SI EL GOBIERNO SE DESCUIDA,
TRABAJOS HAY CON LA LIGA(1)

 

 

Si uno viera a su madre durmiendo y amenazada por un enemigo astuto, y sin despertarla dejara descargarse sobre ella el golpe fatal, debería sufrir la execración universal por cruel, ingrato y desnaturalizado.

Con las mismas notas deberá cargar todo americano que en la ocasión presente, viendo a su patria amagada por la España, auxiliada de la Liga,(2) no levante la voz para excitar al gobierno y reunir la opinión de los pueblos a fin de que se pongan en estado de defensa para cuando llegue el caso de que sea necesario usarla, que no tarda mucho.

Yo, como uno de tantos, interesado en el bien general de la nación, porque de él depende también el mío particular, no puedo menos que admirarme, o mejor dicho, escandalizarme de la confianza con que vivimos, pues no parece sino que ya toda la Europa ha reconocido nuestra Independencia, que contamos con la protección y alianza de la Gran Bretaña, que España ha renunciado a sus pretendidos derechos, que no tenemos ni un enemigo interior, y que disfrutamos una paz octaviana e inalterable, siendo así que es todo lo contrario. Ni una potencia hay que haya reconocido nuestra Independencia, ni la Inglaterra ha hecho más que celebrar contratos de comercio,(3) ni la España desiste de la empresa de reconquistarnos, ni los soberanos aliados han prescindido de derrocar el sistema popular y representativo, para hacer valer el absolutismo o lo que llaman legitimidad, ni carecemos de enemigos interiores, ni hay, en fin, siquiera una vislumbre de razón en que se apoye nuestra necia confianza. Al contrario, todas las noticias que tenemos son bien tristes.

Por los periódicos sabemos que en las Antillas francesas se hallan catorce mil hombres del ejército francés; que en La Habana y Puerto Rico hay diez o doce mil hombres del ejército español.(4) Se dice que en Cádiz se alistan dos o tres navíos para aumentar la escuadra de La Habana;(5) que en el mes pasado se componía de cuatro fragatas nuevas y algunas corbetas y bergantines. También se nos repite que se prepara en la Península nuevo refuerzo de tropas, y vemos finalmente que la intención de España es la continuación de la guerra contra la América, especialmente contra México que halaga más sus esperanzas (Águila de 23 de marzo);(6) y aun se dice que ya ha salido una expedición de La Habana, que muy fundadamente podemos creer que se dirige a nuestras costas.

En momentos tan críticos vemos a las Cámaras ocuparse de asuntos que si son interesantes, no lo son generalmente a la nación; y cuyas discusiones bien podrían diferirse para después de resolverse los proyectos de defensa, que en mi entender deben ser los primeros que ocupen su atención.

¿Qué nos importa ahora que a Jalisco(7) se le den los edificios de Mezcala?(8) ¿Ni que se le conceda permiso al señor Bárcena(9) para vivir donde quisiere? ¿Ni que se le pague a la viuda de Camargo el montepío que solicita, ni otras cuestiones de este modo? Yo convengo en que su pronta resolución es útil a los interesados; pero cuando la patria está en el estado de peligrar, lo primero es lo primero. Salus populi.(10)

En estado de peligrar digo que está la patria; y no me arrepiento de decirlo, porque no me alucinan, ni menos me consuelan las especiotas de que España está impotente, que la Liga está indecisa, que la Gran Bretaña es nuestra amiga, que nuestras costas son muy enfermizas, que no tienen caballería los enemigos, que nuestros soldados son valientes, que el espíritu público está por la libertad, que nuestro clero es el más ilustrado del mundo, que no volverá ni un enemigo de los que se desembarquen, ni otras semejantes boberías. No, ni fabrico en mi fantasía castillos de papel, ni fundo la seguridad en esperanzas vagas y lisonjeras.

Conozco que en lo antes dicho hay mucho de verdad; pero no hay cuanto se cree y se necesita. Hay entre nosotros muchos y buenos elementos para no dejarnos reconquistar ni de la Europa entera, siempre que las Cámaras y gobiernos de la Federación, congresos y gobernadores de los Estados sepan dirigirse; pero también de parte de los enemigos hay muchos elementos para llevar al cabo su empresa, siempre que sepan aprovecharse de nuestra arrogante y vana confianza.

