QUIEN LLAMA AL TORO SUFRA LA CORNADA

 

O sea crítica del libelo infamatorio, que con el nombre de Censura
dio don J. M. L. en los diarios de esta capital: 20, 21 y 
22 de diciembre
de 1811, contra el autor de ésta, [José] 
J[oaquín] F[ernández] de L[izardi](1)

 

 

Señor público: Creo en el [sic] su excelencia todas las prendas, que le supone don J. M. L.(2) (a quien Dios perdone) y por lo mismo puede decir, si es cierto, había llevado yo a su casa una respuesta algo amarga para don M. G., autor de la censura estampada en su periódico (9 de diciembre, número 2259),(3) creyendo que era el bueno de don J. M. L. (objeto de la presente), pues no hizo más aquél que copiar lo que éste había mal producido; pero cerciorado yo de la falsedad de mi concepto, le supliqué por medio de una atenta carta no diese a luz la expresada respuesta, pues don J. M. L. No era digno de ella. Esto prueba mi modo de pensar.

Hoy 20 de diciembre he visto el libelo, que sin razón llama crítica su autor, el dicho don J. M. L.,(4) pues sus objeciones son fútiles y despreciables, y su estilo demasiado insultante, ordinario y soez, no sólo ajeno de uno que presume de literato, sino de cualquier hombre bien nacido.

Pudiera yo, señor público, valerme del consejo del mismo Iriarte, que él cita, pues dice en la fábula 30:

 

Bien hace quien su crítica modera;
pero usarla conviene ciertamente
contra censura injusta y ofensiva,
cuando no hablar con sincero denuedo
por razón arguye, o mucho miedo.(5)

 

Ningún miedo y mucha razón tengo; y así podría escribirle con tinta corrosiva: ¿tan difícil es decirle burro a quien me dice caballo?,(6) ¿tan difícil es argüir con improperios y no con justicia? No por cierto; cada día vemos usado este dialecto en los bodegones y tabernas. Yo no he cursado esas aulas, y, por lo mismo, desdeño sus ejemplos; pero con la venia de usted diré algo al caballero don J. M. L. aunque en estilo diverso al suyo:

Más notables son los yerros en el impugnador de un libro, que en el escritor. No es loable el que merece ser impugnado, ¿qué diremos del que le impugna mal o incurre impugnándole en nuevos motivos de reprensión?El Kempis de los literatos, p. 194.(6a)

Sí, mi señor, agradezco a usted los expresivos elogios con que usted me honra sin mérito mío, sino por sola la bondad de usted que dice ser yo un ignorante, es verdad; pero orgulloso y engreído, a otros les viene mejor, y lo tienen probado, y no lo digo por usted, pero vamos espulgando por encima y superficialmente su libelo.

Dice que la cocinera, el aguador y el muchacho aprecian mis mamarrachos, y qué ¿el sabio E. L. B.(7) es algo de esto? Responde mihi. Pues este literato caballero hace una enérgica y desinteresada defensa de algunos papeles míos (dos de ellos impugnados por usted: El testamento del gato(8) y Bueno es hacerse el tupé...,(9)etcétera). ¿Si será este señor más ignorante que los más ignorantes? Se deduce porque los más ignorantes conocen los defectos crasos de mis papeles, y E. L. B. no; luego, es más ignorante que los más ignorantesResponde illi.

Dice usted que ¿cuál es la cuestión? La cuestión es sobre si estos defectos son tan crasos, que los más ignorantes los conocen. Y en ella nos quedamos y vuelvo a ganar la apuesta, y usted se contradijo y no le vale la especiosa solución de que quiso decir los descubriría al público ¡Gracioso efugio!(10) Usted dijo los más ignorantes, sin expresar si de los frailes, clérigos abogados, trinitarios, etcétera. Los más ignorantesha dicho generalmente delante de Dios y todo el mundo; luego, yo debo entender que, pues no expresa, habla de los más ignorantes de México; luego, del público; luego, si necesita explicárselos se contradijo; luego, si está en esa necesidad, no son tan crasos; luego, si no son tan crasos, es usted un impostor; luego, si es un impostor, merece el desprecio de los literatos y de los más ignorantes. ¿Qué tal señor J. M. L.? Creyó usted encontrar con un Juan Lanas(11) y parece que se le va volviendo la criada respondona.(12) Ahora empezamos:

¿Conque el aguador, la cocinera y el muchacho sólo se diferencian de los brutos, por lo común, en la cualidad risible? ¿Conque obran por puro mecanismo? ¿Conque el aguador sabe remendar su chochocol?(13) (¿si estará este nombrecillo en el diccionario de usted?), no por la cualidad risible, la cocinera guisa por la cualidad risible, y el muchacho llora por no ir a la escuela por la cualidad risible? Pues señor mío, la ignorancia o sabiduría no disminuye ni aumenta la esencia constitutiva del hombre: tan hombre es y tan distinto del bruto el más estúpido salvaje como el más erudito cortesano. La falta de uso de su razón no prueba carencia. ¿Si me entenderá usted?; pero si no, lea los Discursos filosóficos sobre el hombre,(14) y en ellos verá citado a un arriano que se explica con más piedad que usted. En el particular, oiga usted algunas de sus palabras: "Muchas cosas tienen lugar en sólo el hombre por ser precisas a un animal dotado de razón; y muchas hallarás también en él, que le son comunes a los brutos. ¿Pero éstos acaso tienen el conocimiento de las criaturas que perciben? De ningún modo, porque una cosa es el uso y otra el conocimiento".

