto de esta apática tolerancia lo lloraremos, y lo llorarán los hijos de nuestros nietos.
Es necesario no olvidar QUE EL PUEBLO ES EL REY, no así como quiera; el pueblo..., no me cansaré de decirlo, el pueblo es un gobierno representativo, popular y federal, es el soberano de sí mismo; tiene todo el derecho de acción y retroacción; puede hacer leyes y derogarlas; puede conceder sus poderes sin humillación ni convenio pasivo a quienes quiera; y también puede ahorcar justamente aquellos funcionarios que, abusando de su confianza, quieran oprimirlo, esclavizarlo, o venderlo a España.
Ésta no es una doctrina nueva ni sediciosa, está fundada en la ley natural. Así como a todo hombre le es lícito el repelar la fuerza con la fuerza, así le es a una nación el sacudir el yugo de un gobierno tirano y opresor.
Por fortuna, el supremo de la nación y el de los demás Estados de la República, se componen de hombres patriotas y benéficos; pero no faltan en algunos Estados, como en el de Durango, genios díscolos y altaneros que corrompan de cuando en cuando a los gobernantes, obligándolos a dictar malas leyes y providencias, haciéndolos odiosos, e irritando demasiadamente a los pueblos.
Del mismo Durango he recibido, en el último correo, un anónimo suscrito por varios durangueños que me honran con el distinguido epíteto de apóstol de la libertad. Estos señores me confunden con un elogio tan desproporcionado a mi pequeño mérito, si puede llamarse mérito el deber sagrado que nos impone la patria para servirla hasta donde llegaren nuestras fuerzas; pero sin embargo, yo les agradezco su cariño, me compadezco de su cruel situación, y quisiera ser Júpiter para vibrar rayos contra sus opresores.
Vea el pueblo de México cuál será el infeliz estado de los durangueños, con unas Cámaras que abrigan en su seno un representante como Alcalde, que dice, a nombre de sus compañeros, “que nunca han tenido confianza del pueblo que los eligió.” ¡Es hasta donde puede llegar la desvergüenza!
Ya no me admiro de que expidieran una ley, o sea decreto, tan crudo que no lo hubiera puesto más cruel ni un bey de Marruecos, ni un sultán de Constantinopla; dice así:
“El ciudadano Santiago Vaca y Ortiz,(13) gobernador del Estado libre (¡qué libertad!) de Durango, a sus habitantes, sabed: que el honorable Congreso de este Estado ha decretado lo siguiente. El estado libre y soberano de Durango, reunido en Congreso decreta: Artículo 1º Se harán elecciones para sólo nombrar diputados al Congreso de la Unión.(14) Artículo 2º El individuo o individuos que de cualquiera manera se opongan al cumplimiento de esta ley, o a alguno de sus artículos, promoviendo de palabra o por escrito, pública o secretamente su inobservancia, se declaran traidores al Estado y sujetos a la pena capital. Artículo 3º Para el cumplimiento de esta ley se autoriza al gobierno con facultades extraordinarias, mientras esté conmovida la tranquilidad pública. El gobernador del Estado dispondrá se imprima, publique, circule y observe. Ciudad Victoria de Durango,(15) agosto 7 de 1826. Vicente Escudero,(16) presidente diputado. Felipe Ramos,(17) presidente senador. José Manuel Escarzaga,(18) diputado secretario. Ángel José Bernal, senador secretario. Al gobernador del Estado. Publíquese y circúlese, y comuníquese a quienes corresponda para su exacta observancia. Dios y libertad. Victoria de Durango, agosto 7 de 1826. Santiago Vaca. José Ramón Royo.”(19)
Como ignoramos qué conmociones ha habido en Durango, extrañamos tan fuertes providencias. Estas facultades extraordinarias, y estas penas capitales que tan baratamente se prodigan en el estado libre [de] Durango, no indican otra cosa sino que los más de sus representantes son muy déspotas. Yo siento decirlo, sé que en su seno hay hombres de bien, patriotas ilustrados; algunos de ellos son mis amigos, pero la mayoría es la que vale. Cuidado, señores electores secundarios, cuidado, no vayáis a elegir unos diputados que nos salgan averiados, como el senador de Durango, unos tiranos que nos pongan el pie en el pescuezo y luego nos digan: no os toca sino callar y sufrir el efecto de nuestras leyes inicuas, y aunque seamos unos diablos, callaréis y sufriréis, ¿POR QUÉ NO LO VISTEIS ANTES?, cuidado electores, cuidado, cuidado, y aquí paz y después gloria.
México, agosto 30 de 1826.