La causa de España y de la Liga puede considerarse como una misma, y como dos distintas. Es una misma en cuanto a que ni al rey de España, ni al de Francia, ni a ninguno le es conveniente que progrese el sistema de independencia que acaba de adoptar el Nuevo Mundo. Consideran muy bien que las Américas han dado a sus vasallos el mal ejemplo(a) de substraerse de su dominación, y hacerse libres el día que menos piensen. Esta consideración tan racional debe producir en el corazón de los reyes unos sentimientos muy amargos, y ¿qué remedio para endulzarlos?, tratar de cortar en su origen esta maldita idea de independencia, y para ello reunirse cinco o seis potencias que a costa de mil y mil sacrificios traten de imponernos la ley, y uncirnos de nuevo al pesado carro del vasallaje. Esto es lo que quiere la Santa Liga o reunión de tiranos, y tal querer es igual al de Fernando VII como rey. Éste con la Liga y la Liga con él caminan de acuerdo en cuanto a sofocar la libertad de las Américas.

Por lo particular a España aun hay más. Esta nación se cree con un derecho legítimo, legal y santo para tenernos bajo su dominación usque ad consumationem saeculi.(11) El derecho legítimo y legal es el de la conquista, que ya sabemos que es el derecho del ladrón o de la fuerza. El derecho santo está en la donación del papa Alejandro VI,(12) que es primo hermano del otro, pues nunca puede alegarse como justo el regalar lo ajeno sin voluntad de su dueño. Esto lo sabe España muy bien, así porque la razón se mete por los ojos, como porque se le ha dicho y probado mil veces aun por sus mismos naturales.

Pero ¿de qué sirve que lo sepa? Ella se tapa los ojos, se lava las manos, desoye la razón, pisa la justicia, holla las mismas leyes del sabio Alonso que hoy venera, se desentiende de las luces del siglo, atropella con los principios de la religión católica, de que se precia defensora, y no mirando más que su interés, no perdona ni perdonará nunca medio alguno, por costoso que sea, para volver a dominarnos.

He aquí a España, enemiga de nosotros como parte de la Liga y como metrópoli de las Américas, que no deja de llamar suyas. Toquemos ahora en su ponderada impotencia.

España (dicen los confiados) no tiene dinero ni marina, ni seguridad ni opinión, ni créditos ni libertad, pues está dominada políticamente por la Francia. ¿Puede darse mayor impotencia? Luego es claro que no pudiendo hacernos la guerra, no tenemos por qué temerla. Está impotente.

Muy bien, digo yo: supongo que España no puede nada por sí, y ¿con ayuda de vecinos qué sucederá? Con el auxilio de la Santa Liga ¿no podrá rivalizar con nosotros?, y bien, y bien.

La guerra que nos haga España y la Liga será injustísima: en eso estamos; ¿pero dejará de ser guerra? ¿Dejará de causarnos mil daños? Los que en ella mueran, ¿dejarán de morir? ¿Sus familias dejarán de verse entregadas a la orfandad y la miseria? Pues eso tratemos de impedir con nuestras reflexiones; y si a pesar de ellas no puede impedirse la guerra, háganse menos crueles sus efectos respecto de nosotros. ¿Y cómo? Aquí es ella.(13) Es menester indicar los elementos de reconquistarnos que tiene la España y la Liga, y después proponer algunos de los arbitrios generales con que podemos prevenirnos a esperarlos.(b) Oiga el pueblo y sepa los recursos con que cuenta España para reconquistarnos.

Cuenta con los tesoros y gente suya, de Francia, de Prusia, de Rusia, y de la misma Roma, si no enumeramos los que tiene aquí.

Cuenta con nuestra ignorancia en puntos de gabinetes.

Cuenta con la neutralidad de Inglaterra y de los Estados Unidos, que para nada se meterán en defendernos.

Cuenta con la diversión de Bolívar a causa de la guerra del Brasil.

Cuenta con el fanatismo y superstición que procuró infundirnos.

Cuenta con los partidos de fanáticos y despreocupados, de monarquistas y libres, de gachupines(14) y criollos, de chaquetas(15) e insurgentes.

Cuenta con los capitulados(16) que se quedaron con nosotros, quién sabe con qué fin.

Cuenta con los que en clase de emigrados han venido de la Península después de la Independencia.

