RECETA O MÉTODO CURATIVO PROPUESTO POR MEDIO
DE EL PENSADOR EN LA PRESENTE PESTE(1)

 

 

Habiendo advertido la felicidad con que un amigo mío curaba las fiebres pestilenciales del día,(2) felicidad que la publicaban con gratitud los que a expensas de ella y del estudio de mi dicho amigo han sido arrancados de las garras de la peste (y no son pocos) y restituidos a la salud, hube de molestarlo suplicándole me diese su parecer sobre la clase de fiebre que era ésta, y al mismo tiempo un método, el más sencillo, para su curación.

A tantas instancias mías me dirigió la adjunta que doy al público para que así los médicos como los particulares hagan del indicado método el uso que les acomode, y si el autor, que sin duda posee en la medicina y chímica(3) mejores conocimientos que yo, dice que no expone su dictamen como decisión infalible, menos se puede creer de mí, y más cuando tengo declarada mi opinión sobre la incertidumbre de aquella facultad.(4)

Pero como no es lo mismo decir que los más de los medicamentos son inciertos, que negar la eficacia de muchos, se sigue que el prudente, ya médico ya enfermo, debe elegir aquéllos en que le parezca hay mejor virtud, y contentarse con el método que satisfaga más bien las dudas en que vacile su razón.

El presente análisis convence la mía completamente acerca de la causa de estas fiebres, y por lo mismo el método prescrito me parece el más análogo y propio para curarlas; pero no siendo facultativo, se me puede argüir que de nada vale mi apoyo, así como el voto de un zapatero es despreciable sobre una obra de arquitectura. A esto respondo que mi voto desnudo de más autoridad no sirve para calificar por útil el presente planecito; mas la experiencia de sus felices éxitos que he visto, la diligencia que los noticiosos han hecho de mi amigo para entregarse en sus manos, prefiriendo éstas a las de los doctores y bachilleres (cuya preferencia también he visto) y, por último, la aprobación que ha merecido de los despreocupados facultativos, de los que algunos lo siguen con ventaja, revisten mi opinión del apoyo necesario para los sensatos.

Después de todo, yo manifiesto el método con buen deseo. Soy enemigo de ponderar arcanos;(5) cada uno deberá consultar en el particular a la razón, a la experiencia y a los médicos verdaderamente tales. Sigue la carta.

"Señor don J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi]. Muy señor mío: Quizá otro que no viera la voluntad de usted como un precepto, tuviera por impertinente su solicitud. Me amenaza usted con el cruel anatema de su disgusto si no le expreso el juicio que he formado sobre la naturaleza de la fiebre asoladora que nos acosa; y yo, hablando con la sinceridad de mi carácter, le digo a usted que esta materia es ajena de mi instituto, y mucho más del tiempo y circunstancias en que me hallo; pero siendo la voluntad de usted un precepto para mi amistad, obedeceré sujetándome en todo a mejores experiencias, y después a la razón, que es el camino que ha seguido siempre la medicina.

"Desde que se advirtió esta clase de fiebre en la capital, la consideré como biliosa, porque en varios sujetos que noté desde el principio asaltados de ella siempre advertí la polycholia o abundancia de bilis, y esta observación me ha sido constante hasta el día.

"Los síntomas que la han acompañado con más frecuencia han sido dolor agudo de cabeza, inclinación al vómito, linfa espesa y tenaz sobre la lengua, orina espesa turbia y de color amarillo rojo, y mucha sed. Otros, variando en algunas circunstancias, han tenido dolor en los muslos, en los vientres inferior y superior, pesadez y gravedad en los lomos, evacuaciones amarillas, etcétera, signos con que los autores han descrito las fiebres biliosas, y la razón después nos lo ha persuadido; pero estas diferencias de síntomas no mudan en ninguna manera la naturaleza de la enfermedad y sí sólo su disposición, quiero decir, que unos con los primeros síntomas manifiestan que la bilis existente en el ventrículo está dispuesta a la evacuación por vómito;(6) y los segundos, precipitada esta misma bilis a los intestinos, se inclina a la evacuación per inferiora, o por la vía común; pero en uno y otro caso aparece la lengua cargada de saburra amarillenta, y uno y otro vientre distenso o aventado.(7)

"Ahora bien, siendo este humor, quiero decir la bilis, una substancia compuesta (según las mejores observaciones) de sosa, una materia resinosa y linfa de naturaleza albuminosa, es consecuente que es una especie de jabón y que algunos usos mecánicos que se hacen de ella lo prueban bastante.(8)

"Esta combinación natural de principios la descomponen los ácidos, precipitando la resina y desamparando ésta a la linfa y coagulándola el ácido. Tiene usted aquí una corrupción segura, porque ésta ya derramada sin uso alguno económico camina naturalmente a la putrefacción.

