TEMIBLE CONSPIRACIÓN CONTRA
NUESTRO PRESIDENTE(1)
Por sujetos no vulgares hemos sabido que han salido de La Habana dos asesinos(2)muy bien pagados con el abominable objeto de matar a nuestro dignísimo presidente,(3) lo que no les será nada difícil si su excelencia se descuida; y entonces, y entonces, ¡ay!, ¡pobre patria con semejante convulsión!
Alerta, excelentísimo señor: los enemigos son temibles, por cobardes que sean. Vuestra excelencia está rodeado de ellos; desde México hasta más allá de las columnas de Hércules(4) hay un cordón de bribones que no cesan de maquinar contra la libertad de nuestra patria, y ya que no pueden dominar la opinión pública, se valen de la perfidia y de la intriga para desunirnos y envolvernos en la anarquía.
La prudencia y la moderación con que vuestra excelencia se ha sabido conducir hará su nombre memorable; pero no es buena, señor, tanta bondad con los malvados, porque éstos abusan de ella fácilmente. Acuérdese vuestra excelencia de que no dura más el leal que lo que quiere el traidor,(5) que éstos no faltan aquí y que los héroes virtuosos, que ocupan los primeros puestos de las naciones, se deben guardar más del alevoso veneno y del puñal asesino que de los ejércitos armados. El valor y la pericia militar fijan en el campo la victoria; pero contra la infame alevosía no hay valor ni táctica que valga. Enrique IV fue víctima en su coche del puñal de Clemente, lego dominico;(6) Carlos I lo fue de Cromwel[l];(7) don Pedro, rey de Aragón, lo fue de su mismo hermano...(8) pero ¿para qué hemos de buscar en la historia antigua estos ejemplares, cuando los tenemos en nuestros mismos días? Al señor Iturbide lo amenazó el veneno cuando trabajaba por nuestra libertad;(9) al digno compañero de vuestra excelencia, el inmortal Bolívar, lo han amagado los asesinos, contándose entre éstos su mismo mayordomo.(10) ¿Qué seguridad, pues, puede tener vuestra excelencia para creer que no tiene sobre sí ningunos enemigos? No, señor: cuantos lo son de la patria, lo son de vuestra excelencia. Hemos visto el sedicioso manifiesto del obispo de Sonora,(11) y acabamos de ver la asonada de la isla de Sacrificios,(12) fraguada por cuatro picaros americanos, indignos de tan glorioso nombre. Esto prueba que hay enemigos y hay traidores en nuestro mismo suelo. ¿Qué mucho será que los enemigos españoles residentes en La Habana paguen un par de asesinos para privarnos de la preciosa vida de vuestra excelencia?
Por tanto, vuestra excelencia debe vivir con demasiada precaución y desconfianza: ésta es la única tabla que podrá salvarlo del naufragio que le amenaza. Esa moderación verdaderamente republicana que se admira en vuestra excelencia es muy buena en el tiempo de calma, pero muy peligrosa en el de tempestad. Vuestra excelencia no debe salir sin escolta a parte alguna, debe asegurarse de la lealtad y buena fe de cuantos lo rodean y, por último, debe cuidar su estimable existencia como Guadalupe Victoria, y como presidente de la República, es decir, como hombre y como hombre público. Si a vuestra excelencia le interesa su vida, a la patria le importa mucho más. ¿Qué fuera de nuestra libertad si en las actuales circunstancias un vil puñal quitara de en medio a vuestra excelencia? Los partidos, que parecen ya muertos, levantarían las osadas cabezas, se multiplicarían las facciones, se desorganizaría el gobierno, se corrompería la opinión, faltaría la fe publica, las naciones aliadas retirarían de entre nosotros sus agentes, todo sería trastorno y confusión, y entonces las dos Ligas,(13) es decir, la de la Europa y la de acá, encubierta e hipócrita, no perderían la ocasión de ver cómo nos subyugaban otra vez.
