RAZONES CONTRA INSOLENCIAS
O respuesta de El Pensador al padre Soto.
SINAPISMO
Ultrajes y dicterios son regalo de que
abundan sus torpes escrituras siendo
cada palabra un fuerte palo.
En todo lo demás camina a obscuras,
y el asunto le olvida, o le defiende
con simplezas e infieles imposturas.
Su ciencia sólo estriba en lo que ofende;
y como él diga desvergüenzas muchas,
la razón ni la busca, ni la entiende.
Padre Isla, Rebusco(1)
¿Qué tal mi padre fray Mariano?(2) ¿No está que ni mandado hacer el textecillo? Pues cachaza,(3) frailecito, que le falta que escuchar.
Desde el título de su papel la comienza a errar de medio a medio.(4) Pero antes, dígame ¿en qué tepachería,(5) en qué taberna, en qué sucio arrastradero(6) se lo hicieron?, ¿qué borracho ordinario y soez se encargó de responder mi Palinodia?(7)Porque yo no puedo creer que usted, un religioso de la muy ilustre orden de Santo Domingo,(8) un reverendo padre, un ex-lector, un ex-prior, un capellán de regimiento y qué sé yo qué más, haya escrito un papasal(9) tan lleno de vaciedades y desvergüenzas, como vacío de solidez, de juicio y de verdad. Vamos al caso.
El famoso papelón se titula: El carácter de El Pensador, descubierto y desafiado.(10)Muy bien. ¿Conque se propuso vuestra paternidad descubrir mi carácter y desafiarlo? Esto es claro, y yo no sé cómo se desafían los carácteres.
Los hombres sabios a quienes vuestra paternidad llama en su favor, y el público a quien ha insultado procazmente presentándole un papelón desvergonzado, sandio, ridículo y grosero, ya ha hecho la apología de los principios de usted, de su talento y su cacareada(11) literatura.
"Maldito sea el día en que nació", decía el santo Job.(12) Y vuestra reverencia debe decir: maldita sea la hora en que escribí tan infando mamarracho, y dirá bien, porque con él se ha desconceptuado vuestra reverencia generalmente en el público. Si vuestra reverencia oyera sus honras, se taparía las orejas. El que juzga de vuestra reverencia con más piedad, asegura que está vuestra reverencia loco, y con un ¡qué lástima! ¡Pobre fraile! Dan media vuelta y tiran el papel. Cachaza, mi frailecito, que le falta que escuchar.
A ninguno de los argumentos que le hago en mi Palinodia responde usted. Se pasa por todo, como pudiera por el Puente de la Viga.(13) Mis argumentos quedan vigentes, y su herejía sin defensa: ya se ve que cómo se han de defender las herejías sino con desvergüenzas, como han hecho los herejes, y como hace usted, de quien no aseguro que sea hereje, como vuestra reverencia asegura de mí; pero sí digo y repito, que es mucha ignorancia y soberbia no retractarse de una herejía que escribió y que la quiere sostener sólo por haberla escrito, como Pilatos que no revocó el lema de su inicua sentencia por haber escrito: quod scripsi scripsi.(14)Cachaza, mi frailecito, que le falta que escuchar.
Lo cierto es que usted ha dicho e impreso esta proposición: que "el Evangelio de Jesucristo mira, busca y se acoge para su defensa y subsistencia a los soldados españoles", y ésta, repito, es una proposición herética, herética, herética y endiablada como el alma de Judas. Mientas usted no nos pruebe que sin soldados no puede subsistir el Evangelio de Jesucristo, su herejía está terminante, y mi impugnación muy bien hecha, aunque vomite desvergüenzas a miles por cada dedo. Cachaza, mi frailecito, que le falta que escuchar.
