UNA BUENA ZURRA AL PINTOR IBAR
Marco Aurelio decía: “mucho me compadecen los pobres muy pobres, las viudas muy viudas, los tristes muy tristes, los huérfanos muy huérfanos; pero más que todos me conduelo de los necios muy necios.”
Venid acá, pintorcillo necio y atrevido, ¿quién diablos os ha metido en la cabeza que sois literato, cuando no habéis saludado al musa musae? ¿Pensáis que sabéis algo porque tenéis cuatro libritos franceses que no entendéis? ¡Desgraciado!, los libros sin los principios elementales de la literatura y sin un talento despejado, solo sirven para hacer orgullosos, charlatanes y eruditos a la violeta(2) como vos, quien cada vez descubre su ignorancia más y más.
En vuestro papelucho titulado: Triunfo de [El] Pensador,(3) etcétera, decís a cada paso que soy un ignorante, esto no me cuesta trabajo ni conocerlo ni confesarlo; pero lo soy respecto de los sabios; mas para usted soy ciertamente un Salomón. Mis escritos que generalmente merecen a usted todo desprecio, han merecido la aprobación y elogio no de los vulgares, como usted ha dicho, sino de hombres ilustrados y respetados como tales en la república literaria, verbigracia un licenciado López Salazar, un Ruiz Padrón,(4) un doctor Maldonado,(5) un doctor Gastañeta,(6)etcétera, etcétera, han aprobado y elogiado por escrito y de palabra mis producciones; ¿y qué dijera usted si se acercara a mi casa y viera carta reciente de París en que le manifestara el aprecio con que ha recibido y leído mis escritos, no un pintor de la calle de San Agustín,(7) sino un literato de la culta Europa. ¿Sabe usted quién? Pues es monsieur de Pra[d]t, el arzobispo de Malinas.(8)
Elogios de tales sujetos pudieran hacerme caer en la tentación de creer que sabía algo; pero conozco, y bien, mi pequeñez, y que las tres partes de esos elogios son debidas a la generosidad de sus autores y no a mi pobre mérito; pero se lo digo a usted con dos objetos, el primero para irritarle más su envidia, y el segundo para que vea en cuanto estimo su concepto. ¡Desgraciado de mí si usted me alabara! Acuérdome del oso bailarín a quien desaprobó la mona y no se le dio mucho cuidado; pero apenas lo alabó el cochino, cuando nuestro oso se confundió y exclamó así:
Cuando me desaprobaba
la mona, llegué a dudar
ahora que el cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar.
Guarde para su regalo
esta sentencia un autor:
si el sabio no aprueba, malo;
y si Ibar(a) aplaude, peor.(9)
¿Qué tal amigo? ¿No viene la adfabulación como anillo al dedo? A lo menos si usted algún día me elogiara en público, me presentara contra usted criminalmente. Basta de exordio y vamos a espulgar su papasal(10) muy por encima para no honrar a usted mucho. Avergonzado usted de que haya manifestado su carácter feroz y sanguinario contra los americanos, y por otra parte su grosera adulación hacia los españoles, como también su supina ignorancia de las reglas gramaticales, piensa sacudirse el polvo(11) de mi crítica y dice en la página 2 de su inmundo papelucho lo que sigue: dice usted que no hablo “de los americanos malos porque no venía al caso;(b) magistral respuesta, ya lo entiendo. Se trata de hacer odiosos a los españoles solos, no juntos con los americanos malos.” Esta es una mentira y una imputación falsísima de usted. De lo que se trata es de hacer al pueblo subordinado al gobierno, inspirarle el amor a la unión, amenazándole, si se desune, con que sufriría las crueldades que se representen en la escena, cometidas por los españoles malos, enemigos nuestros que vengan de allende de los mares con la Santa Liga(12) en clase de reconquistadores. Esto es lo que he dicho y lo que ve Dios y todo el mundo escrito literalmente en mi Tragedia.(13) La interpretación de usted es una calumnia atroz y un efecto de un depravado corazón. Pero saltemos a espulgar por encima.
