QUE DUERMA EL GOBIERNO MÁS, Y NOS LLEVA BARRABÁS
[Primera parte]
Diálogo entre Prudencio y Simplicio(1)
El arte de conservar
libertad e Independencia,
no consiste en otra ciencia
que en saber dar y quitar.
[El] autor, en sus apotegmas
de la experiencia.
PRUDENCIO: ¿Cómo va usted, don Simplicio?
SIMPLICIO: Muy bien, don Prudencio. Y usted ¿qué tiene, que lo veo tan tristón?
PRUDENCIO: ¿Qué quiere usted que tenga? Estas cosas del día que traen a los hombres quién sabe cómo.
SIMPLICIO: Ríase usted de las cosas del día y más en México, donde todo se vuelve fervores escolásticos. El día que sucede alguna novedad, ¡qué alboroto!, no se habla de otra cosa en todas partes; pero al día siguiente no hay quien se acuerde de ellas; y así, amigo mío, las cosas del día de hoy las borran las de mañana. ¿No le parece a usted esto que dije muy bueno para título de un papelucho?
PRUDENCIO: Usted tiene muy buen humor y mucho despejo.(2)
SIMPLICIO:Sí, gracias a Dios y no tengo por qué tener esplín(3) ni estar triste. Soy joven, tengo dinero, palco en el Coliseo,(4) asiento en los toros, coche en la calle, muchachas que me diviertan en casa, estimaciones dondequiera y robusta salud, ¿no fuera un tonto en acibarar estos placeres que me proporcionan la naturaleza y la fortuna por andar indagando qué dijeron en las Cámaras, qué se lee en los periódicos y qué se cuenta en el Portal?(5)Sería sin duda un gran majadero en indagar noticias que nada me importan y más si eran funestas.
PRUDENCIO: ¿Conque el estado actual de la República es para usted una cosa indiferente?
SIMPLICIO: Sí, señor, y duerno muy tranquilo porque sé que duermo muy seguro.
PRUDENCIO: ¿Y en qué funda usted esa seguridad?
SIMPLICIO: ¡Oh, en que el gobierno vela cuando yo duermo!
PRUDENCIO: ¿Y si el gobierno se duerme también a ese tiempo?
SIMPLICIO: Eso es imposible. ¿Cómo se ha de dormir cuando se interesa la seguridad de la República y la suya misma?
PRUDENCIO: Muy bien, porque se compone de hombres y los hombres, aun los más activos, son los más propensos al sueño y se duermen de cuando en cuando. Aliquando bonus dormitat Homerus.(6)
SIMPLICIO: Pues suponga usted que el gobierno dé algunas cabeceadillas, ¿qué peligro hay en eso?
PRUDENCIO: ¡Friolera!, que nuestros enemigos se aprovechen de ellas y nos sorprendan cuando menos lo pensemos.
SIMPLICIO: ¿Qué enemigos, hombre? ¿Qué está usted hablando?
PRUDENCIO: ¿Cómo qué enemigos? Una porción de gachupines(7) que no nos pueden ver; otra porción de frailes, canónigos y clérigos fanáticos, y otra porción de americanos picaros que por su ignorancia o malicia aumentarán el número de nuestros enemigos y les ayudarán de muy buena gana a remacharnos para siempre las cadenas de la más vergonzosa esclavitud; y entonces, a Dios dinero de don Simplicio, a Dios palco, a Dios asiento en los toros,(8) a Dios muchachas bonitas, a Dios de su libertad y a Dios de todo. Si dejan a usted con vida, tendrá a mucho honor ser mozo de café y dar bola(9) a las botas de uno de sus amos.
SIMPLICIO: ¡Qué bien sabe usted ponderar!
PRUDENCIO: ¡Cómo ponderar! Amigo, no sea tan confiado, ¿qué no conoce usted el carácter de los españoles cuando vencen? Son más crueles que Nerón y más tiranos que Atila. Si cuando vinieron la primera vez, cuando sabían que no tenían ningún derecho sobre los habitantes y bienes del Anáhuac,(10)cuando estos inocentes nada les habían hecho y cuando hacían la guerra sin experiencia, cometieron tantas crueldades con los miserables indios, que la pluma y la voz se resisten a recordarla, ¿qué no harán ahora que se creen dueños de este hermoso y codiciado país, que apellidan usurpación a la Independencia, que se creen sobre esta tierra con derechos no solamente humanos sino divinos, pues que se la dio no menos que el vicario de Cristo, que ya conocen la falta que les hacen las Indias y su oro y plata, y que se encuentran tan zaheridos y odiados de los americanos? ¿Qué harán, digo, si llegan a reconquistarnos? Júzguelo usted.
SIMPLICIO: ¡Oh, por supuesto que nos harían añicos! Madera faltaría para hacer horcas, fierro para cadenas, casas para inquisiciones y leña para hogueras; pero este caso es imposible.
PRUDENCIO: ¡Cómo imposible, hombre de Dios! Esa maldita confianza ha de ser causa de que nos lleve el diablo. ¿En qué está esa imposibilidad?
SIMPLICIO: En que la España está impotente y no puede pensar en reconquistarnos por sí sola.
PRUDENCIO: Ésa es otra necedad. La España cuenta con recursos y el gabinete de Madrid tiene muchos millones, que aunque no los maneje por ahora, lo mismo será que trate de reconquista, cuando los tendrá a su disposición.
SIMPLICIO: ¿Y cuáles son esos millones?
PRUDENCIO: Los muchos que el gobierno durmiente de Iturbide(11) y los otros dejaron pasar a la Península con sus sueños; los que han continuado saliendo y los que faltan que salir. ¿Dónde están los fuertes caudales amonedados de los Yermos,(12) Michaus,(13) Cortinas,(14) Pérez Gómez, Aguirrevengoas,(15) Arizpes(16) y tantos otros? En España y en La Habana. Esta licencia impolítica del gobierno de dejar salir la plata de los españoles(17) no fue cabeceada, fue dormida pesada hasta roncar.
SIMPLICIO: Aunque eso sea, no tiene España buques.
