VIDA Y ENTIERRO DE DON PENDÓN
Cuando era yo muchacho, que comencé a oír las hazañas del señor don Pendón, se excitaba mi curiosidad para saber el origen, alcurnia, hechos y proezas de tan famoso caballero, y mi difunta abuela, que en santa paz descanse, me divertía contándome su historia de este modo:
"Has de saber, hijo de mi corazón, que el excelentísimo señor don Pendón nació en Castilla, de sangre real. Allá anduvo a mátame y te mataré entre moros y cristianos por muchos siglos; pero arrojados de España los sarracenos, a favor de la unión y valor de los Pelayos y Fernandos, se estuvo quieto en su casa, sin meterse con alma viviente.
"Nosotros hubiéramos carecido de la gran dicha de conocerlo, si el aventurero Cortés, sin orden del rey, y contra la expresa voluntad de Diego Velázquez, su lugarteniente en la isla de Cuba, no lo hubiera traído a este Nuevo Mundo, llevado del santo celo de propagar el Evangelio.
"Es verdad que Jesucristo previno a sus apóstoles que para esta santa fatiga fuesen a los pueblos sin armas ni bolsas, prohibiéndoles así la codicia y crueldad, pues les tenía dicho que él los proveería de todo lo necesario y que su ley era suave y su yugo benigno.(2)
"Sin embargo, el celoso, apostólico y caritativo Cortés no entendió de dibujos.(3)Juntó una porción de holgazanes, haraganes y viciosos, que hoy se llaman héroes, y de cuyos troncos desciende la mayor parte de la nobleza mexicana. Armólos de lanzas, arcabuces y espadas, guarneciólos de fierro, equipó sus buques, montó en ellos algunos cañones de artillería y partió a la conquista de tu tierra."
─¿Qué es conquista?, preguntaba yo a mi abuelita. Y ella con su acostumbrado candor me respondía: ─Hijo, conquista es quitarle a un rey su reino, apoderarse de sus riquezas y hacer esclavos a sus vasallos. ─¿Y eso hizo Cortés en nuestra tierra? ─Sí, hijo. ─¿Y eso es bueno? ¿Eso nos manda el Catecismo? Pero como fue para desterrar la idolatría y plantar el santo Evangelio... Pero si Jesucristo no quiso que su doctrina la recibieran a fuerza, ni menos a fuerza de armas, ¿cómo está eso? Yo he leído en un libro en la escuela que Jesucristo les dijo a sus apóstoles: "Id, predicad mi Evangelio por todo el mundo, y de la ciudad donde no os admitieran, salíos y sacudid el polvo de vuestros zapatos."(4) ¿Conque, cómo está eso, madre grande?
─¡Qué muchacho tan tonto! ─decía mi abuelita─, muy bien. Así lo vimos verificado y los padres, señores sacerdotes, que son los maestros de la ley, nos dicen que está bueno por esto y por aquéllo y por lo de más allá, y así ¿qué tenemos que meternos en nada? En creyendo lo que nos mandan creer, cumplimos y nos vamos al cielo derechitos.
─No se enoje usted, madre grande; pero dígame: si yo le robo a usted un real(5)de su canastita, aunque sea para darlo a un pobre de limosna, ¿se enojará conmigo? ─De fuerza. ─¿Pecaré? ─Sin duda. ─¿Se enojará Dios conmigo? ─¡Qué tontera!, ¿no se ha de enojar si robas y quebrantas el séptimo precepto que te manda no quitarle a ninguno nada sin su voluntad?
─Ya lo entendí. ¿Y en qué paró el santo Cortés? ─En que vino, enarbolando el primer pendón que vio la América, su abuelo o bisabuelo del que hoy tenemos. Este pendón está en San Francisco, arriba de la puerta de la sacristía.(a)
─¡Ah!, sí, ya lo he visto. Es uno como guión de cofradía. Tiene una cruz de oro en campo negro, con unas letras alrededor que dicen hoc signo vinces.(6) Yo no sé qué quiere decir. ─Yo tampoco sé latín; pero tu padre que lo entiende, dice que dicen con esta señal vencerás. ─¡Qué portento! ¿Y por qué puso Cortés esas palabras en su pendón? ─Porque esas mismas le mandó el cielo poner al emperador Constantino, cuando se le apareció una cruz roja en el aire, víspera de batirse con Majencio.
