SI A SANTÁNGELO DESTIERRAN,
YA NO HAY JUSTICIA EN LA TIERRA(1)

 

 

Dotado por el Dios de la naturaleza de un corazón sensible y agradecido, no puedo ver con indiferencia las desgracias de mis semejantes, y mucho menos cuando recaen sobre servicios hechos a la nación mexicana, a que tengo el honor de pertenecer.

En esta inteligencia, no pude oír sin escándalo que el gobierno de México ha expedido orden para que salga desterrado como sospechoso, el señor Santángelo;(2) es decir, un italiano, un extranjero, pero un hombre honrado, instruido en la política de los gabinetes de la Europa, y, sobre todo, un amigo nuestro y defensor de nuestra libertad e Independencia.

¿Y por qué quiere desgajarse sobre este patriota una tan deshecha tempestad? ¿Cuál es el motivo de que se sospeche de sus intenciones? Mirabile dictu!(3)Es menester maravillarse al decirlo, y temblar al oírlo. Por su segundo cuaderno titulado: ¿Tendremos nosotros guerra?(a)

Es menester colocar aquí algunos trozos del cuaderno citado, para deducir después si este italiano puede sernos sospechoso, o, antes bien, amable, por el entusiasmo con que se explica a favor de nuestra libertad.

Él pregunta si los españoles y la Liga(4) nos harán la guerra algún día, y dice:

“En la inteligencia que dan a esta palabra guerra los legítimos de Europa, nosotros no la tendremos. Ellos se mantienen en paz con la América española. Sus soldados se prestarán como amigos, del mismo modo que lo hizo en 1823 el ejército de Angulema en España.(b) No se tratará de otra cosa que de restablecer el orden que se halla turbado por una facción, de restituir al soberano legítimo su poder, de reponerlo en la integridad de sus dominios y hacer nuestra felicidad. No se intentará más que reformar las bases orgánicas de nuestro gobierno actual, incompatible con el reposo del mundo. No se dirá que se hace la guerra a una nación, sino que se envían gendarmes para arrestar criminales. De consiguiente, no será necesaria una previa declaración de guerra, pues no se necesitan formalidades usadas únicamente entre una potencia y otra potencia. Pero entre un rey y sus vasallos, entre una fuerza mediadora y partidos disidentes, entre una mano fuerte que se presta a la justicia contra la rebelión pertinaz, no hay nada de política, nada de diplomacia: el derecho de gentes, el de la guerra y de la paz, no entran para nada en esto...

“Pero, si por guerra se debe entender una agresión extranjera con el fin de obligar a una nación, por la fuerza de las armas, a renunciar a todos sus derechos para reconocer a un señor que aborrece, y que no tiene ningún derecho sobre ella, entonces sí, tendremos guerra; será inevitable, terrible, destructora, decisiva... si nosotros...”

¿Se encuentra en este trozo otra cosa más que un acendrado patriotismo? Santángelo cree que es muy posible que los españoles, tan luego como puedan, nos harán la guerra, y nos exhorta a que vivamos con esta desconfianza para que nos prevengamos a rechazarlos. ¿Y qué tiene esto de sospechoso?

El autor es verdad que tira tajos y reveses a todo el mundo, a los ingleses, angloamericanos, franceses y a sus mismos paisanos, cuando asegura que el papa tomará su parte como uno de los santos aliados contra nosotros, cuando llegue el caso, como un efecto hemos visto que la ha tomado y bien activa; pero esto no sólo lo escribe Santángelo, sino que lo prueba con razones, con hechos y documentos. Puede que en algo haya faltado a lo que se llama política, pero esto habrá sido por su exaltado patriotismo, y porque se cree garantido para expresar francamente sus ideas bajo la salvaguardia de la ley de libertad de imprenta.

