RESPUESTA DE EL PENSADOR AL AMIGO CONSEJERO(1)
Señor amigo: creería usted que mi demora en contestar a sus consejos ha sido por no tener qué, y tal vez se habrá envanecido persuadido a que me ha tapado la boca, pues no es así. Yo conozco a usted muy bien: sé cómo habla, a quién, por qué y para qué, y he aguardado ver qué efecto produce su diligencia, que, a no haber sido este el motivo de mi dicha demora, ya le hubiera contestado como merece. Pero no quiero incomodarme por ahora: perdono a usted porque estamos en tiempo de guerras, de pestes(2) y, si Dios no lo remedia, breve(3) nos veremos en el de hambres; y así debo perdonar a usted porque el que no remite los agravios ni teme la ira del Señor, amenazado por tantas plagas, es peor que Faraón(4) y merece contarse con los diablos. Vamos a otra cosa.
¿Qué le parece a usted de las fiebrecillas? Dicen los facultativos que ya pasaron de epidémicas a pestilenciales. ¡Cáspita, y cómo muere gente! Ya se van descarando y subiendo de escaleras arriba.(5) Las estaciones son muchas, los entierros más, aunque no todos suenan. Las recetas y métodos curativos se multiplican entre la duda y el deseo del acierto. Todo va en aumento, menos las limosnas. Sí, amigo, las limosnas se escasean. Apenas trece mil pesos colectó el muy noble Ayuntamiento de México(6) para atender a doble número de enfermos (según me aseguran) y de esos trece mis pesos, ocho fueron de un golpe: esto es, dados por dos corporaciones, cuatro mil por el Cabildo Eclesiástico(7)(a) y cuatro por el generoso Consulado.(8) Conque resulta que entre los señores particulares de esta populosa y rica ciudad sólo se pudieron colectar cinco mil pesos, que es hartito.(9)
Ya se ve, tales están los tiempos: no hay dinero; el comercio no gira, las artes no trabajan, los campos no se cultivan, las minas no producen, la industria no se fomenta, y todo está avieso y dado a la trampa.(10)
Pero, sin embargo, no piense usted: concurre su gente a las tres plazas de toros(11) que actualmente tenemos, se juegan sus gallitos,(12) hay muchas casas donde se echan diariamente sus pasados por agua muy razonables, no faltan sus bailecillos ni sus festejitos como siempre. En fin, las diversiones están en corriente y no se logran sino con dinero; pero, con todo, no hay plata, faltan reales,(13) no se hallan arbitrios para socorrer a los pobres, aunque para lo demás siempre sobra. ¿Será con sacrificios? ¿Quién lo duda? ¡Cuántos por quedar bien en un festín, por jugar con garbo una noche, por obsequiar una moza, dejarán de pagar la casa y tal vez sin comer a su familia! Pero ¿cómo ha de ser? Estamos en unos tiempos calamitosos: no se oyen sino desgracias, no se ven sino lástimas y no se presentan a nuestros sentidos sino objetos naturalmente duros y fastidiosos. Es necesario distraer el entendimiento, no dejarnos penetrar de la tristeza, porque entonces nos volveremos locos o nos buscaremos una ictericia cuando menos; y así, es preciso divertirnos.
