QUE DUERMA EL GOBIERNO MÁS,
Y NOS LLEVA BARRABÁS
Segunda parte
Diálogo entre Prudencio y Simplicio(1)
El arte de conservar
libertad e Independencia,
no consiste en otra ciencia
que en saber dar y quitar.
El autor, en sus apotegmas de la experiencia.
PRUDENCIO: ¿Conque cómo va, amigo don Simplicio? Ya sé que imprimió usted nuestra conversación del otro día.
SIMPLICIO: Sí, señor, no me pareció bien que se quedasen ocultas las patrióticas ideas de usted. Las imprimí. ¡Lástima que hubiese sacado el papel algunas erratas muy crasas, que necesitan corregirse!
PRUDENCIO: ¿Es posible? ¿Qué no admiten disimulo?
SIMPLICIO: Tres de ellas, por lo menos, son impasables. En la página 13 dice: “el soldado cogido en leve pelea por uno, cuando no se puede desertar, pelea por uno”, léase “el soldado cogido en leva, cuando no se puede desertar, pelea por uno”. En la misma página y párrafo dice: “el soldado libre que tiene una casita y una arrancada de tierra”, léase “aranzada de tierra”. En la página 5, línea 12 dice “discusiones” domésticas, léase “disensiones”.(2)
PRUDENCIO: Son efectivamente crasas tales erratas, porque no dejan entender al autor, ¿pero qué se dice de mi plan?
SIMPLICIO: ¡Oh, amigo! Mucho se dice: unos lo alaban y otros lo murmuran. Ya se deja entender qué clase de personas serán unas y otras. Las primeras patriotas, y las segundas borbonistas o que huelen a tal.
Rabiando están éstas con el proyecto de desgachupinar,(3) que aunque no es nuevo, pues los americanos no han quitado el dedo del renglón(4) desde la azarosa declaración de la garantía de la unión por el Plan de Iguala,(5)hasta la presente sobre este asunto, usted lo renueva con más eficacia.
PRUDENCIO: Sí, y ¿qué dicen?
SIMPLICIO: Que es una injusticia el pretender la expulsión de todos, pues no es justo que los que no se meten en nada, se igualen con los culpados.
PRUDENCIO: Cuando la sospecha pesa sobre muchos, de todos se debe desconfiar, y aun tenemos que cuando se comete por muchos un gran crimen y no se conocen de positivo a los autores, para que el delito no quede impune, ¿qué se hace? Se diezman o se quintan.(6) Esta diligencia no es bastante para castigar con certeza a los delincuentes principales, pues mil veces sucederá que éstos queden impunes por no haberles tocado el número y los inocentes sufran la pena. Nadie ha reclamado hasta hoy contra este género de castigo, pues siempre es útil, ya porque el terror produce el escarmiento y ya porque la vindicta pública se satisface. Pues lo mismo es en nuestro caso: todo gachupín debe sernos sospechoso en punto de Independencia. Los gachupines son los que nos odian, los que nos befan a sus solas, los que desean nuestra esclavitud y nuestra muerte, para lo que preparan conspiraciones sangrientísimas, hasta los santos padrecitos, como lo estamos mirando actualmente.
El gobierno sabe muy bien estas verdades; pero no conoce ni puede distinguir a los enemigos en la acción, de los que lo son en deseo. ¿Qué remedio habrá para salvarnos de unos y otros? Barrer con todos, dicen muchos. El remedio es duro, yo no lo negaré; sí, pero pregunto ¿cuál fue el que tomaron los mismos españoles cuando lograron sacudir el yugo sarraceno? Lanzar a todos los moros de sus reinos de Castilla sin que les valieran las relaciones de sangre, idioma, costumbres, etcétera; y a fe que los moros estaban más entroncados por sangre con los españoles, que éstos con nosotros, como que habían dominado el terreno ocho siglos. Conque, ¿por qué razón nosotros no podemos valemos de igual medio, especialmente cuando la experiencia nos ha convencido de que son unos enemigos ingratos, que no cesan de trabajar en nuestra ruina?
SIMPLICIO: Mas con todo eso, yo no estoy por la expulsión general de todos.
