TAMBIÉN EN EL SOL HAY MANCHAS(1)
Señores editores del periódico de El Sol:(2) muy señores míos, cuando en el sol material, en ese fanal del mundo que por su hermosura, resplandor y beneficencia ha recibido tantas veces los homenajes de deidad, han encontrado manchas los astrónomos, ¿qué mucho será que en el periódico de ustedes se hallen algunos defectillos que lo acrediten hechura de hombres?
Yo confieso, y públicamente he confesado,(a) la ilustración de ustedes; y en verdad que he leído con aprecio sus primeros números, complaciéndome en el crédito general que obtuvo su brillante periódico; pero en estos últimos días he notado, con muchos, que ustedes se van descantillando a gran prisa, por el empeño con que nos quieren persuadir a que España no se opone a nuestra independencia, que nada se le da de nuestra emancipación, y que nos conviene el gobierno monárquico.
Yo, esperando que ustedes reflexionen en su equivocación, y volviesen en sí de ella, no había querido tomar la pluma para hacerles algunas observaciones que me ocurren; mas viendo que están muy distantes de mudar de opinión, y que en su número 44 aún insisten en arrullarnos en la cuna de la confianza, que no debemos tener racionalmente, me quiero tomar la libertad, en obsequio de la patria, de hacerles a ustedes algunas reflexioncillas sobre el citado número, que deseo me satisfagan con su acostumbrada claridad y precisión.
Entran ustedes analizando la traducción que el editor de la Gaceta(3) hizo del mensaje de los Estados Unidos,(4) en lo que ustedes se entenderán, pues yo no he saludado el idioma inglés.(5)
Después refieren ustedes lo ocurrido el 6 del corriente en el Congreso,(6) por la representación que le dirigió el regimiento de caballería número 11.(7) Tal vez ninguno de ustedes presenció el lance; yo estuve allí y vi lo que pasó.
Se han equivocado ustedes cuando dicen: que la tal representación se reduce “a manifestar al Congreso que el voto de la oficialidad que la subscribe no está por la monarquía moderada, sancionada por su majestad, sino por la forma republicana o gobierno democrático, según se infiere claramente de su mismo contenido.”(8) Digo que se han equivocado, si han entendido que dichos oficiales abjuran la monarquía por su capricho u originalmente; lo que hacen es referirse al voto general de la nación, que no está por la monarquía. Dicen que se avergüenzan de haber jurado tantas veces, a la faz de Dios y de los hombres, constituirse en opresores de su patria, que ahora juran obedecer al Soberano Congreso en cuanto propenda al bien de ella; pero que serán enemigos de cualquiera que piense oponerse a su soberana voluntad. ¿Y esto qué tiene de malo? Obedeceremos al Congreso mientras no se declare contra la patria, en cuyo caso lo veremos como enemigo. Ésta es toda la paráfrasis que puede hacerse de las palabras de la representación del número 11, y de la que se quiere hacer tanto mérito, acusándolo de haber cometido un crimen atroz.
Yo, a la verdad, no hallo en dichas expresiones sino un lenguaje franco, un sagrado entusiasmo y una heroica resolución para defender la patria siempre que se vea amenazada. ¿Y esto podrá apellidarse crimen por decírsele al Congreso en su presencia? Yo no lo puedo concebir. ¿Y sólo el número 11 será de esa opinión? Yo creo que cuantos ciudadanos componen la nación son de la misma.
La soberanía reside esencialmente en la nación, y accidentalmente en el Congreso.(9) Los señores diputados son unos apoderados de la nación, para trabajar y sacrificarse por su felicidad y nada más. Deben, por todos los medios posibles, indagar cuál es la opinión general de sus provincias; franquearles la libertad necesaria de la imprenta para que la expliquen sin recelo, y una vez declarada, seguirla y sancionarla sin oposición.(10) De otra manera no llenarán los deberes de fieles diputados, abusarán de la confianza de sus provincias y se harán reos del juicio terrible de la patria.