El Pensador
(1) México: 1826. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...]. Oaxaca. Cf. nota 40 a La tragedia de los gatos... Durango. Cf. nota 9 a Disputa de los Congresos...
(2) gachupines. Cf. nota 22 a Breve sumaria...
(3) Mixtecas. Cf. nota 15 a Breve sumaria...
(4) Liga. Cf. nota 27 a La tragedia de los gatos...
(5) Antonio Alcalde. Cf. notas 16, 17 y 18 a este mismo folleto.
(6) Zacatecas. Cf. nota 79 a Se le quedó...
(7) La elección indirecta de diputados pasaba por tres juntas electorales: las de parroquia, las de partido y las de provincia. En Advertencias necesarias para la elección de diputados del futuro Congreso escribió Lizardi: “las elecciones, según el formulario español, ni son libres ni populares; no libres, porque el pueblo va ligado a elegir no según su voluntad, sino según la fórmula que le prescribe la Constitución. Tampoco son populares, porque los diputados no son elegidos inmediatamente por el pueblo, sino por los electores de partido, elegidos por los de parroquia, y éstos por los compromisarios, que son los únicos electos inmediatamente por el pueblo.”Obras XII, op. cit., p. 319. En la Constitución de 1824 mantuvo la elección indirecta (Título III, Sección 2ª, 16).
(8) Ecli. 27, 7. Sic verbum ex cogitatu cordis hominis. Como el cultivo del árbol se muestra por su fruto, así por la palabra pensada se ve el corazón del hombre.
(9) Congreso de Oaxaca. Cf. nota 7 a Breve sumaria...
(10) pesos. Cf. nota 4 a Mañas viejas...
(11) tomines. Moneda de plata equivalente a treinta centavos de peseta.
(12) planeta ovejo. Fernández de Lizardi escribió: “nosotros hemos de ser más indulgentes y manifestar al mundo que no nacimos bajo el planeta ovejo”. Sexto ataque al castillo de Ulúa..., Obras XII, op. cit., p. 491.
(13) Santiago Vaca y Ortiz. Por Santiago de Vaca Ortiz (1790-?). Gobernador de Durango que decretó que privaba al clero su jurisdicción sobre diezmos y declaraba que el gobierno civil era el único competente para la provisión de plazas eclesiásticas.
(14) Congreso de la Unión. Cf. nota 8 a La tragedia de los gatos...
(15) Victoria de Durango. Ciudad capital del estado de Durango, y cabecera del municipio del mismo nombre. Importante centro minero (de hierro), agrícola y ganadero (principalmente ganado vacuno).
(16) Vicente Escudero. En el Correo Semanario de México número 5, hablando de las “Disenciones funestas de Durango”, Lizardi comenta el folleto Respuesta a los folletistas que se elogian a si mismos de El Citador, éste, dice Lizardi, “zahiere al cura don Manuel Escarzaga con los indignos epítetos de capataz, clérigo revoltoso, sacrílego, etcétera. Al senador Alcalde lo injuria hasta el extremo, tratándolo deladrón, así como al señor Escudero de borracho.” Obras VI, op. cit., p. 80.
(17) Felipe Ramos. Según el mismo número del Correo Semanario de México citado en la nota anterior, un licenciado Ramos estuvo envuelto en una conspiración en Durango que pretendía matar al gobernador, a los Escarzagas y a Alcalde para establecer un Congreso, gobierno y tribunal de justicia conforme a la voluntad de la aristocracia. Eran cabezas de la conspiración Zubiría, el licenciado Ramos y el doctor Mariano Herrera.” Ibid., p. 81.
(18) José Manuel Escarzaga. “En vista de la desatención y público desprecio conque los canónigos de Durango, entre los cuales hay gachupines, han tratado a la primera autoridad de aquel Estado, ¿dudaremos que ellos son y han sido los primeros agentes de las conmociones y asonadas que han puesto en agitación a los pacíficos durangueños?
“¿Creeremos que el gobernador, el ciudadano diputado Antonio Alcalde, y los curas Escarzagas, son los motineros y enemigos de la libertad; o unos hombres que, creyéndose agraciados por España, y con esperanzas de medrar más bajo su gobierno, no perdonan medio de hacer odiosas y poner en ridículo nuestras más santas y laudables instituciones?” Obras VI, op. cit., p. 133.
(19) José Ramón Royo. Además de este documento firmó con Santiago Baca el documento de la Tesorería de Durango que es una nota estadística que comprende egresos e ingresos de las tesorerías de Durango relacionadas con los ramos de industria, agricultura, fabril y mercantil, de enero a junio de 1826.