¡VÁLGAME DIOS QUÉ DE COSAS HAY EN EL MUNDO
QUE VER, FÁCILES DE SUCEDER Y DE CREER DIFICULTOSAS!(1)
Letrilla
Que la Independencia es justa
y que a los más nos agrada,
ya lo veo.
Pero que a todos les gusta,
y que a ninguno le enfada,
no lo creo.
Que haya en el nuevo gobierno
mil sujetos colocados,
ya lo veo.
Pero que falten algunos
que se juzguen agraviados,
no lo creo.
Que todos digan alegres
que ya son independientes,
ya lo veo.
Mas, que no haya quien lo diga
a fuerza y allá entre dientes,
no lo creo.
Que haya muchos escritores
a su vez aduladores,
ya lo veo.
Pero que hablen como piensan
todos estos mi[s] señores,
no lo creo.
Que mis Cincuenta preguntas
las impugnen con baldones, (2)
ya lo veo.
Mas que esas preguntas mismas
se me impugnen con razones,(A)
no lo creo.
Que la libertad de imprenta
sea el freno del despotismo,
ya lo veo.
Pero que si se le ataca,
no sea don Antonio el mismo,(3)
no lo creo.
Que el Plan de Iguala y Tratados(4)
sean de política norma,
ya lo veo.
Pero que sean incapaces
ni hoy ni nunca de reforma,
A) Desafío al Tocayo de Clarita,(5) al Cristiano Rutinero, autor de las Dos preguntas en favor de la patria,(6) y a cuantos han mojado su sopita en el asunto, a que no prueban en ninguna de dichas mis Cincuenta preguntas la más mínima criminalidad. Pero esto, se entiende, ha de ser con razones, no con desvergüenzas ni gasconadas como hasta aquí.
El Tocayo de Clarita en su Cascabel dijo que varios oficiales y jefes del ejército, me habían ofrecido a escote unos palos por mis preguntas.(7) Como yo también tengo en el ejército muchos jefes y oficiales amigos, supe oportunamente la fanfarronada, y conozco a algunos de los bravos; pero heme reído altamente en tan liberal ofrecimiento, acordándome a un tiempo de tres refrancillos muy comunes. Uno dice:perro ladrador, nunca mordedor.(8) Otro: del dicho al hecho hay mucho trecho.(9) Y el último: donde las dan las toman.(10)
Pero no puedo reírme de la falta de hidalguía e ilustración de semejantes oficiales. ¿Creerán éstos que con semejantes bravatas, proferidas entre muchos y por semejante motivo, honran su carrera y sus personas? De ningún modo. El duelo es reprobado entre nosotros por las leyes civiles y eclesiásticas;(11) pero por fin, el duelo cuerpo a cuerpo y sin ninguna ventaja, algo tiene de caballería; pero amenazar muchos armados la existencia de un hombre solo, inerme y descuidado, es una vileza muy vergonzosa, y lo es más cuando los amenazantes son oficiales militares, a quienes no deben ser desconocidas las ideas del honor, y deberían advertir antes de proferirse públicamente de ese modo, que en el caso siempre saldrían mal; pues si yo, en defensa de mi vida, mataba tres o cuatro de ellos, se quedarían bien muertos; y si ellos me mataban a mí, serían juzgados por un consejo de guerra, degradados y ahorcados como alevosos y cobardes.
Fuera de esto, querer vengarse con durandarte(12) de lo que les parece injuria de la pluma, es acreditarse de necios. Si el escritor injuria, hay trámites legales de que se puede valer el agraviado sin riesgo, y dejando su honor más bien puesto. Si no injuria, es la última prueba de la más torpe ignorancia responder con palos, cuando no se puede con razones. Sólo Don Quijote remitía todas sus disputas a las manos, y así salía él.
Otros militares hay que no son tan determinados para amenazar, pero la tomatera más veterana no les gana a desvergonzados. El 17 de diciembre del año pasado de [1]821, se imprimió en Puebla un papasal titulado Las cincuenta preguntas de El Pensador contestadas, firmado por un tal Gozmendui, anagrama cabalito de Domínguez, quien dice que es militar.(13) Si lo es, será sin duda algún soldado raso, pero raso de educación, de literatura, de crítica, de religión y de todo.
¡Válgame Dios y qué mamotreto tan condenado! Él sólo puede servir de regla para escribir con mentira, con calumnia y con ignorancia. Yo no he querido criticarlo ni impugnarlo, porque él mismo me excusa ese trabajo. No es necesario sino leerlo una vez, para hacer el juicio debido de su autor. En seis fojitas de papel tiene más de cuarenta erratas garrafales de gramática y ortografía castellana. Me insulta a pide boca. Sólo caramba y pendiente no me dice, porque no lo tuvieran por borracho; pero de hay(14) abajo apura el diccionario de las desvergüenzas para acomodármelas: me levanta calumnias atrocísimas; para esto miente sin temor de Dios y de los hombres, y no para hasta desearme mi condenación eterna. ¡Qué infeliz! Yo lo perdono, y sólo quiero que mi generosidad y moderación (y nunca miedo) le sirvan de lección para que aprenda a escribir con juicio.