Todo militar, todo ciudadano, sea quien fuere, está obligado a respetar al Congreso, a cumplir y obedecer sus leyes cuando sean dictadas en beneficio común; pero si por un hipótesi inesperado advirtiésemos que sus decretos tenían tendencia a nuestra esclavitud, y que no se trabajaba sino en volver a subyugarnos, ¿estaríamos en obligación de obedecerlos? Ustedes mismos han confesado que no, cuando dicen: "El ejército de una nación debe únicamente emplearse en sostener el gobierno que se establezca, con tal que no sea opuesto a los primitivos derechos del hombre."(11) Luego, según ustedes, en oponiéndose el gobierno a estos derechos, no debe el ejército sostenerlo. Pues he aquí el caso que teme el regimiento número 11.
Teme que se establezca el gobierno monárquico, dice que la nación no quiere monarcas porque ya los conoce;(12) infiere que de tal gobierno se seguirá la esclavitud de la nación, y como ésta se opone a la libertad, que es uno de los derechos primitivos del hombre,(13) dice que no subscribirá a tal forma de gobierno. Esto es ir acordes aquellos oficiales con ustedes. Luego si aquéllos son criminales por haber escrito este axioma, ustedes no lo son menos por haberlo impreso, pues no han hecho más que corroborar sus ideas.
Bien es que ustedes se apoyan en que el Soberano Congreso ha sancionado el gobierno monárquico moderado, conforme al Plan de Iguala y Tratados de Córdoba;(14) pero ya este coco(15) no espanta. Está demostrado por diferentes plumas que la tal sanción es nula, por serlo en esta parte los Tratados de Córdoba: ya por tenerlos por tales el gobierno español, como por no haberlos admitido el rey de España;(16) y ya se sabe que no obliga ningún contrato faltando el consentimiento de una de las partes. Luego, no habiendo admitido la casa de Borbón la invitación que se le hizo a esta corona en tiempo oportuno,(17) y de la que no puede alegar ignorancia, se sigue que por su parte ha rescindido y dado por nulo el contrato. ¿Qué será después que nos lo ha dicho expresamente? ¿Y qué obligación nos estrechará a ofrecernos bajo el dominio de una nación que ni se descuida ni desespera de subyugarnos otra vez?
Por más que ustedes se fatiguen en persuadirnos que España reconoce nuestra Independencia, y que no piensa en declararnos guerra, los escritos e impresos de la Península, las últimas sesiones de aquellas Cortes,(18) los diputados nuestros que van llegando acá, nos aseguran lo contrario.
Pero cuando careciéramos de tantos datos irrefragables, ¿podríamos cerrar los ojos para no ver el castillo de San Juan de Ulúa,(19) tan obstinadamente ocupado por el general Dávila?(20) ¿Dejaríamos de notar la ingratitud con que nos hizo prisionero al diputado y benemérito doctor don Servando Mier?(21) ¿Y veríamos con indiferencia que le llegan municiones y cureñas de la Península y La Habana?(22)Señores editores: es necesario no obstinarnos contra la evidencia. Estos procedimientos y preparativos no son anuncios de paz, ni pruebas de que España reconoce ni quiere reconocer nuestra independencia. Así es que la nación hará muy mal si se descuida.
Yo deseo que ustedes se desimpresionen de su equívoco para que continúen ilustrando a la patria con sus útiles tareas, y haciéndose dignos del aprecio de los buenos ciudadanos que los estiman, y entre los que se cuenta su afectísimo amigo servidor, que besa su mano.
[José] Joaquín Fernández de Lizardi.
Mayo 12 de 1822.
Ya impreso lo que hasta aquí ha visto el lector, llegó a mis manos el número 45 deEl Sol.(23) Ciertamente me admira el empeño con que los señores editores nos quieren persuadir que España ni su gobierno no se oponen abiertamente a nuestra independencia, cuando no hay cosa más demostrable.
