SI DURA MÁS EL CONGRESO,
NOS QUEDAMOS SIN CAMISA(1)
Fuera miedos y recelos: ya me canso de perder el dinero en impresiones por no tener el valor necesario para decir la verdad como se debe. Esto es, cara a cara, y sin miedo. Yo voy a declamar contra el Congreso(2) mas que me ahorquen; voy a descubrir sus faltas sin rebozo, puesto que una constante experiencia me ha enseñado que aquí sólo se venden papeles muy crudos, con títulos odiosos y que no tengan nada de substancia.
Éste mío todo lo tiene: título fuerte, bien desempeñado, borrones y verdades, y verdades muy amargas al maldito, al inicuo, al infame Congreso. Hágome la señal de la cruz, encomiendo mi pescuezo al señor san Blas abogado de las anginas, y comienzo.
La otra noche, desesperado de haber perdido cuatro impresiones seguidas y sin arbitrio de resarcir mi dinero extraviado, pensando cómo les pagaría a los hermanos impresores, y a más de esto, en los males políticos que nos amenazan sobre si el Congreso de Cortes es bueno o malo; sobre si fue justa o injusta la separación de Guadalajara; si la nueva convocatoria será bien o mal recibida, si a muchos empleados actuales y al grueso de abogados, relatores, oidores, procuradores, escribanos, agentes, apoderados, porteros llevadores de autos y demás individuos que viven en paz a costa de los pleitos ajenos, les tendrá cuenta o rabiarán de hambre con el nuevo sistema de federalismo, y en otras mil cosas, me quedé dormido, y me pareció hallarme en una grande y sucia accesoria del barrio de San Pablo,(3) en la que estaban juntos y congregados más de cuarenta léperos(4)alrededor de un cubo de pulque,(5) haciendo mil ceremonias y hablando treinta mil desatinos.
Yo me quedé absorto sin saber qué cosa fuera aquello; mas a poco tiempo conocí que la canalla estaba ridiculizando al Soberano Congreso, pues decía un mulatón que hacía de presidente: Señores, ya que se leyó la acta, vuestras señorías propongan qué medios daremos para aumentar nuestro ramo de hacienda. Ya veis que estamos apurados con la persecución que nos ha suscitado el señor Molinos,(6)que muchos de nuestros dignos compañeros se van desapareciendo a gran prisa, y que si nos descuidamos, la revolución es segura y puede perecer con nosotros hasta la ilustre memoria de los Cacos,(7) Gestas,(8) Lorencillos,(9) Cuacos, Mosquitos,(10) Chana Pérez,(11) Manotas,(12) Pillos Maderas(13) y demás dignos héroes de nuestro nobilísimo y liberalísimo arte de hallarnos las cosas antes que sus dueños las pierdan.
Y en este caso, esto es, cuando los más bravos campeones de nuestro formidable ejército sean sacrificados en el campo del honor o de Mixcalco(14) o la Viña,(15)prisioneros, maniatados vilmente y sujetos sin la menor defensa a morir por las alevosas maniobras de un verdugo o por las rápidas balas de unos soldados pacatos y cobardes, cuando otros de nuestros dignos compañeros sabios y ágiles sobre toda ponderación sean confinados a las cárceles, presidios y obras públicas, y los menos animosos y sabi[h]ondos se deserten de nuestras banderas, ¿cual será nuestra suerte?, sí, señores, ¿cuál será la suerte de la representación cucharera que dignamente ejercitamos, cuando sepamos que nuestra heroica nación fue hollada y disipada como los infelices israelitas a la presencia del Mesías?
¿Creéis por ventura estar seguros, ejerceros en vuestras artes liberales y provechosas ciencias, ni menos recibir los homenajes y respetos de nuestra heroicísima familia? Nada menos: perseguidos o huidos todos los frailes, se acaban los guardianes y provinciales. Así, disuelta nuestra ilustre compañía, se acabó de una vez nuestra representación, y con ello nuestro poder, fortuna y seguridad. Sí, amigos: nuestra misma seguridad, nuestras mismas vidas están comprometidas en las bocas de nuestros compañeros, que nos entregarán apenas los amenace o los engañe con falsas promesas un escribano receptor.