Cuenta con una multitud inmensa de extranjeros que se han introducido entre nosotros a título de comerciantes, de pasajeros y de qué sé yo qué, pues que la policía del gobierno en esta parte no me parece de lo más delicada. Yo aseguro que cuando un americano desembarque en Londres, Francia, Filadelfia, Viena o [San] Petesburgo, buen cuidado tendrá de presentar sus pasaportes a los cónsules respectivos, y no sólo, sino que asentarán su filiación, giro que va a establecer, número de familia que introduzca, religión que profesa y otras minuciosidades menos interesantes; y yo veo que, para radicarse en nuestra tierra, los extranjeros no necesitan exponerse a tales averiguaciones, si no es en puntos religiosos.

Pocos días hace que se suscitó en una de las Cámaras la cuestión, y aun se aprobó que, para conceder a los extranjeros carta de naturalización, sea menester que éstos, a más de presentar su fe de bautismo, han de presentar información de su catolicismo.(17) Yo esperaba que también se les exigiera certificación de frecuencia de Sacramentos cada ocho días.

Es verdad que si estos proyectos se sancionan, no habrá ni ilustración ni población; pero ¿qué importa? Piérdase todo como no haya entre nosotros protestantes. Quid prodest homini totum mundum lucretur si vero animam suam detrimentum patiatur.(18)Quizá por eso dijo el Señor, vea: quaerite primum regnum Dei.(19) Busca primero el reino de Dios. Más yo digo que para buscar el reino de Dios, no es menester que la República se la lleve el diablo.

Confieso que me sorprendió tan devoto proyecto, pues considerando por una parte la despoblación lastimosa de nuestra República, y, por otra, esta traba que se les trata de poner a los extranjeros, viene a salir por consecuencia que siempre nos estamos en la misma, pues a todo el que no sea católico, apostólico, romano, se le cierran las puertas de la América.

Se me dirá que no se les prohíbe la entrada aquí a los no católicos, sino únicamente se les niega la naturalización. Esto me parece algo peor, porque sin evitar el daño espiritual que pueden causar con sus opiniones religiosas, en el concepto de algunos escrupulosos, nos privamos de las ventajas que podrían traernos radicándose entre nosotros, casándose con nuestras hijas y aumentando así la agricultura, industria y población. Volvamos al asunto.

Con todos estos recursos cuenta España y la Liga para invadirnos y ¿nosotros carecemos de iguales para defendernos? Nada de eso, los tenemos abundantes y a la mano, sólo falta darles impulso; pero esto no es obra del momento, no se debe esperar a desplegarlos a la hora horada de la guerra. Cuando falta la calma, no hay disposición acertada.

Por esto deseara yo que nuestras Cámaras y gobiernos previnieran, con su acostumbrado tino y sabiduría, los medios de defensa que algún día ha de disponer en los instantes críticos de la invasión.

Señalar algunos de estos medios será la materia del papel que seguirá.

 

México, abril 7 de 1826.


El Pensador.

 

 


(1) México: 1826. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...].

(2) Liga. Cf. nota 27 a La tragedia de los gatos...

(3) Cf. notas 10 y 18 a La tragedia de los gatos... y nota 7 a Consejo de Guerra...

(4) Desde 1824 corrían rumores al respecto: “Sabemos que han llegado á La Habana 2,500 españoles. Dícese que vienen de guarnición á aquella plaza.” Carlos Ma. de Bustamante, noticia del miércoles 8 de diciembre de 1824, en Diario histórico de Méxicoop. cit., t. II, p. 167. En noticias venidas de Madrid, el 25 de noviembre de 1825, se decía que el “gobierno ha recibido correspondencia oficial de La Habana, cuyo contenido ha sido extremadamente secreto”... El Sol, año 3o, núm. 992 (viernes 3 de marzo de 1826), pp. 1051-1052. Un texto idéntico apareció en laÁguila, año III, núm. 324 (4 de marzo de 1826), p. 4.

(5) “Lunes 8 de marzo de 1824 [...]. En la sesión secreta de hoy el Ministro de Hacienda enviado por el Poder executivo á ella leyó dos cartas venidas de Veracruz en que consta que se estaba aprestando en Cádiz una expedición compuesta del navio Asia, la fragata Aretusa, otra ídem., dos corbetas y varios transportes de tropa al mando de Apodaca, Conde del Venadito.” Carlos Ma. de Bustamante, Diario histórico de Méxicoop. cit., t. II, p. 41.

