SATISFACCIÓN AL PÚBLICO ACERCA
DE LAS MPUTACIONES DEL PADRE SOTO(1)
Sin embargo de que la mayor parte del público ilustrado de México está persuadido del genio y exaltación de la bilis del padre Soto,(2) que con la mayor tenacidad quiere sostener las proposiciones heréticas que estampó en su Proclama en honra de los militares,(3) y le tengo denunciadas al ordinario, sin que ni el público ni yo hayamos hasta ahora sabido la calificación dada por el teólogo a cuya censura pasaron, sin embargo, repito, de esta ignorancia en que estamos respecto a la acusación en materia tan ardua, y de que el dicho reverendo padre insiste en sostener algunas de ellas, contra toda la pública confesión de la Iglesia y protestación de los misterios revelados, no con razones sólidas ni soluciones legítimas, sino con desvergüenzas y sofismas, como se ve en su papel que tituló:Última respuesta del padre Soto y descarga cerrada a El Pensador.(4) Yo he callado y callaría dispensándole las graves injurias que me hace, llamándome hereje, etcétera, etcétera,(5) pero este religioso que, por el honor de su hábito y por lo sagrado de su carácter, debía darnos un ejemplo cristiano de moderación en sus escritos y acciones, ha hecho y está haciendo lo contrario, descreditándome por las prensas(6) y siguiendo un juicio criminal en lo reservado, sugerido por el deseo de la más inaudita venganza.(7)
El día 17 del presente enero estuvo en casa un escribano, con unos autos o proceso criminal que se ha instruido a su pedimento; se me hizo saber su último escrito, en el que mi buen religioso pide, con toda humildad cristiana, que me pongan de red adentro(8) en la cárcel por el gravísimo delito de usurpación de sus propiedades.
El señor juez proveyó que se me corriese traslado; yo, en la notificación, anulé todo lo anterior respecto a ser ilegal, porque el padrecito empezó por la cola.(9)Esto es, instruyó su demanda o pleito sin preceder el juicio conciliatorio, que fue lo último, y en esto se infringió el artículo 284 del Código.(10)
Este pleito es de lo más ridículo. Dice que le usurpé sus propiedades porque le reimprimí en mi Conductor su papelucho que tituló: Verdadera prisión del padre Lequerica, sin advertir que no le reimprimí ninguna obra sino un folleto de ningún aprecio, con el fin de impugnarlo, como lo hice, siendo de advertir que el padre Soto, creyendo haberse concluido, deseaba que circulara su producción, y para esto mandó en la imprenta que me dieran doscientos ejemplares para mis subscri[p]tores, de los que no recibí uno, antes me apresuré a darle gusto reimprimiendo el folleto a mi costa. Y digo: ¿el contemporizar con su idea, se podrá apellidar usurpación?
A poco mandó imprimir en Puebla otro papelucho, titulado: La horca para Amán. Un amigo mío de Puebla, que también imprime, me lo remitió; yo creí que era suyo, pues no tenía firma ni iniciales, ni cosa que lo valiera, y por donde yo pudiera inferir que era del padre Soto. Creí, en efecto, que era de mi amigo El Poblano,(11) y lo reimprimí. ¡Ojalá y nunca! Pues fuérase porque el tal papel era mula,(12) o porque cuando me lo entregaron ya habían venido y vendídose los ejemplares de su autor, yo no vendí los míos, y casi existen todos a disposición del padre Soto o del Cohetero.(13)
He aquí las grandes y criminales usurpaciones que he hecho de las propiedades del padre Soto. ¿Qué mala obra le pude haber hecho con reimprimir su papel, sin saber que era suyo, cuando yo no vendo nada?
Pero para que el público se ría y acabe de conocer que este pleito lo ha formado el padre Soto por un espíritu de venganza, y escandalosísimo en atención a su religión, carácter y hábito, sepa dos cosas:
La una, que esto fue desde el mes de agosto, y hasta ahora resulta.(14)
La dos, que ya el padre Soto me demanda cincuenta y tantos pesos de costas, amén de lo que demanda de sus soñados atrasos y perjuicios, y éstos, si hubieran sido ciertos, valían tanto como cinco pesos. Óigase.
