¿SI VESTIRÁN DE HUEHUENCHE
AL SEÑOR EMPERADOR?(1)
¿Conque se está tratando con el mayor empeño de trazar el vestido conque debe lucir nuestro amado AGUSTIN I(2) el día de su coronación? ¿Conque para que aquél sea de lo más magnífico no se han perdonado diligencias? Así ha sido: la Comisión ha estado en la biblioteca, se han citado maestros plateros, pintores, sastres, bordadores y qué sé yo qué más; se han revuelto mil libros, se han visto mil y mil estampas de todos los emperadores del mundo, y se ha discutido el asunto con la mayor detención.
Todo este cuidado y esmero me parece muy justo y muy debido al héroe de Iguala; pero lo que no me parece bien es que nos lo vayan a ridiculizar, queriendo adornarlo con novedad.
He oído decir que unos quieren que su vestido sea a la europea, otros a la mexicana, y otros un mixto de ambos trajes. Unos quieren vestirlo como los emperadores de Alemania, otros como los romanos, y no pocos como los Napoleones. Me aseguran que unos le señalan el manto imperial de color de púrpura, con águilas bordadas de oro; otros quieren que sea guadalupano, esto es, azul, sembrado de estrellas,(3) lo que será muy bueno para confundirlo con los mantos capitulares de la orden. Dicen que tendrá su tunicela(4) blanca, calzón blanco con olanes y botín de oro. Esto sí será lo más bien pensado para hacerlo comparecer como legítimo huehuenche de danza de indios.(5) ¡Qué buen bobo fuera yo, siendo emperador, de dejarme vestir al gusto de otros! ¡Y más si el vestido que me designaban era ridículo y de mojiganga!(6)
El empeño de unos es seguir la rutina de la Europa, el de otros separarse de ella y vestirlo como Moctezuma, y el de los últimos vestirlo de todo, de europeo y americano. ¿Quiénes acertarán de todos? Yo creo que ningunos, y si algunos piensan con más prudencia, son los que lo quieren vestir a la europea, porque ¿qué importará que los demás no quieran parecer rutineros en esto, si al fin lo somos todos y por todo, no como quiera de la Europa, sino de nuestra madrastra la España? ¿Qué se oye en el Congreso sino el idioma español agüehuenchado?(7)Todo es: Constitución española por acá, así lo dice la Constitución por allá, los decretos de Cortes de España dicen esto, las leyes de Castilla previenen lo otro, etcétera, etcétera, etcétera, y todo se vuelve españolizarnos sin necesidad, sin cálculo y sin previsión muchas veces.
Y si no, dígaseme ¿qué necesidad tenemos de esas universidades españolas, en las que no hacen sino perder el tiempo los alumnos y entorpecer su carrera algunos jóvenes paseadorcillos por una parte, y de talento y aplicación por otra? Punto es éste que ya se ha tocado por algún señor representante, siendo de no poco interés su decisión, así como la abolición de las dichas universidades. Me explicaré. Es de reglamento que nadie pueda bachillerarse sin haber cumplido los cursos del estatuto, esto es, sin haber perdido las mañanas en la Universidad por tiempo de seis meses; y si algún tunantillo estudiante se ha paseado y no logra la certificación de haber cursado el dicho tiempo, ya destripa(8) el curso, no se bachillerea, no hace carrera y se extravía, aunque tenga más talento que Salomón. Ésta es una de las ventajas que nos proporciona la tal Universidad; pero ¿cómo quitarnos de este embarazo? Sobre que es establecimiento español, con sus titulazos, con sus catedráticos, síndicos, bedeles, rectores, secretarios, bibliotecarios y otros empleados que no pueden perder sus destinos.(9) No, señor, candileta, dijeron nuestras antepasadas y candileta hemos de decir nosotros.(10) Universidad dijo España y Universidad hemos de tener nosotros; aunque no sirva de más que de hacer perder el tiempo a los jóvenes, consumir dinero en sueldos inútiles y embarazar la marcha a los talentos juveniles.