PRUDENCIO: Ni yo tampoco. Soy americano y esto es bastante para tener una competente dosis de sensibilidad. Hay en efecto algunos gachupines honrados, muchos de los cuales vinieron pequeñitos a estos países donde hicieron su fortuna, se enlazaron con americanas, tienen hijos americanos, y al tiempo que en España no cuentan con un pariente y no reconocen más patria adoptiva que la nuestra, jamás han dado la menor nota de revoltosos ni de desafectos al sistema, sino que han vivido y viven como unos ciudadanos pacíficos y laboriosos, ocupados únicamente en sostener a sus familias y educar a sus hijos: contra éstos sería un rigor y una tiranía extender la proscripción que debe cebarse en los verdaderos sospechosos.
SIMPLICIO: Ese razonamiento no es a gusto de los patriotas que llaman exaltados, pues éstos aseguran que no hay ni un gachupín bueno, que con los buenos que haya se debe hacer leña para quemar los malos y que uno solo que quede entre nosotros de los buenos, hay los necesarios para que jamás tengamos paz.
PRUDENCIO: Cada uno piensa con su cabeza. Mi opinión es contraria, pero creo que no lo es ni a la religión, ni a la política, ni a la humanidad ni al honor mismo de la América.
SIMPLICIO: Ahora advierto a usted muy de parte de los gachupines, señor don Prudencio.
PRUDENCIO: Yo no me pongo sino de parte de la justicia. Muy mal abogado tendrían los españoles en general si me encomendaran su defensa. Convengo en que es necesaria, necesarísima la expulsión de la mayor parte de ellos. Oiga usted, por si se le ha olvidado, cuántas clases de gachupines quisiera yo que salieran de la República.
Primero, todos los capitulados. Segundo, todos los solteros. Tercero, todos los pobres sin destino. Cuarto, todos los que sirvieron en el ejército español contra la patria. Quinto, todos los que sirvieron al gobierno español en las audiencias y tribunales en la insurrección, pues tan enemigos de los americanos se manifestaron los que los mataron con la espada, como los que los enviaron a los suplicios con la pluma. Sexto, todos los casados que hayan dado o dieren la más leve nota (probada en juicio) de desafección al sistema. Séptimo, todos los frailes y clérigos gachupines de cualquier estado y dignidad que sean, porque español y eclesiástico, borbonista seguro.
Ve usted aquí que si este plan se llevara a efecto, serían muy pocos los españoles que se quedaran entre nosotros, y ésos serían los muy pacíficos y purificados y, además de esto, incapaces de inspirar temor por su corto número. De consiguiente, se conciliaba muy bien la apetecida expulsión de los malos y sospechosos con la suavidad del carácter americano y los deberes de la caridad fraternal. Porque, en efecto, ¿qué confianza podemos tener del gachupín que después de batirse con las tropas americanas hasta ser rendido, capituló, escondió su fusilito y se quedó con nosotros muy humilde? ¿Qué fe tendremos en un soltero, especialmente de los que han venido de ayer acá, a merced del pesado sueño del gobierno? Este ni nos ha tratado, ni está connaturalizado con nuestras costumbres, ni puede amarnos ni tiene qué perder por declararse enemigo nuestro a la hora de lazarra zarra.(7) ¿Qué seguridad puede tenerse de un gachupín sin destino, que será soldado del que le pague más? ¿Qué garantías nos darán los que sirvieron al gobierno y ejército español, hasta verse precisados a entrar a lazo a la Independencia, a más no poder, y lisonjeados con unos premios, sueldos distinciones y honores que jamás lograran del emperador de los asesinos? ¿Qué confianza nos podrán inspirar los casados que se marcharon a España en el triunfo de la Independencia y luego han vuelto? ¿Ni los que a sus mismas mujeres e hijos los maltratan por ser americanos? ¿Ni cómo se podrá contar con los eclesiásticos españoles que, a más de esta cualidad, son enemigos del sistema, porque les ha rebajado algún tanto su orgullo divino y les ha de rebajar el bolsillo? Es menester que sean excluidos de esta generalidad los canónigos españoles de Valladolid(8) por las liberales ideas que vierten en su manifiesto al gobierno sobre el padre Arenas.(9)
Todos estos españoles, amigo don Simplicio, deben salir de la República justamente; pero, ¿por qué ha de correr igual suerte el gachupín pacífico y hombre de bien, a quien no tocan ninguna de las tachas anteriores, y que a mayor abundamiento está enlazado con una paisana nuestra y rodeado de hijos americanos? Jamás daría mi voto para que a un inocente se castigase.
