SEXTO ATAQUE AL CASTILLO DE ULÚA
PROYECTO CRUEL, PERO SEGURO(1)
Estando el otro día en un café, en sociedad con varios amigos oficiales, hablando sobre las fechorías de Lemour(2) en el castillo de San Juan de Ulúa,(3) dijo uno el proyecto que adoptaría para tomar el dicho fuerte en pocos días y a poca costa, y fue éste :(a)
"Supuesto que desconfiamos y debemos desconfiar de los españoles que viven con nosotros, así porque es mentira que todos nos quieran ni estén contentos con nuestra independencia, como porque el día que puedan declararse, han de sacar la cabeza y han de ser nuestros más encarnizados verdugos, y también porque la garantía de la unión(4), ha sido rota por ellos, y ya nos han roto los fuegos y siguen destruyendo la plaza de Veracruz,(5) en buena guerra debemos recelar de todo español que viva con nosotros, aunque sea bueno, así como ellos desconfiaron de los franceses y casi a todos aprisionaron con secuestro de bienes y destierro en el año de 1808.
"Pues bien, decía el amigo, nosotros hemos de ser más indulgentes y manifestar al mundo que no nacimos bajo el planeta ovejo, como usted ha dicho.
"Recójanse en México y en todas las provincias a cuantos españoles se hallen solteros. Permítaseles, a los que tengan bienes, nombrar un apoderado americano de su confianza que los cuide, mientras se hace la paz por bien o por mal; esto es, mientras no seamos dueños del castillo.
"Seguramente puede la nación recoger más de seis mil españoles; pues éstos, sin incomodarlos en nada, remítanse a Veracruz, para que de allí se les remitan a Lemour, con el objeto de que tenga muchos soldados paisanos suyos, y tan interesados como él en la reconquista de la América, para que lo ayuden a batirnos.
"En esto no se le hace, al parecer, ningún daño, pues un refuerzo de seis mil hombres, ningún general los desprecia. Por necesidad, por caridad, por paisanaje los había de recibir Lemour.
"He aquí, con sólo esta astuta diligencia, rendido el castillo en ocho días. En éstos consumían nuestros reclutas todos los víveres, y como la hambre es valiente, por comer y vivir debían rendirse o morir todos; y si por fortuna tenían mucha cantidad de víveres, en el castillo apenas caben dos mil hombres, con que ocho mil estarían como piojos en costura, unos sobre otros, y la peste los mataría muy breve o se rendirían mal de su grado, sin más diligencia por nuestra parte que no cesar el fuego ni de día ni de noche, y vigilar sumamente un desembarco sobre la costa o la plaza."
Poco más o menos, tal era el discurso del amigo, a quien se le podía haber dicho lo que el vir[r]ey Venegas(6) al oidor Aguirre,(7) cuando éste le persuadía a que levantase un ejército de doscientos mil hombres: que pasaran a cuchillo a todos los americanos desde la edad de siete años para arriba, con lo que cesaría la insurrección. El remedio es cruel, pero eficaz, le respondió Venegas; y lo mismo podemos decir de este proyecto: él es un poco tosco, pero seguro.
¿Qué haría el tío(8) Lemour con tres o cuatro mil huéspedes que se consumieran en ocho días los víveres depositados para dos meses? Y ¿qué si se fueran apestando cuando menos lo esperara? Yo aseguro que muy pocas bombas había de dirigir a Veracruz.
Pero no es ni el carácter americano para eso, ni la cosa era conforme al derecho de gentes. ¡Cuántos solteros inocentes irían remitidos al sacrificio, y cuántos casados enemigos se quedarían entre nosotros!
En cualquier revolución
ni son todos los que están
ni están todos los que son.(9)
Lo más en regla sería estrecharles el bloqueo por mar, impidiéndoles todo socorro de afuera, y entonces, concluidos sus víveres, se entregarían y el triunfo sería nuestro.
Porque en toda buena guerra
el que es dueño de la mar
es el dueño de la tierra.
