SE LE QUEDÓ AL GACHUPÍN
LA LAVATIVA EN EL CUERPO(1)
¡Válgame Dios!, señor Aza,(2) ¿cuánto ha trabajado, y está usted cada día trabajando, para dar a conocer su mucha ignorancia y poca educación? Por más grandes que usted fije sus noticiones, no pasarán éstos de unos anuncios de grandes paparruchas.(3) Sí, amigo mío, hablemos con juicio: usted está concluido con cada respuesta mía y, no teniendo con qué instar mis soluciones, ni qué responder a los cargos que le hago, salta por otra parte, reimprimiendo producciones mías añejas, con la desgracia de no entender lo mismo que quiere censurar. Véalo usted claro.
Me hace usted cargo de que fui adulador del señor Iturbide(4) porque lo proclamé emperador de México.(5) A esto respondí, que lo hice porque del mal el menos,(6) y debiendo por ley fundamental del Plan de Iguala(7) venir a dominarnos un Borbón, yo quería más bien que reinara un compatriota nuestro. ¿Halla usted aquí adulación, o un fondo de política y patriotismo? El hecho, a la verdad, correspondió a mi pronóstico. Deje usted a un lado la envidia, y diga si es verdad que en mi famosoSueño(8) pronostiqué la disolución del Congreso por una testa coronada, fundándome en que no podía haber monarquía moderada porque los monarcas siempre tienden al absolutismo, y no les gusta estar tutoreados por congresos. Apenas la Gran Bretaña nos presenta un ejemplo de un monarca moderado por sus Cámaras.
El hecho confirmó mi previsión, pues apenas Iturbide pudo cuando sacudió de sobre sí el yugo de la representación nacional.(9)
En mi Segundo sueño(10) le pronostiqué con bastante claridad y disimulo su caída y aun su muerte, siempre que abusara de la autoridad de la corona. También el hecho confirmó este pronóstico. No sé por qué usted no reimprime estos papeles, ya que se ha tomado el trabajo de reimprimir, según parece, todas mis obras.
¿Dirá usted que a qué viene esto? Y respondo que a confirmar por justa, patriótica y política mi proclamación al trono de México en la persona de Iturbide. A este príncipe de casa, pobre, sin conexiones con la Europa, y sin enlaces con testas coronadas, fue fácil despojarlo del solio; no ha habido quien chiste palabra en el asunto. Por el contrario, si usted hubiera tenido el gusto de que hubiera venido a dominarnos un real coyote(11) de la casa de Borbón, ¿cuál fuera nuestra suerte en el día? La guerra, la esclavitud, la ignominia. Luego fue mejor haber incitado la ambición de Iturbide para que se coronara, que adular su fingida virtud para estrecharlo a que se cumpliera el Plan de Iguala, y nos viéramos hoy esclavos del mismo trono de que nos quisimos desprender. Lo primero hice yo, y esto está probado que es una virtud. Pues ¿por qué usted y otros necios me imputan como delito lo que es en sí realmente una virtud? ¿Por qué? Porque no saben hacer crítica, porque son tontos y no lo entienden.
No dudo que Iturbide tenía enemigos personales, unos por resentimientos privados, y otros por desafección al sistema; no mentando partes como usted, a quien el día de su proclamación le tiraron los léperos(12) el sombrero públicamente, y lo llenaron de insultos, porque no se descubrió cuando pasaba ante sí su majestad imperial. ¡Grosería, impolítica, imperdonable! ¡Yo me hubiera descubierto al Gran Chino en iguales circunstancias; y en ellas mismas, si como se acababa de proclamar a Iturbide, y pasaba delante de usted, hubiera pasado don Francisco de Paula de Borbón, yo juro a Dios que se quita no ya el sombrero, sino hasta los calzones, echa las posaderas al aire y se muere meándose de puro regocijo; pero estos enemigos eran pocos, la opinión general estaba a su favor, y digan ahora lo que quieran, desde Querétaro(13) o antes regalaron sus oídos las lisonjeras voces de ¡viva Agustín I! Entre estas aclamaciones entró en México, luego ¿qué crimen cometí yo en decir con la pluma lo que la mayor parte del pueblo decía con la boca?
Sobre que ahora catorce años escribí contra el tolerantismo religioso(14) y ahora soy su acérrimo defensor, es preciso decirle a usted que es un TONTO con letras mayúsculas, pues, para disculparlo; porque para culparlo como merece es menester decirle con letras más grandes que es un PÍCARO, porque no supongo a usted tan salvaje que ignore que la educación que me dieron los españoles fue fanática, supersticiosa y grosera; tampoco ignora que cuando escribí ese papel aún humeaban en México las fritangas de la santa Inquisición;(15) luego, qué extraño es que yo entonces hubiera hablado lo que sabía, ni que haya variado de pensar, conformándome con los progresos de las luces. ¡Cuántas cosas de que hoy nos burlamos como desatinos, ayer las defendíamos como unos axiomas infalibles!
Yo confieso de buena fe que estaba engañado cuando escribí contra el tolerantismo, porque pensaba que era opuesto al Evangelio y a la religión de Jesucristo; pero después que he visto que hay no tal cosa [sic], y que el intolerantismo es un sistema bárbaro, feroz, antipolítico, antisocial, capaz no sólo de malquistar la religión cristiana, sino de hacer que se aborrezcan unas naciones a otras, me he deci[di]do contra ésta, ilustrada mi razón con las doctrinas de los mejores publicistas.
