Escena tercera
Todos en silencio, menos el Rey y el Sabio .
REY
Dinamarca, Gibraltar,
Austria, Flandes, castellanos,
Nápoles, los holandeses,
los ilustrados poblanos,
los rusos, los chichimecos
110 y los angloamericanos;
los de Francia y Potosí,
de Querétaro al Parnaso.
SABIO
¡Qué Parnaso! Eres un necio.
REY
¿Al rey? Vete en hora mala,
que ése es muy poco respeto
a una majestad tan rara.
SABIO
Si a ti te hablaran las musas
esta lengua me cortara,
y aun creo que me entenderían
120 si tal dicha tú lograras.
REY
Si al mundo todo confundo,
si cuanto hay está a mis plantas,
¿cómo levantas la voz
y cómo a mi vista así hablas?
¡Calla!, que a ti desde luego
esa locura te engaña.
SABIO
¿Loco yo? ¡Qué pronuncias!,
si la Escritura Sagrada
está en este entendimiento
130 muy por menor colocada.
A ti sí puedo decirte
que tu vanidad te engaña.
REY
¡Vano yo! ¡Qué producción!
Que si no fuese alocada
y por loco producida,
ahora mismo había yo de quemarla.
SABIO
Quemarla, ¡quién tal dijera!,
cuando ha sido pronunciada
nada menos, nada menos
140 que por la boca más sabia.
¡Vamos!, hinca la rodilla
y te postras a mis plantas,
que aunque esto no es humildad,
hoy tu soberbia ha de hollarla.
REY
Eso es buscarte tu ruina.
SABIO
Tú eres quien buscas la cuarta
con que el lego nos azota.
REY
Pobre lego y pobre cuarta,
que a vista de Carlos Quinto
150 la misma Belona calla.
SABIO
Voy a mi estudio, que al necio
jamás he de hablar palabra.