RENDIDA SÚPLICA DEL AVISADOR
A LA SEÑORA CONDESA DE CORTINA(1)
La pena y la que no es pena,
todo es pena para mí;
ayer penaba por verte,
y hoy peno porque te vi.(2)
Ha llegado a mi alta noticia que la señora condesa de Cortina(a) se ha presentado criminalmente contra mí, calificando mi papel titulado Por los gachupines malos han de perecer los buenos(3) de sedicioso, injurioso y qué sé yo qué más. Mañana se ha de saber quién es el Avisador, sépase ahora: es El Pensador Mexicano, el que tiene dadas tantas y tan repetidas pruebas de su patriotismo, por el que ha sufrido muchas y crueles persecuciones, por el que no tiene coche, pero ni qué comer, por el que su familia quedará, después de su muerte, en las cuatro esquinas pordiosando un pedazo de pan; y cuyos servicios están calificados de buenos y meritorios, no sólo por la imparcial Junta de Premios,(4) sino por el voto general de la nación.
Este es el Avisador, que avisará cuantas picardías sepa de los enemigos de la patria, para que ésta viva sobre sí y sobre ellos. Cuando se trata algo contra la patria yo no friso, no digo con la condesa de Cortina,(5) a quien le guardara consideración por sus faldas, pero ninguna por su título, pues todo él nada le añade a su sexo; y así no friso, he dicho, en el caso de ser contra la patria, no ya con la condesa, pero ni con mi mujer ni con mi hija:(6) si éstas fueran chaquetas(7) o enemigas del sistema de libertad, yo con mis manos las hubiera matado para ahorrarle al gobierno ese trabajo.
Sépase la señora condesa que no temo su presentación. Si tiene onzas de oro, yo tengo onzas de plomo; y ni un paso se ha de dar en este asunto sin que el público lo sepa luego luego, fijados los papeles en las esquinas, y se han de ver impresas cosas que no están escritas. Tengo muchísimos amigos curiosos que podrán darme algunas noticias que confirmen el patriotismo de la señora condesa, el que es tan notorio que no quería darles carne a los pobres soldados que fueron con el señor Castro,(8) a pesar de estar hambrientos, y tener su señoría una tasajera de ella, hasta que la tomaron militarmente; pero a otro día pagaron tres pesos(9) de su importe, que recibió la señora condesa. Esto no prueba mucha liberalidad.
En Tacubaya,(10) alojado yo en su casa, en tiempo de la Independencia, se pudría la fruta tirada en la huerta, y no se daba un peroncito a un soldado. Éstos, pagados de tanto cariño y liberalismo, un día, de repentito, hicieron destrozos en la casa: la queja se l[e] dio al señor Iturbide,(11) y éste se hizo de la vista gorda como debía.
Pueden ir saliendo a luz algunas anecdotillas de éstas, y entonces se le dirá a la señora Cortina aquello del padre Isla:
¿Para qué es encubrir la cosicosa,
si así te ensucias más, querida Rosa?(12)
Las noticias que di me las comunicaron sujetos fidedignos y acreditados servidores de la patria; algunos son testigos de vista de mucho de lo referido; el fiscal es recto y me es muy fácil ver el resultado de la sumaria; con que mi súplica es que se deje de cosas la señora condesa, porque peor es meneallo.
Bien conozco la fuerza del oro; pero descanso en el testimonio de mi conciencia, en la probidad de los señores jueces, y en el voto de la nación, que al fin va a ser el árbitro en esta causa.(13)
Ni temo ni debo, no me he de huir, el menor papelito de una autoridad será obedecido por mí religiosamente; pero todo, todo lo ha de saber el público.
No faltaba más sino que, después que los gachupines(14) me vejaron tanto por defender mi patria, ahora mis paisanos fueran a continuar su obra porque soy enemigo mortal de cuantos lo son de la misma. Entonces sí encajaba bien el versito:
La pena y la que no es pena,
todo es pena para mí;
ayer penaba por verte,
y hoy peno porque te vi.
Ayer me molieron los gachupines porque hablaba en favor de los criollos buenos; y hoy que me molieran los criollos porque hablo contra los malos gachupines, sería lo último que yo podía esperar. No había cosa más linda que ver, que una prisión mía por esta causa. En gran concepto iban a quedar los jueces que la decretaran.
