SI MUERE EL FRAILE TRAIDOR,
QUE SEA EN LA PLAZA MAYOR(1)

 

 

 

Corre mucho la especie de que se trata de ejecutar al padre Arenas(2) ocultamente o fuera de esta capital. Si esto es así, no puede hacer cosa peor el gobierno, y ésta es la opinión general de todo americano patriota.

Antes de sentenciar a muerte a un hombre, se deben atender escrupulosamente sus descargos y las leyes que lo condenan; pero una vez sentenciado, se debe ejecutar públicamente, pues de lo contrario, el pueblo cree que el gobierno obra mal y por eso teme hacer ejecutar públicamente su sentencia.

El quitar la vida a un delincuente en un público suplicio, no es porque el gobierno se complazca con los actos fríos de la justicia, ni por satisfacer la odiosidad de los enemigos del reo, ni menos por contentar la curiosidad de un vulgo corrompido e insensible. Dos objetos tiene la ley en la publicidad de estos actos: el primero, satisfacer la vindicta pública, ofendida con los excesos del reo; y el segundo, inspirar el escarmiento en todos por medio del terror que infunde el castigo de uno, y siendo ambos objetos tan útiles a la sociedad, quedan sin efecto con la clandestinidad de la pena. Por eso dijo el rey don Alonso el Sabio que las penas capitales de los malhechores se ejecutaran inmediatamente después de la sentencia, “y de día, consejeramente é non de noche á furto”, y da la razón: “ca la justicia no tan solamente debe ser cumplida en los homes por los yerros que facen; mas aun porque los que lo vieren, tomen ende miedo é escarmiento para guardarse de facer cosa porque merezcan recibir otro tal” (ley 5, título 27, partida 3). En otra repite lo mismo: “Paladinamente debe ser fecha la justicia de aquellos que obiesen fecho porque morir, porque los otros que lo vieren é lo oyeren, reciban ende miedo é escarmiento, diciendo el alcalde ó el pregonero ante las gentes los yerros porque los matan” (línea final, título 31, página 7). El gobierno español nos dio en la época de la insurrección demasiadas pruebas de su deferencia a estar leyes y de que no nos tenía gota de miedo. De día y públicamente agarrotó a Rayón (el Negrito), a don Leonardo Bravo(3) y a Piedras,(4) al licenciado Ferrer,(5) Cataño,(6) Dongo y otros; de día, públicamente, sacó a la vergüenza a muchos patriotas decentes, y remitió en cuerdas y con grillos hasta frailes. Solamente al gran Morelos(7) lo fusiló Calleja(8)en San Cristóbal,(9) pero mediaba la razón de que se consideraba odiado del pueblo mexicano; sabía que Morelos era el ídolo de los verdaderos patriotas, y, por último, conocía que iba a cometer un asesinato, no una justicia, puesto que el infeliz héroe no debía haber muerto en virtud del indulto generalísimo concedido por el rey a los insurgentes, el que ocultó Calleja maliciosamente, y no publicó hasta el mismo día del sacrificio de Morelos, y después de saber que ya había muerto, lo que fue un nuevo insulto a los mexicanos. ¿Y qué hicieron éstos? Sentir a su héroe y callarse la boca; lo mismo harán ahora los amigos del padre Arenas, aunque lo fusilen en la Plaza Mayor, como debe ser, y la naturaleza del asunto lo exige.

Ningún suplicio clandestino honra el gobierno que así lo dispone. Lo primero de que se le acusa es de cobarde, atribuyendo esta cobardía a injusticia. Cuando el señor Bravo(10) fusiló al infeliz patriota Basiliso Valdés(11) en la Plazuela de la Paja(12) a las cuatro de la mañana, no se escapó de esta murmuración, y ofendido de ella, dijo que “no lo había hecho por miedo, y que en prueba, a otro que cayera por igual delito de conspiración lo fusilaría en la Plaza de Armas a las doce del día y con repique a vuelo.” ¿Por qué, pues, nuestro actual gobierno omitirá cumplir la amenaza del señor Bravo?, ¿y por qué no lo podrá llevar a efecto con el padre Arenas y todos los traidores, aunque sea dispensando los repiques?

Con demasiados recursos cuenta el gobierno para manifestar temor en este lance. Tiene jefes, oficialidad y tropa de su confianza, cuenta con el pueblo, que lo apoya y sostiene, y lo que es más que todo, tiene razón y obra en justicia, con que ¿no será una vergüenza que ande el gobierno manifestando miedo y debilidad a estas horas, y buscando un rinconcito donde ejecutar al padre Arenas, cuando su delito es tan público y exige que se castigue con la publicidad posible?

¿A quién teme el gobierno?, ¿a los fanáticos?, ¿a los conspiradores encubiertos? ¿Hay más que alistar la artillería y acuartelar las tropas, dando a los jefes las órdenes convenientes para el remotísimo caso de una conmoción? ¡Ojalá y nuestros enemigos se atrevieran a quitarse la máscara ese día!, ya pagarían de contado su temeridad y nosotros nos veríamos libres de ellos.

Conque si el gobierno quiere manejarse con energía y que no digan que les tiene miedo a los frailes y a los traidores, que fusile a éste públicamente, que así lo exigen las leyes, la vindicta pública, el decoro nacional y el suyo mismo.

 

México, abril 1o de 1827.


El Pensador


 

 

(1) México: 1827. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...]. Plaza Mayor o de Armas. Cf. nota 51 a La tragedia de los gatos...

(2) Arenas. Cf. nota 23 a Que duerma1.

(3) Leonardo Bravo. Cf. nota 69 a Impugnación que los gatos

(4) José Mariano Piedras. “En la mañana del 13 de Septiembre [1812] las tropas formaban un cuadro en el Ejido, en derredor de un cadalso; á la hora señalada se mostraron sobre la horrible plataforma de D. Leonardo Bravo, don José Mariano Piedras y de D. Luciano Pérez aprehendidos [...] breves momentos después todos ellos habían recibido la muerte en infamante garrote.” Olavarría y Ferrari, Episodios históricos mexicanosop. cit., t. I, segunda parte, p. 1205.

(5) Antonio Ferrer. Cf. nota 70 a Impugnación que los gatos...

(6) Ignacio Cataño. Cf. nota 71 a Impugnación que los gatos...

(7) Morelos. Cf. nota 75 a Impugnación que los gatos...

(8) Calleja. Cf. nota 36 a Impugnación que los gatos...

(9) San Cristóbal. Cf. nota 238 a Calendario histórico...

(10) Bravo. Cf. nota 78 a Impugnación que los gatos...

(11) Basiliso Valdés. Cf. nota 12 a Si a Santángelo...

(12) Plazuela de la Paja. Cf. nota 10 a Si a Santángelo...