IMPUGNACIÓN(1) QUE LOS GATOS BARBILUCIO
Y MACHUCHO HICIERON DEL PAPEL TITULADO:
SI LOS LIBERALES NO DEJAN LA LENIDAD, PERECE
LA REPÚBLICA, O CUATRO PALABRAS
A EL PENSADOR MEXICANO
(2)

 

 

Bien hace quien su crítica modera;
pero usarla conviene más severa
contra censura injusta y ofensiva,
pues el no hablar con sincero denuedo,
poca razón arguye o mucho miedo.
Iriarte.(3)

 

 

 

no [seriamente],

muy por encima

deben notarse

sus tonterías,

que hacer gran caso

de lagartijas,

es dar motivo

de que repitan:

valemos mucho,

por más que digan.(11)

Sobre si los americanos son más crueles con sus paisanos que los españoles, está en opiniones; pero en lo que no hay duda es en que, vencedores de los españoles, son incomparablemente más humanos con ellos, que ellos en igual caso con nosotros. Vencieron a los ingratos capitulados de Toluca, Juchi, Zacapoaxtla,(24) etcétera, ¿y a cuántos mataron a sangre fría? A ninguno. ¿Se parece esta conducta a la de un Trujillo que sacó moribundo al padre Salto(25) para asesinarlo en la plaza de Valladolid?(26) ¿Se parece a la de otro comandante que hizo lo mismo por el rumbo de Otumba(27) con el doctor Crespo?(28) Y por último, ¿se parece a la del sanguinario Concha,(29) quien atormentaba a los desgraciados americanos con las llaves de los fusiles, los fusilaba en medio de la crápula y embriaguez, robaba a los inocentes en los camiones; les preguntaba si eran insurgentes, y respondiéndole que no, decía él: pues para que no lo sean, que los fusilen, y de este modo asesinó a muchísimos? ¿Se parece, digo, la conducta de los americanos vencedores de los españoles a la que éstos observaron con ellos? ¡Ah!, El Pensador teme y dice muy bien que si los españoles llegasen a dominarnos, se repetirían los horrores de la Conquista, tales como los pinta en su Tragedia. Sobre este punto, lo dicho,dicholo escrito escrito.(30)

Pero para los hombres, cuando pueden, todos los siglos son quinces. En el XVIII acabamos de ver aquí y en la otra América por el largo período de doce años repetir las mismas crueldades contra los americanos insurgentes. Ellos talaron sus campos, violaron sus hijas y mujeres, profanaron sus templos, inmolaron, y con escarnio, a sus sacerdotes, saquearon e incendiaron sus pueblos y sacrificaron más de ochocientos mil hombres, mas esto no lo hicieron los Venegas(35) y Callejas,(36) los Cruces(37) y Trujillos, los Porlieres(38) y Conchas, etcétera, etcétera, etcétera, sino el tiempo, el siglo XVIII... ¡Qué siglo XVIII tan maldito!

Ni se nos reproche con que también algunos de los americanos insurgentes hicieron lo mismo, porque lo hicieron enseñados y provocados por los españoles, y aun se quedaron muy atrás.

¿Quién fue el primero que enseñó a violar los derechos de la guerra sino Trujillo en las Cruces?(39) ¿Quién les enseñó (aunque esto no lo aprendieron bien) a matar sacerdotes? ¿Quién a incendiar los pueblos? ¡Ay!, aún están muy frescas las llagas para que cicatricen y...

Las costumbres indiferentes están sujetas a los tiempos, como verbigracia las modas; pero los vicios no pueden llamarse costumbres indiferentes, y la razón los repugna en todos tiempos, aunque en todos haya habido criminales. Matar a los indios para dar de comer a sus perros los españoles, es obra de caribes, no del tiempo; darles tormentos y matarlos en ellos porque dijeran dónde tenían el oro,(45) es obra de ladrones, tiranos y ambiciosos, no del tiempo; faltar Cortés a la misa en día de precepto para hacerse azotar por un fraile,(46) es obra de fanáticos hipócritas, no del tiempo. Vivir éste y su tropa amancebados, bautizar a las mujeres para usarlas carnalmente, so pretexto de que necesitaban ese sacramento para servir lascivamente a los cristianos, dejando sin bautismo a los indios porque no servían para lo mismo, es obra de incontinentes, simoníacos y supersticiosos, no del tiempo; echarle grillos a Moctezuma en su mismo palacio, después de acogerlo y a toda su tropa con tamaña y nunca oída hospitalidad, es obra de viles ingratos, no del tiempo, y, en fin, usurparle a un monarca inocente su imperio con tantas ventajas, es obra de ladrones traidores, no del tiempo.