"La resina, por otro lado, adhiriéndose a los intestinos o al ventrículo, causa graves dolores, y como la naturaleza quiere arrojar aquella substancia que ya le es extraña, pugna fuertemente a ello; pero ella, adherida a los vasos, no puede salir si no es en muy corta cantidad y a expensas de sumo dolor y tal vez de sangre, porque su tenacidad y el esfuerzo que se hace para arrojarla rompe algunos vasos, y de aquí proviene la disentería, al paso que la linfa camina a la putrefacción, cuyas consecuencias son bien notorias.

"Por esta teoría conocerá usted fácilmente de dónde depende que algunos enfermos hagan evacuaciones ya por la parte superior ya por la inferior de un color negruzco, que algunos poco circunspectos caracterizan de sangre, y no es sino la bilis mucho tiempo detenida en los vasos, con lo que adquiere una consistencia espesa y un color obscuro, haciéndose una especie de extracto que es la atrabilis de los antiguos, y que, disolviéndose en agua, toma un color verdioso, como algunos vómitos y evacuaciones que usted habrá visto en este tiempo.

"En tal atención, y conviniendo para la verdadera curación de estas fiebres, promover la pronta evacuación de la bilis sin descomponerla, atendiendo a que las crisis principalmente acontecen por vómito o evacuación per secessum, es preciso establecerla con la comodidad, constancia y más que todo prontitud, según exija el caso y la más o menos cantidad de bilis que acredite haber por los síntomas.

"Ningún antídoto ni método es en el caso ni más seguro, ni más pronto ni más cómodo en su efecto que el que llaman de Masdevall.(9) Él es simple y, según aquello de Helmoncio,(10) credo simplicia in sua simplicitate esse sufficientia ad curationem morborum omnium, debe por su misma naturaleza ser más de nuestra elección que las complicadas fórmulas que igualmente molestan al enfermo que las toma, que al boticario que las prepara, sin que por eso sea más seguro su efecto, y que un tiempo dieron motivo a decir en aforismo que el que prescribía fórmulas complicadas pecaba o por suma ignorancia o por detestable fraude.

"Es comunísimo y vulgar este acreditado método, pues en el año de [17]95, según me acuerdo, se publicó, en la Gaceta de esta capital y en el de 1810 en elDiario con más ampliación, a más de un tratadito(11) que corre por separado y creo nadie ignora. No quiero que con una condescendencia servil se sujeten absolutamente a sus dosis, sino a su método, porque, según el estado del enfermo y otras circunstancias, es muchas veces preciso variarlas.

"El agente principal de este procedimiento es el tartrite(12) de potasa y antimonio, y siendo él solo el que hace al curación; porque él solo ataca la bilis donde la encuentra, no es de necesidad asociarlo con el cremor, ni que la cantidad de agua sean seis onzas, ni que su disolución sea en vino, porque puede darse en cuatro, cinco o seis onzas de agua pura en cantidad de dos granos, por primera vez, a cucharadas con la frecuencia que lo pida la solicitud de la pronta evacuación; de este modo equivale a una dosis o receta, según Masdevall, pues en ella pide una onza del vino antimonial en cinco de agua.(a)

"Según la resistencia en evacuar o los progresos de la enfermedad, se puede en la misma cantidad de agua hacer la disolución de cuatro, cinco, seis, hasta siete granos (según la Matritense)(13) o, al contrario, menos granos en mayor cantidad de agua; puede igualmente usarse arreglado en todo al autor, agregándole el cremor y haciéndola con el vino y, últimamente, según la cantidad del tartrite y de la agua, y según el método en que se dé se puede hacer de este precioso medicamento un drástico, un catártico y un ecopróctico,(14) ventajas, a mi ver, que quizá no se hallarán en otro.

