RESPUESTA DE EL PENSADOR A ANITA LA TAMALERA(1)
Quiere decir, mi querida Anita, que no todos somos capaces de todo.
Por la tuya de 5 del presente, que tuviste la bondad de imprimir,(3) veo que has adelantado mucho de cinco años a esta parte que te conocí en clase de sirvienta mía. Sí, ciertamente, advertí que eras vivaracha, aplicada a leer y bachillerita de estrado;(4) mas nunca creí que pudieras poner un papel tan zaragate(5) como el que contesto.
Mucho menos creo que seas tamalera, pues eres bonita, y por seguro que lo sabrás vender tu pato como otras, antes que trabajar en un oficio tan poco lucrativo; y así, supuesto que no me engañas, eschúchame.
Finges tener una gran gana de ser diputada, y alegas en justicia. Los hombres no tan sólo no somos más que ustedes, sino que a las veces somos menos. Ustedes, las señoras mujeres, tienen sobre nosotros un predominio admirable. ¿No te acuerdas que Betsabé, Abigaíl y Sunamitis vencieron a David?(6) ¿No ves cómo Ester doblegó a Asuero,(7) así como Judit degolló a Holofernes?(8) ¿No ves cómo las mujeres se hicieron ídolos de Salomón,(9) y el fuertísimo Sansón se convirtió en mendigo a cuenta de su amiga?(10) ¿No adviertes que Débora hizo quedar mal a los Jueces?(11) ¿No sabes cómo Jahel clavó las sienes de un general?(12) Y para no cansarte, ¿no ves cómo Eva sedujo a Adán(13) para que comiera la fruta prohibida, por cuya fineza te ves pobre?
Y dejando aparte las heroínas de la Santa Escritura, ¿no sabes cómo la historia profana nos conserva la memoria de mujeres ilustres en talento, valor, patriotismo, resolución, honor y juicio? Ya vemos a las romanas vendiendo sus alhajas para sostener las tropas que defendían su patria; ya a Vetruria(14) conteniendo ella sola a su hijo, que intentaba vengarse de su patria; ya a Lucrecia clavándose el puñal por no sufrir la memoria del agravio que le infirió Tarquino;(15) y viniendo a tiempos más cercanos, vemos una Catalina II, emperatriz de la Rusia, no sólo gobernar su imperio con acierto, sino pelear y vencer en persona a los turcos;(16) vimos a María Teresa de Austria gobernar su imperio con igual sabiduría durante la menor edad de su hijo José II, quien si fue grande lo debió a la muy noble educación que le dio su augusta madre;(17) y, por fin, en nuestra misma patria, en la revolución pasada hemos tenido mujeres heroínas(18) que han prestado servicios distinguidos de valor y desinterés.
Esto prueba que las mujeres, por serlo, nunca desmerecen los más altos puestos de la república, pues que las ha habido tan útiles como los hombres para las artes y las ciencias, para los tribunales y las cátedras, y para las campañas y los tronos.
Hasta aquí dirás que trabajo a tu favor, y es verdad; pero no lo es menos que no son convenientes las mujeres, en lo general, para desempeñar las magistraturas y otros cargos propios de los hombres. En primer lugar, porque no tienen, por lo regular, ni el talento ni la educación necesarias; en segundo, porque son destinadas por la naturaleza para la alta dignidad de madres; y es más útil una mujer desempeñando aquel título, y cuidando a sus hijos y marido, que ocupándose en otros ejercicios; y, finalmente, porque las hermosas tienen muy a mano el medio más eficaz para la seducción. Con dos lindas, hábiles y maliciosas que hubiera en un Congreso, sobraba para enredar a todos los diputados y obligarlos a dictar leyes infernales. Conque desiste de querer ser diputada. Eres joven y bonita, y así no pierdas la ocasión de casarte, que yo te aseguro que no te arrepentirás.
Si lo que deseas es hablar en público y dar tu voto en lo que quieras, escríbeme, que te proporcionaré ese gusto, imprimiendo tus producciones, con lo que conseguirás ambos objetos. Vamos ahora a tratar sobre tu Carta primera.
Parece que no te acomoda que vengan muchos clérigos al Congreso,(19) y temes que se descomponga lo remendado y que se rompa lo nuevo, a merced del interés, ignorancia y fanatismo; y por Dios que no carecen tus temores de fundamento. Ya hemos visto, y tú apuntas algunas proposiciones hechas por eclesiásticos, y no son las que apetece ni celebra la parte sana de la nación. Por mí te aseguro que, mientras haya muchos clérigos en las Cámaras, jamás se tratará de tolerancia religiosa, reforma de abusos, dotación de curas, administración civil de diezmos, minoración de frailes, ni extinción de canónigos.