No es menos chocante(24) la oposición que algunos hacen al gobierno republicano, así como son fútiles y de ningún valor los argumentos en que se apoyan para decir que no nos conviene república. Por lo ordinario se reducen a éstos:
1. Que no puede establecerse una república buena en un suelo vasto. Aquí citan la autoridad de Montesquieu.(25)
2. Que no tenemos virtudes cívicas ni ilustración.
3. Que siendo en una república de necesidad el tolerantismo, deberíamos admitirlo, y esto se opone a nuestra religión.
Éstos son los principales argumentos de los monarquistas, los mismos que brevemente trataré de destruir.
Que no pueda haber república buena en suelo vasto, es decir, que no pueden los hombres obedecer las leyes a larga distancia del origen de donde se derivan, esto, así como suena, que no puede sonar de otro modo, es un delirio, aunque lo haya dicho Montesquieu (un hombre). Si fuera cierto, ni los romanos se hubieran hecho obedecer de sus colonias, ni la América hubiera estado sujeta por tres siglos a la corona de Castilla.(26) Las leyes mejores siempre son muertas si no las vivifican los jueces idóneos, justos y activos. Sea cual fuere el gobierno que establezcamos, procuremos que sean las leyes pocas, claras, públicas, literales, que no admitan interpretaciones de abogados; que los que las administren sean rectos, desinteresados y hombres de bien, y veremos si no se hacen respetar en toda la nación generalmente.
Ocho meses hace que vivimos acéfalos, sin gobierno ninguno establecido, pues ni hemos sido monárquicos, ni constitucionales, ni aristocráticos, ni democráticos, ni nada. Al gobierno republicano se parece el que hemos tenido; y a pesar de sus imperfecciones, indispensables en los principios de toda revolución política, no nos hemos roto las cabezas, ni aún tenemos otros amagos de anarquía, sino los que desearan los antirrepublicanos. ¿Pues por qué no podremos constituirnos en república federada, hacer leyes sabias y vivir en paz toda la vida? Es decir: si hemos podido vivir tranquilos en una sombra de república imperfecta, rodeada de enemigos y con la opinión dividida, ¿por qué no viviremos mejor en una república constituida bajo una sabia legislación?
Decir que no tenemos virtudes cívicas ni ilustración, a más de que en lo general es falso, es argumento en favor de nuestro sistema.
Digo que es falso en lo general, porque aunque es cierto que todo falta en la parte grosera del pueblo, no es cierto que la parte media y mucha de la plebe carezca de ellas. Jamás han dado los americanos mayores pruebas de su patriotismo, constancia, sufrimiento, desinterés, humanidad, honor e ilustración que en estos últimos doce años de desgracias. Son muchos, son innumerables los rasgos heroicos que pueden amenizar la historia de nuestro país. Hechos hemos visto tan heroicos que nada tienen que envidiar a los que la historia nos refiere de los romanos.
Si quieren ver serenidad y firmeza en las adversidades, numere, el que sea capaz, a los imitadores de los Matamoros(27) y Morelos.(28) Si se busca el valor e intrepidez, hablen los miles de compañeros de los Galeanas,(29) Montaños,(30)etcétera. Si se nos niega ilustración, respondan los Hidalgos,(31) Teranes,(32) y otros miles de talentos iguales y aun superiores. Si se habla de generosidad, véanse a un Morelos ofreciendo trescientos hombres por la vida del valiente y piadoso Matamoros;(33) a un Bravo (el excelentísimo señor don Nicolás)(34)perdonando a muchos prisioneros europeos que estaban a su disposición, el mismo día que en esta ciudad sacrificaron a su honrado y valiente padre en un suplicio.(35)Si se desean ejemplos de carácter, valor y constancia, véase a un Victoria(36)derrotado, solo, perseguido, prófugo y errante por los montes, convertido en compañero de las fieras, desnudo, expuesto a las inclemencias de los tiempos, alimentado con sabandijas y yerbas; rodeado, en fin, de todos los horrores de la muerte y de todas las miserias de la vida, sin indultarse en los tiempos más desesperados de la empresa.(37) Si se quieren modelos de valor, intrepidez y política, véanse los Iturbides(38) y Negretes,(39) los Bustamantes(40) y los Loaces,(41) y... tantos que todos conocemos.