"Pues bien, ¿ya ve usted esta seguridad y facilidad?, pues ha habido funestos acontecimientos con el uso del admirable tartrite de potasa y antimonio; ¿y tendrá usted dificultad en creerlo?, pues créalo usted porque stultorum infinitus es numerus.(15) Hay algunos idiotas temerarios que lo aplicaron en una dosis imprudente en casos no necesarios, en enfermedades de diverso carácter, con torpes combinaciones, sin conocimiento de la enfermedad, del medicamento ni de las circunstancias. Éstos son la causa del descrédito de las más heroicas medicinas, y de los que sin crítica ni examen sucumben a sus falsas aserciones.

"Muchas ocasiones la materia turgesente,(16) precipitada a los intestinos, no obedece con la prontitud que debe hacerse evacuar, y en tal caso son indispensables las enemas compuestas sólo de vinagre, azúcar, agua tibia y vino emético; pero sin omitir sin embargo las cucharadas de la disolución que queda indicada, y que en este caso es uno de otro mutuo auxiliar.

"Continúase esta conducta constantemente hasta excitar la abundante evacuación, la que, una vez establecida, se procura con todo esmero mantener hasta que, mudando el color de amarillo, verde o negruzco, aparezca del color natural, se presente el apetito, huya el dolor de cabeza, y, ya en este estado, puede administrarse la quina en infusión(17)(b) siempre, si puede ser, con un poco de cremor, para que reponga el estrago que haya causado la abundante evacuación; pero por ningún caso he observado ser lícito administrar la quina al principio de la fiebre, si no se ha evacuado al enfermo, porque entonces, obrando como irritante, ya se sabe el daño de estos medicamentos en el caso.

"Amigo, yo, como usted sabe, me he comedido a curar a algunas personas, de cuya molestia no me he podido excusar, ya por un particular afecto de ellas hacia mí, o por su total indigencia o por vínculos naturales que las unen conmigo, y esta obra de caridad dirigida con el método que llevo expuesto me ha producido el que todas gozan actualmente no sólo de sanidad, sino de robustez completa, de lo que es usted testigo.

"De éstas, algunas curadas por opuesto método, las he visto adolecer de disenterías cuando han desaparecido algunos síntomas de las fiebres, y se ha creído equivocadamente que es nueva la enfermedad sobrevenida después de la fiebre de que se han creído curados. Es un engaño, pues lo que ha sucedido es que en el periodo de la fiebre los trataron con ácidos como limonadas, naranjadas, etcétera, y éstos, descomponiendo la bilis, han precipitado su parte resinosa y han producido los efectos que llevo expuestos al principio.

"En tal estado conviene regenerar, en el modo que se pueda, la bilis, para facilitar su evacuación, y es, en mi juicio, convencido de la experiencia, el más análogo y seguro para reunir, aquella parte resinosa con la linfa o cualquiera otro líquido, el uso, por uno, dos o más días de la sal de tártaro, que se podrá dar en un trago de agua pura o en la bebida más adecuada, y esta álcali,(18) uniéndose a la resina, formará un nuevo jabón que, si por sí solo no se evacuare, se apelará de nuevo al método de Masdevall, o al uso del ruibarbo(19) que, por contener un extracto de naturaleza de jabón, es análogo a aquel humor, y excelente purgante.

"Me dice usted que a su niño(20) no le han probado bien los purgantes, porque, habiéndole dado los polvos salinos y bebida frecuente de naranjada o limonada, muy distante de hacer evacuación, se le ha advertido cierta dureza y tensión en el vientre, la calentura más activa y la evacuación casi suprimida; que le retiró usted la naranjada, y le ha substituido el cocimiento de quina, con lo que menos que con lo otro ha conseguido alivio, y por eso declama usted contra la santa quina, medicamento heroico, con que, a pesar de nuestras ingratitudes, ha querido la Providencia socorrernos.

"Me es demasiado dificultoso convenir limonada, naranjada y polvos salinos; quizá no ignora usted que la composición de éstos es una parte de magnesia y dos de sulfate de sosa; que en ellos la magnesia existe separada, sin más unión con la sal que la simple mezcla mecánica; de consiguiente, dispuesta a cualquiera combinación. En este estado le presenta usted el ácido cítrico del limón o naranja, y se forma un citrate(21) de magnesia, de cuyas virtudes aún no tengo noticia sino es la que usted me da de suspender la evacuación y endurecer el vientre: circunstancias que me hacen creer no ser la tan combinación a propósito para evacuar una bilis que, si pudiera ser, ni un momento debía detenerse.