Por esto me arma usted tamaña al[ha]raca, acreditando su ignorancia, pues no sabe que Dios dice que el variar de opinión toca al hombre prudente: prudentis est mutare concilium.(16) ¿O quiere usted que los errores se defiendan siempre, aun a pesar del desengaño?
Para abreviar y hacer ver que usted no entiende ni lo mismo que quiere censurar, le hago esta sencilla pregunta: ¿cuándo erré al escribir contra el tolerantismo, o al escribir a su favor? Si usted fuera capaz de sostener una cuestión como las gentes, y no de charlar disparates y despropósitos, se vería bien apurado para responder categóricamente. A otra cosa.
Copia usted una Proclama que escribí en elogio del virrey Calleja,(17) dizque para hacer ver una grande injuria que hice contra mi patria, especialmente contra los insurgentes; y vamos resultando con que en la tal Proclama no hay una palabra siquiera que indique por mi parte la más mínima desafección a los insurgentes; por el contrario, entre los elogios que tributo al virrey se deja conocer mi buen deseo de que fuera pacífico y humano con los americanos.
Por otra parte, las circunstancias en que yo me hallaba cuando escribí ese papel, eran bien tristes para mí. Estaba yo preso en la cárcel pública,(18) de resultas de los días a Venegas; mi causa estaba avocada a la Capitanía General;(19) Calleja entraba de virrey y debía tener conocimiento en esta causa; él era cruel, y yo no lo ignoraba; además, tenía en mi contra el influjo del sanguinario Bataller(20) y todos los oidores; ¿qué debía prometerme en tal caso, y qué debía dictarme la prudencia? Debía prometerme mi exterminio, mi muerte, y la ruina de toda mi familia; para evitar este [sic] catástrofe era necesario captarme la benevolencia del virrey, y esto fue lo que hice con mi Proclama cuando tomó las riendas del gobierno; a eso debí mi libertad, y el que me hubiera dado buen trato en la prisión. Dios se lo premie así como se lo agradezco.
¿Ve usted cómo todo su trabajo es una mera impostura, y quién es el adulador? Es usted, cuando en su papel titulado El patriotismo sin máscara, etcétera, entra diciendo con la mayor desvergüenza estas palabras: “Cuando los dignos y beneméritos jefes que hoy se hallan al frente de nuestro actual gobierno, resistían en los campos del honor los ataques de los tiranos... entonces fue cuando El Pensador... comete la criminal bajeza de adular al Nerón Calleja.”(21) Voy a convertir la proposición de usted como se debe, para que el público advierta lo embustero y adula[do]r que es usted: cuando El Pensador escribió su Proclama, que fue el 4 de marzo de [1]813, estaban haciendo la guerra a favor de los insurgentes, en los campos del honor, los beneméritos jefes que hoy se hallan al frente de nuestro actual gobierno. Esto es lo que usted ha dicho, y esto es una mentira manifiesta. ¿Cómo probará usted que los señores diputados y senadores actuales, que el señor Molinos del Campo,(22) que los señores ministros..., en una palabra, que los que hoy gobiernan en México, en lo militar y en lo político, a excepción del señor Victoria,(23) se batían con las tropas españolas en defensa de los insurgentes? Así son todas las mentiras y chapucerías que usted escribe.
Con la mayor desvergüenza pregunta usted que ¿a qué fin viene mi interrogatorio, de si es usted maleta, si tiene capa, si mantiene familia, si tiene casa, si lo he socorrido alguna vez con una peseta,(24) si le ha merecido favores a El Payo(25) y después lo ha insultado públicamente, si iguales favores le mereció al brigadier Hernández(26) y ha hablado mal de él, si tiene oficio o modo de vivir conocido, si es ciudadano, etcétera?
¡Que tenga usted cara para hacerme tales preguntas! ¿A qué fin ha de venir? A hacerle a usted ver que es un hombre idiota, sin honor, sin vergüenza, sin carácter, sin lealtad, sin gratitud, hipócrita, vago, sin oficio, sin casa ni hogaza,(27) y de consiguiente excluido de los derechos de la ciudadanía. ¡Ay, que no es nada a lo que viene mi interrogarorio! Si usted tuviera pundonor o desmintiera mis acusaciones, o no hablara palabra de esto, mas es usted un poco sinvergüenza, a quien nada se le da de que se lo digan por las prensas.
No así yo: soy un hombre de bien, tengo mucho honor y lo he de defender a costa de mi vida. En su último papasal(28) de usted, acaba de decirme que son muy notorios mis oscuros principios. Usted es un charlatán que escribe lo que se le viene a la boca, o que firma lo que le pagan; y así, ni sabe la trascendencia que pueden traer contra mi honor y el de mi familia(29) esas infames palabras. Ya después de Pascua nos veremos ante la ley usted y yo, a ver cómo prueba esa oscuridad de mis principios. Atáquense bien las bragas(30) usted y todos mis enemigos, porque les va a costar bien cara la expresión.
Que usted me diga que soy tan majadero como usted, me es despreciable, porque un pollino no puede infamar a un gorrión diciéndole que rebuzna como él. No es usted, pues, el que ha de calificar ni mi talento ni mis obras, por eso lo desprecio; pero la injuria que me hace en el honor no puedo dispensarla. Se acordará usted de ella, sufrirá la pena de la ley, y cuando vea que mis principios son demasiado claros, tendrá que desdecirse, con ignominia, con su misma pluma.