Él quiere que desconfiemos de todo el mundo, mientras éste no reconozca de liso en llano nuestra Independencia,(5) y a fe que yo quiero lo mismo, y mil veces lo he dicho, y lo repito ahora. Que se haga el gobierno de un ejército de doscientos mil hombres bien disciplinados y regidos por jefes de acreditado patriotismo,(c) que cierre sus puertos a toda nación que no reconozca nuestra Independencia y celebre con nosotros tratados de alianza y amistad, y veremos si dentro de dos años no se apresuran todas las naciones a ser nuestras amigas.

El interés es el eje sobre que se mueve todo el mundo. Los hombres comúnmente trabajan por adquirir el oro y la plata; y tanto más trabajan, cuanto más difícil les es la adquisición de estos preciosos metales. Un mayorazgo o un minero rico trabajan poco o nada, porque adquieren el dinero fácilmente. No así el pobre labrador, ni el infeliz artesano; éstos trabajan día y noche por adquirir un peso,(6) ¿y por qué, tanto afán?, por la dificultad que les cuesta adquirir ese peso. El ejemplo es demasiado claro; pero vaya otro más análogo al asunto.

Una muchacha bonita y rica ha quedado independiente, sola, sin padre ni madre, ni perrito que le ladre; yo deseo la posesión de la tal muchacha y su caudal, y apenas le hago la primera visita, cuando la observo demasiado fácil y condescendiente. Pregunto: ¿necesitaré ligarme con ella bajo la palabra de matrimonio, cuando sin tales empeños ella me facilita su caudal? De ninguna manera; yo me aprovecharé de cuanto pueda sin comprometerme a nada.

He aquí el caso del gabinete de [Saint] James:(7) la América es la niña bonita y rica; él es el enamorado; desea aprovecharse de sus caudales, y ya los disfruta por vía de especulaciones mercantiles, sin que esta niña le exija el menor sacrificio. Y ¿hace bien o mal la Inglaterra con tal procedimiento? Hace bien, digo yo. Si puede aprovecharse de nuestros tesoros sin necesidad de comprometerse con España, ni con los santos aliados, como se comprometería en el hecho de reconocer sin rodeosnuestra Independencia, ¿para qué quiere meterse en dibujos?(8) Ella está mirando nuestra lucha con España con la más fría indiferencia. Si mañana el tío Fernando y los santos reyes se resolvieran a darnos una embestida, a buen seguro que la Inglaterra tomara cartas en nuestro favor, satisfecha de que siempre sacaría partido de la América vencida o vencedora.

¿Y cuál será el medio para hacer que esta nación y las demás europeas se decidan a reconocer nuestros derechos? Hacernos respetar; y cómo, no con papelitos brillantes, orgullo quijotesco ni imprudente confianza, sino con muchas bayonetas, mucha artillería y mucha pólvora y balas. Habilitados de estos ingredientes, bien podremos cerrar nuestros puertos a todo pabellón que no reconozca nuestra Independencia.

Pero dirán: doscientos mil hombres son pocos para resistir a la Europa si se conjura contra nosotros. No, señor, diré yo, no son pocos, son muchos. En primer lugar, porque a su retaguardia quedan veinte millones de bravos, cuantos son todos los americanos, pues hasta los del norte, que hoy se manifiestan neutrales, en este caso tomarían una parte muy activa en nuestra defensa y suya, pues debían considerar que si los reyes sofocaban nuestra libertad, después irían a sofocar la de ellos, engreídos con el triunfo.

En segundo lugar: que para oponer una fuerza de doscientos mil hombres a otra igual nuestra, necesitaban doscientos millones de pesos, fruta que no abunda mucho por la Europa. Es mucha la ventaja que tenemos con ese océano que nos divide.

En tercer lugar: que no podían venir a combatirnos soldados aclimatados a nuestro cielo. Antes de probar la muerte en nuestras bayonetas, los temperamentos(9) se llevarían la tercera parte del ejército. Es otra ventaja de buen tamaño hacer la guerra en su propio país al enemigo extranjero; y por eso, hasta un proloquio vulgar dice que cada gallito canta en su muladarcito.