Pero anduvo usted tan escaso que no se contentó con hacerlos sólo risibles, sino locos; ¿qué quiere decir que se ríen por capricho, por antojo y poquísimas veces con fundamento? Señor mío, siempre que el hombre libremente se ríe es con fundamento, porque se le representa una idea festiva, que le excita la alegría, cuya pasión desahoga riendo, así como la tristeza, llorando. Dije libremente para exceptuar la risa sardónica y la de las cosquillas, y aún éstas tienen su causa física que no explicaré a usted porque creo no entiende cosa de fibras, diafracma, contracciones,etcétera, y no es del caso. Pero, ¿es posible que usted, tan celoso por el honor de su patria, haya de igualar a sus paisanos los aguadores, cocineras, etcétera, con los brutos? ¿Qué dirán de esto los extranjeros? O dio inmortales, ubinam gentium sumus!(15) Entre brutos risibles, ¿no es eso?

Me he detenido en esto más de lo que pensaba porque me da lástima el que se tengan por casi brutos a los pobres, que usted nombra, y porque menos me duele que usted me harte de injurias, que no que compare tan impíamente a mis hermanos, sean los que fueren. Vamos conmigo.

Los versos míos —"pero ahora verán"— no los critica usted, sino los traslada. Para eso ya se lo sabían los que lo leyeron. La temeridad que dice usted en su notita tuve que aplicar el epíteto de trompeta,(16) etcétera, a los poetas buenos, en mi papel Quejas de algunas mujeres,(17) es de usted de ponerse a censurar lo que no entiende: una de las obligaciones del poeta es revestirse del carácter de la persona que finge. Ese papel es una sátira contra las mujeres profanas descontentas con los poetas que les descubren sus faltas. Está bien claro, léalo usted despacio: en boca de una de estas mujeres está la tal expresión. Conque tan libre está de la injusta censura de usted, cuanto que demuestra bien el carácter y modo de explicarse de una mujer enojada con los poetas que manifiestan sus defectos.

Que la crítica extranjera es partidaria siempre de las glorias de su país y rival de las ajenas, distingo; si es como la de usted, concedo; si es juiciosa e imparcial (como debe ser toda buena crítica), n[i]ego.

Que el decir yo que era criollo, sea impertinencia, puede ser; pero es mayor criticar lo que no se entiende (y van dos). Ni tamaña ironía fue decir a usted que yo estoy contento con ser criollo, y jamás he apostatado de mi nación en mis papeles disfrazándome de ruso, ni de inglés como usted. ¿A qué viene esa mentira? ¿Tendrán más mérito sus versos porque se ponga: Inglés Canazul o Gran Tamerlán de Persia?(18) La bondad o maldad de una producción está intrínsecamente en ella misma, etcétera. ¿Si me entenderá usted?

Dice usted que unos de los más crasos defectos de la poesía es truncar, etcétera.(19) Y si le cito a usted, autor poético, que defienda lo contrario, ¿qué dirá? Por ahora basta que sepa usted que hacerlo una que otra vez (como yo) no es defecto. Muchos, casi todos los autores que he leído, truncan algunas veces. ¿Qué dijera usted si yo truncara una dicción? Me quisiera matar, pues mire al gran Horacio:


...mirabor si siet inter-
noscere mendecem...
(Arte poética, versos 424 y 425)(20)

 

Ya vio usted esto en latín, pues véalo en castellano, y no es su autor mal pollo:(21) el padre mercedario fray Luis de León:

 

Y mientras miserable-
mente se están...
(página 4)(22)

 

¿Conque, si el poeta puede cortar una dicción alguna vez, por qué no un periodo? Porque no quiere don J. M. L. y basta. Amigo, lea usted bien la décima de Iriarte que me cita y verá que dice arriba que este autor burló en la suya a un poeta queacostumbraba truncar: ¿qué va de costumbre, a un aliquando?(23) ¿Usted sabe qué es costumbre? Creo que no.

La décima con que usted me injuria está famosa. Dígame, ¿qué tal está este versito de usted?:

 

"Conocerlo, e irse a..."

 

Vamos, ingenuamente responda, ¿está cabal? Pues así no se imita a Iriarte. Y el castellanito que sale de la décima, y el pobre según que en sus obras no hay ningún mérito, parece al que usó el cochero que riñó con don Quijote.(24) Se deja ver que usted desciende de vizcaíno. Yo también, pero no sé el estilo.

Embriaguez consonante de que es y virtuosos de mosos.(a)

Si éste es defecto, tiene autoridades que lo apadrinen, y, aunque no, valga el que los criollos pronunciemos iguales la c, la s y la z, y leyendo usted mismo (sin afectación) los versos que murmura, no le han de disonar a ninguno. Pero de paso, dígame, ¿por qué me levanta tamaño testimonio y dice que en mi papel el crítico y el poeta(25) yo me hago crítica y me supongo el poeta? ¿Es usted santo o se lo dijo el diablo? ¿Cómo adivinó que yo me quise hacer el poeta y no el crítico? A más que yo no me supongo ser el uno ni el otro: yo introduzco en el poemita dos hombres, y ellos hablan lo que quieren sin meterme en nada. ¿O dice allí el crítico: tal es usted compadre [José] J[oaquín] F[ernández] de L[izardi] de caballo?(26) Ellos hablan sin decir sus nombres, pero usted quiere que sea yo precisamente el poeta, y basta.