En la página 4 dice usted que soy borbonista, iturbidista y... que si mañana se presenta el Gran Turco,(14) el primero que lo proclama soy yo, porque lo sé hacer y lo tengo demostrado. ¡Válgame Dios amigo, qué tonto es usted! Si quiere decir que obedezco el gobierno reinante y respeto a sus primeros directores, no dice mal, ni es prudencia el dejar de hacerlo. En tiempo de Fernando VII no había en México, ni en ningún lugar guarnecido de tropas realistas, quien se atreviera a decir ¡viva la independencia! Cuando ésta se verificó, ya no se oyó decir ¡viva Fernando VII! Cuando regían el Plan de Iguala(15) y Tratados de Córdoba(16) era un crimen hablar de república, y hoy lo es el proclamar la monarquía; luego ¿por qué se ha de notar en mí lo que es común en todos? Sí, señor, si el Gran Turco viniera y nos dominara con las armas, yo sucumbiera a su gobierno por más que me fuera repugnante, pues ni soy Sansón para matar a miles a los filisteos con una quijada de burro,(17) ni don Quijote de la Mancha para acometer empresas temerarias; y si yo fuera el primero en proclamarlo, usted no fuera el segundo en dedicarle sus mamarrachitos y alegorías como lo sabe hacer y lo tiene demostrado. Pero demos otro brinco y afiancemos un pulgón muy gordo que salta de la página 4 a 5.
Se burla usted de mi patriotismo y de que he prestado a la patria servicios de algún tamaño sin el más mínimo interés; dice que es una extraña contradicción que así haya sido, y que en el Ministerio de la Guerra(18) conste un expediente en que exijo el premio de ellos, cuando estaba entendido en que todos estábamos obligados a servir a la patria sin exigir por ello ninguna recompensa; que así lo ha leído en las historias de Roma, Esparta, etcétera... “Pero supuesto (son palabras de usted) que el patriota Pensador pide su salario, éste será justo y aquéllos serán novelas escritas por los viejos para entretenernos; ¿y éste es el decantado patriotismo?, ¿se tiene el descaro de citar un expediente en el que un vil mercenario pide a la patria el premio de los servicios que le ha hecho sin el más mínimo interés?” Pintorcillo, cuando se desatina se ha de hacer con garbo como usted. ¿Conque halla usted una contradicción y extraña en que yo haya servido a la patria sin interés, y ahora alegue mis servicios para pretender un premio de ellos? Oiga usted cómo no hay contradicción y aprenda: una cosa es servir a la patria sin interés, y otra el alegarle esos servicios para que los premie después de haberlos prestado. Más claro, servir a la patria por un interés presente y condicional, esto es, como si le dijera: te sirvo en tal cosa si me das tanto, o tal o tal empleo, y si no, no. Esto sí sería vileza, servir a la patria por interés, y un borrón infame; pero servirla arriesgando su vida, aniquilando su salud(19) con unas ímprobas vigilias, sacrificando sus pocos intereses y contrayéndose la odiosidad de los mismos enemigos de la patria, sin exigirle a ésta en doce años de continuo trabajo un real(20) de sueldo, como yo lo he hecho, y es público y notorio, no se llama servir con interés ni merece el nombre de vileza que usted le da.
El que ahora, estrechado de la necesidad y después de libre la patria, le represente mis servicios, tampoco prueba interés ni contradicción. Si todos nacemos obligados a servir a la patria sin interés, ella lo está para premiar a los ciudadanos que se distingan en servirla. Los romanos y espartanos conocieron bien esta verdad, y apenas se distinguía algún patriota, cuando le dispensaban premios honoríficos y pecuniarios, siendo tan escrupulosos en premiar el mérito que a veces se excedían, pues llegaban hasta a divinizar sus héroes, concediéndoles los honores del apoteósis. Sus coronas cívicas, sus obsidionales y murales, sus estatuas y templos consagrados a sus patricios distinguidos, prueban que eran demasiado liberales para premiar, y a esos y otros premios aspiraban los candidatos sin aparentar interés. Los premios, amigo, son el móvil de las buenas acciones de los hombres. Quítense los premios y desaparecerán las virtudes civiles.
