VERDADES PELADAS, RENIEGUE QUIEN RENEGARE,
O SEGUNDA PARTE DEL IMPRESO TITULADO:
SI EL GOBIERNO SE DESCUIDA, TRABAJOS
HAY CON LA LIGA(1)

 

 

En el dicho papel acabamos de anunciar los auxilios con que cuenta España para no perder la esperanza de reconquistarnos algún día.

Estos auxilios son exteriores e interiores, y los segundos son ciertamente los más temibles. Al lado de algunos españoles honrados, que sólo piensan en sostenerse, y a sus familias americanas con su comercio y trabajo, que son y siempre han sido pacíficos y virtuosos ciudadanos, y cuyos intereses y costumbres están identificados con los nuestros, al lado de éstos, digo, viven otros que ya por razón de sentimientos injustos, ya por el ahínco de la antigua orgullosa dominación, y ya por la esperanza de mejorar de suerte, se están a la capa,(2) simulando maliciosamente mucha humildad y afecto a los criollos(3) y a su Independencia; pero, al primer desembarque de la Liga(4) u otra expedición combinada, se reunirán y alarmarán contra los independientes, apellidándolos traidores, y proclamando con los fusiles los pretendidos derechos de los usurpadores del trono de Moctezuma.(5)

Siento decirlo, pero es inexcusable. No faltarán tampoco algunos criollos desnaturalizados que, olvidándose de lo que deben a la patria, se levanten contra ella por satisfacer algunas rastreras venganzas y ciertos o pretendidos agravios.

Últimamente, no faltarán tampoco, como no faltan hoy, algunos eclesiásticos fanáticos y borbonistas, que abusando de su instituto y apoyados en la suma ignorancia del vulgo, seduzcan a los pueblos desde el púlpito, y quizá, o sin quizá, a las mismas tropas liberales a fin de que los unos se alarmen contra su patria, y las otras abandonen sus banderas para engrosar las filas de nuestros irreconciliables enemigos. Lloverán sobre los defensores de la libertad las excomuniones, y no se oirán llamar con mejores epítetos que con los de rebeldes, herejes y masones.

España sabe muy bien la infernal aunque infalible máxima de dividir para mandar,(6)y, a efecto de ponerla en práctica a su tiempo, es muy natural que tenga entre nosotros sus agentes en todas las clases del estado, y no serán ni pobres ni tontos.

A nadie se le esconde la diversidad de partidos de los que unos sordamente minan el templo de la unión, que otros procuran sostener. Españoles y americanos, fanáticos y despreocupados, monarquistas y republicanos, serviles y liberales... He aquí, si será fácil que España introduzca la división con elementos prevenidos y agentes diestros en la intriga.

Se me dirá que, ¿cómo no ha habido un rompimiento en cinco años de Independencia,(7) habiendo habido siempre los mismos partidos, y aun más como los iturbidistas y centralistas? A los que se puede decir que esta quietud ha reconocido tres principios. El primero, la natural bondad y docilidad de los americanos. El segundo, el justo temor de los enemigos del sistema, que siempre reconocen la mayoría a favor de éste; y el tercero, en que no se ha verificado un choque convulsivo; pero este choque debe verificarse al momento que el estallido del cañón avise que ha pisado el enemigo nuestras playas, y entonces la guerra será la más cruel y encarnizada que se haya visto, porque no será guerra de rey a rey, sino de nación a nación; guerra exterior e interior; guerra de furor y venganza; y en la que los intereses se dividirán como las opiniones; y guerra, finalmente, que no dará lugar a mejor acomodamiento que a morir o vencer. ¡Válgame Dios! ¡Qué cuadro tan funesto se me representa en la imaginación cuando advierto los estragos que necesariamente ha de causarnos tan sangrienta guerra! A gran dicha tendrán muchos encontrar la muerte, antes que sufrir una ignominiosa esclavitud.

Ni los mismos criollos y españoles traidores que protejan la invasión de los tiranos quedarán exentos de su furor. Todos experimentarán o un castigo cruel o un vergonzoso desprecio. No caerán parados esta vez. A los criollos se les echará en cara el que fueron traidores a su misma patria, y a los españoles, que abrazaron el partido del rey a fuerza y fingiendo lealtad, por no perder sus intereses o destinos, y de este modo pagarán sus buenos oficios, realizándose el común refrancillo de que si la traición agrada, el traidor enfada.(8)

Que éstas no son predicciones imaginarias, sino temores muy fundados, es cosa muy clara y evidente, y si se verifican, nuestra suma confianza tendrá la culpa.

España no se alucina con los brillantes discursos de nuestros ministros. Muy poco o nada creerá la marcha majestuosa de nuestro sistema político, tan ponderada en los periódicos. ¿Qué majestuosa, dirá, podrá ser la marcha política de una nación que comienza a sacudir el yugo de la opresión y la ignorancia en que vivió sumida trescientos años? ¿Cuál será el estado de su población después de haber sufrido una guerra cruelísima e intestina doce años, y a los últimos, una peste(9) no menos mortal y asoladora? ¿Cuál será el opulento estado de su hacienda, cuando se halla empeñada con la Gran Bretaña en una cantidad que no le será fácil satisfacer en muchos años, si es que no contrae nuevas deudas?(10) ¿Cuál será la seguridad de que se jacta, no contando, como no cuenta, con ninguna potencia aliada que la auxilie? Y una nación escasa de población, empobrecida y empeñada por la guerra, sin alianzas con las demás potencias, habitada de mil fanáticos y facciosos, y, además de esto, adormecida en la más apática confianza, ¿podrá fiarse de lamarcha majestuosa de sus asuntos políticos? ¡Ah!, también es serena y majestuosa la marcha de un ajusticiado hacia el patíbulo. Él va rodeado de soldados y clérigos, se trata de que el sol no lo ofenda y de proporcionarle mil consuelos; nadie lo agita ni detiene, y no parece sino que es un monarca triunfante, a quien tratan de complacer cuantos lo rodean. Mas esta contemplación desaparece luego que llega al suplicio, que es el término fatal de su carrera. Aquí todo es sangre, tragedia, confusión y muerte; del mismo modo terminará la marcha majestuosa de la América, luego que cuarenta mil españoles y franceses pisen sus arenosas playas. Así me parece que discurrirán los políticos de España, en vista de nuestra apatía, y mucho peor cuando se informen de todos nuestros preparativos para recibirlos, que son ningunos; y ellos creo que saben hasta los pensamientos del gobierno.