He oído asegurar que los angloamericanos están fomentando a Lemour: vendiéndole víveres, pólvora, armas y cuanto necesita.
Aun siendo cierta esta noticia, no es creíble que sea obra del gabinete del Norte; pero bien puede serlo de particulares comerciantes, a quienes poco o nada importa nuestra seguridad, sino las ventajas de sus intereses. ¿A qué no se sujetan los hombres por el oro?
En este caso, y si el castillo no es tan débil como algunos dicen, larga la llevamos; pues como no les falta qué comer ni pólvora con que hacer fuego, nos estarán incomodando mucho tiempo.
Por tanto, creo de la mayor ejecución que nuestro gobierno, a cualquier costa, compre dos o tres fragatas de guerra, que auxiliadas de otras tantas que nos prestan nuestros hermanos de Colombia, con ocho o diez lanchas cañoneras formen una escuadrilla respetable, y a lo menos una fragata ni otro buque mercante no se atreverá a acercarse al castillo; y si se atreviere, será buena presa nuestra, y se iría aumentando de este modo la fuerza marítima. Lemour y sus bravos carecerían de recursos y muy breve humillarían su orgullo.
Pero dirán que ¿de dónde se hace el gobierno del dinero que esto demanda? Ya apunté en mi Quinto ataque los medios que me parecen más seguros y prontos:(10)pruébense a ver si surten el efecto que se desea; y no que hay andan(11) haciendo plegarias, y pidiendo limosna para socorrer a nuestros soldados sitiadores.
No me parece mal que se exhorte al patriotismo, ni que se provoquen donativos en favor de aquellos valientes; pero esto último debe ser a lo último, cuando en lo absoluto no le quede a la nación otro recurso; mas ahora que tiene tantos que desplegar, ¿qué necesidad hay de esos donativos y mendigueces?
Pruébense, repito, pero muy pronto, los medios que he insinuado, y veremos si no hay plata suficiente para mantener ejército y marina, comprar buques de guerra, tripularlos y armarlos; pero que sin probar estos arbitrios fáciles y seguros, andemos llorando la plaga, es vergüenza; es como el que se muere de hambre por no empeñar su prenda al mediodía. A esto yo no llamaría necesidad sino mezquindad.
Hágase ver a los reverendos obispos y cabildos, a los curas y prelados de conventos, a las madres abadesas y mayordomos de cofradías, el peligro a que está expuesta la nación, si de un día a otro auxilia a Lemour la Santa Liga(12) con veinte mil hombres.
Dígaseles que en tal caso no contamos ni con ejército, ni con marina, y no podremos impedir un desembarco; que hecho éste, se moverán a una todos los partidos interiores que parece que hoy duermen, y no están haciendo otra cosa que escondiendo las uñas, pisando quedito y aplastándose contra la tierra para dar el salto sobre seguro contra nosotros, como hacen los gatos cuando se lanzan sobre los tímidos y descuidados ratoncillos.
Hágaseles ver de bulto que, en este caso, es la reconquista más fácil de lo que se piensa; y en entonces, para resarcir los gastos de la guerra, no nos dejarán, no digo, una arañita o lamparita de plata, pero ni estaca en pared,(13) pues barrerán con cuanto vean y les escondan; y si ahora prestan este metal para ocurrir a tan sagrada necesidad, con la esperanza de reintegrarse de él dentro de poco tiempo, bajo el crédito de la nación, entonces todo lo perderán para siempre, no solo, sino con los honores, empleos, dignidades, rentas, y plegue a Dios que no sea con la vida, porque ésos no son americanos; no, no caerán parados esos gatitos maromeros(14) entre ellos, como han caído entre nosotros. Conque habilítese el gobierno de esta plata muerta, para mantener los templos vivos de Dios, que están exponiendo sus vidas en Veracruz por defender la santa religión de Jesucristo, la seguridad del ciudadano y la felicidad de la patria.
También puede el gobierno resellar la plata que tenga los bustos de Fernando VII y Agustín I,(15) y verá cuántos miles tenemos, o tienen sus dueños enterrados. No se les quite nada sino los derechos del resello; pero circulará este dinero y no será tan fácil su extracción.
