REPIQUE BRUSCO AL CAMPANERO

 

Por El Pensador Mexicano(1)

 

Responde stulto juxta stultitiam suam, ne sibi sapiens esse videatur.

Ex libro, Proverbios, capítulo 26, 5.

Respóndele al necio según su necedad para que no se juzgue sabio.(2)

 

 

 

Compadre compañero: No quisiera aturdir las orejas de usted con mi tan desagradable repique; pero pues usted me enseña a tocar mal las campanas, quiero que tenga el gusto de ver que lo sé imitar.

Si el repique de usted sólo parase en manifestar mi ignorancia, me daría por vencido, porque estoy asegurado de ella, y el público de México, y de todas partes, es muy ilustrado para creerme sabio, aunque yo me empeñase en persuadírselo. Pero como no ha tocado las campanas para publicarme ignorante sino para desacreditarme de católico y religioso, no me ha sonado nada bien el repique. Agrégase a esto que no sólo se ha oído en su convento sino en todas partes; y como muchos oyen sonar campanas y no saben quién las toca ni por qué, y usted tiene infinitos compañeros.  Stultorum infinitus est numerus,(3)ya me andan muchos royendo los zancajos(4) apellidándome hereje a boca llena, lo que no le está bien a mi opinión de ningún modo.

Por esto y acordándome que el Espíritu Santo dice que "es mejor el buen nombre que las muchas riquezas, y que la estimación es sobre el oro y la plata",(5) he resuelto defenderme sonando mis campanas, aunque a usted ni a otros como usted les agrade el repiquillo.

Desde luego creo que usted, compadre, es algún pobre fraile de algún convento, tan último como campanero, y tan pedante como fray Gerundio.(6) Del oficio no tenemos duda porque usted mismo lo publica, y de lo fraile y Gerundio creo que tampoco, según se puede inferir por sus iniciales. Y así no es mucho que un pobre lego campanero y Gerundio... ainda mais,(7) algo servilito, se nos venga en traje de misionero a reprender nuestra conducta privada, amontonándonos textos, encajen o no encajen.

Compadre, hasta aquí sólo le han zumbado las orejas las campanas de mi torre. Oiga usted ahora los esquilones:(8) ¿me conoce usted? ¿Me ha atado de cerca? ¿Está bien impuesto de mi vida y costumbres? ¿Ha oído decir de mí algunos crímenes o delitos públicos de aquellos que degradan al hombre y lo hacen odioso en la misma sociedad en que vive? O sí o no. Si lo sabe, publíquelos con mi permiso; y si no, ¿a qué viene el dirigirme ese sermón en lo particular?

Que mi conducta privada sea la más criminal ante los ojos de Dios no autoriza a usted para echármela en cara públicamente, aun cuando le fuera muy notoria. Lo contrario: por caridad debía disimular mis faltas, y aconsejarme privadamente la enmienda de ellas o ya que se ha metido a misionero, predicar en general contra los vicios sin señalar en lo particular a las personas. Acuérdese usted que Dios dice: "Debes advertir a tu amigo el mal de que es acusado, para que destruya las falsas sospechas, si es inocente, o cese de hacer mal si es culpado." (Ecclesiastes, 3, 19.)(9) Tenga usted presente que es maldecido el murmurador y el hombre de dos lenguas.(10) No olvide que el Espíritu Santo dice: "Pon, hijo mío, a tu lengua un cerco de espinas, no des oído a las malas lenguas, y cierra tu boca con puerta y cerrojo(Ecclesiastes, 1,28).(11) Reflexione, últimamente, que no es de sabios ni virtuosos aventurarse a juzgar mal del prójimo en ningún caso, pues el mismo Señor dice: "Suspende tu juicio en cuanto a tus hermanos y no los condenes por temor de no ser tú mismo condenado, porque tus juicios han de ser la regla de los juicios de Dios para contigo (Juan, 1, 8).(12)

¿Ve usted, compadre, cómo también yo sé citar textos y no de la escritura de Voltaire, de Diderot ni de otros luteranos, calvinistas, etcétera, a quienes usted confunde con los jacobinos, siendo de sectas diferentes entre sí, sino de la Escritura Divina, cuyas irrefragables verdades usted no podrá ofuscar con todas sus hopalandas(13) y cogulla?(14) ¿Pues con qué certidumbre, con qué conciencia, con qué cara me levanta tan falsos testimonios, como decir que "en mis papeles no hago más que reproducir lo que tantas veces ha condenado las sapientísima madre Iglesia, guiada siempre por la divina luz?" ¿No ve usted que esto es malquistar(15)mi buen nombre de fiel y católico cristiano en la opinión pública y vulgar, tratándome no menos que de hereje, lo que no consentiré de ningún modo?

