RESPUESTA DE EL PENSADOR AL DEFENSOR
DE EL PAYO DEL ROSARIO(1)
Ciudadano José María Aza:(2) Hay almas tan ruines y tan negras que se valen hasta de la virtud para empañar la opinión de aquel que quieren mal. Tal es la de usted que deseando desahogar el encono que me profesa de años atrás, sin haberle dado el más mínimo motivo, pretexta defender a El Payo del Rosario para mentir alegremente y llenarme de injurias a su salvo, y esto con la mayor villanía, ocultando su nombre, sin acordarse que yo tengo un ángel Chismosiel(3) que me da pronta y segura noticia de los que escriben contra mí.
Había pensado no contestar a usted porque ciertamente es degradarse entrar en dimes y diretes con un hombre de su sabiduría y literatura; pero tanto por cubrir mi opinión ajada por su pluma, cuanto por darle gusto a algunos amigos, le daré unos cuantos azotes para que otro día no sea malcriado ni les falte al respeto a sus mayores.
Desde el título comienza usted a errarla y a mentir como un chino,(4) pues el título es: Defensa a El Payo del Rosario.(5) Yo no le he hecho ningún agravio a El Payo, de consiguiente no hay necesidad de defensa. Yo no creo haberle agraviado en nada en no conformarme con su opinión, ni encuentro entre las leyes de la amistad una que me prohíba el manifestar mi modo de pensar, aun cuando sea contraria a mi amigo; todos los días se ven estas contradicciones en las visitas familiares, en las tertulias, y aun en las mismas Cámaras de representantes, y sin embargo, las amistades no se rompen. Luego, ¡bárbaro!, ¿de dónde infiere usted que porque yo manifieste mi opinión contraria a la de El Payo dejé de ser su amigo? Su amistad siempre me ha sido grata, y no tengo un motivo para negarla en su desgracia. Así es que, atacando yo no su persona, sino su opinión, ésta es la que usted debía de defender; y es puntualmente en lo que no se mete, pues ni destruye mis argumentos, ni afianza las proposiciones del dicho Payo; antes parece que la reprueba, cuando en su párrafo quinto llama a su favor al señor Ministro de Relaciones,(6) sin acordarse que este señor, en la sesión del 21 que usted cita, calificó a El Payo del Rosario “de un hombre revoltoso que iba a turbar la tranquilidad pública.” ¡Tiene usted buen modo de defender a su ahijado con testigos de esa naturaleza!
En el primer párrafo de su asqueroso papel dice usted que cuando mis contrarios me tiraron tan encarnizadamente, el único que salió en mi defensa fue El Payo del Rosario.(7) Miente usted con toda su cara (¡habrá castellano más castizo!). Venga usted a mi casa y le enseñaré varios impresos en defensa mía;(8) luego no fue El Payo el único defensor; antes éste, con muy buena intención, me hizo más daño que provecho, porque si en el papel me disculpaba, con el título me echó por la cabeza; porque el título era éste: Ya El Pensador Mexicano se declaró por hereje.(9) Usted bien sabe que los papeles los leen pocos, y los títulos los oyen todos; y el vulgo forma juicio por lo que oye y no por lo que no lee; de consiguiente, fueron más los enemigos que me concitó El Payo con su papel que los amigos; sin embargo, atendida su buena intención, se lo agradecí entonces, se lo agradezco ahora, se lo agradeceré siempre, y sólo hago mención de esta friolera para que el público vea lo mentiroso y barbaján que es usted en asunto de crítica. Pero ya se ve: caecus et equus non judicant de coloribus; lo que le dejaré en latín, para que tenga, como buen lego, el trabajo de preguntar qué quiere decir.
En su primer párrafo dice usted que siempre he tenido un carácter voluble, que nunca he guardado consecuencia con nadie, y que va a recordarle al público las pruebas.(10) Vamos a verlas escritas por usted en su párrafo segundo.
En él dice usted que adulé a Iturbide dedicándole un periódico que titulé de la Paz.(11) Ni el título tiene usted presente. El título era éste: El Amigo de la Paz.(12) Tan lejos estuvo este papel de adularlo, que en él manifesté que se había valido de la fuerza para coronarse.(13) Pregúntele usted al señor doctor Mier que vive, si formándose el debido juicio de este papel, no me dijo varias veces: “usted ha tenido gracia para descubrir la verdad en medio del humo.” Usted no entenderá la frase, ni el doctor Mier es José María Aza.
A seguida dice usted que contribuí a que se acelerara la coronación de Iturbide, diciéndole en un papel: “¡maldita sea la independencia si vuestra alteza no se corona!”(14) En primer lugar, aquí comete usted un anacronismo terrible; bien que usted no sabe lo que es anacronismo; mas cuando yo dije esto fue en 30 de septiembre de 1821 y el periódico “de la Paz”, como usted le llama, lo escribí a fines de mayo de 1822; sin embargo, usted cita por segundo el primero, y el primero por segundo. ¡Excelente cronologista!