Esta pintura es triste pero posible, y por eso conjuro a vuestra excelencia para que se cuide y se guarde por el bien suyo y el de la nación americana; conjuro a las Cámaras,(14) a las autoridades y a todos los ciudadanos de la Federación para que estén en atalaya sobre los enemigos de vuestra excelencia, para que denuncien al sospechoso, y al convencido lo castiguen breve y sumariamente con la entereza de los Tamaulipas,(15) pues si al señor Iturbide se consideró fuera de la ley porque volvió a su patria contra el decreto del Congreso, ¿con cuánta más razón no debe estar fuera de la ley el alevoso que venga a ella con el sacrílego intento de asesinar a nuestro presidente? Cinco minutos es tiempo muy bastante para formarle la causa seriamente hasta la conclusión, porque cinco minutos dan el tiempo necesario para meterle cinco balas por la cabeza a un pillo de ésos.
Sepan éstos que si en La Habana hay quien dé onzas de oro porque maten a vuestra excelencia, aquí hay patriotas que se las darán de plomo luego que los descubran.
El Ser Supremo, protector de la inocencia y la virtud, defienda la preciosa vida de vuestra excelencia y la conserve mil años para la felicidad de la patria.
México, 4 de mayo de 1825.
El Pensador Mexicano.
(1) Imprenta de Mariano Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...]
(2) Había un temor muy justificado de que los españoles atacaran desde La Habana; por ejemplo, el 8 de diciembre de 1824 se dio la noticia de que 2,500 españoles habían llegado a La Habana; varias noticias aparecieron en El Águila y El Sol en 1826 acerca de correspondencia secreta de La Habana.
(3) Cf. nota 55 a La tragedia de los gatos...
(4) Hércules. Probablemente esté aludiendo al bergantín de ese nombre. En junio de 1825 aparecieron en el Pacífico el bergantín Constante y el navío Asia, pertenecientes a la Marina Española. Los tripulantes de ambos se sublevaron y, después de abandonar a sus comandantes en las islas Filipinas, vinieron a entregarse mediante una recompensa del gobierno mexicano. En el discurso que pronunció al abrirse las sesiones ordinarias del Congreso, Guadalupe Victoria informa (1 de enero de 1826) que nuestra Marina había aumentado con los barcos Asia y Hércules. En el Correo Semanario de México, núm. 8, de enero 8 de 1827, Fernández de Lizardi escribe que: “Ha llegado anteayer la correspondencia cogida en el bergantín Hércules.” Obras VI, op. cit., p. 130. Aparecieron dos noticias al respecto, en el Correo de la Federación Mexicana, núm. 69, del 8 de enero de 1827, y en el núm. 168, de 17 de abril del mismo año, sobre la correspondencia que se recogió en el Hércules.
(5) no dura más el leal que lo que quiere el traidor. Francisco Rodríguez Marín registra la forma siguiente: “Dura el leal mientras quiere el traidor” en Todavía 10.700 refranes más. No registrados por el maestro Correas ni en mis colecciones tituladas Más de 21.000 refranes castellanos (1926), 12.600 refranes más (1930) y los 6.666 refranes de mi última rebusca (1934), Madrid, Imprenta “Prensa Española”, 1941, p. 98.
(6) Henrique IV en el original. Enrique IV. Emperador francés asesinado por Ranillac, quien le dio una puñalada el 14 de marzo de 1610. Fernández de Lizardi escribió: “el turbulento reinado de Enrique IV, víctima de sus desaveniencias con Gregorio VII”, en Conversaciones del Payo y el Sacristán, núm. 22, Obras V, op. cit., p. 495.
(7) Oliverio Cromwell en guerra del parlamento contra el rey Carlos I de Inglaterra, al que finalmente hizo morir en el cadalso en 1649.
(8) No fue Pedro I de Aragón sino Pedro I de Castilla y de León, llamado el Cruel(1334-1369), que tuvo constantes guerras civiles encabezadas por sus hermanos bastardos; uno de éstos, Enrique de Trastamara, lo sitió en Montiel y lo asesinó, hecho que le dio la corona de Castilla.