Imprimí trescientos ejemplares de medio pliego, que son veinticinco docenas, a cuatro reales, importan doce pesos cuatro reales. Costos de imprenta, siete pesos y medio.(15) Utilidades y usurpaciones, cinco pesos.
Con que si ya hubiera vendido hasta el último papel que reimprimí, habría ganado con esta bella producción del padre Soto, cinco pesos, que le debía restituir en buena fe, sin embargo de que no procedí(16) de mala en reimprimirlo. ¿Qué hará el juez?, ¿qué hará la ley cuando yo haya ver la verdad de mi excepción y entregue los papeles para las mamoneras?(17) Dios haga un santo al padre Soto, como lo desea.
J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi].
NOTA
Repito que ni conozco al canónigo San Martín ni sé su nombre; mucho menos estoy impuesto de los motivos de su prisión. A más de esto, acaso a esta hora estará gozando del alivio que no gozaba en la fecha de su carta; y así doy este papel con el único fin de que, si no lo goza, lo remedien los superiores que pueden, y para esto me creo autorizado por la ley, obligado por mi religión e interesado con acción popular, pues lo que hoy se hace con él puede hacerse mañana conmigo, y me holgaré de que otro me favorezca, acordando a las autoridades mis derechos.
(1) Apareció publicado con Tentativa de El Pensador en favor del canónigo San Martíny Carta a El Pensador Tapatío, que en este volumen le daremos un lugar aparte (cf. nota 1 a dicho folleto).
(2) Mariano Soto. Nació hacia 1775 y murió el 9 de enero de 1829. Dominico mexicano que enseñó teología en el Colegio de Porta Coeli. Escribió un libro de poemas intitulado Agonías de un filósofo y dos confesiones, una de ellas contra el libro Homo attritus, de fray Antonio de San Fermín. "Sin embargo, si todavía se recuerda alguna vez a Fr. Mariano Soto, no es por sus trabajos sobre temas religiosos ni menos por sus versos, sino por sus polémicas con El Pensador Mexicano. En 1820, cuando el restablecimiento de la libertad de imprenta hizo aparecer en México multitud de folletos, puede decirse que Fernández de Lizardi era el centro de atracción de todas las discusiones: su más activo contrincante, en ese año, fue el P. Soto." Antología del Centenario. Estudio documentado de la literatura mexicana durante el primer siglo de Independencia. Obra compilada bajo la dirección del señor licenciado don Justo Sierra. Por los señores don Luis G. Urbina, don Pedro Enríquez Ureña y don Nicolás Rangel, México, Imprenta de Manuel León Sánchez, 1910. Primera Parte (1800-1821), volumen segundo, pp. 954-955.
(3) No hemos podido localizar la Proclama en honor de los militares, pero obtuvimos un dato interesante, se trata de la "revisión previa" a la publicación de una "proclama" del año 1812: "Oficio de Venegas, al Presidente de la Junta de Censura, a la que se encomienda la revisión previa de los papeles que se imprimen. Resuelta la suspensión de la libertad de imprenta por los graves fundamentos indicados en el Bando de que incluyo a V. S. un ejemplar, con oficio de hoy, y restablecido por consecuencia al orden que se observaba anteriormente, me ha parecido muy oportuno y propio del instituto de la Junta de que es V. S. presidente, encargarle la censura, tanto de los papeles que se presenten en solicitud de permiso para su impresión, como de la Gaceta y Diario de esta capital: y lo aviso a V. S. para su inteligencia y de la misma Junta, acompañándole