Acúñese mucho cobre ligado con calamina: hace una moneda muy bonita y suple lo mismo que el oro.
En una palabra, tiente el gobierno los medios que propongo, y yo fío que al experimentar sus buenos resultados me dará la gala(16) justamente; pero si porque los propone El Pensador se desechan, entonces no se atribuyan las escaceses del erario ni la pérdida de la patria a falta de recursos, sino a mi pequeñez y falta de representación.
Soy un ignorante, y esto no necesito probarlo. Los innumerables papeles que tengo escritos me sacan verdadero sobre mi palabra; porque ninguno diga quién es que sus obras lo dirán,(17) y las mías impresas manifiestan que no soy letrado, estadista, político ni militar. Ténganme enhorabuena por un tonto, y si se quiere, por un loco; sin embargo, acuérdense del loco de Jerusalén, que predijo su ruina tiempos antes de que sucediera.(18) Yo pronostico la ruina de mi patria si se desprecian mis avisos.
No soy iluso ni fanático, ni me creo inspirado por Dios como los profetas de antaño; pero tengo unas narices políticas algo largas: preveo, calculo, echo mi compás, y por lo regular salen bien resueltos mis problemas.
En mi primer Sueño dije que no podía haber monarca moderado,(19) y el señor Iturbide me sacó verdadero disolviendo el Congreso de Cortes,(20) según que yo lo pronostiqué disuelto por un borbón. Le vaticiné, en mi Segundo sueño, la seducción de los fanáticos, la lisonja de sus áulicos, lo inaccesible que el trono y ellos lo harían al pueblo, los males que podría causarle el odio de éste;(21) y le indiqué su ruina mucho antes de este papel, en otro que titulé El amigo de la Paz y de la Patria,(22)cuando se coronó,(23) y todo se vio verificado. Conque vivamos alerta. Un desembarco de veinte mil hombres en nuestras costas no es difícil para la Santa Liga; y a nosotros, según estamos, es imposible evitarlo. Contamos con muchos enemigos interiores que por venganza, interés o pasión, nos venderán muy presto a los extraños.
Nosotros mismos, esto es, los patriotas liberales, estamos divididos en centralistas y federalistas... ¡A qué buena hora! Conque todo nos presagia nuestra ruina.(b)
Esa liga o alianza de los reyes tiranos de la Europa (menos reforzada que ahora) eclipsó las glorias del hijo de Marte y de Minerva, del hombre de los siglos, de Napoleón el Grande y el ilustre prisionero de Santa Elena, después de quitar y dar coronas a su arbitrio, murió entre el abandono y la desgracia.
La Francia, ese pueblo libre y generoso, valiente e ilustrado, que le dio la ley a Europa bajo la espada del vencedor de Jena y Austerlitz, sucumbió a la Santa Liga, recibió la ley del caduco viejo Luis XVIII; y sus ejércitos, que antes se componían de hombres libres, ahora son manadas de esclavos que los conducen a la muerte o a oprimir a sus semejantes. Si esto hizo la Santa Liga con un pueblo como la Francia, inmenso, ilustrado, aguerrido, triunfante, lleno de recursos y con un general al frente como Napoleón, que había intimidado a los tiranos: ¿qué podemos esperar nosotros, con la población exhausta, sin tropas, sin dinero, sin unión y con enemigos en casa? ¡Oh, yo deseo salir en esta parte mal adivino! ¡Cuánta será mi gloria cuando mis compatriotas me den con este papel en la cara y me digan: "mira, todas tus tristes predicciones del Sexto ataque salieron vanas! ¡Ya somos libres y felices!" Yo me daría los plácemes por esta burla y les diría "me congratulo con vosotros de haber errado mis pronósticos políticos. Soy mal profeta; pero buen patriota."
Así les diría; pero por ahora, repito que si mis proyectos se desprecian, la patria se pierde, y no muy tarde. Mis cálculos pueden ser malos, pero mis intenciones son buenas.
