[NÚMERO IX]
La Paya y la Mexicana
Continúan su conversación en el Coliseo
MEXICANA: Conque, mi alma, ¿cómo está usted? ¿Cómo está su mamá?
PAYA: Buenas, doña Inacita. ¿Y usted, cómo está?
MEXICANA: Buena, viva usted mil años. ¿Qué tal, se cansó usted mucho ayer? ¿Le gustó la procesión?
PAYA: Sí, señora, ¡qué linda estuvo! ¿No? Pues no piense usted en mi tierra no sale tan grande, ni tiran esos fusilotes tan grandotes que, la verdad, me azoraron cuando los uí tronar.
MEXICANA: Ésos son cañones de artillería, y no fusilotes. Dichosa usted que no los conoce, pues apenas hay en el reino lugar en que no los conozcan, no solamente por la voz sino por las obras. Pero, por fin ¿hemos de ir a la comedia esta noche, como quedamos ayer?
PAYA: Yo le pedí licencia a mi señora madre, y le dije ¿que si quedría que juera a ver a la señora Comedia, con usted?, y me dijo, por ser con doña Inacita, anda, pero no te tardes: a las ocho ya estás aquí, y mira no vayas a hacer de las tuyas, porque es la primera vesita y no vaya a hablar mal de ti esa señora, que será alguna de estas copetonas que encontramos en las calles. Esto me dijo mi madre, conque si no nos hemos de tardar y he de estar a las ocho en casa, me iré a vestir.
MEXICANA: ¡Ay, qué cosas de usted doña Tulitas! Mi alma, si no es visita, ni la señora Comedia es de tanto respeto como cree su madrecita de usted. Corra usted y avísele que es una diversión, que vamos al Coliseo, que se acaba la comedia a las diez o las once de la noche, y que se quedará conmigo. Vaya usted.
PAYA: Pues ya voy corriendo; ya vuelvo; no se vaya usted.
MEXICANA: Ande usted, que es tarde...
PAYA: ¿Qué dice usted? No me tardé. Dice mi señora madre que en siendo con usted, que vaya donde quiera, y se alegró de que me quedara acá, porque ella a las ocho se acuesta, y no está hecha a tan grandes desveladas.
MEXICANA: Pues vámonos. Y dígame usted, ¿qué le admiró a usted más de todo lo que vio ayer?
PAYA: A mí lo que más me espantó fue tanto rico y tanta rica que hay en esta ciudá.
MEXICANA: ¿Pues dónde los vio usted?
PAYA: En el Portal, niña, ¿pues no vido usted también cuánto señor de casaca y cuánta señora con zapatos de raso?
MEXICANA: ¿Y qué, usted cree que todos esos son ricos?
PAYA: Sí, señora, porque en mi tierra apenas hay quien se ponga ansina, y el que se pone tiene su dinerito.
MEXICANA: Pues aquí no, mi alma: infinitos de ésos y ésas que usted ve, no tienen qué comer; pero andan llenos de drogas y apuraciones para sostener ese lujo.
PAYA: ¿Y qué es lujo?
MEXICANA: Lujo es aquel ornato exterior con el que pretenden distinguirse en las ciudades unos de otros o, a lo menos, parecer que son más de lo que son en realidad. Por eso a usted le pareció que había tanto rico y, a proporción, quizá no hay lugar de más pobreza en el reino, siendo este mismo lujo una de las causas... Pero ya llegamos al Coliseo. Suba usted.
PAYA: ¿Y qué va usted a hacer?
MEXICANA: A pagar.
PAYA: ¿Pues, qué se paga por entrar aquí?
MEXICANA: ¿Pues, qué, nos han de divertir de balde?
PAYA: Eso sí no me cuadra; aquí por todo queren dinero, ¡qué gente tan interesable, caramba!
MEXICANA: Siéntese usted.
PAYA: ¡Ay, qué cosa tan linda! Pues le aseguro a usted que está esto más bonito que la iglesia de mi tierra. Y dígame usted qué es aquel cuadro grandote que está enfrente? ¡Ah!... croque es el Día del Juicio. Sí, no hay duda; allí está el ángel con su trompeta; allí dos almitas blancas que ya se van al Cielo; allí un muerto viejo que se va levantando de la sepultura; allí...
MEXICANA: Cese usted que se está riendo la gente que la oye. Ése no es cuadro, es el telón; ni ése es el Día del Juicio, sino la fama, las musas, el error, y otras ficciones poéticas y fabulosas.
PAYA: ¡Oh! ¿Pues por qué no les ponen unos rétulos para que los conozcamos como a los santos. Pero, oiga usted niña, qué música tan linda.
MEXICANA: Ya va a empezar la comedia; ya recogen el telón; oiga usted.
PAYA: ¿Pero qué he de uír?
MEXICANA: La comedia, niña.
PAYA: ¿Y dónde está que no la diviso?
MEXICANA: Eso que están hablando es la comedia.
PAYA: Y dígame usted ¡cuánta gente hay aquí! ¡Cuántos señores! Y allí en aquel cuartito largo con su cortina colorada ¿quién está?
MEXICANA: El señor virrey, niña...; pero oiga usted.
PAYA: ¿Pero qué he de uír?
MEXICANA: La comedia.
PAYA: Pero ¿quién ha de uír la comedia con tanto ruido? Lo más que entiendo es que uno de esos señores que están hablando es conde, y otro un marqués, pero de ahí allá nada uigo, sino un fuerte zumbido, como de moscones que salen de las bancas y de todos esos cuartitos, que el diablo que oiga al señor conde ni al señor marqués maldita la palabra.
MEXICANA: Dice usted muy bien, yo soy una imprudente en exigir de usted un silencio que no guardan muchos de esos señores cortesanos, que dicen que son tan civilizados. Cada vez que vengo al Coliseo hago una cólera con esta fatal corruptela, que como infinitos de los que vienen aquí, o ya han visto o no entienden la comedia, no tratan sino de pasar el rato, de juzgar con el anteojito los palcos, de destripar vidas ajenas, de hablar de ésta, de seducir a la otra, de murmurar lo que se les antoja, aunque no lo entiendan, de charlar mil boberas, y de incomodar al género humano con sus zumbidos, como usted dice.
PAYA: ¿Pero qué, todos los que hablan hacen eso?
MEXICANA: No, pero unos hablan uno, otros otro, y todos incomodan a los que venimos a divertir con la comedia. ¡Qué vergüenza! Apenas se distingue en México, por el ruido, el Coliseo de las plazas de toros o de gallos. Tras de haber tal cual cómico bueno y luego tanto hablador. ¡Ah, fucha en la civilización de esta gente!
PAYA: Pero, mi alma, una vez que pagan su dinero, ¿por qué no han de poder hablar?
MEXICANA: Que hablen es una cosa, pero no que griten. Si quieren platicar que se vayan a una visita, o a un café, y no a un paraje cuya diversión demanda atención precisamente, y donde esos gritos y conversaciones en alta voz son crímenes contra la política y buena crianza.
PAYA: Así es; en mi tierra en los retos(2) están todos callados, y no hay más señores de respeuto, que el señor cura y el delegado; y aquí no vale que esté el señor virrey y tanto conde y marqués allá en el teatro.
MEXICANA: Vámonos, niña, porque nada se oye, es gana.
PAYA: Vámonos.
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.
(2) retos. Posiblemente un simulacro teatral de la guerra entre moros y cristianos.