para el propio efecto, la adjunta proclama que me ha presentado el religioso dominico Fr. Mariano Soto Guerrero. Dios guarde, etcétera. México, diciembre 5 de 1812. Venegas. Sr. D. José Mariano Beristáin." Este oficio fue tomado de la Gaceta de México, del martes 8: de diciembre de 1812. La Constitución de 1812 en la Nueva España, México, Secretaría de Relaciones Exteriores, Tip. Guerrero Hnos., 1912 (Publicaciones del Archivo General de la Nación, IV), t. 1º, pp. 115-116. Asimismo, la hallamos mencionada y comentada en un supuesto escrito de Bustamante: "Barbero: Ya caigo, por esto mi marchante que me presta los papeles me dio ésos que usted menciona con otros, diciéndome muy enfadado que me los cogiera y no volviese a presentárselos. Marchante: ¿Y cuáles son esos otros? Barbero: Aquí está uno que se llama Proclama en honor de los militares. Marchante: ¡Hombre!, ¿y qué letras tan gordas usa su autor? ¿Y quién es?Barbero: Yo no sé; él tiene las iniciales S. M. F., que para mí son lo mismo que estas otras: F. M. S., sino que el señor es muy astuto y gracioso para disfrazarse.Marchante: A ver, y no se sabe dónde se imprimió; si habrá sido en Cayo Puto, pues aquí, por esta falta, incurren los impresores y autores, en las penas dispuestas en los artículos 8 y otros, del reglamento de 10 de noviembre de 810; y bien, ¿a qué se reduce ese papelote? Barbero: No lo entiendo, por más vueltas que le he dado: él exhorta a los militares a que desprecien a los que los deshonran; no ha habido hasta ahora quien cometa semejante injusticia; pero oiga usted siquiera el primer párrafo, es muy bonito, y me hará usted el favor de explicarme lo que quiere decir.Marchante: ¡Vaya!, diga usted, maestro, que creo que hoy no acaba usted de afeitarme. Barbero: Pues señor, ya comienzo: 'Anarquía, desorden, confusión, robo, rapiña, asesinato, violencia, fuego, sangre, muerte, desolación', ¿qué tal?, ¿no parece que habla un diablo de coloquio? Pues en los intermedios de las palabras, hay unos puntitos que hacen mucha gracia. Marchante: Concluya usted, ¡por Dios!Barbero: Ya prosigo: '¿quién quiere vivir, digo, quién quiere expirar entre las garras de estos horrendos monstruos? Busque la sociedad donde todos ellos tienen su guarida, donde dominan, donde triunfan; busque un reino, una ciudad desguarnecida de aquel brazo poderoso que doma y fuga la ferocidad de estos enemigos del humano linaje'. Marchante: ¡Jesús, Jesús, qué ensarta desatinos! ¡No entiende ni traduce eso el mismo demonio! Cierto que antes se veían cosas que no estaban escritas, y ahora se escriben las que jamás se han visto; pues muy buen elogiador se han encontrado los militares; se podía decir de él lo que se dijo de otroA las once mil vírgenes, discreto, / Compusiste a cada una su soneto, / y por revelaciones se ha sabido / que es el mayor martirio que ha tenido." Conversación segunda de El Barbero y su Marchante, México, Oficina de D. Alejandro Valdés, 1820, pp. 5-6.
(4) M. Soto, Última respuesta al Pensador Mexicano, y descarga general contra él mismo, por el padre Soto, México, Oficina de D. J. M. Benavente y Socios, 1821.
(5) En la página 1 de Última respuesta a El Pensador: "Dije, y me ratifico, que usted es escritor heretical, blasfemo, anticatólico, seductor, etcétera." Soto lo había escrito en El carácter de El Pensador Mexicano, descubierto y desafiado, página 4 (cf.nota 6 a este folleto).