Aunque estas materias exigen imperiosamente su discusión, los clérigos no tratarán de tocarlas, sino de oponerse a quien las trate, y de perpetuar los abusos, dejando, por supuesto, a los pueblos encenegados en la superstición y el fanatismo; y, de consiguiente, en la estolidez y la miseria. A cuenta de esta ignorancia se ha sostenido el clero en la opulencia, siempre y en todas partes, contra el espíritu del Evangelio; y sería una necedad el pensar que el clero mexicano era tan heroico que degeneraba de los antiquísimos arbitrios de sus antecesores.
Bien veo que no faltan ni han faltado clérigos tan patriotas y virtuosos, que por amor a la libertad americana han sacrificado sus intereses y hasta su misma vida, como los inmortales Hidalgo,(20) Morelos,(21) Matamoros,(22) Salto(23) y otros muchos.
No es mi intención hacer una lista de los clérigos que en la revolución, y después de ella, han prestado heroicos servicios, sufriendo unos muchas prisiones, trabajando con la espada y la pluma, y perdiendo muchos su bienestar por no recibirlo de parte del tirano. Tal es, entre otros, el doctor G., que renunció una canonjía que le dio Fernando VII, o no quiso venir a tomar posesión de ella oportunamente.
Servicios de tamaña consideración han hecho los eclesiásticos a la patria; yo podría señalar muchos y denominar a sus autores, pero siendo odiosa toda comparación, me abstengo de ello, ofreciendo a tan dignos eclesiásticos y beneméritos patriotas mi admiración, gratitud y reconocimiento.
Pero, a pesar de esto, insisto en que los eclesiásticos no deben ser diputados ni senadores. Es tan ridículo ver a un clérigo dando leyes civiles y criminales a los pueblos, como lo sería ver a los militares y paisanos dictando cánones y decretos pontificios.
Los eclesiásticos patriotas y de luces pueden sernos demasiado útiles sin salirse de la órbita de su ministerio. ¿Dónde hará mejor servicio un eclesiástico en una Cámara discutiendo una proposición, tal vez errónea, o en el púlpito de su curato exhortando al pueblo al amor de la libertad, y explicándole sus derechos?
Hasta aquí hablo de simples clérigos, y aun me extenderé a los canónigos. Éstos, menos que los demás, deben ser diputados ni legisladores. De ellos no se debe esperar jamás que hagan proposición alguna liberal. Se consideran aún capellanes reales, vasallos de Fernando VII, y pagados por él. ¿Cómo es posible que dejen de ser realistas? ¿Ni cómo han de querer que se les quiten los diezmos, que se restituyan a los curas, ni que se administren por los gobiernos civiles? Esto es imposible, y no hay cosa más probada que el escandaloso chaquetismo(24) de los canónigos de México, y el escandaloso sufrimiento del gobierno, que les ha tolerado y está tolerando la pública infracción de la ley en no levantar el mausoleo a las cenizas de los primeros héroes,(25) y la desvergüenza y punible osadía con que mantienen en blanco ese hueco sobre el frontispicio de Catedral,(26) sin querer colocar en él las armas de la nación que mantiene a esos ingratos en la opulencia.
Sí, Anita, ingratos llamo a los canónigos de México por este crimen; y lo son en manifestar, tan públicamente, el desagrado con que miran la libertad de la patria y el desprecio con que públicamente ultrajan las leyes más patriotas. Ya veremos cómo se portan en los próximos días, en que se va a solemnizar el pronunciamiento de libertad en el pueblo de Dolores.(27) Ve a Catedral, observa y avísame. Yo creo, según las prevenciones, que harán cualquier cosa, y eso a fuerza. Bien que en esta parte yo no sé quién será más culpable, si el Cabildo Eclesiástico despreciando las leyes con descaro, o el gobierno que los tolera sin tomar providencias enérgicas para hacerse obedecer. Esto ya no es prudencia ni disimulo, sino apatía y miedo conocido; mas este miedo es muy criminal en los gobiernos, pues nada menos que abre la puerta a la imitación, al mal ejemplo.
