TERCER DIÁLOGO CRÍTICO

 

Por don J[osé JoaquínFernández de Lizardi


El crítico y el poeta(1)

 

 

...Ridentem dicere verum
Quid vetat?
...
¿Cuál es el embarazo para decir
una verdad burlando?
Horacio, Sátira 1, línea 1(2)

 

 

CRÍTICO: Vaya, compadre, vaya, es cantaleta(3)

querer sin son ni tron(4) meterse a poëta.

POETA: ¿Cómo sin son ni tron?, ¿qué es lo que dice?

CRÍTICO: ¡Ay, mísero de usted, ay, infelice!

POETA: Son un poëta eminente;

estoy haciendo un poema y a un insurgente,

consonante no le hallo.

CRÍTICO: Tal es usted, compadre, de caballo.(5)

¿Pues qué, prudente, no es buen consonante?

POETA: Es consonante sí, mas no bastante.

CRÍTICO: ¿Pues lo será valiente?

POETA: Ni tampoco.

CRÍTICO: ¿Y no es bueno clemente?

POETA: ¿Está usted loco?

¿Cómo ha de sonar bien al insurgente

que fuera yo a encajarle lo clemente,

el valor, ni prudencia?

CRÍTICO: Como saliera en verso, en mi conciencia

que nadie lo notara,

porque en esas frioleras, ¿quién repara?

Mil papeluchos salen cada día,

maldito lo que dicen, y a fe mía,

los pregonan a gritos,(6)

y algunos los celebran por bonitos.

POETA: ¿Y de los míos, compadre, qué tal dicen?

CRÍTICO: Hablando formalmente los maldicen,

y lloran sin remedio

los pocos cautos, que han largado el medio(7)

por tan necias frioleras.

POETA: ¿Cómo, compadre, qué habla usted de veras?

CRÍTICO: Pues, ¿qué lo duda? ¡Buena va la danza!(8)

¿Sabe usted que me guste hablar de chanza?(9)

POETA: ¿Y de do viene el llanto?

CRÍTICO: A lo que infiero,

es por haber empleado su dinero

tan mal en porquerías,

que ese nombre le dan a sus poësías;

y así piense con seso

compadrito y, por Dios, quítese de eso.

Usted ni entendimiento, ni memoria

tiene, ni menos instrucción ni historia,

ni es erudito, poeta, ni estudiante,

y así no es mucho caiga a cada instante

en mil anacronismos,

alegorías impropias, solecismos,

malas medidas y conceptos fríos.

POETA: En fin, salen los versos como míos.

Yo, dar gusto quisiera, y esto es llano,

a todo el mundo mas no está en mi mano.

CRÍTICO: Con no escribir, compadre, ya está dado.

Aplíquese a la azada y al arado,

y viva satisfecho,

que al público será de más provecho

que escribiendo dislates,

mamarrachos, simplezas, disparates

que nada dicen y que enfadan mucho.

POETA: ¡Válgame Dios, compadre, y lo que escucho!

¿Tan malos son mis versos?

CRÍTICO: Sí, compadre.

POETA: Pero hay tontos también, a quienes cuadre

leer esos mamarrachos.

CRÍTICO: Sí, a los cocheros, viejas y muchachos,

y a otros de igual ralea,

a los que nada importa el papel sea

ridículo o discreto,

sea bella producción o mamotreto.(10)

POETA: ¡Gracias a Dios que hay gente para todo!

Y yo a escribir para éstos me acomodo,

y no para los doctos, mi señor.

CRÍTICO: Escribir para todos es mejor,

y que traiga el escrito utilidad.

POETA: A mí sí me la trae.

CRÍTICO: Yo, la verdad,

pienso que poca es ésa;

pues si es el cercenarle la pobreza,

a mal arte se aplica,

pues poëta y rico ya ve usted que implica,

según la maldición del padre Apolo,

que viva el poëta siempre pobre, solo

y acosado de antágonos(11) prolijos.

Si esto hace el padre Apolo con sus hijos,

considere qué hará con un poëtastro,

de quien no es padre, sino cruel padrastro.

