TESTAMENTO Y DESPEDIDA DE EL PENSADOR MEXICANO

 

Segunda parte y conclusión(1)


 

Item: dejo al señor presidente de la República(2) el saludable consejo de que no se sacramente en las recámaras de Palacio; que se familiarice con el pueblo, que salga a los paseos públicamente, que asista al teatro de cuando en cuando, y, sobre todo, que se dé a conocer y tratar con la tropa, ya visitando los cuarteles, o ya mandando dirigir o dirigiendo en persona algunas evoluciones militares, haciendo alguna vez dar a la tropa después de la fatiga un refresco. Es increíble cuánto vale en un jefe, por supremo que sea, un genio dulce, popular y tratable. Los mexicanos se acuerdan bien del virrey don Bernardo de Gálvez,(3) cuya popularidad lo hizo tan amable que cada vez que se presentaba al público era una jura de vivas y aplausos. Si hubiera tenido más valor, pudo haber anticipado la Independencia. Qué sé yo cuáles eran sus pensamientos acerca de esto; pero ese Castillo de Chapultepec,(4)obra suya, algo indica.

El proloquio dice que santo que no es visto no es adorado;(5) y en efecto, es difícil amar de veras lo que no se conoce. Las leyes españolas mandaban que los virreyes saliesen públicamente por las tardes al paseo.

Pero donde se echa de ver más lo que vale la popularidad, es entre la tropa. Cuando ve a sus jefes con cierta respetuosa confianza, puede decirse que se ha abonado(6) mucho para la victoria. Napoleón sabía bien este arte, que no ignoró nuestro Iturbide.(7) Quizá en esta confianza acabamos de ver que el presidente de la República de Goatemala(8) dejó el ejecutivo en manos del vicepresidente, él tomó el del ejército y venció a los revoltosos de San Salvador. Quién sabe si pudiera nuestro presidente hacer otro tanto con igual fortuna.

Es menester además que su excelencia, el señor Victoria, frecuente los ministerios, que se imponga por sí mismo de los negocios y del estado actual de la República, pues de otro modo se habla mucho y mal de su excelencia: se dice que es misántropo, apático, inepto, que es un firmón de sus ministros, y por eso éstos hacen lo que quieran y anda todo como anda, etcétera.

Así se habla y quizá peor se escribe, y su excelencia nada sabe por la estrecha reclusión en que se ha puesto. Es verdad que la persona de su excelencia es inviolable; pero su conducta está sujeta a la opinión, y ésta no está sujeta a las leyes. Cuando cese su gobierno, desaparecerá la nube de aduladores que lo rodea, y entonces oirá y leerá las execraciones del pueblo, que no pueden por hoy lastimar sus orejas. ¡Desdichados los pueblos cuyos reyes o presidentes se dejan gobernar de sus ministros, como los niños de sus ayos!

Item: dejo muy encargado a las monjitas capuchinas que por nuestra señora de Guadalupe, por santa Coleta y por las ánimas benditas se echen en oraciones, a ver si alcanzan de su divina Majestad una poquita de energía para las Cámaras, para que cuando den alguna ley sobre españoles, no sea a medias, ni con tantas consideraciones que parezcan miedo, y mucho menos con gravamen de la nación.

Esa ley sobre separar a los gachupines(9) de ciertos empleos, por sospechosos, está muy buena; pero estaría mejor si fuera general, como quería el señor Molinos,(10) y sería excelente si no quedaran éstos cesantes con todo el sueldo, sino con la mitad, como debía ser, quedando la otra mitad a favor de un sustituto que desempeñara sus plazas. Los militares disfrutarían el retiro que les correspondiera, según su tiempo. De este modo creo que la ley sería más justa, y no que ahora va a gravitar sobre la nación, pues si los sueldos de los españoles cesantes importan un millón de pesos,(11) ese millón lo va a lastar la República.

Vea la Europa cómo la habrán pasado aquí los españoles. Si cuando están por pasiva, se les ve con tanta consideración que se les separa de los empleos y se les deja todo el sueldo porque se rasquen la barriga, ¿que sería cuando ellos mandaban? A fe que sus gobiernos no nos daban ese trato. Venegas(12) quitó la plata labrada a los mexicanos, después les prohibió andar a caballo sin licencia, siguieron los pasaportes y, por último, les quitó sus caballos, y todo esto prontito(13) y sin consideración alguna; pero nosotros... ¡Sobre que somos tan piadosos!