Compadre de mi alma, usted me he dejado lelo con una calumnia tan atroz y las que siguen no son de diferente salvado.(16) Asegura usted sin gota de temor de Dios ni del público ante quien escribe, que ha leído "tantos sarcasmos, tantosdicterios, tantas injurias, tantos baldones, tantas infamias y tantos crímenes en miPeriquillo Sarniento,(17) en La Quijotita"(18) y en media docena de etcétera, etcétera, que encaja, y contra todo el mundo, "sin escaparse de mi sangrienta pluma ni aun los ministros del santuario con mis indirectillas". Aquí, compadre, confiéselo usted de buena fe, se le exaltó la bilis, se le enmarañaron los lazos(19) y tocó a rebato a ciegas,(20) sin son ni ton,(21) atropellando con las reglas de crítica de a dos manos,(22) y yo me quedé aturdido al leer tantos tantos que me atarantaron.

Pero vamos despacio, compadre. ¿Conque sarcasmos, dicterios, injurias, baldones, infamias y crímenes a miles se leen en mi Periquillo, en mi Quijotita yen todas mis obras, que eso significa el regimiento de etcéteras que usted tan oportunamente coloca? Muy bien está. ¿Y no me hará usted favor de señalarlas? Seguramente que le será muy fácil por ser tantas, tantas, por ser contra todo el mundo, y por haberlas usted leído. Pues, ¡zas!, compadre, váyalas usted señalando una por una. Así para que me confunda, como para que no lo tengan por calumniador, nota que se merecerá infaliblemente si calla la boca o satisface mal. Pero mientras, oiga usted qué repiquito.

Casi todas mis obras han pasado por el puente de Mantible.(23) Esto es, a excepción de nueve pliegos que escribí con libertad en la otra época de la Constitución,(24) todo cuanto he escrito hasta mayo de este año, ha sufrido la censura más rígida, así del ordinario como del gobierno. Mis papeles se han calificado con anteojos, se han revisado con toda detención y madurez, y después de bien examinados y aprobados, han visto la luz pública.

Los censores del gobierno antiguo jamás me hicieron un elogio, que ni yo debía esperar ni necesitaba, contentándome con que dijeran a secas que no les parecía mal, y que no contenían cosa contraria a las regalías de su majestad, a la católica religión ni a las buenas costumbres, como lo han dicho siempre.

A los censores del ordinario les he merecido mil favores. Todos han censurado mis obras con elogios, y ¿qué censores han sido éstos? No tontos, ni jacobinos, luteranos, calvinistas ni francmasones, sino de acreditada virtud y sabiduría como un padre Sartorio,(25) un reverendo Dorrego(26)y un respetable Mercadillo,(27)¿Y será creíble que unos hombres tan consumados y virtuosos dejaran pasar tantos sarcasmos, tantos dicterios, tantas injurias, tantos baldones, tantas infamias y tantos crímenes contra todo el mundo? ¿Sería posible que unos teólogos profundos y no adocenados no advirtieran que yo reproducía lo condenado por la santa Iglesia? ¿Puede persuadirse que unos eclesiásticos arreglados, que deben considerarse con bastante interés en mantener el decoro debido a su estado, permitiesen ensangrentar la pluma contra los ministros del santuario e injuriarlos con mis indirectillas? Y por último, ¿habrá quien crea que estos crímenes, lejos de tacharlos como impíos, los calificarán de sentimientos cristianos, máximas útiles, discursos morales, fina crítica, etcétera, etcétera? Parece que esto se opone a la razón. Pues acérquese usted a las imprentas, suplique a los impresores le manifiesten mis originales, las licencias y las aprobaciones, y verá lo que le digo con más extensión bajo sus firmas. ¿Qué tal, compadre, agrada el repiquillo? Pues infiera de aquí qué esperanzas le promete su pleito.