─¿Quiénes eran Constantino y Majencio? Constantino era un emperador cristiano, y Majencio un gentil cualquiera y hechicero. ─¿Y qué sucedió? ─Que puso ese pendón Constantino y venció a Majencio.(7) ─¿Y ya era cristiano?, porque yo he oído decir a mi maestro que ya se bautizó grande, sin haber menester que lo llevara la partera. ─Qué sé yo; creo que aún no se había bautizado, sino que era tan gentil como su enemigo. ─¡Vál[g]ame Dios!, madre grande. ¿Y qué hizo Cortés? ─¿Cómo qué? Vino, mató millones de indios, les quitó sus riquezas, violó sus hijas y mujeres y los hizo esclavos para siempre. Poca cosa para pagar el grande beneficio de ser cristianos los que escaparon de su furor apostólico.
─¡Jesús mil veces y qué horror! ¿Todo eso hubo? ¿Y eso es lo que se cree que es bueno? Pues yo le aseguro a usted que en cuanto sea más grande no lo he de creer, porque los cristianos no pasan de unos hipócritas y supersticiosos patrañeros, cuando a estos delitos llaman virtudes, y Dios era menester que fuera el más inconsecuente y más tirano, pues se espanta de las chicas y se comía las grandes,(8) como dice la cocinera.
─¡Ay, muchacho!, ¿qué herejías hablas? Dios es justo y justísimo por esencia. ─Ya se ve que sí; pero usted me dice que yo peco y que Dios se enoja conmigo por un real que le robé a usted ¿y este mismo Dios recibe como un gran servicio las matanzas, pecados y robos de Cortés? ¿No es esto espantarse de las chicas y comerse las gordas? Vamos, señora, que a usted la han engañado, y Dios no puede agradarse de las conquistas. ─Cállate, tonto, cállate y hablemos del pendón.
─Es verdad. ¿Con ese pendón nomás, con esa cruz y esas letras mató Cortés tantos indios? ─No, sino con las espadas, los arcabuces y los cañones de artillería. ─¡Oh!, pues entonces mejor hubiera puesto en su bandera un arcabuz o cañón que eran los que tenían la virtud de matar, y no la Cruz de Jesucristo. Señora, ya me voy enfadando de ver tantas contradicciones y mentiras.(b)
Aquí no pudo contenerse mi abuela. Me concluyó con un bofetón, y no volvió a instruirme en puntos de pendón. Sin embargo, yo ya con estas lecciones, fui mirando el pendón con otros ojos. Advertía el lujo conque salía acompañado de la nobleza de México, esclavos tontos que hacían alarde de su esclavitud. Observaba los empeños del necio Ayuntamiento y los apuros del pendolero para quedar bien en el aniversario de la esclavitud de su patria. Me compadecía la fiesta y regocijo conque un pueblo desgraciado corría a ver el paseo del pendón y la comedia de la Conquista.(9) ¡Juro a Dios que así lo sentí desde los primeros sucesos de Bayona! ¡Bendita sea la memoria del inmortal Napoleón por quien los hombres comenzaron a conocer sus derechos!
Así se mantuvo don Pendón por más de dos siglos y medio. Él era llevado en triunfo los días doce y trece de agosto a San Hipólito,(10) convento de padres locos y locos cuerdos, porque es muy loco quien castiga a quien no sabe lo que hace, como hacían los tales legos, y harto cuerdo quien pierde el juicio y no siente en el alma las picardías de los hombres.
A mí me chocaba la circunstancia de que se celebrase la función de iglesia en una iglesia de locos, hasta que advertí que era cosa natural, pues solamente los locos pudieron consentir por tantos años que se ultrajase con solemnidad al Dios único, justo y piadoso por esencia, dándole gracias porque Cortés y sus asesinos y ladrones compañeros, en tal día, hubieran consumado la obra de sus atrocísmos delitos,(11) atrocísmos, digo, a toda la humanidad, al derecho de gentes y al mismo Dios, a quien en medio de sus repiques y cohetes parece decían con desvergüenza:Señor, te damos gracias porque el pícaro Cortés con sus asesinos y ladrones vino a este reino ahora tantos años, y contra tu piadosa voluntad, prevalido de tu santo nombre y a pretexto de tu dulce religión, mató millones de indios, violó cuantas doncellas quiso, robó todo cuanto pudo e hizo esclavos a los que Tú hiciste libres. Aun es poco; me parece que los sacerdotes subían al púlpito en tal función y decían: ¡Gran Dios!, por si no lo entendieres, te damos gracias por los crímenes de Cortés, que tenemos santificados aunque no quieras; y festejamos, celebramos y nos llenamos de júbilo al acordarnos que ahora tantos años te ofendieron impunemente esos conquistadores. ¡Qué honor a Dios!