Y así pues ni Castalia,(12) ni Hipocrene(13)

sus licores le dan, no le conviene

continuar la poësía,

ni buscar los favores de Talía,(14)

porque a más que publica su tontera,

dicen que roba al público...

POETA: Es quimera,

es quimera por Dios la más injusta.

¡Los vendo yo por fuerza? ¡A quién no gusta

el leer mi papasal?(15)

¿Le pongo yo en los pechos un puñal?

Aunque sea un majadero,

¿la impresión no me cuesta mi dinero?,

y cuando no se venden mis papeles

¿no los doy para aforros de pasteles

sin quejarme de nadie? Pues amigo,

¿por qué tanta ojeriza?

CRÍTICO: ¿No le digo,

que aún los poëtas de nombre

tienen rivales?

POETA: Sí.

CRÍTICO: Pues no le asombre

los tenga un atontado,

un pobrete coplista adocenado,

un famélico...

POETA: ¿Qué?

CRÍTICO: ¿Qué no lo entiende?

Un poëta que no come, si no vende

su fárrago del día.

POETA: ¡Voto a la suerte y a la estrella mía!

Malhayan los demonios.

¡Y cómo me levantan testimonios!

Otros arbitrios tengo;

no sólo con los versos me mantengo,

tal vez por gusto escribo;

reniego yo de la época en que vivo,

que todo se murmura

sea malo o bueno.

CRÍTICO: Calle, que es locura

esa proposición.

Lo bueno siempre es loable y con razón;

mas lo malo, compadre

¿nos hemos de enojar porque no cuadre?

Es verdad (que de todo se ha de hablar)

que algunos, que ni aun saben deletrear,

rajan,(16) murmuran y la crisis hacen

de todo lo que leen; no satisfacen

por fin sus argumentos,

pero ellos se acreditan de jumentos,

se contentan con eso,

y digo yo, ¿me he de enojar? Confieso

que a mí jamás me ofende

la crítica de aquel que no lo entiende;

mas esto no es decir, que usted haga versos,

pues ya le digo son los más perversos.

POETA: Yo, versos he de hacer, y dejo que hable

la chusma murmurona, miserable.

Sí, yo tengo de hacer a troche moche,(17)

versos por mañana, tarde y noche.

CRÍTICO: Usted me compadece.

POETA: No se canse,

que en teniendo un soneto, o un romance,

una oda o redondilla,

mas que en mi mesa no haya una tortilla.

CRÍTICO: ¡Habrá hombre más extraño!

POETA: Déjeme usted hacer versos todo el año

mas que me rajen y me despedacen.

¿Me ve usted censurar lo que otros hacen?

Eso, eso me encamorra,(18)

ver criticar a usted (como la zorra

de la fábula),(19) austero

los defectos ajenos. No, primero

comience usted por sí,

y deje a los demás, déjeme a mí;

suspenda sus escritos,

no prosiga esos diálogos malditos,

¿no es empresa graciosa,

escribir La Pelona y La Furiosa?(20)

El Currutaco(21) y... vaya... ¡qué simpleza!,

¡quebrarse en estas cosas la cabeza!

¿Qué le va a usted, compadre, o qué le viene

si aquella se trasquila, si aquel tiene

levita y no camisa?

Pues no son cosas éstas que dan risa

(quédese entre nosotros),

ver corregir a usted defectos de otros,

cuando por otra parte, ¡caso extraño!,

¿no intenta remediar su propio daño?

La verdad, yo imagino,

no le conviene a usted ser censoriano,

ni querer dar consejos.

Deje usted eso allá para los viejos

experimentados, doctos y virtuosos,

a ésos sí les conviene, no a los mozos

de una vida...

CRÍTICO: Imprudente, ridícula objeción, impertinente.

La conducta viciosa no condena

de autor alguno la censura buena,

así como al enfermo se le aplica

el remedio que traen de la botica,

aunque en su casa sepan no está sano

médico, boticario o cirujano;

y así, pues es viciosa,

compadre, la objeción, diga otra cosa.

