SOBRE UNA RIDICULEZA COMO DECIR: SOBRE EL DIÁLOGO FINGIDO
ENTRE DON JUSTO, DON CÁNDIDOY DON YUCUNDO, COMO EL PRESENTE
ENTRE TÍO TORIBIO Y JUANILLO(2)
JUANILLO: ¡Albricias, tío, albricias!
TORIBIO: ¿De qué, muchacho? ¿Me he sacado la lotería?
JUANILLO: No; sino de un papel muy curioso que traigo a usted.
TORIBIO: Sí; ¿de qué trata?
JUANILLO: Es un diálogo contra El Pensador.
TORIBIO: ¡Vaya, que has comprado buena ancheta!
JUANILLO: Pues qué ¿tan malo es?
TORIBIO: De los perros no había de serlo tanto.
JUANILLO: Yo lo leí apenas de paso y me pareció fundado.
TORIBIO: ¿Has leído los anteriores?
JUANILLO: No, señor.
TORIBIO: Pues ahí tienes dos motivos por los que no puedes juzgar rectamente del mérito del diálogo; el primero: porque no te has hecho cargo de las razones de El Pensador ni de la cuestión que se ventila; y el segundo, porque aun ese papelucho lo leíste una vez y de prisa. Así leen muchos y juzgan tan bien como tú.
JUANILLO: Me doy por convencido; pero dígame usted ¿quién será el autor de tal diálogo, porque algunos opinan que es el mismo Nugagá?(3)
TORIBIO: Acaso no están muy lejos de la verdad los que así lo creen; pero a mí nada me importa que el autor sea quien fuere. Yo hago mi crítica sobre las obras, no sobre los autores, y por la presente del diálogo conozco que su autor no es lo que presume.
JUANILLO: ¿Pues de qué presume, tío?
TORIBIO: De sabio, hombre, pues ¿no ves el entono con que escribe?
JUANILLO: Es verdad; pero ¿cómo se conoce eso sólo leyendo sus papeles?
TORIBIO: Porque todos los árboles se conocen por sus frutos. Si tú ves una bellota, ¿dirás que la produjo un almendro, o una tosca encina?
JUANILLO: Yo sé que las insípidas bellotas son hijas de las encinas groseras.
TORIBIO: ¿Y es menester que veas la encina para creerlo?
JUANILLO: No por cierto.
TORIBIO: Así tampoco es necesario conocer a los autores para saber si son sabios, si son atentos, presuntuosos, vanos, ignorantes, etcétera, basta ver sus producciones. Así como mientras no suena una campana, tú no puedes hacerte juicio qué tal será, pero en sonando, al instante, conoces si es fina, u ordinaria, si está buena o cascada, así tampoco te podrás hacer cargo del fondo de ninguno mientras calle; pero después que suene con la lengua o con la pluma, al punto advertirás la calidad de su metal; y ve aquí de paso la causa porque no escriben muchos que pasan plaza de sabios; porque saben la grosería de su metal y temen sonar porque no se la conozcan.
JUANILLO: En efecto, conozco algunos bachilleres de estrado capaces de hablar en una hora millón de despropósitos, e incapaces de poner bien un convite de funerales. Pero lo cierto del caso es que, haya o no haya sido Nugagá el autor del diálogo, a él no le han faltado aduladores como el Patricio Vero(4) de las fabulillas de los diarios de estos últimos días.
TORIBIO: Mira, has de saberte que es un modo muy viejo y común en aquellos que quieren hacerse del nombre de autores, escribir ellos mismos sus apologías y bautizarlas con los nombres que se les antoja. Habrás notado en el principio de muchos libros antiguos una descubierta formidable de epigramas, sonetos, endecasílabos, décimas, redondillas, etcétera, en elogio del autor, cuyos batidores anteceden a la obra para prevenir el ánimo de los tontos en su favor...
JUANILLO: Espere usted, pues ése es un modo muy mezquino y ajeno de los verdaderamente sabios; porque la recomendación de una obra la ha de traer la obra misma y no estos pueriles adminículos.
TORIBIO: Así es como debe ser.
JUANILLO: Y también es decir que Nugagá ha compuesto sus fabulitas en el Diario y su diálogo "Tripersono" lo que no le hará jamás ningún honor.