¿Y si en medio de nuestros placeres (me dirá usted) nos envuelve la enfermedad o nos sorprende la muerte, de qué nos servirán las diversiones? A lo que yo responderé a usted con Epicuro
Duremos lo que duremos
Dios a nuestro vientre hagamos;
comamos hoy y bebamos
que mañana moriremos.(14)
¡Qué tal!, ¿le gusta a usted el consejito? Me dirá usted que no redondamente, porque es opuesto al Evangelio y una máxima brutal. ¿Ve usted?, pues lo mismo dirán todos con la boca; pero otra es con la obras. Allá se los hayan, y con su pan se lo coman.(15) Pero volviendo al asunto, ¿no es un dolor vivir en unos días tan deplorables (por no decir criminales) como los presentes, en que, sobrando en un México plata para todo, andemos adivinando de dónde habrá para socorrer a los infelices apestados? ¿Es posible que de una vez se ha extinguido la caridad en nuestros conciudadanos que apenas cuatro individuos han cooperado con un algo para tan santos fines? ¿Es creíble que se ha muerto la piedad en los pechos de los nobles y generosos mexicanos? ¿Quién les ha endurecido los corazones?, ¿quién les ha atado las manos en tiempos tan críticos y peligrosos? ¿Serán acaso los insurgentes?(16) Es mentira. Ni los insurgentes, ni los demonios mismos pueden obligarnos a hacer mal en ningún tiempo ni de modo alguno. Conque no valiendo ésta, que es la disculpa general de nuestros días, resulta que el crimen es solamente nuestro. Crimen dije, y crimen es el no socorrer el que puede al desvalido. La limosna, sabe usted bien, que no es una obra graciosa, como muchos entienden, sino obligatoria de justicia, porque el precepto de la caridad nos manda socorrer al gravemente necesitado, y ¿quién más necesitado que un pobre tirado en un jergón(17) o petate,(18) luchando con el mal, tal vez sin tener quién se pare en sus puertas?, ¿una madre infeliz, viuda, con dos o tres chiquillos también enfermos, postrada en una covacha(19) sin tener una taza de caldo, ni medio(20) para una medicina? Y otros miserables de este jaez, que no son entes de razón, sino ejemplares visibles de nuestros días. ¡Ah, ricos, ricos!, ¡ah, hombres pudientes y crueles!, oíd y temblad. Cuantos pobres mueran en esta época por falta de vuestros auxilios, son otros tantos asesinatos de que se os hará cargo en el tremendo Juicio del Señor. No son declamaciones mías, son verdades eternas que os enseña la religión que profesáis; y advertid que para estar comprehendidos en esta obligación no es menester tener tienda, vestir uniforme, ni rodar coche. No es necesario tanto, basta poder hacerlo de algún modo. ¿Lo queréis más claro? Pues ved. Pedro, verbigracia, es un artesano; pero tiene lo preciso para pasar la vida sin miseria: gasta un peso o dos en ir con su familia a los toros una tarde, sin que le hagan falta, y no socorrió a un pobre de los que hablo. Pues, he aquí cómo Pedro, sin ser rico, pudo socorrer al pobre con aquel dinero que fue a tirar, y cómo yo, siendo confesor, no lo excusaría de culpa grave: pues de esto hay mucho...; pero ¿adónde voy? Dispense usted amigo que se me olvidó que estaba escribiendo una carta, y ya iba haciendo un sermón. Continuemos.
¡Quién pudiera volver los tiempos de marras,(21) cuando había en esta ciudad más liberalidad con la humanidad afligida! ¿Qué dijéramos si supiéramos que un solo individuo había gastado en tiempo como el presente más de cien mil pesos de su bolsa para el socorro de los pobres, y a proporción muchos ricos de México crecidas sumas? Acaso lo dudaríamos. Pues fue cierto. En la peste de los años de 1736 y 17[37], que con el nombre de cocolixtle(22) apuró esta ciudad, donó esa cantidad al ilustrísimo, excelentísimo señor don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta.(23) Es verdad que era un arzobispo virrey, y en aquellos tiempos, a pesar de esto, ¿dejó de ser una cantidad magnánima la que sacrificó a tan loable objeto? ¿Y los demás dejaron de concurrir a los mismos fines, estimulados de tan noble ejemplo? Multitud de hospitales se erigieron en la ciudad para socorro de los dolientes, a más de los establecidos. Hasta la Plaza de Gallos se hizo hospital, no sólo con gusto del asentista, sino fomentado con su dinero; los padres de la Compañía de Jesús(24)mendigaban las limosnas, y se encontraban en las calles los piadosos abastecidos y cargados de frezadas,(25) pan, bebidas y dinero, metiéndose en las casas, consolando y socorriendo a los enfermos. Y ahora, ¿se ven estos afanes?, ¿se cuentan estas generosidades?, ¿se admiran estos héroes de la humanidad? O tempora, o mores! Ubinam gentium sumus, in qua[e] urbe vivimus!(26)