En mi conducta política, para los necios como usted, estas mis expresiones: “maldita sea la Independencia”, etcétera, son un pecado mortal imperdonable, siempre me las echan en cara sin hacerse cargo de mi respuesta, que tantas veces tengo escrita, y se la voy a repetir a usted. Según el Plan de Iguala,(15) se trataba de que viniera a reinar sobre nosotros su adorado Fernando, don Francisco de Paula,(16) el infante don Carlos(17) u otro real coyote(18) de su tierra de usted; entonces dije yo a Iturbide:(19) “en caso de que sea fuerza que haya rey en la América, tú debes serlo; pues si lo es un gachupín,(20) si por la Independencia nos ha de dominar el tirano más de cerca, maldita sea la Independencia.”(21) ¿Qué le encuentra usted de adulación a estas palabras? Hoy digo lo mismo: si en algún tiempo mi patria se ha de convertir en monarquía, quiero más bien que se corone un indio de Iztacalco,(22) que el mayor potentado de la Europa.
El tercer párrafo en su principio lo viste usted de impertinencias,(23) y para echarme en cara mi papel titulado Fuera dones y galones,(24) dice usted que luego que el gobierno me hizo la gracia de concederme tres galoncitos de retirado, no me ponga tres sino trescientos; y en los días de gala, voy muy finchado,(25) lleno de plumas como un pavo, de modo que todos se me quedan mirando, armado con un sable que apenas podré cargarlo. ¡Válgame Dios, cuántos disparates en tan pocas palabras! Si quiere usted saber si el gobierno me hizo gracia o justicia en hacerme capitán de ejército,(26) ocurra al Ministerio de la Guerra,(27) para que si aquellos señores gustan satisfacer a la muy apreciable personita de usted, le manifiesten mis documentos y la calificación de la primera Junta de Premios,(28) de la que fue presidente no menos que el excelentísimo señor general don Vicente Guerrero,(29)testigo irrecusable de mis primeros y muy importantes servicios prestados a la patria en 1810, cuando usted estaba besando las cadenas del tirano de la España.
El papel que usted cita ni critica ni puede criticar los adornos o la decencia regular que conviene a cada clase del Estado;(30) en tal caso, mi crítica sería extensiva a los galones de los ornamentos de los ministros del culto, y a los bordados de los vestidos de las imágenes. Ella se contrajo únicamente al exceso de lujo que entonces reinaba, al pesar de haber concluido la monarquía.
Que tengo trescientos galones el día de gala es más que mentira, cuando ni en el sombrero los uso. Mi traje, aun en clase de gala, es demasiado honesto. Un petinada fino es toda la guapeza: el cinturón es fuerza que tenga un galoncito, ¿o quiere usted que me ciña la espada con una faja(31) de a real y medio,(32) de las que venden los indios? Las plumas del sombrero son un adorno propio de los militares, lo mismo que las escarapelas. Conque ¿dónde está ese lujo tan escandaloso que hace que todos se me queden mirando? Ya se ve, el fin es hablar contra mí, aunque sean mentiras; por eso dice usted que traigo un sable que apenas podré cargarlo. ¡Hombre de Barrabás, que te despeñas! Ni el sable es arma de infantería, ni yo he portado nunca sable, sino una espadita de parada. Véala usted bien, para que no mienta tan gordo.
En el mismo párrafo dice usted que le he tirado a la respetable Junta Eclesiástica, etcétera;(33) y sin son ni canastas cita las limosnas de los doctores Santiago, Posadas y Román,(34) que tienen tanta conexión con la supuesta defensa de El Payo, como los rosarios de ánimas con el serrallo del gran turco.(35) Al leer esos renglones no pude menos sino admirarme de la desvergüenza e hipocresía de usted, pues sabiendo que lo conozco bien, y que sé a fondo su modo de pensar en materias de religión, se me viene haciendo del santucho y mojigato. Ya se ve, usted no creyó que tan pronto lo descubriera. Por eso mis enemigos no se firman, porque todos tienen por qué callar. Sobre este punto, sólo le digo a usted que si en su concepto soy impío, irreligioso y hereje, usted me escandaliza.
El párrafo cuarto(36) no merece contestación.
Del quinto está impugnado lo más notable; y sobre que El Payo del Rosario me reclame su propiedad,(37) “ya veremos en ello”, como decía el negro.
El párrafo sexto descubre toda la supina ignorancia de usted, pues me atribuye las palabras que pongo en boca de la razón personalizada.
En el mismo párrafo, dice usted que he perdido el concepto público.(38) Si usted es el público, dice bien; pero si no pasa de un pobre ignorante, dice mal. Venga usted cuando guste a casa en cualquier día de correo y verá cuál es el concepto que disfruto en la federación, no entre los charlatanes, sino entre los sensatos de los Estados.
El párrafo siete contiene trece líneas de desatinos, y concluye con dos mentiras, como son: que fui a revolucionar a Cuernavaca y que vine pidiendo indulto.(39) Todo es falso. Me hallé envuelto en la revolución contra mi voluntad; en la primera junta a que me hicieron concurrir, les impugné su plan descabellado; y en el día de la acción de Taxco(40) el Viejo, previendo el fin funesto de aquella aventura, me separé con buen modo y vine a México donde me alcanzó la amnistía. Esto lo saben todos mis compañeros, y entre ellos El Payo del Rosario, que no me dejará mentir.