Aun el interés presente es un resorte con el que todos obran. Niéguense los honores y sueldos a las tropas, a ver con cuántos soldados cuenta el gobierno; no se les pague a los oficinistas, y veremos si hay quién escriba un oficio;niéguense todos los beneficios y emolumentos al clero, y veremos con cuántos curas cuenta la cristiandad; no le pague usted al zapatero, al sastre, etcétera, y verá cómo se anda desnudo y descalzo. Últimamente, que no le paguen a usted sus santicos, ni loscucuruchos que hace de papel para la Plaza de Toros,(21) y a ver si le dan ganas de hacer muchos.
El Soberano Congreso,(22) conociendo que el premio es el estímulo de la virtud y la recompensa del mérito, en su Ley de Premios de 19 de julio del año de [1]823, decretó: “1º Se declaran por buenos y meritorios los servicios hechos a la patria en los once primeros años de la guerra de Independencia. 2º En consecuencia, pueden alegarse para solicitar y obtener empleos, y los demás beneficios con que el estado recompensa al mérito de los buenos patriotas.”
¿Ya ve usted cómo se pueden alegar los servicios hechos a la patria para obtener empleos, sin que por esto los pretendientes sean mercenarios ni egoístas viles, como usted mordazmente los llama, envolviendo en el sarcasmo que me dirige a toda la benemérita oficialidad, a lo más lucido del paisanaje y aun a las familias de los señores Matamoros,(23) Hidalgo,(24) Allende,(25) Bravos,(26) etcétera, pues todos han alegado sus servicios y los de sus deudos para optar algún premio? Todos estos dignos americanos son en boca de usted “mercenarios y egoístas viles, porque a la patria se debe servir sin exigir por ello ninguna recompensa, y los egoístas mercenarios, si algo hicieron, no fue por patriotismo, sino por el interés de ver si cambiaban de fortuna” (página 5). Sigamos con el decreto de las Cortes. “3º Para que estos servicios sean atendidos y premiados por el Supremo Poder Ejecutivo, se justificarán con certificaciones de jefes conocidos y acreditados en aquella época.” Yo tengo justificados los míos con documentos de sujetos tan buenos como el excelentísimo señor Guerrero,(27) el general Hernández,(28) y otros. ¡Qué tal!, ¿valdrán sus certificados?
Pero usted dice: ¿que qué servicios he hecho; que enseñe las cicatrices que hicieron en mi cuerpo las balas del enemigo, o la data de los caudales que emplee en sostener la justa causa? ¡Qué ignorancia! Luego sólo tiene por servicios gastar dinero y recibir heridas, de modo que el pobre que no entra en acción o sale de ella ileso, no contrae mérito alguno por más que haga. ¡Valiente calificador es usted! Ciertamente que Cicerón no hubiera contado con su voto para obtener el título de Padre de la Patria, porque no gastó caudales ni recibió heridas sirviéndola; pero oiga usted al Soberano Congreso. “4o (dice) El artículo anterior tiene lugar respecto de aquellos individuos que, aunque no estuvieron en el campo de batalla, ofrecieron sus servicios en las prisiones, acreditando que el motivo de ellas fue el sostener la independencia de la nación.” Toda ésta sabe por qué fueron las prisiones(29) y persecuciones que sufrí del gobierno español. Conque parece que el Soberano Congreso y mi acreditado patriotismo me excusa de la nota de vil mercenario y egoísta que usted me da. Si quiere usted saber cuáles han sido estos servicios, vea mis documentos, y si no quiere, lea siquiera un parrafito de una carta que me escribió desde Querétaro(30) el mes de junio el brigadier Parres, buen militar, gran patriota, de talentos no comunes, y que para nada me necesitaba. Dice así:
“Usted tiene tanta o más parte en la grande obra de nuestra Independencia, como que ha tenido la principal en reunir la opinión. Por fin nosotros nos decidimos seguidos de bayonetas y espadas; y usted lo ha hecho solo, en medio de las enemigas, y sin otro escudo que su natural valor.”(31)
Tampoco fui a dar un paseo cómodo a Aztcapozalco,(32) según usted dice; fui a incorporarme al ejército desde el mes de julio, llamado por el señor Iturbide desde San Juan del Río(33) para que fuera a servir a la patria con mis talentos (son sus palabras), y todo esto consta original en el expediente a que me remito. Me ofreció dinero para el viaje; yo lo hice a mi costa y serví en cuanto pude sin ningún interés. El general Bustamante(34) certificó mis servicios y concluye diciendo: “por esto y por su acreditado patriotismo lo considero acreedor a que la nación atienda sus solicitudes para de algún modo premiar sus heroicos servicios y sacrificios.”