¿No sabe usted qué quiere decir: "y comprar porque algo ataje un plumaje"? Dios libre a usted de saberlo si es casado, pero tenga usted la satisfacción de que sólo usted ignora el sentido de la frasecilla, ni escueza a usted mucho el algo ataje, refrancillo vulgar de nuestros días. Sepa que quien le dio licencia a Quevedo, Cervantes, etcétera, etcétera, para usar en sus versos los dicharachos vulgares de su tiempo, me lo dio a mí... Vates ususque decebunt. ¿Si me entenderá usted?

¿Conque en su diccionario de usted, después de haber andado a las vueltas, sobre la palabrita cangilones,(27) sólo halló que era yo el poeta que puso Quevedo en Las zahurdas de Plutón?(28) ¡Qué mezquino y qué grosero es su diccionario de usted! El que yo he visto, que es el de la Academia Española, dice que cangilones son unos vasos para medir vino y otros licores.(29) ¿Y usted ha visto de qué son fuera de México las medidas del pulque(30) y vino mezcal?(31) Pues son de cuerno, tatita,(32)y por eso aquí se les dice cangilones a los cuernos, bien que no todo cuerno es cangilón, aunque los más cangilones sean de cuerno. Pero con ese argumento al público: todos, todos, todos saben qué quiere decir cangilones en mi versito, menos usted. Éste es defecto suyo, no mío. Dígale usted al hombre que se le antoje: "¿quiere usted que una mujer le ponga cangilones?"... a ver qué le responde.

Muy fuera de propósito cita usted los versitos de Quevedo: éste lo que impugna es la impropiedad de la palabra traída, como dicen, de los cabellos, sólo por el consonante (yo también ridiculizo lo mismo en mi El crítico y el poeta, léalo usted sin enojo), y por eso comienza:

 

Dije que una señora era absoluta,
y siendo más honrada que Lucrecia,
por dar fin al cuarteto la hice p...(33)

 

¿Si me entenderá usted? ¿Se versa igual impropiedad en mi versito? ¡Qué crítica! Esto ya no es dormitar aliquando el buen Homero, sino roncar a pierna suelta.

Que los hombres se pelen no es notable, que nunca el pelo como adorno han visto, digo yo en mi Furiosa y pelona,(34) y usted, espantado de aquel nunca, exclama en un tono terrible: "¿conque nunca, anticuario miserable?" ¿No sabe usted qué eshipérbole? ¿Conque aquél nunca lo ha de entender usted literal y el trompeta de lasQuejas de las mujeresirónico? ¡Qué bueno! Respective a las mujeres, y generaliter loquendo, repito, que los hombres, todos los hombres del mundo, esto esgeneralmente, nunca han visto como adorno el pelo así como las mujeres, que lo han estimado como una parte necesarísima a la belleza. ¿Si me entenderá usted?

Dice usted que "es regla no multiplicar consonantes ni asonantes",(35) etcétera, pues, ¿quiso decir las mismas palabras consonantes? Porque hacer un poema (no de verso suelto) sin muchos consonantes, o asonantes iguales, sería la misma gracia que hacer una mesa con los cuatro pies disparejos. Pero le hago a usted el favor de explicarlo, y le respondo que lea las poesías de Quevedo, las de Cervantes, desahogos líricos de Celio,(36) etcétera. Acerca de los agudos digo que si es falta, se ve cometida por célebres autores. ¿Si me entenderá usted?

Las objeciones de que falta texto para probar que el gato después de harto comiera conserva, y la otra de que este animal no come dulce, son graciosas. Para hacer ver que el gato era glotón, era menester hacerlo comer manjar no común para él, y esto después de saciado su apetito (son palabras mías). De lo contrario, probaría hambre no gula, que era lo que se intentaba. ¿Es esto entender lo que se critica? Sepa usted que los gatos y otros animales comen lo que [se] les enseña a comer.(37) ¿No ha visto usted caballos que beben pulque y drak?(38) ¿No vio a la elefanta comer bizcochos y fruta, y beber aguardiente? Fuera de esto, en mi casa tengo dos gatos que comen dulce muy bien, venga usted a verlos, tráigales un par de cubiertitos,(39) que no me dejarán mentir.

Dice usted que "el asunto de la Muralla de México está tratado indecorosamente",(40) ¿y lo hemos de creer sólo porque usted lo dice? Esto no es criticar sino hablar mal. He leído las páginas cuarta y quinta que usted cita. En la primera hay un yerro que se deja ver, es de imprenta; en la segunda nada advierto; en la séptima estáquerubines consonante de nubes (y éste se le fue a usted), que estos yerros sean de imprenta lo manifiesta su misma crasitud. Pero yo no quiero que usted me crea sobre mi palabra: vaya a la oficina de Jáuregui(41) y pida el original de ese papel, y se lo entregarán sin las erratas dichas, y firmado por el bachiller don Manuel Sartorio(42) como aprobante. Así se satisface a una objeción.

Hará usted bien en ceder al imperio de sus ocupaciones y no al de sus pasiones, dejándose de escribir críticas que le granjeen el común desprecio.