Yo me admiro al ver que nuestro gobierno, que no temió al estado de Jalisco,(28)ni a la revolución de Oaxaca,(29) y que providenció seriamente para hacerse respetar, y que no perdonó gasto ni sacrificio, les tema a cuatro clérigos envueltos en tafetán, que le están haciendo burla en sus bigotes. Con razón hasta los frailes se mezclan en conspirar y hacer las elecciones como en Oaxaca y en Toluca.(30)
Admírome también al ver la docilidad con que los ciudadanos N., N., N., etcétera, antes títulos de Castilla, obedecieron prontamente la ley que determinó se quitasen de los lugares públicos los signos de la dominación española,(31) y que los canónigos se estén burlando de esta Ley.
Que los canónigos de México son públicos chaquetas, antiamericanos y gachupineros,(32) es incuestionable. Ellos siempre dan los mejores destinos a los gachupines,(a) dejando sin colocación a mil eclesiásticos beneméritos y pobres. ¿Se quiere decisión más manifiesta? Pero ellos no tienen la culpa, sino el gobierno que lo ve, lo observa, lo calla y no lo remedia.
Ese Congreso, que tuvo memoria para prohibir que se solemnizara la fiesta de losReyes a 6 de enero, no la tuvo para mandar por otra ley que se quitara de Catedral ese retablo de leña dorada, que se llama Altar de los Reyes,(33) tan indecente como viejo, sustituyéndose en su lugar un altar patriótico, en donde descansaran, en soberbios panteones o sepulcros, las cenizas de nuestros libertadores con sus retratos, colocándose en medio el altar magnífico donde se celebrara el augusto sacrificio el día de su aniversario.
Esto va largo, Anita: dime si te has casado o no, porque todo lo ignoro, y escribe cuanto quieras a tu amo viejo
México, 14 de septiembre de 1826.
El Pensador
(1) México: 1826. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...]. Tamalera. Cf. nota 1 a Anita la Tamalera...
(2) Non omnia possumus omnes. Virgilio: “no todos los hombres nacen con disposiciones propias á todo género de ocupación literaria.” Jamin, El fruto de mis lecturas..., op. cit., p. 251. “No todos podemos hacer todas las cosas, hay cosas que no todos podemos hacerlas.” Manuel González Rivera, Latinismos, latinajos y aforismos, pról. de Ricardo D. Alduvín, México, Talleres Tipográficos Modelo, 1946, p. 275.
(3) Véase el folleto anterior.
(4) bachillerita de estrado. “Comúnmente, y por vilipendio se dá este nombre, y se entiende por el que habla mucho fuera de propósito, y sin fundamento.” Dic. de autoridades. Estrado era el aposento donde se sentaban las mujeres para recibir visitas.
(5) zaragate. Truhán o pícaro simpático.
(6) 2 Sam. 11, 2-4; 1 Sam. 25, 14-42; y 1 R. 1, 1-3.
(9) 1 R. 11, 4, 5, 6-8, 9, 10-13.
(10) Jue. 16, 21. En realidad queda ciego y preso, en esta última condición le hicieron mover la rueda de una tahona para moler, a modo de un animal.
(12) Jue. 4, 21. El general aludido es Sísara: “Jahel [...] tomó un clavo o estaca de la tienda, y asimismo un martillo, y, entrando sin ser vista ni sentida, aplicó el clavo sobre una de las sienes de Sísara, y dando un golpe con el martillo, traspasó el cerebro hasta la tierra, y Sísara desfalleció y murió, juntando el sueño con la muerte.”
(14) Vetruria. Madre del general romano Cayo Marcio Coriolano, a quien con sus lágrimas y súplicas hizo levantar el sitio de Roma por los volscos el año 486.
(15) Lucrecia. Esposa de Tarquino Colatino, primo de Tarquino El Soberbio. Ultrajada por Sexto Tarquino, monarca, se suicidó. Se dijo que este hecho dio motivo para la expulsión de los reyes y para el nombramiento de los cónsules con quienes se inició la época republicana.
(16) Catalina II de Rusia (Sofía de Anhalt-Zerbst). En política exterior intentó la destrucción del imperio otomano. La primera guerra de Turquía fue un alarde del poderío militar ruso. Más tarde Rusia se anexó Crimea. La guerra volvió a estallar de 1787 a 1792, con nuevas ventajas para Rusia. En La Quijotita y su prima, tomo II, capítulo IV, Fernández de Lizardi escribe: “la emperatriz de las Rusias cuando fue al frente de sus ejércitos a atacar a la puerta otomana.” Obras VII, op. cit., p. 234.