Compatriotas: Dios y Libertad.
México, octubre 18 de 1823.
El Pensador.
NOTA. Este papel, los anteriores y posteriores se hallarán en donde se imprimen.
(1) México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1823.
(2) Francisco Lemour. Cf. nota 11 a Oración de los criollos... y nota 12 a Ataque al castillo...
(3) castillo de San Juan de Ulúa. Cf. nota 4 a Ausente el emperador...
(a) No fue invención mía, puedo nombrar al proyectista y los testigos de la conversación.
(4) garantía de la unión. Cf. nota 10 a Oración de los criollos... y nota 11 a Segundo ataque...
(5) Veracruz. Cf. nota 41 a Segundo sueño...
(6) Francisco Javier Venegas. Cf. nota 19 a Lo que escribe...
(7) Guillermo de Aguirre y Viana. Español que fue oidor de la Audiencia de México, "y aunque no está comprobado se le atribuye la famosa frase de que 'bastaba con conjurar aquella tempestad —refiriéndose a los preludios de la guerra de Independencia— un látigo a cuyo solo estallido huirían todos los mexicanos'. Falleció en 1810 y fue el primero que se enterró privadamente en México, en la capilla del hospital de naturales, del cual fue protector". Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac,Diccionario de geografía, historia y biografía mexicanas, op. cit., p. 19.
(8) tío. En el trato común y familiar dícese del hombre rústico y grosero.
(9) ni ton todos los que están, ni están todos los que son. "Se acostumbra a decir así de las personas que forman parte de una agrupación que según sus estatutos o reglamentos profesa tales o cuales principios, o este o aquel credo; pues es seguro que no todos los asociados comulgan con las ideas de la agrupación y en cambio no están formando parte de ella todos los que así profesan tales ideas". Luis M. Rivera,Origen y significación de algunas frases, locuciones, adagios y proverbios usados en la República Mexicana o en algunas regiones de ella, Guadalajara, Tip. Jaime, 1922, p. 226. Este refrán tiene una variante: Ni están todos los que son, ni son todos los que están; que precisamente es el título de un folleto de Lizardi, que completo es como sigue: O sea justa satisfacción que El Pensador Mexicano da a los beneméritos europeos, agraviados sin razón por algunos incautos escritores. Especialmente se dirige a favor de los señores oficiales que han servido y actualmente sirven en el Ejército Imperial, México, Oficina de don Celestino de la Torre, 1821.
(10) Quinto ataque al castillo de Ulúa. Y a los enemigos de la patria y de su libertad, México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1823.
(11) hay andan. Ahí andan. Allá se andan.
(12)Santa Liga. Cf. nota 4 a Segundo sueño...
(13)no dejar estaca en pared. Atrasar o destruirlo todo.
(14) maromero. Cf. nota 9 a Chamorro y Dominiquín...
(15) Cf.nota 13 a Quinto ataque...
(16) me dará la gala. Cf. nota 17 a Buscapiés extraordinario...
(17) ninguno diga quién es, que sus obras lo dirán. Cf. nota 34 a Otra afeitada... al licenciado...
(18) Es decir, Jesucristo. Mt. 16, 21; 17, 22-23; 20, 17-19. Mr. 8, 31; 9, 31; 10, 33. Lc. 9, 22; 18, 32-34. Jn. 2, 19-22; 16, 16-20.
(19) El sueño de El Pensador no vaya a salir verdad, México, Oficina de don José María Betancourt, y por su original en Puebla, en la Liberal de Moreno Hermanos, 1822.
(20) Congreso. Cf. nota 36 a Segundo sueño...
(21)Cf. Segundo sueño... y Concluye el sueño...
(22) El Amigo de la Paz y de la Patria. Periódico político, dedicado al muy ilustre ciudadano Agustín Primero, emperador de México, México, Oficina de Betancourt, 1822. Obras V, op. cit., pp. 3-16.
(23) Agustín de Iturbide. Cf.nota 7 a De don Servilio al clamor...