"La magnesia se ha tenido por una de las cinco tierras primitivas, y ulteriormente no ha faltado autor que la haya caracterizado por álcali, excluyéndola del gremio de las tierras, fundado en que vuelve roja la tintura de tornasol, y yo he observado que hace lo mismo con la de ruibarbo. Sea uno u otro, ella propende con energía a la combinación con cualquier ácido, formando sales particulares al modo que todas las tierras y todos lo álcalis con todos los ácidos. En nuestro caso no tenemos en los vasos ácido que absorber y neutralizar con la magnesia; y si lo hay, ¿a qué fin presentarle otro para que se inutilice su acción? Si usted lo acompañara con el ruibarbo, sería más natural, pues entonces, formando un jabón con su parte extractiva, se hacía más análoga a la bilis, y la haría evacuar cuando existiese espesada y detenida, como dije en el caso de la disentería.

"La sal de Glauber o sulfato de sosa, administrado solo, es antibilioso y hará buen efecto en dosis considerables, pues no pasa de un suave catártico y no de a dracma,(22) y media dracma que en el caso que tratamos no es capaz de promover la evacuación tan pronta y tan constante como se debe.

"No sea usted pusilánime, aunque vea que su enfermo hace al día quince, veinte o más evacuaciones, pues mientras más sean más cerca está la sanidad, y si teme usted la debilidad, para eso tenemos quina peruana que administrar, cuando ya el humor ha salido y cesado su irritación, se nos manifiesta esa debilidad.

"Creo haber satisfecho en parte la curiosidad de usted aun contra mi encogimiento,(23) y este nuevo sacrificio acreditará a usted más mi verdadera amistad. Creo igualmente que quedará usted persuadido de que esas fiebres requieren los evacuatorios constantes y activos (aunque en algunos sean bastantes los catárticos) hasta exterminar en el menos tiempo que se pueda ese humor pecante.(24) Hay algunas anomalías en el caso que provienen de la complexión o estado actual del enfermo, y entonces se dispone el purgante a la prudencia del facultativo: una poción hecha de agua de yerbabuena en cantidad de una libra, miel rosada y dos granos del tártaro antimoniado tomado en pocillos o medios pocillos(25) ha hecho milagros; y otras ocasiones, cuando ya el enfermo no necesita mayor empeño, y sólo ha quedado alguna distensión en el vientre, o como vulgarmente se dice, aventado, esta misma poción con una dracma de sal de sosa o potasa, en lugar de los dos granos del tártaro antimoniado, promueve tales evacuaciones biliosas que a los dos días se encuentran los enfermos libres de toda molestia.

"Conviene, sin embargo, que aun en el estado de convalecencia se mantenga la evacuación por algunos días con medicamentos catárticos con mucha suavidad y moderación, pues he visto recaídas mortales por suspenderse en el principio de la convalecencia repentinamente la evacuación: la dieta debe ser estrecha; el uso de los ácidos en el periodo de la fiebre no es a propósito, y mucho menos cuando se tome la magnesia o álcali, por lo que llevo dicho, y últimamente que las soluciones del tartrite de potasa o antimonio, como que es susceptible de minorar, avivar, moderar y variar de mil modos su virtud, es en estos casos del que se puede echar mano con más seguridad.

"He dicho a usted mi juicio sucintamente por complacerlo, y querría que dependiera de mí el total exterminio de la fiebre para enjugar las lágrimas infinitas que están en nuestro desgraciado tiempo aumentando las funestas corrientes del Cocyto.(26) No le he expuesto a usted este juicio como ley o decisión infalible, pues sabe usted mi natural moderación; recíbalo usted sólo como un testimonio de mi obediencia, o como un pensamiento privado que en muchos casos ha tenido buen efecto; mas no quiero que algunos pocos indulgentes o circunspectos me tengan por temerario, aunque de todos modos tendré la satisfacción de ofrecer un nuevo sacrificio en las aras de nuestra amistad, a la que deseo siempre hacerme más acreedor. Quedo de usted como su más amigo.


Monosijo de Sevesco"

 

F I N

 

 


(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui. Año de 1813.