De su conocido orgullo de usted, yo no esperaba otra respuesta sino la que dio, esto es, una descarga cerrada de desvergüenzas; mas no aguardaba tal enjambre de necedades, como aquellas de "medíos conmigo Pensador Mexicano, medíos en la dignidad del estado, en el buen nombre personal, conducta, y, lo que es del caso, en la inteligencia y buen uso de la doctrina sana".(15)
¡Válgame Dios...! Arrogante, moro, estáis.(16) ¡Qué delirar! ¿Cuándo le he contado que tengo facultades para absolver, para confesar o predicar, aunque fueran ceutones de Bossuet o Massillon?(17) Sólo en este caso podía usted hacerme ver que no puedo medirme con usted en cuanto la dignidad de su ministerio. En esto sólo no puedo medirme. Entendámonos. En lo demás, esto es, en nacimiento, en conducta y en inteligencia y buen uso de la doctrina sana, puedo no sólo medirme, sino excederle en la medida. ¿Quién es usted, padre Soto, por amor de Dios, para hablar con tamaño gaznate? ¿Será usted un cardenal de [E]scala(18) en la cuna? ¿Un santo Domingo en la conducta irreprensible, y un santo Tomás en teología? Nada de eso. ¿Pues de dónde le viene tan arrogante quijotería hasta insultarme llamándome "hombre pebeyo?"(19) Ni sabe usted qué significa hombre plebeyo.
Yo no soy preocupado; sé que la verdadera nobleza consiste en la virtud, aun ante Dios, ¿quién es ante Dios el mayor y más santo? El que tiene más caridad. Éstas son mis herejías, padre Soto; ésta es la doctrina que sigo de Volter.(20)
La nobleza adquirida consiste en las buenas acciones, de manera que el ruin plebeyo puede hacerse noble por sí mismo, la nobleza hereditaria es la que se logra sobre los hechos de nuestros ascendientes, y esta sola es nobleza quimérica, pues así como yo no puedo ser sabio porque mis abuelos lo fueron, así tampoco seré noble porque ellos lo fueron, si no imito sus acciones.
Pero después de todo, sepa usted que no soy plebeyo, tómelo en el sentido que quisiere, sino un hidalgo hecho y derecho, con un don que me vale trescientos sesenta y cinco días al año, que no trae febrero más que 28 días y 366 el año que dicho mes trae 29. Tengo ejecutoriada mi hidalguía lo mismo que mi pobreza. Mi padre fue médico examinado y aprobado por el Real Protomedicado,(21) en los años muy atrás, cuando para dar este grado se hacían informaciones exactas y muy escrupulosas de la limpieza de sangre de los examinados; he tenido y tengo muchos deudos por ambas líneas, frailes, como usted, clérigos, monjas, empleados, militares, etcétera, etcétera.(22) Algunos viven y se los puedo enseñar.
Con que no hable usted por bragueta de gigante. Modérese y no escriba ni ultraje por venganza. ¿Me conoce usted? ¿Ha visto mis informaciones? ¿Ha conocido mis parientes? Nada de eso ¿Pues cómo se produce en un público con tanta desvergüenza?
Para solapar sus herejías y desatinos quiere comprometerme con la tropa, diciendo que soy antimilitar.(23) No hay tal, soldados: el padre Soto tiene mal pleito y quiere meterlo a voces,(24) y prevenirse defensores. Yo no soy sino vuestro mayor amigo. ¿A cuántos de vosotros he servido sin el más mínimo interés, lo que no ha hecho el padre Soto? En la ronda de capa he vivido algunos días, y digan sus soldados, que me conocieron, si no me hice querer de todos ellos. Sus oficiales y sargentos que ahora viven, digan si no son todos mis amigos. Un solo soldado señale el mal que le he hecho, mientras otros dicen que les hice el beneficio que pude cuando me han ocupado. Yo los conozco: son agradecidos, y no me desmentirán en ningún caso.