TORIBIO: Yo hasta ahora no he dicho tal cosa; sólo lo doy a entender, pero sea de esto lo que fuere, Nugagá es digno de lástima, haya sido el autor de sus apologías, o no haya sido. Si él fue, se conoce la poca confianza que tenía de su obra, pues la arrimó tan débiles puntalitos, y si no fue, es más digno de lástima, porque se han encargado de alabarlo unos panegiristas tan motrocos como el Patricio y el Dialoguero.(5)
JUANILLO: ¿Pero por qué, tío? Ya tomara El Pensador desde que escribe sus pensamientos haber tenido unas alabanzas públicas de ese tamaño.
TORIBIO: No tomara tal; porque has de saberte, que así como satisfacen y honran las alabanzas de los sabios, así envilecen y desacreditan los aplausos de los necios. ¿Has leído la fábula tercera de Iriarte?
JUANILLO: No, señor.
TORIBIO: Pues óyela, que es bonita y cortita.
El oso, la mona y el cerdo
Un oso con que la vida
ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza, ensayaba en dos pies.
Queriendo hacer de persona
dijo a una mona ¿qué tal?,
era perita la mona
y respondióle: muy mal.
Yo creo, replicó el oso,
que me haces poco favor.
¿Pues qué mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?
Estaba el cerdo presente
y dijo: ¡Bravo! ¡Bien va!,
bailarín más excelente
no se ha visto ni verá.
Echó el oso, al oír esto,
sus cuentas allá entre sí,
y con ademán modesto
hubo de exclamar así:
-Cuando me desaprobaba
la mona, llegué a dudar;
mas ya que el cerdo me alaba
muy mal debo de bailar.
Guarde para su regalo
esta sentencia un autor.
Si el sabio no aprueba, malo
y si el necio aplaude, peor.
JUANILLO: ¡Caramba en la fabulita! Chiltipiquín(6) se le ha de figurar a los interesados por lo picante; pero a El Pensador no le ha de haber sabido muy bien el verse criticar tan agriamente por ese complot de Zoilos que en estos días se han conjurado contra él.
TORIBIO: Pues yo aseguro que te engañas. No es tan cobarde El Pensador que se le ha de caer la mollera por las alharacas de unas cuantas ranas vocingleras, que después de tanto charlar, ni aun se atreven a sacar las cabezas de sus charcos.(a) Fuera de que, ¿sabes lo que hacen estos Zoilos a su pesar?, hacer lucir a El Pensador, porque como sus críticas son tan absurdas, tiene aquél bastante campo para batirlos y llenarlos de vergüenza.
JUANILLO: Primero había de ser que la tuvieran, y a más de eso, que son autores sin nombre, incógnitos; por eso no se firman, para no exponerse a que, cuando queden mal, los señalen con el dedo y digan: "aquél y ése y el otro son los rivales de El Pensador, han quedado lucidos: ¡qué necios son! ¡Qué charlatanes!" Si por un truco alto El Pensador hubiera sido más humilde o más bobo y te hubiera callado la boca, entonces sí, entonces hubiera sido cacarear el huevo; no habría uno solo a quien no dijeran: "nosotros lo hicimos porque quisimos; revolcamos a El Pensador, úchile, úchile, que hemos quedado bien"; pero como cuando tomaron la pluma, no sabían si El Pensador rebatiría impugnaciones, lo mismo que escribía Suplementos, tomaron el partido de tirar la piedra y esconder la mano, y así publicaron sus críticas a "Dios te la depare buena", o como decía el otro: "a ver si topa"; pero parece que todos ellos han topado con la horma de su zapato.
TORIBIO: Eso es evidente, y si antes de vencer a El Pensador, ya un crítico dice: Yo soy en otomí,(b) ¡qué fuera si cantara la victoria!, pondría carteles y en ellos su yo soy en latín, en castellano, en vascuense, en francés, en italiano y hasta en arábigo para que no quedara perro ni gato que no conociera al autor de tan erudito y recomendable trabajo; pero de éste lo ha librado El Pensador apretándole la mano un poquillo en su escudo, que aunque él o ellos lo llamen de hojarasca, creo que es más que suficiente para quebrar en él palos de barquillos, pues, de aquellos barquillos de oblea endulzada que luego andan gritándolos en el Coliseo: "al barquillero, niñas". ¿Me entiendes? Pues ya ves que está claro que a palos de barquillos, se deben poner escudos de hojarasca; y yo voy al escudo, y más si es de dos o tres semanas y revuelto con maíz; pero dime: tú le vas cargando la mano a Nugagá, ¿y si no es él el autor del diálogo?