(2) fiebres pestilenciales. Cf. nota 18 a los Avisos de El Pensador.

(3) chímica. "Arte de preparar, purificar, fundir, fijar y coagular, y a veces de transmutar los metáles, mineráles y plantas, para los usos al hombre necessarios." Cf. Dic. de autoridades y nota 18 a Propuestas benéficas.

(4) En este volumen: El sacristán enfermo, Propuestas benéficas, Respuesta de El Pensador al Amigo Consejero, Las porfías de El Pensador, Los diálogos de los muertos yChanzas y veras. Véase también: El médico y su mula, Hipócrates y la Muerte y El Médico, la Enfermedad y el Paciente en Obras I, op. cit.

(5) arcanos. Cf.nota 21 a El sacristán enfermo.

(6) Respecto a la idea de la bilis existente en el ventrículo, Feijoo, basándose en Gilbert-Charles Legendre, anota que "el vacío que hizo [la sangría] se llena luego de un quilo imperfecto, de una bilis acre y del sedimento de los humores, que abundan en un enfermo; toda la materia contenida en el canal pancréatico, en el reservatorio de Pequet, en las venas lácteas secundarias y aun en las radicales, pasa a la cavidad derecha del corazón". Cf. Teatro crítico universal, op. cit., t. I, p. 158.

(7) aventado. Abultado y tenso por gases acumulados.

(8) La bilis contiene los pigmentos biliares, las sales de los ácidos biliares, colina, lecitina, mucina, grasa, sales de los ácidos esteáricos, palmítico, oleico y mirístico, indicios de urea, sales inorgánicas: cloruro sódico, cloruro potásico, fosfatos de potasio, sodio, calcio y magnesio, así como pequeñas cantidades de hierro, manganeso y ácido silícico. La "linfa o materia albuminosa" sería propiamente la sero albúmina, suero-albúmina o serina.

Feijoo había advertido que "no todo lo que se llama humor excrementicio, por ser incapaz de nutrir, se ha de considerar como inútil en el cuerpo". Tal es el caso de la bilis, que él llama "humor bilioso" puesto que tiene sus oficios o usos de los cuales la naturaleza se sirve "para la precipitación cotidiana de las heces gruesas y del ácido del estómago para excitar el apetito". Cf. Teatro crítico universal, op. cit.  p. 133. En lo concerniente a la atrabilis, citada más adelante, hemos encontrado dos aclaraciones: "Lo mismo que cólera negra. Es voz compuesta del Latino Ater, que significa negro, y de Bilis, que es la cólera." Cf. Dic. de autoridades. Y: "Los antiguos deban este nombre á un supuesto humor negro que creían segregado por el bazo á expensas de los humores groseros procedentes del hígado. Mas tarde, cuando el descubrimiento de las glándulas suprarrenales por Eustaquio, se les atribuyó aquella función imaginaria. La palabra atrabilis, de igual formación etimológica que melancolía tuvo la misma significación." Cf. Enciclopedia universal ilustrada, op. cit. t. VI, p. 947.

(9) Joseph Masdevall. Médico catalán del siglo XVIII, autor de Relación de las epidemias de calenturas pútridas y malignas, Madrid, Imprenta Real, 1786. Jugó un papel destacado en la medicina e industrialización catalanas. Por ese método "fue premiado del Señor Don Cárlos Tercero, y ahora quando se escribe este Compendio, se halla de primer Médico del Rey nuestro Señor Don Carlos IV [...]

"Si sucediera que el enfermo pasa más de 24 horas sin regir el cuerpo, se le echará una ayuda compuesta de agua natural tibia, miel ó azucar ó panocha, aceyte y dos cucharadas de vinagre del mejor y mas espirituoso que se hallare." Cf."Advertencias generales" (para el uso del método de Masdeball) en el Suplemento a la Gaceta de México, t. VII, núm. 50, viernes 18 de septiembre de 1795, p. 418.

Copiamos el método para evitar referencias aisladas. Al decir de su autor, el método curativo antifebril es "tan eficaz para quitar las fiebres como lo es el agua para quitar la sed: tan poderoso, que usándolo desde el principio, ninguno peligrará con él, á no ser que tenga acancerada alguna entraña".