Usted, compadre, hace en su papel tal ensalada, revoltijo(28) o chanfaina(29) que más parece cocinero que campanero. No quiero meterme en analizarlo todo porque sería hacerme fastidioso a los lectores, pero no puedo menos que insistir en que señale usted las proposiciones condenadas que ha leído en mis papeles para retractarme de ellas públicamente, protestándole, a fe de hombre de bien, que yo mismo denunciaré mis obras si contienen tales absurdos, para que el ilustrísimo señor arzobispo(30) prohiba por un edicto su lectura.

Dígame también ¿cuáles son las indirectillas con que he zaherido a los eclesiásticos seculares y regulares? ¿Y de qué infiere que yo tenga aversión a semejante digno y venerable estado? ¿Si será porque el año de 1813, habiendo publicado el virrey Venegas el famoso Bando de 25 de junio, en que facultó a todo comandante militar para que pasase por las armas a cualquier sacerdote que se encontrase entre los insurgentes, aunque fuese en clase de capellán, y sin necesidad de degradación ni otro paso canónico, si será repito, la prueba de mi aversión al estado, porque en tan terribles circunstancias, en medio de las fuertes convulsiones civiles y del espionaje más cruel, defendí, cara a cara y con la vehemencia que me dictó mi corazón y mis escasas luces, la inmunidad eclesiástica, suplicándole al virrey la revocación del malicioso Bando, haciéndole ver que lo engañaba el acuerdo y aun el corrompido Cabildo Eclesiástico, acordándole lo sagrado de los sacerdotes, lo limitado de su jurisdicción sobre ellos, la protección que les dispensaban los cánones de la Iglesia y otras cosas por las que sin ninguna justicia, y después de un estrepitoso acuerdo en que se decretó la supresión de libertad de imprenta,(31) sufrí una terrible persecución, padeciendo una prisión de siete meses,(32) en la que se arruinó mi salud y se acabaron tres mil pesillos que había juntado a costa de mil trabajos y economía? ¿Serán estos sacrificios la prueba de mi irreligiosidad y de mi espíritu antieclesiástico? Pues compadre, ni usted ni ningún sacerdote escribió lo que yo, se expuso a lo que yo, ni padeció lo que yo por la defensa de tan santa causa. ¿Qué tal, van sonando bien los esquilones? Paciencia que ya acabamos.

Usted seguramente sin malicia, pero con poca reflexión, me ha buscado un loro del demonio(33) con mi mujer, que es moza y celosa, que ya no me la puedo acabar. Y es menester que usted componga estos bolos(34) que ha desconcertado. Es el caso que usted en la página 3 de su papel y al fin del tercer párrafo dice: "Quieto, compadre, no hay que rascarse la cabeza... no sea que haya un transporte a los intermundos y se arañe usted la cara y mi señora doña Joaquina vaya a pensar otra cosa." Pues hay [sic] tiene usted, querido compadre, que como mi mujer se llama Dolores,(35) ella ha sido la que ha pensado y la que se ha visto tentada de pegarme mis hurañadas, porque dice que quién es esa Joaquina que usted cita: yo le respondo que fue broma de usted, que no crea en boberías; mas ella no hay forma de aquietarse. Cada día terquea más sobre que quiere conocer a doña Joaquina, empeñada en que yo la engaño, pues ello debe de ser cierto, porque cuando el padre lo dice, estudiado lo tiene. Y cate usted(36) que éste es un compromiso endiablado, y es preciso, so cargo de conciencia que usted venga a mi casa y la saque de este error, pues no es justo que, sin comerlo ni beberlo, esté pasando una vida infernal con mi costilla.