El último mamarracho que ha dado a luz, titulado Ultrajes de El Pensador a los primeros patriotas,(31) es el sello que caracteriza la alma negra que abriga ese cuerpecillo español. El principio de la cuestión, provocada por usted, fue fingirse usted amigo de El Payo del Rosario y quererlo defender; ésta fue la puntería que usted fingió, pero el blanco realmente fui yo. ¿Qué defensa ha hecho usted de El Payo del Rosario, ni qué calabazas? Todo su empeño ha sido llenarme de injurias y procurar desconceptuar mi patriotismo. ¡Qué empeño tan ridículo! Mi opinión la tengo bien asentada, mis servicios y mis padecimientos por la justa causa son bien públicos en toda la República, y fuera de ella; pero hablen cartas y callen barbas.(32) Incluyo a usted y a mis enemigos unos cuantos documentos, así de mis pequeños servicios, como del honor que me dispensan algunos de los amigos con que cuento. Diga el público si un bicho como usted podrá tildar mi patriotismo, ni juzgar de mi talento, y cuando vean que un Iturbide, un Parres,(33) un Guerrero,(34) un Victoria, un Bustamante,(35) un Filisola,(36) un Quintanar,(37) un Barragán,(38) y otros generales patriotas de esta clase, me hacen justicia de confesar mi patriotismo y honor en distinguir mis cortas luces, digan, ¿a quién creerán más?, ¿a unos hombres ilustres y sensatos como éstos o a un tuno polizón como usted, que acaso vino de lastre en uno de los buques del general Mina?(39) Conque vea usted qué empresa tan ímproba ha abrazado para querer desconceptuarme, cuando los primeros generales y autoridades de la patria parece que se empeñan por un efecto de su bondad en favorecerme. Nada de esto dijera, porque parece alarde; pero lo hago hostigado por usted, y en defensa de mi honor. Creo que cualquiera hombre de bien me disculpará. A otra cosa.
¿Conque usted sabe sacar herético el Credo rezándolo desde Poncio Pilato abajo? Sí, señor, de mi Chamorro y Dominiquín(40) tomó usted las expresiones que le parecieron propias para denigrarme y alarmar contra mí a los verdaderos y buenospatriotas; pero se ha llevado chasco. Ese papel me hará honor mientras haya en el mundo un solo hombre que piense con juicio. Remito a los curiosos a su lectura; no necesito vindicarme más que con ésa que: no todos los que se mezclaron en las filas de los verdaderos insurgentes fueron verdaderos patriotas, es una verdad;(41) que muchísimos fueron a robar y a indultarse después, es otra verdad; que infinitos de los que agavillaron pandillas de tunantes con el nombre de insurgentes fueron unos salteadores públicos, como Pedro el Negro,(42) es otra verdad; que esta clase de héroes no respetaban a su vez ni a Morelos,(43) ni a Guerrero, ni a Victoria, ni a Bravo,(44) ni a la Junta de Jaujilla,(45) ni a la de Zitácuaro,(46) ni a nadie, es otra verdad; que los generales no los podían hacer entrar en subordinación, sino que muchas veces mandaban a avanzar sobre el enemigo, y ellos corrían y los desamparaban en el mayor riesgo, es otra verdad; que de semejante clase de gente no se podía esperar la independencia, es otra verdad; que los señores Victoria, Guerrero, Bravo, Verduzco,(47) los dos padres Ximénez,(48) Rayones,(49)Rosains(50) y otros jefes honrados, atestarán lo que digo, es otra verdad; que contra ésos hablé yo en mi Dominiquín, es otra verdad; que cuando lo escribí no había más patriotas con una pequeña fuerza disponible, sino la que mandaba el señor Guerrero, es otra verdad; que la Independencia estaba problemática cuando escribí mi papel, es otra verdad; que si el señor Guerrero no auxilia al señor Iturbide, ni éste tiene gracia de reunir la opinión, no se verifica la Independencia, es otra verdad;(51) que en México se decía que en la Profesa(52) se formaron los planes para fingirnos una independencia falsa, para echarnos la cadena más apretada, es otra verdad; que yo temí tal intriga, y sosteniendo delante de Apodaca(53) la justicia y necesidad de la independencia, escribí mi Chamorro, avisando a la nación este engaño, y persuadiéndola a que fuera independiente deveras, o si no constitucional, es otra verdad; que este papel lo pateó el señor Apodaca y me puso preso, es otra verdad; que la Junta de Censura, de que era presidente el señor canónigo Alcocer,(54) me condenó a dos años de prisión, calificando mi Chamorro de subversivo, porque trataba de romper la integridad del territorio español, es otra verdad; que yo apelé a la Junta Suprema de España, y en tal concepto me puso en libertad bajo de fianza mi juez, el muy virtuoso y honrado doctor don Rafael Suárez Pereda,(55) es otra verdad; que mi fiador lo fue el muy honrado y mi muy amigo, gachupín,(56) don Domingo Llano,(57) dueño del puesto de la Gaceta en el Portal de Mercaderes,(58) es otra verdad; que yo proclamé en México la Independencia en 1º de marzo de [1]821,(59) es decir, un día antes que el señor Iturbide, con bayonetas, jurara su Plan en Iguala, es otra verdad... Pero ya basta. ¿A este puño de verdades, qué opone el señor Aza? Mentiras, imposturas, desvergüenzas; pero mientras haya en el mundo pícaros y viles, ni a mí me faltarán enemigos, ni a él marchantes que compren sus porquerías.
Deseo a usted, señor Aza, y a todos mis enemigos, felices Pascuas. Aún me quedan en el tintero muchas alforzas(60) que cogerle, y le han de venir bien ajustadas.
México, diciembre 24 de 1825.
El Pensador.