Muy bien conozco los trabajos y desvelos que han padecido los representantes del pueblo, ministros y demás autoridades para poner a la patria en el punto de vista en que se mira, y que estas vigilias continúan por su parte con tesón con el fin de perfeccionar la grande obra de nuestra regeneración política; pero creo que por ahora convendría darles a los negocios diversa dirección; esto es, atender a los ejecutivos, y suspender los que sufran esperas.

¿Y cuáles son los asuntos ejecutivos del día? La defensa y seguridad de la patria.Salus populi.(11) ¿Y tiene ésta recursos suficientes para defenderse? Sí, los tiene sobrados; pero no se ha de ocurrir a ellos a la hora de los balazos, pues entonces todo será confusión y desorden.

Yo creo que convendría: 1. Organizar el ejército veterano, disciplinarlo y ponerlo siquiera en el pie de cincuenta mil hombres, siendo los más de escogida caballería, colocándolos desde ahora en las inmediaciones de las costas.

2. Organizar del mismo modo las milicias cívicas, aforándolas militarmente y sujetándolas a la ordenanza en tiempo de guerra, socorriéndolas de cuenta del comercio y de lo más sagrado, pues el soldado que trabaja debe comer.

3. Tratar bien al soldado y castigar la primera deserción con pena de muerte, para que aquélla no se aumente.

4. Hacer que los gobernadores de los Estados fortifiquen, foseen y parapeten, no sólo las capitales, sino todo pueblo grande, pues no es lo mismo hacer la guerra tras de los parapetos que a campo raso.

5. Establecer en todas partes los pasaportes, luego que el enemigo desembarque, a fin de que los gobiernos civiles y militares sepan quiénes son los que entran o salen de sus demarcaciones, y con qué objeto.

6. No hacer jamás la guerra en llano, y mucho menos con numerosa infantería.

7. Castigar con la última pena la más mínima traición, sea cual fuere la patria o graduación del traidor.

8. Exhortar a los señores eclesiásticos, especialmente curas, por medio de sus respectivos prelados, a fin de que prediquen a los pueblos la obligación en que están de sostener los derechos de la libertad de la patria.

9. Ahorcar por el pescuezo, aunque con mucho respeto, a todo cura o fraile que, abusando de su ministerio de paz y erigiéndose en lobo carnicero, introduzca la rebelión en los pueblos, incitándolos al obedecimiento a Fernando VII, o a sus enviados.

10. Cuidar de aliviar las gabelas y contribuciones, especialmente a los pobres; pues los ricos y corporaciones (que son los que más tienen que perder) son los que deben soportar los gastos de la guerra.

11. Que según este principio, luego que el enemigo desembarque, deben minorarse una tercia parte los sueldos de los empleados, para que los pueblos adviertan desde luego que la guerra no aumentará sus males.

12 Tener cuidado de que no falte de las ciudades populosas una fuerza respetable de tropa entre activa y cívica, así para que el pueblo respete las vidas y propiedades de los extranjeros y españoles mansos, como para que repriman la osadía de los bravos que quieran comprometer nuestra seguridad.

Sobre estos arbitrios recaerán muy bien las disposiciones militares en campaña, según que fueren los jefes que dirijan las acciones, y las ocasiones que se presenten, pues la mejor academia del soldado está en el campo de batalla.

Preparada nuestra República de este modo, yo aseguro que ya España y la Liga pensarán mucho en realizar su empresa; pero si nos sorprenden descuidados, puede perderse en un año lo que ha costado en doce(12) tantos sacrificios.

Que tenemos enemigos que no cesan de maquinar contra nosotros, es muy cierto; que ignoramos el momento de su venida, también; por tanto, podemos decir a las autoridades: Vigilate quia nescitis, diem neque horam. Estad alerta, porque no sabéis el día ni la hora de la temida invasión.

 

México, 12 de abril de 1826.


El Pensador.

 

 


(1) México: 1826. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...].

(2) se están a la capa. Guardan, reservan, observando o esperando la ocasión favorable para obtener algún fin.

(3) criollos. Cf. nota 33 a La tragedia de los gatos...

(4) Liga. Cf. nota 27 a La tragedia de los gatos...

(5) Moctezuma. Cf. nota 33 a Impugnación que los gatos...

(6) dividir para mandar. Cf. nota 28 a La tragedia de los gatos...

(7) Independencia. Cf. nota 13 a La tragedia de los gatos...

(8) Si la traición agrada, el traidor enfada. Registrado por Martínez Kleiser, Refranero general ideológico españolop. cit., p. 187.

(9) peste. Cf. nota 4 a Generosidad de los ingleses...

(10) Cf. nota 10 a La tragedia de los gatos...

(11) Salus populi. Cf. nota 2 a No hay por qué...

(12) En realidad eran dieciséis años de luchas y sacrificios.