QUINTO ATAQUE AL CASTILLO DE ULÚA
Y A LOS ENEMIGOS DE LA PATRIA Y DE SU LIBERTAD

 

Por El Pensador Mexicano(1)

 

¡VIVA LA LIBERTAD, VIVA LA PATRIA!

 

 

¡Alerta, mexicanos, alerta! Sabéis por papeles públicos las ventajas que han adquirido nuestras armas sobre ese fantasma de petate(2) que asustaba a los egoístas y cobardes, sobre ese castillo de mamón,(3) que con sólo sus fuegos, como dije en mi Segundo ataque, se destruye por la debilidad de su estructura.(4) Veis que no es inexpugnable, y que mi proyecto que propuse al público en tiempos de Iturbide,(5) que lo mofaron y ridículamente denunciaron, no era quimérico.(6) Si desde entonces se admite, días ha que fuéramos dueños de esa decantada fortaleza.

Sabéis, pues, que el castillo está al caer, y tal vez a esta hora se ha rendido. Pues, sin embargo, no hay que embriagarnos con este pequeño triunfo ni que creernos seguros de nuestros enemigos. Ahora es cuando el gobierno debe redoblar su política y vigilancia, y nosotros nuestra unión y entusiasmo por la libertad de la patria.

No hay cosa más común que engañar y sorprender al confiado. La confianza mata al hombre, dice un refrancillo vulgar que sabéis desde niños; y otro dice: la desconfianza es madre de la seguridad.

Eran los griegos enemigos mortales de los troyanos; pero no podían vengarse de ellos porque eran valientes y se defendían con entusiasmo. Cansados de la guerra, y viendo que la fuerza les era inútil, hacen la paz; dejan pasar algunos días y... (cuidado, pueblo mexicano: oye cómo siempre los hombres se han valido de la religión para sus fines depravados), digo, pues, que pasados unos días de paz, fingen los griegos tener mucho respeto y religiosa devoción a la diosa Palas, cuyo santuario tenían los troyanos, y le consagran un caballo hermosísimo; pero ¡qué caballo!, tan primoroso por su hechura que era digno obsequio de una diosa guerrera; y tan enorme por su tamaño, que un troyano que lo vio dijo que era a manera de monte.(a)

En fin, que con mil trabajos conducen los griegos la hermosa bestia: a su vista se sorprenden los troyanos; oyen con admirable sencillez la embajada de los griegos; se dan los plácemes de haber ligado una amistad tan sincera como la que les garantizaban los griegos bajo los auspicios de su misma divinidad; pensarían cometer el crimen más sacrílego si privaran a la diosa de aquella exquisita presentalla; se resuelven a que entre en la ciudad para conducirla al templo; no cabe por las puertas, pues no le hace, los griegos son amigos y vienen en traje de religiosos: rómpase la muralla. Rómpese, en efecto, y entre una turba de griegos que bailaban delante del paladión o caballón, entran a, su merced dentro de Troya, quedando indefensa la ciudad con la muralla rota.

Los troyanos, placenterísimos con el obsequio hecho a su diosa, sólo piensan en iluminar la ciudad, en revolverse amistosamente con los griegos y en divertirse en buena paz y compañía.

Tan bien lo hicieron, que las guardias se abandonaron y todos se entregaron esa noche, con la mayor confianza, a la diversión, al vino y los placeres.

Cuando sus enemigos los vieron bien confiados, dormidos y borrachos, hicieron que pariera el caballo; pero ¿qué parió?; no, no fue el parto de los montes: fue un ejército de soldados armados y en su juicio, vengativos y desesperados, que juntos con sus compañeros los de afuera, sorprendieron a los miserables troyanos, mataron casi a todos, incendiaron la ciudad, y en una noche de confianza, de paz, y con un pretexto de religión, consiguieron lo que no habían podido lograr en muchos años de guerra y con las armas en la mano.

No les faltó un ciudadano que les advirtiera no creyeran a los griegos, ni se fiaran del caballo que les ofrecían; pero ellos no lo creyeron, y pagaron muy caro su confianza.