He aquí unas poderosas razones con que podemos cantar para desafiar a la Europa, y hacerla que respete nuestro pabellón; mas esto no se hace con teorías ni valentías fantásticas, sino con soldados y armas, con unión de parte de los pueblos y energía de parte del gobierno. Si así discurre Santángelo, yo secundaré sus opiniones.

Él teme que nos hagan la guerra; desea que nos prevengamos para rechazarla, y no quiere que nos adormezcamos en una confianza imprudente. Si esto es crimen, también yo soy criminal, porque mil veces he dicho lo mismo.

Si tuviera un huésped en mi casa, y éste me dijera: “sé que hay una facción contra usted y tratan de asesinarlo cuando menos piense. Así que cierre bien sus puertas, ármese, y viva prevenido.” A lo que yo contestara diciéndole: pues por ese saludable aviso me es usted sospechoso, y así, márchese de mi casa. ¿Sería ésta buena recompensa? Quede la respuesta al juicio del prudente lector.

Hay más. Las facultades extraordinarias han cesado, pues ¿en qué se apoya el gobierno para desterrar a un hombre sin formación de causa? ¿Ha delinquido Santángelo? ¿Ha estampado proposiciones subversivas o sediciosas? Pues júzguese con arreglo a las leyes. Denúnciese su impreso, califíquenlo los jurados, y si lo condenaren, sufra la pena de la ley; pero sin esta formalidad, no concibo cómo pueda ser justa la sentencia.

Alguno creerá que estoy defendiendo a Santángelo, y se equivoca; yo me defiendo a mí, esto es, mis derechos y los de todo ciudadano. Jamás escribiré en favor de un delincuente convencido de traidor a la patria; pero sí lo haré siempre en favor del oprimido, cuando no se le ha probado el delito. No quiero la impunidad del crimen, sino la puntual observancia de la ley. Si Santángelo fuere convencido de infidencia, es poca pena el destierro. El palo, el palo es el único escarmiento de los traidores. ¿No fusilaron en la Plazuela de la Paja(10) a Antonio Torres, por emisario de Ulúa,(11) y a Basiliso Valdés(12) por iturbidista, según se dijo? Pues que fusilen en ella a Santángelo, y a cuanto traidor haya; pero sea después de juzgado según las leyes; pero si no se le prueba ese crimen, el destierro es ciertamente injusto.

Conozco bien que el gobierno es liberal y equitativo; pero componiéndose de hombres, y no de ángeles, no es extraño que algún enemigo de este escritor, o tal vez de nuestra libertad, lo haya sorprendido; y ya se sabe que en una sorpresa es muy fácil dar un paso precipitado, mas pasando ese instante, en la calma entra la reflexión y se muda de parecer.

Esta mutación en nada puede degradar al gobierno, aun cuando revoque su sentencia, supuesta la inocencia de Santángelo; antes bien, lo hará recomendable a los ojos de todo hombre sensato, pues el variar de consejo no es peculiar de los necios, sino del prudente y del sabio, como lo dice el Espíritu Santo: prudentis est mutare consilium.(13)

 

México, julio 4 de 1826.


El Pensador.

 

 

 


(1) México: 1826 Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...].