Por posdata. Me cobra usted dos pesos(61) que le ofrecí si llegaba a su cuarto número sin perderse; lleva usted seis, he perdido la apuesta; pero como no me comprometí a llevárselos a su merced a su casa, puede vuestra señoría, cuando guste, venir por ellos a la mía,(62) y se le pagarán a letra vista.
Documentos que manifiestan el público patriotismo de El Pensador
NÚMERO 1
Copia de la certificación del brigadier don Francisco Hernández
Don Francisco Hernández, brigadier de los ejércitos nacionales, etcétera. Certifico: que desde el año de [18]10, conocí y traté en Taxco(63) a don [José] Joaquín Fernández de Lizardi, que era a la sazón subdelegado por el gobierno español, y después, a instancias nuestras y por aclamación popular, quedó en el mismo empleo. Desde entonces le observé el más firme patriotismo, que después acá ha acreditado con constancia públicamente. Hizo muchos servicios a nuestra justa causa en aquella época, siendo uno de ellos no haber entregado la pólvora al señor Andrade, que se la pidió con pena de la vida, para hacernos la guerra y quitarnos aquel arbitrio, siendo este jefe entonces de las tropas realistas, situadas en la hacienda de San Gabriel; por todo lo cual fue preso el dicho Lizardi por su segundo, don Nicolás Cosío; se le perdieron sus cortos bienecillos, y fue conducido públicamente a esta ciudad en una cuerda en el mes de enero de [1]811.(64) Y para que conste donde convenga a la parte, doy ésta a su pedimento en México, a 30 de julio de 1825. Francisco Hernández.
NÚMERO 2
Copia de la certificación del excelentísimo señor capitán
general don Vicente Guerrero
Don Vicente Guerrero, mariscal de campo del ejército nacional libertador, capitán general y jefe superior político de la provincia de sur. Certifico haber conocido en la costa del sur a don [José] Joaquín Fernández de Lizardi, subdelegado que fue del Real de Taxco en el año de [1]810, en que entró en dicho Real el brigadier don Francisco Hernández; y supe haber sido muy patriótico el comportamiento del expresado Lizardi con las tropas, entonces llamadas insurgentes, a quienes prestó cuantos auxilios pudo, exponiéndose a perder la vida en poder del gobierno español, de cuya orden fue conducido preso a esta capital, por no haber querido entregarle la pólvora al entonces coronel don Antonio Andrade, que se la pidió pena de la vida, [l]o que prueba su decidido patriotismo, que no ha desmentido desde entonces acá, como es público y notorio. Y para que conste donde convenga, doy ésta a pedimento de la parte, en San Agustín de las Cuevas,(65) a 3 de mayo de 1823. 3o. 2o. Vicente Guerrero.
NÚMERO 3
Copia del párrafo interesante de la carta que se cita del brigadier
don Joaquín Parres
Querétaro, julio 8 de [1]821. Mi apreciable tocayo(66) y amigo: Con la mayor satisfacción supe [por] el portador la salida de usted de México, y veo su grata de 28 del pasado. Usted tiene tanta o más parte que todas nuestras espadas en la grande obra, como que lo es principalmente de la opinión; por fin nosotros nos decidimos, seguidos de bayonetas y espadas, y usted lo ha hecho en medio de las enemigas, y sin otro escudo que su natural valor. Deseo complacer a usted, repitiéndome siempre su apasionado amigo y tocayo que lo ama y besa su mano.Joaquín Parres. Señor don [José] Joaquín Fernández de Lizardi.
NÚMERO 4
Copia de una carta del señor Iturbide
San Juan del Río,(67) 17 de junio de 1821. Muy señor mío y de toda mi estimación: acabo de saber que se halla usted oculto en ese pueblo, y tanto por la consideración de lo expuesto que está en él, como por lo útil que puede ser a la patria con sus talentos, viniéndose a Valladolid(68) u otro lugar independiente que le acomode, aprovecho esta ocasión para decirle que si necesita algunos auxilios para su viaje, proporcionaré que se le franqueen, dándome oportuno aviso.
Me es muy satisfactorio poderme ofrecer a la disposición de usted como su muy atento y afecto servidor, que besa su mano. Agustín de Iturbide. Señor don [José] Joaquín Fernández de Lizardi.
NÚMERO 5
Copia de la certificación del señor Bustamante
Don Anastasio Bustamante, mariscal de campo de los ejércitos imperiales, vocal de la Suprema Junta, y capitán general de las Provincias Internas de Oriente y Occidente.(69) Certifico que desde el 22 de julio del presente año, se me presentó en Tepotzotlán(70) don [José] Joaquín Fernández de Lizardi, con el objeto de servir en lo que se considerase útil. Desde luego, el señor mariscal de campo, don Luis Quintanar y yo, le confiamos la dirección de las imprentas portátiles,(71) cuyo encargo, y varios que le hicimos, desempeñó a nuestra entera satisfacción y sin asignación de honorario, procurando además, en cuanto estuvo de su parte, cooperar al logro de nuestra grande obra, ya animando por medio de sus proclamas a nuestras tropas, ya impugnando las del señor Novella;(72) y ya, finalmente, imprimiendo papeles y rotulones que desengañaban a las tropas seducidas por el gobierno antiguo, y ex[h]ortando a las demás a seguir con firmeza el partido de nuestra santa causa, cuyos impresos hizo circular en esta capital y aun fijar rotulones en las esquinas, costeando de su bolsa los correos y todas estas diligencias, acompañando nuestras divisiones hasta Acapulco,(73) manifestando en todo con constancia su tan público y acreditado patriotismo, el que sin duda lo hace digno de que la nación lo vea con toda consideración y atención en sus solicitudes, para remunerar de algún modo sus muy recomendables servicios y heroicos sacrificios que ha sufrido por la felicidad y libertad de la patria. Y para que conste donde convenga, doy ésta a su pedimento para los fines que convengan. México, octubre 26 de 1821. Anastasio Bustamante.