(6) Mariano Soto y Fernández de Lizardi sostuvieron una larga y acalorada polémica en el año 1820, aparentemente comenzada con la publicación de una carta del padre Lequerica en El Conductor Eléctrico número 15, donde Lizardi escribió: "Yo ni lo conozco, ni lo defiendo, ni tengo más noticia de sus negocios que los que él me da en su carta; pero ni un momento dudo de la legitimidad de su queja contra la inquisición." Soto escribió Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica (agosto 6), desmintiendo las quejas del religioso preso. En El Conductor Eléctrico número 16, apareció un "Artículo comunicado en varias preguntas" por El Payo Amante de los religiosos desvalidos, en el tono siguiente: "¿Por qué los graduados de las religiones han de ultrajar a un súbdito como si fuera un esclavo? ¿Pues no son también sacerdotes? ¡Ah, amigo mío, de aquí depende que lo mismo hagan muchos seculares!" Evidentemente se trata de una crítica al trato que se le estaba dando al padre Lequerica. Soto, molesto por las preguntas, escribió Un bofetón sin mano al payo preguntón (agosto 12), dirigiendo las primeras líneas a Lizardi: "Señor Pensador, todos pensamos, aunque en esto de pensamientos andamos los hombres desiguales. Unos piensan guiados de la razón, otros precipitados de las pasiones; unos piensan fundados en principios de rectitud y como no hagan malas aplicaciones de tales principios, deducirán buenos pensamientos; al revés, los que piensan faltos de conocimientos universales de la justicia, o acomodando mal estos conocimientos a los casos particulares, estos pensadores son pensadores extraviados o sofistas." Lizardi publicó la Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, escrita por Soto, en El Conductor Eléctrico número 17, con su "Contestación" a ella (agosto 12); vino a acalorar más la polémica otro folleto del fraile: Respuesta del padre Soto a El Pensador Mexicano sobre la Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica (agosto 17), al que Lizardi respondió hasta el mes de octubre en su Rociada de El Pensador a sus débiles rivales (Obras X, op. cit., pp. 320-323); el padre Soto, sumamente enojado por lo que Lizardi dijo en la Rociada,escribió dos artículos que aparecieron en el Noticioso General, números 748 (octubre 13) y 761 (noviembre 13); entonces fue publicada La palinodia de El Pensador. En respuesta al desafío y amenaza del padre Soto, publicados en el Noticioso... (Obras X, op. cit., pp. 371-377). Soto respondió con El carácter de El Pensador Mexicano, descubierto y desafiado (noviembre 20): "El Pensador Mexicano, José Joaquín Fernández de Lizardi, es un escritor seductor, revolucionario, blasfemo, herético, anticatólico"; de lo cual Lizardi se defendió con Razones contra insolencias. O respuesta de El Pensador al padre Soto (noviembre 28; Obras X, op. cit., pp. 379-388); cuatro días después, Mariano Soto publicó La palinodia de J. F. L., Pensador Mexicano, periodista eléctrico,recogiendo un desafío que Lizardi había lanzado en El Conductor Eléctrico número 24 ["últimamente, yo desafío al que quiera a que me señale una proposición herética en el Pan y toros, en cuyo caso, y si lo prueban, protesto con la mayor docilidad cantar la palinodia"]; Soto escribió en su Palinodia: "¡Sus! Señorito, ¿qué pensaba usted que no había gente en casa? Cantará usted y muy cantará, y muy que sí la palinodia, o se lo tiene de llevar la trampa. No hay que echarse para atrás e la pluma impía, blasfema y antimililar de El Pensador Mexicano, en su papel titulado "La palinodia en respuesta al padre Soto", y defendida teológicamente la Proclama militar de este autor. Sigue otro folleto del fraile dominico: Incitativa del padre Soto a El Pensador Mexicano (diciembre 6), y la respuesta de Lizardi: Defensa de El Pensador y epístola al padre Soto (Obras X, op.cit., pp. 417-424). Continúa la contienda en el año de 1821, con la Última respuesta a El Pensador Mexicano, y descarga general contra él mismo; y el de Lizardi: Satisfacción al público acerca de las imputaciones del padre Soto.