PRUDENCIO: En teniendo créditos y dinero, la Inglaterra, la Francia o la Rusia se los venderá.
SIMPLICIO: No, la Inglaterra no hará tal. Sobre que ha reconocido nuestra Independencia de derecho(18) y es nuestra aliada.
PRUDENCIO: ¿Quién le ha metido a usted tales necedades en la cabeza? ¿Dónde ha visto usted esos documentos y esos tratados de alianza? ¿No considera usted que si tal hubiera sucedido, la declaración de la guerra con España hubiera sido un paso indispensable?
SIMPLICIO: ¿Conque es decir que si mañana la España nos atacara, la Inglaterra sería una nación neutral que nos vería luchar fríamente?
PRUDENCIO: Sí, hermano, sin duda alguna.
SIMPLICIO: Pero siquiera por los millones que se le deben, ¿no tomaría cartas a nuestro favor?
PRUDENCIO: Conque estuviéramos seguros de que no las tomara en contra, teníamos mucho adelantado; pero la deuda nuestra no la comprometerá a defendernos y chocarse con España. ¿No ve usted que siempre está asegurada? Si el triunfo queda por nosotros, nos cobrará a nosotros, y si queda por España, le cobrará a ésta, ¿quién no se negará a pagarle, ya por miedo y ya porque de nuestro cuero saldrán las correas?
SIMPLICIO: Pues entonces sí estamos algo mal. Yo contaba con la protección de la señora de los mares.
PRUDENCIO: Pues, amigo, usted había hecho la cuenta sin la huéspeda. No hay tal alianza. Todo se reduce a relaciones mercantiles y nada más. ¿Sabe usted por qué no ha realizado España sus intentonas de reconquista? Por los acaecimientos del Brasil(19) y por las disenciones(20) domésticas, de los negros(21) y los apostólicos, agregándose a esto los coscorrones que ha llevado su escasa marina con la falta del Asia, el Hércules(22) y otros buquecillos; pero sin embargo no desiste de sus buenas intenciones.
SIMPLICIO: Como todo se quede en intenciones, no hay cuidado.
PRUDENCIO: Ya se ve que no, y aunque no confío mucho, pues temo la expedición en este año, más temo a los enemigos de casa. Éstos están ligados con aquéllos; piensan muy delgado, y aunque se les haya frustrado, por ahora, la conspiración del padre Arenas,(23) les quedan todos sus elementos; y si el gobierno se duerme, nos llevará Barrabás.
SIMPLICIO: ¿Qué nos ha de llevar? Si todo lo que se teme es como lo del fraile, poco tenemos que temer. ¿No ve usted que los mejores periódicos como el Sol(24)y la Águila(25) desvanecen todos los días esa conspiración, aseguran que son alarmas que son travesuras de los yorquinos(26) y ponderaciones de los escritorcillos famélicos e impío?
PRUDENCIO: Sí, ¿y qué sale de que esos periódicos quieran hacer chica(27) la pelea? ¿Por eso es menos cierto que hubo tal plan de conspiración? ¿Es falso que Arenas y otros muchos están presos? ¿Y será mentira que están cayendo otros cada día, y descubriéndose ramificaciones en otros Estados? Esto es innegable y usted no debe fiarse en lo que lea en el Sol y la Águila acerca de esto. Ya sabe usted qué buena fama tienen estos periódicos.
SIMPLICIO: ¿Según eso, es menester estar muy alerta sobre los gachupines de acá?
PRUDENCIO: Sí, señor, y también sobre los canónigos, obispos, frailes y clérigos fanáticos y chaquetas.(28)
SIMPLICIO: Sobre los gachupines será menester tener cuidado; pero los frailes no deben dar mucho. ¿Qué han de hacer los pobres? Predicar sermoncitos achaquetados cuando más; pero eso se compone con escribir otros contra ellos, y al fin el pueblo bajaría a los tales misioneros a pedradas, como dice el editor del Águila (29)
PRUDENCIO: Ese editor es un pobre devoto que piensa con su cabeza; pero si algunos son temibles, son los frailes en los púlpitos. La contra que tienen más eficaz es la que diré a usted después.
SIMPLICIO: ¿Conque usted cree que todo gachupín y fraile es nuestro enemigo?
PRUDENCIO: No, señor, algunos habrá que no lo sean; pero le aseguro a usted que serán muy pocos. Y más le aseguro a usted que tenemos enemigos del sistema, acaso en el mismo santuario de las leyes; y cuando no lo sean en su corazón, lo parecen así por sus palabras.
SIMPLICIO: ¿Es posible? ¡Qué escándalo! ¡Qué horror!
PRUDENCIO: Sí, amigo, ¿qué juicio se formará usted del señor Couto(30) que en sesión pública trató de disculpar la criminal indolencia de los canónigos de México de no colocar las armas nacionales en la fachada de Catedral,(31)diciendo que esto era porque estaban esperando que se declarara el patronato.
SIMPLICIO: ¿Qué había de decir sino que el señor Couto era un borbonista, un adulador de los canónigos o un ignorante que no sabe que el patronato no puede recaer sino en la nación?
PRUDENCIO: Más se escandalizaría usted al oír al señor Enríquez(32) alegar, para un asunto de diezmos, la Bula de donación de estos países, hecha por Alejandro VI,(33) a favor de los reyes de España.
SIMPLICIO: ¿Es posible? ¿Así sucedió?
PRUDENCIO: Sí, señor. Al fin poblanos.(34)
SIMPLICIO: ¿Y qué, no lo lanzaron del Congreso?(35) Porque eso indica o mucho afecto a los reyes de España o mucha locura, y ni un loco ni un realista pueden ser diputados.
PRUDENCIO: Otro de estos seres, en sesión secreta, atribuyó algunos disgustos, que se notan entre ciertas clases de gentes, al decreto que extinguió los títulos de Castilla.(36)
SIMPLICIO: Ese señor querría titular. Pues si así piensan los más de los diputados y senadores, ciertamente que no se puede alabar bastante el tino de los electores.