NÚMERO 6
Copia de un oficio del señor Iturbide, en que reconoce mi mérito
Con el oficio reservado de usted de 4 del presente, he recibido la instancia documentada en que, manifestándome sus servicios a la patria, solicita los recomiende a la soberana Junta(74) para que los premie con destino decoroso, y que les proporcione algún alivio, e impuesto de todo, devuelvo a usted original la referida instancia, para que reduciéndola a cosa determinada, la dirija a la Suprema Regencia del Imperio,(75) donde me hallaré, y recomendaré el tiempo de darse cuenta el mérito de usted. Dios guarde a usted muchos años. México, noviembre 14 de 1821. Iturbide. Señor don [José] Joaquín Fernández de Lizardi.
NÚMERO 7
Carta del excelentísimo señor presidente don Guadalupe Victoria
Señor don [José] Joaquín Fernández de Lizardi
Mi estimado amigo: un hombre que abriga sentimientos de amor a la patria se ha llamado justamente mi amigo. Por este título reconozco las bondades de usted y los favores con que me honra.
Continúe usted empleando sus luces a beneficio del pueblo, inculcándole más y más, que los talentos son el apoyo de la verdad, y que su abuso es más fatal a las naciones que una peste y la guerra misma.
Soy de usted, con las mayores consideraciones, su amigo que su mano besa. Octubre 20 de 1824. Guadalupe Victoria.
NÚMERO 8
Carta del ciudadano general Vicente Filisola
Señor capitán don [José] Joaquín Fernández de Lizardi
Su casa, marzo 8 de [18]25.
Mi estimado amigo. Jamás he firmado con más placer que hoy, al poner el “cúmplase” en el despacho de capitán, que el excelentísimo señor presidente ha tenido a bien concederle, y que con gusto le adjunto.
Era justo que un gobierno tan recto como el nuestro atendiese en algún modo lo mucho que usted se ha expuesto por secundar la opinión de la libertad de la patria, en medio de los mayores enemigos de nuestro sistema.
Yo doy a usted la debida enhorabuena, y con tal motivo me ofrezco a su disposición como su más apasionado amigo y servidor, que besa su mano. Vicente Filisola.
NÚMERO 9
Carta del ciudadano general Miguel Barragán
Veracruz,(76) noviembre 30 de 1825.
Mi muy apreciable amigo: El espantajo de nuestra Independencia, por cuya rendición han repicado ustedes en ésa, con las alegrías propias de los buenos patriotas, está convertido hoy en el antemural más firme para sostener las grandezas de nuestra República, y el bello pabellón mexicano flamea ostentoso en el Atlántico.(77) Yo recibo las finas congratulaciones de usted por mis tareas, y no dudo en devolvérselas como a interesado en tan fausto acaecimiento.
Sin duda que me sería muy placentero descansar algún tiempo de mis cansados afanes, y si fuera en esa capital más, pues tendría la doble satisfacción de abrazar a usted y a mis buenos amigos.
Deseo a usted toda prosperidad, y me le ofrezco como siempre, a toda su disposición, como su fino amigo y seguro servidor que mucho le aprecia y besa su mano. Miguel Barragán. Señor capitán don [José] Joaquín Fernández de Lizardi.
NÚMERO 10
Carta del ciudadano general José María Lobato(78)
Señor don [José] Joaquín Fernández de Lizardi
Zacatecas,(79) agosto 25 de 1825.
Mi muy estimado amigo: con la mayor satisfacción he visto, en la muy apreciable de usted de 17 del presente, que, en premio de los recomendables servicios que tiene usted prestados a la nación, se le ha concedido el honor de capitán retirado, con su correspondiente sueldo,(80) y me congratulo con usted, porque en razón de sus servicios ha disfrutado la consideración del gobierno, deseando al mismo tiempo muy vivamente que éste se aumente, hasta proporcionar a usted y a su familia una subsistencia competentemente cómoda.(81)
Viva usted satisfecho de que me merece la mayor estimación y de que soy su amigo y seguro servidor que besa su mano. José María Lobato.
(1) México, Oficina del finado Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...]. Gachupín. Cf. nota 22 a Breve Sumaria...
(2) Aza. Cf. Respuesta de El Pensador... y Lavativa a un gachupín..
(3) paparrucha. Cf. nota 2 a Dentro de seis años...
(4) Iturbide. Cf. nota 17 a La tragedia de los gatos...
(5) Cf. nota 14 a Respuesta de El Pensador...
(6) Cf. nota 13 y 35 a La tragedia de los gatos... y 17 a Respuesta de El Pensador...
(7) Plan de Iguala. Cf. nota 35 a La tragedia de los gatos...
(8) “Vea ahora [...] si le aconsejará bien quien le persuada a disolver el Supremo Congreso de Cortes, porque es rey absoluto por Dios [...]; pero conforme al orden natural, vuestra majestad es emperador porque la nación lo proclamó, y confirmaron su voluntad soberana sus legítimos representantes [...], está obligado al juramento que ha protestado de ser monarca constitucional y sancionar las leyes que dictare el Soberano Congreso.” Concluye el sueño de El Pensador Mexicano, en Obras XII, op. cit., p. 73.