El párrafo octavo contiene otra sarta de simplezas. ¿Conque porque yo sepa que en Guanajuato(41) se rayan semanariamente cincuenta y un mil pesos,(42) se infiere que trato de hacerme pasar por perito en la minería? ¡Valiente lógica! Mas primero es que sepa usted qué es lógica.
En el principio del párrafo nueve de su papel hay otro disparate, primo hermano del anterior; pues dice usted que soy médico porque le digo a El Payo esta palabra cáusticamente. Esto sí es entenderlo; pero mejor estaba que hubiera usted dicho que era boticario, que son los que hacen los cáusticos.
Sin venir al caso, trae usted el despotismo del señor Lebrija,(43) cuando por complacer a las niñas González(44) me arrestó en el Hospital de San Andrés,(45) y supone que serví de afanador. Que fuera esa la intención del juez no lo dudo; pero que yo sirviera de afanador es mentira: no padecí más que un simple arresto de un mes, sin serle gravoso a nadie; como usted lo fue cuando tomó las unciones en aquel santo hospital, en el mismo tiempo, sentenciado por usted mismo por haber complacido a otras niñas de diferente rango y conducta que las González.
Dice usted que hablo de todas materias sin entenderlo.(46) Es falso; mas cuando fuera cierto, lo que importa es refutarme y concluirme; pero hasta ahora, con bien lo diga en estilo de vieja, nadie me ha concluido en cuanto he escrito, no porque yo sea más instruido que todos, sino porque mis enemigos son más tontos que yo. Ésta es una fortuna mía, que siempre me toquen tontos de enemigos; pero [a] quien Dios se la dio, san Pedro se la bendiga.(47)
En el párrafo diez dice usted que quisiera saber en qué colegios y universidades he estudiado; y yo, con la mayor humildad, le voy a satisfacer: estudié gramática latina en la casa de mi respetable maestro y padrino, el señor don Manuel Enríquez de Agreda,(48) donde obtuve el primer lugar; cursé retórica en esta misma Universidad Nacional,(49) bajo la enseñanza del señor doctor don Francisco Zambrano;(50) estudié filosofía en el Colegio de San Ildefonso,(51) siendo mi maestro el doctor don Manuel Sancristóbal y Garay.(52) De todo tengo en México condiscípulos vivos con qué atestiguar. El padre Izquierdo,(53) ese héroe de la insurrección, el padre Espino, etcétera, fueron mis condiscípulos en gramática; el comerciante Quezadas,(54) Cerero,(55) el presbítero bachiller Carrera, el señor doctor don José Sotero Castañeda(56) (hoy oidor de Valladolid),(57) lo fueron en filosofía. No me gradué ni de bachiller, porque al tiempo de los grados se enfermó mi padre, que era médico del Colegio de Tepozotlán;(58) fui a asistirlo, y destripé el curso. He aquí toda mi carrera literaria. Si cito leyes, cánones y concilios, si hasta hoy tengo la satisfacción de haber sostenido mis opiniones, es porque las ciencias no se aíslan en las paredes de los colegios, sino problemáticamente, en los libros, y éstos nunca los he dejado de la mano. Ya yo le he dado a usted una satisfacción demasiado humilde de mis principios literarios; sírvase usted decirme en qué colegios o universidades aprendió a ensartar tantos disparates como ha impreso; dígame qué quiere decir lírico, y qué clase de aritmética ha estudiado, pues componiéndose mi obra de El Payo y el Sacristán(59) de cincuenta números periódicos, usted sólo cuenta veintisiete; es decir, que critica mi obra sin haberla visto. Así es todo.
El párrafo once es una adulación muy grosera.(60)
El doce es otra adulación embustera.(61) El Payo jamás le tiró al poderoso Olarte.(62) Sirvió al coronel Nieto(63) por su dinero, como puede un abogado servir a su cliente. El tercer papel que usted cita, y yo vi en la planta, no lo suspendió El Payo por virtud, sino porque habiendo ya salido Nieto desterrado, sin dejar responsabilidad en el papel, no quiso El Payo exponerse, porque no contaba con seguridad que lo cubriera, y lo mandó suspender.(64) El Payo hizo bien; mas usted hace mal con esta barba(65) tan falsa, pues supo muy bien los trámites del asunto, y que aquí no obró la virtud de El Payo, sino el temor.
El párrafo trece es una adulación exagerada.(66) Conozco el carácter de El Payo del Rosario; sé que desprecia las lisonjas, y que en caso de pagarse de ellas, apreciará mejor un elogio de un literato del tamaño de una sesma(67) que los de usted, aunque tengan veinte varas,(68) porque sabe bien con Iriarte que:
Si el sabio no aprueba, malo,
y si [el] necio aplaude, peor.(69)
Sí, hermanito, con perdón sea dicho: si usted mañana me elogiara por las prensas, me presentaría contra usted para que se desdijera, porque cuando me injuria me honra, y si me elogiara, me deshonraría.