Para probar de todos mis papeles son malos, me cita la autoridad de Boileau, mal traída y peor traducida. Mal traída porque para que estuviera bien aplicada, era menester que mis versos en lo general fueran como el de usted que, repito:conocerlo e irse a... peor traducida porque el verbo francés blesser significa herir, llagar, lastimar: lea usted el diccionario de Capmany.(43) En el sentido metafórico que lo toma Boileau, dice ofende al oído, no hiere el oído como usted escribe. Lea usted las traducciones de sus cantos por Madramany(44) y Arriaza,(45) y verá cómo el primero en la página II dice: "al oído ofende" y, el segundo, en la página 7: "al oído ofende", no hiere, porque por herir al oído entendemos la afectación en él por cualquiera vibración del aire sea suave o áspera y, en ese sentido, tanto hiere al oído el verso bueno como el malo. Ahora me toca a mí: ¿entiende usted el francés?

En aquellos versitos de Horacio que me cita, falta una comita antes del qui; y aquél quen, póngalo usted, si puede, con m, porque ninguna dicción latina se acaba en n, sino en m. ¿Los impresores, no es verdad...? Sí, digo yo, que los impresores malos son el mismísimo...

Después de todo, ¿éstos son los defectos crasos que usted prometió descubrir? ¿Para esto tamaño libelo y tanta injuria contra mi persona, y no contra mis versos? Concluyo con Horacio:


Quid dignum tanto feret hic promis[s]or hiatu?
Parturient montes, nascetur ridiculus mus.
Arte poética, versos 138, 139.(46)
 

¿Entiende usted latín? Está clarito.

Por no dejar de faltar a la verdad, lo hace usted hasta en su último renglón donde firma. Borre usted el atento y el amigo, que esos epítetos en usted son falsos. Sepa que el Cardillo me ha contado que si usted no responde ésta es porque no tiene qué, y si busca padrino que defienda sus yerros, no se encargará de la comisión ningún sensato. Es de usted lo que usted mismo quisiere J[osé] J[oaquín] F[ernández] de L[izardi].

Posdata. Por consulta, señor público: don J. M. L. me dice en su libelo: ignorante, necio, sandio, orgulloso, engreído, pobre hombre, miserable, vil, bajo, alma media, trompeta, bárbaro, burro, coplero, idiota, oráculo de tontos, cuervo, guajolote, simple, insensato, arrastrado, ratero, etcétera, etcétera. Después de este aguacero(47) dice que me honra mucho. Pregunto, ¿si así honra este caballero, cómo deshonrará? Pregunto: ¿el plebeyo más soez usará más corteses expresiones contra su mayor enemigo? Pregunto, por fin, después que los sabios de México lean su libelo y miCrítica, ¿de quién de los dos formarán mejor concepto, a lo menos en cuanto a la conducta moral de cada uno? Por Dios, señor público, no deje de responderme, así el Eterno le conserve a usted la vida, el tiempo que para sí desea su atento servidor que besa su mano, [José] J[oaquín] F[ernández] de L[izardi].

Se hallará en el Portal de Mercaderes,(48) puesto de La Gaceta.(49)

 

 


(1) En México: Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui, año de 1811. Por lo que dice el propio Fernández de Lizardi, este folleto corresponde al 20 de diciembre; empero cita un artículo de Lacunza del 22 de ese mes. Por lo tanto, salió a la luz después de esta última fecha.

(2) J. M. L. Juan María Lacunza, padre de José María y Juan Nepomuceno Lacunza, fundadores de la Academia de Letrán. Utilizó los seudónimos de "El Inglés, "Juana Mira Cana-Azul", "El Auxiliar", "Azuncal", "Batilo", "Launzac", "Olitab", "Zanluca", así como sus iniciales. Fernández de Lizardi cita el de "Gran Tamerlán de Persia".

(3) Alude a Manuel María Gorriño y Arduengo. "Abate, presbítero, filósofo y colaborador del Diario de México". También colaboró en esa publicación con el seudónimo Román Loñoguri. Cf. Esther Martínez Luna, Estudio e índice onomástico del Diario de México. Primera Época (1805-1812), México, UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Literarios, 2002 (Letras de la Nueva España, 8), pp. 130 y 183 y comunicación verbal de Esther Martínez Luna.

(4) Lacunza criticó, en el Diario de México núms. 2270 a 2272, los versos lizardianos: La verdad pelada; El perico y la verdad; No lo digo por usted, lo digo por el señor; Hay muertos que no hacen ruido; Bueno es hacerse el tupé, pero no pelarse tanto; La furiosa y la pelona; El testamento del gato y La muralla de México. Cf. Obras I— Poesías y fábulas y Obras XIV-Miscelánea, bibliohemerografía, listados e índices, Recop. María Rosa Palazón Mayoral, Columba Camelia Galván Gaytán y María Esther Guzmán Gutiérrez, edición y notas Irma Isabel Fernández Arias, Columba Camelia Galván Gaytán y María Rosa Palazón Mayoral, índices de María Esther Guzmán Gutiérrez, prólogo de María Rosa Palazón Mayoral, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Literarios, 1997 (Nueva Biblioteca Mexicana, 132).