(9) Cf. nota 45 a Qué mal hará...
(10) Segundo sueño. Cf. en Obras XII, op. cit., p. 543.
(11) coyote. Cf. nota 23 a Las sombras de Concha...
(12) léperos. Cf. nota 266 a Observaciones que El Pensador...
(13) Querétaro. Cf. nota 30 a Una buena zurra...
(14) Sobre este asunto, Fernández de Lizardi escribió en El Pensador Mexicano, t. II, núm. 13, donde continúa su “apología compendiosa de nuestra sagrada religión y de la dignidad del estado eclesiástico”, del 11, 18 y 25 de noviembre de 1813, y 2 y 9 de diciembre del mismo año.
(15) Inquisición. Cf. nota 16 a Calendario histórico...
(16) prudentium est mutare concilium. El original decía prudentis. Equivale a nuestro refrán que dice de sabios es mudar (o cambiar) de consejo (de parecer).
(17) Proclama de El Pensador a los habitantes de México. En obsequio del excelentísimo señor don Félix María Calleja del Rey, Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui, 4 de marzo de 1813, en Obras X, op. cit., pp. 91-94.
(18) Cf. nota 60 a Impugnación que los gatos...
(19) Capitanía General. El virrey, como el jefe de la fuerza armada, por sus funciones de protección y defensa del territorio, fue llamado con el nombre de Capitán General. Ejercían su jurisdicción tres grupos de militares:
1) Tenientes de Capitán General. 2) Capitanes de Guerra. 3) Castellanos (el de San Juan de Ulúa y el de San Diego de Acapulco).
(20) Bataller. Cf. nota 50 a Calendario para el año...
(21) El patriotismo sin máscara del famoso Pensador, México, Imprenta del ciudadano Juan Cabrera, 1825, que corresponde al quinto número de Enójanse los compadres y se sacan las verdades. Los primeros puntos suspensivos suplen estas líneas a favor del presidente Victoria, de Hidalgo y de la causa independentista. Los segundos suplen estas líneas: “fue cuando el recomendable Pensador Mexicano, lanzando el grito contra sus compatriotas, comete la criminal bajeza de adular, comolo tiene de costumbre, con la más infame grosería al Nerón Calleja” (p. 1).
(22) Francisco Molinos del Campo. Senador a la legislatura de 1825 a 1826 (vivía en Espíritu Santo número 6, hoy 2ª y 3ª de Isabel La Católica); a la caída de Iturbide estuvo a cargo del gobierno político de la Ciudad de México, cargo equivalente al actual de regente. Dio un edicto prohibiendo el voceo de los periódicos, que fue combatido por Fernández de Lizardi.
(23) Gudadalupe Victoria. Cf. nota 55 a La tragedia de los gatos...
(24) peseta. Cf. nota 19 a Lavativa de un gachupín...
(25) El Payo. Cf. nota 52 a Qué mal hará...
(26) Hernández. Cf. nota 81 a Impugnación que los gatos...
(27) sin casa ni hogaza. El refrán dice: “Mi casa y mi hogaza, y de mi hogar la brasa”, Martínez Kleiser, Refranero general ideológico español, op. cit., p. 350.
(28) papasal. Cf. nota 10 a Una buena zurra...
(29) familia de Fernández de Lizardi. Cf. nota 15 a Segunda zurra...
(30) En La Quijotita y su prima utiliza “atacarse los calzones”. Atacar es enganchar el atacador o correa que, en los guarneses de coche, parte del freno y, pasando por una argolla que pende de los extremos del frontal, viene a dar vuelta por un gancho de la lomera y sigue camino hacia el otro lado donde termina asimismo en el freno. Santamaría, Dic. mej.
(31) Ultrajes de El Pensador a los primeros patriotas, México, Imprenta del ciudadano Juan Cabrera, 1825. Es el Sexto número de Enójanse los compadres y se sacan las verdades.
(32) hablen cartas y callen barbas. Cf.nota 174 a Observaciones que El Pensador...
(33) Joaquín Parres. Cf. nota 31 a Una buena zurra...
(34) Vicente Guerrero. Cf. nota 36 a La tragedia de los gatos...
(35) Anastasio Bustamante (1780-1853). Estudió medicina; fue director del Hospital de San Juan de Dios, en San Luis Potosí. Ingresó en el ejército a raíz de la invasión napoleónica en España, poco después era teniente del Batallón de San Luis. Luchó al lado de los realistas, y posteriormente se adhirió al Plan de Iguala. Fue vicepresidente de la República Mexicana en el período de Guerrero, y después fue presidente de ella (1° de enero de 1830 al 14 de agosto de 1832).
(36) Vicente Filisola (1785-1850). Militar italiano que llegó a ser jefe del Ejército Trigarante. Trató el asunto de la anexión de Guatemala a México. Estuvo en las batallas por Texas; fue presidente del Supremo Tribunal de Guerra. Escribió Memoria para la historia de Texas.
(37) Luis Quintanar (1782-1837). General graduado que fue ministro de Guerra y Marina, anteriormente había sido coronel realista y asumió la causa de Iturbide. Estuvo como segundo de Miguel Barragán en el asalto del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. Perdió el empleo al ser acusado de iturbidista: “unos honrados militares. Se les acusó de iturbidistas [...], no encuentro un delito para proscribirlos, porque todo iturbidista es americano [...]. Así es que, en mi opinión, los señores Quintanar y Bustamante deben ser indemnizados y restituidos a sus primeros empleos con decoro que merecen.” Conversaciones del Payo y el Sacristán, núm. 2. del t. II, en Obras V, op. cit., p. 288.