Los párrafos catorce y quince,(70) son desatino de locos, a modo de la agua de malvas, que no tiene gota de sustancia.
El párrafo dieciséis, o nota, es la nota o señal de la ignorancia de usted, pues se reduce a decir que no tengo carácter, porque me conformo con la opinión del gobierno en que vivo.(71) Usted, señor mío, para probar con el ejemplo que tiene un carácter más firme que yo, siendo un coyotito con tamañas orejas, debe decir e imprimir ahora: ¡Viva el rey, viva España!, eso es lo que usted aprendió desde el vientre de su madre, y lo aprendió el presidente de la República, y lo aprendimos todos; y ahora no se dice sino: ¡viva la patria, la libertad, la Independencia! Conque, según usted todo el que se conforma con el gobierno de su tiempo no tiene carácter, entrando usted en la cuenta. Dos onzas de oro le doy a usted el día que se atreva a gritar en el Portal,(72) delante de mí, tres veces: ¡viva España!
México, diciembre 1º de 1825.
El Pensador.
NOTA. Para que el público sepa quién es este mal coyote que hoy se llama Defensor de El Payo del Rosario, debe instruirse en que El Payo lo ha protegido, le ha matado la hambre, franqueándole en su casa toda hospitalidad; y en agradecimiento ha hablado mal de él conmigo mismo, y lo ha insultado en el Portal, valiéndose no de su valor, sino de la cojera de El Payo. Tan mal así habla del brigadier Hernández,(73) que le ha hecho mil favores. Tales son mis enemigos. Semejantes notas nadie me las echará en cara.
(1) Oficina del finado Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...]. Año de 1825. El Payo del Rosario. Cf. nota 52 a Qué mal hará...
(2) José María Aza. Español. Con él mantuvo Lizardi muchas disputas literarias, según ha de verse en los folletos siguientes, aunque Aza fue uno de los pocos que veló el cadáver de Fernández de Lizardi.
(3) Chismosiel. Cf. nota 15 a Hoy truena...
(4) mentir como un chino. Lizardi había usado “perjurándose como un chino.” Carta segunda de El Pensador al Papista, en Obras XI, op. cit., p. 564. Simple inversión de la frase “engañar como a un chino” o “ser chino” alusivas a la supuesta torpeza o tontería de los chinos “Mienten como chinos para que les amplíen el crédito.” Félix Morales Pettorino, et al., Diccionario ejemplificado de chilenismos, Chile, Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Valparaíso, 1985, t. II, p. 1102.
(5) Defensa a El Payo del Rosario. El título completo es: Defensa hecha a El Payo del Rosario contra su compadrito El Pensador Mexicano, México, Imprenta del ciudadano Juan Cabrera, 1825, firmado por El Amigo de los Desgraciados. Ataca la inconstancia de las opiniones de Fernández de Lizardi y lo acusa de ser adulador de los gobernantes.
(6) Ministro de Relaciones. Alude a Sebastián Camacho que fue ministro de Relaciones Interiores y Exteriores del 3 de noviembre de 1825 al 5 de julio de 1826.
(7) “El Pensador Mexicano fuera tan consecuente ni metiera su cuchara en la cuestión de su papel [de El Payo] Si no se van los ingleses hemos de ser sus esclavos, porque debía tener presente que cuando sus contrarios le tiraron tan encarnizadamente, el único que salió en su defensa fue El Payo del Rosario”,Defensa hecha..., p. 1.
(8) Entre ellos los siguientes textos: La Americana, Defensa de El Pensador o sea reflexión sobre su causa y estado (1822); Observaciones sobre la excomunión de El Pensador... (1822); F., No son sueños los de El Pensador (1822); F.V.Y., Manifestación de los francmasones dedicada para su conversión a El Pensador Mexicano (1822); El Michoacanense, Paseo de la tarde, obsequio humilde a El Pensador (1822). El propio Pablo de Villavicencio escribió Defensa de El Pensador Mexicano, o sea reflexión sobre su causa y estado (1822). Esta época fatal para Lizardi, de grandes ataques, termina en 1824.
(9) México, Imprenta de doña Herculana del Villar y Socios, 1822.
(10) “¿qué puede aguardarse de El Pensador, cuando siempre ha tenido un carácter voluble, escribiendo mil mamarrachos para tener dinero? ¿Con quién ha guardado consecuencia este hombre jamás? Con nadie; y para que se vea, quiero recordarle al público la milésima parte de lo que recientemente ha escrito.” Defensa hecha..., p. 1.
(12) El Amigo de la Paz. Periódico escrito por Fernández de Lizardi en 1822; constó de dos números; el número 1 llevó el título siguiente: El Amigo de la Paz y de la Patria. Periódico político, dedicado al muy ilustre ciudadano Agustín Primero, emperador de México (México, Oficina de Betancourt); el número 2: El Amigo de la Paz y de la Patria. El gobierno monárquico, democrático y verdaderamente moderado puede llamarse gobierno monárquico republicano (México, Oficina de Betancourt); publicados en Obras V, op. cit., pp. 3-16.
(13) En el número 1 del periódico citado. Cf. Obras V, op. cit., pp 6-8.