¿Y seréis capaces de ver perecer a vuestros compañeros y comitentes?, ¿podréis ver perecer con ojos tranquilos esta digna porción de la sociedad?, ¿os expondréis vosotros mismos a ser víctimas de los soldados, alguaciles, serenos, jueces, oidores y demás enemigos nuestros?, y, por último, ¿tendréis valor para ver envueltas en vuestras mismas ruinas las prendas más caras de vuestros nobles corazones...? ¡Ah!, yo me estremezco, me lleno de dolor y de ternura al acordarme de las Juanas Largas,(16) Chepas Zonzas,(17) Tules Flores(18) y otras mil de nuestras amables valedoras. La memoria de su belleza me será siempre grata, su honor acendrado será mi benjamín y la orfandad en que las vamos a sumir será el objeto de mi dolor eternamente.
Mucho os he dicho, padres de la patria: vuestro talento, valor, prudencia y sabiduría aun pueden salvarnos en estos días aciagos en que se ve amenazada nuestra existencia. Dije.
Apenas hizo punto el presidente, cuando tomó la palabra otro mulatillo chato, cariancho, chaparro, cuyo uniforme era calzón de gamuza negra y frezada, y dijo: Señor, vuestros temores fueran justos si fuera cierta esa gran persecución que ponderáis. Es verdad que hay bandos; pero no se cumplen; se prenden a muchos de nosotros, se llevan a la cárcel, pero no se castigan como es justo, según señor Molinos. Unos corrompen a los escribanos y éstos les endulzan la causa; otros niegan y no se hallan pruebas en contra; otros logran que se les minore la condena, y en éstas y las otras, se ordinaría el pleito y se compone: se logra la libertad y se sigue la carrera. Con que no hay mérito para tanto temor.
Cuando así fuera, dijo otro lépero, aun era bastante motivo el saber que entre nosotros hay muchos tontos y los más sin blanca, y como éstos ni tienen astucia para defenderse ni dinero con que granjear la péndola del escribano, se sigue que éstos han de ser víctimas de su pobreza o necedad. Además que no siempre va uno a dar en manos interesables: hay ocasiones en que cae en las de esos malditos que se dicen hombres de bien, quienes luego luego dan cuenta a los jueces, le forman su mollete al reo, le hacen mil cargos, no puede responder, y cátalo ahí como gallo, trabajando con su calza todo el día.
Algo de lo que ha expuesto el señor preopinante dijo otro: Es verdad, pero además de que es muy raro el escribano que no se pueda comprar, hay entre nuestro abono la piedad y misericordia infinita de los señores jueces, que siempre nos miran con ojos compasivos. Ya yo soy viejo en el oficio, y de muchacho le serví a un abogado, y en sus ausencias o enfermedades leía sus libros y os aseguro, señor, que si se observaran fielmente las leyes españolas contra los ladrones, muy pocos habían de abrazar tan ilustre como peligrosa carrera.
Cuando había en México el tribunal de la santa hermandad o Acordada,(19) se cumplían estas leyes al pie de la letra, las prisiones, tormentos, y mala vida que se padecía en sus cárceles sólo eran comparables con la tremenda Inquisición:(20) sus juicios eran sordos y las sentencias severísimas. Dos veces me plantaron doscientos azotes fuertes y bien pegados en estos lomos que se han de comer la tierra, paseándome medio en cueros en estas calles de Dios, a son de trompeta, enmedio de un lucido concurso de comisarios y soldados, siendo lo peor que después de esta afrenta fui condenado las dos veces a presidio, cuyas condenas cumplí contra toda mi voluntad una en el Morro de La Habana,(21) y la otra en Ceuta. ¿Y por qué asesinatos, y grandes robos pensáis que me impusieron tan crueles penas? La primera zurra que me pegaron fue porque me robé un pañito de a real(22) y medio, y la segunda por un cochino que bien vendido valdría doce reales. Esto sí era crueldad de los jueces.
De Ceuta me fugué para la África, renegué y vi sus costumbres. Malditos son los moros para castigar el robo. Muy poco es materia de pescuezo, lo mismo que entre los angloamericanos, que ahorcan al que roba diez pesos o una cabalgadura. Esto sí es temible, vuelvo a decir; pero aquí, donde estáis mirando que los ladrones grandes se pasean, los chicos, esto es, los que roban caudales particulares, componen, y los muy chiquititos, como nosotros que cuando más desnudamos a un hombre en la calle o saqueamos una tienda, si no componemos, satisfacemos nuestra culpa con cinco o seis meses de salir a pasear diariamente con un grilletito que lo puede llevar muy descansadamente una madre abadesa de capuchinas, ¿qué es lo que tenéis que temer?