(38) Miguel Barragán. Cf. nota 12 a Justo tributo...
(39) Mina. Cf. nota 62 a Impugnación que los gatos...
(40) Chamorro y Dominiquín. Diálogo jocoserio sobre la Independencia de la América(1821) fue calificado de sedicioso por la Junta de la Censura; por él, Fernández de Lizardi estuvo en la Cárcel de Corte en 1821. Cf.. nota 60 a Impugnación que los gatos... Entre las cinco proposiciones que Chamorro hace están: 1ª La América debe hacerse independiente por necesidad” y “2ª La América debe ser independiente por derecho”, en Obras XI, op. cit., p. 107.
(41) “¿quiénes han sido los promotores y secuaces de la insurrección de esta infeliz América hasta nuestros días? Arrieros, caporales, vaqueros, cocheros, uno que otro abogado sin blanca, y tal cual clérigo desesperado. He aquí los famosos generales, y nuestras subordinadas y aguerridas tropas, compuestas, las más veces, de forajidos pobres y de incautos alucinados sin disciplina, orden, armas, auxilios ni subordinación [...]. De aquí es que todo ha sido intrigas, delaciones, robos, depredaciones, asesinatos y, últimamente, la ruina de la América. Aquí no ha reinado ni reinará entre muchos de los que se llaman defensores de su patria, otra cosa o sistema sino el del orgullo, la ambición, la envidia, la rapiña, la venganza y el miedo. ¿Me podrán desmentir? Es imposible.” Ibid, p. 123.
(42) Pedro El Negro. Cf. nota 22 a Impugnación que los gatos...
(43) Morelos. Cf. nota 75 a Impugnación que los gatos...
(44) Nicolás Bravo. Cf. nota 78 a Impugnación que los gatos...
(45) Junta de Jaujilla. Fue establecida por los insurgentes en 1816, en Uruapan, una junta que luego se trasladó al fuerte de Jaujilla, al sur de Morelia; fue reconocida por los jefes como suprema autoridad. La formaban José Ma. Vargas, Remigio Yarza, Víctor Rosales, José Antonio Torres, el licenciado Izazaga, Manuel Amador, José de San Martín, Ignacio Ayala, José Pagola, Mariano Sánchez Arriola, Pedro Villaseñor, Francisco Lojero y Antonio Vallejo. El fuerte hubo de rendirse el 6 de marzo de 1820.
(46) Zitácuaro. Cf. nota 30 a Calendario para el año...
(47) Verduzco. Cf. nota 225 a Observaciones que El Pensador...
(48) José Mariano y Manuel Jiménez. El primero (¿-1811) nació en San Luis Potosí, estudió minería en México y la ejerció en Guanajuato, donde se incorporó a la insurgencia; fue fusilado en Chihuahua y su cabeza, como la de Hidalgo, Allende y Aldama, fue colgada en una jaula y puesta en uno de los ángulos de la Alhóndiga de Granaditas. Manuel Jiménez Solís, conocido en Yucatán como el Hidalgo Yucateco, fue discípulo de Pablo Moreno. Era miembro de la sociedad “Sanjuanista” (nombre debido a que celebraba sus reuniones en la iglesia de San Juan, en Mérida) que ayudó a la independencia. En 1814 fue encarcelado.
(49) Rayones. Ignacio Rayón (1773-1832) fue abogado insurgente de las tropas de Hidalgo. Cuando fue Secretario de Estado y Despacho en Guadalajara mandó publicar los bandos que suprimían la esclavitud y los tributos. Promovió la edición del periódico insurgente El Despertador Americano. Formó parte del Congreso de Chilpancingo. No reconoció a la Junta de Jaujilla y capituló en 1817, por lo que fue perseguido por Nicolás Bravo, quien lo entregó a los realistas. En el período independiente fue tesorero en San Luis Potosí, comandante general de Jalisco y presidente del Tribunal Militar. En 1842 fue declarado Benemérito de la Patria. En 1820 había sido liberado y Lizardi consideró ésta una “agradable noticia”. Cf.. Tentativa de El Pensador en favor del canónigo San Martín, en Obras XI, op. cit., p. 22.
(50) Rosains. Cf. nota 29 a Qué mal hará...
(51) “Después de la invitación que Iturbide envió a Guerrero [...] para que tuvieran una entrevista, ésta se llevó a cabo [...]. Ni Alamán, ni Zavala aluden a Acatempan, pero el segundo, que fue uno de los confidentes de Guerrero, reconstruye aquella escena, una vez que ambos jefes se saludaron. ‘Ambos lloraban’. Y después de que Iturbide reveló a Guerrero sus planes, éste arengó a sus tropas [...] este mexicano que tenéis presente es el señor Agustín de Iturbide, cuya espada ha sido funesta a la causa que defendemos. Hoy jura defender los intereses nacionales; y yo que os he conducido a los combates y de quien no podéis dudar que morirá sosteniendo la independencia soy el primero que reconozco al señor Iturbide como el primer jefe de los ejércitos nacionales.” Rafael Heliodoro Valle, Iturbide, varón de Dios, op. cit., pp. 36, 37 y 38.
(52) Profesa. Cf. nota 15 a Diálogos... 1. La base de la conspiración fue el Plan de Iguala. Uno de sus promotores fue el canónigo Matías Monteagudo, director de La Profesa, y formaban parte de ella el doctor Tirado, ministro de la Inquisición, y otros miembros del alto clero, la nobleza y el ejército que trataron de atajar, declarando la independencia, la liberalización que se vivía en España y que podía llegar vía gobierno español.