 

(El Pensador: En este instante me presenté en la tertulia, e impuesto de la materia que se versaba, les dije:)

 

Todo esto dice contra usted, adulando a los españoles toscamente, hasta decir que puesto que tienen carácter hagamos que esta firmeza de carácter torne en nuestro favor (como si necesitáramos su auxilio y les dijéramos; defiéndanos con su carácter, por amor de Dios, de los ingleses y franceses, nuestros aliados. ¡Qué adulador y malicioso es el hombre!) y esto dice que se haga atrayéndolos por la benevolencia.(49)

¿Ve usted aquí, señor Pensador, cómo el escritorcillo es tan necio como calumniador? ¿Conque los hemos de atraer a nuestro partido? ¿Luego no están en él? Porque al que está en una parte, no se atrae a ella. ¿Luego entre nosotros hay españoles que no son de nuestra opinión? ¡Oh!, que no es eso, dirá el escritor de la Sangre, yo hablo de los españoles de allá, pues los de acá todos son unos angelitos y nos aman más que a las niñas de sus ojos. Sí señor, le dijera yo, mucho nos aman algunos, pero no todos; pero aunque todos nos amaran y sólo se tratara de los de allá, debemos atraerlos con la benevolencia; y así, según nuestro autor, debería el señor ministro de Relaciones ponerle al señor Lemaur(50) una nota concebida en estos términos. “El Supremo Poder Ejecutivo, convencido de la firmeza de carácter de los españoles de allende de los mares, y conociendo cuánto interesa a la nación mexicana atraerlos a su partido para asegurar su Independencia y perpetuar su felicidad, ha mandado por el Ministerio de la Guerra(51) que desocupen nuestras tropas la Isla de Sacrificios,(52) que se destruyan los parapetos de la plaza de Veracruz,(53) se retiren nuestros buques al puerto de Alvarado(54) y que cese todo género de hostilidades contra el castillo;(55) y a mí me ordena prevenga a vuestra señoría que desde luego puede ocupar cuando guste la plaza de Veracruz, poner en ella su aduana marítima y cobrar los derechos de importación y exportación para subvenir a sus precisos gastos, dando parte de esta nuestra generosidad al gabinete español para los fines consiguientes; y cuando a vuestra señoría le parezca, puede pasar a esta capital, donde será tratado con la consideración que se merece y le dispensará en todos tiempos la BENEVOLENCIA AMERICANA. Lo que traslado a vuestra señoría”, etcétera.

¿No te parece, hijo Barbilucio, que con esta clase de benevolencia quisiera nuestro Zoylo(56) que tratáramos a los españoles?

Dice que yo pretendo que les quiten los empleos a los españoles para que me los den a mí ¡Gracioso desatino! Es decir, que yo quiero a un tiempo ser general, oidor, administrador de rentas, obispo, etcétera, etcétera, etcétera, porque los españoles tienen empleos de estas clases. Hay desatinos que no se deben criticar sino apuntar, y éste es uno de ellos.

En la misma página 2 asegura que no tengo ningún amor patrio aunque me inclino a todos los partidos;(57) es decir, que soy borbonista, iturbidista, federalista,(58) etcétera, etcétera, menos americano; pero sépase el señor mío que desde el año de [1]810 hasta hoy he prestado a mi patria servicios de algún tamaño y sin el más mínimo interés. Por esta misma patria he sufrido mil prisiones(59) y persecuciones del gobierno español; por ella he expuesto mi vida en las prisiones, en los caminos y a los filos de los puñales asesinos; por ella, en fin, me veo reducido a la miseria, y mi familia quedará entregada a la mendicidad después [de] mis días; pero como no basta que yo diga esto si no lo pruebo, quisiera que mi impugnador leyese todo cuanto he escrito en catorce años (cuyos escritos que ni ha visto, califica dedesatinos) y entonces vería con admiración que todos ellos no respiran sino el más puro patriotismo y las más sanas máximas de moral.(a)

Pero si no quiere tomarse ese trabajo, puede acercarse al Ministerio de la Guerra y verá un expediente mío(60) en que constan mis continuos servicios hechos a la patria desde el principio de la revolución, no sólo con la pluma, sino también con las obras, acreditados por los jefes y generales de todas épocas, servicios que la Junta de Premios,(61) nemine discrepante, los calificó de buenos y meritorios, consultando al gobierno, que me consideraba acreedor a lo que pretendía ínterin la nación hallaba cosa mejor con que premiarme. Hasta ahora ningún premio veo; pero esta declaración de una Junta respetable e imparcial, me hace más honor del que quisiera mi antagonista.