(5) Fábula 30. "El erudito y el ratón": "En el cuarto de un célebre erudito / se hospedaba un ratón maldito / que no se alimentaba de otra cosa / que de roerle siempre verso y prosa./ Ni de un gatazo el vigilane celo/ pudo llegarle al pelo,/ ni extrañas invenciones/ de varias ingeniosas rataoneras,/ o el rejalgar en dulces confesiones,/ curar lograron su incesante anhelo/ de registrar las doctas papeleras/ y acribillar las páginas enteras./ Quiso luego la trampa/ que el perseguido autor diese a la estampa/ sus obras de elocuencia y poesía;/ y aquel bicho travieso,/ si antes el manuscrito le roía,/ mucho mejor roía lo ya impreso./ '¡Qué desgracia la mía!',/ el literato exclama; 'ya estoy harto/ de escribir para gente roedora;/ y, por no verme en esto, desde ahora/ papel blanco no más habrá en mi cuarto./ Yo haré que este desorden se corrija.'/ Pero sí: la traidora sabandija,/ tan hecha a malas mañas, igualmente/ en el blanco papel hincaba el diente./ El autor, aburrido,/ echa de la tinta dosis competente/ de solimán molido,/ escribe (yo no sé si es prosa o verso),/ devora, pues, el animal perverso,/ y revienta por fin. '¡Feliz receta!'/ dijo entonces el crítico poeta:/ 'Quien tanto roe, mire no le escriba/ con un poco de tinta corrosiva.'/Bien hace quien su crítica modera:/ pero usarla conviene más severa/ contra censura injusta y ofensiva,/ cuánto no hablar con sincero denuedo/ poca razón arguye, o mucho miedo." Cf. Las mejores fábulas del mundoop. cit., p. 225.

(6) caballo. Cf. Nota 5 a El crítico y el poeta. Las críticas de Juan María Lacunza están en el Diario de México, t. XV, 2271, 20 de diciembre de 1811.

(6a) El Kempis de los literatos, por D. Joaquín Lorenzo Villanueva, capellán de honor y predicador de S. M. y penitenciaro de su Real capilla, Madrid, en la Imprenta Real, año de 1807, XVI+278 pp.

(7) E. L. B. escribió "Aplaudo el mérito y la virtud donde la encuentro" en el Diario de México, t. XV, núm. 2266, 16 de diciembre de 1811. Hemos registrado un folleto ¿En qué vendrán a parar Iturbide y Volíbar [sic], México, Oficina de don José María Ramos Palomera, 1822, firmado por E. L. V.

En el primer artículo citado, E. L. B. dice: "El Testamento del gato tiene sobrada invención" ... (p. 678). Y efectivamente también defiende Bueno es hacerse el tupé...

(8) El testamento del gato y la segunda parte La muerte y funeral del gato fueron publicados en pliego separado. El primero es de la Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui. Año de 1811, pliego suelto, 8 pp. Posteriormente ambos folletos fueron editados juntos bajo el título de Testamento, muerte y funeral del gatojunto con Noches tristes y día alegre, en 1831.

(9) Bueno es hacerse el tupé, pero no pelarse tanto, sin datos de imprenta; pero el permiso de la censura para su publicación (de Francisco Quintero) es de diciembre de 1811, pliego suelto, 8 pp. Lo menciona E. L. B. en el artículo citado, p. 678. Para la lectura de ambos textos Cf. J. J. Fernández de Lizardi, Obras I, op. cit., pp. 113-117 y 134-138.

(10) efugio. Evasión, recurso para sortear una dificultad.

(11) Juan Lanas. Personaje proverbial, también citado en La Quijotita y su prima. Hubo un escritor que firmá bajo este seudónimo. Véase Respuestillas sueltas.

(12) se le va volviendo la criada respondona. Variante que se usa en México de "salirle a uno la criada respondona": verse increpado o confundido por la misma persona a quien se creía vencida y supeditada.

(13) chochocol. Del azteca tzotzocolli. Cántaro grande o botijo que usaban los aguadores, hasta hace poco más de medio siglo, antes del establecimiento de las tuberías de agua potable. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(14) Discursos filosóficos sobre el hombre. Sólo tenemos noticia de Discurso sobre la verdadera libertad del hombre, trad. Por D. Salzas, Madrid, 1798.

(15) Cicerón, Catilinarias, I, 4.

(16) En el Diario de México, viernes 20 de diciembre de 1811, t. XV, núm. 2270, p. 695, nota 1. Trompeta: borracho. CfSantamaría, Dic. Mej. Califica las Quejas... de "gran papelón", y añade que la palabra "trompeta" empleada por el autor es "aplicada temeraria y atrevidamente a los poetas, que a la verdad con más tino que vuestra merced censuran las costumbres públicas"... Fernández de Lizardi escribió: "Y sólo estos trompetas/ cara de triquitraque,/ nos han de baldonar, sacando nuestras fallas a la calle." Cf. Obras I, op. cit., p. 109.

(17) Quejas de algunas mujeres en el tribunal de Apolo, México. En la Oficina de doña María Fernández de Jáuregui, año de 1811, 8 pp.

(18) Cf. nota 2.

(19) En el mismo número del Diario de México Lacunza escribe: "También es regla bien conocida de la poética no multiplicar sin necesidad en un mismo poema las consonantes o asonantes, y más cuando éstos son abundantes y aquél corto, este defecto se nota en casi todas las poesías de vuestra merced, como en el Testamento del gato, siendo tan fácil la asonante en io en que está dispuesto. Es también otra falta (aunque concebida por célebres autores, aunque pocos) acabar el verso en agudo... lo que sólo es sufrible usado propiamente, y es muy hermoso en los versos de ocho y siete sílabas. Con todo, vuestra merced lo usa con frecuencia en todo género de metros", pp. 699-700.