(53) Apodaca. Cf. nota 47 a La tragedia de los gatos...
(54) José Miguel Guridi y Alcocer. Cf. nota 80 a Observaciones que El Pensador...
(55) José Rafael Suárez Pereda. Abogado y político. Nació en Celaya o en Morelia. Estudió en el Colegio de San Ildefonso de México. Fue rector de la Universidad de México y del Colegio de Abogados. En Morelia fue regidor y alcalde; en México, juez de Distrito; en 1845, electo ministro de la Suprema Corte de Justicia, cuya presidencia ejerció por algún tiempo y renunció poco antes de morir (el 26 de abril de 1846). Véase, de Fernández de Lizardi, la Defensa que El Pensador Mexicano presentó a la Junta de Censura de esta capital. Sobre sus papeles titulados, el primero: Chamorro y Dominiquín, y el segundo: Contestación a la carta que se dice dirigida a él por el coronel don Agustín [de] Iturbide, los que calificó de sediciosos la expresada Junta,de 1821, en Obras XI, op. cit.
(56) gachupín. Cf. nota 22 a Breve sumaria...
(57) Domingo Llano. Mencionado por Fernández de Lizardi en las “Advertencias preliminares” a La Quijotita y su prima, donde dice que la subscripción a esa obra quedaba abierta en el cajón de don Domingo Llano, en el Portal de Mercaderes. Cf.Obras VII, op. cit., p. 10.
(58) Portal de Mercaderes. Cf. nota 2 a La vieja de la jeringa...
(59) En su folleto intitulado Chamorro y Dominiquín. Diálogo jocoserio sobre la independencia de la América, fechado el 1° de marzo de 1821, véase en Obras XI, op. cit. Cf. nota 60 a Impugnación que lo gatos...
(60) alforzas que cogerle. Alforza es “aquella porción que se recoge á las basquiñas y guardapieses de las mugéres por lo alto, para que no arrastren, y puedan soltarla quando quieran.” Dic. de autoridades.
(61) pesos. Cf. nota 4 a Mañas viejas...
(62) casa de Fernández de Lizardi. Cf. nota 28 a Día del juicio...
(63) Taxco. Cf. nota 38 a Consejo de Guerra...
(64) Cf. nota 60 a Impugnación que los gatos... José Antonio de Andrade. Fue jefe político de la Provincia de México en 1822. “El 23 de septiembre [...] de 1824 murió en Guayaquil el General Don José Antonio Andrade alias Cartuchera llevándole su amigo Yturbide 2 meses de delantera. Muchas veces hemos hablado de este xefe que siempre fué cruel, mal patriota é instrumento de la tyranía de los Españoles, y después de Yturbide.” Carlos Ma. de Bustamante, Diario histórico, op. cit., t. II, p. 151. “Las tropas que Venegas había enviado á Cuernavaca al mando del teniente coronel Andrade con órdenes de que [...] se dirigiesen desde aquel punto á reforzar las divisiones de Acapulco, se habían adelantado hasta Tepecuacuilco [...] para atacar á una reunión de sediciosos, á los que derrotó tan pronto como los hubo avistado. Continuaba Andrade en su marcha cuando la noticia de otra numerosa gavilla de insurgentes, que se había reunido en el pueblo de Iguala, le obligó á retirarse 15 ó 20 leguas, y á situarse en la hacienda de San Gabriel, sin atreverse á dar un paso [...]. Viendo el Sr. Venegas paralizada esta fuerza [...] envió desde México al sargento mayor D. Nicolás Cosío [...] para dar un golpe decisivo á los revolucionarios de Tierra Caliente. Este nuevo jefe dio dos acciones brillantes, en las que tomó 15 cañones á los enemigos.” Mariano Torrente, Historia de la Independencia de México, op. cit., p. 159.
(65) San Agustín de las Cuevas. Tlalpan. En la actualidad, delegación, situada al sur de la Ciudad de México. Durante la época de Lizardi se llamó San Agustín de las Cuevas, título que recibió el 25 de septiembre de 1827. Del 15 de junio de 1827 al 14 de agosto de 1830 fue capital del Estado de México. Era lugar de grandes residencias, huertas y jardines. “Según el Sr. Robelo, su nombre indígena de Tlalpan se debió á que fue el primer pueblo del lado S. del Valle de México que estaba en tierra firme [...]. Cuando se organizó el sistema federal, se erigió la C. de Toluca en residencia del Gobierno del Edo. de Méx. y se fraccionó y redujo esta entidad, Tlalpan y algunas dependencias quedaron incorporadas en el D.F.” Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac, Diccionario de geografía, historia y biografía mexicanas, op. cit., p. 989.
(66) tocayo. Persona del mismo nombre respecto de otra. Santamaría, Dic. mej.
(67) San Juan del Río. Cf. nota 33 a Una buena zurra...
(68) Valladolid. Cf. nota 31 a La tragedia de los gatos...
(69) Provincias Internas de Oriente y Occidente. Esta Comandancia General fue implantada por real cédula de 22 de agosto de 1776. Se creó para dar un gobierno efectivo a la región septentrional de la Nueva España, expuesta a las incursiones indígenas y de los rusos e ingleses (el Occidente) y de los franceses (el Oriente). Su comandante general tuvo tan amplios poderes en lo político y militar que casi equivalían a las de un virrey. Implantó la comandancia Teodoro de Croix y fue el primer comandante general (1777-1784). La estructuración de la Comandancia en doble y dependiente (también fue