En una palabra: yo, yo mismo he visto tropas de héroes; sí, de estos pobrecitos soldados a quienes por su falta de ilustración se creen punto menos que brutos e incapaces de las decantadas virtudes cívicas; yo los he visto desnudos, con el correaje pegado al pellejo, descalzos, con el fusil al hombro, haciendo centinela en una cortadura o parapeto, parados sobre el lodo y sufriendo terribles aguaceros. Yo los he visto caminar alegres de esta manera, faltos de socorro seis u ocho días, llenos de hambre, miserias y trabajos, sin robar ni molestar a los pueblos; y en fin, yo los he visto, acosados de estos trabajos, entrar impávidos y alegres a la batalla, olvidados de su triste condición, y ansiando sólo por llegar a las manos con los enemigos de su patria. Si esto, y mucho más que se puede decir y probar, no es un heroico patriotismo, un no común desinterés, un valor y una constancia singular, entonces no hubo héroe en el mundo.
Tales han sido los americanos encorvados bajo el yugo de fierro de los monarcas españoles; tales han sido ignorantes y esclavos, ¿qué no serán republicanos, ilustrados y libres? ¡Oh! Yo aseguro que mi nación será muy en breve el asilo de los extranjeros honrados, la Atenas del mundo, el apoyo de las repúblicas y el terror de los monarcas déspotas.
Si aseguran que no hay ilustración después de trescientos años de monarquía, el querer que sigamos con monarquía es querer que continuemos sin ilustración. Venga la república, y con ella vendrán todos los bienes.
El argumento sobre la tolerancia, a más de impolítico, sólo puede aturdir a los fanáticos. Es necesario tocar este punto con alguna extensión, porque es quizá el principal apoyo de los enemigos del sistema republicano, y con el que más fácilmente se les hace odioso a los mojigatos ignorantes.
Dicen éstos: "la tolerancia religiosa es análoga, o más bien indispensable en toda república. He aquí que, constituidos en semejante clase de gobierno, se nos vendrán encima los ingleses, los americanos, moros, persas, judíos y cuantos herejes y cismáticos hay en el mundo; y entonces, a Dios religión católica, a Dios moralidad cristiana, se perdió todo para siempre en nuestro suelo, porque estos hombres nos pervertirán en nuestra creencia y corromperán nuestras costumbres con sus vicios."
Tal es el modo con que suelen muchos explicarse contra la tolerancia cristiana.Pero yo deseo que se aquieten estos espíritus espantadizos, y que aun, si es necesario, se avergüencen de su opinión equivocada. En primer lugar, que en tal hipótesi sería nuestra religión la dominante, y las cortes establecerían bajo qué reglas debería tolerarse la diferencia de cultos, y qué penas habrían de imponerse a los que profanaran nuestra religión. En segundo lugar, que ninguno, de diversa comunión a la nuestra, podría dogmatizar impunemente, esto es, defender o ponderar su religión sobre la nuestra, ni menos burlarse de nuestras ritualidades religiosas, como ni nosotros de las suyas.
De esta manera se evitarían los escollos a los idiotas, iríamos aprendiendo a respetar al hombre sea quien sea, y sacaríamos las ventajas que son consiguientes del tolerantismo en un sistema liberal y político.
Acaso habrá quien ignore qué ventajas son éstas, y será muy del caso el insinuarlas. Todo nos falta en el día: población, comercio, agricultura, industria, etcétera, etcétera, ¿y de qué mejor y más pronto modo podremos ocurrir a estas necesidades, sino comunicándonos con todos los hombres que son nuestros hermanos? Abramos nuestras puertas a las naciones del mundo y dentro de pocos años se poblará abundantemente la nuestra. A la numerosa población seguirá la agricultura, el comercio, las artes, etcétera; pues habiendo cabezas que discurran y brazos que trabajen, se destierra la holgazanería y la miseria. La América está virgen, aún no son conocidas sus riquezas, las menos apreciables son los metales venenosos, ese oro y esa plata, únicas causas de nuestra pasada esclavitud y de nuestra miseria y flojedad presente. Prescindiendo de las minas, tiene la América más seguros manantiales de riquezas reales y verdaderas que, o no se conocen, o se han visto con desprecio por nuestra misma ceguedad; pero que los extranjeros nos enseñarán a aprovecharnos de ellas.