JUANILLO: A lo menos si él no es, los autores del diálogo se identifican con él en el estilo, en la forma silogística, en la moderación, etcétera; y por último yo creo que Nugagá fue el autor del diálogo o tuvo parte en él. Si fuere verdad, harina y pan para las monjas de San Juan, y si fuere mentira, pan y harina para las de Regina. Pero como digo uno, digo otro. Así como creo que Nugagá tuvo parte en este diálogo, así creo que el día que salió, habas se le podrían tostar en el lomo a El Pensador.
TORIBIO: No sé si te engañarás en lo primero, pero sí sé que te engañas en lo segundo. Nada se le dio a El Pensador; lo que dijo luego que lo leyó, fue lo de Horacio: Parturient montes, etcétera.
JUANILLO: ¿Y qué quiere decir eso?
TORIBIO: Los del parlamento de Nugagá saben bien la fabulita, pero otros, como tú, no la saben. Fue el caso, que un día que amaneció más temprano, comenzaron a estremecerse los montes con espantosos crujidos, a bramar los vientos y a revolverse los mares con desusadas olas. Al instante corrió la voz entre los animales de que todo aquel desorden era porque la tierra estaba de parto. Sorprendiéndose todo viviente irracional y trataron de esconderse unos en las más ocultas cavernas, otros en el fondo de las aguas y otros en las bóvedas del cielo, temerosos de que, según el estrépito y alharacas de la Tierra, pariría ésta un monstruo de tan deforme tamaño y fiereza, que se engulliría los leones, tigres y elefantes como confites, y se tragaría los delfines, ballenas y tiburones como alcachofas. Pendientes estaban de su suerte, y temblando de miedo, cuando he aquí que se sosegó la Tierra, aquietáronse los vientos y serenáronse las aguas porque ya había nacido la criatura. Van los animales sacando la cabeza a ver cuál era el temido monstruo, y van mirando que parió la Tierra... ¿Qué cosa?, un ridículo ratón. Aquí fue la grita y la mofa por los anteriores escándalos.
JUANILLO: Fue muy justa.
TORIBIO: Pues ésta misma merece todo escritor que, después de muchas fanfarronadas y faramallas, sale con unas impugnaciones débiles, infundadas y faltas de los que se llama verdadero criterio. Y esto es lo que ha sucedido a Nugagá y los nugaguitos con El Pensador.
JUANILLO: Pero sin embargo, a mí me da lástima el pobre por verlo combatido de tantos.
TORIBIO: Pues no te la dé, que estos mismos combates le dan materia para quedar bien y él jamás debía esperar otra cosa de sus ingratos y necios paisanos,(c) sino sátiras, burletas, y odiosidades; éstas mismas son documentos de lo que tiene dicho acerca de la ignorancia y desunión característica de los más de ellos. A más de que a él no se le esconde que todo escritor público está expuesto a la zumba de esta clase de criticastros. ¿Sabes quién hizo pedazos la célebre Ilíada de Homero?, un burro puerco. Gronovio(7) y Gaspar Scioppio(8) censuraron a los mejores sabios de su tiempo como Fuller,(9) los Escalígeros,(10) Lipsio,(11) el Tuano, Posevino,(12) Vosio,(13) Estrada,(14) y lo que es más, acusó el primero de barbarismos al mismo Cicerón. Francisco Claudio Verdier(15) no perdonó con la mordacidad de su pluma a Horacio ni a Virgilio, pero ¡qué mucho!, si no perdonó a su mismo padre como escritor. Francisco Robertelo(16) censuró a Alciato,(17) Sigonio,(18) Egnacio.(19) Alejandro Tassoni(20) escarneció al Dante, Petrarca y Ariosto, cuyos nombres pronuncian los sabios con respeto y Nicolás Viloni, italiano, se jactaba de que había recogido más de quinientas sentencias disparatadas del divino Homero, a quien los de Esmirna consagraron una basílica en su ciudad como a su Dios. ¿Qué te podré decir de un Poggio,(21) de un Pedro Ramo, de un Jorge Trapezuncio,(22) de un Julio César Escalígero?, ¿Qué de una mujer necia que escribió contra el divino Teofastro?(23) ¿Qué de un Demóstenes cocinero que censuró la teología de san Basilio?, ¿Qué de un Juan Ludovico que trató de ignorante a san Agustín, etcétera, etcétera? Los libros, hijo, nos enseñan que nadie se libra de esta plaga de Zoilos; pero por eso un sabio decía a otro: "¿no le parece a usted que lo mismo es esto que ver salir de sus cavernas una tropa de ratones armados todos ellos de unas pajuelas por lanzas, y correr con ellas contra los mismos leones? ¿No le parece a usted que es una especie de la guerra de los gigantes contra el cielo?" Lo mismo te digo yo. Estas contiendas literarias deben verse por El Pensador como asaltos de ratones.