Así estuvo el infame pendón, tan adorado, hasta que el inmortal Hidalgo(12) le dio la primera estocada, que luego luego lo hizo vacilar, pues ya no pudo salir al paseo a caballo, y así, sin pompa y acompañado de unos cuantos esclavos que se llamaban regidores y oidores, salía en coche, paso a paso a su romería a San Hipólito; pero vino el famoso Iturbide(13) y le ha dado tan soberbia estocada en el corazón el año pasado, que lo hizo exhalar el último suspiro. Es verdad que la Constitución Española lo puso en cama tan de gravedad que ya no salía ni en coche; pero como la esperanza se arranca con la vida, el señor don Pendón aún pudo esperar convalecer; mas no hubo remedio, murió.(14) Está enterrado en la Diputación. Ha dejado un hijo: cuidado, mexicanos, no vuelva a salir en triunfo. Unámonos y seremos eternamente libres.
México, 12 de agosto de 1822. Segundo de nuestra libertad.
J[osé Joaquín] Fernández de Lizardi.
(1) México, Oficina de don José María Ramos Palomera [cf. nota 1 a Lo que escribe...], 1822.
(2) No llevéis oro, ni plata, ni dinero alguno en vuestros bolsillos; ni alforja para el viaje, ni más de una túnica y un calzado, ni tampoco palo: porque el que trabaja merece que le sustenten, Mt. 10, 9-10; también en Mr. 6, 8-9; Lc. 9, 3 y 10, 4. Mi ley es suave y mi yugo benigno, Mt. 11, 30.
(3) dibujos. No meterse en dibujos: "Referir las cosas sin ambáges, ni circunlóquios, sino natural y sencillamente, sin artificio, afectación, ni cuidado: y se extiende también a obrar de la misma suerte, sin entrar en empeños, ni dificultades." Dic. de autoridades.
(4) Id por todo el mundo: predicad el Evangelio a todas las criaturas. Mr. 16, 15. Dondequiera que tomaréis posada, estaos allí hasta salir del lugar: y dondequiera que os desecharen, y no quisieren escucharos, retirándoos de allí, sacudid el polvo de vuestros pies, en testimonio contra ellos. Mr. 6, 11. También en Mt. 10, 7 y 14; Lc. 10, 3 y 10-11.
(5) real. Cf. nota 19 a El cucharero y su compadre...
(a) Estuvo, en efecto, el tal pendón o estandarte de Cortés en aquel lugar; y creo que las cenizas del héroe, que hoy descansan en la iglesia del Hospital de Jesús [estuvo el sepulcro de Cortés en el presbiterio, al lado del Evangelio].