PRUDENCIO: No, parece que la mayoría es buena. Sin embargo de que suelen hacerpor mayor algunas cosazas que me dejan lelo. Como el otro día que se negó al gobierno la iniciativa que hizo sobre que se permitiera poner a soldada a cuatrocientos cívicos en la ciudad federal.
SIMPLICIO: ¿Y eso le negaron al gobierno en un tiempo en que se debían fomentar las milicias nacionales, para poder hacer uso de las activas?
PRUDENCIO: Sí, señor, eso se negó.
SIMPLICIO: ¿Y por qué?
PRUDENCIO: Eso no dijeron los señores.
SIMPLICIO: Pues en andando todo así, estamos mal, y ya lo voy sintiendo por lo que me toca.
PRUDENCIO: Y yo lo siento por lo que me toca a mí y a todos.
SIMPLICIO: ¿Y qué remedio, amigo mío?
PRUDENCIO: Aún hay bastantes, como el gobierno quiera adoptarlos y ponerlos en práctica sin miedo ni consideraciones, sino con resolución y energía.
SIMPLICIO: ¿Pero qué quiere usted que haga el gobierno cuando se halla tutoreado por las Cámaras, a quienes tiene que pedir licencia para todo? ¿Cómo ha de obrar, cuando apenas hace una iniciativa útil y se la niegan? Y aún hará menos si la legislatura actual sigue las huellas de la pasada, llamando a dar cuenta cada rato a los ministros y aun tratándolos alguna vez con poco decoro.
PRUDENCIO: Eso no me parece justo, pues sólo contribuye a quitarle al ejecutivo el prestigio de la suprema autoridad que debe ejercer en el pueblo.
SIMPLICIO: Yo creo que eso consiste en creer el poder legislativo que es más que el ejecutivo, siendo así que todos son unos en su clase.
PRUDENCIO: En efecto, ambos poderes deben unirse y equilibrarse a efecto de que no prepondere uno más que otro sobre la nación, sino que cada uno, limitándose al círculo de sus atribuciones respectivas y auxiliándose mutuamente sostenga el edificio social y defienda la libertad e Independencia, que no es muy remoto que peligre, si cuanto antes no se decretan leyes vigorosas, y si decretadas, no se llevan a su cabal ejecución.
SIMPLICIO: Pero esto parece muy difícil en las presentes circunstancias.
PRUDENCIO: A mí no me parece tanto, pues según mi amigo El Pensador:
El arte de conservar
libertad e Independencia,
no consiste en otra ciencia
que en saber dar y quitar.
SIMPLICIO: Con que sea el aforismo de ese sujeto, basta para que sea despreciable, ¿qué sabe El Pensador de derecho público? ¿Qué cátedras ha cursado, ni qué puestos brillantes ha obtenido para hablar con esa arrogancia?
PRUDENCIO: Pues yo lo que veo es que usted es tan preocupado como la vieja más idiota, pues hace depender el talento de los hombres de la clase de los puestos que ocupan. Pero yo quiero hacer mío el aforismo y explicarlo, a ver qué le parece a usted.
SIMPLICIO: ¿Me será lícito proponer mis objeciones?
PRUDENCIO: Sí, señor, la verdad resalta con el choque de las opiniones.
SIMPLICIO: Es verdad, y entrando en cuestión, diga usted ¿qué cosas y cómo deberá saberlas dar el gobierno?
PRUDENCIO: Debe saber dar los empleos civiles y militares a individuos que sean dignos de ellos por su aptitud y conocimientos, honradez, méritos, patriotismo y pública y constante adhesión a la libertad e Independencia. Cualquiera de estas circunstancias que falte al candidato, lo hace indigno del empleo que solicite.
SIMPLICIO: ¿Y dónde hallaremos esos individuos tan adornados de virtudes?
PRUDENCIO: En la República no faltan, en sabiendo buscarlos.
SIMPLICIO: Pero como todo pretendiente se presenta haciendo el mojigato y cargado de certificaciones y recomendaciones que lo canonizan como santo, es muy fácil sorprender al gobierno.
PRUDENCIO: No lo fuera tanto si el gobierno se informara secretamente de las cualidades del individuo antes de darle el destino, como también de si había otro que lo mereciera más, prescindiendo de papeles. Las certificaciones siempre son sospechosas o de parcialidad o de sorpresa; no así las declaraciones secretas y judiciales. La causa de que haya muchos descontentos no consiste en la abolición de los títulos de Castilla, sino en el mal repartimiento de los premios. Todo hombre tiene su amor propio y sabe comparar; y es imposible que deje de estar resentido y quejoso el patriota que después de haber derramado su sangre, perdido tal vez sus intereses, sufrido otros quebrantos y persecuciones por la patria, se ve arrinconado o premiado mezquinamente, al tiempo que ve condecorados y en los primeros puestos a los mejores servidores de Fernando, a los enemigos más decididos del sistema actual, con quienes tal vez se batió y cuyos servicios consisten en haber derramado la sangre americana desde el año de [18]10 hasta el de [18]21,(37) en que salieron a un paseo militar a Santa Mónica,(38) a Azcapuzalco(39) y Tacubaya,(40) como el señor, y el otro señor, y el otro y el otro. Éstos... y ¡ojalá me engañe!, cuando no vuelvan las armas contra su patria para vengar resentimientos privados, como las volvió Coriolano contra Roma,(41) se mantendrán neutrales, temiendo exponerse de nuevo a los peligros para volverse a ver arrinconados y premiados a los gachupines que capitulen otra vez.
SIMPLICIO: Todo es verdad; pero, ¿qué se ha de hacer? ¿Se les han de quitar los empleos a los que los obtienen, y menos si no dan motivo para ello?
PRUDENCIO: Yo no diré tanto. Éste sería el modo de aumentar enemigos; y así a quien Dios se lo dio, san Pedro se lo bendiga.(42) Pero hay un modo de disminuir el número de americanos quejosos, y es muy justo.
SIMPLICIO: ¿Y cómo?