¿No es esto una vergüenza? ¿No es una rutinería(11) espantosa? ¿No dirán bien los españoles y los europeos que nada bueno sabemos inventar, sino imitar como monos a la España? ¡Eh!
Lo peor es que tenemos especial gracia para imitar los errores de los españoles; pero no sus instituciones liberales. Ya se ha dicho que se quiere tratar de pedir la Inquisición(12) al Congreso Soberano, con una representación firmada por no sé cuántos mil preocupados. ¡Quemados los vea yo a todos con lechugas verdes! Lo bueno es que ya hasta los de la chichepelada(13) saben el pan que amasaba la difunta de la vela verde, y se expondría mucho quien se atreviera a proponer en el Soberano Congreso tal blasfemia política. No, ya no entrará el Imperio de México por Inquisición, aunque se la disfracen. Los señores obispos son los únicos inquisidores natos y los legítimos jueces de fe, y nadie más. Todo otro tribunal que se ponga con este objeto es inquisición disimulada. No la consintamos; conciudadanos. Fuego y guerra contra la barrera de la ilustración, el apoyo de los tiranos y el verdugo de nuestra libertad. Antes morir que ser esclavos.
Y por lo que hace a nuestro amado emperador, trazadle un traje augusto, aunque antiguo; y no uno ridículo de vuestra nueva invención. Si me fuera consultado, yo le designaría un traje magnífico, no europeo ni ridículo, sino muy nuevo y liberal.
México, 15 de junio de 1822.
El Pensador.
(1) México, Imprenta de don José María Ramos Palomera [en el Convento Imperial de Santo Domingo], 1822.
(2) Agustín de Iturbide. Cf. nota 7 a De don Servilio al clamor...
(3) Manuel Rivera Cambas reproduce la descripción del manto guadalupano que hizo el padre Francisco de Florencia en su Zodiaco mariano: "El manto es de color verde mar, el cual cubre la cabeza dejando descubierto todo el rostro y parte del cuello; va tendiéndose airoso hasta los pies haciendo pliegues en algunas partes, y se recoge mucho sobre el brazo izquierdo entre éste y el cuerpo. Está todo perfilado con una cinta de oro algo ancha que sirve de adorno; toda la parte que se descubre del manto, está sembrada de cuarenta y seis estrellas de oro salpicadas con proporción" (se trata del manto de la imagen de la Virgen de Guadalupe que se venera en su Basílica, al pie del cerro del Tepeyac). México pintoresco, artístico y monumental, op. cit., t. II, p. 301.
(4) tunicela. Pequeña túnica. Se llama también así la vestidura episcopal, a modo de dalmática, con mangas cortas aseguradas a los brazos por medio de cordones. Usase en los pontificales debajo de la casulla y de su mismo color.
(5) Un poco antes de la coronación de Iturbide como emperador había llegado el padre Mier a México, pues iba a presentarse como diputado por Monterrey en el Congreso. "Apenas desembarcó en Veracruz, cuando se desató en invectivas contra la monarquía en términos que desde entonces se le comenzó a instruir secretamente sumaria; llegado a México, fue a presentarse a Iturbide, que se hallaba en San Agustín de las Cuevas, y sin darle el tratamiento de majestad, desaprobó a las claras su proclamación y la coronación que iba a hacerse. En boca de Mier, la consagración no era más que la aplicación del medicamento conocido con el nombre de 'vinagre de los cuatro ladrones', y la ceremonia de la inauguración de la Orden de Guadalupe con los caballeros con sus mantos y plumajes, una comparsa de las danzas usadas por los indios en sus fiestas, compuesta de personajes ridículamente vestidos, que llaman huehuenches, apodo que quedó a los individuos de aquella Orden." Alamán, Historia de México, op. cit., t. V, pp. 490-491.