(20) mirabor si siet internoscere mendacem eurumque beatus amicum. "Me admiraré si sabrá, afortunado, distinguir entre el mendaz y el legítimo amigo." Cf. Quinto Horacio Flaco, Arte poética, introducción, versión rítmica y notas de Tarcicio Herrera Zapién, Centro de Traductores de Lenguas Clásicas, México, UNAM, 1970 (Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana), versos 424-425.

(21) pollo. Astuto, sagaz.

(22) Seguramente Fernández de Lizardi conocía, directa o indirectamente, lasObras propias y traducciones latinas, griegas, e italianas. Con la paráfrasis de algunos psalmos, y capítulos de Iob. Sacadas de la librería de don Manuel Sarmiento de Mendoça,dálas a la impresión don Francisco de Quevedo Villegas, Madrid, Imprenta del Reyno, MDCXXXI, 203 folios. Otras ediciones de esta obra fueron: Valencia, Imprenta de Joseph Thomas Lucas, 1781, 326 pp.; Valencia, Joseph Thomas de Orga, MDCCLXXXV; y la de Madrid de 1791. Aubrey Fra. G. Bell anota: "No es difícil señalar bastantes errores en sus traducciones, gran parte de las cuales fueron sin duda hechas cuando él era joven; no obstante, él mismo se incluye entre los mejores traductores de Horacio, de Virgilio y de Píndaro." Cf. Luis de León. Un estudio del Renacimiento Español, Barcelona, Edit. Araluce, s/f. p. 269.

(23) aliquando. O alicuando. Equivale a decir alguna vez que otra. Cf. Ramón Caballero, Diccionario de modismos (frases y metáforas), primero y único en su género en España, pról. de Eduardo Benot, 2ª ed., Madrid, Administración-Librería de Eugenio Rico, 1905. En el Diccionario Enciclopédico UTEHA se dice que aliquando es el adverbio latino que se traduce alguna vez, de vez en cuando, de tarde en tarde o raras veces.

Aliquando bonus dormitat Homerus: de vez en cuando dormita el buen Homero. Transcripción incorrecta del verso de Horacio (Epístola a los Pisonesquandoque bonus dormitat Homerus, con el que significa que aun los mejores suelen equivocarse alguna vez.

Fernández de Lizardi modificó los dos versos finales de "Hay muertos que no hacen ruido" que había truncado en la versión original.

(24) Cf. Parte I, cap. VIII y cap. IX. No es cochero, sino el escudero que acompaña a una dama que iba en coche. Las palabras del diálogo en que aparece el vizcaíno son: "—Anda, caballero, que mal andes, por el Dios que crióme, que, si no dejas el coche, así te matas como estás ahí vizcaíno.

"—¿Jo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y espada sacas, y ¡el agua cuan presto verás que al gato llevas! Vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dices cosa."

(a) Todos lo poetas españoles consuenan labio con agravio, y son distintas consonantes la b y la v, y ¿por qué no se les nota?, porque no las distingue[n] en su pronunciación: pues así el americano no distingue la z de la s.

(25) Cf. en este volumen.

(26) caballo. Cf. nota 5 a El crítico y el poeta.

(27) En el artículo citado, Lacunza calificó a Lizardi de "oscurísimo coplista" porque no había encontrado el término en su "diccionario castellano", pp. 698-699.

(28) Las zahurdas de Plutón. Es un relato de tipo alegórico inspirado por Luciano de Samosata.

(29) cangilones. Se habla de vasija para líquidos y a veces para medirlos.

(30) pulque. Bebida que se obtiene del agua miel fermentada, es decir, el jugo de maguey.

(31) mezcal. Del azteca mexcalli. Bebida alcohólica que se extrae por destilación de la penca o cabeza de algunas especies de maguey. Cf. Santamaría, Dicmej.

(32) tatita. "Diminutivo de tata que, entre la gente vulgar, sustituye al nombre del padre, como el de nana al de madre; así como entre la gente decente se dice, papá, mamá." Cf. nota d (de Fernández de Lizardi) al capítulo I del t. III de El Periquillo Sarniento.

(33) Cf. Las zahurdas de Plutón en Los sueños, 4ª ed., Madrid, Espasa-Calpe, 1966 (Col. Austral, núm. 536), p. 73. Quevedo termina el verso y pone la palabra "puta" con todas sus letras.

(34) Furiosa y pelonaLa furiosa y la pelona. Es el primero de los Diálogos críticos sobre diferentes asuntos. Cf. nota 20 a El crítico y el poeta.

(35) Cf. nota 19.

(36) desahogos líricos de Celio. No tenemos idea de esta obra de Rufo Marco Celio, orador y político romano del siglo I, discípulo de Cicerón. Lo cita Banchard: "El orador Celio [...] estando cenando con una persona de naturaleza dulce, y que aprobaba cuanto él decía, no pudo al fin sufrir su uniforme complacencia: Por Dios, exclamóniégame alguna cosa para que seamos dos." Escuela de las costumbres. O reflexiones morales e históricas sobre las máximas de la sabiduría, trad. Ignacio García Malo, Madrid, Imprenta de Villalpando, 1797, t. I, p. 110.