Se reduce a "una Mistura antimonial, una Opiata y una Ayuda". Antes de su uso se deben aplicar sangrías, purgantes, dietas, etcétera. La receta de la mixtura es: "Recipe aquae viperinae uncias quinque, aquae benedictae Rulandi (termino clariori) vini emetici unciam unam, cremoris tartari pulverati drachmam unam fiat mixtura ad usum. Que es en castellano como sigue: "Tómese del cocimiento de viperina cinco onzas, de vino emético una onza, de cremor de tártaro en polvo un dracma: hágase mixtura para usar de ella [...]. De esta mixtura [...] se le dará al enfermo una cucharada de medio pozuelo, ó algo mas, de agua natural como la dá el tiempo, y volverá a tomar encima otro pozuelo de la misma agua natural: al cabo de una hora y media tomará una taza de caldo ligero y sin grosura [...] al cabo de esta hora y media vuelve á tomar otra cucharada de dicha mixtura antimonial del mismo modo, y así sucesivamente va alternando caldo y mixtura cada hora y media: este método sigue el primer día; pero desde el segundo día en adelante será esta alternacion á cada hora [...] Por quatro ó cinco dias sigue este método, y tambien por las noches, si acaso no duerme el enfermo."

La opiata antifebril se aplicará si la fiebre es fuerte y la mixtura antimonial no la cura el todo, y es: "Recipe salis absinthij et salis ammoniaci optimae depurati ana drachmani unam, tartari stibiat (termino clariori) tartari emetici gran. 18 triturentur perfectissime in mortario vitreo aut marmoreo penè horae quadrantem: de inde adde, et misce perfectissime corticis peruviari optimè pulverati unciam unam, et cum sufficienti quantitate Syrupi de absinthio fiat opiata ad usum.

"En castellano: Tómese de sal de agenjos, y de sal amoniaco muy purificada, de cada una dracma, de tártaro emético diez y ocho granos: tritúrese todo muy bien por un quarto de hora ó algo mas en mortero de vidrio ó de mármol, luego añádesele y mézclesele perfectísimamente una onza de quina peruana selecta, y con suficiente cantidad de xarave de agenjos, hágase opiata para usar de ello."

"Esta porcion dividida en seis partes, servirá para seis tomas, cada una de ellas con una cucharada de mixtura antimonial en medio pozuelo de agua natural, y bien revuelto y desleido, lo toma el enfermo, y sobre ello un pozuelo de agua natural: pasado una hora toma caldo: de allí a otra hora vuelve a tomar opiata y mixtura antimonial, del mismo modo que en la primera vez, alternando algunos días, y aun por las noches, si no duerme, hasta que se le quite la calentura."

La opiata es una preparación hecha con polvos, pulpas o extractos y jarabes; en dicha preparación puede o no entrar el opio en su composición. En el caso del Masdeball es una opiata en la que no se usa el opio.

Las ayudas antifebriles son para algunas personas "de quienes no se puede conseguir que tomen por la boca las cantidades correspondientes de mixtura y opiata ya dichas: como son niños, señoritas delicadas y aun algunos hombres: en estos casos pues [...] se les echará diariamente dos ayudas, una por la mañana, y otra por la tarde ó noche, con la receta siguiente:

"Tómese una receta, esto es, toda la cantidad de opiata antifebril [...], de benedicta laxativa, y de vino emético, de cada uno dos onzas, mezclese todo y guardese para dos ayudas.

"Estas se compondrán de dicha receta dividida en dos partes (o en quatro, para los niños de 4 a 10 años), miel, azeyte, y la agua tibia necesaria, las que se continuarán todos los días, una por la mañana, y otra por la tarde, haciendo toda la posible diligencia para que el enfermo tome por la boca lo que pudiera de la mixtura y opiata." Cf. Suplemento a la Gaceta de México, op. cit., pp. 417-424.

El vino emético se usaba en la mixtura antimonial. En las "Adiciones de Rodón ("D. Martin Rodon y Bell, Médico de la Ciudad de Cartagena, imprimió el año de 1787, unaRelación de epidemias que afligieron aquella Ciudad, hasta el año de 1789, que fué la última y peor") al método de Masdeball", se lee que: "lo esencial de la mixtura antimonial [...] es el vino emético: y así con una sola onza de él con cinco de agua natural, sin otra cosa, se usaba en el Hospital de Cartagena con aprobación de Masdeball". Cf. Idem.