Si él me cree enemigo mortal de los españoles, se engaña de medio a medio. Para mí el hombre vale o desmerece por sus virtudes o vicios, no por el lugar de su nacimiento. Sé que el mundo es la patria común del género humano, y así todos los hombres somos compatriotas unos de otros. Nadie ha hecho más que yo en favor de los buenos españoles, y esto es público y notorio; así como he trabajado contra los malos. Un Mina(62) ni un O’Donojú(63) no se pueden poner al lado de un Venegas y un Calleja, ni un Concha al lado de un Echávarri,(64) etcétera, etcétera. Cada cual es hijo de sus obras; pero el conocimiento de una verdad no excluye el conocimiento de otra. Hay españoles buenos, benignos y amantes de los americanos, es una verdad. Hay españoles malos, crueles y declarados enemigos nuestros,es otra verdad. Ninguna de estas dos verdades se destruye mutuamente; pero así como fuera una criminal necedad decir que no hay español bueno, así también sería una adulación muy vil decir que no hay español malo. No, señor, hay buenos y malos, y más malos que buenos, como en todas las naciones del mundo; y la prudencia exige toda precaución contra los malos, sin que esto pueda llamarse odio, alarma ni sedición, ni menos sea digno de muerte como quiere el sanguinario autor a quien refuto.

Soberano Congreso Supremo Poder Ejecutivo (dice en la página 7), aquí tenéis la clave de las escisiones y de los papeles con que nos regalan cada día los revoltosos. Y para impedirlo es necesario que olvidéis la lenidad. Sangre está pidiendo el árbol de la libertad para fructificar; sin ella se marchita o se seca; sangre es preciso que se derrame...; mueran los díscolos... sean iturbidistas o borbonistas, y todo aquel que pretenda dividirnos... éstos son unos pocos ambiciosos aspirantes y nada más.(65)

Esta declamación es contra los americanos, pero especialmente contra mí, porque después de haber dicho que soy constantemente inclinado al desorden, amigo de la discordia y de todos los partidos, ambicioso y aspirante, y que trato de dividir con mi papel (página 2),(66) recopilar todos estos crímenes en su declamación, no es sino decirle al gobierno: Mira, en El Pensador concurren todos los delitos de que he hablado, ahórcalo, derrama su sangre para que fructifique el árbol de la libertad. Ni en la tribuna de la Convención francesa, ni en la boca del mismo Robespierre se oyó declamación más sangrienta.

Sangre quiere nuestro autor, pero sangre americana y la mía por delante: yo le debo vivir reconocido. Lo admirable es que cuando dice que quiere que se atraigan a los españoles a nuestro partido, aconseja la benevolencia;pero cuando quiere que entren en el orden los díscolos americanos, exhorta al gobierno a que olvide la lenidad y derrame su sangre... ¡Qué contraste!

Ya que tanta sed tiene este autor de sangre americana, sería bueno bañarlo en los tanques de las casas de matanzas de la calle del Rastro(67)para que bebiera y se hartara de sangre americana, aunque fuera de carneros; y que después el gobierno le diese la plaza de verdugo, que a fe que la desempeñaría a las mil maravillas.

Soberano Congreso, Supremo Poder Ejecutivo: muy lejos de abrigar en mi corazón unos sentimientos tan crueles, ni de persuadiros a que derraméis la sangre de los americanos, os exhorto, os suplico que continuéis con la lenidad y prudencia que hasta aquí.

La vida de un ciudadano vale mucho, y para quitársela es menester que su delito esté más claro que la luz del sol al mediodía. Así lo dice una ley española.

La pena de muerte es la última, la más terrible y la mayor de todas las penas, porque es irremediable, porque priva al nombre del único consuelo del infeliz, que es la esperanza de mejorar su suerte, y porque es injustamente trascendental. Sí, señor, las leyes modernas no quieren que la pena de infamia pase a la familia del delincuente, sino que pare en éste solo, considerando que es una injusticia notoria envolver al criminal con el inocente, pues la pena de muerte tiene este carácter de injusta, porque el golpe de la segur que descarga sobre el cuello criminal alcanza a los padres, a la mujer y a los inocentes hijos de éste.

Con razón los publicistas liberales han pretendido desterrarla de los códigos. El objeto de las leyes penales, sabéis, señor, que no es otra que corregir a los hombres, no exterminarlos; y la pena de muerte no deja al hombre en estado de enmendarse ni de ser útil a la patria alguna vez.