En la página 7 dice usted: "¿Qué hacen más (los eclesiásticos) que limitar los votos y preces del Vicedios de Israel, para que los extraviados vuelvan en sí, entiendan su verdadero bien, y consideren su último fin?" No entiendo, a la verdad, la gerundiada.(37) No sé cuáles son los votos que hace el papa para que los pecadores se conviertan, ni menos sé cómo sea un medio oportuno para este fin de limitar las preces del vicario de Cristo, ni de qué modo pueda verificarse esta limitación. Si yo fuera malicioso, aquí volvía a usted hereje entre las manos, porque de esa proposición pueden deducirse muchos absurdos. Mas no es mi objeto lastimar a usted sino curarme yo.

Al fin del párrafo de la página citada dice usted: "Si un eclesiástico es malo lo será para sí...". Y ¿qué no mete usted en cuenta el mal ejemplo que da un eclesiástico escandaloso al pueblo? Pues vea cómo no sólo será malo para sí, sino para cuantos escandaliza. Añade usted: "...procurará ocultar sus miserias, se abochornará delante de los hombres de haberlas cometido (ojalá y siempre fuera así) pero este (eclesiástico), añade usted, es útil, provechoso y necesario para otros, aunque sea perverso, como no haya dejado la fe como Briene, arzobispo de París."(38) Esta proposición incluye dos equivocaciones garrafales. Primera: creer que todo eclesiástico aunque sea perverso pueda ser útil, provechoso y necesario para otros. El hombre perverso, por contingencia, es útil a otros [perversos] y jamás necesario, sino a otro perverso, como el asesino es necesario al vengativo para poner en práctica sus proyectos; pero no es al hombre de bien. Así el eclesiástico perverso será necesario a otro pícaro para ayudarle a sus maquinaciones criminales. David pedía a Dios que lo librara del hombre inicuo y doble; que no perdiera su alma con las de los impíos, que lo librara de los hombres sangrientos, en cuyas manos están las iniquidades. Desprecia los consejos del impío dice en otra parte: "y no sigas el camino por donde anda el pecador".(39) Y por último: la Suma Sabiduría nos asegura "que nos pervertiremos con el perverso".(40) Con que vea usted, compadre, cuán útiles, provechosos y necesarios nos son los eclesiásticos perversos.

Si usted quiso decir que, en algún caso nos pueden ser tales, por ejemplo en artículos de muerte, dijo bien. Pero no se entiende esto de todo eclesiástico, sino de sólo los sacerdotes, y entonces nos pueden ser útiles, aunque hayan perdido la fe como el Briene que usted cita. ¡Ojalá que a la hora de mi muerte no me falte un sacerdote, aunque sea más perverso que Judas y más hereje que Lutero!

Desengañémonos, compadre, quitémonos la máscara, como usted dice. Pero quitémonos la máscara de la hipocresía y confesemos que a usted y a otros de su pelo(41) y de su modo de pensar les duele mucho la reforma que se prepara al estado cenobítico,(42) reforma que se extenderá porque debe extenderse al estado eclesiástico secular, a los canónigos y obispos. Sí señor, no se escandezca(43)usted. ¿De qué sirven los canónigos al pueblo ni a la nación? ¿Le son de alguna manera útiles las desmedidas rentas de los obispos? ¿Es necesario para que resplandezca la religión católica y el culto divino tanto lujo, vanidad y profusión en las casas de los ministros del soberano Maestro de la pobreza y humildad? O por el contrario, ¿todos estos excesos no son harto escandalosos y perjudiciales a la nación en general y en particular a todos los pueblos que la componen? Tírese si no la cuenta del superfluo que se absorben los obispos y canónigos de ambas Españas, y se verá una enorme masa de numerario estancada, inútil y escandalosamente en pocos individuos, al mismo tiempo que el erario se halla exhausto y sin recursos para satisfacer otras urgencias generales y de pública necesidad, como son, por ejemplo, la multiplicación de hospitales, el fomento de la industria y agricultura, y el pronto y justo pago de las tropas nacionales.