Mas nunca he reclutado a los ángeles, ni les he dado naturaleza humana, ni los he bautizado, ni los he contado, ni he vuelto ángeles a los soldados españoles para hacerles una dizque proclama adulona, mentirosa ni herética. No, soldados, El Pensador os ama, os reconoce los primeros ciudadanos de la nación: en vosotros miro las más firmes columnas del Estado, y vuestro mérito y necesidad lo elogiará algún día mejor que el padre Soto con verdad, con juicio, con solidez, no con barbasarrastradas ni con proposiciones heréticas y ridículas, como llamaros "ángeles en la tierra".
Padre Soto, ¿quién lo metió a elogiador de los militares en tan mala hora, haciéndolo tocayito(25) en cuerpo y alma del Elogiador del virrey Calleja?(26) Si para confundir a aquel barbero bastó la valiente pluma del sabio licenciado Bustamante;(27) para confundir a vuestra referencia, sobra la iliterata de Fernández, porque la verdad por sí sola se defiende. Cachaza, mi frailecito, que le falta que escuchar.
Padre Soto, dice usted con su genial arrogancia: "abrid las Escrituras Santas; abrid las páginas del Génesis, de Daniel, de Tobías, de los Salmos, de san Lucas, de san Mateo, del Apocalipsis, y de otros volúmenes canónicos, y allí veréis las fuentes limpias de las doctrinas de mi Proclama".(28) ¡Pobre juicio! Aunque registre la Biblia de capite ad calcem ni una sola letra veo que indique la herejía que usted estampó, a saber, que "el Evangelio de Jesucristo subsiste a merced de los soldados". Éste es el punto de vista de la disputa: no hay que torcer la boquita ni hacernos disimulados. Sepa usted que el Evangelio de Jesucristo no subsiste a merced de los soldados ni de nadie, ni el Legislador divino lo cimentó a favor de las armas: lo contrario, a sus discípulos, cuando los envió a anunciar el Evangelio a todo el mundo, les previno que no fuesen con armas.(29) La Iglesia santa está escudada por el brazo terrible de todo un Dios omnipotente, y aunque todos soldados del mundo se conjuraran contra ella. ¿qué digo los soldados?, ni todas las legiones infernales prevalecerían contra ella. Dios lo ha dicho, y Dios no puede faltar a su palabra.
Por eso santo Tomás de Cantorberi selló con su sangre esta verdad, cuando prefirió la muerte gloriosa a una defensa de la religión por medio de las armas, diciendo que la Iglesia no se debía defender more castrorum, a estilo de tropa.
Dice vuestra reverencia que vibra mi lengua contra todo escritor sabio y respetable, y dice mal. Si todos los sabios son como usted, mamola:(30) esgrimiré la pluma hasta hacerlos callar, como haré callar a vuestra reverencia, mal que le pese,(31) porque no solamente no es usted sabio, sino que presume serlo y jamás consulta sus delirios con los sabios que lo pudieran enfrenar y aconsejar.
A menos ¿cómo había de haber dado a luz ese papasal deshonrándose y deshonrando de paso a sus sabios y beneméritos hermanos?
¿Qué dirán los preocupados contra los frailes cuando veas que uno de Santo Domingo de México, no teniendo razones para contestar mis argumentos, apela al dialecto soez y grosero de los borrachos y tomateras(32) de la plaza? ¿No dirán he aquí lo que son los frailes de mitoreros, necios y atrevidos. Con justa causa la nación los ha suspendido en el ejercicio de sus derechos? Pues éste es el fruto que usted, y cuantos lo imiten, conseguirán con dar a luz semejantes fárragos desatinados. Desacreditarse y desacreditar las comunidades a que pertenecen, a pesar de que haya en ellas muchos religiosos sabios, moderados y beneméritos, como en efecto los hay y ha habido en su religión. Valga por los ausentes un ilustrísimo Casaus,(33)y por los presentes, el muy reverendo padre provincial fray Francisco Rojas y Andrade,(34) con innumerables que omito por no abultar este papel. Cachaza, mi frailecito, que le falta que escuchar.