Tampoco a los anahuacenses(7) les falta hoy mismo quien les advierta que no se fíen en la victoria, que suponemos lograda sobre el castillo de Ulúa. Las ligas de los que quieren sofocar la libertad existen, y la rendición de una fortaleza nuestra, en la que salimos perdiendo al tiempo de ganar, no los retraerá de sus malditas intenciones.

Es preciso, pues, que renovemos nuestros votos en las sagradas aras de la libertad, prometiendo mil veces morir primero que perderla.

Contra la Liga extranjera(8) sería muy del caso levantar un ejército de línea de cincuenta mil hombres, para que guarden las costas e impidan un desembarco el día que lo intentaren los tiranos; que a la mayor brevedad se levanten baluartes en los puertos en que no los tenemos; que a toda costa formemos una federación de repúblicas con nuestros hermanos del Norte y los de Colombia, etcétera. Que se interese el gobierno en que nos habiliten de buques, pues si carecemos de éstos, siempre quedaremos vendidos y expuestos a las irrupciones que amenazan; que se inviten y se paguen bien a cuantos extranjeros constructores de barcos vengan a radicarse y a enseñar el arte de fabricarlos.

Tenemos muy buenos puertos para el caso, con excelentes bahías, como Acapulco,(9) Papanoa,(10) Zihuatanejo,(11) etcétera, por el sur, donde hay inmediatas las mejores maderas y cuanto se necesita para fabricar los buques que se quieran.

Que para que haya dinero se tomen por el gobierno, provisionalmente, las más activas disposiciones, y pudieran ser oportunas las siguientes:

1. Que presten las iglesias catedrales, y las demás, toda la plata y oro que tengan, exceptuando solamente las custodias y vasos sagrados que inmediatamente sirven en el santo sacrificio de la misa. Siendo este préstamo por cuenta y razón, y quedando obligada la nación a su total reintegro al momento que se desahogue.

2. Que se publique por bando, que todos presenten los reales(12) que tengan efectivos con los bustos de Fernando VII o Agustín I,(13) para amonedarlos con las armar republicanas, bajo la pena, a los ocultadores del total comiso de los que se les hallen sin el nuevo tro[qu]el, dentro de un término corto y perentorio.

3. Que se prohíba severísimamente toda extracción de moneda de puertos afuera, bajo la pena del comiso a los extractores, y la de muerte a los empleados y guardas que protegiesen la extracción.

4. Que desde luego entren los diezmos al tesoro público, pagando la nación competentemente a los señores obispos, prebendados y curas; y quedando en el hecho libres todos los pueblos de pagar los bautismos, entierros, misas, confesiones, casamientos, etcétera.

5. Que según fueren muriendo los señores canónigos, vayan suprimiéndose esas plazas, hasta que la nación reflorezca y las vuelva a establecer, si lo tuviere a bien y necesario.

6. Que se funda cuanto cobre se pueda, aunque sean campanas, y se haga moneda igual en todo a la de plata, dándole el valor correspondiente; y para que valga más y pueda falsearse menos, que se ligue con una parte de calamina, con lo que quedará más hermosa.

7. Que se ponga libre el ramo del tabaco,(14) suprimiéndose tantos sueldos inútiles y quedando este dinero a beneficio del erario; pagando solamente, cada cosechero, un peso por cada arroba que venda, y otro el comprador en el lugar en que consuma.

Semejantes providencias me parece que bastarían por ahora a ahuyentar la general miseria, el gobierno respiraría, se podría mantener el pie de ejército de cincuenta mil hombres puntualmente pagados; y las provincias, aun en el estado de federalismo, no repugnarían este plan como generalmente provechoso, y que les interesaba para coadyuvar con las tropas que les correspondiesen.

Es verdad que los fanáticos, tomineros,(15) serviles y mercenarios harían sus alharacas por la supresión de canonjías, nueva administración de diezmos, tasación de curatos, préstamo de platas y abolición de aranceles arbitrarios.

Conozco mucho a estos cristianísimos declamadores. En tocándoles al interés, en llegándoles a la bolsa, aquí es ella levantan su furibundo grito y exclaman, dicen y predican: "que la religión se va a acabar; que la herejía ya se quitó la máscara; que ése es el fruto de la república; que el fin es hacer morir de hambre a los santos sacerdotes para que se acaben, y con ellos la religión de Jesucristo; que los diezmos , son de derecho divino y suyos y muy suyos, y que nadie puede disponer de su administración sino ellos", y otras sandeces de esta clase, con las que manifiestan su crasa ignorancia, ninguna religión y suma codicia.