A la verdad, compadre, que si reflexionamos con imparcialidad y con justicia, hemos de convenir usted y yo en que no son de institución divina las catedrales; en que los canónigos no son útiles ni necesarios en el Estado, pues para cantarle a Dios las divinas alabanzas en las horas canónicas, sobran clérigos en las ciudades que pueden desempeñar muy bien, presididos de su obispo, estos oficios; como también hemos de convenir en que, para sostener la dignidad episcopal, no se necesitan invertir rentas de ochenta, ciento o ciento veinte mil pesos, como vemos en esta América, ¡cuantiosas sumas anuales que estarían mejor invertidas en los tesoros de las iglesias, pues, en aquellos tesoros que san Lorenzo le presentó al tirano codicioso!(44) Convengamos, por último, compadre, en que es muy útil y necesaria la reforma del excesivo número de religiosos como inútil en la Iglesia y perjudicial al Estado.

No se rasque usted la cabeza. Esto es más fácil de probar que no que yo sea hereje. Si por algún motivo se ha hecho despreciable el estado eclesiástico para algunos, no es por otro sino por su excesivo número. El clero, dice el marqués de Caracciolo,(45) no es menospreciado si no porque tiene demasiados sacerdotes. En la primitiva Iglesia, dice el señor Fleuri,(46) era cosa regular postrarse delante de los sacerdotes, cercándolos para besarles los pies esperando su bendición. ¿Y por qué tan ansiosos respetos? Porque eran muy pocos. En tiempo del papa san Cornelio,(47) dice el mismo autor, el año doscientos y cincuenta de Jesucristo tenía solamente la Iglesia romana cuarenta y seis sacerdotes y ciento y cincuenta clérigos en todo con ser un pueblo innumerable. Concluiré este párrafo con las palabras del citado marqués. Yo quisiera, dice, que el clero tan respetable por su dignidad, se hiciera igualmente respetable por sus costumbres, y que no se diera motivo ni a los herejes para perseverar en sus errores, ni a los libertinos para vivir en su irreligión.

Yo bien sé que estos parrafitos han de alarmar contra mí las plumas de muchos eclesiásticos a quienes no es mi ánimo agraviar. Pero no importa: si tal sucediese, queda una formidable retaguardia de cánones de la disciplina eclesiástica y rasgos de la historia primitiva de la Iglesia que vendrán en mi ayuda a defenderme. Hasta aquí ha oído usted los esquilones de mi torre, oiga por último la campana mayor.

En uso de mis derechos, pude haber denunciado de luego a luego su papel de usted como injurioso y calumniante, pues me califica de hereje a boca llena; pero no lo quise hacer para dejarlo en libertad de que manifieste mis errores, para lo que le doy de plazo quince días con apercibimiento de que si no lo verifica, lo denunciaré judicialmente, si antes no me da usted una pública y justa satisfacción, pues aunque le perdono la injuria no puedo consentir que vacile la opinión de mi catolicismo.

 

Compadrito, agur y mandar,(48) México, 14 de septiembre de 1820.

 

J[osé JoaquínF[ernández deL[izardi]

 

Puede reimprimirlo quien quisiere fuera de esta capital.


 


(1) México, 1820. Oficina de Juan Bautista de Arizpe. El Campanero a su compadre El Pensador Mexicano, México, Imprenta de don Alejandro Valdés, 1820, 8 pp. Firma F. D. G., o sea Fernando Demetrio González. Y Segunda Parte del Campanero a su compadre El Pensador Mexicano con respecto a su Repique brusco, México, Oficina de don José María Betancourt, 1820, 19pp. En 1849, El Campanero escribió El testamento del difunto, México, impreso por M. F. Redondas.

(2) También se traduce "no sea que te iguales a él también tú" o "Contéstale como su necedad se merece; a fin de que no se crea él que es un sabio."

(3) stultorum infinitus est numerus. Cf. nota 15 a Receta o método curativo...

(4) royendo los zancajos. Murmurando o diciendo mal de él en su ausencia. Frase que aparece en El Quijote, II, 36.

(5) Pr. 22, I. "La buena reputacion vale mas que las mayores riquezas; y la buena gracia es mas estimable que la plata y el oro1 (1 Melius est nomen bonum, quam di[...] itae miltaesuper argentumet aurum, gratia bonaProv. 22)". Cf. Blanchard,Escuela de las costumbresop. cit., t. I, p. 173. También se traduce "Preferible (o mejor) es el buen nombre a la riqueza copiosa; a la plata y el oro, la buena estima."

