¿QUÉ HICIÉRAMOS SI LA ESPAÑA 
NOS DECLARARA LA GUERRA?(1)

 

 

Aquí podía concluirse este papel; pero entonces ¿quién lo comprara? Ninguno, pues fuera una simpleza dar medio real(2) por medio pliego de papel blanco, y así es preciso llenarlo; pero con materia interesante. Repito pues la pregunta:


¿QUÉ HICIÉRAMOS SI LA ESPAÑA NOS DECLARARA LA GUERRA?

Ya parece que oigo varias respuestas. Unos dirán: ¿qué guerra nos ha de declarar España, cuando está impotente, sin armada, sin gente, sin dinero y sin ganas, según el sistema que ha adoptado de libertad?

Otros dirán: aun siendo posible tal declaración, el gobierno sabrá lo que debe hacer en ese caso, que a nosotros no nos toca disponerlo.

Así irían respondiendo muchos, y quizá no faltarían algunos que dijeran: como no nos toquen a nuestros intereses, allá se lo hayan.(3) Nosotros sacaremos partido, sea cual fuere la suerte del Imperio. A bien que el rico, en no siendo bobo, queda seguro en cualquier gobierno.

A los primeros confiados les respondería yo que no hay que fiar en la debilidad de España, pues es nación emprendedora. Más débil estaba cuando expelió a los franceses de su suelo, y mucho más impotente cuando resolvió sacudir el yugo de los sarracenos que la habían oprimido tantos siglos.

Con un puñado de hombres se fortificó don Pelayo en las desiertas rocas de Asturias y Vizcaya, único terreno de que aún no se habían posesionado los moros. Allí juraron los pocos españoles valientes morir o defender su libertad; allí pusieron su bandera con que, en poco tiempo, reclutaron a cuantos fugitivos y cobardes buscaban su seguridad en las cuevas de las monstruosas sierras; allí se fortificaron, esperaron al poderoso enemigo, lo rechazaron siempre, lo obligaron a proponerles unas treguas, y, por fin, allí estrelló su poder el Africano y nació la libertad de España.

Conque no hay que confiarnos en su impotencia, porque, además de que no hay enemigo pequeño, no está tan impotente como pensamos. Allá están los caudales de las Indias, y todo se hace con dinero. Éste es el que suple faltas de todo lo demás. Ya lo dije otra vez en mi papel titulado Hasta que se le vio una al señor generalísimo;(4) si desde entonces no hubiera salido plata para España, se le temería menos hoy.

Fuera de este auxilio, es muy natural que cuente España con el de la SANTA LIGA,(5) enemiga mortal de todo sistema de libertad, como que les va mucho en el gallo(6) a los SANTOS ligadores y harán cuanto puedan porque no se sacuda las ligaduras la España, y el mejor medio es ocuparla, a título de amiga, dominarla y después ver si nos dominan a nosotros.

Conque no hay que fiar en el buen tiempo. Dicen que bajo la desconfianza vive la seguridad. Tenemos minas, pero falta con qué trabajarlas: busque arbitrios el gobierno para habilitar a los propietarios, tráiganse bombas de vapor, protéjase este importante ramo, y habrá plata, que con ella no hay miedo porque


Don dinero sólo sabe

grandes prodigios hacer...

y un día salieron al campo

el amor y el interés.

También se deberían parapetar los muchos puertos y ensenadas que tenemos, y prestan muy buenas bahías para un grueso desembarque.

Sería muy necesario acantonar en tales puertos respetables fuerzas de tropas de línea unidas a las milicianas o nacionales, y, sobre todo, no perder de vista el castillo de Veracruz(7) hasta tenerlo por nosotros.

Ya se dice que la España nos ha declarado la guerra. Es muy probable, y así mejor es pensar hoy lo que se ha de hacer mañana. Hemos visto las bravatas que nos echa el señor Lemour.(8) Dice que su majestad, el rey de España, llevará a efecto con el mayor rigor las disposiciones para reconquistarnos, desplegando los recursos que tiene la nación y los con que cuenta en su nuevo sistema.

No puede explicarse de un modo más claro. Ello no hay que temer que la España vuelva a dominar las Américas. Semejante intentona le costará muy caro, y ni un solo hombre volverá de cuantos tengan el arrojo de pisar nuestras playas; pero a nosotros también nos debe ser funesta toda clase de guerra y hostilidad.

Para que ésta sea menos cruel, es preciso que estemos prevenidos, y que jamás vivamos confiados ciegamente en la ponderada impotencia de España; pues teniendo dinero, no es tanta como nos parece.

En todo caso, ahora más que nunca nos conviene estar unidos, porque el enemigo sabrá aprovecharse de la más leve desunión que nos advierta, y entonces sí seremos perdidos. Divide y manda es la regla maquiavélica, pero segura.

Si los tlaxcaltecas no hubiesen estado desunidos de los mexicanos, nunca Cortés habría triunfado de éstos, y luego de ellos mismos. Si los primeros insurgentes se hubieran unido, nuestra independencia no habría costado tanta sangre. Conque, mexicanos: desconfianza, previsión y unión es lo que nos pondrá a cubierto de todo riesgo.


J
[osé JoaquínF[ernández deL[izardi].

 

 


(1) México, Imprenta del Autor, 1822.

(2) medio real. Mitad de un real fuerte y equivalente a treinta y un céntimos de peseta. Un medio real de plata era equivalente a 17 maravedíes. O sea 6 y un cuarto centavos de peso.

(3) allá se lo hayan. Expresión que da a entender a las personas que se atengan a las consecuencias de sus actos.

(4)Cf. Hasta que se le vio una...

(5) Santa Liga. Cf. nota 4 a Segundo sueño...

(6) les va mucho en el gallo. Tiene mucho interés en el asunto, Santamaría, Dic. mej.

(7) castillo de Veracruz. Cf. nota 4 a Ausente el emperador...

(8) Francisco Lemour. Cf. nota 11 a Oración de los criollos...