JUANILLO: Es verdad y hará muy mal éste si continuare contestando a estas miserables lagartijas, porque será motivo de que repitan:
Valemos mucho
por más que digan.
Pero como las paredes tienen oídos y ojos, según cuentan, estoy pensando que no fuera malo que analizara usted un poquito el diálogo, no sea que nos escuche algún malicioso y diga que después de tanto hablar, no hemos hecho sino despreciar esta obrilla y decir que su estilo es cansado, sus fundamentos ningunos, sus argumentos sofísticos y sus mentiras muchas, pero que esto no necesita de prueba, pues nadie está obligado a creernos sobre nuestra palabra como pretenden los críticos ineptos.
TORIBIO: Y en efecto, dirán bien; pues vamos, criticaré los más crasos defectos de ese papel, pues, no seriamente... muy por encima... deben notarse... sus tonterías. Atiende, y replica lo que no te convenza.
En tono de burleta grita Nugagá que El "Pensador ha cantado la palinodia redondamente"; esto es, que se ha desdicho de la generalidad con que suenan sus proposiciones acerca del juicio que se ha formado del carácter de los más de los americanos...
JUANILLO: Perdone usted tío, ¿y El Pensador ha mudado de opinión? ¿Se ha retractado de ella?
TORIBIO: No; él está en sus trece y lo dice bien claro en la página 44 de su Suplemento impugnado.
JUANILLO: ¿Y a eso qué responden los nugaguitos?
TORIBIO: Nada. Huyen la dificultad, convencidos de la razón y se contentan con repetir dos veces en la página 2 del diálogo que cantó la palinodia redondamente.
JUANILLO: ¿Conque todo este triunfo lo cantan ellos porque El Pensador dice ingenuamente que suenan generales sus proposiciones.
TORIBIO: Así es.
JUANILLO: ¡Qué cabezas! Cuando hallaron estas proposiciones y leyeron la confesión de El Pensador, se me hace que saltaron de gozo más huecos que saltó Arquímedes del baño cuando encontró la resolución del problema de la corona. Ya la hallé, ya la hallé, dirían. Pero ¿qué hallaste, Nugagá? ¿Qué hallaste justo pastor? ¿Qué encontraste miserable patricio? ¿Cómo qué? Hemos hallado (dirían) una falta en El Pensador y él mismo no la niega. ¿Qué falta es esa? Una generalidad. ¿Pero él cuando la confiesa, no hace ver que fue una inadvertencia y no su modo de pensar en la materia? ¿No cita todo su número 18 que está lleno de excepciones, las más claras y las más sencillas?, es verdad; "pero Nugagá -dicen en la página 2 del diálogo- no se ha metido a impugnar cosa alguna de ése, ni de los anteriores números" y así la defensa de El Pensador "no viene al caso..." Hombre, dijera yo, conque cuando escribió un descuido viene al caso el que lo impugnes y cuando se defiende con otros escritos suyos, entonces éstos no vienen al caso, ¡Qué malos son estos señores para jueces y qué lindos para escribanos! ¡Qué bien harían cargos al pobre reo y qué mal atenderían sus excepciones! ¡Pobre del que confesara su delito; ya no le oían más, sino que lo condenaban redondamente!