Dice usted que soy "Aristarco de la impiedad"(35) y no sabe lo que dice, porque no sabe qué quiere decir Aristarco. Pues oiga y aprenda: Aristarco fue un famoso crítico de la antigüedad, y por alusión se dice de todo crítico o murmurador de los escritos ajenos. Vea usted cómo me hizo un elogio, deseando hacerme un agravio, porque llamarme murmurador de la impiedad, es decir que no soy impío.
¡Válgame Dios, fray Mariano!
¡Válgate el diablo por Soto!
¡que pretenda tan ufano
persuadirnos a que es docto
sin saber ni el castellano!
¡Qué vergüenza frailecito!, éstas se llaman erradas con bola en mano.(36)
Sigue vuestra reverencia diciendo: "léanse sus libelos insulsos desde [1]812 a esta época, y se verá un Proteo literario, figuroso, desfigurado, inconsecuente, taimado, bufón. y propugnador de las más horrendas herejías. ¡Oh, Goliat, enemigo de la ciencia de Dios!"(37) ¡Oh padre Soto!, exclamo yo. Sí, digo bien, es usted bendito. ¡Qué fácil es hablar pero probar qué difícil!
Cuantas obras he dado a luz desde año de [18]12 hasta junio del presente han sido leídas, calificadas y aprobadas por juristas y teólogos sabios, como lo señores oidores don Felipe Martínez y don José Isidoro Yáñez,(38) censores por el superior gobierno; el señor Beristáin,(39) el ilustrísimo señor Fonte,(40) los muy reverendos padres ex-provinciales fray José Ángel Dorrego(41) (franciscano), doctor fray Manuel Mercadillo(42) (mercedario) y bachiller don José Manuel Sartorio(43) por el ordinario. Estos sujetos son conocidos por su acreditada literatura, y a quienes se lleva usted de encuentro en su libelo, pues si escribí herejías, ellos las aprobaron, como que no escribí con libertad de imprenta como ahora.
Conque concluyamos: tengo denunciada la Proclama y el papel de usted a donde corresponde. Amárrese bien las bragas(44) y prepárese a defender su proposición y a probar que "El Pensador Mexicano, José Joaquín Fernández de Lizardi, es un escritor seductor, revolucionario, blasfemo, herético y anticatólico"(45) como ha dicho, porque ahora sí va de veras padre Soto.
Por lo que hace al público, está admitido el desafío literario. ¿No hubiera sido más propio llamarle certamen? Porque desafío suena a pleitos, y yo no los quiero con nadie y menos con los señores eclesiásticos, sino es que me insulten pues entonces: vim vi repel[l]ere licet.(46)
El campo de batalla serán los portales, calles y plazas de México donde ha comenzado la disputa. El tiempo el que baste para imprimir, la hora la que acomode a los muchachos para expender los papeles, y el juez el público sabio e imparcial.
Conque no hay que perder tiempo, vaya usted probando.
1° Que su Proclama no sabe a herejía en la proposición citada.
2° Que mis obras son heréticas.
3° Que soy hereje, seductor, revolucionario, blasfemo y anticatólico; pero sin desvergüenzas, reverendo padre fray Mariano, por amor de Dios. Las mulas disputan a patadas, los borrachos con insolencia, los niños con llanto, las mujeres con gritos y los hombres sensatos con razones.
Yo no miro en usted ahora un sacerdote, sino un escritor. Su carácter lo venero, su literatura la desprecio y su modo de disputar lo abomino.
Todos nos debemos una consideración respectiva, cada cual en su clase. Yo debo respetar a usted como religioso, como sacerdote y como ciudadano, y usted me debe respetar a mí como a un secular, ciudadano y útil a su patria. Éste es el orden que exige la buena sociedad. Querer usted a título de padre faltarme al respeto e insultarme impunemente, es subvertir este orden y exponerse a oír lo que no quisiera, porque quien mal habla, mal oye(47) y
Bien hace quien su crítica modera;
pero usarla conviene más severa
contra censura injusta y ofensiva,
pues que no hablar con sincero denuedo
poca razón arguye o mucho miedo.