Ya no quisiera yo que estos indolentes se acordaran de que Dios dice que dichoso el que socorre al necesitado y al pobre, pues lo librará el Señor en el día malo, esto es, en la muerte y el Juicio.(27) Ni de que dice que bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia.(28) Ni de que Daniel dijo a Nabuco que redimiera con limosnas sus pecados,(29) ni de otras cosas como éstas, sino que se acordaran de que, siguiendo la peste como va, dentro de breve tomará un cuerpo espantoso, pues si con las precauciones y auxilios pocos que ha habido va en aumento, es regular que faltando éstos del todo, los enfermos sean infinitos, el aire más corrompido y todas las consecuencias más funestas; y entonces puede que no quede moro en Argel ni turco en la casa santa, sino que a todos nos trague la huesa.(30)
¿Sabe usted cuántos murieron (por el más ínfimo cómputo) en la peste citada de los años [17]36 y [17]37 sólo en México? 400157, en Puebla más de 500, y todo el reino 1920364.(31) Reflexione usted que no era entonces la población que hoy:(32)era menos seguramente, y los auxilios siempre sobrantes atajaron mucho el mal y contuvieron sus progresos. Pues si en aquellas circunstancias murió tanta gente ¿qué se deberá esperar en éstas en que la población es mucha y los socorros ningunos? Siquiera de esto quisiera yo que se acordaran y que favorecieran a los infelices, ya que no por caridad, a lo menos por su propia conveniencia. No tendrían mérito, es verdad, pero serían socorridos los pobres y el mal no se extendería tanto.
Mas no hemos de gastar en salvas(33) todo el papel. El objeto es muy interesante, y cuando hay urgencia, los arbitrios se hacen necesarios.
Sabe usted, si yo fuera que [sic] el señor arzobispo (pues yo no doy ni soy capaz de dar consejos, y más a mi prelado y superiores, a quienes siempre venero, sino que le platico a usted lo que hiciera en tal caso), si fuera yo arzobispo de México, hacía publicar un edicto mandando a todos los señores curas exhortaran los días festivos a sus feligreses a la caridad fraternal. Concedía muchas indulgencias a todos los que de cualquier modo cooperasen al alivio de los enfermos, aunque sólo fuera darles una taza de caldo o un jarro de agua. Mandaba que los mismos señores párrocos, acabada la plática, bajasen del púlpito y personalmente se sentasen a las puertas de sus parroquias, donde habría una mesa con recado de escribir y un libro en qué apuntar lo colectado de limosna cada día; que esta limosna se entregase a un sujeto de virtud y principal de la feligresía, a quien cada señor cura nombrara de tesorero en su respectiva parroquia para que éste la distribuyera entre sus comparroquianos enfermos necesitados, dando al señor cura recibo de las cantidades de que se fuera entregando y cuenta de su inversión. Mandaría se me diesen estas cuentas cada quince días para hacerlas publicar en el Diario oGaceta(34) y fulminaría censuras en caso necesario contra cualquiera que defraudase un maravedí(35) de los pobres.
Si fuera virrey, publicaría una proclama enérgica al mismo fin, y nombraría algunos señores oficiales y sujetos distinguidos para que en los días domingos hiciesen la misma diligencia, y según el orden referido en los conventos de religiosos y religiosas de esta ciudad, cuyos caballeros no dudo se prestarían gustosos a tan lisonjeras tareas, y tendrían a mucha honra ser los mayordomos de Dios.
Esto haría si fuera virrey, arzobispo o cosa que lo valiera; pero como no soy más que un pobre pensador, me contento con parlar(36) a usted mis pensamientos y mis deseos, y Dios sobre todo.(37)
Ya me dicen que se entierran los cadáveres fuera de poblado, ¡santa costumbre! Dios se lo pague a los sabios que han procurado con su influjo y autoridad exonerarnos de tan intolerable abuso como era de contrario. Seguramente que con esta precaución serán muchos menos los estragos de la peste. ¡Ojalá y esta loable práctica siga sin excepción!, y que no se sepulte en poblado ningún cadáver ni por ningún caso, aunque sea de rico, porque no piense usted, los cuerpos de los ricos, cuando se corrompen, apestan como un demonio lo mismo que los de los pobres, y si apestan, pues apestar sin duda alguna, porque de la potencia al acto vale el argumento.