(9) Tenemos conocimiento de una rebelión tramada en contra de Iturbide. “Casi en vísperas de inaugurarse el Congreso fue descubierta una conspiración cuyo foco estaba en la residencia del ex-Corregidor de Querétaro, Lic. Miguel Domínguez. Uno de los propósitos de los conspiradores era el de capturar a Iturbide; pero éste los espiaba muy bien. Negrete los denunció y eso bastó de pretexto para arrestar a los generales Bravo, Victoria y Barragán, pero quedaron libres pocos días después, aunque profundamente disgustados”, Rafael Heliodoro Valle, Iturbide, varón de Dios,op. cit., p. 58.
(10) En una noticia del 27 de abril de 1825 del Diario histórico, Bustamante escribió: “Según el Sol de hoy remitiéndose al Indicador de Goatemala sólo murió el coronel Monteagudo en Lima; la providencia libró a Bolívar del puñal destinado a sacrificarlo... fué obra de los gachupines del Callao: dice que el asesino de Monteagudo fué puesto en libertad después de haber declarado los autores de tan atroz conspiración” (op. cit., t. III, vol. 1, p. 63). Se pensaba que Bolívar estaba sacrificando Perú a Colombia, y en este lugar sacrificando todo a sus queridas. Se le opusieron Santander, Páez y Marino. El malestar era general. “En 1826 descubrió ó pretendió descubrir un complot, cuyo objeto era asesinarle y espulsar las tropas estranjeras. Tomáronse medidas severas, y por lo pronto Bolívar intimidó a sus adversarios sorprendidos.” Diccionario universal de historia y de geografía, México, Tipografía de Rafael, Librería de Andrade, 1853, t. I, p. 643.
(11) obispo de Sonora. Bernardo Martínez y Ocejo, fray Bernardo del Espíritu Santo, estudió en el convento del Carmen; enseñó teología en Valladolid, hoy Morelia, después estuvo en la Casa Religiosa de Toluca. Fue prior de los carmelitas de Querétaro. En 1789 había estado en calidad de prior en Guadalajara, de donde volvió a Puebla para desempeñarse como maestro de novicios; fue el primer catedrático de disciplina eclesiástica de la Real y Pontificia Universidad de México, cura del Sagrario Metropolitano, capellán del convento de Santa Teresa de la Nueva Fundación. Tuvo otros cargos entre los que destaca el de inquisidor honorario del Tribunal de la Inquisición de la Nueva España. Recibió la orden que lo convertía en obispo de Sonora, Sinaloa y las Californias el 14 de abril de 1817, cuando murió Francisco Rousset de Jesús y Rojas. Tomó la mitra de Sonora el 18 de mayo de 1818 en la iglesia del Mineral del Rosario. Como provincial y superior de la Orden Carmelita de la Nueva España dio permiso a fray José de San Bartolomé de escribir el Duelo de la Inquisición en el que se combatía y se negaba la soberanía del pueblo; esta obra desencadenó una serie de ataques de Fernández de Lizardi. A pesar de su autoridad puramente eclesiástica, fray Bernardo reprobó el Plan de Casa Mata. El 15 de octubre de 1811 escribió la vida de Santa Teresa en el Diario de México; en 1815 publicó la Exhortación pastoral que el provincial de carmelitas descalzos de la Nueva España dirige a todos los súbditos de su filiación: en que recuerda la nobleza y destino de su vocación..., México, Oficina de doña María Fernández de Jáuregui, 5 de mayo de 1815. Dejó impresas tres cartas pastorales: la primera fechada el día de su consagración; la segunda, en la sede episcopal de Arizpe, Sonora; y la tercera, del 1º de octubre del mismo año. Su famosa pastoral La soberanía del Altísimo, contra la Independencia, fechada en el Hospicio Episcopal de Culiacán el 4 de octubre de 1824 e impresa en Guadalajara, fue analizada y combatida por Fernández de Lizardi en las Conversaciones del Payo y el Sacristán, números 6 a 25; en el número 5 cita que el manifiesto sostiene que la soberanía reside esencialmente en Dios, y no en el pueblo, lo que era un atentado contra el gobierno; después cita a fray Bernardo, quien se basa en la Epístola I a los Corintios, capítulo 4, de San Pablo, y afirma que sólo reconoce a Dios como juez y la soberanía de Él.
(12) Sacrificios. Cf. nota 56 a La tragedia de los gatos...
(13) Ligas. Cf. nota 27 a La tragedia de los gatos...