(6) En "El ex-convento de San Francisco", Manuel Rivera Cambas escribió que: "Al lado del Evangelio estuvo un retrato del conquistador D. Fernando Cortés, debajo del dosel con el estandarte y sus armas." México pintoresco, artístico y monumental... México, Editorial del Valle de México, 1981, t. I, p. 216. En cuanto a la historia del pendón de Cortés, pudimos ver que es bastante interesante la relatada por Victoriano Salado Alvarez, hela aquí: "Gran fiesta se celebraba antaño el 13 de agosto, día de San Hipólito Mártir, en que se sacaba a relucir el pendón de la ciudad en celebración de la toma de la antigua Tenochtitlan por don Hernando Cortés. La primera bandera construida para el paseo del pendón fue destruida, como se justifica con el acto de 18 de junio de 1540: 'Este día acordaron que se haga un pendón para esta cibdad, que sea de damasco verde o colorado, con sus armas de la cibdad, porque el pendón que tiene al presente, de leonado e pardo, se hizo porque no se hallaron otros colores, e mandaron que se venda el dicho pendón viejo, o se aproveche lo mejor que se pueda'. Por estas irrecusables pruebas se ve que la bandera que se enarboló en la Conquista no es la que servía para el paseo del pendón [...], y ni aun la primera construida con ese fin por dicha corporación. La relación de Andrés de Tania dice que la bandera del conquistador Cortés era 'de unos fuegos blancos y azules, e una cruz colorada en medio; e la letra della era:Amici, sequamur crucem, et si nos fidem, vere in hoc signo vincemus'. Las descripciones de la insignia de Cortés no están conformes ni aun en el lugar que se enarboló por primera vez; entre otros autores se cita el biógrafo de aquél en las noticias históricas de la tercera edición de sus cartas en Nueva York: 'Delante de la puerta de su casa enarboló un magnífico estandarte de terciopelo y oro con el signo de la cruz y las armas reales bordadas sobre él, y con el mote en latín: Hermanos: sigamos la cruz, que con ella venceremos'. Mendieta, en su Historia eclesiástica indiana: 'Porque cuando salió de la isla de Cuba para acometerla (la conquista), en todas las banderas de sus navíos puso en medio de sus armas una cruz colorada con unas letras que decían: Amici, sequamur crucem; si enim fidem habuerimus, in hoc signo vincemus'. Betancourt, en su Teatro mexicano: 'Hízose a la vela para la Trinidad, donde llegó a pocos días; sacó las banderas y estandarte que había hecho con las armas reales y una cruz en cada parte, y un rótulo en latín que decía: Sigamos la Santa Cruz, que con ella venceremos'. Beaumont, en la crónica de las provincias de los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo: 'Hizo pintar en sus estandartes una cruz con estas palabras mismas que se le aparecieron al gran Constantino: In hoc signo vinces'." Rocalla de historia, México, Ediciones de la Secretaría de Educación Pública, Departamento de Bibliotecas, 1956, pp. 62-63 y 64-65.
(7) Cayo Flavio Valerio Constantino el Grande o Constantino I. Emperador romano que nació en Naissus (274) y murió en Achvron (337). Había estallado la guerra civil y Constantino logró deshacerse de todos sus rivales, inclusive de Majencio, que, escapado de la batalla de Saxa Rubra, pereció ahogado en el río Tíber. Durante esta última campaña contra Majencio, Constantino se convirtió al cristianismo, cuando se le apareció, en lo más duro de la batalla, la visión de una cruz en el cielo, inflamada y rodeada de las palabras In hoc signo vinces.
(8) espantarse de las chicas y comerse lar grandes. Se parece a este otro refrán: es como la burra de la tía Cleta, que se come los petates y se asusta de los aventadores, empleado para censurar a quien cometiendo faltas graves se escandaliza de las leves que otros cometen. Darío Rubio, Refranes, proverbios y dichos y dicharachos mexicanos, México, s/edit., 1937 (Estudios Paremiológicos), p. 201.
(b) Así se explicara a un niño de siete años, si creyera que la esencia de la religión cristiana consistía en estos despropósitos; pero por desgracia los vemos practicados. Los herejes no son niños de siete años: los advierten, y, desentendiéndose de la causa, nos arguyen con el efecto. Tengamos vergüenza y seamos cristianos deveras.
(9) En un folleto de 1821, intitulado Quien mal pleito tiene a voces lo mete, Lizardi había escrito: "el inmortal Fernando sancionó que se quitaran de los lugares públicos todas inscripciones o signos que recordaran vasallaje, y, en su consecuencia, ya no sale el paseo del pendón ni se representa la comedia de la Conquista." Se refería ahí al "Bando del virrey Venegas con el Real Decreto de 7 de enero de 1812, que suprimió el paseo del Pendón"; también hay otro: el "Bando del virrey Calleja con el Real Decreto de 26 de mayo de 1813 sobre destrucción de los signos de vasallaje." Sobre la Comedia de la Conquista, tomamos, de Alfonso Reyes, los datos siguientes: "Los actos teatrales acontecían con motivo de los festejos del Corpus, San Hipólito, recepción de virreyes, nombramientos de prelados, fastos notables, 'campañas administrativas' eminentes y aun calamidades públicas. Año por año, al aniversario de la victoria de Cortés (13 de agosto), reaparecía ciertaConquista de la Nueva España, obra u obras perdidas (todavía se danzan 'conquistas'), cuya representación tomaba a su cargo el Cabildo, amén de otorgar una 'joya' o premio al autor o actor sobresaliente en los varios actos dramáticos que se acostumbraban. Las representaciones se hacían, según el caso, en tablado callejero, durante los altos de los desfiles, en templetes junto al coro de las iglesias, en el interior de los colegios, y antes de cerrarse el siglo XVI, en una o quizá dos Casas de Comedias." Letras de la Nueva España, México, Fondo de Cultura Económica, 1948, p. 64.