Conque juicio padre Soto, juicio, urbanidad y solidez, y seremos amigos usque ad aras.(48)
México, 28 de noviembre de 1820.
José Joaquín Fernández de Lizardi
(1) México, 1820. Oficina de don J. M. Benavente y Socios. José Francisco Isla escribió una obra llamada El Rebusco, publicada por Aznar en 1785.
(2) Mariano Soto. Cf. nota 27 a la Rociada de El Pensador...
(3) cachaza. Cf. nota 9 a La fortuna de la fea...
(4) de medio a medio. Cf. nota 16 a El muerto y el sacristán.
(5) tepachería. Lugar donde se vende tepache: bebida fermentada que se prepara con el jugo de la caña, de la piña u otras plantas y con azúcar prieta. A veces se prepara con pulque. Cuando se desea retrasar la fermentación, se le añaden cabellos de ángel. Es un refresco o embriagante dependiendo de los grados de fermentación. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(6) arrastradero. Casa de juego a que concurría la plebe.
(7) La palinodia de El Pensador.
(8) Santo Domingo. Cf. nota 54 a Rociada de El Pensador...
(9) papasal. Cf. nota 15 a El crítico y el poeta
(10) El carácter de El Pensador descubierto y desafiado, México, Oficina de don J. M. Benavente y Socios, 1820, 4 pp. Se prohibió su circulación como injurioso, según consta en la Gaceta del Gobierno de México, núm. 177, diciembre 30 de 1820.
(11) cacareada. Cf. nota 11 a La fortuna de la fea...
(13) Puente de la Viga. Aún existe. Por la parte occidental del Paseo que llegaba al Puente de la Viga se extendían campiñas que se interrumpían por las arboledas de las calzadas de San Antonio Abad, Niño Perdido y la Piedad, y remataban al pie de las lomas de Tacubaya.
(16) arrogante, moro, estáis. Frase que se usa en sentido de alabanza burlona hacia la persona que se da gran importancia ante nosotros o la que promete hacer méritos que no está al alcance de sus facultades realizar.
(17) ceutores de Bossuet y Massillon. Figuradamente centón es la obra literaria compuesta enteramente o en la mayor parte de sentencias y fragmentos ajenos. Alude a Jacobo Benigno Bossuet (1627-1704). Famoso orador, prelado y escritor francés. Fernández de Lizardi conocía su Tratado de las variaciones de las iglesias protestantes, según da fe en La Quijotita y su prima. Y a Jean B. Massillon (1663-1743). Orador y predicador francés, profesor de retórica, de letras y de filosofía, obispo de Clérmont. Se le compara a Bossuet como otro hito de la oratoria en Francia. Massillon usa expresiones más barrocas que aquél.
(18) Al cardenal de Escala lo cita en El Conductor Eléctrico número 11: "las palabras del eminentísimo cardenal de Escala en su pastoral de 15 de marzo de este año. La igualdad que nos ha concedido la Constitución —dice este benemérito prelado— es igualdad de remuneración en los premios y castigos; igualdad ante la ley pública que prescribe las obras buenas y abomina las malas; igualdad de relaciones, esto es, que en su posibilidad natural o de su fortuna, cada uno ha contribuido al bien general: el alto en la medida de su estatura, el rico como rico, el mediano como mediano, el pobre como pobre, el sabio como lo que es, el magistrado y demás funcionarios públicos en el desempeño de sus ministerios, contribuyendo todos con esta igualdad relativa a mantener el edificio del bien y la prosperidad". Cf. Obras IV, op. cit., p. 333.
(20) Por Voltaire. "de vuestros libelos, ¿cuántos de ellos os están acusando de discipulazgo de Voltaire, de Diderot de Federico de Prusia y de la escuela de impíos irreligionarios ateístas". Fernández de Lizardi atacó a Voltaire hasta que en el Correo Semanario de México número 3 escribió: "Voltaire y Franklin son los dos grandes luminarias que han enseñado a los hombres la senda de una virtud cívica y moral que por sí sola basta a hacer la felicidad de esta vida". Cf. Obras VI, op. cit., p. 53.