(2) Santángelo. Autor de las Cuatro primeras discusiones del Congreso de Panamá, tales como deberían ser, por O. de A. Santángelo, trad. del autógrafo francés al español por L. de Zavala, México, Oficina de la Testamentaría de Ontiveros, 1826, donde propone la alianza de americanos contra una posible alianza europea, y propone que se estudie al respecto a la Santa Alianza. Santángelo fue expulsado hacia 1826, medida que criticó Luis Espino en Oiga el gobierno verdades aunque le parezcan duras (1826); lo mismo hizo el autor de Para los necios se queda el sostener al gobierno (1826) y Pablo de Villavicencio en Si el presidente sigue como va, como subió bajará (1826); y El Ignorante defendió las facultades del gobierno para expulsarlo en Caprichos de la fortuna. Carlos Ma. de Bustamante escribió lo siguiente: “Miércoles 30 de Noviembre de 1825 [...]. Con la llegada de un Ytaliano emigrado de Nápoles por Liberal y hombre de grandes conocimientos en la política (el ex-Conde de Sto. Ángel) ha podido penetrar el gobierno los planes profundos de la Europa para subyugar las dos Américas. Este habló con un personaje francés en N. York por cuya boca supo que sería reconocida la Yndependencia de Haytí por la Francia (antes de verificarse dicho reconocimiento). Que se verificaría la Yndependencia y reconocimiento del Brasil por Portugal. Que se remitirían paulatinamente fuerzas a las Antillas para engrosar las guarniciones aclimatándose allí para después formar un grueso exército que invadiese las repúblicas de México y Colombia: que otro iría al Brasil para invadir al Perú: que la Habana sería guarnecida de tropas francesas, y que no se obraría de otro modo ni con otro objeto que el de subyugarnos a vueltas de tres años obrando con lentitud aparente, pero con una energía secreta e indefectible. Asimismo le dixo que se presentarían en ambas Américas cónsules de comercio aún de las mismas Potencias de la Liga aparentando aprobar el sistema de Yndependencia, por cuios vehículos desde luego adquirirían los conocimientos necesarios a la consumación de este vasto Plan. Hasta el día sus predicciones han tenido su efecto en una buena parte, temamos se consume en breve este plan, en cuyo frustramiento no tendrá poca parte la toma de Ulúa que era uno de sus principales puntos de apoyo”. Diario histórico de Méxicoop. cit., t. III, vol. 1, p. 157. A “fines del año 1825 apareció en México el italiano A. O. de Sant-Angelo, escritor ilustrado y liberal que [...] llegado á México creyó hacerle un servicio señalando los peligros que corría la independencia [...], el entendido publicista [...] se propuso y escribió un libro bajo el título de Las cuatro primeras discusiones del Congreso de Panamá tales como debieran ser. El vehemente escritor [...] no trató á los gobiernos de Europa sino con demasiada aspereza, pero esto en México no habría tenido importancia [...] si no hubiese denunciado en sus escritos los errores y abusos de la administración, que por tal motivo le cobró ojeriza [...]. Atribúyese al ministro de Justicia, Ramos Arizpe, el haber iniciado el destierro de Sant-Angelo [...] a principios de julio, escoltado por una escolta de caballería, salió para Veracruz. Tal extrañamiento fué un acto despótico y arbitrario, cuanto que habían cesado las facultades extraordinarias que se habían concedido al presidente y cuando no había ley alguna que le facultase para desterrar a los extranjeros”. México a través de los siglosop. cit., t. IV, pp. 151-152.

(3) Mirabile dictu. Cosa admirable de decir. Expresión usual en el siglo XIX.

(a) Así se me ha dicho, y así corre en el público, si el motivo es otro, al gobierno toca vindicarse manifestándole.

(4) Liga. Cf. nota 27 a La tragedia de los gatos...

(b) Ved aquí la Proclama que hizo este jefe a la nación española. Ella nos ofrece un modelo de lo que harán a los americanos sus agresores, y de la que yo propondré en la discusión siguiente:

“Españoles: el rey de Francia, al mandar retirar su embajador de Madrid, creía que el gobierno español, en vista de los peligros que le amenazaban, tomaría una resolución moderada y escucharía la voz de la equidad y de la razón. Se ha pasado dos meses y medio, y su majestad ha expresado en vano que se estableciese en España un orden de cosas compatible con la seguridad de los Estados vecinos.