POETA: Todo eso está muy bien; mas se ha notado

que quien tiene de vidrio su tejado,

parece desatino,

que se ponga a apedrear al del vecino.

CRÍTICO: Es frase muy prudente;

pero debe entenderse solamente

de la murmuración particular,

de la crítica, no.

POETA: ¿No es murmurar?

CRÍTICO: Antes es corregir, porque en efecto,

es la murmuración contra el sujeto,

y la crítica no, pues sólo atiende

al vicio en general y lo reprende;

por eso el orador siempre procura

en el púlpito hacerlo, y no murmura.

POETA: Pero es un disparate sin segundo

el que usted quiera remediar el mundo,

cuando Feijoo, Quevedo e infinitos,

de crítica llenaron sus escritos,

y sin provecho alguno me parece,

que el mundo loco siempre está en sus trece.

CRÍTICO: A usted le ha parecido;

mas la crítica mucho ha conseguido,

y si no hubiera el loco desengaño,

hoy estaría tan loco como antaño;

pero algo se ha curado y, sin remedio,

mis recetillas echaré de a medio,(22)

que por el poco precio

las mira el pobre, el rico, el sabio, el necio,

a ver si algo se cura.

POETA: Muy bien dicho,

sigamos usted y yo nuestro capricho.

¿Qué pueden hacer otros,

que no hayamos hablado ya nosotros?

Siga usted criticando en adelante,

mientras busco a insurgente consonante.


(Se continuará)

 


(1) Cf. nota 1 a [PrimerDiálogo CríticoEl Muerto y el Sacristán. En el ejemplar obtenido no tenemos los datos de imprenta. Corresponde a 1811. "This was one of the poems —escribe Radin— against wich J. M. L. (Juan María Lacunza) inveighed so vehemently and contemtuously in this review in the Diario (vol. XV, pp. 697-698, December 21, 1811), because of the liberty Lizardi took with his rymes." Cf. opcit., p. 16.

(2) Percurram, quamquam ridentem dicere verum. Quid vetat?, Liber Primus, versículos 24-25 de Q. Horati Flacci, Satirae, curavit Lucia Denardo, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Publicaciones del Instituto de Literaturas Clásicas, Serie C, volumen V, Linari y Cía., 1943 (Col. de Autores Griegos y Latinos), p. 36. La traducción de Francisco Montes de Oca del contexto en que aparecen las frases citadas es: "Mas para no tratar festivamente este tema, como hacen los chistosos (aunque ¿hay algo que impida decir la verdad riendo?), Horacio Odas y épodos. Sátiras. Epístolas. Arte poética, trad. y estudio preliminar de Francisco Montes de Oca, México, Edit. Porrúa, 1973 (Col. "Sepan Cuántos.", núm. 240), p. 81.

(3) cantaleta. Estribillos, cantinela (de ahí que a su valor anticuado de cencerrada, baya, zumba, no va un paso). Cf. Santamaría, Dic. Mej.

(4) sin son ni tron. Más usual es "sin son ni ton". "Phrase familiar, que vale quedar burlado en algún intento o frustrada alguna pretensión". Cf. Dic. de autoridades.

(5) caballo. Persona estúpida o brutal. Usada principalmente en Yucatán. Cf. Santamaría, Dic. Mej.

(6) Sobre esta vieja costumbre, en 1821 apareció una prohibición de vender papeles impresos en las calles, de Juan Ruiz de Apodaca, conde del Venadito, que dice: "México 9 de marzo de 1821".

"Por cuanto conviene que los papeles que se impriman de cualquier clase, se vendan en las oficinas de los impresores, ó en el puesto que elija el autor, pero que de ninguna manera se den á nadie para que los expenda por las calles, pues con los gritos y molestas importunaciones incomodan a este fiel y respetable vecindario: por tanto mando que así se ejecute, bajo multa de veinte y cinco á los contraventores, y las demas de la ley que los Jueces á quienes corresponde juzguen de justicia; y a fin de que tenga exacto cumplimiento desde luego el presente decreto, se notificará por el Escribano de diligencias á todos los dueños, ó administradores de imprenta, y recogiendo las constancias respectivas á continuación lo devolverá á mi Secretario de Cámara. Del Venadito (Rúbrica)." Cf. La Constitución de 1812 en la Nueva España, México, Publicaciones del Archivo General de la Nación, Tip. Guerrero Hnos., 1912, t. I, pp. 122-123.