Honróme mucho con estos documentos y con la calificación de la Junta de Premios, a quien hace usted un enorme agravio cuando dice: “Si en vuestro sentir os hace grande honor este expediente y la declaración de la Junta de Premios, en el de los verdaderos patriotas y amantes de su patria (¡qué pleonasmote!) os cubre del más negro oprobio.” Es decir que la Junta de Premios no es patriota verdadera, y como entre ser verdadero patriota o traidor, no se da medio, se sigue que no siendo la Junta de Premios compuesta de verdaderos patriotas, en concepto de usted, serántraidores a la patria. Si con tamaño descaro ultraja usted a unos sujetos tan beneméritos y respetables, ¿qué mucho es que me ultraje a mí?
Dice usted que he cometido muchos crímenes con mis papeles incendiarios y revoltosos. Señálelos usted o pase la plaza de impostor vilísimo. ¿Si serán estos papeles los que escribí en tiempo del gobierno español con el objeto de ilustrar a mis paisanos (ignorantes) en sus derechos y de inspirarles amor patrio? Estos serán sin duda.
Un día antes de que el señor Iturbide(35) jurase el Plan de Independencia en Iguala, la proclamé yo en México, públicamente a la faz del gobierno, por lo que sufrí una prisión. En ella vi un papel titulado: Carta del coronel don Agustín de Iturbide, dirigida a [El] Pensador Mexicano, en la que se me comprometía de varios modos (creo a usted autor de ella), se me preguntaba ¿si era justa o no la Independencia?, y yo francamente dije e imprimí que era justa, justísima, que lo tenía probado hasta la evidencia, que lo era por necesidad, por derecho de gentes y por la propia conveniencia de España,(36) por lo que se me formó segunda causa. ¿Hubiera usted hablado así?, como el diablo. Muy distinta era la opinión de usted en ese tiempo. Acuérdese usted que fue el autor del papel titulado: Análisis del Plan de Iguala, impreso en la imprenta de Miramón en la calle de Jesús, en el que ridiculizaba el Plan, refutaba el sistema y barbeaba a los borbones que era un regalo.
Con estos documentos pregunto, ¿quién será más egoísta y más vil, usted o yo?
A falta de instrucción, pues no sabe discurrir ni distingue lo que es evidencia deopinión, tiene mucha mala fe y miente con desvergüenza. Dice (página 7): que yo pretendo que no se castigue a los díscolos revoltosos si son americanos, porque aunque pongan en obra los medios para conseguir sus fines, éstos son delitos de opinión, y admiro como los jueces se atreven a castigarlos; y con la mayor desvergüenza añade usted lo que sigue: “son palabras de usted.” Yo no he visto descaro ni modo de calumniar más impudente.
No son palabras mías, lo son de usted. Vea el público lo que yo dije en mi impreso titulado: Impugnación que los gatos Barbilucio y Machucho hicieron del papel titulado: Si los liberales no dejan la lenidad, perece la república.(37)(c) “No por esto digo, y es menester repetirlo, que los delitos se queden impunes, ni aun los que sean de opinión; pues como éste puede ser por error o por malicia, fácilmente se disculparían los delincuentes, y entonces la República estaría mal segura, porque se multiplicarían las revoluciones. Lo que digo es que, no pudiéndose saber con evidencia si los delitos de opinión son o no maliciosos, la prudencia exige que se castiguen, pero no con la pena capital.” Estas son mis palabras. ¿Se parecen en algo a las que usted me imputa?