(6) mojiganga. Fiesta pública con máscaras y disfraces ridículos; farsa teatral con figuras ridículas y extravagantes; por extensión, cualquier cosa ridícula que sirve de burla.
(7) agüehuenchado. Algo así como aindiado. Huehuenche es el nombre con que se designa a aquel indígena que, disfrazado, organiza y dirige las danzas. Algunos lo escriben güegüenche; la palabra es corrupción del azteca huehuetzin.
(8) destripar. Dejar un estudiante sus estudios, antes de terminarlos, para tomar otra carrera o ninguna. Santamaría, Dic. mej.
(9) El gobierno de dicha institución "estaba confiado al Claustro, siguiéndose la tradición de las universidades europeas. Se integraba por el Rector, quien representaba a la Universidad; el Maestrescuela y los catedráticos. El Claustro creció continuamente por la incorporación a él de intelectuales graduados en diversas universidades y que, conforme se unían a las facultades como maestros, iban formando parte de él [...]. El Maestrescuela o Cancelario representaba la autoridad eclesiástica, sobre todo a partir de la expedición de las bulas papales que reconocieron a la Universidad como pontificia. Los bedeles tenían a su cargo labores de secretarios. Los nombraba el Claustro. Los diputados, consiliarios o consejeros tenían a su cargo el vigilar los fondos." Consuelo García Stahl. Síntesis histórica de la Universidad de México, México, UNAM, Secretaría de Rectoría, Dirección General de Orientación Vocacional, 1975, pp. 43 y 44-45.
(10) candileta ha de ser. Como tijeretas han de ser; es decir, frase con que se da a entender que se porfía necia y tenazmente. "Alude a que no hay manera de que las monjas, y aun muchos de los clérigos mismos, digan Quam dilecta tabernacula tua, al rezar el Salmo LXXXIII." Rodríguez Marín, Más de 21.000 refranes castellanos, Madrid, Tip. de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, p. 68. Fernández de Lizardi, enLa igualdad en los oficios. Diálogo entre un zapatero y su compadre (1812), había referido lo siguiente: "fue un obispo a un convento de monjas a asistir a unas vísperas y oyó que cantaban candiletas. Acabáronse. Hizo llamar a la abadesa y le dijo: Madre, que lean bien la antífona las religiosas; no dice candileta, sino quam dilecta. Es verdad, ilustrísimo señor, dijo la abadesa, ya lo hemos visto; perocandileta han dicho nuestras antepasadas y candileta hemos de decir nosotras in saecula saeculorum." En No es señor el que nace, sino el que lo sabe ser. O sea !a continuación del Diálogo entre el zapatero y su compadre, sobre la igualdad en los oficios,Lizardi continúa: "Verdaderamente que los extranjeros se ríen a pierna suelta de nuestras extravagancias. Nuestros mayores adaptaron algunos errores políticos. Mil veces lo conocemos; pero por no profanar el sagrado templo de la antigualla, no nos atrevemos a oponernos a ellos con firmeza, sino que estamos jurando in verba magistri, como unos platónicos alucinados, o para que usted me entienda, estamos insistiendo con nuestro disparatado candileta." Obras X, op. cit., pp. 64 y 65. Anécdota en la que abundó Fernández de Lizardi, por ejemplo, en La Quijotita y su prima y en su Constitución política de una república imaginaria.
(11) rutinería. Proceder en todo conforme a la rutina, es decir, con apego a las formas consuetudinarias que siempre han regido en su vida; contrario por lo mismo a toda innovación o renovación. Santamaría, Dic. mej.
(12) Inquisición. Cf. nota 4 de De don Servilio al clamor...
(13) chichepelada. Un cualquiera, un insolvente, el desvalido. M. Velasco Valdés,Vocabulario popular mexicano, México, Editorial Olimpo, 1957, p. 37. La difunta de la vela verde. La Inquisición.