(37) Refiriéndose a la nota 1 del poema El testamento..., Lacunza escribió: "En el citado Testamento trae vuestra merced, con harta impertinencia, la autoridad del célebre naturalista Buffon, en apoyo de que en las propiedades del gato hay muchas semejanzas con los vicios del hombre en sociedad, cosa que no necesita más garante que la experiencia. Fuera muy a propósito, y a la verdad necesarísimo, darnos textos que nos probasen que un gato, después de estar repleto de jamones,chorizos y queso, tenía aún disposición y estómago para asaltar una olla de conserva de membrillo, cuando el uso nos enseña que este delicado animal, ni aún acosado por el hambre, con dulce, y mucho menos de ácido membrillo. Pero, tata, membrilloes asonante de io, y esto bastó a vuestra merced para tomarse la libertad de ir contra la naturaleza", p. 700.

La nota 1 de Fernández de Lizardi dice: "Buffon [...] describe exactamente las propiedades del gato; en efecto, en este animal se ve el retrato vivo de los vicios que apuntamos en esta friolerilla; el provecho que trae limpiando la casa de ratones (si la limpia) lo desluce con los perjuicios que causa". Cf. Obras Iop. cit., p. 122.

(38) drak. O draque. Aguardiente muy aguado. Salvá Macías dice: "'Aguardiente con azúcar. Bebida refrescante hecha con agua, azúcar y aguardiente a la que algunos agregaban zumo de limón'". También se aplicaba para algunos males de estómago. Cf. Santamaría. Dic. mej.

(39) cubiertitos. Si es el plato o bandeja en que se sirve pan, bizcochos y el refresco, por extensión debe aludir a un dulce hecho de pan.

(40) "Por hablar el papel de vuestra merced La muralla de México de un asunto tan divino como indecorosamente tratado, siendo su principal objeto la visible protección de nuestra dulce madre María santísima de los Remedios hacía de los americanos, no haré sobre él más reflexión que aconsejarle lea con más cuidado que el que seguramente tuvo cuando le dio a la estampa las páginas 4 y 5, y bórrelas si puede". En el Diario de México, t. XV, núm. 2272, 22 de diciembre de 1811, p. 701.

Después de la respuesta de nuestro autor, Lacunza dijo: "Usted se persuade que en su papel de La muralla de México se me fue hacer mención de las palabras nubesquerubines como no consonantes entre sí, cuando deberían serlo, y usted, sin duda debió decir querubes (y en efecto así lo mandaría usted a la imprenta). No, señor mío, advertí esto y otros más yerros, que luego me supuse serían de imprenta, y de los cuales, por esta razón, no hice aprecio. En cuanto a las razones que tuve para encargar a usted leyese con más cuidado las páginas 4 y 5 del sobredicho papel, no las doy porque peor es meneallo." Diario de México, t. XVI, núm. 2303, jueves 23 de enero de 1812, p. 90. Cf. Obras XIV— Misceláneaop. cit. Fernández de Lizardi desafió de nuevo a Lacunza: "Quisiera yo me demostrara usted sin rebozo cuáles son los defectos de las páginas 4 y 5 de mi papel La muralla de México, porque decir que no lo hace porque peor es meleallo es razón de pie de banco". Diario de México, núm. 2326, 15 de febrero de 1812, p. 185. Para ver el texto de La muralla. Cf. Obras I, op. cit., p. 96. Conviene señalar que Lacunza inició sus ataques contra Fernández de Lizardi en el Diario de México, t. XV, núm. 2220, de 31 de octubre de 1811, pp. 494-496. Cf. Amigos, enemigos y comentaristas I-1 (1810-1820), recopilación, edición y notas María Rosa Palazón Mayoral, Columba Camelia Galván Gaytán, María Esther Guzmán Gutiérrez, Mariana Ozuna Castañeda y Norma Alfaro Aguilar, índices María Esther Guzmán Gutiérrez, introducción María Rosa Palazón Mayoral, México, UNAM, Instituto de Investiaciones Filológicas, Centro de Estudios Literarios, 2006 (Nueva Biblioteca Mexicana, 163).

También en el Diario de México, t. XVI, núm. 2311, de 31 de enero de 1812, Lacunza ataca a Lizardi aunque con más benevolencia: "no tengo embarazo en confesar que el papel Hacen las cosas tan claras que hasta los ciegos las ven... es uno de los menos malos de este autor; y aun estoy por decir que, quitando uno que otro escrupulillo, es bueno en su clase" (p. 122). Fernández de Lizardi respondió: "Si en mi papel... hay escrupulillos, según don J. M. L., que lo constituyen malo: en su fábula [El piojo y las hormigas] hay pecados mortales, que la hacen nefanda". Diario de México, t. XVI, núm. 2325 del 4 de febrero de 1812, p. 180.

(41) Oficina de Jáuregui. En la calle de Santo Domingo, hoy Brasil.

(42) José Manuel Sartorio (1746-1829). Sacerdote y escritor mexicano. En el gobierno virreinal fue censor de libros y periódicos. En la Independencia fue vocal de la Junta Provisional Gubernativa. Escribió Poesías sagradas y profanas, que fueron editadas póstumamente (1832).