(14) Defensa hecha..., pp. 1-2. El papel al que se refiere es El Pensador Mexicano al excelentísimo señor general del Ejército Imperial Americano don Agustín de Iturbide, escrito en 29 de septiembre de 1821: “No, señor, o emperador o nada; y si no es vuestra excelencia emperador, maldita sea nuestra independencia. No queremos ser libres si vuestra excelencia no ha de estar al frente de sus paisanos.” Obras XI, op. cit., p. 282.
(15) Plan de Iguala. Cf. nota 35 a La tragedia de los gatos...
(16) Francisco de Paula. Cf. notas 12 y 35 a La tragedia de los gatos...
(17) Carlos María Isidro de Borbón, el posible rey de México, en caso de que Fernando VII no admitiera o renunciara al trono, según lo estipulaba el artículo 3º de los Tratados de Córdoba.
(18) coyote. Astuto, pícaro. En la mitología mesoamericana es un personaje pícaro que se enfrenta al conejo, que es de la misma naturaleza. También significó español.
(19) Iturbide. Cf. nota 17 a La tragedia de los gatos...
(20) gachupín. Cf. nota 22 a Breve sumaria...
(21) Cf. nota 14 a este folleto; la misma idea la repite en El Amigo de la Paz y de la Patria, en Obras V, op. cit., pp. 3-8.
(22) Iztacalco. Por Ixtacalco. Cf. nota 23 a Consejo de Guerra...
(23) “Este discurso puede compararse con lo que dijo en otro papel que con 10 hombres y 200 pesos haría rendir al castillo de San Juan de Ulúa: éstas son cuentas del gran capitán. Si yo hubiera sido gobernante, habría usado con El Pensador de la humorada que el Duque tuvo con Sancho Panza, cuando lo despachó de gobernador a la ínsula Barataria: le hubiera dado los 10 hombres, haciéndolo comandante de ellos; pero con orden a los subalternos que no dejaran a la tropa que se expusiera mucho a los fuegos del castillo; y que así que hubieran gastado los 200 pesos me le dieran una buena bañada en la mar, para que otra ocasión no escribiera disparates. Pero yo me admiro cómo se le escapó al excelentísimo señor presidente de la República el no tenerlo presente para que acompañara al señor Esteva en la grande y gloriosa empresa que acaban de conseguir nuestras armas en la rendición de Ulúa; porque los vastos conocimientos del ciudadano capitán Joaquín Fernández de Lizardi no son compatibles a los del excelentísimo señor ministro, según lo vemos escrito por medio de esas obras maestras de El Pensador. Él dijo en otro papel que tituló Fuera dones [...] que en un gobierno republicano debían mirarse con desprecio las instituciones godas: que la ciudadanía era lo mejor del mundo, y que aquello de galones y bordados debía abolirse, porque ya había pasado su tiempo.” Defensa hecha..., pp. 2-3.
(24) Fuera dones y galones y títulos de Castilla (1823) en Obras XII, op. cit., pp. 399-405.
(25) finchado. Ridiculamente envanecido, hinchado, estirado.
(26) capitán del ejército. Cf. nota 59 a Impugnación que los gatos...
(27) ministerio de la guerra. Cf. nota 51 a Impugnación que los gatos...
(28) Junta de Premios. Cf. nota 61 a Impugnación que los gatos...
(29) Vicente Guerrero. Cf. nota 36 a La tragedia de los gatos...
(30) Los militares, en día de procesión llevaban, si eran alumnos del Colegio Militar, casaca azul, con cuello y solapa de terciopelo negro, vueltas y vivos carmesíes, caponas de oro y cordones de lo mismo en el brazo izquierdo; los miembros del Batallón de Granaderos de la Guardia llevaban: casaca encarnada, con cuello, solapa, vueltas y barras azul celeste, pantalón blanco, polaina y alta gorra de pelo con una granada por escudo. El Batallón de Artillería llevaba piqueta azul con vivos carmesíes, solapa de terciopelo negro con ojales bordados de oro, cartuchera con bandolera blanca, chacó de cuero con triángulo, forrajera y chorro de estambre carmesí y dos cañones cruzados por escudo. Los Cazadores de la Guardia vestían casaca verde oscuro con costillar, hombreras y barras de color amarillo, chacó negro con cinchos de charol, pompón verde y por escudo una corneta; El Batallón Ligero: levita verde con vivos amarillos, pantalón gris y chacó con pompón verde; el de Infantería activa llevaba levita y pantalón azul turquí con vivos azul celeste, igual que el pompón del chacó. Granaderos de la Guardia: casaca corta encarnada con vivos azul celeste y blancos, cartera de charol, pantalón azul con cachirulo y bota corta negra, guante blanco de ante, morrión de latón con cimera de lo mismo, cola de cerda y una granada por escudo; Lanceros: piqueta verde con vivos encarnados, hombreras y alamares blancos, manoplas de charol, pantalón encarnado con franja verde y cachirulo negro, polonesa encarnada con escudo y cadenilla de metal amarillo y chorro blanco en la forrajera. La Caballería Permanente: piqueta y pantalón azul, con cuello, vueltas, barras y franjas encarnadas, chacó de cuero y charol con pompón encarnado; la Caballería Activa lucía piqueta y pantalón azul turquí, con vivos de azul celeste como el pompón del chacó. A. García Cubas, El libro de mis recuerdos, op. cit., pp. 480-482.