(10) Juan Bautista von Helmont (1577-1644). Médico y alquimista belga. Descubrió el jugo gástrico y su función. Su obra es: Ortus medicinae vel opera et opuscula omnia."Entre los secuaces de Paracelso, Helmoncio, de quien también se cuentan curas prodigiosas, añadió a las ideas de aquél el sueño de Arqueo o alma del mundo, espíritu duende que en todo se halla y todo lo mueve." Cf. Feijoo, Teatro crítico universalop. cit.,  t. I, p. 119.

(11) "Compendio del método curativo antifebril de Masdeball, que para mayor claridad se divide en párrafos", se publicó en el Suplemento a la Gaceta de México, tomo vii, número 50, viernes 18 de septiembre de 1795, pp. 417-424. En el mismo suplemento se da noticia de que el método ya había aparecido en las "Gazetas números 30, 31, 32 y 33 de los meses de Marzo y Abril del año de [17]87, aunque sin especificar como ahora las Recetas y sus usos." Acerca de la "Publicación de este método" se lee lo siguiente: "El Dr. D. Joseph Masdeball, que por órden del Sr. D. Cárlos Tercero visitó y recorrió el año de 1783 casi todos los pueblos del principado de Cataluña, y lo curó de la epidemia de calenturas pútridas y malignas que tantos estragos hizo en ellos, formó por órden de S. M. una Relación de dicha epidemia, que se imprimió en Madrid en 1786, en que expone con toda claridad su método curativo, experimentado felizmente por él en innumerables enfermos por más de veinte años." (p. 417). En realidad no se publicó en 1810, sino que tal "Compendio" aparece en el t. XI, núm. 1447 (domingo 17 de septiembre de 1809, pp. 323-326, y continúa en el mismo tomo núms. 1448 del lunes 18 de septiembre de 1809, pp. 327-330, en el 1449 del martes 19 de septiembre de 1809, pp. 331-334. En el 1450 del miércoles 20 de septiembre de 1809, pp. 335-336 aparecen las "Notas que agrega el sujeto que nos remitió la relación que concluímos ayer." El tomo XI delDiario de México (julio-diciembre de 1809) se editó en México, Oficina de Mariano Josef de Zúñiga y Ontiveros, calle del Espíritu Santo.

El tratadito puede ser precisamente la Relación de las epidemias de calentura pútridas y malignas que en estos últimos años se han padecido en el principado de Cataluña y principalmente la que se descubrió el año pasado de 1783 en Lérida, Llano de Urgell, etcétera, Barcelona, 1786, 21 pp. Con las siguientes ediciones: Madrid, Imprenta Real, 1786 (aumentada con el "Dictamen sobre si las fábricas de algodón y lana son perniciosas") y la de Madrid, Imprenta Real, 1797. Hubo traducciones al italiano editadas en Ferrara, 1789, y otra de Venecia de 1790. Hay otras publicaciones que se refieren al método de Masdeball: Reflexiones instructivo-apologéticas sobre el eficaz y seguro método de curar las calenturas pútridas malignas, Cervera, Imprenta Real y Pontificia, 1788, 130 pp. Seguida de las Reflexiones instructivo-apologéticas que anteceden, da a luz el mismo doctor Juan Sastre y Puig, médico de la Villa de Tarradell, Cervera, 1788, y finalmente la Carta... Al consultor don Juan Hurtado de Mendoza, sobre la aplicación, ventajas, perjuicios y efectos del método antimonial, Mataró, Juan Abadal, 1795. Masdeball, apellido alemán que, al parecer, se puso por primera vez en Suplemento a la Gaceta de México aludido. En los textos de historia de la medicina el apellido del autor aparece como Masdevall.

(12) tartrite. El tártaro es un emético compuesto de tartrato de antimonio y de potasio, de poderosa acción emética o purgante según la dosis. La sal del tártaro es lo que se conoce como cristal de tártaro petrificado y cristalizado. Este tartrite es la mixtura antimonial y el tártaro emético que lleva la opiata antifebril del método de Masdeball (o Masdevall).