Rogad a Dios por buenos temporales y dejaos de escrúpulos y sobresaltos. Mientras en el nuevo gobierno que esperamos sean los legisladores imitadores de los españoles, mientras para formar sus leyes se arreglen a la Constitución(23)española y no a la de los estados del norte, bien podéis llamaros felices, pues con muy poco riesgo, podréis robar al mundo entero inpunemente. Ánimo pues, que sólo los indios son cobardes...
Osté lo será y so magre, gritó con mucha cólera un indio gordo, pelón, con su cotoncito rabón que descubría una panza rolliza y ombligona: grandísimo perros, que los indio no somos cobardes ni gallina, y por los güesos de mi pagre que se le acordarosté de mí...
Orden, orden, dijo el presidente, sonando contra el cubo de pulque un vaso de hoja de lata en que bebían. Riéronse mucho y juraron no dejar la carrera por ninguna cosa de esta vida, ni entrar nunca a dormir sin llevar algún despojo de guerra. ¡Santo Dios!, exclamé, si dura más el Congreso nos quedamos sin camisa.
A mis voces hicieron alto en mí los malditos representantes de Gestas; luego que me desconocieron, me llenaron de insultos, me desnudaron, y determinaron matarme para que no los descubriera. Esto fue diciendo y haciendo. Al momento se disparó uno sobre mí con un tranchete, y al tirarme la puñalada desperté sudando y medio muerto.
México, mayo 27 de 1823.
(1) México, Imprenta del ciudadano Lizardi, 1823. En el mes de junio Fernández de Lizardi estuvo preso por haber publicado este folleto, según lo informa en un "Comunicado" que publicó en El Sol, número 255 de febrero 24 de 1824.
(2) Congreso. Cf. nota 36 a Segundo sueño... y 3 a Aunque haya nuevo Congreso...
(3) San Pablo. Cf. nota 21 a La jura de los chichepelados...
(4) léperos. Pícaros, bribones, canallas de baja condición moral. Santamaría, Dic. mej.
(5) pulque. Cf. nota 6 a El cucharero y su compadre...
(6) Molinos. Era provisor, cargo en cierta forma equiparable al actual de regente de la ciudad de México. Para más datos cf. notas 17 y 23 a Ataque al castillo...
(7) Caco. Ladrón. Nombre del semisátiro y semidiós, en cuya caverna estaban colgadas las cabezas sangrantes de sus víctimas, que robó unas reses a Hércules y fue estrangulado por este héroe.
(8) Lorencillo. Hacerse el Lorenzo es hacerse el tonto.
(9) Cuaco. En Andalucía, persona ruda, ignorante y grosera.
(10) Mosquito. En un diálogo del mismo tema: El cucharero y su compadre, Fernández de Lizardi escribe: "él es hombre de bien, como la mano del Mosquito, no agraviando lo presente." Para las acepciones de "mosquito", cf. nota 9 a El cucharero político...
(11) Chana Pérez. El nombre de este personaje recuerda el de otro "amigo de la cuchara", el Chato Pérez que Fernández de Lizardi inventó en El Periquillo Sarniento. Para el tema del castigo a los robos y asesinaros, cf. capítulos II y III de Obras IX,op. cit.
(12) Manotas. En México un manoteador es un ladrón "que se apodera de lo ajeno abusivamente." Santamaría, Dic. mej.
(13) Pillo Maderas. Este personaje realmente existió. "El día 19 de Enero de 1791, sacaron de la Acordada, para ajusticiarlo, al famoso capitán de bandoleros Pillo Madera: se le dio garrote y fue arrastrado y encubado; en la tarde lo metieron todo entero en un cajón y lo llevaron a Puebla donde se había de colgar en la horca 24 horas, y después en un palo, hasta que naturalmente se consumiera. Éste hizo siete muertes y más, la infame que dio a su mujer estando en cinta: él solo sin sus compañeros dio 28 asaltos. En esta mañana, día de la ejecución llovió y casi todo el día; mas a pesar de esto jamás se vio la concurrencia que hubo de todas clases." Dato de José Gómez en Documentos para la historia de México, reproducido por Jefferson Rea Spell en Bridging the gap. Articles on Mexican Literature, México, Editorial Libros de México, 1971, p. 181.