(31) faja. Antiguamente, y en ciertos casos actualmente, ciertos grupos indígenas usaban, y aún usan, fajas bordadas tejidas en telar de cintura para detener el pantalón de manta.
(32) real. Cf. nota 20 a Una buena zurra...; medio. Cf. nota 10 a Generosidad de los ingleses...
(33) “pues en cuantos impresos da a luz, no hay uno en donde no salgan a danzar: ya los obispos, ya los canónigos, ya los frailes y monjas”, en Defensa hecha..., p. 3.
(34) “Si El Pensador supiera que un Dr. Santiago, un Dr. Posadas y un Dr. Román, sujetos virtuosísimos y amados del público de esta corte, invierten la mayor parte de sus rentas en el culto divino.” Ibid., p. 3. Tenemos noticia de Juan Román, autor de un Proyecto de Constitución Política del Estado de Zacatecas (1824), y de Manuel Posada y Garduño (1780-1845), 32° arzobispo de México, que fue sacerdote y abogado. También fue senador por el estado de Puebla en 1824.
(35) El serrallo era la casa donde los mahometanos tenían a sus mujeres. La “Casa ó Palacio Real del Gran Turco tómase regularmente por el lugar en que tiene sus mujeres y concubinas. Es voz persiana que significa Palacio.” Dic. de autoridades.
(36) Este párrafo comienza: “pero ¿para qué me canso en probar el ningún carácter de este hombre, cuando todos saben que habiendo interés atropella con las más íntimas relaciones de la amistad?”, p. 3.
(37) En el mismo párrafo cuarto Aza acusa a Lizardi de copiar al Payo. Y en el quinto dice le quitó “el derecho de propiedad de su autor.” Idem.
(38) “Un hombre que ha perdido el concepto público por haber querido hacerse maestro en todas las facultades, cuando no es aprendiz en ninguna.” Ibid., p. 5.
(39) Cf. nota 30 a La tragedia de los gatos...
(40) Taxco. Cf. nota 38 a Consejo de Guerra...
(41) Guanajuato. Cf. nota 36 a Consejo de Guerra...
(42) pesos. Cf. nota 4 a Mañas viejas...
(43) Agustín Lebrija. Cf. nota 8 a Qué mal quedó...
(44) niñas González. Cf. nota 66 a Calendario para el año..., y nota 9 a Qué mal quedó... y el prólogo a.
(45) Hospital de San Andrés. Cf. nota 23 a Calendario histórico...
(46) “no hay materia que no toque [...] él es médico [...]; es jurista [...]; es canonista [...]; él es barbero, pintor, arquitecto, escultor, sastre, zapatero, herrero, maromero [...], de todo habla, en todo se mete [...], en qué colegios y universidades ha seguido los estudios este erudito, porque he oído decir que es un lírico.” Ibid., pp. 5 y 6.
(47) [a] quién Dios se la dio, san Pedro se la bendiga. Generalmente se decía a quien Dios se la dé; un equivalente es: “a quien le toque el guante, que se lo chante”, es decir, cada cual cargue con sus culpas, obligaciones, etcétera. Darío Rubio, La anarquía del lenguaje en la América española, México, Confederación Regional Obrera Mexicana, 1925, t. I, p. 57.
(48) Manuel Enríquez de Agreda: “llegó el día en que me pusieron al estudio, y éste fue el de don Manuel Enriquez, sujeto bien conocido en México así por su buena conducta, como por su genial disposición y tenaz y general preocupación que hasta ahora domina, nos enseñaba mucha gramática y poca latinidad.” Fernández de Lizardi, El Periquillo Sarniento, t. I, cap. IV, en Obras VIII, op. cit. Después, durante su bachillerato, estuvo bajo la tutela de Manuel Sánchez y Gómez. Y esto acaba con la creencia de que se graduó de bachiller; cf. infra.
(49) Universidad Nacional. Cf. nota 7 a El ángel que anoche...
(50) Francisco Zambrano. Colegial de San Ildefonso; vicerrector y catedrático de teología en ese Colegio; maestro en artes y doctor teólogo de la Universidad de México, y en ella catedrático de retórica, filosofía, de Sagrada Escritura y de prima de teología. Cura de la parroquia de la Santa Veracruz; examinador sinodal del Arzobispado. “De infatigable estudio, de doctrina sólida, de erudición fina en las ciencias sagradas y profanas, a quien los jefes, prelados y sabios de este reino han experimentado en consultas difíciles, descubriendo los quilates de su mérito literario, que han ocultado en gran parte su genio abstraído y su estudiada modestia.” José Mariano Beristáin y Souza, Biblioteca hispano-americana septentrional. O catálogo de noticias de los literatos, 3ª ed., México, Ediciones Fuente Cultural [1947], vol. V, p. 186. Autor de: Sermones y pláticas doctrinales; Poesías latinas y castellanas [...] en honor a Carlos III; Inscripciones latinas y castellanas para la estatua ecuestre de Carlos erigida en la Plaza Mayor de México; Inscripciones [para las obras del conde de Revillagigedo]; Oratio in laudem Caroli IV Reg. Hisp. (premiada por la Universidad de México en el certamen público para celebrar la proclamación del monarca citado. México, 1790), y Epigrammata latina in ipsus principes encomium (premiado también en el mismo certamen).