(a) La preparación de este vino está sabiamente corregida, pues ya se prepara con el tartrite de potasa y antimonio en cantidad de dos gramos en cada onza de vino; y no infundiendo el hígado, vidrio y otro óxido de antimonio en el mismo vino. Medicamento incierto las más veces y siempre arriesgado que, en sana conciencia, no debe darse inferiormente, y sí sólo en lavativas, pues en iguales cantidades de vino, en una se hallará más antimonio que en otra, sin encontrar en él jamás uniformidad; y la más o menos acidez del vino disolvería también más o menos cantidad de óxido, sin saber el médico en las dosis que prescribía cuánta tomaba el enfermo de antimonio. Corrigióse este error en la farmacopea hispana, asignando dos gramos del tartrite en cada onza de vino, y sabe el médico entonces, según la cantidad de vino, cuántos gramos mandó o ha tomado el enfermo. De éste y no de otro modo debe usarse.

(13) Matritense. Pharmacopea matritensis publicado en 1739 y en 1762.

(14) drástico, catártico, ecróptico. Medicamentos purgantes, en el primer caso de gran eficacia; en el segundo, un purgante de efectos menos fuertes, y en el tercero es uno ligero.

(15) Ecl. 1, 15. También citado en El Quijote, II, 3.

(16) turgesente. Posiblemente turgente: "humor que hincha, ó inflama alguna parte del cuerpo animal [...]. Tambien se puede decir, que los humores, que repentinamente desaparecen, son los humores turgentes". Cf. Dic. de autoridades.

(17) quina. En la composición de la opiata entra la quina.

(b) La quina para obrar, como se desea en estos casos, no debe ser hervida, sino echada en infusión en agua caliente y, después de tenida en ella una o dos horas, se cuela y se administra, y no aquellos cocimientos torpes en que hirviendo con demasiado empeño se altera la unión natural de sus principios que, en toda su integridad, deben tomarse.

(18) álcali. Nombre dado a diversas sustancias que forman sales al combinarse con los ácidos. Estas sustancias o bases son: unas minerales (potasa, amoniaco, sosa, etcétera) y otras orgánicas (quinina, nicotina, morfina, etcétera). Por ser solubles en el agua actúan como bases energéticas.

(19) rubiarbo. En el capítulo II del tomo I de La Quijotita y su prima se habla de laxantes, vomitivos y purgantes. Se citan: jarabe de durazno, oximiel escilítica, ipecacuana, ruibarbo y tártaro emético.

Esta planta pologanácea tiene propiedades estomacales, diuréticas, laxantes y tónicas. Sus usos son: en infusión (5 gramos de raíz en un litro de agua, dejar macerar por espacio de 5 o 6 horas y colar después). Se toma una cucharada en las comidas para facilitar la digestión y la emisión de orina. Como purgante se emplea en cocimiento (15 a 30 gramos de raíz para un litro de agua, hervir 15 minutos y colar después). Es muy útil en los biliosos ya que provoca la secreción de la bilis. En ambos casos se recomienda tomar una taza en ayunas.

(20) Fernández de Lizardi tuvo una hija que nació el 6 de enero de 1813, coincidiendo con su estadía en la cárcel (7 de diciembre a junio de 1813).

(21) citrate. Por citrato: sal formada por la combinación de ácido cítrico con una base. La sal admirable de Glauber, es sulfato sódico neutro. Su descubridor, Rodolfo Glauber (1604-1668) lo obtuvo preparando el ácido clorhídrico con sal común y ácido sulfúrico. Este sulfato se encuentra en cantidades pequeñas en muchas aguas minerales, en las aguas de las marismas y en la de mar. Se emplea como purgante.

(22) dracma. Octava de onza.

(23) encogimiento. "Metaphoricamente vale cortedad de ánimo, poco espíritu, falta de valor y resolución para obrar." "Por metáphora significa también sumissión, rendimiento, resignación, humillación, y abatimiento de la voluntad própria." Cf. Dic. de autoridades.

(24) humor pecante. El que se suponía que predominaba en cada enfermedad.

(25) pocillos. Pote o pozuelo. Vasija que usa la gente para tomar las bebidas. En el centro de México se considera vulgar decir pozuelo, las clases cultas dicen pocillo. En él se toma el chocolate, mejor que en taza. (Nota remitida por José Rojas Garcidueñas).

(26) Cocyto. Río de Epiro, considerado como uno de los afluentes del Aqueronte, que comunicaba con el infierno; Virgilio lo presenta como el río principal que circundaba la región infernal con sus negras aguas. Por extensión en la literatura grecolatina se tomó como sinónimo de infierno.