PRUDENCIO: Sabiendo las Cámaras dar un decreto prorrogatorio de la ley de premios(43) para que los ameritados ocurran a manifestar sus servicios, pues es cierto que cuatro meses que se concedieron fue un plazo muy estrecho para que llegara a noticia de tantos que estaban a remotas distancias, y unos no pudieron venir a tiempo y otros ni lo supieron a tiempo, y cuando reclamaron, se les respondió: “No os conozco, ya se cerró la puerta, ya no hay lugar.” Nescio vos clausa est janua.(44) Ésta es una injusticia y una ingratitud atroz. El derecho que cada hombre tiene para reclamar el premio debido a su trabajo es imprescriptible, no hay tiempo que lo deba limitar.
SIMPLICIO: ¿Pero eso no es aspirantísimo?
PRUDENCIO: Sí, pero un aspirantísimo justo. Además que todos los hombres aspiran a mejorar su condición. Tal deseo es innato a todos los mortales. Ni uno hay que haga grandes sacrificios sin esperanza de medrar.
SIMPLICIO: Pues, ¿y aquellos héroes romanos y griegos que se entregaron a la muerte por defender los intereses de la patria, a qué aspiraron?
PRUDENCIO: A la fama póstuma, a la gratitud de su posteridad y al honor del apoteosis.
SIMPLICIO: No tengo qué decir, ¿y qué otra cosa deben saber dar las Cámaras y el Congreso?
PRUDENCIO: Oídos a los escritores que les manifiesten la opinión pública y les den buenos consejos.
SIMPLICIO: Es que hay tantos escritores.
PRUDENCIO: Pues, hay muchos que escriben, pero no muchos escritores; así como hay muchos que aplican remedios y no son médicos. El caso está en saber distinguirlos.
SIMPLICIO: ¿Qué otra cosa deben dar los legisladores y ministros del ejecutivo?
PRUDENCIO: El buen ejemplo de subordinación a las leyes.
SIMPLICIO: ¿Y qué se debe quitar para asegurar la Independencia?
PRUDENCIO: Es menester quitar, o al menos moderar, muchas contribuciones que pesan sobre el pueblo y lo exasperan, haciendo a muchos preferir el gobierno antiguo. Esto ya se le ha dicho al presente bien y repetidas veces. Los pueblos y especialmente los pobres indios ya tienen callos en las orejas de oír decir que son libres, que son independientes, que son felices; pero ellos no ven semejantes libertades ni felicidades. Tan oprimidos como siempre, y en algunas partes más, maldicen tan falsa libertad y felicidad. Es menester que los gobiernos se desengañen. Las bellas teorías no satisfacen a los pueblos ni hacen prosélitos a los sistemas. El pueblo nuestro no lee papelitos brillantes, ni aunque los leyera, le convencerían de sus ventajas, si se veía siempre abrumado de contribuciones, maltratado por mandarines déspotas. Quieren los hombres ver, no oír, esas ventajas que se le[s] decantan; quieren experimentar, por el diferente trato, que son ciudadanos; desean ver bien administrada la justicia con imparcialidad, sin compadrazgo; y, por último, anhelan porque no les expriman las bolsas. El medio más eficaz que tiene un gobierno para atraerse la voluntad general de los pueblos y tener en ellos su más segura defensa, es trabajar con tesón en hacerlos felices, no sólo aliviando a la gente pobre de las contribuciones, sino proporcionándoles arbitrios y libertad para que subsistan sin miseria, no sólo diciéndoles que son ciudadanos e iguales ante la ley, sino haciendo respetar sus derechos y oyendo las quejas de los agraviados por los déspotas. Entonces, cuando los pueblos salgan de la abyección y entumecimiento en que yacen, cuando tengan algo qué defender, entonces y sólo entonces, podremos dormir sin recelo de conspiraciones. El soldado cogido en leva, cuando no se puede desertar, pelea por uno;(45) el soldado libre que tiene una casita y una aranzada(46) de tierra que sembrar, pelea por diez. Hacer felices a los pueblos importa tanto como hacerlos guerreros.
SIMPLICIO: Todo eso está bueno; pero es imposible quitar las contribuciones, pues que con ellas se sostienen los Estados.
PRUDENCIO: Ni yo he dicho que las quiten, sino que las alivien a los pobres.
SIMPLICIO: Pero eso, ¿cómo puede ser?
PRUDENCIO: Economizando empleos inútiles y disminuyendo sueldos exorbitantes. Pero es tarde y tengo que hacer...
SIMPLICIO: No, usted no se va hasta que no me diga todo lo que el gobierno debe quitar.
PRUDENCIO: Lo haré con la condición de que usted no me interrumpa.
SIMPLICIO: Yo lo prometo.
PRUDENCIO: Pues oiga usted, se debe quitar y para siempre de los pueblos a los jueces déspotas, venales y pícaros, de que hay abundante cosecha.
Se deben quitar de los memoriales aquellos decretos tan injustos como necios, que mandan que informe contra sí misma la autoridad agraviadora. Esta rutina sólo entre los hotentotes puede seguirse.
Item. Deben quitarse aquellos góticos(47) o sultánicos decretos de no ha lugar, estése a lo mandado, ocurra a donde corresponda sin decir dónde, con lo que traen a los pretendientes de tribunal en tribunal y jamás encuentra[n] la justicia.
Item. Deben quitarse de entre nosotros, y lo más pronto, a todos los gachupines sospechosos, que deben serlo todos los capitulados, los solteros, los frailes clérigos, obispos y canónigos y los casados que tengan mala nota.
Item. Deben quitarse a todos éstos las armas, pues no habiéndolas de ocupar contra sus paisanos, es de fe que las emplearán contra nosotros, llegando el caso.
Item. Deben quitarse a los gachupines todas las haciendas del sur,(48)indemnizándolos de sus valores conforme al artículo 112 del título IV de la Constitución,(49) cuya indemnización no se entenderá con los negros, pues éstos marcharán fuera de la República con sus amos, ya que tanto aman la esclavitud.(50)
SIMPLICIO: Perdone usted que le interrumpa, ¿y por qué ha de ser eso de las haciendas del sur?
