SUPLEMENTO A EL PENSADOR MEXICANO
Lunes 18 de octubre de 1813(1)
Con motivo de haberse prohibido por edicto de su señoría ilustrísima el arzobispo
de México, el cuaderno titulado Diccionario burlesco, tenemos lugar de insertar
la siguiente copia de la representación hecha por el señor provisor y vicario general capitular, Sede Episcopali Vacante, a su alteza serenísima la Regencia de España.
Serenísimo señor:
El provisor y vicario particular de este obispado se ve hoy obligado, por su conciencia y por el cargo que desempeña, a avisar a vuestra alteza de que el riesgo de la última perversión de la moral cristiana es tan inminente como lo demuestra la descarada animosidad con que se mofa la religión y sus ministros y se ulcera el corazón de los ya dispuestos a domesticarse con la impiedad y el libertinaje tragan a sorbos continuos el veneno envuelto en la sal del chiste, del sarcasmo y del pedantismo. Este mal a la descubierta corrompe todas las clases, y hasta la parte más ruda del pueblo anhela la diversión que resulta del ridículo en que se pone lo sagrado y lo piadoso de la religión de Jesucristo.
De varios impresos que se publican habla el vicario eclesiástico, y entre ellos, por más reciente y más completamente inmoral e irreligioso, del Diccionario burlesco que acaba de salir al público en esta plaza, de que acompaña un ejemplar.
El pueblo se empapa en máximas que lisonjean la carne y la sangre; la religión pierde su fuerza y sus santos fueros; roto el freno de las pasiones por el desprecio de las doctrinas y elementos de la moral, hecho el hábito de canonizar la razón humana en lugar del dogma y de la enseñanza de la religión, se socavan los cimientos del estado y es de toda necesidad su disolución y el anegarnos en las horrorosas aguas que han sumergido otras naciones.
El vicario no presume que el autor del folleto enunciado sea libertino, impío ni sectario. Quizá su genio festivo, su ingenio fecundo y el deseo de combatir algunas preocupaciones lo habían empeñado en la guerra que hace a otro impreso publicado. Pero, señor, es de indispensable necesidad lea vuestra alteza algunos artículos (aunque los más adolecen del sarcasmo y de la sátira anticristiana) y hallará cuentos execrables, proposiciones inmorales, invocaciones piadosas, de que se usa en buen sentido, comúnmente aplicadas a chocarrerías indecentes, y guardar en cuanto directa e indirectamente toca a la religión, sus prácticas y sus ministros el mismo estilo del ridículo, con el cual los incautos se mueven fácilmente a despreciar las cosas santas.
La palabra introito en lugar del prólogo u otro término equivalente, ya da a entender algún espíritu de novedad que llaman la atención al introito de la misa, cuando jamás usan los autores de semejantes términos para anunciar sus prólogos. El contenido del mismo prólogo, y en particular el último párrafo, el cuento del recién casado, página 8; el artículo "Aritmética", especialmente en la página 12; el artículo "Bulas", página 18; el de "Capillas", página 24; el de "Frailes", página 48; el de "Geología", página 53; los de "Jacobinos" y "Jansenistas"; los artículos de "San Ignacio", página 75; "Papa", "Roma" y, en una palabra, cuanto, como se ha dicho, toca con religión, piedad y ministros del santuario, todo está manchado de sarcasmos, sátiras e ironías que degradan y envilecen, siendo por resultado la máxima que sobresale, la de que la razón humana, la libertad del hombre y el esmero de procurar vivir gozando, son los puntos de vista que conviene dirigir todos los conatos.
El exponente, señor, siente en su corazón la amargura más intensa al dar a vuestra alteza este aviso; pero es actualmente el primer pastor de esta parte del rebaño de Jesucristo y debe gritar oportuna e importunamente para ahuyentar los lobos que lo amenazan de muerte, y rogar con lágrimas se atajen tan graves males, implorando el auxilio de la suprema potestad temporal; así se lo manda verificar el honor de Dios, así la salvación de las almas y así los justos y continuos clamores de los fieles contristados al ver tratar las cosas santas sin miramiento ni respeto.
Su designio, pues, en esta reverente exposición es presentar a vuestra alteza el expresado folleto como una de tantas muestras de los rápidos y perjudiciales progresos que causa la mal entendida libertad de escribir, tan contraria a las sanas y laudables miras de la ley de libertad de imprenta; manifestar el peligro inminente de la absoluta corrupción de las conciencias de los fieles que están a su cargo al presente, y evidenciar la necesidad de una medida eficaz que enfrente y corrija la facilidad con que se ve eludir la citada ley de imprenta en desdoro y menosprecio de la santa religión que profesamos y estamos tan heroicamente defendiendo a la faz de todo el mundo.
Esta antorcha divina y refulgente dicta los medios y modos de reformar los abusos y defectos que puedan advertirse, de cualquiera clase que sean, pero se opone abiertamente y condena al que se presuma con facultad de poderlo realizar con las armas de la sátira, el sarcasmo y la ironía, interesándose en tal orden de reforma no sólo la sagrada religión, por sí sola indestructible, sino muy particularmente el estado que tan justamente exige la subordinación, el orden y el respeto a las legítimas autoridades.
El vicario capitular, serenísimo señor, descansa ya, habiendo desahogado sus justos sentimientos ante vuestra alteza, firmemente confiado de que su suprema autoridad providenciará los medios más eficaces para corregir los males expresados, haciendo respetar la sagrada religión que por la misericordia del Altísimo es la que caracteriza a la nación española y la que atraerá las bendiciones del cielo sobre las empresas y trabajos de vuestra alteza.
Dios guarda a vuestra alteza muchos años. —Cádiz, 15 de abril de 1812.— Serenísimo señor Mariano Martín de Esperanza.(2)
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.
(2) Mariano Martín de Esperanza. Autor de Exhortación del Vicario Capitular... a sus diocesanos para confirmarlos en la fe en Jesucristo.