(43) Antonio de Capmany Surís y Montpalau (1742-1813). Polígrafo, político, historiador y filólogo catalán: "siguió la carrera militar, después de haber estudiado lógica y humanidades en el colegio episcopal de Barcelona, á cargo de la Compañía de Jesús. Fué cadete en el regimiento de dragones de Mérida y subteniente en el de tropas ligeras de Cataluña, asistiendo con él mismo á la campaña de Portugal en 1762. Tomó el retiro en 1770 [...] Se retiró á Madrid en 1774. Allí fué admitido en 1776 en la Real Academia de Historia, de la que fue secretario de 1790, ingresando más tarde en las de Bellas Letras de Barcelona y Sevilla. Fué también secretario de la Junta de Arbitrios de Su Majestad, miembro de la Junta de examen del nuevo plan de fomento de la isla de Ibiza, y obtuvo el nombramiento de lector y editor de los tratados de paz de los reinados de Felipe V, Fernando VI, Carlos III y IV [...] En 1803 fué director de la Gaceta de la Regencia de España é Indias que se publicó en Cádiz en lugar de la Gaceta de Madrid, al caer Sevilla en poder de los franceses [...] El día 14 de Noviembre de 1813 falleció en Cádiz víctima de la epidemia de fiebre amarilla que por entonces invadió la ciudad [...] Para juzgar la labor literaria de capmany hay que estudiar su obra de historiador que representa un aspecto muy diverso de la del filólogo, preceptista y sociólogo. Su libro mejor, dentro de aquel género, son las Memorias históricas sobre la marina, comercio y artes de la antigua ciudad de Barcelona (Madrid, 1779) [...] su refundición y adición al Diccionario geográfico universal de Echard que publicó por encargo de la Real Compañía de Libreros (Madrid, 1783) [...] Como preceptista no ofrece mucha materia de admiración su Arte de traducir del idioma francés al castellano (Madrid, 1776), tiene de notable su parte gramatical que es de lo mejor que posee la preceptiva castellana, y como trabajo útil y de pacientísima labor del catálogo de voces, frases é idiotismos con que la completa [...] terminamos este artículo con un catálogo de las obas que dejó inéditas y son [...] Clave general de la ortografía castellana, Plan de un diccionario de voces geográficas de España, Diccionario fraseológico de las lenguas francesa y española comparadas, Nuevo diccionario francés y español (se publicó en Madrid en parte, en 1805), Colección de refranes castellanos, Plan alfabético de un diccionario del sinónimo castellano, Diccionario de tecnicismos navales (letras A hasta la G), Frases metafóricas y proverbiales de estilo común y familiar, Pruebas de la filiación de la lengua castellana, Reforma del diccionario galo-castellano ó gramática patriota." Cf. Enciclopedia universal ilustrada, Madrid, Espasa-Calpe, 1913.

(44) Mariano Madramany y Calatayud (1750-1832). Sacerdote, filósofo, abogado y escritor español. Secretario de la Inquisición en Valencia y fiscal en Mallorca. Autor del Tratado de la locución... y buen estilo respecto al castellano, y de muchas obras más. En El Pensador Mexicano número 2 del tomo I, Fernández de Lizardi cita la traducción de Madramany de Arte poética de Boileau.

(45) Juan Bautista Arriaza y Superviela (1770-1837). Poeta español. Siguió la carrera militar. En 1797 publicó sus primeras poesías Las primicias. En 1799, una colección de poemas Ensayos poéticos. En Londres terminó Emilia (1803), poema descriptivo y moral. Fue partidario del absolutismo monárquico, por lo que combatió por igual a los afrancesados y al partido constitucional que se formó en 1812 en torno a las Cortes de Cádiz. Esta ideología se refleja en sus Poesías patrióticas(Londres, 1810 y Madrid 1815), en el folleto El fanal de la opinión (1809), y en el opúsculo Observaciones sobre el sistema de guerra de los aliados de la Península(Inglaterra, 1810). También escribió el melodrama Realidad en ilusión (1823). Sus cantos guerreros más notables son: Los defensores de la patria, el Himno de la victoria, la Profecía del Pirineo, el Dos de mayo de 1808, y su poesía fúnebre a la memoria del duque de Alba La comparsa. Se conoció un volumen de sus Discursos políticos. En El Pensador Mexicano, Fernández de Lizardi cita a este autor como traductor del Arte poética de Boileau. Los datos bibliográficos son: Arte poética, trad. en verso castellano, y dedicado a la clase poética del Real Seminario de nobles, por D. Juan Bautista de Arriaza, Madrid, Real, 1807, 90 pp.

(46) "¿Qué irá a decir este hablador que tanto promete? Paren los montes, nacerá un ridículo ratón." Corresponde a los versos citados. Pensamiento de Horacio que se aplica como burla cuando a las grandes promesas siguen resultados ínfimos o ridículos. Sobre el tema escribió el Arcipreste de Hita. En "Remedio del amor" de suTeatro crítico universal, Feijoo escribe: "¡Oh! Cuántos lectores me parece que oigo que, al llegar aquí, me insultan con aquello de Horacio:

Quid dignum tanto feret / hic promissor hiatu?", edición, pról. y notas de Agustín Millares Carlo, Madrid, Espasa-Calpe, 1955 (Clásicos Castellanos núm. 67), p. 195.

(47) aguacero. En este caso improperios en gran cantidad que caen sobre una persona.

(48) Portal de Mercaderes. Estaba ubicado en la Plaza Mayor, a un lado de la Catedral.

(49) puesto de la Gaceta. Sabemos que en los portales de la Plaza Mayor había una alacena del ciego Tiburcio que vendía periódicos.