(7) "El Pensador Mexicano está procesado criminalmente en esta capital ante el señor Juez de letras don Juan José Flores Alatorre, como público y temerario reincidente, convicto y confeso usurpador de escritos ajenos, reimprimiéndolos y haciendo lucro personal de ellos, infringiendo en esto los decretos legislativos de las Cortes y publicados por bando en esta capital. Es así que a todo ciudadano español que se hallare procesado criminalmente, le suspenden nuestras leyes constitucionales todos los derechos de ciudadano, luego ni aun este título, aunque de antemano se debiera al Pensador, se le debe dar por la presente. * La ley consta en el mismo título segundo, capítulo y artículo [Título II, capítulo IV, artículo 25 de la Constitución Política de la Monarquía Española], y dice así: [El ejercicio de los mismos derechos (de ciudadano) se suspende:] Quinto. Por hallarse procesado criminalmente. En virtud de tales leyes he negado a Fernández aun el tratamiento de civil decoro. Tal proceso en su definitiva sentencia pedirá el demandante se ponga en carteles públicos, arreglándose a las leyes, y de este modo satisfará fray Mariano Soto públicamente a los cargos de tratamientos en que parece le ha faltado el honor y recomendación de El Pensador Mexicano. Yo aseguro de la buena y sana intención de los señores electores que han sufragado a la condecoración de la persona de El Pensador, dándole sus votos para compromisario y elector, que si hubiesen sabido de antemano el proceso criminal que gira contra Fernández, jamás hubiesen dado su cédula en honor y confianza del mencionado; pues no es de sospecharse de tales señores, que tan manifiestamente se hubiesen opuesto a la ley exponiéndose a peder su honor y descreditar su personal integridad.
* Siendo yo el actor en este asunto, solicité la conciliación con mi usurpador, sacrificando mi honor e intereses en obsequio suyo. No quiso, y orgullosamente dijo ante el señor alcalde don José Ignacio Aguirrevengoa, que no entendía de conciliación, según lo que yo le proponía, y que se le juzgara conforme al rigor de las leyes. Pues así será." Mariano Soto, Última respuesta a El Pensador Mexicano, y descarga general contra él mismo, por el padre Soto, México, Oficina de D. J. M. Benavente y Socios, 1821. Fechado en diciembre 16 de 1820.
(8) de red adentro. Tras la red o en la cárcel. Carmen Fontecha, Glosario de voces comentadas en ediciones de textos clásicos, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1941, p. 309.
(9) empezó por la cola. Por el final, por lo último.
(10) Constitución Política de la Monarquía Española, en el título V, capítulo II, artículo 284: "Sin hacer constar que se ha intentado el medio de la conciliación, no se entablará pleito ninguno." J. E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia, t. IV, op. cit.
(11) El Poblano. Se refiere a Juan Nepomuceno Troncoso (1779-1830). Escritor, periodista y abogado mexicano. Aunque nació en Veracruz, fundó el periodismo poblano con La Abeja Poblana que editó a partir de 1820. Escribió a favor de la Independencia.
(12) mula. Inútil o inservible. Santamaría, Dic. mej.
(13) El Cohetero. Se refiere al doctor José Eustaquio Fernández (1780?-1843). Sacerdote y teólogo nacido en Tula, Tamaulipas. Doctor en teología de la Universidad de México. Se le habilitó para ejercer la abogacía. En 1820 fue vocal de la Diputación Provincial de las cuatro Provincias Internas de Oriente. Autor de varios folletos y de una Memoria instructiva que dirigió la Provincia de Nuevo Santander a su diputado a las Cortes Españolas.
(14) Cf. nota 6 a este folleto.
(15) peso. Al establecerse la moneda mexicana dentro del sistema decimal, teniendo como unidad el peso, éste tuvo un valor de ocho reales. Un real equivalía a doce centavos y medio, y medio real a seis y tres cuartos.
(16) a la mala. De mala fe. "Entre nosotros la frase se aplica, generalmente, en sentido material, al acto de matar, herir uno a otro a traición, o simplemente golpearlo; pero siempre en forma tal que éste no pueda prevenir los golpes; y en sentido moral, al hecho de obtener lo que se desea obrando con engaño, dolosamente." Darío Rubio, La anarquía del lenguaje en la América española, México [Confederación Regional Obrera Mexicana], 1925, t. I, p. 55.
(17) mamonera o mamonero. Dulcero que hace o vende mamones (bizcocho blando de harina y huevo, especie de marquesote o panqué). Fue muy conocido en México este tipo popular de vendedor ambulante. Santamaría, Dic. mej.