“El gobierno francés ha sufrido por espacio de dos años, con una tranquilidad sin ejemplo, los insultos menos merecidos. La facción revolucionaria que ha destruido en nuestro país la autoridad real, que tiene cautivo a vuestro rey, que pide su destronamiento y amenaza su vida y la de su familia, ha procurado llevar sus culpables proyectos más allá de vuestras fronteras. Ha intentado lo imposible a fin de corromper el ejército de su majestad cristianísima, y de levantar alborotos en Francia, esperando por el contagio de sus doctrinas y ejemplos, el mismo resultado que Nápoles y el Piamonte. Engañada en sus esperanzas, ha llamado [a] los traidores condenados por nuestros tribunales para consumar, bajo la protección de la rebelión triunfante, complo[t]s que habían formado contra la patria.

“Es tiempo de terminar la anarquía que asola la España, la quita los medios depacificar sus colonias, la separa de la Europa, rompe todas las relaciones con los augustos soberanos, que unen a su majestad cristianísima sus intenciones y deseos, y compromete el respeto y los intereses de la Francia.

“¡Españoles! La Francia no hace la guerra a vuestra patria. Siendo de la misma sangre que vuestros reyes, nada más desea que vuestra independencia, vuestra felicidad y vuestra gloria. Voy a pasar los Pirineos al frente de cien mil franceses; pero sólo con el objeto de unirme a los españoles amantes del orden y de las leyes; ayudarles a libertar a su rey prisionero; volver a levantar el altar y el trono; sustraer los sacerdotes de la proscripción, los propietarios del rubor y a todo el pueblo del dominio de algunos ambiciosos que proclamando la libertad, no hacen más que preparar la esclavitud y la ruina de España.

“¡Españoles! Todo se hace por vosotros, y con vosotros. Los franceses no son, ni pueden ser, más que vuestros auxiliadores. Vuestra bandera sola tremolará en vuestras ciudades, y las provincias que pisen nuestros soldados serán administradas en nombre de Fernando por autoridades españolas; se observará la más severa disciplina, y se pagará con la mayor exactitud cuanto sea necesario para el servicio del ejército. No pretendemos imponeros leyes ni ocupar vuestro país. Sólo queremos vuestra libertad. Luego que la hayamos conseguido, volveremos a nuestra patria, satisfechos de haber preservado un pueblo generoso de las desgracias que produce una revolución, que la experiencia nos ha hecho bien conocer.- Cuartel general de Bayona, 2 de abril de 1823.- Por mandado de su alteza real, el príncipe general en jefe.- El consejero de Estado, comisario civil de su majestad cristianísima. De Martignac.”

(5) Independencia. Cf. nota 13 a La tragedia de los gatos...

(c) No me parece esto un proyecto quimérico ni imposible de unificarse.

(6) peso. Cf. nota 4 a Mañas viejas...

(7) James. Cf. nota 10 a La tragedia de los gatos..., 7 a Consejo de Guerra... y 53 aDiálogo... 1.

(8) meterse en dibujos. No meterse en dibujos es abstenerse de hacer o decir impertinencias.

(9) temperamentos. Alude al clima y a sus efectos.

(10) Plazuela de la Paja. Era parte de la manzana comprendida entre las avenidas de la República del Salvador y José Ma. Pino Suárez.

(11) Ulúa. Cf. nota 55 a Impugnación que los gatos...

(12) Basiliso Valdés. En marzo de 1824 estuvo a punto de estallar una rebelión encabezada por Basiliso Valdés, oficial subalterno, que pretendía atacar al gobierno, matar y robar a los españoles e incendiar el Parián. Se le acusó de iturbidista y él aseguró detestar a Iturbide en su papel Don Antonio siempre el mismo. Lo ejecutaron el 15 de abril. En Remedios contra la Liga que ya tenemos encima Lizardi afirma que en el número 5 de Los Debates, periódico de Jalisco, apareció una oda “al valor con que sufrió la muerte Basiliso Valdés”. Obras XIIop. cit., p. 659. En el número 17 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán anota irónicamente: “cuando se quiere, no andan las causas, vuelan. Al padre Basiliso Valdés lo despacharon al otro mundo en ocho días”. Obras V, op. cit., pp. 201-202.

(13) prudentis est mutare consilium. Cf. nota 16 a Se le quedó...