Item: dejo a los frailes todas sus campanas, no sólo que para con ellas hagan granjería(14) a cuenta del fanatismo y superstición de los fieles, sino para que martiricen a los literatos y achacosos de cabeza, que tienen la desgracia de vivir junto a sus campanario[s] y sufrir sus continuos y larguísimos duelos y clamores. El gobierno debe y puede remediar estos abusos; pero parece que no se atreve a meterse para nada con los padrecitos. Eso se queda para los gobiernos enérgicos como el del señor Revillagigedo,(15) quien apenas advirtió las pesadeces de los frailes, cuando sujetó sus campanas en términos de que no incomodaron mientras él vivió aquí.

Item: dejo el proyecto de ley sobre patronato, del señor Alpuche,(16) como un testimonio de la sabiduría y patriotismo americanos; pero dejo dicho proyecto expuesto a los araños y estrujones del fanatismo, ignorancia y particular interés que le darán en ambas Cámaras, y sabe Dios de aquí a cuántas legislaturas se aprobarán algunos de sus artículos: pues aquéllos indiferentes, que no toquen al interés pecuniario; últimamente, los de contentillo.(17) Mientras que los legisladores civiles salgan de los sacristías, poco bueno hay que esperar sobre reformas eclesiásticas. Son los alpuches muy raros. La experiencia nos enseña que en los Congresos obran más el interés personal, el compromiso, el capricho y otras pasiones, que el amor del bien general, único objeto que debían tener a la vista los legisladores; mas no es esto lo más común.

Item: dejo cincuenta mil pesos del bergantín Guerrero(18) en poder del señor Michelena,(19) para que se repartan por vía de limosna entre los conventos de religiosas pobres recoletas.

Item: dejo treinta y seis mil libras en poder del señor Rocafuerte,(20) para que se den de limosna a los casados pobres, honrados y que no tienen giro con que sostener a sus familias. Si alguno dijere ¿que con qué autoridad dispongo de los bienes de la nación?, digo que con la misma que estos señores han dispuesto de tales cantidades, y se han quedado impunes quizá también por razones de alta política. Lo cierto es que, así como digo, estarían esos caudales mejor destinados que como lo están por voluntad de dichos ministros.

Item: dejo mis Preguntas a doña Tecla, o sean Dudas sobre el Catecismo del padre Ripalda,(21) las dejo intactas, sin que nadie se haya atrevido a defender los muchos errores y desatinos heréticos que le he cogido. Suplico a mis enemigos que, si tienen que decir algo sobre esto, no esperen a que me muera para echarla de teólogos, embrollando a los tontos con sus paralogismos y sofisterías; eso será acusar su cobardía, y entonces será bueno echarles desde ahora esta roncada:(22)

 

Nadie las mueva

que estar no pueda

con Roldán a prueba.

 

Suplico a los padres de la Profesa(23) que componga otro catecismo mejor, o siquiera que corrijan ese mismo para que los niños no aprendan errores juntamente con las verdades de nuestra religión.

Item: dejo a los fanáticos y viejas devotas todas las novenas que hay en casa del ciudadano Valdés(24) y difunto Ontiveros, con la obligación de andarlas todas al pie de la letra en estado de gracia.

MANDAS FORZOSAS

Mando que a la hora de mi muerte no atormenten más mi espíritu con gritos intempestivos, jesuseos(25) de ahorcado, llantos en la pieza, conjuros contra diablos y otras diligencias que suelen tenerse ensayadas para esta hora.

Tales gritos, alharacas y zambras(26) ridículas, al pobre enfermo, si es tímido y escrupuloso, y a esto agrega sus puntas de fanático, lo asustan, acobardan y acaban de hacerlo morir; y si no es fanático, ni tonto, lo incomodan con recitaciones frías, mal concebidas y peor dichas, sin gracia, sin unción, sin fuego y sólo sonsonetadas y por costumbre. Un sacerdote sabio en este caso vale más que mil agonizadores necios. Éste sabrá derramar en mi alma el bálsamo dulce de la confianza en el Padre de las Misericordias, alentar mi espíritu con la esperanza de los premios eternos y difundir la tranquilidad por toda mi alma, con los augustos consuelos de la religión.

Item: mando que no bajen mi cuerpo de la cama al suelo,(27) ni menos que se me dé sepultura sino después de las veinte y cuatro horas, para evitar el chasco de que una asfixia me haga parecer muerto y vaya a acabar de morir a la sepultura.