(6) Fray Gerundio. Personaje de la novela Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias zotes de José Francisco de Isla. Predicador grotesco y petulante.

(7) ainda mais. Adverbio portugués: a más, además. En El Hermano del Perico que cantaba la Victoria número 5, Fernández de Lizardi escribe: "¡Y que esto se diga públicamente en un Congreso liberal y, ainda mais, constituyente!". Cf. Obras Vop. cit., p. 65.

(8) esquilones. Esquila o cencerro grande.

(9) En realidad es Eccli. 19, 13-14.

(10) Eccli. 5, 14-15. "Cuida de que tu lengua no llegue á ser para ti una red, o un motivo de confusion. Porque la lengua doble será castigada con rigorosos castigos. Eccli. 5." Cf. Blanchard, Escuela de las costumbres, op. cit., t. III, p. 237.

(11) Eccli. 28, 24-25. "Haz, dice el sabio, como un cercado de espinas á la entrada de tus oidos, y no escuches a la lengua malvada1 (1 Seni aures tuas spinis, linguam nequam noli audire, Eccles. 28, Prov. 25)." Cf. Ibid, t. III, p. 196. Cf. también t. II, p. 256. En realidad es el Proverbio 28: "Sepi aures tuas spinis, Linguam nequam noli audire; Et ori tuo facito osia es seras".

(12) La misma idea respecto a los juicios divinos está en Eccli. 32, 1-2 y en 18, 20.

(13) hopalandas. "Hopalanda, en su principio fue una capa de pastor, hacha de pieles, luego se sirvieron de la misma los caminantes [...] Esta capa estaba abierta, y con botonadura por los lados: despues para los caminos le bordaban las costuras; y llegaba hasta los pies por delante, y por detrás: tambien se tomó por un manto de mujer con su cola, y cuello ancho, etc. y por una casaca con mangas cortas: hoi en Castellano dicen por lo comun sopalanda, y se toma por unos habitos rotos, mal parados como lo de un Estudiante pobre, ó tunante; y por burla se dice de cualquier vestido talar. Procede de Opalanda. Opa, cola y landa, exterior." Cf. Esteban de Terreros y Pando, Diccionario castellano, con las voces de ciencias y artes sus correspondientes de las tres lenguas francesa, latina é italiana, Madrid, Imprenta de la Viuda de Ibarra, Hijos y Cía. MDCCLXXXVII, t. II, p. 305.

(14) cogulla. En rigor, es tanto como capucha, se puede decir del hábito religioso o de cualquier vestido, siempre que tenga capucha (nota remitida por José Rojas Garcidueñas).

(15) malquistar. Poner a mal una persona con otra u otras.

(16) no son de diferente salvado. Equivale a "no ser una cosa harina de otro costal".

(17) Periquillo Sarniento. Cf. nota 24 a Quien llama al toro... o sea contestación...

(18) La Quijotita. En la primera edición de 1818 sólo aparecieron los tomos I y II.

(19) enmarañaron los lazos. Se le confundieron las estratagemas. Armar el lazo. "Phrase que [...] traslaticiamente se toma por poner los medios y las estratagémas para engañar y atraher à alguno." Cf. Dic. de autoridades.

(20) tocó a rebato a ciegas. Dio la señal de alarma ciegamente.

(21) sin son ni ton. Cf. nota 4 a El crítico y el poeta.

(22) a dos manos. Astutamente, aunque de manera encontrada.

(23) puente de Mantible. En El Quijote I, 49, se lee: "¿Qué ingenio puede haber en el mundo que pueda persuadir a otro que no fue verdad los que la infanta Floripés y Guy de Borgoña, y lo de Fierabrás con el puente de Mantible, que sucedió en el tiempo de Carlo Magno, que voto a tal que es tanta verdad como es ahora de día?"

(24) Constitución. Cf. nota 4 a El día nueve de julio. Alude a los nueve primeros números de El Pensador Mexicano.

(25) José Manuel Sartorio. Cf. nota 42 a Quien llama al toro... o sea crítica...

(26) José Ángel Dorrego. Este franciscano fue el primer suscriptor a El Pensador Mexicano, según consta en la lista que aparece al final del número 13 del t. I.

