TOROS Y TOROS Y LA MISERIA EN CORRIENTE(1)
Los grandes acontecimientos se deben celebrar con funciones extraordinarias y proporcionadas a la grandeza del objeto a que se dedican. Por esta razón no son inoportunas, sino muy en orden las actuales corridas de toros.
La jura del primer emperador de México es ciertamente una cosa muy extraordinaria y digna de celebrarse con toda la magnificencia, si hubiera el dinero necesario; pero la suma exacción de metálico que ha sufrido el Imperio, una guerra destructora de doce años, y todo cuanto sabemos ha paralizado el comercio, ha entorpecido la agricultura y la industria y nos ha reducido a un estado de pobreza tan general, que apenas puede creerse. A pesar de esto, la n[ación] se ha esforzado y celebrado al libertador de México con cuanto decoro y munificencia ha podido.
La nobleza es regular que no nos deje que desear, y así esperamos que las presentes corridas serán dignas del objeto a que se dedican, llamarán estas fiestas verdaderamente reales, pues si vamos saliendo con que todo ello es toro fuera, y maten al toro, entonces nos exponemos a la crítica de los propios y los extraños.
Deberemos, pues, esperar que haya torneos, juegos de cañas, sortija, pedro de palo y otras invenciones con que, en semejantes solemnidades lucen los caballeros su buen gusto y liberalidad en los trajes, y su habilidad y disposición marcial en los juegos.
También sería muy del caso que todas las señoras adornaran sus lumbreras y las iluminaran por la noche, convirtiendo la plaza en una jamaica(2) nocturna que proporcionara un paseo agradable.
A poca costa puede disponerse un tablado portátil y hacer sus bailes públicos, en que se diviertan las señoras y luzcan sus trajes, adornos, habilidad y belleza; pero que no conviertan esto ningunos agentes en negociación. Esto es, que no se pague por entrar a ver, sino sólo los que tomen asiento. De esta manera me parece que serían las presentes fiestas completas en cuanto cabe.
Muy bien, dirá el lector, o muy mal; pero el título del papel aún no se desempeña. Vamos allá, señor lector, tenga usted una poca paciencia y oiga. Así como concedo la necesidad y justicia que hay para estas corridas, así juzgo que no son nada favorables a las bolsas los pobres curiosos, las continuas corridas todo el año.
He dicho los pobres curiosos y curiosas, porque éstos son los que sacrifican, y no los ricos curiosos, ni los pobres no curiosos. Aquéllos tienen con que saciar su curiosidad; y éstos, como no la tienen, no se alborotan; pero los pobres curiosos, que rabian por divertirse y no tienen con qué, se los lleva el diablo de cólera y hacen por tener dinero el día de toros mil drogas y acaso otros más costosos sacrificios
¿Y qué diremos de las pobres curiosas? Estas angelitas me quiebran el corazón. ¡Pobrecitas! Ellas interesan todos los resortes de la seducción con sus padres, maridos, amigos, conocidos, bien y malhechores así para ver los toros, como para presentarse decentitas, y algunas decentotas, más allá de lo que dan de sí los empleos o arbitrios de sus hombres.
Aquí es donde éstos reniegan de los toros, de los toreros, cobradores, y hasta de los palos de la plaza. Ya sea porque quieren dar gusto a sus familias; ya porque el que tiene mujer bonita no quiere que ésta lo vuelva toro por los toros; y ya porque no digan las otras conocidas de su mujer que es un mentecato, se apuran, se afanan, se dan al diablo haciendo mil travesuras honestas, y guardando sus cositas en las tiendas y montepío para satisfacer el gusto de sus caras familias, pues, en efecto, algunas son muy caras. De esto se sigue que en cuatro corridas, por ejemplo, en un mes gasta diez o doce pesos el que no tiene con el sueldo para subsistir, y a la larga se halla endrogado, empeñado y sin recurso; pero por fin, se vieron los toros. Estos pobres son los que pueden decir: toros y toros y la miseria en corriente. Allá se lo hayan,(3) que yo no mando en sus bolsas ni en sus casas; pero si no quieren verse peores tomen mi consejo, y es que llevan [sic] a sus familias a los toros tal cual vez, por Pascua florida, y ellos me darán las gracias.
(1) México, Imprenta de D. J. F. L., 1823.
(2) Jamaicas. Fiesta popular o verbena. Los Bandos de 21 de abril de 1761 y de 28 de abril prohibieron las jamaicas, Historia documental de México de Miguel León Portilla, Alfredo Barrera Vásquez, Luis González et al.. México, UNAM, 1964 (Serie Documental, núm. 4), t. I.
(3) allá se lo hayan. Cf. nota 3 a ¿Qué hiciéramos si la España....?