Dice que soy coruja,(15) que abarrunto, trastorno, y explicando lo que es coruja, dice que es ave del mar. Véanse en muy pocas palabras mil desatinos. Barruntar, y no "abarruntar", quiere decir conjeturar: para conjeturar es menester discurrir, y para discurrir, tener alma racional. Vea aquí el señor militar de Puebla, cómo en su gran magín la corujas son tan racionales como los hombres, puesto que discurren, y por lo mismo son hijas de Dios y herederas de su gloria. ¡A tantos errores nos conduce la atrevida ignorancia!
Decir que son aves de mar, es otro disparatón de marca. La mar cría peces, no aves; y decir que la coruja es ave del mar, es tan desatino como decir que losrobalos son peces de la tierra, y los burros brutos del aire.
Asegura, a título de sus entorchados, que en el tiempo de la Independencia, o cuando anduvimos en su solicitud, jamás me moví de México, sino que me estuve comerciando con mis papeles, lisonjeando la opinión más nueva.
¡Qué hombre! ¿Qué no sabría que me anduve con las divisiones 6ª y 12ª, habiendo salido de México desde mayo?(16) ¿O qué nunca llegaría a sus manos uno de tantos papeles míos impresos, a favor de nuestra causa en Tepotzotlán?(17) De nada tuvo noticia este buen hombre, y escribió lo primero que le ocurrió para saciar su maledicencia.
Si por casualidad leyere este papel, sepa que lo conozco, sé el grado que obtiene, su patria, el tiempo que ha que sirve en el ejército, cuál es el regimiento en que está, y que sólo apunto algunos de sus crasísimos disparates para que el público por la hilaza conozca el ovillo.
Sepa también que tengo amigos, jefes y oficiales juiciosos en todo el imperio. Un señor jefe me remitió de Puebla su folleto descomunal, apenas salió de la prensa, y en su carta de envío me dice: "Acompaño a usted un ejemplar del torpísimo e indecentísimo libelo de don fulano, etcétera (aquí me da largas noticias), para que vea al ilustración y comedimiento de algunos compañeros. Amigo: cuando leo estos papeles incendiarios, provocativos, groseros e ignorantes, escritos por compañeros míos, me avergüenzo de ser militar en el siglo XIX."
Desengáñese este militar y sus semejantes. El soldado, sea de la clase o condición que fuere, no es más un defensor de los derechos comunes de la patria, no un opresor de sus semejantes inermes. Sus gados y sus divisas, lejos de autorizarlos para pretender insultar a un ciudadano pacífico, los obliga a la más grata y recíproca consideración con todos ellos; porque si el paisano debe reconocer en el militar un ciudadano pacífico, los obligan a la más grata y recíproca consideración con todos ellos; porque si el paisano debe reconocer en el militar un conciudadano que emprendió la carrera de las armas para defenderlo de los enemigos exteriores y para proteger su seguridad individual en el estado de paz, contra los ladrones y malhechores, el soldado debe considerar que al pueblo y no al rey ni al gobierno debe su sueldo y subsistencia, porque del pueblo y no de la bolsa de ningún emperador ni gobernante sale ni puede salir el suficiente numerario para sostener las tropas.
Por manera que el común de los ciudadanos paga sus contribuciones de buena gana, acordándose que la mayor parte de ellas se invierte en mantener a otros conciudadanos que se dedican a defender sus propiedades y su seguridad individual; y jamás contribuiríamos con un real si supiéramos que nuestro dinero se invertía en sostener a otros hombres iguales en todo a nosotros, que se habían de erigir en nuestros inmediatos opresores.
Esto no es teoría, es un hecho largamente experimentado en la pasada insurrección. Luego que los vecinos de un pueblo veían acercarse a las tropas del rey, que entonces reputaban por enemigas y con justísima razón, escondían los víveres que tenían, desamparaban sus hogares y huían a los montes, como pudieran, de una manada de lobos y tigres hambrientos. ¿Qué prueba esto sino que no querían cooperar a que subsistieran sobre la tierra sus más sangrientos enemigos?
No sucedió así en esta época de la Independencia, corregida la opinión por el inmortal Iturbide. Aquellas mismas tropas que antes fueron las destructoras de los pueblos, consideradas ahora como sus libertadoras, recibieron, en obsequios presentes, los antiguos desprecios: el odio de los pueblos se convirtió en amor y los anatemas en aleluyas.