Sea lo que fuere, anticipadamente ha de haber juicio conciliatorio entre la señora condesa y yo, y allí hemos de ajustar el partido antes de entablar el pleito, y ya veremos lo que sale.
Como hago Calendarios,(15) he visto no sé qué tempestad femenina que se está preparando en los horizontes, y puede no acomodarle a la señora condesa. Dios la saque con bien.
Una porción de onzas de oro va a gastar en este pleito conmigo, y creo que con poco fruto: mejor fuera que me diera algunas y se dejara de todo; a lo menos yo se las agradecería más que los abogados, agentes, procuradores, escribanos y demás que le tienen que estirar los pies. Allá se lo haya su señoría, a quien Dios dé muy buena Navidad y Pascuas, como lo desea
El Pensador Mexicano.
(1) México, Oficina Liberal de don J. Cabrera. 1823.
(2) Se ha registrado como una copla que se canta en "La Llorona" (en San Andrés Tuxtla). Cancionero folklórico de México. Coplas de amor desdichado y otras coplas de amor de Margit Frenk, Y. J. de Báez et al., bajo la dirección de la primera, México, El Colegio de México, 1977, t. 2.
(a) ¡Qué gusto que bajo el sistema de réplica federada van a caer por los suelos los títulos de Castilla; fantasmas tontos, apoyos de tiranos y sambenito del hombre libre! Ya hablara el Perico de esto [cf. Fuera dones. y también las Conversaciones del Payo y el Sacristán. Ni en El Hermano del Perico que cantaba la Victoria ni en La victoria del perico encontramos este tema.]
(3) Folleto que no hemos localizado.
(4) Fernández de Lizardi fue nombrado capitán y percibía un sueldo de retiro. Iturbide propuso que se premiara a los miembros del ejército.
(5) Cortina. Título de nobleza concedido a Juan Cortina González y a Francisco y Joaquín Cortina González Fernández en 1805.
(6) Dolores Orendáin, con quien contrajo matrimonio en 1805 o 1806. De la unión nació una hija que murió soltera.
(7) chaquetas. Cf. nota 17 a Oración de los criollos.
(8) Castro. Tal vez Antonio Castro (1786-1850). Militar de las fuerzas realistas que se unió después al Ejercito Trigarante y al Plan de Casa Mata.
(9) pesos. Cf. nota 8 a El cucharero político...
(10) Tacubaya. Actualmente parte del D.F. En tiempos de Fernández de Lizardi distaba de la ciudad de México unas siete mil varas. Diccionario universal de historia y geografía, op. cit., t. V.
(11) Iturbide. Cf. nota 7 a De don Servilio al clamor.
(12) En Más vale tarde que nunca, México, Imprenta de J. M. Benavente y Socios, 1822, Fernández de Lizardi escribe: "que una muchacha llamada Rosa estaba en el corral de su casa haciendo una diligencia no muy limpia, y a este tiempo entró su querido, ella para disimular su ocupación, se sentó de plano sobre su porquería y se puso como se deja entender. Entonces el galán le dijo: Para qué es encubrirse la cosicosa, si así te ensucias más, querida Rosa." El texto original dice: "y se repitió el casico curioso de aquella dama púdica que, sorprendida de repente por su galán, en la postura de cierta natural evacuación, queriendo afectar que estaba sentada, se sentó de véras y muy de plano sobre la mala cosa: el mozuelo, que era bellaco y algo arriscado de narices, conoció al punto la maula, y asiéndola blandamente del brazo, la levantó, diciéndola con ternura picaresca:
"Para qué es encubrir la cosi-cosa,
"Sí así te ensucias más, querida Rosa."
"Carta Primera. De un amigo al otro" en Cartas de Juan de la Encina en Obras escogidas de José Francisco de Isla, Madrid Ediciones Atlas, 1945 (Biblioteca de Autores Españoles, 15), p. 404.
(13) En la Contestación al Avisador y defensor de los gachupines, con la noticia verdadera de los sucesos de la Hacienda de Tlahuelilpa (México, Imprenta a cargo de Adrián Requelva, diciembre 21 de 1823) se aclara que en la hacienda no hay armas ni caudales. Exhorta a los escritores a no alarmar al público con calumnias.