Con esto basta para conocer la mala fe y falta de recursos de Ibar. Hará usted muy bien en no contestar, ya que no puede, porque lo he de hacer meter la cara en un caño, si sigue hablando desatinos.
Yo cuando escribo algo útil, lo publico,
tú que de nada sirves, calla el pico.
México, julio 14 de [1]824.
El Pensador.
(1) Imprenta de don Mariano Ontiveros [Cf.nota1 a La tragedia de los gatos...]. Francisco Ibar también escribió:La maldad se descubre tarde o temprano, o documentos para la biografía del coronel Antonio Aldama. Lo publica el ciudadano Francisco Ibar en justa represalia de las maldades que ha cometido en su casa, México, Imprenta a cargo de Tomás Uribe y Alcalde, 1829. Del mismo autor, impresor y año:Muerte política de la República Mexicana.
(2) Eruditos a la violeta. O curso completo de todas las ciencias(1772); así se llamó una obra de José Cadalso. Se trata de una sátira contra eruditos superficiales que alcanzó un éxito tan grande que llegó a publicarse una segunda parte:Suplemento a los eruditos. “En la advertencia de esta obra dice: ‘En todos los siglos y países del mundo han pretendido introducirse en la república literaria, unos hombres ineptos, que fundan su pretensión en cierto aparato artificioso de literatura. Este exterior de sabios puede alucinar a los que no saben lo arduo que es poseer una Ciencia, lo difícil que es entender varias a un tiempo, lo imposible que es abrazar todas, y lo ridículo que es tratarlas con magisterio, satisfacción propia, y deseo de ser tenido por sabio universal. Ni nuestra Era, ni nuestra Patria está libre de estos Pseudo-eruditos’ [...]. Quedó la expresión ‘eruditos a la violeta’ para señalar a individuos de las características tan certeramente señaladas por Cadalso; en Francia se los llamó‘savant a l’eau de roses’ y también bajo el reinado de Luis Felipe, se los clasificaba como ‘la litératture en gants jaunes’.”Vicente Vega, Diccionario ilustrado de frases célebres y citas literarias, 5ª tirada, Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 1973, p. 225.
(3) El título completo es: Triunfo de El Pensador Mexicano, y acto de contrición del autor que le criticó su Tragedia de los gatos, folleto que Francisco Ibar publicó en 1824.
(4) Antonio Josef Ruiz de Padrón y Villanueva (1754-?). Eclesiástico, político y escritor español. Fue diputado a las Cortes de Cádiz. Hizo amistad con Franklin y Washington cuando viajó a los Estados Unidos de Norteamérica. Cuando regresó a España colgó los hábitos de la Orden de San Francisco. Combatió la Inquisición y la esclavitud. Su “Dictamen” sobre el Tribunal de la Inquisición fue insertado por Fernández de Lizardi en el Conductor Eléctrico números 4 a 10 (en Obras IV, op. cit.,pp. 285-328).
(5) Francisco Severo Maldonado (1775-1832). Doctor en teología, periodista, filólogo, jurisconsulto y orador.
(6) Gastañeta. En las Conversaciones del Payo y el Sacristán núm. 13 del t. Ilo propuso como obispo de Puebla. Cf.Obras V, op. cit.,p. 171.
(7) calle de San Agustín. Actualmente es uno de los tramos de República de Uruguay. Sobre ella nos dio noticia José María Marroquí: “Del nombre del convento de San Agustín y de su iglesia anexa, tomaron nombre las cuatro calles que la circundan, con las diferencias que vamos á señalar. Se llama simplemente calle de San Agustín la que corre de Oriente á Poniente al Norte de dicho convento; comienza en la esquina de la segunda de la Monterilla [uno de los tramos de Cinco de Febrero] y concluye en la del Ángel [uno de los tramos de Isabel la Católica]”, La Ciudad de México, México, Tip. y Lit. “La Europea”, de J. Aguilar Vera y Ca”, 1900, t. I, p. 211. Los nombres de las otras calles circundantes son los siguientes: calle del Arco de San Agustín [uno de los tramos de República del Salvador], calle de los Bajos de San Agustín [uno de los tramos de Cinco de Febrero] y calle del Tercer Orden de San Agustín [uno de los tramos de Isabel la Católica].