(27) Manuel Mercadillo. Exprovincial de la real y militar orden de Nuestra Señora de la Merced, catedrático propietario de filosofía de la Universidad de México, examinador sinodal del Arzobispado y calificador del Santo Tribunal de la Inquisición de la Nueva España. Calificó, entre otros: el Sermón que con motivo de la jura de la Independencia dijo en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y Nuestro Padre San Francisco de Toluca el día 13 de mayo de 1822 fray José Ortigoza (junto con fray Diego Antonio de las Piedras y fray Ángel Meneses); el Panegírico de la gloriosa virgen y doctora Santa Teresa de Jesús que dijo [el padre Talamantesen la iglesia grande de rr. pp. Carmelitas descalzos de México el 15 de octubre de 1802, y la Biblioteca hispanoamericana septentrional de Mariano Beristáin.

(28) revoltijo. Revoltillo. Guisado a modo de pisto. Cf. Santamaría, Dic. mej.También significa lío, embrollo, confusión, enredo.

(29) chanfaina. Picadillo de hígados, corazón, riñones, fritos con cebolla y otros condimentos. (Nota remitida por José Rojas Garcidueñas).

(30) arzobispo. Cf. nota 14 a Pronóstico curioso...

(31) Cf. nota 13 a Respuestillas sueltas. "Bando publicado en México a 25 de junio de 1812" donde Francisco Xavier Venegas en el artículo 10 manda: "Los eclesiásticos que fueren aprehendidos con las armas en la mano haciendo uso de ellas contra las del Rey, ó agavillando gentes para sostener la Rebelión y trastornar la Constitución del estado, serán juzgados y executados del mismo modo [pasados por las armas], y por el mismo orden, que los legos, sin necesidad de precedente degradación." Cf. J. E. Hernández y Dávalos, Colección de documentosopcit., t. IV, pp. 307-308. Respecto a la suspensión de la libertad de imprenta, Victoriano Salado Álvarez escribe: "El Pensador Mexicano provocó con su actitud una providencia que ya se esperaba y que habría venido a la larga o a la corta: la abolición de la libertad de imprenta, que por espacio de noventa días había hecho la delicia de los más cultos habitantes de la Nueva España. El 4 de noviembre de 1812, el Real Acuerdo, después de escuchar el parecer de los trece ministros que concurrieron a la Junta, consulta 'que el inminente peligro en que se halla este reino, y la funesta y terrible variación que ha hecho en el espíritu público la libertad de imprenta en el poco tiempo que lleva de establecido, obliga imperiosamente a que su Excelencia, atento siempre como debe estarlo a la observancia de la primera ley de todos los estados, que es el artículo 3º de la Constitución de la Monarquía Española, se sirva mandar suspender dicha libertad por ahora y mientras duran los motivos que precisan a tomar esta providencia'. Otro de los señores fiscales dice 'que el número 9 del periódico intitulado El Pensador Mexicano, que el Excelentísimo Señor Virrey ha remitido al real acuerdo, es subversivo a la ley fundamental de la monarquía, y contiene proposiciones falsas y calumniosas, especialmente contra la autoridad del mismo Excelentísimo Señor Virrey y del real acuerdo. Por lo cual debe procederse castigo del delincuente, lo que se ejecute con el autor del referido papel y con el de otros cualesquiera igualmente abusivos de la libertad de imprenta'". Cf. La vida azarosa y romántica de don Carlos María Bustamante, pról. de Carlos Pereyra, 2ª ed., México, Edit. Jus, 1968 (Col. "México Heroico", 91), pp. 133-134.

(32) Estuvo preso del 7 de diciembre de 1812 a junio de 1813.

(33) loro del demonio. Muchos dimes y diretes.

(34) bolos. Lo que estaba de pie y ahora se haya caído.

(35) Contrajo matrimonio con Dolores Orendáin en 1805 o 1806.

(36) cate usted Cf. nota 25 a Quien llama al toro... o sea contestación...

(37) gerundiada. Expresión hinchada y ridícula.