(17) María Teresa de Austria (1638-1683). Reina de Francia. José II de Alemania (1741-1790) fue hijo de Francisco I de Lorena y de María Teresa de Austria. Fue nombrado emperador a la muerte de su padre, en 1765, aunque continuó gobernando su madre.
(18) Fernández de Lizardi publicó el Calendario para el año de 1825. Dedicado a las señoritas americanas, especialmente a las patriotas, en el que incluyó las biografías de algunas de estas heroínas: Leona Vicario, Mariana Rodríguez de Lazarín, María Fermina Rivera, Manuela Herrera, e hizo mención especial de Josefa Ortiz de Domínguez, María Petra Teruel de Velasco, Ana María García, las señoras González, la mujer de Albino García y “otra señora de Huichapan”; y, dijo: “En una palabra, es imposible reducir a número las heroicas americanas que se distinguieron en la pasada insurrección.” Cf. nota 72 a Calendario para el año...
(19) Congreso. Cf. nota 8 a La tragedia de los gatos...
(20) Hidalgo. Cf. nota 74 a Impugnación que los gatos...
(21) Morelos. Cf. nota 75 a Impugnación que los gatos...
(22) Matamoros. Cf. nota 77 a Impugnación que los gatos...
(23) Salto. Cf. nota 25 a Impugnación que los gatos...
(24) chaquetismo. Cf. nota d a Breve sumaria...
(25) Cf. nota 8 a Preguntas interesantes...
(26) Catedral. Cf. nota 52 a La tragedia de los gatos...
(27) Cf. nota 5 a Calendario para el año...
(28) Jalisco. Cf. nota 14 a La tragedia de los gatos..., y el folleto No hay por qué...
(29) Cf. nota 3 a Breve sumaria...
(30) Toluca. Cf. nota 11 a Los diálogos... 2. En su Cuadro histórico, Zavala dice que se eligieron a personas vilipendiadas; Lizardi escribió en el Correo Semanario de México número 1: “Yo bien advierto que no todos los elegidos merecían haberlo sido. Algunos hay que tienen más méritos que... los de Nuestro Señor Jesucristo; otros que aunque sean patriotas, no tienen gota de talento para el caso, y otros que no tienen ni aun nombre en la República y que los conocerán en sus casas; pero ¿qué elección es perfecta?” Obras VI, op. cit., p. 16.
(31) Cf. nota 2 a Calendario histórico...
(32) gachupineros. Cf. nota 22 a Breve sumaria...
(a) La Águila [Cf. nota 54 a La tragedia de los gatos...] de 11 del presente nos da la noticia de que este Cabildo liberal acaba de agraciar a dos europeos, enemigos de la Independencia, con dos mayordomías de monjas a cada uno, dejando sin destino a muchos beneméritos patriotas que los merecen, y desatendiendo así la ley de 21 de junio de [1]823 que manda sean preferidos los que han prestado servicios a la patria en los destinos civiles, militares y eclesiásticos, a los que no prestaron ningunos; mas los canónigos ya están acostumbrados a burlarse de las leyes, y a fe que hacen muy bien, pues conocen que el gobierno carece de fibra para hacerse respetar de ellos.
Esta preferencia que siempre dan a los gachupines sobre los americanos manifiesta bien claro su decidido borbonismo.
(33) Altar de los Reyes. En el Diccionario de Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac encontramos lo siguiente: “El altar más notable de la Catedral es el llamado de los Reyes, que en la parte de la ábside se ubica desde el pavimento que cierra la cripta, en que por mucho tiempo estuvieron depositados los restos de los héroes de la Independencia, hasta la bóveda. Fué hecho este altar por el mismo artista que hizo el de la Catedral de Sevilla, y todo es de madera rica y profusamente tallada y dorada, según el estilo de Churriguera, resaltando entre sus complicados detalles, esculturas y buenas pinturas de Juan Rodríguez Juárez.” Op. cit., pp. 155-156. En la continuación del “Diálogo entre un francés y un italiano sobre la América Septentrional” (El Pensador Mexicano, núm. 17, t. II), Fernández de Lizardi escribió: “un retablo conocido por el Altar de los Reyes, que no es más que un acopio de leña, dorado a lo antiguo y bien indecente [esto lo pone Lizardi en boca del francés al hacer la descripción de la Catedral]”. Obras III, op. cit., p. 261.