(7) medio. Cf. nota 10 a El muerto y el sacristán. Largar el medio: arrojar, lanzar, dar o hacer algo con violencia. Cf. Santamaría.

(8) ¡Buena va la danza! "Phrase de estilo familiar con que se suele murmurar de alguna disposición que es, ò nos parece, desordenada. Latín. Benescilicet res procedit! Agustín Moreto, Comedias, El desdén con el desdén, jornada 2. Buena vá la danza alcalde [...] Cf. Dic. de autoridades.

(9) chanza. Dicho festivo y gracioso. Broma. Hablar en broma.

(10) mamotreto. Armatoste. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(11) antágonos. Forma griega de antagonistas.

(12) Castalia. Ninfa hija de Aquelao, que Apolo metamorfoseó en fuente, cuyas aguas daban la inspiración poética.

(13) Hipocrene. Fuente de las musas en el monte Helicón, en Boecia. Debe su origen a que el caballo Pegaso la hizo brotar dando una patada a la tierra al emprender su vuelo a las regiones celestes.

(14) Talía. Musa de la comedia. Se le presentaba como mujer joven coronada de hiedra que llevaba en la mano una máscara.

(15) papasal. Equivalente a lo que en España se entiende por papelorio: fárrago de papel o de papeles.

(16) rajan. Cf. nota 13 a El muerto y el sacristán.

(17) troche moche. Se emplea trochemoche o a troche y a moche.

(18) encamorra. Mexicanismo derivado de camorra, riña o pendencia. Valía por encolerizarse. Cf. Acosta Enríquez, Sueño de sueños, México, UNAM, 1945 (Biblioteca del Estudiante Universitario, núm. 55), p. 186 "Yo soy Lucía, a quien igualmente me tienen encamorrada en 'toma tus tunas Lucía'."

(19) Posiblemente la "Oruga y la zorra" de Tomás de Iriarte. Todos alababan al capullo de seda del gusano. Mientras tanto, la oruga llamaba "la labor admirable, friolera,/ y a sus elogiadores, mentecatos./ Preguntábanse, pues, unos a otros:/ '¿por qué este miserable gusarapo/ el único ha de ser quien vitupere lo que todos acordes alabamos?'/ Saltó la zorra y dijo: '¡Pese a mi alma!/ El motivo no puede estar más claro./ ¿No sabéis compañeros, que la oruga/ también labra capullos, aunque malos?' Laboriosos ingenios perseguidos,/ ¿queréis un buen consejo? Pues, cuidado./ Cuando os provoquen ciertos envidiosos/ no hagáis más que contarles este caso". Cf. Las mejores fábulas del mundo, selec. de Ma. del Pilar Bueno, rev. de Ramón Castelltort, Barcelona, De Gassó Hermanos, 1959 (Enciclopedias Gassó), p. 231.

(20) "Diálogo Primero. La furiosa y la pelona". Luis González Obregón lo menciona como parte de los Diálogos críticos sobre diferentes asuntos. Cf. Luis González Obregón, Novelistas mexicanos (José Joaquín Fernández de Lizardi, El Pensador Mexicano, México, Botas, 1938, p. 104. J. M. L. critica este diálogo en el Diario de México, t. XV, núm. 2271, 21 de diciembre de 1811, pp. 697-700. Spell asegura que ha de ser "furia" porque es el peinado —cabello revuelto y levantado sobre la frente— que usaban las mujeres de alcurnia. Cf. nota 1 a El muerto y el sacristán.

(21) Los currutacos herrados y caballos habladores de 1811. Pliego suelto, 8 pp., sin datos de imprenta. Cf. J. J. Fernández de Lizardi, Obras Iop. cit., pp. 172-176.

(22) echaré de a medio. Por entero, totalmente.