(b) Ciertamente que la disputa en que están los federalistas y centralistas es bien ridícula, y se parece a la que tenían los consejos sobre si eran galgos o podencos los perros que al fin los devoraron [cf. nota 6 a Viva el general... ]. Está demasiado dada la opinión de los pueblos a favor del federalismo. Jalisco ha roto el tal pronunciamiento y lo han seguido Oaxaca, Zacatecas, San Luis, etcétera, etcétera. Otras provincias desean declararse, los diputados lo harán, y al fin la nación se constituirá bajo tal gobierno, porque es el mejor en clase de república, porque es el que se aleja más del monárquico, porque bajo él se harán felices las provincias y porque la nación así lo quiere en su mayor parte, y no hay fuerza que resista el voto general de los pueblos [el 16 de mayo de 1823, el Congreso Constituyente publicó "el documento titulado Plan de la Constitución Política de la Nación Mexicana, conocido como Plan del Valle por la influencia que en él tuvo el diputado guatemalteco José del Valle, y que a la letra dice: 'La soberanía de la Nación, única, inalienable e imprescriptible puede ejercer sus derechos de diverso modo, y de esta diversidad resultan las diferentes formas de gobierno... El de la Nación Mexicana es una República representativa y federal'. Esta declaración fue firmada, aparte Del Valle, por Servando Teresa de Mier, José María Bocanegra, Lorenzo de Zavala, Juan de Dios Mayorga, José Mariano Marín, José María Ximénez y Francisco María Lombardo. En los días anteriores a la redacción de este documento, la Junta Provincial de Guadalajara y la provincia de Oaxaca, que había rechazado la convocatoria y formado su propio congreso, proclamaron su independencia, sólo revocable por la adopción del sistema federal. Querétaro, Yucatán y Sonora se pronunciaron asimismo por esa forma de gobierno, de tal suerte que la adopción del federalismo vino a ser una exigencia que se manifestó de la periferia al centro y que se originaba en la conveniencia de proteger intereses locales". "El 12 de junio de 1823, el gobierno expidió el siguiente comunicado: 'El Soberano Congreso Constituyente, en sesión extraordinaria de esta noche, ha tenido a bien acordar que el gobierno puede proceder a decir a las provincias estar el voto de su soberanía por el sistema de República Federal, y que no lo ha declarado en virtud de haber decretado se forme convocatoria para un nuevo Congreso que constituya a la Nación'. El 30 de octubre cerró sus sesiones el Primer Congreso y el 7 de noviembre siguiente se instaló el Segundo, ante el cual promovió el gobierno 'que se estableciese cuanto antes la forma de gobierno por la cual se habían declarado las provincias'. El 31 de enero de 1824, la asamblea aprobó el Acta Constitutiva de la Federación, redactada por Miguel Ramos Arizpe. En el [Art. 1° se] dice: 'La nación mexicana se compone de las provincias comprendidas en el territorio del virreinato llamado antes Nueva España, en el que se decía capitanía general de Yucatán, y en el de las comandancias generales de provincias internas de Oriente y Occidente'. En esta vasta extensión se alojaban -salvo Guatemala, que ya se había independizado- las 23 provincias que fueron convocadas al Congreso": California -Alta y Baja-, Coahuila, Durango, Guanajuato, Guadalajara, México, Michoacán, Nuevo León, Nuevo México, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Santander, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Texas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán y Zacatecas. Enciclopedia de México, Ciudad de México, Impresora y Editora Mexicana, 1977, t. IV, 129-131]. Además que no encuentro justicia para oponerse al tal sistema, ni se puede alegar una razón sólida para que México quiera dar la ley a las provincias lo mismo que España la ha dado a México. Entonces nada consiguieron aquéllas con emanciparse de España. Mudaron amo, pero no servidumbre; antes sería de temer la sufrieran más dura, por tener de casa la Madre Patria.Dejemos que la nación se constituya como quiera, no como quieran constituirla un puñado de aristócratas. Pensemos en consolidar la opinión, en defendernos de Lemour y sus auxiliares. Unámonos y seremos fuertes y felices.