(8) Domingo Dufour de Pradt (1759-1837). Abate francés cuyas obras América y Europa (1821-1822) y Examen del plan presentado a las Cortes para el reconocimiento de la independencia de la América española (1822), acostumbraba a citar Fernández de Lizardi. Monsieur de Pradt se había manifestado ultrarrealista durante la revolución de su país y emigró en 1791. Después sirvió a Napoleón, lo que le valió el obispado de Malinas. Secundó a Talleyrand y se adhirió a la Restauración. Publicó folletos de tendencia liberal como Mémoires historiques sur la révolution d’Espagne (1816).
(a) El necio, dice Iriarte; pero como Ibar es sinónimo de necio, lo mismo sale el aplauso del necio que el de Ibar.
(9) Se trata de la fábula III, “El oso, la mona y el cerdo”, de Tomás de Iriarte: “Guarde para su regalo/ esta sentencia un autor:/ si el sabio no aprueba, ¡malo!/ si el necio aplaude, ¡peor!”; en Poesías, prólogo y notas de Alberto Navarro González, Madrid, Espasa-Calpe, 1953, p. 9; Fernández de Lizardi la citó frecuentemente.
(10) papasal. Lo que en España se entiende por papelorio: fárrago de papel o de papeles; friolera, bagatela, cosa insubstancial.
(11) sacudirse el polvo. Impugnar o rebatir con fuerza.
(b) Y lo repito: en aquel lugar de mi Tragedia tenían tanto que hacer los insurgentes como los pastores de Belén en un cuadro de la crucifixión; pero Ibar no lo entiende.
(12) Santa Liga o Santa Alianza. Cf.nota 27 a La tragedia de los gatos...
(13) La tragedia de los gatos titulada México por los Borbones (1824).
(14) El Gran Turco. El sultán de Turquía. Se usaba como símbolo de un indio poderoso y cruel.
(15) Plan de Iguala. Cf.nota 35 a La tragedia de los gatos...
(16) Tratados de Córdoba. Cf.nota 48 a La tragedia de los gatos...
(18) Ministerio de la Guerra y Marina. Cf.nota 51 a Impugnación que los gatos...
(19) Fernández de Lizardi contrajo tisis pulmonar.
(20) real.Octava parte de un peso, o sean doce y medio centavos.
(21) Plaza de Toros. “Dos eran las plazas [de toros] que existían en la capital, ambas tan espaciosas que podían contener de 10,000 a 11,000 espectadores, siendo la más antigua la llamada de San Pablo, que se hallaba situada al SE e inmediata al templo de aquel nombre y cuyos datos acerca de su construcción están perdidos” [actualmente estaría situada entre las calles de Jesús María, Carretones, Santo Tomás y Topacio]. La segunda plaza que menciona Antonio García Cubas fue la llamada del Paseo, estrenada en 1851. El libro de mis recuerdos, 7ª ed., México, Editorial Patria, 1978 (Colección México en el Siglo XIX), pp. 333 y 335. La primera corrida de toros se efectuó en la Plaza Mayor, el 21 de agosto de 1529. De 1554 a 1810 se efectuaron las corridas en la Plaza del Volador. Hubo, en el siglo XVIII, algunas plazas: en Guardiola, en donde estaba el quemadero de la Inquisición [frente a la actual calle del Doctor Mora]; en San Lucas, en San Pablo y en Tarasquillo [Plaza Santos Degollado]. La plaza de San Pablo, que menciona García Cubas, fue demolida en 1860; la del Paseo Nuevo, en 1873.
(22) Congreso. Cf. nota 8 a La tragedia de los gatos...
(23) Matamoros. Cf. nota 77 a Impugnación que los gatos...