Es verdad que con tales invectivas algo desopinarían al gobierno entre los muy payos y muy hipócritas fanáticos; pero éstos, no bien experimentarían los felices resultados de estas saludables providencias, cuando levantarían al cielo las manos y llenarían de bendiciones al gobierno que los había eximido de ser unos eternos tributarios de los curas.

¿Qué gusto, qué consuelo no tendrían los infelices y los pobres indios al ver que no tenían que pagar el bautismo, la misa, el casamiento, la fiesta titular ni nada de eso? ¿Cuánto alivio no sentiría el útil labrador al ver que sólo con pagar sus diezmos quedaba libre de pagar la administración de los sacramentos para su familia y operarios, como ahora los paga sin perjuicio de la causa? ¿Qué fuera de escrúpulos habían de estar luego que se les hiciera entender que los diezmos deben dedicarse al culto divino y manutención de los párrocos, y no para el fausto de las catedrales y lujo de los canónigos, de quienes no se acordó Jesucristo ni los juzgó necesarios para el establecimiento de su Iglesia?

Yo aseguro que viendo los pueblos los beneficios reales que les resultaban a su favor con estas saludables reformas, olvidarían el fanatismo en esta parte.

Por lo que toca a precavernos de nuestra Liga interior, de estos serviles que a fuerza quieren rey como los israelitas, y desearan darnos uno aunque fuera deespadas o de copas, sería muy bueno el espiarlos; y convencidos del delito de alta traición a la patria, forcarlos, como decía el vir[r]ey La-Croix;(16) pues, pero no a todos, sólo a los autores o cabecillas de las rebeliones. A los bracillos o piececillos, que más son seducidos que seductores, bueno será, puesto que aman tanto a los monarcas y que no les gusta la libertad, regalárselos al gran turco, en clase de sus fidelísimos esclavos, que no dejará de admitir el obsequio.

Pero no: dárselos tan de balde no conviene. Lo mejor sería cambiárselos por lindas georgianas, que las tiene a ojo y sin contar, como se dice vulgarmente. Me cuentan que la más linda georgiana o circasiana vale cien pesos nuestros; conque chico con grande, hermosas de primera con segunda clase, por cálculo prudente valdrán a sesenta pesos unas con otras.

Ahora bien: ¿cuánto valdrá un servil, el mejor y más bien plantado? Yo lo regulo, pagado con estimación, en veinte reales, y es menester sahumarlo con estoraque. Conque según la cuenta, por veinte y cuatro serviles nos puede dar el moro una linda circasiana o georgiana.

Por 48 serviles.... 2 hermosas.

Por 96 idem.............4 idem.

Por 192 idem ..........idem.

Por 384 idem..........10 idem.

Por 768 idem..........32 idem.

Por 1536 idem.........64 idem.

Y he aquí, en resumidas cuentas, que a cambio de 3048 americanos infames, enemigos de su libertad y de la patria, tendríamos ciento veinte y siete muchachitas divinas que embellecerían el Anáhuac, y reemplazarían una población liberal, mejor que la que dejarían los esclavos, pues de éstos hasta la raza es abominable.

Las bellas georgianas, por la falta de ilustración, las venden sus padres como esclavas; pero ellas no desean serlo; nuestros serviles monarquistas paisanos nacieron esclavos; Hidalgo,(17) Morelos,(18) etcétera, etcétera, los hicieron libres, y no les acomoda la libertad; ansían por reyes y cadenas. Es menester decir que las lindas que nacieron esclavas, por desgracia, fuera de nosotros, deben ser libres; y los americanos que han gustado la libertad y ansían por las cadenas, deben ser esclavos; y así, cambiemos serviles por georgianas, y diez muchachitas hermosas, humildes y ansiosas de libertad, suplirán la falta de mil serviles enemigos suyos y nuestros.