(51) Colegio de San Ildefonso. Establecido en agosto de 1588. Por cédula de 29 de mayo de 1612 fue encargada su dirección a la Compañía de Jesús, y con la extinción del seminario de San Pedro y San Pablo quedó éste refundido en el Colegio de San Ildefonso, el 17 de enero de 1618. En 1767, expatriados los jesuitas, quedó el Colegio cerrado a los estudios, sirviendo de cuartel al regimiento de Flandes. Restablecida la Compañía de Jesús, fue encargada a ella, nuevamente, su dirección, en 1816, hasta la nueva extinción de la Compañía, el 12 de enero de 1821. En 1866 fue entregado de nuevo a los jesuitas, hasta la caída del Imperio. Situado en la calle de San Ildefonso, limitándolo actualmente, al poniente, la calle de El Carmen; al norte, República de Venezuela; y al oriente, Rodríguez Puebla. José Antonio de Villaseñor y Sánchez hizo la siguiente descripción del Colegio: “cuya fábrica material es magnífica y sus patios circundados de corredores en dos andanas, una más alta que otra, con barandales de fierro hecho a todo costo, en que respectivamente están repartidas las salas de los colegiales que estudian la filosofía con toda distinción según el orden de sus clases, conviene a saber: lógicos, físicos y metafísicos, los que, examinados fenecido el curso de artes y graduados en él, pasan a la separación de bachilleres, que tienen ya vivienda más respetuosa por pasar a estudiar facultad mayor en cánones o teología, en que graduados prosiguen en su pasantía hasta llegar al sumo grado de la licenciatura.” Suplemento al theatro americano, op. cit., pp. 135-136.
(52) Manuel Antonio Sancristóbal y Garay. Fue profesor de Lizardi, en ese Colegio, en los años 1797 y 1798; éste lo citó así, en El Periquillo Sarniento, cap. V., t. I: “entré al máximo y más antiguo Colegio de San Ildefonso a estudiar filosofía, bajo la dirección del doctor don Manuel Sánchez y Gómez, que hoy vive [1816] para ejemplar de sus discípulos.” Nicolás Rangel afirma que, tal vez, Lizardi lo llamó Sánchez porque escrito anticuadamente, con ch, el apellido Sancristóbal, resultaba Sanchristóbal. Cf. “El Pensador Mexicano. Nuevos documentos y noticias biográficas”, en El Libro y el Pueblo, t. IV, núms. 10-12 (oct.-dic. 1925), p. 47.
(53) Tal vez José Manuel Izquierdo. Cf. nota 11 a Defensa de un gachupín...
(54) Quezadas. En un enlistado de los “sinceros y grandes amigos” de Pablo de Villavicencio, entre los que figura Fernández de Lizardi, está un señor Severiano Quezada; ¿será éste el condiscípulo de El Pensador?” Cf. Héctor R. Olea, El Payo del Rosario, op. cit., p. 73. Existió un Severiano Quezada, que fue detenido como sospechoso de participar en la conspiración de la Ciudad de México contra el virrey Venegas, en abril de 1811; fue puesto en libertad bajo fianza.
(55) Cerero. ¿Por Cerecero? Héctor R. Olea menciona a Anastasio Cerecero como uno de los “sinceros y grandes amigos” de El Payo del Rosario, entre los que figuraba Fernández de Lizardi. ¿Sería éste otro de los condiscípulos de El Pensador Mexicano? Tal vez sí, porque más adelante Olea dice que este señor “se encargó del entierro y presidió los funerales” de Fernández de Lizardi. En op. cit., pp. 73 y 76. Cf. nota 54 a este folleto.
(56) José Sotero Castañeda. Cf. nota 6 a Una buena zurra...
(57) Valladolid. Cf. nota 31 a La tragedia de los gatos...
(58) Colegio de Tepotzotlán. El Seminario de San Martín se fundó en el pueblo de Tepotzotlán (municipalidad del distrito de Cuautitlán) en 1548 a solicitud de los padres de la Compañía de Jesús. Su fundador fue Martín Maldonado. Cuando los jesuitas fueron expatriados, el Colegio fue destinado por Alonso Núñez de Haro y Peralta, arzobispo de México, a servir para instrucción de jóvenes ordenados. Al volver los jesuitas a México, Manuel Bolea Sánchez de Tagle construyó un nuevo noviciado. El Colegio y convento fueron expropiados por las leyes de Reforma.