TORIBIO: ¿Sólo eso hallas que oponer en ese punto?
JUANILLO: ¿Y qué más? ¿No es bastante necedad criticar una cosa que merece alabanza? Eso es, haber El Pensador confesado sinceramente su ligero descuido.
TORIBIO: ¿Qué dijeras si te hiciera ver la mala fe de Nugagá y los nugaguitos?
JUANILLO: ¿Cómo? ¿Eso también? ¿Pues no tienen tanta moderación?
TORIBIO: Pues mira, toma el papel de Palos a El Pensador.(24) Lee la página última.
JUANILLO: Dice así hablando a El Pensador: "si usted quiere merecer la estimación pública, desdígase de tamañas injurias, confiese su error que seguro está que esta ingenua confesión sea un obstáculo para granjearse el aprecio público. Dé usted este paso..."
TORIBIO: Y para, tú ahí, ¿entendiste? ¿Lo leíste bien?
JUANILLO: Sí, señor.
TORIBIO: Pues ya ves como quiere que El Pensador se desdiga de su generalidad. Lee ahora la página 2 del diálogo, aquí.
JUANILLO: Dice: "El Pensador había de probar que estaba bien dicho lo del papel impugnado", esto es, la generalidad sobre lo que recayó la impugnación, ¿no es esto?
TORIBIO: Eso es.
JUANILLO: ¡Se dará mayor picardía! Conque primero, "desdígase usted, confiese su error", y después de confesado: "El Pensador no se debía haber retractado", que a eso equivale: "que había de haber probado que estaba bien dicho lo del papel impugnado;" como quien dice; se debía haber sostenido en la generalidad. ¡Válgame Dios y que así haya hombres tan tontos que me hicieron creer un instante que el diálogo era parto de literatos y que así hablen sus autores escasos de juicio, lógica, moderación! Vaya, vaya. Pero tío, si hemos de ir examinando el arrogante diálogo punto por punto, no acabamos de aquí a un mes; fuera de que no es lo tratado hacer un análisis completo, eso sería honrar mucho a los Nugagás, y darles motivo de que repitan
Valemos mucho
por más que digan.
TORIBIO: Dices bien y ya verás como ellos son los que huyen el cuerpo a las dificultades de El Pensador. Nada dicen a la retorsión que hizo a Nugagá, cuando éste quería probar con el ejemplo de las tropas criollas y testimonios de las gacetas, la unión y valor de todos los americanos. El Pensador le retorció el argumento con las mismas gacetas y con los mismos criollos más en número y Nugagá y sus apologistas se quedaron con la negada y se quedarán para siempre, porque eso no se insta con algarabías.
JUANILLO: Es cierto; pero ¿por qué dice usted que Nugagá quiso probar con ese argumento la unión y el valor de todos los americanos? Aquí está el párrafo de la página 4 de Los Palos, y lo que dice es: "en los americanos hay la virtud de la unión," etcétera, no dice en todos. Los abogados de Nugagá (o él mismo) dicen que: "no pensó en ese disparate".
TORIBIO: ¿Dónde lo dicen?
JUANILLO: Aquí en la página 3 del diálogo.
TORIBIO: ¿Es cierto, pero lo peor es que ya su generalidad la calificaron de disparate. No llegó a tanto El Pensador, se contentó con llamar a la suya inadvertencia.
JUANILLO: Pero, ¿por qué dice usted que eso es lo peor?
TORIBIO: Porque después que han confesado que es disparate y que han dicho que Nugagá no pensó en él, ellos mismos lo condenan en el propio papel.
JUANILLO: ¿En el propio?
TORIBIO: Sí, en el propio. El Pensador dijo: "que los criollos habían sabido conservar los defectos de los españoles," etcétera. Se quiso hacer general la proposición y él se defendió diciendo que él no había dicho todos, sino los. Lee su Suplemento de 24 de febrero.
JUANILLO: Es verdad, aquí está en la página 49.