El mejor modo de honrar a los difuntos es cumplir sus testamentos, pagar sus deudas, imitar sus virtudes y hacer bien por sus almas, lo demás todas son supersticiones, porquerías y vanidades.
Esto es cuento largo. A Dios.
El Pensador
Posdata. Después de concluida ésta, se me ha dicho y asegurado que algunos médicos están faltando a la caridad y a su obligación, dejando de visitar a muchos pobres y visitando a otros con precipitación, lo que no puede menos que causar mil perjuicios.
El médico prudente no debe encargarse de más enfermos que los que pueda asistir bien y con suma prolijidad, que así es como desempeñará el honroso título que goza, sino será un verdugo de los hombres. En tal caso, mejor le está a un enfermo abandonarse en manos de la sabia naturaleza que confiar en un médico mal cristiano, atolondrado(38) o que no tira más que a salir del día para percibir la iguala, y aun esto con tanta mezquindad como se experimenta, y despidiendo con dureza a los que los llaman.
Vale por mí, ¡ojalá valga por todos!
Puede imprimirse. México, 18 de junio de 1813.
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui, año 1813. Alude a Consejos a El Pensador, México, Imprenta de Jáuregui, año de 1813, firmado por El Conocedor de los Hombres.
(2) pestes. Cf. nota 18 a los avisos de El Pensador.
(3) breve. Por "en breve", modo adverbial que vale lo mismo que brevemente.
(4) Faraón. Cf. nota 19 a los Avisos de El Pensador.
(5) escaleras arriba. Suponemos que es una contraposición a "escaleras abajo", expresión con la que se aludía a los sirvientes domésticos, especialmente a los que se ocupaban de faenas "humildes".
(6) Ayuntamiento de México. Al recibir Calleja el gobierno del virreinato, "dispuso enseguida [...] que se procediese á la elección del Ayuntamiento de México, llamando en consecuencia á don Jacobo Villaurrutia, que á pretexto de enfermedad se había quedado en Puebla, y ordenando que se pusiese en libertad á otro de los electores, don Juan N. Martínez, quien había sido reducido á prisión algunos meses antes [...], por achacársele que mantenía activa correspondencia con el jefe insurgente Villagrán; pero queriendo evitar lo sucedido en las elecciones primarias, no sólo interpuso su mediación en los electores para que no quedasen excluidos los españoles en el nombramiento que iban á hacer, sino que se valió del arzobispo para que inclinase en ese sentido á los muchos, de entre aquellos, que eran sacerdotes [...]. Todo fué en vano, dice á este propósito Alamán, y en la elección que se efectuó el 4 de abril, fueron enteramente excluidos los europeos; recayendo aquélla, por la mayor parte, en individuos que, aunque pertenecían á la clase más distinguida de la sociedad, eran tenidos por adictos á la causa de la independencia, conforme a la lista que se había circulado cuatro meses antes, cuando se hicieron las elecciones primarias. Como era fácil prever, presto comenzaron los choques entre un ayuntamiento compuesto de tales elementos y el gobierno. Húbolos sobre la autoridad de los alcaldes, que la corporación pretendía ensanchara sobremanera: húbolos también sobre la administración del colegio de San Gregorio, y con motivo de la junta de policía, por todo lo cual se empeñaron fuertes contiendas y se pasaron por una y otra parte muy agrias comunicaciones (ALAMÁN, Historia de México, tomo III, pág. 412)". Cf. México a través de los siglos, op. cit., t. III, p. 380.