PRUDENCIO: Porque en ellas está el cuartel de operaciones de nuestros enemigos, de allí, y acuérdese el gobierno y las Cámaras de ese rumbo, de esas haciendas han de salir batallones armados que vendrán a degollar al presidente y sus ministros, a los diputados, senadores y generales.
SIMPLICIO: Tope en ellos, si son indolentes y no temen tantos avisos.
PRUDENCIO: Ése es el dolor, que no sólo ellos morirán, sino usted, yo y muchos buenos patriotas, porque éste es el pecado de los ratones, que unos lo hacen y todos lo pagan.(51) Entre tanto se verifica la expulsión de los gachupines,(52) deben quitarse a todo sacerdote español las licencias de confesar y predicar, pues el púlpito, y con más seguridad el confesonario, son las trincheras más seguras que tienen para minarnos la opinión, como nos lo ha enseñado la experiencia.
Deben quitarse 25 mil pesos de multa a los canónigos de México, si se resisten a colocar las armas nacionales en Catedral y a levantar el catafalco o magnífico sepulcro a las venerables cenizas de nuestros héroes.(53) Esto por primera vez; si reincidieren, que se les quiten para siempre las sillas del coro.
En fin, debe quitarse la vida (sin consideración a estado, clase ni dignidad) a cuantos resulten cómplices en la sangrienta y horrorosa conspiración del padre Arenas, pues si atentados de esta clase quedan impunes, la pérdida de la Independencia es infalible.
SIMPLICIO: Amigo, esos golpes me parecen muy necesarios, y sólo con ellos aseguraremos de una vez nuestra libertad. La lástima será que el gobierno los mire con el desprecio que es de esperar.
PRUDENCIO: Allá se lo haya; me quedará el consuelo de haber manifestado no mi opinión sino la del pueblo mexicano.
En el baratillo de Puebla(54) hemos visto las siguientes décimas, que por su gracia y naturalidad merecen extenderse y las copiamos:
DÉCIMAS
Cárcel, cadenas, y grillos,
cadalsos y calabozos,
merecen los revoltosos
de coronas y cerquillos.
Buenos traidores y pillos
son semejante cuchilla
sin remedio a la capilla
la ley los condena; luego
arda Troya a sangre y fuego
y acabará esta semilla.
viva el Séptimo Fernando,
y vámonos declarando
esclavos de otra nación.
Vea nuestra patria traición
sufra cautiverio y penas;
remáchense sus cadenas
y la infamia échele el resto.
¿Pero por qué ha de ser esto?
Porque quiere el padre Arenas.
Piérdase la Independencia,
que tanta sangre ha costado,
y su lugar sea ocupado
por una ibera regencia.
Recibamos con paciencia
el yugo que nos pusiere,
y si alguno resistiere
que diga un “señor pequé”,
¿pero todo esto por qué?
Porque el padre Arenas quiere.
Hasta mañana.
El Pensador.
(1) México: 1827. Imprenta de la calle de Ortega [hoy uno de los tramos de República de Uruguay] número 23.
(2) despejo. Desenvoltura, gallardía.
(3) esplínt. De spleen. Humor tétrico que produce tedio, apatía, melancolía y tristeza.
(4) Coliseo. Cf. nota 36 a Hoy truena...
(5) Portal. Cf. nota 2 a La vieja de la jeringa...
(6) Aliquando bonus dormitat Homero. Epístola a los pisones, de Horacio. Citado porEl Quijote II, 3.
(7) gachupines. Cf. nota 22 a Breve sumaría...
(8) plaza de toros. Cf. nota 21 a Una buena zurra...
(9) dar bola. Embetunar el calzado; lustrarlo, darle lustre. Santamaría, Dic. mej.
(10) Anáhuac. Cf. nota 19 a La tragedia de los gatos...
(11) Iturbide. Cf. nota 46 a La tragedia de los gatos...
(12) Yermos. Usando sinécdoque alude a Gabriel Patricio de Yermo, hacendado español que escribió Verdadero origen de la revolución de la Nueva España, en marzo de 1821, con el seudónimo de Juan Martín de Juanmartiñena, que era ofensivo e infamatorio de los americanos. Hernández y Dávalos dijo que Yermo fue el autor, según lo asentó la Junta Provisional de Censura. También a Yermo se le atribuyóVerdadero origen, carácter, causas, resortes, fines y progresos de la revolución de Nueva España, y defensa de los europeos en general, y especialmente de la aprehensión y destitución del virrey don José de Iturrigaray en la noche del 15 de septiembre de 1808, contra los falsos calumniadores que los infaman y atribuyen el indicado suceso a opresión, agresiones y ofensas de su parte contra los americanos, que ha asolado este reino (1821); citado por Lizardi en Chamorro y Dominiquín. Segundo diálogo jocoserio..., en Obras XI, op. cit., pp. 175-202.
(13) Martín Ángel Michaus. Intervino de palabra a favor de Iturrigaray cuando éste fue destituido del cargo de virrey por el golpe de Gabriel de Yermo. Fue mayor del regimiento del comercio. Después se le citó como cómplice de una conspiración contra el virrey Venegas, organizada en la Ciudad de México.
(14) José Gómez de la Cortina (1799-1860). Más conocido como conde de la Cortina. Español que fue diplomático en su juventud. Escribió un diccionario de españoles célebres. Miembro de número de la Sociedad Científica y Literaria. Era gramático y filólogo. Fue caballero de la Orden de la Montesca, gran Cruz de Carlos III, Gentilhombre de Cámara de Fernando VII, ministro de Hacienda de México (1838-1839), general de brigada y gobernador; en su “Casa Colorada” dejó una rica biblioteca y pinacoteca. Aparentemente murió pobre.