(24) Alude a Miguel Hidalgo y Costilla. Cf.nota 74 a Impugnación que los gatos...
(25) Ignacio Allende. Cf.nota 76 a Impugnación que los gatos...
(26) Leonardo y Nicolás Bravo. Cf.notas 69 y 78 a Impugnación que los gatos...
(27) Vicente Guerrero. Cf.nota 36 a La tragedia de los gatos...
(28) Hernández. Cf. nota 81 a Impugnación que los gatos...
(29) prisiones de Fernández de Lizardi. Cf.nota 60 a Impugnación que los gatos...
(30) Querétaro. Ciudad capital del estado del mismo nombre. Sus límites son: al norte, San Luis Potosí; al sur, Michoacán y el Estado de México; al este, Hidalgo; al oeste, Guanajuato.
(31) Joaquín Parres. Oficial realista que se pronunció a favor del Plan de Iguala. Fue un jefe destacado en las campañas del Ejército Trigarante hasta que éste entró en la Ciudad de México. Gozó de la estima de Iturbide quien lo ascendió a coronel. Fue gobernador de Jalisco, y ministro de Guerra en 1833 y murió en 1836. Según se lee en Más vale tarde que nunca, y zurra al doctor don José Eustaquio Fernández(1822), el Chamorro y Dominiquín. Diálogo jocoserio sobre la Independencia de la América (1821) fue leído entre las tropas rebeldes. “El señor brigadier don Joaquín Parres me escribió de Querétaro, con fecha 8 de julio, entre otras cosas, lo siguiente: ‘Usted tiene tanta o más parte que todas nuestras espadas en la grande obra (de la Independencia) como que la ha tenido principalmente en la opinión. Por fin nosotros nos decidimos, seguidos de bayonetas y espadas, y usted lo ha hecho solo, en medio de las enemigas y sin otro escudo que su natural valor’.” Obras XI,op. cit., p. 402. Como se ve, Fernández de Lizardi cita de memoria.
(32) Aztcapotzalco. Por Azcapotzalco. De azcatl, hormiga; putzalli, terreno, y coe, en: en los terrenos de las hormigas. Antigua capital del reino tepaneca. Actualmente forma parte del Distrito Federal; se comunica al norte con Tlalnepantla y por el sur con Tacuba.
(33) San Juan del Río. Ciudad cabecera del municipio del estado de Querétaro.
(34) Fernández de Lizardi dirigió una imprenta en Tepotzotlán. Desde ahí escribió papeles y rotulones. En el folleto Más vale tarde que nunca, y zurra al doctor don José Eustaquio Fernández, Lizardi dijo que Anastasio Bustamante desmintió una falsedad —que le imputaba José E. Fernández— “en una certificación”, y que aseguró “que serví de director de las imprentas y en cuanto se me consideró útil, sin sueldo ni asignación alguna.” En Obras XI, op. cit., p. 404. Lo que había escrito J. E. Fernández era lo que sigue: “Usted [Lizardi] recibió, según sé, caballo y dinero del Ejército Trigarante, fue nombrado director de imprentas, etcétera, etcétera”, en Una buena sacudida a El Pensador Mexicano, don Joaquín Fernández de Lizardi, con una rueda de cohetes, México, Imprenta Imperial de don Alejandro Valdés, 1822, p. 12.
(35) Iturbide. Cf. nota 17 a La tragedia de los gatos...
(36) Lo escribió en la Contestación a la carta que se dice dirigida a él por el coronel don Agustín [de] Iturbide, los que calificó de sediciosos la expresada Junta (folleto de 1821), en Obras XI, op. cit., pp. 142-143.
(37) Efectivamente, estaba en la calle de Jesús número 16. Así se asienta en laAntología del Centenario, México, Imp. de Manuel León Sánchez, 1910, Primera parte, volumen segundo, p. 1035. La calle de Jesús corresponde a uno de los tramos de República del Salvador.
(c) Este papel tiene dos pliegos, y desde hoy se hallará en la Oficina de Ontiveros a un real.