QUE DUERMA EL GOBIERNO MÁS,

Y NOS LLEVA BARRABÁS

Segunda parte


Diálogo entre Prudencio y Simplicio(1)

 

 

El arte de conservar
libertad e Independencia,
no consiste en otra ciencia
que en saber dar y quitar.

El autor, en sus apotegmas de la experiencia.

 

 

El gobierno sabe muy bien estas verdades; pero no conoce ni puede distinguir a los enemigos en la acción, de los que lo son en deseo. ¿Qué remedio habrá para salvarnos de unos y otros? Barrer con todos, dicen muchos. El remedio es duro, yo no lo negaré; sí, pero pregunto ¿cuál fue el que tomaron los mismos españoles cuando lograron sacudir el yugo sarraceno? Lanzar a todos los moros de sus reinos de Castilla sin que les valieran las relaciones de sangre, idioma, costumbres, etcétera; y a fe que los moros estaban más entroncados por sangre con los españoles, que éstos con nosotros, como que habían dominado el terreno ocho siglos. Conque, ¿por qué razón nosotros no podemos valemos de igual medio, especialmente cuando la experiencia nos ha convencido de que son unos enemigos ingratos, que no cesan de trabajar en nuestra ruina?

Primero, todos los capitulados. Segundo, todos los solteros. Tercero, todos los pobres sin destino. Cuarto, todos los que sirvieron en el ejército español contra la patria. Quinto, todos los que sirvieron al gobierno español en las audiencias y tribunales en la insurrección, pues tan enemigos de los americanos se manifestaron los que los mataron con la espada, como los que los enviaron a los suplicios con la pluma. Sexto, todos los casados que hayan dado o dieren la más leve nota (probada en juicio) de desafección al sistema. Séptimo, todos los frailes y clérigos gachupines de cualquier estado y dignidad que sean, porque español y eclesiástico, borbonista seguro.

Ve usted aquí que si este plan se llevara a efecto, serían muy pocos los españoles que se quedaran entre nosotros, y ésos serían los muy pacíficos y purificados y, además de esto, incapaces de inspirar temor por su corto número. De consiguiente, se conciliaba muy bien la apetecida expulsión de los malos y sospechosos con la suavidad del carácter americano y los deberes de la caridad fraternal. Porque, en efecto, ¿qué confianza podemos tener del gachupín que después de batirse con las tropas americanas hasta ser rendido, capituló, escondió su fusilito y se quedó con nosotros muy humilde? ¿Qué fe tendremos en un soltero, especialmente de los que han venido de ayer acá, a merced del pesado sueño del gobierno? Este ni nos ha tratado, ni está connaturalizado con nuestras costumbres, ni puede amarnos ni tiene qué perder por declararse enemigo nuestro a la hora de lazarra zarra.(7) ¿Qué seguridad puede tenerse de un gachupín sin destino, que será soldado del que le pague más? ¿Qué garantías nos darán los que sirvieron al gobierno y ejército español, hasta verse precisados a entrar a lazo a la Independencia, a más no poder, y lisonjeados con unos premios, sueldos distinciones y honores que jamás lograran del emperador de los asesinos? ¿Qué confianza nos podrán inspirar los casados que se marcharon a España en el triunfo de la Independencia y luego han vuelto? ¿Ni los que a sus mismas mujeres e hijos los maltratan por ser americanos? ¿Ni cómo se podrá contar con los eclesiásticos españoles que, a más de esta cualidad, son enemigos del sistema, porque les ha rebajado algún tanto su orgullo divino y les ha de rebajar el bolsillo? Es menester que sean excluidos de esta generalidad los canónigos españoles de Valladolid(8) por las liberales ideas que vierten en su manifiesto al gobierno sobre el padre Arenas.(9)

Todos estos españoles, amigo don Simplicio, deben salir de la República justamente; pero, ¿por qué ha de correr igual suerte el gachupín pacífico y hombre de bien, a quien no tocan ninguna de las tachas anteriores, y que a mayor abundamiento está enlazado con una paisana nuestra y rodeado de hijos americanos? Jamás daría mi voto para que a un inocente se castigase.


El Pensador

 

 


(1) México: 1827. Imprenta de la calle Ortega [Cf. nota 1 a Que duerma... 1] número 23.