(15) José Ignacio Aguirrevengoa. Fue capitán de la Quinta Compañía del Segundo Batallón de Patriotas. Fue alcalde de primer voto del Ayuntamiento Constitucional, en 1820, junto con el conde de Alcaraz, según consta en la lista de los “Ciudadanos elegidos en este día por los electores parroquiales de esta capital para el Ayuntamiento Constitucional”, en el Suplemento del Noticioso General número 699, de 21 de junio de 1820. En una colecta o subscripción promovida por Venegas en beneficio de los soldados de Cádiz que peleaban contra los franceses, Aguirrevengoa envió el dinero. Además con Martín García, fueron de los primeros en apuntarse. Véase La catástrofe de Cádiz en Obras X, op. cit., pp. 215-223.
(16) Miguel Ramos Arizpe. Estudió en el Seminario Conciliar de Guadalajara. Cura interino de Monterrey. Diputado a las Cortes de Cádiz y Madrid (1810-1814). Chantre de la Catedral de Puebla. Diputado por Coahuila en el segundo Congreso Constituyente Mexicano, donde contribuyó de manera significativa a la formación del Acta Constitutiva y a la Constitución Federal. También fue ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos. Escribió Idea general sobre la conducta de don Miguel Ramos Arizpe, México, impreso por Herculana del Villar, 1824.
(17) Cf. nota 46 a La tragedia de los gatos y nota 13 a Segunda zurra...
(18) Cf. nota 10 a Segunda zurra...
(19) 3 de agosto de 1825: “el Emperador del Brasil —anota Bustamante en suDiario histórico— ha invadido (luego que supo la acción de Ayacucho) las Provincias de Entre Ríos y Chiquitos.” 16 de octubre de 1825: “Son escandalosas las agresiones que ha hecho D. Pedro emperador del Brasil en la provincia de Chiquitos o sea Chicuitos en el Perú según anuncia el Sol de hoy remitiéndose al Argos de Buenos Aires, mas parece que quince mil hombres al mando del Gral. Sucre situados en el Alto Perú lo harán volverse sobre sus pasos. Dicho D. Pedro estaba en contestaciones con los Grales. Españoles de la Serna y Olañeta antes de la invasión de y derrota de Ayacucho, y de ésto devieron haberse mantenerse firmes por tanto tiempo”, t. III, vol. I, pp. 113 y 141.
(20) En el original “discusiones”. Corregimos siguiendo la indicación de la segunda parte de este folleto.
(21) En la época de Iturbide de la “Costa Rica de Guerrero se rebelaron proclamando rey a Fernando VII, pero fueron rápidamente subordinados”. Rafael Heliodoro Valle, Iturbide, varón de Dios, op. cit., p. 187.
(22) Cf. nota 4 a Temible conspiración...
(23) Joaquín Arenas. Fraile dieguino aprehendido por conspirar contra el nuevo gobierno. Fernández de Lizardi nos habla del mismo tema en Diálogos entre el fiscal y el defensor del padre Arenas (1827) y Si muere el fraile traidor... (1827) en este volumen, así como en el Correo Semanario de México (Obras VI, op. cit.). Algunos acusados de estar en complicidad con Arenas fueron: Pedro Celestino Negrete, José Antonio Echávarri, Manuel David, Domingo de San José, Mateo Moran y Eutimio Rionda. Véase el documento Parte del general Vicente Filisola, comandante general de la Plaza de Valladolid, Michoacán, dando cuenta de la aprehensión de Nicolás Ruiz, José Medrano y fray Agustín de Arenas por el delito de conspiración. México, 1827, y el Correo Semanario de México núm. 10, Obras VI, op. cit., especialmente las páginas 162-163. Sobre Arenas, la opinión de Enrique de Olavarría y Ferrari es la siguiente: al comenzar 1827 se descubrió “la conspiración llamada del P. Arenas, que por sí misma, no hubiera herido la fibra patriótica de la gente de buena fe ni servido de pretexto á los yorkinos para pronunciarse contra los españoles residentes en el país, si el gobierno, no suspicaz y más justo, no hubiese dado al hecho monstruosas proporciones; pero el ministro Pedraza, constante en sus enconos y firme en su aversión á los hijos de la que fué metrópoli del Nuevo Mundo, halló en el suceso del P. Arenas una ocasión oportuna para vengarse de los que juzgaba sus enemigos personales.” México a través de los siglos, op. cit., p. 162. La conspiración de Arenas adquirió tal grado de violencia e intensidad como no era de esperar de un complot contrarrevolucionario en que participaron menos de 50 españoles. Los partidos escocés y yorkino aprovecharon el hecho para hacer proselitismo: El partido escocés, al principio negó de buena fe la existencia de una conspiración, alegando que las logias yorkinas habían fabricado el complot para inflamar a la opinión pública. La ventaja, así, pasó a poder de los yorkinos, que acusaron al partido escocés de tratar de ocultar su participación en el movimiento reaccionario [...]. El fraile Arenas y sus amigos trataron activamente de lograr que un brazo militar acudiera en ayuda de la Iglesia y de su protectora, la monarquía española.” Harold D. Sims, La expulsión de los españoles de México, op. cit., p. 29.