(21) Manuel Hernández Lizardi obtuvo el grado de bachiller en medicina el año de 1780. Real Protomedicado. Cf. nota 17 a Propuestas benéficas...
(22) Hemos obtenido algunos datos de gente que quizá estuvieron emparentados con Fernández de Lizardi, aunque no fueron sus contemporáneas: Antonio Chaves Lizardi. Natural de Querétaro, colegial de oposición de San Ildefonso, doctor en cánones y catedrático jubilado de leyes, fiscal del arzobispado, cura de la parroquia de Santa Catarina y de la Metropolitana, y capellán de los carmelitas descalzos en la capital. Fue uno de los curas más doctos de México en el siglo XVIII. Escribió:Commentaria in caus. 3 quaest. Ultimae Decreti Gratiam; Commentaria in caus. 2 quaest. 6 eujsd. Decreti; Commentaria in tit. 2, lib. I, Clementin de Rescriptis., Tract. de Haeredibus instituendis; Trac. de vulgari et pupillari substitutione; Trac. de Regulis juris; Trac. de procuratoribus. Antonio Lizardi, original de Antequera, que nació el 23 de junio de 1694. Colegial real de oposición en San Ildefonso, donde se recibió de bachiller en cánones. Defendió un famoso acto escolástico de cuarenta y ocho títulos de las decretales, y las obras de los teojuristas Luis Molina, Tomás Sánchez y Fernando Castropalao. Vistió la sotana de la Compañía de Jesús el 18 de diciembre de 1718. Se le llamó el "Gregorio López de los jesuitas" por la semejanza de su conducta abstraída a la de ese anacoreta mexicano. Murió en San Ildefonso de Puebla el 28 de junio de 1744. Dejó unos manuscritos titulados De variis ad utrumque jus attinentibus arduis controversiis. Cf. Mariano Beristáin de Souza,Biblioteca hispanoamericana septentrional, op. cit., t. II, pp. 106-107 y t. III, p. 129.
(23) "Yo defiendo contra mi calificador anti-militar (bien que todo él es antis, como sea cosa buena) mi Proclama", p. 1.
(24) Tiene mal pleito y quiere meterlo a voces. No tiene razón y quiere confundir y ocultar metiendo bulla. Lizardi usó, en 1821, una variante de esta frase, Quien mal pleito tiene, a voces lo mete, como título de su respuesta a Grito de un americano amante de sus compatriotas, publicado en Guadalajara, Oficina de doña Petra Manjares, 1820.
(25) tocayito. Cf. nota 3 a Respuestillas sueltas.
(26) No hemos logrado saber quién escribía bajo ese seudónimo, únicamente tenemos noticia de que El Elogiador escribió bajo ese nombre la Respuesta del Elogiador del señor Calleja al Censor de Antequera, México, en la Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui, año de 1812, 8 pp. Tenemos también el dato de que apareció, sin firma, el Elogio del señor Calleja, impreso en México en la Oficina de doña María Fernández de Jáuregui, año de 1812, 16 pp. Escrito en extremo elogioso, con los tonos siguientes: "La ruidosa revolución que levantó en la América el año de 1810 el cura Hidalgo, fue ocasión de que se diese a conocer el héroe de nuestros días, el terror de los insurgentes, el desbaratador de sus maquinaciones, el ángel tutelar de los buenos vasallos de FERNANDO VII, el político, el prudente, el sabio general del ejército grande del rey, en una palabra, el señor mariscal de campo DON FÉLIX MARÍA CALLEJA. Trasladado de la antigua España a la América a fines del siglo pasado, no sin especial providencia del Altísimo para contener el impetuoso torrente de la insurrección; sus claros talentos, sus grandes conocimientos militares estuvieron escondidos, digámoslo así, por falta de ocasión conveniente en que pudiesen manifestarse. Se hallaba establecido en San Luis Potosí cuando el desgraciado cura Hidalgo y los que le siguieron se levantaron contra el rey; y nombrado por el excelentísimo señor virrey, don Francisco Javier de Venegas general del ejército grande del centro contra el grandísimo de aquel mal eclesiástico, obedece al momento [...].
