REFLEXIÓN PATRIÓTICA SOBRE
LA PRÓXIMA ELECCIÓN(1)
Mexicanos: un compatricio vuestro os habla, que os ama y reconoce como suyos vuestros intereses, y por lo mismo no debe seros sospechosa esta patriótica reflexión que os presenta, inspirada no por el espíritu de partido, ni por la vil adulación, sino por el amor que os profesa.
Leed, os ruego, con benevolencia este pequeño papel y no atendáis en sus líneas a mis débiles discursos, sino a la voz de la razón y la justicia. Si así lo hacéis, yo me prometo de vuestra docilidad y aventajadas luces que habéis de convenir con mis ideas sin la menor violencia.
Mañana vais a renovar la elección que hicisteis el año pasado por este mismo tiempo.(1a) Yo apreciara sobre mi corazón que no se renovaran los motivos de las quejas y resentimientos que se suscitaron entonces entre los diversos españoles de este Continente.(2)
Ya sabéis muy bien cuánta cosa es ser elector, compromisario, regidor y diputado; sabéis asimismo hasta dónde alcanza la autoridad y representación de cada uno de estos empleados; sabéis (os lo he de decir claro), que no es lo que vosotros pensabais. En virtud de esto, ¿qué se puede perder con que así en ésta como en las demás elecciones se deponga todo espíritu de diferencia y rivalidad? Las excepciones en estos casos sólo convienen cuando se sabe o se presume que de no hacerlas se sigue un daño irreparable a la patria. Pero es así que en nuestra hipótesis nada va ésta a aventurar en su perjuicio; luego el obstinarse contra este asentado principio no puede traernos otro honor que el que mañana las naciones cultas nos tengan por unos impolíticos e inmorales.
Yo quiero suponer por un momento que en México no hay ni un solo gachupín(3)que bien nos quiera; doy de barato(4) que no podemos contar con uno de ellos que tenga entendimiento, que sepa discernir, que sea agradecido, que sea racional... Finalmente quiero que cuantos pisan esta ciudad sean unos necios, impolíticos, soeces, sanguinarios y que apreciaran ocasiones de sacrificarnos impunemente en las aras de su inhumana crueldad. Concedido esto, nada más hay que suponer para desconceptuarlos, pues aún en esta calumniante hipótesis nada perdemos y ganamos mucho con hacerles siempre lugar en nuestras corporaciones y ayuntamientos. Si probare esto, desempeñaré cumplidamente mis ideas.
Que nada perdemos es la primera parte de mi proposición. Es sabido que todo asunto que se decide por votación tiene el éxito a que se inclina la pluralidad, luego, estando ésta en todos casos de parte de los americanos, el éxito de cualquiera cosa será conforme el gusto de éstos, a pesar de la contraria inclinación de cuatro o seis europeos inicuos, como suponemos, que se hallen en el rango de nuestros ayuntamientos.(5) Esto me parece que no se puede negar sin desnudarnos primero de la cualidad que nos distingue de los brutos.
Apuremos el caso. Supongamos que de cuatro o seis regidores europeos que haya, se constituyen, a los más, jueces de letras a cuyas sentencias se han de sujetar los americanos algunas veces; creamos que cuando el pleito o la demanda de verse entre uno de éstos y un europeo, el juez como parcial e injusto, según nuestra suposición, siempre ha de determinar contra el americano, despreciando los alegatos y esfuerzos de su hombre bueno, pues en este caso nada vale la sentencia del dicho juez, porque hay en su contra el derecho de apelación.
He aquí probado en dos palabras que nada perdemos en ningún caso con incluir en nuestras corporaciones españoles europeos, aun cuando éstos estén revestidos del espíritu de Satanás. ¿Qué será, habiendo tantos cuyas virtudes cívicas y morales y particular cariño a vuestra patria vosotros mismos conocéis y preconizáis en vuestras conversaciones privadas?
Que ganamos mucho en ingerirlos en nuestras Juntas es la segunda parte de mi proposición, que habré de probar siempre bajo el supuesto de que no hay uno bueno, para que más enérgicamente concluya.
¡Qué espectáculo tan admirable fuera para el mundo, y en cuán alto concepto nos tendrían las naciones de la Europa cuando supieran que los americanos fueron tan generosos que no excluyeron de sus más autorizados consorcios a los que trabajaban en su ruina y que supieron repartir sus empleos y sus funciones con sus mismos acérrimos enemigos!
A la verdad que sólo el entusiasmo de que con estos hechos pasará calificado a la posteridad el heroísmo de que son capaces los pechos mexicanos, debe suscitar en nosotros las ideas más gratas y lisonjeras, y separarnos lejos de toda otra pertinaz preocupación de rivalidad, encono y división.
Yo bien sé que no soy oráculo para fijar vuestra opinión ni reclamar el homenaje de vuestra condescendencia. Sé, y vos lo sabéis, que estáis en estos casos en posesión de vuestra voluntad para hacer las elecciones a vuestro gusto; pero también sé que sois muy dóciles y que vuestros entendimientos no son capaces de ofuscarse por la pasión ni por el qué dirán de cuatro necios que respiran el aire de esta atmósfera, y así no puedo menos que ofrecerme el mejor resultado de vuestras sabias combinaciones.