Y volviendo al punto principal, ¿qué me importará que sea protestante el hábil médico que me asiste, si me sana? Esto desearé, sin meterme a indagar su religión. Lo mismo diremos de la abundancia de semillas. Que las haya nos importará, y el labrador sea de la secta que quisiere.
Tengamos fábricas y géneros baratos, comercio activo y veinte millones de ciudadanos que puedan defender la nación con las armas, y de sus opiniones religiosas ellos responderán a Dios. Conque siendo las ventajas seguras y los peligros remotos, es prudencia arrostrar éstas y decidirse par aquéllas.
Los que temen que su fe vacile por la asociación de los de diversa creencia, confiesan que no se hallan muy seguros en la suya; y entonces, ¿qué clase de cristianos son, pues afirmando que su religión es la única y verdadera, temen que los seduzcan y que mañana la abandonen? Lo propio digo de los hipócritas que dicen que corromperán nuestras costumbres, como si éstas fueran tan arregladas. El otro día se escandalizaron de ver sepultar en el campo a un protestante; pero más se escandalizaron sus dolientes al ver que ni los cadáveres en el sepulcro están seguros de ladrones entre los virtuosos católicos. ¡Qué vergüenza!
(1) México, Oficina de Betancourt, 1822, 12 pp. "La más brillante de todas las cosas ─el sol─ tiene sus manchas"; registrado por John Warner Barber en El libro de los 1000 proverbios (6ª impresión, México, Editorial Diana, 1982, p. 50).
(2) El Sol. Cf. nota 4 a Defensa de los francmasones...
(a) Véase mi papel Defensa de los francmasones.
(3) Gaceta. Cf. nota 32 a Cincuenta preguntas...
(4) Se refiere al mensaje de James Monroe, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica de 1817 a 1825. En la edición que consultamos del Diario históricoescrito por Bustamante, en el "Antecedente cronológico", aparece el dato siguiente: "2 de mayo [de 1822]. En la Gaceta Extraordinaria se publica el mensaje dirigido el 2 de marzo anterior al Congreso de los Estados Unidos por el presidente James Monroe sobre el establecimiento de relaciones con México, las Provincias del Plata y Colombia como países independientes. También se publica el dictamen de la Comisión del Congreso aprobando la iniciativa presidencial." Diario histórico de México, nota previa y notas al texto de Manuel Calvillo, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1980, t. I, vol. I, p. 62.
(5) En El Sol, núm. 44 (miércoles 8 de mayo de 1822), podemos leer lo siguiente: "Vamos a dar al gacetero imperial una lección de lengua inglesa y de moral al mismo tiempo. Refiriéndose a la neutralidad de los Estados Unidos durante la guerra de España con sus provincias americanas, dice el Presidente en su mensaje: it has been gratifying to all to see the general [...]. La traducción exacta de este periodo es la siguiente: ha sido grato a todos el ver la general [...]. El gacetero imperial nos interpreta la frase de un modo muy distinto; y además de torcer completamente el sentido, nos la deja en substancia tan obscura, como pudiera estarlo para el público en su original." Así continúa el análisis, de la página 197 a la 200.
(6) Congreso. Cf. nota 19 a Exposición del ciudadano...