SIMPLICIO: ¡Hola! Ese lenguaje se parece al de los editores del Sol.(10) Así se explican en el periódico del 14 del presente.(11)
PRUDENCIO: Las palabras podrán parecerse, las intenciones son muy desemejantes. Esos editores cuando dicen eso es después de haber tratado de desvanecer la pública conspiración del padre Arenas. Aunque ven cada día entrar presos a las cárceles de todas partes, afectan mucha circunspección para creer que sean delincuentes. De frailada, muchachada yleperada(12) califican los hechos más probados, y, en fin, ya se sabe cuáles son los trabajos de los soleros. Este periódico desvergonzado, hipócrita, insultador del gobierno, adulador eterno de los españoles, así como enemigo de los escritores que le descubren sus marañas, es una de las cosas que el gobierno mismo debía quitar por el perjuicio sordo que hace.
SIMPLICIO: Siempre oigo hablar mal del Sol y a pesar de eso está tan acreditado. A él no le faltan muchos suscri[p]tores.
PRUDENCIO: Ya se ve, que se marchen los gachupines y veremos cuántos le quedan.
SIMPLICIO: ¿Y qué dice usted? Ello es público que hay criollitos(13) bien conocidos por su amor a las instituciones de antaño, según se dice del señor M., el señor H., el señor R., el señor A., y todo el alfabeto. ¿Qué se deberá hacer con éstos cuando se les descubra alguna podrida?(14)
PRUDENCIO: Desterrarlos.
SIMPLICIO: ¿A dónde?
PRUDENCIO: Al Purgatorio por diez años.
SIMPLICIO: ¿Y qué le parece a usted del proyecto presentado a las Cámaras sobre que juren los gachupines no ser fieles a Fernando VII?(15)
PRUDENCIO: Por ahí dicen que esos son paños calientes.(16) Los gachupines y todos juran cómo y cuándo les conviene, y en tales promesas no se puede tener ninguna fe. Hoy jurarán no obedecer a Fernando y mañana, si pueden, nos matarán en su real nombre.
SIMPLICIO: Eso no tiene duda. ¿Y qué le parece a usted de esa salida de tropas hacia el sur? Dicen que se va a poner un cantón.
PRUDENCIO: Yo no sé el objeto; pero si no les quitan esas madrigueras de haciendas a nuestros enemigos, también son paños calientes las tropas, pues cada hacienda de ésas es un castillo. La negrada es mucha y decidida por sus amos; éstos, a la hora que quieran, pueden poner cinco mil hombres armados y de caballería. De esos castillos salió la fuerza más arrojada que se batió con el inmortal Hidalgo(17) en las Cruces(18) y de ellos mismos, como he dicho en mi anterior conversación, saldrán los primeros batallones que harán correr la sangre americana Nuestro gobierno duerme mucho. Mis gritos no pueden dispertarlo.(19) ¡Quiera Dios que la experiencia no lo despierte cuando sea tarde y con daño general de la nación! Yo le juro al gobierno, y que no se le olvide, que mientras los gachupines sean dueños de las haciendas del sur,(20) estamos soñando que somos independientes. Acantonar tropas en ese rumbo sin apoderarse de las haciendas, es gastar dinero, desguarnecer la capital u otros puntos, perder gente y no hacer nada. Hasta otra vista.
El Pensador
(1) México: 1827. Imprenta de la calle Ortega [Cf. nota 1 a Que duerma... 1] número 23.
(2) Correcciones que se hicieron en el folleto, consignando las erratas en nota al pie de página.