(6) Tenemos las siguientes noticias: “Noticias extranjeras, París, 1° de enero. De La Habana con fecha de 13 de noviembre, se nos dice lo siguiente: La expedición que salió a socorrer el castillo de San Juan de Ulúa se ha perdido completamente; la escuadra española llegó hasta las alturas de Veracruz; pero encontró la entrada de aquel puerto defendida por una escuadra tan superior que ni siquiera atentó a abrirse camino. El almirante español en vista de esto, tomó el partido prudente de volverse á La Habana, pero no bien hubo dado las órdenes a su escuadra cuando fue dispersada por una tempestad y separada de las embarcaciones que escoltaba. Como no tuviesen agua los transportes, y que los arrojase hacia Sacrificios un viento violento, se teme que cansada la tripulación de padecimientos, obligase á sus capitanes a entregarse á los republicanos. Hasta ahora de todos los buques que componían aquella expedición no han entrado en La Habana mas que dos fragatas, completamente desmanteladas.” Águila Mexicana, año III, núm. 325 (5 de marzo 1826), p. 4. “Noticias extranjeras. Madrid, 25 de noviembre. El gobierno ha recibido despachos recientes de La Habana, cuyo contenido se supone poco favorable según el cuidado que se pone en tenerlo secreto. En todas las tertulias se susurra con mucho misterio que las tropas que salieron del Ferrol debían embarcarse de nuevo en La Habana para ir a desembarcar en la costa de Yucatán; que no parecían en favor de aquella expedición; que el general Vives, receloso, había informado de ello al ministro de guerra y del espíritu evidente de resurrección que animaba a las tropas. En el ínterin la junta consultiva dedica exclusivamente toda su atención en arbitrar medios para reconquistar a México; uno de sus miembros que está bien enterado de las localidades de aquel país, del carácter, pretensiones, etcétera, de sus habitantes, es decir, al arzobispo de México, le ha encargado la junta que sin la menor dilación extienda un proyecto sobre los medios que deberán adoptarse, y el sistema que se deberá seguir para volver a someter a México al yugo español.”Águila Mexicana, año III, núm. 333 (13 de marzo 1826), p. 4.

(7) Jalisco. Cf. nota 14 a La tragedia de los gatos...

(8) Mezcala. Isla pequeña situada en el lago de Chapala, al sur de la población ribereña de Mezcala, en el estado de Jalisco. La defensa de la isla de Mezcala o Mexcala (1812-1816) es uno de los hechos más gloriosos de la guerra de Independencia de México.

(9) Bárcena. Cf. nota 26 a Lavativa a un gachupín...

(10) Salus populi. Cf. nota 2 a No hay por qué...

(a) Malísimo, pero sólo para ellos.

(11) usque ad consumationem saeculi. Fernández de Lizardi escribió, en Calendario histórico y pronóstico políticoPor El Pensador Mexicano para el año bisiesto de 1824, lo que sigue: “¿hasta cuántos siglos han de ser los indios aprendices de cristianos? ¿Si será hasta el fin del último, usque ad consumationem saeculi?.” Obras XIIop. cit., p. 554.

(12) Cf. nota 217 a Observaciones que El Pensador...

(13) aquí es ella. Frase que alude indeterminadamente, pero con sentido ponderativo, al conflicto o lance grave o apurado que ocurrió o habrá de ocurrir en el tiempo indicado.

(b) Descubrir los arbitrios particulares que tenemos para defendernos fuera impolítica, la experiencia se los descubrirá.

(14) gachupines. Cf. nota 22 a Breve sumaria...

(15) chaquetas. Cf. nota d a Breve sumaria...

(16) capitulados. Militares españoles que durante la campaña de Iturbide, después del Plan de Iguala y al terminar la guerra de Independencia, capitularon ante el ejército insurgente y se quedaron en territorio mexicano.

(17) En el Acta Constitutiva de la Federación, artículo 4o, se establecía que: “La religión de la nación mexicana es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana. La nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra.” En el artículo 3o del título I de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos (1824), se repite textualmente la ley del Acta. Felipe Tena Ramírez, Leyes fundamentales de México, op. cit., pp. 154 y 168.

(18) Qui enim prodest homini, si mundum universum lucretur, animae vero suae detrimentum patiatur? Mt. 16, 26.

(19) Quaerite ergo primum regnum Dei. Mt. 6, 33.