(7) "Al comenzar el mes de Mayo [1822] el desacuerdo entre Iturbide y el Congreso no podía ser mayor; nadie hablaba ya del Plan de Iguala, y habíase dado el caso de que el diputado Múzquiz reclamara la omisión que en las actas de las sesiones del Congreso se hizo de un discurso que había pronunciado, oponiéndose al cumplimiento de dicho Plan que la nación debía quedar en libertad de insistir la forma de gobierno que estimase más conveniente. Tal opinión iba extendiéndose cuando se presentó al Congreso una felicitación que le dirigió el undécimo regimiento de caballería; dábase lectura a ese documento que entre otras cosas decía: ‘la América del Septentrión, detesta a los monarcas porque los conoce’, y se añadía más adelante, ‘que debía adoptarse en ella el sistema de las repúblicas de Colombia, Chile y Buenos Aires’; estos conceptos produjeron alarma, y el diputado Alcocer se opuso a que la lectura continuase. Así movida la discusión, no faltaron diputados republicanos que sostuviesen lo contrario; creíase que la felicitación no era un incidente aislado, sino un paso preconcebido al que no era extraño el mismo general Bravo, miembro de la Regencia; exaltáronse los ánimos, llegando al desorden, que no pudo contener el presidente del Congreso; el numeroso público que llenaba las galerías aumentaba con sus murmullos la confusión, hasta que, resolviéndose que la lectura continuase y que la exposición constara en el acta, los concurrentes prorrumpieron en aplausos." México a través de los siglos, t. IV, op. cit.,pp. 78-79.
(9) En la Constitución Política de la Monarquía Española, título I, capítulo I, artículo 3: “La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta, exclusivamente, el derecho de establecer sus leyes fundamentales.” (F. Tena Ramírez, Leyes fundamentales de México, op. cit., p. 60) En las Bases constitucionales aceptadas por el Segundo Congreso mexicano al instalarse en 24 de febrero de 1822, fue asentado: "Los diputados que componen este Congreso, y que representan la nación mexicana, se declaran legítimamente constituídos, y que reside en él la soberanía nacional." (F. Tena Ramírez, op. cit., p. 124) Cf. nota 19 a Exposición del ciudadano...
(10) En El contrato social, Rousseau escribió que la "soberanía no puede ser representada por la misma razón de ser inalienable; consiste esencialmente en la voluntad general y la voluntad no se representa: es una o es otra. Los diputados del pueblo, pues, no son ni pueden ser sus representantes, son únicamente sus comisarios y no pueden resolver nada definitivamente. Toda ley que el pueblo en persona no ratifica, es nula." Cf. nota 8 a Primer bombazo...
(12) Cf. nota 7 a este folleto.
(13) Cf. nota 11 a este folleto.
(14) En las Bases constitucionales aceptadas por el Segundo Congreso... los diputados declararon que el Estado adoptaba para "su gobierno la monarquía moderada constitucional con la denominación de imperio mexicano." (F. Tena Ramírez, op. cit., p. 124) El Plan de Iguala, en el artículo 3º sostenía que sería un gobierno "monárquico templado por una Constitución análoga al país" (Ibid., p. 114). Los Tratados de Córdoba, en el artículo 2º: "El gobierno del imperio será monárquico, constitucional moderado." (Ibid., p. 116)
(15) coco. Fantasma que se figura para meter miedo a los niños.
(16) Cf. nota 6 de A unos los mata el valor...
(17) Cf. nota 2 a Un puñado de verdades...
(18) La ilegitimidad de los Tratados de Córdoba quedó sintetizada en la siguiente publicación: La Aurora de la Mañana. Copia de las Gacetas de Madrid, que contienen las sesiones de las Cortes del 12 y 13 de febrero sobre los asuntos de ultramar, o reconocimiento de nuestra independencia, las cuales ha dado a la imprenta para su publicación el señor diputado don Antonio José Valdés, México, reimpreso en la Imprenta Imperial de don Alejandro Valdés, 1822.
(19) castillo de San Juan de Ulúa. Cf. nota 21 a Cincuenta preguntas...
(20) Dávila. Cf. notas 20 a Cincuenta preguntas... y 3 de A unos los mata el valor...
(21) Servando Teresa de Mier. Cf. nota 38 a Carta tercera...
(22) Cf. notas 27 a Cincuenta preguntas... y 3 de A unos los mata el valor....
(23) El Sol, núm. 45 (sábado 11 de mayo de 1822).
(24) chocante. Cf. nota 30 a Observaciones político-legales...
(25) Carlos de Secondat, barón de Montesquieu (1698-1755). Su obra capital es El espíritu de las leyes (1748), muy citada por Fernández de Lizardi.