(59) El Payo y el Sacristán. Escrita por Fernández de Lizardi, esta publicación periódica llevó el título de Conversaciones del Payo y el Sacristán. El primer tomo constó de veinticinco números; el primer número apareció el 28 de agosto de 1824, y el último el 16 de diciembre de ese año; hasta el quince, los números de este periódico vieron la luz con cierta regularidad (cada tres o cuatro días); a partir del quince no existe ninguna regularidad. El segundo tomo constó de veinticinco números, más dos alcances a los núms. diecinueve y veintiuno; el primero es del 12 de enero de 1825 y el último del 12 de julio de ese año; no existe regularidad respecto de los días de aparición. Cf. Obras V, op. cit.
(60) Dice así: “No se canse usted, Pensador: El Payo del Rosario, por más que a usted le pese, ha sido un gran patriota; ha tenido en todos tiempos mucho carácter; los más de sus papeles han sido muy apreciados de los buenos americanos, amantes de la libertad; jamás se ha mancillado su honor, porque no sabe adular al poderoso; él es hijo de la patria, porque ha consagrado sus tareas a ilustrarla en lo que su talento ha podido alcanzar; tiene muchos apasionados; y por último no es El Pensador Mexicano el que ha de opacar sus glorias adquiridas con sus preciosas fatigas.” Ibid., pp. 6-7.
(61) “El Payo del Rosario le tiró al poderoso Olarte, cuando estaba en su pujanza, y luego que el gobierno desterró a éste, suspendió la tercera parte de la Traición de unos gachupines, y no se dio a la imprenta, porque jamás le tira al abatido. En esto no se parece a su compadrito El Pensador, que viendo al Payo en un destierro, cuando no lo hubiera defendido por miedo, a lo menos no debía haberlo mordido tan atrozmente, en un tiempo en que no puede salirle al frente.” Ibid., p. 7.
(62) Antonio Olarte. Acusado de traicionar a México. Telésforo Urbina, enGachupines ¿Qué más dicha? Mexicanos ¿Queréis más? (México, Oficina del finado Ontiveros, noviembre 4 de 1825), censura a Nicolás Bravo por retardar la denuncia de conspiración encabezada por Olarte; Cf. infra.
(63) Nieto. Spes in Livo [Luis Espino], en Los excesos del gobierno le reclutan enemigos y atacan la libertad (México, Oficina del Águila, 14 de junio de 1826) aclara que el español Antonio Olarte es inocente de la acusación de Andrés María Segismundo Nieto de propiciar una conspiración para reponer el gobierno español. Nieto escribió Traición de unos gachupines, sabida por uno de ellos, Oficina del finado Ontiveros, 31 de octubre y 15 de noviembre de 1825. Hay otro papel al respecto, escrito por José Volante Ocariz: Declaración legal de la inocencia del ciudadano Antonio Olarte, acusado calumniosamente de conspiración contra la patria por Andrés María Segismundo Nieto, México, Imprenta a cargo de Martín Rivera, mayo 26 de 1826.
(64) “Diez días después de la expulsión de ‘El Payo del Rosario’ el 29 de noviembre [de 1825], ‘El Pensador Mexicano’ escribió un opúsculo [Sentencia del Consejo de Guerra sobre los ingleses] recordando que éste le tiró al poderoso comerciante español don Antonio Olarte y que al ser enviado a España, suspendió el escritor, en un gesto de nobleza, la impresión de sus ‘papeles’: La traición de unos gachupines, ‘porque el Payo jamás le tira al abatido’.” Héctor R. Olea, El Payo del Rosario, op. cit., p. 71.
(65) barba. La expresión hacer la barba se utiliza para adular u obsequiar con fines interesados. Santamaría, Dic. mej.
(66) “Pero Payo del Rosario: en donde quiera que te conduzca tu desgracia, sabes que tienes amigos que salgan defendiéndote de los que como El Pensador quieran defraudar tu mérito ante tus compatriotas; yo, sin faltar a las leyes, [ni] al respeto debido a las autoridades, les diré lo que hace al caso a cuantos se glorían de verte en un destierro, hasta que el gran Victoria, en uso de sus altas facultades, tenga por oportuno mandar que regreses al seno de tu familia y a la compañía apreciable de tus amigos.” Idem.
(67) sesma. O sexma, que es la sexta parte de cualquier cosa, y, más generalmente, de la vara.
(68) vara. Medida de longitud equivalente a 835 milímetros y 8 décimas, o la barra de esa longitud, que sirve para medir.
(69) En la fábula III, “El oso, la mona y el cerdo”, de Iriarte, Cf. nota 9 a Una buena zurra...
(71) “Nota. Al ciudadano Joaquín Fernández de Lizardi, capitán retirado, por no poder servir en el ejército a causa de su avanzada edad, le suplica El Amigo de los Desgraciados, que a los cargos que les resultan en cuanto a que no ha tenido carácter ni firmeza en sus opiniones, y que ha sido un eterno adulador de los gobernantes, no conteste ni se descarte con decir, como lo tiene de costumbre, estas expresiones: quedaría yo muy bien con decirle al gobierno presente que era mejor el de Iturbide, y hubiera yo quedado por las espumas, si en tiempo del exemperador hubiera yo elogiado a los gobiernos republicanos.”
(72) Portal. Cf. nota 2 a La vieja de la jeringa...
(73) brigadier Hernández. Cf. nota 81 a Impugnación que los gatos...