(7) Cabildo Eclesiástico. La Catedral de México fue erigida por el venerable e ilustrísimo "D. Fr. Juan de Zumárraga en 9 de septiembre de 1534, por bula del Sr. Clemente VII", bajo el título de la Asunción de Nuestra Señora. "Se compone de cinco dignidades, que son deán, arcediano, chantre, maestrescuelas y tesorero, de diez canonjías, de las cuales la penitenciaria, lectoral y magistral se proveen en virtud de públicas pruebas y ejercicios literarios, cinco de merced o gracia, y la venta de la otra está aplicada al tribunal de la Inquisición: seis prebendas de ración entera, seis de media ración, tres curas párrocos, treinta capellanes, seis acólitos, y diez y seis infantes de coro; veinte músicos, un sacristán mayor y dos menores, con varios mozos de la sacristía, dos celadores, dos apuntadores del coro, pertiguero, caniculario, y otros ministros y dependientes. Es metropolitana de la Nueva España y tiene por sufragáneas las iglesias de Tlaxcala, Puebla de los Ángeles, Valladolid de Michoacán, Antequera de Oaxaca, Guadalajara de la Nueva Galicia, Yucatán, Durango de la Nueva Vizcaya, Sonora y Monterrey del Nuevo Reino de León: y hasta el año de 1743, lo fueron también Guatemala, Chiapas, Nicaragua y Comayagua.
"Ha tenido hasta este año de 1811, veinte y nueve arzobispos, venerables todos por su virtud y doctrina, de los cuales nueve han sido virreyes de la Nueva España, tres prelados grandes cruces de la orden de Carlos III, y un arzobispo de Toledo y cardenal de la Santa Iglesia Romana. Sus capitulares en la mayor parte doctores teólogos o canonistas, han resplandecido siempre por su nobleza, gravedad de costumbres, letras y virtudes eclesiásticas; y de ellos ha habido tres arzobispos de la metropolitana, y más de cincuenta obispos y arzobispos de otras iglesias de las Américas, de Asia y de Europa." Cf. Mariano Beristáin de Souza, Biblioteca hispanoamericana septentrional 1521-1825, 3ª ed., México, Ediciones Fuente Cultural, 1947, t. III, p. 217.
(a) Posteriormente ha dado este mismo venerable Cabildo otros 1,500 pesos.
(8) Consulado. Tribunal establecido para la rápida tramitación de los pleitos de carácter mercantil, pero también se ocupaba de asuntos comerciales como embarque y desembarque de mercancías, así como de su avalúo para el pago de derechos. Se componía de un prior, dos cónsules, y cinco diputados elegidos cada dos años, un escribano, un procurador, un alguacil, un solicitador y dos asesores letrados. Ellos celebraban sesiones tres veces por semana. El Consulado de México se fundó en 1592, y construyó los edificios de la Aduana, el Hospital de Betlemitas, el canal de desagüe de Huehuetoca y el camino a Veracruz por Orizaba.
En una carta (9 de junio de 1590) del rey, dirigida al virrey, le consulta su parecer en lo relativo a la petición de un grupo de mercaderes de la ciudad de México para erigir un consulado similar al de Burgos y Sevilla. La cédula de erección fue firmada por el rey el 15 de junio de 1592. La institución del Consulado de la ciudad de México tuvo larga vida: doscientos treinta y tres años en funciones. Se disolvió por decreto el 27 de enero de 1827.
(9) hartito. Mucho, demasiado, muchísimo. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(10) dado a la trampa. En mala situación o no tener recursos. También se emplea "llevárselo a uno la trampa".
(11) plaza de toros. Cf. nota 14 a La igualdad en los oficios.
(12) se juegan sus gallitos. Peleas de gallos. "La primera plaza de gallos que hubo en México, de que se tiene noticia, estaba situada en la calle del Cuadrante de Santa Catarina (año de 1736) y fué trasladada (año 1745) al callejón de los Gallos, donde permaneció hasta 1798 en que, el día de San Pedro, se estrenó la que existió en la calle de las Moas." Cf. Antonio García Cubas, El libro de mis recuerdos, México, Imprenta de Arturo García Cubas, Hernanos, Sucesores, 1904, p. 268.