(10) San Hipólito. La Hermandad de la Caridad o de San Hipólito fue fundada por fray Bernardino Álvarez, en 1566; en 1567 obtuvo permiso para fundar el Hospital: al principio se construyeron algunas piezas junto a la iglesia de San Hipólito, y se dedicó a albergar enfermos viejos y locos. Posteriormente, se hizo con gran lentitud la construcción del nuevo hospital, y en condiciones muy deficientes, pues se trataba de una serie de estrechas celdas donde se encerraba a los locos. La Orden fue suprimida por decreto del 1° de octubre de 1820.
(11) En 1824, en el número 10 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán, del tomo I, Fernández de Lizardi escribió sobre lo mismo: "El 27 de septiembre debía solemnizarse por los mexicanos incomparablemente con más brillantez que la que con que festejaban los españoles el 13 de agosto. Usted se acuerda qué función tan clásica era ésta en aquellos días, ¡qué paseo!, ¡qué lujo!, ¡qué saraos!, ¡qué función de iglesia, y qué todo! Dos días nos ponían a la vista en un balcón de las casas de Cabildo entre albarderos o soldados al señor don Pendón, esto es, a la señal de nuestra esclavitud. El pueblo lo miraba con respeto. Ocho o quince días se representaba sin cesar la comedia de la Conquista de México. La gente se atropellaba para verla, y al desenrollarse en el vuelo el muchacho que hacía a Santiago, el mismo pueblo ignorante y fanático se moría de gusto y celebraba a palmotazos la odiosa representación de la sangrienta conquista de sus padres, de ellos y de sus hijos venideros, y cuando el Santiago gritaba: A ellos, a ellos, Cortés valeroso, entonces este sencillo pueblo reventaba en aplausos de sus tiranos. En el día, si no los celebra, tampoco tiene lugar de aplaudir a los restauradores de su libertad." Obras V, op. cit., pp. 149-150.
(12) Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811). Padre de la Patria e iniciador de la Independencia de México.
(13) Iturbide. Cf. nota 7 a De don Servilio al clamor...
(14) El 13 de agosto de 1528, Cortés ordenó el Paseo del Pendón, que fue la primera festividad cívico religiosa que se llevó a cabo en la ciudad de México; sin embargo, en 1745 había decaído tanto la fiesta que la Corte ordenó castigar con multa a los que no asistieran. "Entre los detalles curiosos que existen sobre el paseo, debemos mencionar el siguiente: sucedió varias veces, que como en el mes de agosto en que se celebraba solían caer fuertes aguaceros, la comitiva entraba en los portales o en algún zaguán. Sabido esto por el rey, 'vino una orden estrechísima, mandando que ni el Regidor con el Pendón, ni los Ministros de los tribunales pudiesen guarecerse del agua en casa alguna, sino seguir a su destino, y así se ejecutó'. A pesar de tan severas disposiciones, encaminadas sin duda a darle mayor brillo y esplendor a la fiesta, en más de una vez estuvo a punto de acabar [...]. Vino, sí, a ser ridícula, 'cuando el paseo se hacía ya en coches, y no a caballo, y el Pendón iba asomando por una de las portezuelas del coche del Virrey." Luis González Obregón, México viejo (época colonial). Noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres, 9ª ed., México, Editorial Patria, 1966, pp. 55-56. El 7 de enero de 1812 fue abolido el paseo del Pendón por las cortes españolas, desde esa fecha hasta la consumación de la independencia fue reducido a una simple función religiosa con asistencia del virrey o de las autoridades. Éste sería el golpe de gracia dado a dicha festividad, sin embargo hubo uno antes, en septiembre de 1810, cuando Miguel Hidalgo enarboló un óleo de la imagen de la virgen de Guadalupe como estandarte y bandera de los ejércitos insurgentes, ésa fue "la primera estocada al paseo del Pendón." En 1821, otra "estocada" le fue dada cuando Iturbide, como primer Jefe del Ejército de las Tres Garantías, puso fin al vasallaje por medio de los Tratados de Córdoba, declarando a México como nación independiente de España.