(26) Cf. nota 12 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(27) Mariano Matamoros. Cf. nota 47 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(28) José María Morelos y Pavón. Cf. nota 46 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(29) Hermenegildo Galeana. Cf. nota 45 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(30) Eugenio María Montaño. Era labrador y, después de la muerte de Aldama, se levantó en armas y jugó un papel muy importante en la campaña de Morelos en Oaxaca. El 29 de agosto de 1812 derrotó cerca de Zacatecas a una partida de realistas. El 21 de julio de 1813 fue derrotado en una batalla que se libró cerca de Calpulalpan y fue muerto; su cadáver fue conducido sobre una mula y, después de descuartizado, se colocó su cabeza en Otumba y su brazo derecho en San Juan Teotihuacán. "Había sido, sin duda, jefe muy distinguido, ya que el 24 de octubre de 1812 la sociedad secreta los Guadalupes, mandaba a Morelos una carta elogiando los servicios de Montaño y en la oportunidad de su muerte, Guerrero escribió una proclama a los mexicanos que no hemos podido leer y que se conserva en el Archivo General de Indias." Miquel i Vergés, Diccionario de insurgentes.
(31) Miguel Hidalgo y Costilla. Cf. nota 7 a Reflexiones interesantes...
(32) Manuel de Mier y Terán (1789-1832). Caudillo de la Independencia. Incorporado al movimiento insurgente, tenía, a mediados de 1814, el grado de teniente coronel; el 27 de julio de ese mismo año, encontrándose sitiado por el coronel realista Álvarez, en Silacayoapan, emprendió una salida y obligó al enemigo a levantar el sitio; esta acción le valió el ascenso a coronel, que le concedió el Congreso de Chilpancingo. En 1815 encabezó la Junta que trataba de disolver el Congreso que proclamó la Independencia, quiso asumir el mando en jefe de las fuerzas insurgentes, pero los demás caudillos se opusieron. Siguió en la lucha y se distinguió en la defensa de Tehuacán en 1817, donde, obligado a rendirse, obtuvo ventajas para sus compañeros. Se reincorporó al general Bravo al proclamarse el Plan de Iguala. Cooperó a la consumación de la Independencia y siguió sirviendo a los diversos gobiernos que se sucedieron. En 1832 fue enviado a pacificar Tamaulipas, y cuando era el candidato más viable a la presidencia, desilusionado, se suicidó.
(33) "Matamoros fue juzgado y condenado a ser pasado por las armas en Valladolid; se ejecutó la sentencia el cinco de febrero [1814]. Morelos desde Coyuca había propuesto al virrey, el canje de Matamoros por doscientos soldados españoles que tenía prisioneros; mas no recibió Calleja su comunicación hasta el mismo día cinco, y no es probable que hubiera sido admitido el canje aún llegando a tiempo la proposición." Francisco de P. Arrangoiz, México desde 1808..., op. cit., p. 126.