(13) reales. Cf. nota 11 a Consulta que un payo hizo.
(14) Manducemos et bibamus, cras enim moriremus. "Comamos y bebamos que mañana vendrá la muerte", I. Co. 15, 32. Respecto a la opinión sobe Epicuro, Blanchard anota: "Entre todas las extravagancias de que es capaz el entendimiento del hombre, la de los epicúreos es sin duda la más grande. Ellos imaginaban que el acaso lo había hecho todo; que las partes de nuestro cuerpo no habían sido destinadas para uso alguno, sino que nosotros habíamos hecho uso de ellas, porque las habíamos encontrado." Cf. Escuela de las costumbres, op. cit. t. I, p. 29.
(15) allá se lo hayan y con su pan se lo coman. Allá se lo hayan: que se atengan a las consecuencias de sus actos. Y se añade que "con su pan se lo coman": expresión que da a entender la indiferencia con que se mira el medro, la conducta o resolución de otra persona.
(16) insurgentes. Cf. nota 10 a la Consulta que un payo...
(17) jergón. Colchón de paja, esparto o hierbas y sin bastas.
(18) petate. Aztequismo con que se designa una estera tejida de tule, que crece a orillas de lagunas, pantanos, etcétera.
(19) covacha. Cueva pequeña. Además es el aposento de debajo de la escalera, estrecho y oscuro, con el techo en desván. Servía y a veces sirve de habitación para el portero. Por extensión, cualquier cochitril. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(20) medio. Cf. nota 10 a El muerto y el sacristán.
(21) marras. Antaño, en tiempo antiguo.
(22) cocolixtle. Fue de tifo exantemático. Las principales pestes de México fueron de viruelas y tifo. La primera llamada a veces por los indios hueyzáhuatl (gran erupción) y la segunda matlazáhuatl (erupción) o cocoliztli (dolencia, plaga o peste). En realidad el uso más frecuente de cocoliztle (nombre náhuatl para expresar plaga o peste) se convirtió, después de llegados los españoles, en el nombre de una enfermedad que todavía no ha podido especificarse (a veces se usaba para el tifo exantemático y a veces para la tifoidea). Según datos, las viruelas más graves ocurrieron en 1520 y en 1762. De tabardillo se registraron veintidós epidemias en época novohispana, y las más asoladoras fueron las de 1535 a 1537 (aunque quizá ésta fuera de influenza) y de 1736 a 1737. "En el año de 1736 tuvo origen en un obraje de Tacuba la destructora epidemia llamada matlazáhuatla que desde allí se propagó a la ciudad y sus inmediadiones y sucesivamente a todo el reino, considerándose como causa ó precursores de ella los vientos furiosos del Sur que soplaron y que en el valle de la ciudad de México derribaron los más altos árboles y las veletas de las torres. El arzobispo virrey, el Ayuntamiento, las comunidades religiosas y toda la gente acomodada, proporcionaron con generosidad todos los auxilios necesarios, sin escusar el servicio personal en los hospitales que en diversos puntos de la ciudad se establecieron. Con este motivo la ciudad de México, en marzo de 1737 juró por su patrona la Virgen santísima bajo la advocación de Guadalupe, que años después fué declarada patrona de todo el reino." Cf.Diccionario universal de historia y geografía, op. cit., t. V, p. 882.
(23) Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta (¿-1747). Arzobispo de México (1731-1747), virrey de México (1734-1740) arcediano de Sevilla, sumiller de cortina de Felipe V. Proclamó a la virgen de Guadalupe patrona de la ciudad de México y después de toda la Nueva España.
(24) Compañía de Jesús. Gérar Deconne escribió La obra de los jesuitas en México, un acopio histórico muy interesante. Los primeros jesuitas llegaron en 1572 con el sacerdote Pedro Sánchez. Fueron expatriados en 1767. En esos tiempos eran seiscientos setenta y ocho (cuatrocientos dieciocho sacerdotes, ciento treinta y siete estudiantes y cuatro coadjutores) Fueron establecidos en 1816.