TORIBIO: Pues contra esa solución dicen los Nugagás que "aunque no quiera, la proposición es tan general como las que más". Mira cómo lo prueban. Dicen en la página 6 de su famoso diálogo... pero leelo tú.
JUANILLO: Dicen, pues: "¿Es general esta proposición? Dios crió los animales... Sí es... ¿y hay en ella la palabra todos?... No... Luego no es necesario que se diga todos los animales, pues todos se comprenden con sólo el artículo los..."
TORIBIO: Basta. Ya ves probado el disparate de Nugagá por sus mismos apologistas ¡y qué chasco fuera si él fue el autor del diálogo y se condenó con su misma pluma! Atiende la aplicación: él dijo (página 4 de sus Palos) "en los americanos hay la virtud de la unión", que es lo mismo que decir: en todos los americanos hay esta virtud, sin que haya uno solo que no l atenga y esta generalidad disparatada se le pruebe con la página 6 del diálogo, donde dice o dicen por él, que lo mismo significa los que todos, y después se le aplica la reglita de lógica que nos hizo favor de enseñar.
JUANILLO: Esta quinada está muy clara e innegable; ¿y así se atreven a criticar a El Pensador con tanta vanidad? ¡Miren quién hizo a quién cargo tan fútil, una cigarra al animal más útil! ¡Sobre qué están citados los papeles y las palabras! Reniego del diálogo. ¡Y que hubiera yo gastado mi real en esa porquería!
Dice también que "todo el mundo sabe que los estudios de El Pensador han sido ningunos".
TORIBIO: Así se habla un desatino con garvete. Yo no quiero decirte dónde estudió, qué cosa, quiénes fueron sus maestros, ni otras menudencias que ni tú preguntas, ni es menester decirlas para satisfacer a nadie, pero dime ¿has leído la obrita de El Pensador?
JUANILLO: Sí he leído.
TORIBIO: ¿Y has advertido que suele copiar latín y lo traduce; pone sus argumentos ya en forma, ya en materia; conoce lo que es sofisma, advierte una disparidad, hace una retorsión, rechaza una mala consecuencia; habla de moral, y suele citar autores teólogos y legistas para corroborar sus opiniones, como también concilios, leyes y santos padres; ameniza su obrita con algo de historia sagrada y profana, procura colocar su castellano con un estilo popular, pero no muy enfadoso, sabe usar cuando le conviene de las figuras retóricas, etcétera.
JUANILLO: Todo eso es constante.
TORIBIO: ¿Y crees tú, que eso se aprende jugando a la taba?
JUANILLO: Ni por pienso.
TORIBIO: Pues ahí tienes una de dos; o El Pensador tienen ciencia infusa, o los nugaguitos han faltado a la verdad. No lo primero, luego lo segundo.
JUANILLO: Poco a poco, tío, que eso es decirles en buenas palabras que mienten en asegurar que El Pensador no ha tenido ningunos estudios.
TORIBIO: Los que vean estos defectos del diálogo, imparcialmente dirán cómo se llama el que de propósito falta a la verdad, pero éste no es el único dato con que se les prueba esta inexactitud en lo que escriben, sea por ignorancia, sea por mala fe; todo es malo.
Dijo Nugagá en la página 2 de sus Palos: "que existía un testimonio irrefragable en letras de molde, entre los papeles de El Pensador, de que éste sabía lisonjear muy bien". Apretóle sobre esto El Pensador diciéndole claramente (Suplemento de 24 de febrero) digo a usted: "que no hay tal testimonio de mi lisonja entre mis papeles". Leelo...
JUANILLO: Está claro.
TORIBIO: Le urge El Pensador a Nugagá con que señale el papel, y como no lo pudo señalar, le levantan otro testimonio a El Pensador, diciendo "que al fin del párrafo confiesa éste, que existe el tal papel lisonjero". Lee la página 4 del diálogo.
JUANILLO: Es cierto, aquí lo dice.
TORIBIO: Pues nota la mentira. Prueban que lo dijo El Pensador, levantándole que se expresó con estas palabras: "que Nugagá y él solitos saben de qué papel se habla" y El Pensador no dijo tal, sino esto: "Usted y yo solitos sabemos de qué papel" quiso hablar; míralo en el Suplemento citado página 48.