(34) Nicolás Bravo. Cf. nota 44 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(35) Leonardo Bravo (1764-1812) era el padre de Nicolás, y pendía sobre él una sentencia de muerte. Morelos "buscó entonces para él una distracción digna del héroe; sabedor de la proximidad de Labaqui, designó a don Nicolás para que fuese a atacarle. Don Nicolás volvió a Tehuacán a presentar a Morelos la espada del heroico Labaqui y el caudillo le hizo salir inmediatamente para la provincia de Veracruz, nombrándolo general en jefe de todas las fuerzas de aquel rumbo: también le dijo en aquella entrevista que iba a dirigir un oficio al virrey proponiéndole el canje de ochocientos prisioneros españoles por la vida de D. Leonardo, lo cual no dudaba que sería admitido [...]. No llegó, sin embargo, a tener esto efecto, y la determinación del virrey no fue lo que menos contribuyó a que aquella tremenda lucha civil se ensangrentara más y más. La victoria de D. Nicolás sobre Labaqui, en San Agustín del Palmar, decidió el suplicio del valiente insurgente", que se efectuó en la mañana del 13 de septiembre de 1812. "El señor Morelos había comunicado a D. Nicolás que no había sido admitida la propuesta que hizo al virrey" y que su padre ya estaba muerto; "la carta del señor Morelos concluía con la orden de que mandara pasar a cuchillo a todos los prisioneros españoles que estuviesen en su poder, y a la vez le manifestaba que ya había ordenado que se hiciese lo mismo con cuatrocientos que existían en Zacatula y otros puntos. A las ocho de la mañana del día siguiente, las tropas independientes, al fúnebre son de las cajas militares, salieron de sus cuarteles y marcharon al lugar destinado para la ejecución: en cuanto estuvo formado el cuadro fatal, fueron entrando en él los trescientos prisioneros españoles que iban a sufrir la muerte. D. Nicolás penetró hasta el centro del cuadro, y frente a frente de sus víctimas detuvo su caballo, e irguiéndose como un héroe en el momento de su más difícil acción, levantó la voz y les dijo así: ─‘Españoles: no la naciente y ya poderosa patria mexicana, no ya su general e infortunada víctima de vuestro bárbaro rencor, os exponen a dejar la vida en medio de las justas voces de venganza y reparación de mis soldados: vuestro virrey, vuestros compatriotas mismos son quienes os traen a la muerte: sólo a ellos reclamad por vuestra infausta suerte, a ellos que por el placer de vengarse de la nueva nación en la persona de sus más preclaros hijos, se han negado a admitir el canje que se les propuso de ochocientos prisioneros por la vida de mi padre, justificando así el alzamiento de esta nación [...]. No es, pues, una fría crueldad ni una venganza digna de realistas, quitaros vuestra vida miserable, y en consecuencia he necesitado tomar una venganza mexicana y corresponder a la villana conducta del virrey, no sólo perdonándoos la vida, sino restituyéndoos la libertad, para que os marchéis a donde mejor os convenga. ¡Mexicanos! ¡Viva la América! ¡Viva el general Morelos! Un viva atronador, repetido por más de diez mil personas, contestó a las aclamaciones." Enrique de Olavarría y Ferrari, Episodios históricos mexicanos, t. I, segunda parte, pp. 1194, 1196, 1197, 1204-1205, 1218, 1219 y 1220-1221.
(36) Guadalupe Victoria. Cf. nota 13 a Ideas políticas... 2.
(37) "El general Vicente Guerrero sostenía en las montañas del Sur, invicta y fiel, débil pero segura, la llama de la rebeldía [...]. Los otros generales insurgentes, de radiante historia, Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria, Ramón Rayón, no eran problema militar. El primero se había acogido a la amnistía y el segundo vagaba, fantasma, solitario, en los bosques de Veracruz, alimentándose como las cabras salvajes, pero atisbando el toque de somatén para incorporarse de nuevo a las huestes emancipadoras." R. Heliodoro Valle, Iturbide, varón de Dios, op. cit., p. 29. Lorenzo de Zavala, al referirse al héroe insurgente que había sido derrotado en Palmillas en 1817, escribió: "Don Guadalupe Victoria había encontrado un asilo entre las fieras. Este hombre singular, no teniendo un carácter muy activo, incapaz por otra parte de indultarse, prefirió vivir escondido en una caverna, en donde vivía como un salvaje."Umbral de la independencia, op. cit., p. 90. Por su parte, Julio Zárate opinó lo que sigue: "Allanada la posición de Palmillas dispuso Hevia que dos secciones marchasen en busca de Victoria, cuyo paradero se ignoraba, pero a quien temían sobremanera los realistas por su incansable actividad y el dominio que había logrado ejercer entre los habitantes de las tierras cercanas a la costa." México a través de los siglos, op. cit., t. III, p. 596.
(38) Agustín de Iturbide. Cf. notas 2 y 6 a Contestación de El Pensador...
(39) Pedro Celestino Negrete. Cf. nota 7 a Ni están todos los que son...
(40) Anastasio Bustamante. Cf. nota 5 de A las valientes tropas...
(41) Domingo Estanislao de Luaces. Cf. nota 25 a El sueño de El Pensador.