(38) Briene era una familia condal francesa que se hacía remontar hasta Engelberto, que vivió hacia el año 990. Hubo un Etienne Charles Lómenie de Brienne (1727-1794), obispo de Condom, arzobispo de Toulouse y cardenal que nació en París.

(39) Sal. 26, 9; Sal. 25, 9-10 (véase también Sal. 27, 3, y 42, 1); Pr. 1, 10-15; Pr. 4, 14.

(40) Pr. 13-20.

(41) de su pelo. "Ser del mismo pelo" es ser iguales o de la misma condición dos seres o dos o más cosas. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(42) estado cenobítico. Personas que profesan la vida monástica.

(43) escandezca. Escandecer: "Irritar, encolerizar, encender en ira y enojo. Es tomado del latino Excandecere, y tiene la anomalía de los acabados en ecer: como escandezca." Cf. Dic. de autoridades.

(44) San Lorenzo, mártir de Roma, y arcediano de esta ciudad bajo Sixto II, tuvo la administración de los bienes temporales de la Iglesia. Al ser martirizado el papa, el prefecto de Roma quiso que Lorenzo le entregara los tesoros de la Iglesia. Éste se acompañó de numerosos pobres y dijo que ellos eran el tesoro. Ante esa lucha, el prefecto mandó que muriese a fuego lento sobre unas parrillas.

(45) Domingo Caracciolo, marqués de... (1715-1789). Político, diplomático y economista italiano. Al ser embajador en París cultivó la amistad con los enciclopedistas. Se ocupó de la economía política. Su obra más citada es Reflessioni sull' economia e l'estrazioni dei frumenti della Sicilia. En 1781 volvió a Italia en calidad de virrey de Sicilia. Su primera medida fue la abolición del tormento como medio de prueba en materia criminal. Desde 1780 hasta su muerte ocupó cuatro ministerios de Estado. Se escribió un libro sobre él intitulado Espíritu de Caracciolo. Enumeramos algunas de sus obras con las fechas de su edición en español: La grandeza del alma(1775); Idioma de la razón contra los falsos filósofos (1775); Idioma de la razón contra los nuevos sectarios de la incredulidad (1776); Religión del hombre de bien (1776, cuarta impresión); Vida del papa Clemente XIV (1776, segunda impresión); El goce o posesión de sí mismo (1777); El universo enigmático (1778); Última despedida de la Mariscala a sus hijos (1779); Elogio histórico del santísimo padre Benedicto XIV (1780);Elogio de Benedicto XV (1784); El cristiano de estos tiempos confundido (1780);Caracteres o señales de la amistad (1780); La alegría (1782); La conversión consigo mismo (1782); Pintura de la muerte (1783); Principios fundamentales de la religión(1783); El verdadero mentor o educación de la nobleza (1783); Viaje de la razón por Europa (1783); Verdaderos intereses de la patria (1783); Religión del corazón o idioma sagrado del espíritu con la divinidad (1793) y El cristiano con el tiempo (1796).

(46) Claudio Fleuri (1640-1723). Abate francés. Abogado del Parlamento; preceptor de los hijos del príncipe de Condé y del hijo natural de Luis XV, el conde de Vermandois. Sus obras son: Tratado de la elección y métodos de los estudios(1686); e Historia eclesiástica, que es notable por el estilo y abundante erudición. Esta obra le mereció ser alabado por Voltaire.

(47) san Cornelio. En el Correo Semanario número 7, Fernández de Lizardi da como fechas 4 de junio de 251. Otros historiadores aluden a 253 (hasta 255). Lizardi señala que en su papado hubo cisma porque Novaciano se hizo elegir papa pretextando nulos los votos a favor de Cornelio. Fue desterrado y murió por órdenes de los emperadores Galo y Volusiano. Cf. José Joaquín Fernández de Lizardi, Obras VI— Periódicos. Correo Semanario de México, recop., ed., notas y presentación de María Rosa Palazón Mayoral, México, Centro de Estudios Literarios, UNAM, 1975 (Nueva Biblioteca Mexicana núm. 40), pp. 105-106.

(48) agur y mandar. Agur es una interjección usada para despedirse; mandar "vale también ofrecer y prometer alguna cosa". Cf. Dic. de autoridades. Luego su significado es adiós y mande usted.