(3) desgachupinar. Cf. notas 3 y 22 a Breve sumaria...
(4) no han quitado el dedo del renglón. Han insistido tenazmente en un proyecto. Santamaría, Dic. mej.
(5) Plan de Iguala. Cf. nota 35 a La tragedia de los gatos...
(6) se diezman o se quintan. Diezmar es sacar o separar de cada diez uno, o castigar de cada diez uno cuando son muchos o desconocidos los delincuentes.Quintar es separar uno de cada cinco.
(7) zarra, zarra. Dice Martín Alonso que zarra-zarra es una expresión que alude a la marcha y que significa paso a paso, lenta, trabajosamente. Enciclopedia del idioma, Madrid, Aguilar, 1958, t. III, pp. 4243. En las Conversaciones del Payo y el Sacristánnúm. 5, Lizardi escribió: “Las vísperas sicilianas, de que me ha contado el señor cura, serían juegos de toros comparados con la zarra, zarra que habían de experimentar de nosotros.” Obras V, op. cit., p. 112. En Chamorro y Dominiquín. Segundo diálogo jocoserio dijo que los europeos “hacen acopio de armas, que despositan sus caudales en lugares seguros, que tratan de conspirar a zarra, zarracontra nosotros”. Obras XI, op. cit., p. 195. En una “Fábula” de El Pensador Mexicano, t. III, había escrito que: “Todo era confusión, todo era zarra, zarra.” Obras III, op. cit., p. 494.
(8) Valladolid. Cf. nota 31 a La tragedia de los gatos...
(9) Arenas. Cf. el folleto Que duerma... 1.
(10) El Sol. Cf. nota a de La tragedia de los gatos...
(11) En Águila Mexicana del 21 de febrero de 1827 (año V, núm. 52, p. 4) apareció lo siguiente: “En el Correo de ayer se lee [...]: ‘El acuerdo de la Cámara de diputados sobre españoles se reduce a que el gobierno haga salir a aquellos que no habiéndose conformado con la Independencia de México, capitularon con la condición de salirse de la República’. Esto confirma, y aun explica lo [que] dijimos nosotros, a saber, que es falso que se piense expeler a los españoles con ciertas excepciones, y que las excepciones que se proyectan no recaen sino en los que dio en reputarse como extranjeros, y que faltaron a las condiciones de su capitulación. Repetimos pues, que no hay motivo alguno de alarma.”
(12) leperada. Cf. nota 266 a Observaciones que El Pensador...
(13) criollitos. Cf. nota 33 a La tragedia de los gatos...
(14) podrida. Cf. nota 35 a Cuartazo de don Joaquín... Fernández de Lizardi usó la expresión oler la podrida (sospechar, aprender o reconocer las inmoralidades de alguien o algo) en El Periquillo Sarniento, t. V, cap. I: “me dijo que su mujer le había olido la podrida”. Obras IX, op. cit., p. 308.
(15) El 23 de enero de 1827 los senadores José María Alpuche, de Tabasco, y Juan Nepomuceno Acosta, de Querétaro, recomendaron la expulsión de los españoles, de todo el clero regular que no hubiera servido a la Independencia. Su propuesta fue recibida fríamente y la retiraron. El 1º de febrero se pedía juramento de fidelidad. El texto era: “‘Juro renunciar para siempre toda lealtad y fidelidad a cualquiera nación o gobierno, especialmente (aquí el nombre de su nación, príncipe o gobierno): juro guardar fidelidad y obediencia a las leyes y autoridades de los Estados Unidos Mexicanos de donde soy ciudadano por beneficio de sus leyes, y por mi voluntad...’ [...], pero la iniciativa fue desechada por el Senado”. Harold D. Sims, La expulsión de los españoles de México, op. cit., p. 47.
(16) paños calientes. Paños tibios. Paliativos. En España es “paños calientes”. Santamaría, Dic. mej.
(17) Hidalgo. Cf. nota 74 a Impugnación que los gatos...
(18) Cf. nota 39 a Impugnación que los gatos...
(19) dispertarlo. Despertarlo. Dispertar era verbo transitivo anticuado. Usábase también como pronominal.