Deseara que todos los presos por la conspiración tramada para el 2 de octubre fueran inocentes, y que saliesen vindicados y absueltos, atribuyéndose a una delicada sospecha del gobierno sus prisiones; pues más valía creer un gobierno nimiamente celoso, y aun ligero en castigar los delitos de lesa patria, que creer que entre los mismos americanos haya hombres tan prostituidos que se atrevan a venderla.

Yo tengo un corazón sensible, pero conozco que el suplicio sigue al crimen, y que si le falta vigor al magistrado para castigar al criminal éste mañana asesinará mil inocentes. El pueblo es el espión de los jueces. En estos casos, cuando advierte en ellos lenidad con los delincuentes, no sólo los maldice sino que los juzga cómplices. Los delitos contra la patria no admiten indulto.

He dicho que soy sensible; pero si mi padre estuviera envuelto en una conspiración contra mi patria y yo fuera su juez, me cubriría la cara como Bruto cuando sentenció a sus hijos por traidores, pero muriera mi padre por mi orden. Primero es la patria que el padre y la madre, la mujer, los hijos y nosotros mismos. ¡Ah!, yo deseara inspirar este amor en todos mis paisanos.

NOTA. Este papel, los anteriores y posteriores, se hallarán en donde se imprimen.


 


(1) México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1823.

(2) petate. Cf. nota 4 a Desvergüenzas y excomuniones...

(3) mamón. "Bizcocho blando de harina y huevo; especie de marquesote o panqué." Santamaría, Dic. mej.

(4) Segundo ataque al castillo de San Juan de Ulúa, México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1823.

(5) Agustín de Iturbide. Cf. nota 7 a De don Servilio al clamor...

(6) Cf. nota 11 al Segundo ataque...

(a) De esta historia verdadera viene el que el vulgo llama Caballito de Troya a cualquier escultura de caballo desmedida que ve; y por eso le llaman Caballito de Troya a la estatua ecuestre de Carlos IV [cf. notas 1, 6, 10, 11 y a a Tristes lamentos...]. Escribo para el pueblo, y así no se me critiquen estas explicaciones.

(7) anahuacenses. Cf. nota 8 a La herejía justificada 2...

(8) Santas Ligas. La exterior, cf. nota 4 a Segundo sueño... La interior, cf. nota 2 aLa nueva revolución...

(9) Acapulco. Cf. nota 5 a La revolución de Oaxaca...

(10) Papanoa. Ensenada de la costa de México, correspondiente al Océano Pacífico, situada al noroeste de Acapulco.

(11) Zihuatanejo. Bahía en el estado de Guerrero, en el litoral del Océano Pacífico, que se forma a doce kilómetros al sur de Ixtapa.

(12) reales. Cf. nota 19 a El cucharero y su compadre...

(13) En los años 1809 a 1821 fueron acuñadas las monedas que presentaban el busto de Fernando VII. En noviembre de 1821, la Soberana Junta Provisional Gubernativa resolvió que las monedas se siguieran acuñando con los mismos troqueles de 1821; así, el busto de Fernando VII siguió poniéndose en las monedas del resto de ese año hasta junio de 1822 en que se cambió el tipo; cuando Iturbide fue declarado emperador, se decretó (11 de junio de 1822) que en las monedas de oro y plata se pusiera su busto, con este lema: Augustinus Dei Providentia. Cf. nota 3 a Alerta mexicanos... y 8 a Fuga de Guerrero...

(14) ramo del tabaco. El visitador Gálvez estableció el estanco del tabaco como una de las primeras reformas. Fue uno de los principales ramos de la Real Hacienda destinados a España. Este estanco conllevó restricciones a su cultivo, elaboración y comercio. Durante la guerra de independencia fue una de las rentas más productivas.

(15) tominero. Santamaría dice que es un vulgarismo por cominero. Dic. mej. Ramos i Duarte le da significación de miserable, mezquino, cicatero. Diccionario de mejicanismos... México, Imprenta de Eduardo Dublán, 1895, p. 487.

(16) Cf. nota c a Por la salud...

(17) Miguel Hidalgo y Costilla. Cf. nota 12 a Vida y entierro...

(18) José María Morelos y Pavón. Cf. nota 37 a Segunda defensa...