JUANILLO: Es verdad; esta mentira está innegable. ¡Qué va de decir sabemos de qué papel quiso hablar usted a de qué papel se habla impersonalmente? Las palabras de El Pensador urgían mucho a Nugagá en este punto, y no tuvieron los nugaguitos otro arbitrio para iludir su fuerza que faltar a la verdad, ¡pero con qué garbo!, sobre que son tan lógicos. Mas lo cierto es que no señalaron el papel; se han quedado con la negada y se quedan con esta otra de que El "Pensador jamás ha confesado, ni al fin, ni al principio de su párrafo, que existe tal papel suyo lisonjero"; negadas son éstas que las responderán en tres plazos.
TORIBIO: Pues aún falta otra mentirilla.
JUANILLO: ¿Todavía?
TORIBIO: Todavía, sí, esta fruta anda barata en la huerta de esos señores. Óyela...
JUANILLO: No, por Dios, ya estoy plenamente convencido del gran talento, lógica, moderación y buena fe de los autores del diálogo. Sé muy bien que sobra paño de qué cortar para criticarlo con la solidez que hasta aquí, sobre que todas las quinadas las da usted con sus mismos papeles. Quedo escarmentado para no volver a gastar mis realillos tan mal. A Dios.
TORIBIO: A Dios.
NOTA : Ciertas ocurrencias que no pueden de mi arbitrio han retardado hasta hoy la publicación de este papel.
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.
(2) Se refiere al periódico titulado Diálogo sobre El Pensador Mexicano de 24 de febrero de 1814 entre don Justo, don Cándido y don Yucundo. Anónimo. México: en la Oficina de don Mariano Ontiveros, año de 1814, 8 pp.
(3) Nugagá. Cf. t. III, núm. 6, nota 2.
(4) Patricio Vero. Cf. "Introducción", p. 5.
(5) Dialoguero. Alude al autor del diálogo susodicho, que no firmó su periódico.
(6) chiltipiquín. Guindilla, pimiento rojo o verde muy picante. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(a) Esto quiere decir que no se atreven los críticos de El Pensador a firmarse con sus mismos nombres, sino sinónimos, lo que arguye no mucha satisfacción de sus críticas.
(b) Nugagá en esa lengua quiere decir "yo soy". Traslado a los indios, que yo no sé otomí.
(c) Se habla con los ingratos y con los necios.
(7) Gronovio. Juan Federico Gronov (1611-1671). Comentarista y editor germano-holandés. Latinizó su nombre en Gronovius. Publicó sus comentarios a varios clásicos latinos como Plauto, Tito Livio, Estacio y otros. Tiene un estudio sobre monedas titulado: Commentarius de sistertiis.
(8) Gaspar Scioppio. Gaspar Scoppius (1576-1649). Filólogo alemán. Hizo pública su abjuración del protestantismo. El pontífice lo nombró caballero de San Pedro y conde del Sacro Palacio, con una pensión y residencia en el Vaticano. Propuso para los herejes las medidas más crueles, y aun el exterminio, como lo revela en Classicum belli sacri hoc est de christiani caesaris erga principes ecclesias rebelles. Como filósofo moral siguió las huellas de Justo Lipsio en Elementa philosophiae et stoicae morales, donde proclama la superioridad de la filosofía estoica sobre la escolástica.
(9) Fuller. Tomás Fuller (1608-1661). Eclesiástico anglicano, historiador y escritor, estimado por Coleridge y Lamb. Sus obras son Church History in Britain, Worthies of England, The Holy State and the Profane State, etcétera.
(10) los Escalígeros. Referencia a Julio César y José Augusto Escalígero, padre e hijo respectivamente. El primero (1484-1558), italiano, fue naturalista y escritor; escribió, entre otras, Adversus Desiderium Erasmus gratio, Comentariis in Hippocrates librium, De insomnis, etcétera. José Augusto (1540-1609), filólogo y erudito francés. Abrazó el protestantismo en 1562. Es considerado el padre de la ciencia cronológica. Escribió De enmendatione temporum y otras.