(25) frezadas. Forma de frazadas. Mantas de lana que se echan sobre la cama.
(26) Cicerón, Catilinarias, I, 1 y Verrinas: De signio, 25, 56. Exclamación ciceroniana contra la perversidad de los hombres de su tiempo.
(30) huesa. "Huessa. Lo mismo que Sepultura." Cf. Dic. de autoridades.
(31) Al respecto tenemos dos datos: "Segun los registros que se llevaron del numero de muertos enterrados en México en las iglesias y en los cinco hospitales que se establecieron extramuros, ascendieron aquellos á cuarenta mis ciento cincuenta, siendo muchos los que los indios enterraban ocultamente ó que arrojaban en las acequias, lo que contribuyó mucho á aumentar la infeccion. En Puebla pasaron de cincuenta [sic] cuatro mil, habiendo quedado con esto dessiertos en ambas ciudades, pueblos y barrios enteros." Cf. Diccionario universal de historia y geografía, op. cit., t. V, p. 882. Vicente Riva Palacio escribe que el número proporcional de las víctimas de la peste de 1736 "es el mayor que se registra en la historia de la Colonia. La cantidad de muertos enterrados en la ciudad de México en las iglesias y en cinco cementerios designados en extramuros ascendió á cuarenta mil ciento cincuenta; en Puebla pasó de cincuenta mil; el padre Alegre calcula, en suHistoria de la Compañía de Jesús en México, que murieron en esa peste las dos terceras partes de los habitantes de Nueva España". Cf. México a través de los siglos, op. cit., t. II, pp. 773-774.
(32) Es interesante señalar que en el reino, a principios del siglo XIX, la población era aproximadamente de 3 600 000 indios. En 1811 la población de la ciudad de México era de 168 846; en 1813 de 123 907 y en 1854 de 200 000. Véase Memoria sobre la población del reino de Nueva España de Fernando Navarro y Noriega, contador general de los ramos de arbitrios, impresa en 1820.
(33) gastar en salvas. Forma sincopada de gastar la pólvora en salvas: poner medios inútiles y fuera de tiempo para aun fin. En México es frecuente usar como variante de esa forma castiza, "gastar la pólvora en infiernitos".
(34) Diario de México. Fundado por Jacobo Villaurrutia, José María Wenceslao de la Barquera y Carlos María Bustamante en octubre de 1805. Fue el primer periódico literario. A partir de 1812 devino predominantemente político. La Gaceta del Gobierno de México fue editada de 1810 al 29 de septiembre de 1821.
(35) maravedí. "Moneda antigua Española, que unas veces se ha entendido por cierta y determinada, real y efectivamente, y otras por número o cantidad de ellas. Segun la variacion de los tiempos en la estimacion del marco de plata, han tenido diversos valores, como tambien por su diferente calidad y metal; porque los huvo de oro, de plata y de cobre, con distincion de sus nombres por la matéria, peso, ley ó arbitrio de los Príncipes: como marevedis de oro, buenos, ú de la buena monéda, viejos, prietos, blancos, cobreños, y otros que se hallan en diversas leyes de estos Réinos, como es el Fuero, el Ordenamiento, Partidas, y demás. En el común sentir de los Autores se llamaron assi de los Almorabides, Moros que se entroduxeron en España, y esparcieron estas monedas, aunque otros le dán otras etymologías. Llamaronse tambien Maravadis o Moravidis ò Morbiés." Cf. Dic. de autoridades. El que corrió por último era de cobre y valía la trigésima cuarta parte del real de vellón. A veces el uso del término "maravedí" era equivalente a dinero: "se infiere de algunos autores que esta palabra no significaba la moneda de cobre á que despues se ha dado este nombre, sino que se aplicaba á toda clase de monedas fueran las que quisiesen su materia y su peso". Cf. Diccionario universal de historia y geografía, op. cit., t. V, p. 91.
(36) parlar. Hablar mucho y sin sustancia.
(37) Dios sobre todo. Expresión que se emplea cuando se duda del suceso de una cosa.