¡Feliz nación en la que todos sean soldados, en la que no haya sino un fuero, una ley y una pena; y desgraciada aquélla en donde le soldado crea ser más que el paisano, el sacerdote más que el militar en el orden [civil],(18) el rico más que el pobre, y cualquiera más que otro por su dinero, representación o clase privilegiada!
En estas tierras, por más que se diga, la igualdad ante la ley será un quimera; porque la ley, o no será una para todos, o no se aplicará igualmente para todos, porque no se aplica por iguales manos o con igual severidad.
Sea la ley una, y no haya más que un fuero, o un privilegio que ponga a los ciudadanos a cubierto de las penas que señale esta ley. ¿Y cuál ha de ser éste? Ser hombres de bien y respetar esta ley única.
Si la ley manda que el ladrón arrastre una cadena por las calles, y un infeliz robó, que la arrastre enhorabuena; pero si un eclesiástico robó, que lo juzgue el obispo por las leyes patrias, que lo sentencie y que también la arrastre. Si el oficial militar robó, que lo sentencie el consejo de guerra, y que la arrastre como todos, etcétera.
Mientras no veamos tal igualdad y tal integridad entre la pena y el delito, riámonos de la igualdad civil. Antes si vemos que a Juan desaforado se le aplica la ley con todo rigor, mientras que a Pedro aforado se le disminuye o no se le aplica, digamos, y con razón, que una es la ley de los ricos, de los eclesiásticos y militares, y otra la de los pobres, seculares y paisanos; y entonces ¿cuál es la igualdad ante la ley?
B) Sólo Dios es infalible en sus juicios e inerrable en sus determinaciones. Los hombres todos somos falibles y estamos sujetos al error. Lo que ayer aplaudimos, hoy detestamos, y al contrario. Esto no se discute: es una verdad por la que sale garante la experiencia. Ayer se nos dijo que Hidalgo, Morelos, Mina, etcétera, eran herejes, enemigos de Dios, del rey y de la patria; hoy las mismas prensas los preconizan religiosos, héroes y libertadores de la nación. Ayer la independencia se tenía por un crimen atroz, hoy es gala haber sido independiente a buena hora. Ayer, en fin, no podíamos vivir sin Inquisición ni bulas; y hoy maldecimos aquélla, y nos vamos hallando bien sin éstas.
Por tanto, es una temeridad creer que siempre acertamos, y que no son capaces de reformas nuestras determinaciones. Esto es querer tener gajes de deidad, lo que es un delirio.
Por tal tuve el artículo 375 de la Constitución española, que manda no se proponga "alteración, adición ni reforma a ninguno de sus artículos hasta pasados ocho años."(19) Las reformas buenas deben admitirse en el momento. Las malas nunca. No admitir reformar en una legislación naciente, es cerrar la puerta a la ilustración.
El Pensador.
(1) México, Imprenta (contraria al despotismo) de D. J. M. Benavente y Socios, 1822.
(2) Cincuenta preguntas de El Pensador a quien quiera responderlas, de 1821. Lizardi responde con ¡Válgame Dios qué de cosas.! al folleto de un tal Gozmendiu intituladoLas cincuenta preguntas de El Pensador contestadas. Hubo otras respuestas a las preguntas de Lizardi: una, firmada por Quien Quiso Responder a sus Preguntas, lleva el título de Cincuenta respuestas de una mujer ignorante a otras tantas preguntas de El Pensador Mexicano (México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1821), otra más, en dos partes, con el título de: Allá van esas frioleras A El Pensador Mexicano, de Anita la Respondona (México 1821. Imprenta Americana de D. José María Betancourt, Calle de S. José el Real núm. 2). La segunda parte promete concluir en el siguiente número. No se tiene noticia de tal continuación.
(3) don Antonio. Cf. nota 3 a Consejos a don Antonio...
(4) Plan de Iguala. Cf. nota 19 a Ideas políticas... 2. Tratados de Córdoba. Cf. nota 6 a El Pensador Mexicano al excelentísimo....
(5) El Tocayo de Clarita. Seudónimo de José Ignacio Paz, que colaboraba en elDiario de México. Era capitán retirado y dirigía un Estudio Académico de primeras letras. Bajo su nombre escribió un folleto intitulado Para la prosperidad de la independencia es necesaria la buena educación (México, Imprenta Imperial del señor don Alejandro Valdés, 1822).
(6) Lizardi se refiere a M. A. y E., autor de Dos preguntas que contienen la salvación de la patria, México, Imprenta (contraria al despotismo) de D. J. M. Benavente y Socios, 1822. En el cual escribió lo que sigue: "El público benigno advertirá que nada tengo de Quijote ni amargador (como le prometí al principio), me dispensará lo mucho que tengo de necio, como también le dije, disculpándolo con mi buena intención, que es el bien de mi patria, y advertirá que tengo mucha complacencia en ser católico rutinero, que amo la independencia, y que considero que para que permanezca es indispensable la unión." Cf. la nota a Cincuenta preguntas...