(2) Correcciones que se hicieron en el folleto, consignando las erratas en nota al pie de página.

(3) desgachupinar. Cf. notas 3 y 22 a Breve sumaria...

(4) no han quitado el dedo del renglón. Han insistido tenazmente en un proyecto. Santamaría, Dic. mej.

(5) Plan de Iguala. Cf. nota 35 a La tragedia de los gatos...

(6) se diezman o se quintanDiezmar es sacar o separar de cada diez uno, o castigar de cada diez uno cuando son muchos o desconocidos los delincuentes.Quintar es separar uno de cada cinco.

(7) zarra, zarra. Dice Martín Alonso que zarra-zarra es una expresión que alude a la marcha y que significa paso a paso, lenta, trabajosamente. Enciclopedia del idioma, Madrid, Aguilar, 1958, t. III, pp. 4243. En las Conversaciones del Payo y el Sacristánnúm. 5, Lizardi escribió: “Las vísperas sicilianas, de que me ha contado el señor cura, serían juegos de toros comparados con la zarrazarra que habían de experimentar de nosotros.” Obras Vop. cit., p. 112. En Chamorro y Dominiquín. Segundo diálogo jocoserio dijo que los europeos “hacen acopio de armas, que despositan sus caudales en lugares seguros, que tratan de conspirar a zarrazarracontra nosotros”. Obras XIop. cit., p. 195. En una “Fábula” de El Pensador Mexicano, t. III, había escrito que: “Todo era confusión, todo era zarrazarra.” Obras IIIop. cit., p. 494.

(8) Valladolid. Cf. nota 31 a La tragedia de los gatos...

(9) Arenas. Cf. el folleto Que duerma... 1.

(10) El Sol. Cf. nota a de La tragedia de los gatos...

(11) En Águila Mexicana del 21 de febrero de 1827 (año V, núm. 52, p. 4) apareció lo siguiente: “En el Correo de ayer se lee [...]: ‘El acuerdo de la Cámara de diputados sobre españoles se reduce a que el gobierno haga salir a aquellos que no habiéndose conformado con la Independencia de México, capitularon con la condición de salirse de la República’. Esto confirma, y aun explica lo [que] dijimos nosotros, a saber, que es falso que se piense expeler a los españoles con ciertas excepciones, y que las excepciones que se proyectan no recaen sino en los que dio en reputarse como extranjeros, y que faltaron a las condiciones de su capitulación. Repetimos pues, que no hay motivo alguno de alarma.”

(12) leperada. Cf. nota 266 a Observaciones que El Pensador...

(13) criollitos. Cf. nota 33 a La tragedia de los gatos...

(14) podrida. Cf. nota 35 a Cuartazo de don Joaquín... Fernández de Lizardi usó la expresión oler la podrida (sospechar, aprender o reconocer las inmoralidades de alguien o algo) en El Periquillo Sarniento, t. V, cap. I: “me dijo que su mujer le había olido la podrida”. Obras IXop. cit., p. 308.

(15) El 23 de enero de 1827 los senadores José María Alpuche, de Tabasco, y Juan Nepomuceno Acosta, de Querétaro, recomendaron la expulsión de los españoles, de todo el clero regular que no hubiera servido a la Independencia. Su propuesta fue recibida fríamente y la retiraron. El 1º de febrero se pedía juramento de fidelidad. El texto era: “‘Juro renunciar para siempre toda lealtad y fidelidad a cualquiera nación o gobierno, especialmente (aquí el nombre de su nación, príncipe o gobierno): juro guardar fidelidad y obediencia a las leyes y autoridades de los Estados Unidos Mexicanos de donde soy ciudadano por beneficio de sus leyes, y por mi voluntad...’ [...], pero la iniciativa fue desechada por el Senado”. Harold D. Sims, La expulsión de los españoles de Méxicoop. cit., p. 47.

(16) paños calientes. Paños tibios. Paliativos. En España es “paños calientes”. Santamaría, Dic. mej.

(17) Hidalgo. Cf. nota 74 a Impugnación que los gatos...

(18) Cf. nota 39 a Impugnación que los gatos...

(19) dispertarlo. Despertarlo. Dispertar era verbo transitivo anticuado. Usábase también como pronominal.

(20) Véase el folleto Defensa de un gachupín...