"Entre los elogios de su pericia en el arte de la guerra no debían callarse aquellas otras cualidades con que le dotó la naturaleza, pero se suprimen por notorias. México es testigo de las alabanzas que le tributaban sus soldados, de lo contentos que se hallaban con él, de lo prontos que estaban a seguirle donde quiera que les mandara; bien es que el general no se dio por satisfecho con que le estimaran por sus prendas personales; se esmeró en cuidar a sus soldados en cuanto lo permitían las circunstancias del tiempo. Cuida de la comida, del descanso, de los enfermos, de los necesitados, y principalísimamente de sus vidas. Por eso va con pies de plomo al entrar en las batallas; no se precipita, no, previene todas las contingencias de la acción, y cuando les manda ejecutarla, los envía no a la muerte, sino al triunfo, a la victoria. En suma, por no molestar más a los lectores, el general Calleja es el Moisés, el Gedeón, el David [...] que en estos tiempos ha salvado al pueblo de Dios: es el Cuesta, el Longa, etcétera de la América. Digno es de que se les erijan estatuas", pp. 1 y 16. Asimismo tenemos noticia de que José Agustín de Castro escribió Elogio métrico al señor general don Félix María Calleja. Con licencia, México, Oficina de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1812. Y que Justo Verdad escribió Justo elogio a la conducta militar y política del excelentísimo señor virrey contra el papel intitulado El Liberal a los bajos escritores, México, Imprenta de Ontiveros, 1820.
(27) Carlos María de Bustamante (1774-1848). Abogado mexicano. En 1805 fundó el Diario de México con Félix Merino. Una vez promulgada la Constitución de Cádiz, publicó El Juguetillo. En Oaxaca, Morelos lo nombró brigadier e inspector general de caballería. Manifestó sus ideas contrarias a Iturbide en La Abispa [sic] de Chilpancingo, por lo que fue encarcelado. Después de la caída del Imperio, fue diputado a varios Congresos. En 1827 fue auditor de guerra. En 1837 se integró como uno de los cinco miembros del Supremo Poder Conservador. Sus principales obras son: Cuadro histórico de la revolución de la América Mejicana...; Continuación del Cuadro histórico...; El gabinete mexicano... administración del... presidente Anastasio Bustamante hasta la entrega del mando [a] Antonio López de Santa Anna...; El nuevo Bernal Díaz del Castillo, o sea, la historia de la invasión de los anglo-americanos a Méjico...
(28) "Hombre iliterato y malévolo: abrid"..., p. 2.
(29) Mr. 16, 15; Mt. 28, 19; Jn. 15, 16. Realmente les previno que se amasen los unos a los otros.
(30) mamola. Gesto de burla, como hacer cucas o cucar.
(31) mal que le pese. "Modo de hablar con que se demuestra la resolución en que se está de hacer alguna cosa, aún contra la voluntad y gusto de otro. [...] Cerv.Quix. tomo 2, cap. 10. Todas las cosas tienen remedio, si no es la muerte, debaxo de cuyo yugo hemos de passar". Cf. Dic. de autoridades
(32) tomateras. Mujeres que venden tomates o verduleras en general. Por extensión, mujeres mal habladas y chismosas.