(24) Sol. Cf. nota a a La tragedia de los gatos...: “Asuntos del padre Arenas. ‘Éste es el asunto favorito de las conversaciones del día —anota Lizardi. No se oye hablar por todas partes sino de la conspiración del padre Arenas. En los papeles públicos se da la noticia de la prisión de varios individuos más, y entre ellos algunos frailes. Unos escriben y hablan con ardor, exigiendo el severo castigo de este conspirador, y otros, los únicos, los editores de El Sol, tratan de desvanecer este atentado horroroso en términos [...] que es de esperar que mañana digan que es falso cuanto se ha publicado en la materia y, tal vez, que no existe en el mundo tal padre Arenas”... número 11 del Correo Semanario de México en Obras VI, pp. 175-176. En El Sol (año 4, núm. 1315 del 21 de enero de 1827, p. 2346) se lee: “REFLECSIONES SOBRE EL PLAN DE CONSPIRACIÓN DEL PADRE ARENAS. Sres. editores de El Sol.— Luego que llegaron a mis oídos las grandes noticias que han corrido ayer, salí de mi casa con objeto de imponerme en asuntos de tanta trascendencia, y en que la patria llevaba una parte tan esencial: efectivamente leo el Correo de la Federación, y encuentro borbonistas de hecho, frailes, venenos, regencias, comisarios regios, obispos, cabildos, y tanto, tanto, tanto, que apenas cabía en mi pobre cabeza, y cuando con todo esto (a pesar de estar como tonto en vísperas) ya me figuraba ver ahorcados generales, coroneles, empleados, y tantos otros como los señores delCorreo apuntan con el dedo por borbonistas, me halla un amigo, de estos que entienden de política, y viéndome tan confundido con mis reflexiones, me dice: hombre, no sea usted majadero, llame la atención á los sucesos y voces anteriores, y se desengañará de que no es león el que ha visto pintado: ¿usted sabe que los yorkinos y... E... y V..., han jurado vengarse de los que llaman ellos mismos borbonistas, por la víctima de Padilla?, ¿qué, desean envolver en esta ruina a los clérigos, porque no han cooperado a sus ideas?, ¿qué días ha están queriendo hacer aparecer una conspiración española, que como no existente no han podido denunciar?, ¿que días pasados han estado alarmando al pueblo, y queriendo dar la filantrópica voz de mueran los gachupines? Pues bien, amigo mío: si usted nada de eso ignora, ¿cómo se ha aturdido tanto? Confieso a usted, amigo, que si antes estaba hecho un bobo, ahora me ha dejado un poco peor. ¿Pues qué tiene que ver todo lo que usted me ha dicho, con que el fraile español Arenas fuera a invitar al señor comandante general para proclamar a Fernando VII? Sí, amigo, sí tiene que ver, y si usted es muy tonto no es mía la culpa. Los yorkinos querían dar la voz dicha: al efecto aparentaban la conspiración española; no podían denunciarla porque era imaginaria, su voz iba a ser destruida porque no teniendo en qué apagarla, serían más los contrarios que tuviera que los adictos; y en tal estado se valen de un fraile enteramente corrompido: le hacen creer que la conspiración era indudable, lo precipitan hasta el grado de invitar al señor Mora, fingen que ya preso hubo su correspondiente veneno, y como que nada se descubría, la obra era hecha, pues en seguida tenía usted a mis hombres en campaña, diciendo: que hay un gran plan para subyugarnos, no tiene duda; que los enemigos están dentro, pues muerto Arenas no se han podido descubrir y castigar, es evidente. Luego la patria se pierde o es indispensable medidas muy fuertes y precautorias. ¿Y cuáles son? (hasta los niños lo saben): expulsión de españoles y de los titulados borbonistas; pero como afortunadamente, es[e] fraile es más duro que el veneno, está vivo, vivito, cantará, pues no tiene otro arbitrio, y entonces veremos el parto de los montes, y usted se desengañará de que el plan es obra de los señores eminentes, y que donde únicamente ha existido es en las cabezas de los que los formaron, para conseguir sus fines, por medio de un instrumento muy adecuado y digno de tales compañeros. Esto es, amigo mío, lo que efectivamente hay de revolución y de trampantojo fernandino a mi parecer, y le aseguro que no me tranquilizaré hasta que llegando el desenlace, vea ahorcar españoles; españoles y borbonistas se aparecen comprometidos y criminales, o yorkinos y mexicanos si mis cálculos son ciertos. /. M.” En el mismo número de El Sol se lee: “México 21 de enero. En el Correo de la Federación de ayer se dice lo siguiente: ‘Ayer ha sido arrestado fray Joaquín Arenas, religioso dieguino, español, por haber intentado seducir al comandante general don Ignacio Mora, para tomar parte en una conspiración en favor del paternal gobierno de Fernando VIL El día anterior se había presentado al patriota general Mora, manifestándole los planes de dicha conspiración, y el benemérito oficial le invitó a continuar sus conferencias para el día siguiente, que fue el de ayer a las siete de la mañana. Comunicada la noticia al presidente de la Federación, éste, de acuerdo con el señor Mora, dispusieron se ocultasen un senador y un diputado en un cuarto inmediato al en que debía el malvado fraile continuar descubriendo sus planes al general Mora [...]. El señor Mora avisó a los testigos que salieran, y habiéndolos visto el padre Arenas dijo: señores, se me ha hecho traición, mas yo estoy resuelto a morir por mi rey y por mi religión, no seré el primer mártir de estas causas sagradas e iré al suplicio con placer. Tal es la fuerza del fanatismo. En este punto se nos acaba de decir que el fraile ha sido envenenado en su prisión. El gobierno ha tomado y toma las medidas más enérgicas para descubrir los cómplices: dificultamos mucho que se consiga, aunque casi se apuntan con el dedo los adictos al gobierno español.’ Hasta aquí el periódico citado, y nosotros deseamos como ellos que se aclare más que la luz esta intentona del bendito padre fray Joaquín Arenas, se rastreen con eficacia y acierto todas las ramificaciones de esa conspiración borbonista, y se descubran sin quedar uno solo todos los cómplices en ese complot parricida.”
(25) Águila. Cf.nota 54 a La tragedia de los gatos... En la Águila Mexicana (año 4, núm. 36, 5 de febrero de 1827, p. 3) se lee: existe un apartado donde se publican las versiones de varios periódicos sobre el asunto Arenas. Tomamos de ahí lo siguiente: “El Mercurio del 27 de enero dice: ‘Muchas e interesantes son las conversaciones que se escuchan referentes á la conspiración borbónica que insertamos ayer: diferentes son los cálculos de varias personas, y todas son conjeturas... Se sabe que con anuencia del Ecsmo. Sr. presidente fueron testigos un senador y un diputado, ambos del congreso general; y es constante que se ha nombrado un fiscal. ¿Por qué esa manía de dudar que conspiran los borbonistas? No faltó ayer quien dijese, a pesar de lo expuesto, entre otras conjeturas, que era plan de los yorkinos a favor de la familia de Iturbide. Pero ¿acaso se ha dicho que sea yorkino el Sr. Mora? ¿Es acaso yorkino el coronel Fació? ¿Lo es el Ecsmo. Sr. Presidente? ¿El general Pedraza está acaso tachado de yorkino? Pues estas personas son las que hasta ahora están obrando y salvándonos: luego algo creen, y luego es preciso confesar que serían muy simples los de York si diesen á manejar una intriga suya a jefes y fiscales que no están en sus filas”...