Item: mando que no me velen. Las velas son inútiles a los enfermos; pero muertos, de nada sirven, sino de advertir holgazanes y tal vez enfermar a los dolientes.

Item: mando que no se me pongan cuatro velas. Tal uso es reliquia de los gentiles, y yo he dicho que soy cristiano. Con una luz que haya en el cuarto en que esté, sobra para que no se den un tropezón conmigo.

Item: mando que no se me amortaje a lo fraile, sino a lo soldado, que es el traje que me ha consignado la nación. Una levita, o un piti sobre pantalón blanco es más bonito que un saco de fraile; y si no tiene indulgencias, tampoco cuesta doce pesos.

Item: mando que para que mi mujer no ande en dimes y diretes con el cura, de lo mejor parado de mis bienes se venda lo que pueda, hasta ajustar siete pesos cuatro reales(28) que se darán de lo que llaman derechos, y nada más.

Item: mando que mi familia no se ponga luto sino los nueve días primeros, y eso por no chocar tan de frente con la preocupación.

Item: encargo a mis amigos que sobre la blanda tierra de mi sepulcro, o más bien en sus corazones, graben el siguiente sencillo epitafio:

 

AQUÍ YACEN LAS CENIZAS
DE EL PENSADOR MEXICANO,
QUIEN HIZO LO QUE PUDO
POR SU PATRIA.

 

 

 

MI DESPEDIDA

 

Debo comenzar, amigos míos, por vosotros, dándoos mil gracias por la amistad que me habéis dispensado tantos años, despidiéndome para siempre de vosotros.

 

 

A LOS GACHUPINES

 

De vosotros, amigos, me despido asegurándoos que jamás he igualado a todos con un nivel.

Estoy seguro de que todos los hombres somos unos, todos tenemos vicios y virtudes, y así he declamado en mis escritos contra los españoles orgullosos, ingratos y enemigos de la patria; he deseado siempre la separación de éstos de entre nosotros, y siempre tendré esta unión por mal agüero contra la independencia de la América. Pero también he sido el panegirista de los buenos. Así como he reprobado la conducta cruel de un Bataller,(29) Concha,(30) etcétera, así he preconizado las virtudes de un don Nicolás del Puerto,(31) de un Mina(32) y de un O’Donojú.(33)

 

 

A LOS CANÓNIGOS

 

A estos padres tampoco he aborrecido, pero me ha mortificado mucho su borbonismo y su criminal apatía en no querer colocar las armas de la América sobre la fachada de Catedral.(34) Yo me despido de sus señorías encargándoles que sean independientes y quedamos amigos.

 

 

A LOS FRAILES Y CLÉRIGOS GERUNDIOS

 

Hermanos: habéis tenido buen cuidado de desacreditarme en el púlpito, asegurando que soy enemigo vuestro y de la religión, y por Dios que mentís como bellacos.(35) En favor de nuestra santa religión escribí el año de [1]813 una apología, que acaso ni habéis visto. Leedla, os ruego, para que aprendáis.

El año de [18]12 escribí otro apologético en favor de la inmunidad eclesiástica, que me costó ocho meses de prisión,(36) lo que prueba que nunca he aborrecido al clero, sino sus abusos.

 

 

A LOS FANÁTICOS EN GENERAL

 

Vosotros estáis contentos con mi enfermedad, atribuyéndola a castigo de mis discursos. Decidme, almas de alcornoque, ¿y los que escriben halagando vuestro fanatismo, por qué se mueren? Sois muy salvajes, Dios os perdone.


El Pensador

 

 


(1) México: 1827. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...].

(2) presidente de la República. Cf. nota 55 a La tragedia de los gatos...

(3) Bernardo de Gálvez. El conde de Gálvez fue el 49° virrey de la Nueva España. Atendió el problema del hambre de 1786, dando trabajo a los necesitados en el embellecimiento y mejoras de la ciudad. Fernández de Lizardi, en su Proclama de El Pensador a los habitantes de México (1813) lo calificó de “afable.” Cf. Obras Xop. cit., p. 4. En El Pensador Mexicano (t. I, núm. 8, 1812) dice: “El excelentísimo señor don Bernardo de Gálvez fue virrey de México, y amó mucho a los americanos. Su coche, cuando salía al paseo, era conducido como en triunfo entre vivas y aclamaciones que inspiraba la gratitud. Hacía repetidas y públicas limosnas, como lo saben todos. Oía al pobre con la mayor apacibilidad. En un año de escasez espantosa de maíz, fabricó ese alcázar de Chapultepec, en cuya obra gastó muchos pesos; y libró del hambre devoradora a muchos infelices. Y por último manifestó su piedad y religión quitando del suplicio a tres reos que iban a ser ajusticiados.” Obras III, op. cit., p. 77.