(11) Lipsio. Justo Lipsio (1547-1606). Humanista belga. Tradujo a Tácito, Valerio Máximo, Séneca, Veleyo, Patérculo, etcétera. Realizó trabajos de crítica filológica, de filosofía y de antigüedades romanas. Entre sus obras: Variarum lectionum libri quatuor, De constantia, Politicorum sive civilis doctrinae libri sex, etcétera.
(12) Posevino. Antonio Possevino (1533-1611). Maestro italiano de los príncipes Francisco y Escipión Gonzagas. Al ser propuesto secretario del emperador Francisco I renunció a todo y entró a la compañía de Jesús. En el ducado de Saboya combatió a los herejes por orden de Diego Láinez. Se ordenó de sacerdote en 1561 y más tarde predicó contra la herejía en Francia.
(13) Vosio. Gerardo Juan Vossius (1577-1649). Erudito alemán. Catedrático de elocuencia en las universidades de Leyden y Amsterdam. Publicó Rethorica contracta, Historiae de controversiis quas Pelagius ejusque reliquae moverunt libri VII y otras obras.
(14) Estrada. Famiano Estrada (1572-1649). Historiador y religioso italiano, profesor del colegio romano. Autor de De bello belgico decades II (1623-1647), que estudia los hechos históricos entre 1535 y 1590. El libro se caracteriza por su imparcialidad; no obstante, fue criticado por su falta de método y constantes digresiones. Melchor de Novar tradujo su obra al español bajo el título de Guerra de Flandes desde la muerte del emperador Carlos V hasta el fin del gobierno de Alejandro Farnesio.
(15) Francisco Claudio Verdier (1651-1730) Discípulo de Lebrun y colaborador suyo en varias de las obras que figuran en el Louvre, Versalles y Trianon. Pintó Combate de Hércules contra Genón, Historia de Sansón, etcétera.
(16) Francisco Robortello (1516-1567). Humanista italiano, filólogo, editor de textos clásicos y profesor de elocuencia griega y latina en Luca, Pisa, Venecia, Bolonia y Padua.
(17) Alciato. Andrés Alciato (1492-1550). Jurisconsulto italiano, el primero en emplear el método científico en la historia del derecho. Se le considera fundador de la escuela humanista de derecho, frente a la escuela escolástica que había predominado hasta entonces. Escribió Paradoxa, De verborum significatione, comentarios al Digesto, al Corpus Iuris, etcétera.
(18) Sigonio. Carlos Signonius (1520-1584). Italiano; enseñó en Venecia, Padua y Bolonia. Dejó escritos sobre la antigüedad romana y la historia de la Edad Media, publicados todos en Milán (1732-1737) en siete volúmenes. Se le considera el creador del arte de descifrar las escrituras antiguas.
(19) Egnacio. Giambattista Cipelli Egnacio (1473-1553). Italiano. Discípulo de Policiano y condiscípulo del pontífice León X. Profesor de elocuencia en su ciudad natal. Autor de De caesaribus libri III a dictatore Caesare ad Constantinum Paleologum hinc a Carlo M. ad Maximiliarum Caesarum y otras obras.
(20) Alejandro Tassoni (1565-1635). Literato italiano, considerado el máximo exponente del poema heroico-cómico. Entre sus obras figuran La secchia rapita, L'oceano, etcétera.
(21) Poggio. Poggio Brancciolini (1380-1459). Humanista italiano. Fue secretario apostólico. En 1416 encontró en el monasterio de Saint-Gall un ejemplar completo de las Institutiones oratoriae de Quintiliano, los tres primeros libros y la mitad del cuarto del poema Argonautica de Valerio Flaco, el comentario de Ascondio Pedanio a varios discursos de Cicerón, etcétera. Posteriormente, sacó del olvido la historia de Amiano Marcelino, el libro De rerum natura de Lucrecio y otros. Tradujo del griego la Ciropedia de Jenofonte y escribió varios libros.
(22) Jorge Trapezunzio. Escritor que, junto con otros célebres maestros, ilustra el estudio griego en Florencia.
(23) Teofrasto (372-287 a. C.). Filósofo griego, discípulo de Aristóteles. Escribió sobre una diversidad de asuntos, pero pocas de sus obras han llegado hasta nosotros. Las más conocidas son Historia de las plantas y el opúsculo Carácter.