(33) Fray Ramón Francisco Casaus y Torres fue arzobispo de Guatemala. Se le menciona en dos textos. Carta de nuestro santísimo padre a un arzobispo de América. Respuesta del papa León XII al arzobispo de Goatemala fray Ramón Casaus y Torres, sobre la erección de obispado y elección de obispo hecha por la Asamblea del estado del Salvador, México, Oficina de la Testamentaría de Ontiveros, 1826; e Informe que el Cabildo eclesiástico de la Catedral de Guatemala dio al actual prelado de esta santa iglesia Metropolitana, doctor y maestro fray Ramón Francisco Casaus y Torres, sobre la erección de obispado y nombramiento de obispo que hizo el estado de San Salvador, en la conformidad que se manifiesta por los tres ejemplares impresos en aquella ciudad: los que se han impreso al fin de este informe; así por lo que conducen a su recta inteligencia, como también porque se citan en él muchos lugares, México, reimpreso en la Imprenta del ciudadano Alejandro Valdés, 1827, firmado y fechado: Guatemala, diciembre 17 de 1824, Antonio García, José Valdés, Antonio Larrazábal, José María Castilla, Antonio Croquer.
(34) Francisco Rojas y Andrade (1776-1826). Religioso dominico mexicano. Doctor en teología y filosofía. Estudió en Porta Coeli. Enseñó filosofía en Guadalajara. En la Universidad de México tuvo la cátedra de la filosofía de Santo Tomás. También fue un orador famoso.
(35) "Mas ¿qué hombre de seso y de prudencia se hallará, que no califique a El Pensador Mexicano de un estólido, venal y ruin Aristarco de la impiedad?", p. 3.
(36) erradas con bola en mano. En El Periquillo Sarniento emplea "hacer el burro con bola en mano". Cf. Jack Emory Davis, Estudio lexicográfico de El Periquillo Sarniento, op. cit., p. 24.
(37) "Léanse sus libelos insulsos desde [1]812 a esta época, y se verá un Proteoliterario, figuroso, desfigurado, inconsecuente, taimado, bufón, virtuoso, delincuente, humilde, altanero, terrible, piadoso, orgulloso y propugnador de las más horrendas herejías. ¡Oh Goliat, enemigo de la ciencia de Dios!", p. 3.
(38) Felipe Martínez. Cf. nota 3 a Pronóstico curioso... José Isidoro Yáñez. Fue oidor de la Audiencia de México en la Junta Provisional Gubernativa del 28 de septiembre de 1821 al 25 de febrero de 1822. Estuvo en la regencia que nombró Iturbide, junto con Juan O'Donojú, Manuel de la Bárcena y Manuel Velázquez de León.
(39) Beristáin. Cf. nota 21 a Propuestas benéficas...
(40) Fonte. Cf. nota 14 a Pronóstico curioso...
(41) José Ángel Dorrego. Cf. nota 26 a Repique brusco...
(42) Manuel Mercadillo. Cf. nota 27 a Repique brusco...
(43) José Manuel Sartorio. Cf. nota 42 a Quien llama al toro... o sea crítica...
(44) amárrese bien las bragas. Equivale a "fájese los pantalones": tener energía, entereza. Saber imponerse cuando hace falta.
(46) "Es lícito repeler la fuerza con la fuerza." Máxima legal de Ulpiano. Cf. Vicente Vega, Diccionario ilustrado de frases célebres y citas literarias, Barcelona, Edit. Gustavo Gili, 1952, p. 271.
"Vim vi repellere, cum moderamine in culpatae, omnes leges et omnia jura permitunt." Todas las leyes y todos los derechos permiten rechazar la fuerza con la fuerza, guardando moderación en la defensa." Cf. "Aforismos de derecho", enLatinismos, latinajos y aforismos de Manuel González Rivera, pról. de Ricardo D. Alduvín, México, Talleres Tipográficos Modelo, 1964, p. 179.
(47) Quien mal habla, mal oye. Hemos registrado estas variantes de la expresión citada. "quien mal dice, mal oye", "quien mal habla, peor ha de oír" y "quien mal habla, peor oye".
(48) Amigos usque ad aras. Blanchard escribe "Amicus usque ad aras". Cf. Escuela de las costumbres, op. cit., t. III, p. 173.