Tampoco ignoro que los últimos que he nombrado me zaherirán en sus tertulias clandestinas, calificándome de egoísta o lisonjero; pero como estoy seguro de que serán los menos entre mis cultos paisanos, y que sus expresiones y discursos no serán sugeridos por un íntimo y verdadero patriotismo, sino por un encono depravado, inmoral e impolítico, me reiré de sus declamaciones y las escucharé con el justo desprecio que merecen.
El verdadero carácter del hombre de bien debe ser imparcial y, según éste, debe reconocer el mérito y respetarlo donde lo encuentre, sin hacer distinciones entre el blanco ni el negro, el español ni el americano, porque todo hombre es hijo de sus obras, y la bondad o la maldad de éstas son las que nos han de inspirar el amor o el desprecio de los mortales y no los lugares de sus nacimientos. De un mismo suelo fueron Caín y Abel, e hijos de un propio vientre, y ¡cuán diversos en sus procederes y en sus suertes!
Pero pregunto, ¿será sospechoso aun a los mismos insurgentes el jefe más político de la insurrección? No puedo creerlo, pues éste ha dado bastantes pruebas de hallarse convencido de estas verdades; ¿y los insurgentes de estrado escrupulizarán de fiar a los europeos una casaca o un voto, cuando aquél no se desdeña de confiarles sus armas?(6) ¡Grosera necedad!
Finalmente, americanos buenos, vosotros recibiréis estas reflexiones como os agrade y las daréis(7) el peso que merecen; pero entended siempre que nada ha movido mi pluma sino el deseo del bien común y de vuestra más gloriosa reputación.
México, diciembre 4 de 1813.
El Pensador Mexicano
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.
(1a) Sobre la primera elección véase el Aviso importante.
(2) Segunda elección. Las "quejas y resentimientos" a que se alude son la Constitución a la Monarquía Española que fue promulgada en la Nueva España el 30 de septiembre de 1812: "entre las novedades que traía consigo el regimen constitucional ningunas interesaban en tanto grado como el ejercicio de la libertad de imprenta y el derecho electoral para el nombramiento de ayuntamientos [...]. La elección popular de electores, que á su vez habían de nombrar a los individuos del nuevo Ayuntamiento, se efectuó en México el domingo 29 de noviembre (1812) [...]. Fué la votación desordenada y ruidosa, y tal hecho demuestra que el espíritu público acogió con fervor el ejercicio del derecho electoral; pero lo que más llamó la atención entonces fué la rapidez con que se uniformó la opinión para nombrar en las elecciones á los mexicanos excluyendo del cargo de electores á los españoles. El triunfo de los primeros fué completo: todos los nombrados eran mexicanos, contándose entre los más distinguidos don Jacobo de Villaurrutia, don José Manuel Sartorio, don Carlos María de Bustamante y el conde de Xala, hijo del benéfico conde de Regla, don Manuel Romero de Terreros. La computación de votos terminó a las ocho y media de la noche (29 de noviembre) y apenas se supo el resultado estalló el júbilo de los vendedores, esto es, de los partidos criollos, que eran también los adictos a la revolución de independencia". Cf. México a través de los siglos, op. cit., t. III, pp. 366-367.
(3) gachupín. Español o persona venida de España.
(4) de barato. De balde, sin ningún interés.
(5) Los ayuntamientos también se llamaban cabildos municipales y se componían de varios alcaldes, procuradores y síndicos. Los alcaldes tenían funciones judiciales de primera instancia e incluso de apelación de algunos casos. Los regidores formaban el cuerpo del ayuntamiento y los síndicos cuidaban de los intereses de la corporación. En la ciudad de México también se llamaba Diputación al Ayuntamiento. Los compromisarios que se citan con anterioridad eran representantes de los electores primarios para votar en elecciones de segundo o ulterior grado. Es interesante señalar "Quiénes formaron el primer Ayuntamiento Constitucional de la Ciudad de México.
"Lista de los señores Alcaldes, Regidores y Procuradores Síndicos que salieron electos por pluralidad de votos en la Junta de Electores celebrada hoy:
"ALCALDES
"1er. voto: el señor conde de Medina y Torres.
"2° id. D. Antonio Velasco.
"REGIDORES
"1 Don Juan Ignacio González Guerra.
"2 El señor conde de Valenciana.
"3 D. José Garay.
"4 Dr. D. Tomás Salgado.
"5 D. Francisco Manuel Sánchez de Tagle.
"6 El señor conde de la Presa de Xalpa.
"7 D. Juan de Anteparan.
"8 D. Francisco Galicia.
"9 El señor marqués de Valleameno.
"10 D. Juan Vicente Gómez Pedroso.
"11 D. José Ignacio Adalid.
"12 Lic. D. Francisco Villanueva Cásares Ovando.
"13 D. Manuel Santos Vargas Machuca.
"14 D. Juan de Orellana.
"15 D. José María Prieto Caballero de los Olivos.
"16 D. Juan Pérez Juárez.
"PROCURADORES SÍNDICOS
"1° Lic. D. José Rafael Márquez.
"2° Lic. D. José Antonio López S.
"México, 4 de abril de 1813. Ramón Gutiérrez del Mazo (Rúbrica)." Cf. La Constitución de 1812 en la Nueva España. op. cit., t. I, p. 256.
(7) las daréis. Cf. nota 4 a la Respuesta de El Pensador al Amigo Visitante.