(26) yorkinos. Cf. nota 11 a A ti te lo digo...
(27) hacer chica. Es hacerla a un lado, menospreciarle, no tenerla en cuenta. Joaquín García Icazbalceta, Vocabulario de mexicanismos, op. cit., p. 147.
(28) chaquetas. Cf. nota d a Breve sumaria...
(29) La nota la reproduce El Sol (año 4, núm. 1323, 29 enero 1827, p. 2378); “En la Águila de ayer se lee lo siguiente: ‘Estamos autorizados para asegurar que ni el Sr. Ramos Arizpe ni otro alguno de los Sres. ministros ha promovido en ninguna de las cámaras, el que se concedan al gobierno facultades estraordinarias, y nosotros añadimos hoy que según lo que hasta ahora manifiesta el proyecto de conspiración, no ha de llegar el caso de que se necesiten, pues parece que los comprometidos no eran gentes de armas tomar, ni de grandes caudales y relaciones. Religiosos españoles que nos reconquistasen con sermones y ecsitasen al pueblo ignorante a la sublevación, es lo mas que hasta hoy se advierte, asi en la causa que se sigue en Oajaca, como en lo que hasta ahora notamos de la del padre Arenas; y si en eso parara, son muy obvias las medidas que bastarían para evitar el mal, si es que alguna podian causar sermones de unos cuantos religiosos españoles contra sermones de religiosos y clérigos mexicanos, y también españoles que desimpresionarían á la gente muy ignorante, y llegado ese caso, nada difícil sería que hiciesen bajar del pulpito á pedradas á los tales misioneros’ [...] manifestación franca de los editores del Águila, tenido por algunos como periódico semioficial, comprueba cuanto hemos dicho del famoso plan del padre Arenas, y nos felicitamos [...] de que hasta aquí sólo esté concentrado en su reverencia ó algunos otros pocos como su paternidad. Circunspección, prudencia y calma es lo que necesitamos en negocios de esta trascendencia.”
(30) Couto. Cf. nota 226 a Observaciones que El Pensador...
(31) Catedral. Cf. notas 52 a La tragedia de los gatos... y 5 a Preguntas interesantes...
(32) Enríquez. Hubo un diputado por México Rafael Enríquez en el Congreso del 1º de enero de 1825 al 27 de diciembre de 1826.
(33) Alejandro VI. Cf. nota 217 a Observaciones que El Pensador...
(34) poblanos. Habitantes de Puebla. Gozaban de mala fama, como se refleja en la palabra “poblanada”, falso afecto, carantoña, adulación; y en l refrán “Perro (o mono), perico y poblano no lo toques con la mano, tócalo con un palito que es un animal maldito (o con un palito y de lejitos)”, refrán que señala cierta atribución de falacia y de doblez a los poblanos. Santamaría, Dic. mej.
(35) Congreso. Cf. nota 8 a La tragedia de los gatos...
(36) El 2 de mayo de 1826 el Congreso suspendió la vigencia de títulos nobiliarios y mandó raspar los escudos de las fachadas. Cf. nota 16 a Entre bobos...
(37) Cf. nota 13 a La tragedia de los gatos...
(38) Santa Mónica. En el Estado de México, tal vez se trata del lugar donde ahora está el fraccionamiento de este nombre, perteneciente al municipio de Tlalnepantla, en la salida de la carretera México-Querétaro.
(39) Azcapuzalco. Cf. nota 32 a Una buena zurra...
(40) Tacubaya. Cf. nota 24 a Segunda zurra... “La línea que cubrían los realistas, á partir de Guadalupe, corría por Tacuba, Tacubaya, Mixcoac, Coyoacán y remataba en el primer punto, pasando por el Peñón. La proximidad de sitiadores y sitiados debía ofrecer coyuntura para algún choque, y ste se efectuó el 19 de agosto [1821] en el Pueblo de Azcapotzalco [...]. Aastasio Bustamante, que había ocupado con la vanguardia el molino de anta Mónica y las haciendas del Cristo y Careaga, envió a la mañana del ía que hemos citado (19 de agosto), al capitán Velázquez con ochenta soldados para que hiciese un reconocimiento por el rumbo de Tacuba. Este oficial, después de sostener un vivo tiroteo con una avanzada realista, se replegó al punto de su partida; pero algunas horas más tarde una fuerte columna de independientes, guiada oficiosamente por el capitán Acosta, según dijo Bustamante en su parte á Quintanar, cargó reciamente á parte de la guarnición realista de Tacuba, que defendía un puente situado entre este pueblo y Azcapotzalco, y la obligó á abandonarlo con algunas pérdidas de muertos y heridos. Apenas supo Bustamante que la columna de Acosta había empeñado la acción contra sus órdenes expresas y las de Iturbide, quién previno no comprometer ningún choque durante su ausencia, marchó con el resto de la vanguardia a Azcapotzalco, donde se le unió con su columna el capitán Acosta y juntos desfilaron hacia la hacienda de Santa Mónica. Entretanto, toda la tropa realista de Tacuba al mando del teniente coronel Buceli y las divisiones segunda y tercera que á las órdenes de Concha salieron de Tacubaya á darle auxilio, dirigiéndose á Azcapotzalco y siguiendo á la división independiente, atacaron con denuedo su retaguardia cerca de la hacienda de Careaga. Bustamante les hizo frente, y poniéndose a la cabeza de las guerrillas de la Sierra de Guanajuato, de los granaderos de la Corona y del batallón primero Americano cargó con bravura á la vayoneta y empujó al enemigo hasta Azcapotzalco, donde éste se hizo fuerte en el cementerio de la parroquia y en las principales casas del pueblo [...]. La división -de Bustamante perdió en esta refriega, sangrienta y porfiada, más de doscientos hombres, y un número igual de bajas sufrieron los realistas; ambos partidos prete