(7) El Tocayo de Clarita, El cascabel sonador contra notorios excesos (México, Imprenta Imperial de don Alejandro Valdés, 1822), donde se puede leer lo siguiente: "Cincuenta preguntas, etcétera. ¡Qué bien pensadas!... Algunos jefes y oficiales del Ejército Trigarante quedaron muy complacidos cuando las leyeron, y acordaron gratificar a su acreditado autor con cincuenta palos a escote. No permita Dios que reciba este obsequio, porque si tuviera efecto contaría con un caudalito regular, que bien manejado le rendiría suficientes utilidades para subsistir decentemente. Siga, pues, escribiendo por ese estilo, y hará eterno su nombre."
(8) perro ladrador, nunca mordedor. Existe la versión mexicana: perro que ladra, no muerde.
(9) Del dicho al hecho hay mucho trecho. Hay gran distancia entre lo que se dice y lo que se hace.
(10) donde las dan las toman. Cf. nota 14 a Primer bombazo...
(11) "En los tiempos virreinales, que muchos tienen por pacíficos, sea por amores y amoríos, por celos y aún por causas de tan poca monta como ocupar un individuo el asiento a la izquierda o a la derecha de un Virrey o de un Obispo, de un Alcalde de Casa y Corte, o de un Regidor, las disputas y explicaciones terminaban no pocas veces en duelos y pendencias callejeras. Fueron tantas y tan frecuentes estas riñas y pendencias en la capital y en las ciudades, villas y pueblos de la Nueva España, que no bastando las más severas prohibiciones y los más ejemplares castigos de Virreyes, Corregidores y de otras autoridades subalternas, hubo necesidad que los mismos Soberanos y aún los Papas expidiesen Cédulas y Bulas poniendo coto a tales desafíos, pues fueron tan repetidos y escandalosos, que en muchos lugares había personas que hacían oficio de duelistas y para no ser descubiertas sepultaban los cadáveres en el interior de las habitaciones, donde llegaron a verificarse los desafíos." Hubo algún intento de contener estos excesos, por parte de las autoridades eclesiásticas, como lo demuestra el papa Alejandro VII en la Congregación General de la Santa Inquisición celebrada en el Palacio Apostólico del Monte Quirino, en 24 de septiembre de 1665 y 18 de marzo de 1666, en donde condenó los duelos y los desafíos. Luis González Obregón, Croniquillas de la Nueva España, México, ediciones Botas, 1936, pp. 103, 104 y 105. Entre las Ordenanzas que Hernán Cortés dio en el año de 1520, vienen expuestas las siguientes normas: "Tener por fin de toda la expedición la extirpación de la idolatría e implantación de la fe católica; evitar las blasfemias y votos de injuria a Dios y a sus santos. Prohíbe el juego de dados o naipes; si no es por pura distracción y sin apuestas. Nadie puede hacer armas contra sus congéneres", etcétera.
(12) durandarte. Durindana, durendal, durandal o espada.
(13) Gozmendui era uno de los dos anagramas utilizados por Juan Domínguez; el otro era Juna Gozmendui, con el que firmó unas Observaciones para la organización del ejército (México, Imprenta Americana de don José María Betancourt, 1821); por el carácter de este folleto pensamos que Domínguez sí era militar. Cf. nota 2 a este folleto de Lizardi.
(15) coruja. Ave parecida al búho.
(16) Cf. la nota 3 a El Pensador a las valientes...
(17) Tepotzotlán. Cf. nota 7 A las valientes tropas... Fernández de Lizardi se refiere a algunos de los folletos que escribió ahí: A las valientes tropas del Ejército Mexicano de las Tres Garantías (julio de 1821), El Pensador Mexicano a los españoles preocupados entre las justicias de nuestra causa y a los americanos egoístas y traidores a la patria(agosto 4), Proclama del señor Novella (agosto 9), Impugnación de la Proclama del señor Novella (agosto 15), Gloria al Dios de los ejércitos y honor a las tropas imperiales americanas (agosto 24), y Un puñado de verdades a nuestros enemigos (septiembre 12).
(18) Aquí hubo una errata de imprenta; cf. la nota interesante al final de Más vale tarde que nunca...
(19) En el título X, capítulo único, art. 375: "Hasta pasados ocho días después de hallarse puesta el práctica la Constitución en todas sus partes, no se podrá proponer alteración, adición ni reforma en ninguno de sus artículos." Constitución Política de la Monarquía Española, en F. Tena Ramírez, Leyes fundamentales de México, op. cit., p. 103.