(4) Castillo de Chapultepec. Cf. nota 6 a Un coyote... La fortaleza fue tal y después Colegio Militar, residencia del emperador Maximiliano y después de los presidentes de la República. Hoy es Museo Nacional de Historia.

(5) santo que no es visto no es adorado. “Refrán con el cual se encarece la necesidad de nuestra presencia personal en todo aquello que nos interesa, o para que los afectos no se enfríen.” Santamaría.

(6) En el original “abandonado”, pensamos que es una errata de imprenta.

(7) Iturbide. Cf. nota 17 a La tragedia de los gatos...

(8) Goatemala. Cf. nota 2 a Horrorosos atentados...

(9) gachupines. Cf. nota 22 a Breve sumaria...

(10) Molinos. Cf. nota 22 a Se le quedó...

(11) pesos. Cf. nota 4 a Mañas viejas...

(12) Venegas. Cf. nota 35 a Impugnación que los gatos...

(13) prontito. Muy pronto o más prontamente. Santamaría, Dic. mej.

(14) granjería. Cf. nota 23 a De aquí a noviembre...

(15) Revillagigedo. Cf. nota 5 a Segunda... Oiga el señor...

(16) Alpuche. Cf. nota 20 a Preguntas interesantes...

(17) contentillo. Cf. nota 58 a Que respondan...

(18) bergantín Guerrero. Para fortalecer la Marina de Guerra el gobierno invirtió 50,000 pesos en la máquina llamada Torpedo. “En cuanto al bergantin Guerrero, diéronse para su compra cincuenta mil pesos, de cuya suma nada volvió á saberse. Michelena, reconvenido por esto, dijo que la máquina estaba en el Támesis, y que al Secretario Rocafuerte le había encargado de enviarle á Veracruz, donde nunca llegó.” México a través de los siglosop. cit., t. IV, p. 155.

(19) Michelena. Cf. nota 53 a Diálogos... 1.

(20) Vicente Rocafuerte (1783-1847). Estadista ecuatoriano. En 1824, en México, fue nombrado miembro de la comisión diplomática que el gobierno envió a Londres.

(21) Véase Dudas sobre el catecismo del padre Ripalda Correo Semanario de México, número 8, en Obras VIop. cit.

(22) echarles [...] esta roncada. O echar la grande: fanfarronear. Santamaría, Dic. mej.

(23) Profesa. Cf. nota 15 a Diálogos... 1.

(24) casa del ciudadano Valdés. Cf. nota 3 a La vieja de la jeringa...

(25) jesuseos. Invocar oficiosamente el nombre de Jesús. Santamaría, Dic. mej.

(26) zambra. Cf. nota 20 a La tragedia de los gatos...

(27) En los entierros de la época a los pobres se les ponían velas. “Tiéndese el cadáver del niño, cúbresele de flores y se le encienden dos o cuatro velas de sebo; una orquestilla, compuesta de tocadores de arpa y vihuela y aun jaranitas, ejecutaba sonecillos del país [...]. Velábase también, de la manera descrita a los adultos, con la diferencia de que a éstos se les rezaba [...]. El velorio terminaba a las doce en punto de la noche, hora en que penan las almas.” Antonio García Cubas, El libro de mis recuerdosop. cit., p. 514.

(28) reales. Cf. nota 20 a Una buena zurra

(29) Miguel Bataller. Cf. nota 50 a Calendario para el año...

(30) Concha. Cf. nota 29 a Impugnación que los gatos...

(31) Nicolás del Puerto. Cf. nota a a No está el amor...

(32) Mina. Cf. nota 62 a Impugnación que los gatos...

(33) O’Donojú. Cf. nota 63 a Impugnación que los gatos...

(34) Catedral. Cf. nota 52 a La tragedia de los gatos...

(35) “Apología compendiosa de nuestra sagrada religión y de la dignidad del estado eclesiástico” en El Pensador Mexicano, t. II, núms. 11, 12, 13, 14 y 15 enObras IIIop. cit., pp. 219 a 251.

(36) Cf. nota 60 a Impugnación que los gatos...