(14) Mixcalco. Es interesante el dato de que ahí se sacrificaban ladrones. Para su ubicación cf. nota 7 a Remedios conta la Liga...
(15) Viña o Amargura. Hoy calle de Honduras. "Dos son ahora estas calles, distinguidas en primera y segunda; ambas situadas de Oriente á Poniente, seguidas la una de la otra. Comienza la primera en la esquina septentrional de la del puente de Santo Domingo y termina en la del callejón de Gachupines, al mismo viento. La segunda sigue de la primera al Poniente; pero es de formación casi nueva: á fin del siglo pasado, y todavia el año 1830, sólo había una pequeña parte de ella, desembocando basureros que eran todos sus alrededores, por cuya razón se le llamaba callejón de la Viña; ahora es ya una calle en forma, con muy regulares edificios, poblada y aseada.
"¿Cuál es el origen de su nombre? creen algunos que le debe á que por este barrio fué lo más reñido de la guerra de la conquista, y que los conquistadores, en recuerdo de las penas que padecieron en el, bautizaron la calle con este nombre. A ser cierta esta versión, el nombre debía ser tan antiguo como la conquista, y no es asi: en la mitad del siglo diez y siete era llamada de la Carniceria [de la Amargura y ahora de Honduras]. De este nombre formaron los partidarios de la opinion dicha un argumento que la confirma, dando á la palabra carnicería la significación del destrozo y mortandad hechos en aquella guerra. Para nosotros queda la duda en pie, porque nos inclinamos á creer que el nombre de carnicería fué debido á que una de las catorce tablas de carne que el obligado de este abasto debía de tener, estaba situada en la placita que hay en el extremo levante de la calle, sin que obste el que la tabla se llamara de Santa Catarina, por estar frente á esa iglesia, pues pudo la tabla llamarse así por su situación, y la calle tomar el del establecimiento de su esquina. No tenemos más luz sobre esta calle, y escribimos lo que sabemos." José María Marroqui, La ciudad de México, México, Tip. y Lit. "La Europea", de J. Aguilar Vera y Cía., 1900, t. 1, pp. 309-310.
(16) Juana Larga. En el tomo II, capítulo IV de El Periquillo Sarniento aparece un personaje llamado Juan Largo o Januario de no precisamente buenas mañas. "Jugar a la larga ─escribe Fernández de Lizardi─ esto es los tramposos y ladrones." Obras VIII, op. cit., p. 310.
(17) Chepa Zonza. En el tomo II, capítulo IV de El Periquillo Sarniento, Fernández de Lizardi cita a Chepa la Guaja. En México zonzo y guaje significan tonto.
(18) Tules Flores. Nombre que recuerda a la Pisaflores de El Periquillo Sarniento. EnEl cucharero y su compadre... habla de Tules la Tuerta, amante de Chepe y de Toncho el Zurdo, ladrones ambos, que vendía, según dice este folleto, nenepiles y criadillas en la Pulquería de las Papas (de las mentiras).
(19) Acordada. La cárcel se estableció primero en unos galerones del Castillo de Chapultepec. Más tarde se trasladó a San Fernando y finalmente cerca del caserón llamado del Obraje, que estaba en la esquina de las calles de Revillagigedo y Avenida Juárez. El Ayuntamiento delimitó un terreno que colindaba con este caserón para construir un nuevo edificio que sirviese como cárcel. Entre el nuevo edificio y el caserón del Obraje se dejó una calle que se llamó de la Acordada, hoy Balderas. La cárcel de la Acordada quedaba exactamente en la contraesquina, hacia el sur, de la capilla del Calvario.
(20) Inquisición. Cf. nota 4 a De don Servilio al clamor...
(21) Morro de La Habana. Esta fortaleza, que los ingleses destruyeron en 1762 y fue restaurada al siguiente año, tenía las mismas funciones de institución penal que San Juan de Ulúa. En Obras V, op. cit., p. 348, Lizardi menciona tomo cárceles de España a las dos citadas y a la de Valladolid.