No se crea por esto que pretendo la impunidad de los delitos; ésta fuera una torpeza imperdonable. Necesarios son los castigos para hacer respetar las leyes y asegurar a los hombres en sociedad; pero una cosa es castigar los delitos, y otra exterminar los delincuentes.

Si en algún caso es eficaz y precisa la pena de muerte, es solamente, a mi entender, contra el homicida proditorio(68) o asesino alevoso. Este sí debe separarse de la sociedad de todo el mundo, como se mata al perro rabioso para que no siga haciendo daños irreparables. Dios mismo mandó que se derramara la sangre del asesino para que se vengara la que él había derramado: reddere sanguinem pro sanguine es sentencia divina. Si los asesinos supieran que no había ley que les quitase la vida, nadie tendría segura la suya.

¿Pero qué diremos, señor, acerca de los delitos de opinión? Yo me asombro y me estremezco al ver la facilidad con que los fiscales condenan a muerte a esta clase de delincuentes, sin advertir que el hombre no es dueño de su opinión, que ésta procede del error del entendimiento, en el que no tiene parte la voluntad, porque ésta obra conforme aquél le dicta, y es tan necesario que vaya acorde con el entendimiento, plenamente convencido de lo que concibe como justo o injusto, que sin esta percepción y concordancia ni Dios se da por ofendido.(b)

Yo me asombro, vuelvo a decir, al ver que en los delitos de opinión sólo se consulta con las leyes y no se estudia al hombre como él es. ¿Cuántas veces el que aparece delincuente en un tribunal será un inocente, un virtuoso, un héroe en el fondo de su corazón?

No me desdigo: los jueces están sujetos a las pasiones y al error como los reos que juzgan. Al señor don Leonardo Bravo,(69) al licenciado Ferrer,(70)Castaño, Dongo(71) y a otros los condenaron a muerte que sufrieron en el Ejido(72) y Mixcalco.(73) ¿Y por qué? Por revolucionarios, traidores y enemigos de la patria. En el mismo salón de Astrea se sientan algunos ministros de los que los sentenciaron; y hoy esos mismos han rendido públicos homenajes a las cenizas de Hidalgo,(74) Mina, Morelos(75) y otros. Es decir, han reconocidocomo héroes a los mismos que en otros días hubieran condenado a muertecomo criminales. ¡Tanta es la miseria del hombre!

No digo por esto, y es menester repetirlo, que los delitos se queden impunes, ni aun los que sean de opinión; pues como ésta puede ser por error o malicia, fácilmente se disculparían los delincuentes, y entonces la república estaría mal segura, porque se multiplicarían las revoluciones. Lo que digo es que, no pudiéndose saber con evidencia si los delitos de opinión son o no maliciosos, la prudencia exige que se castiguen, pero no con la pena capital. Las suspensiones y privaciones de empleos, los encarcelamientos y destierros, son penas aflictivas y correccionales, que castigan el delito, enmiendan al hombre y lo dejan en estado de volver a ser útil a la sociedad; cuando la pena capital extermina al delincuente sin provecho (en estos casos) y le arranca a la misma sociedad un individuo que pudiera ser mañana su ornamento, ¿qué ventajas hubiéramos tenido en esta época si no hubieran asesinado en la pasada a los Hidalgos y Allendes,(76) a los Matamoros(77) y Crespos, a los Bravos(78) y a los Minas, y a tantos otros? Estos héroes, en el gabinete y la campaña con la espada y con la pluma, os hubieran hecho, señor, más soportable el ímprobo trabajo de gobernar una nación grande en medio de sus oscilaciones políticas; pero la furia del gobierno español nos privó para siempre de esos beneméritos atletas.

La justicia, señor, jamás ha de parecer venganza; antes debe ir tan suavizada por la misericordia que entienda el pueblo que les es repugnante a los jueces el aplicar las leyes a los culpados.

Este temperamento quería el sabio rey don Al[f]onso cuando dijo: “ca como quier que la justicia es muy buena cosa en sí e de que debe el rey siempre usar; con todo esto, fazese muy cruel cuando a las vegadas no es templada con la misericordia.”(c)

Para privar a un hombre de la vida no se necesita ni ciencia ni virtud. Una fiera, un asesino, una vil sabandija se la quita; pero para conservársela se necesita todo un Dios, y en esto se parecen a Dios los reyes y los que gobiernan los pueblos.

Cuando Cicerón defendió a Quinto Ligario, enemigo declarado del César, le dijo: “Ruégote, oh Cayo César, que no dudes el procurar muchas veces la alabanza de semejante gloria (esto es, la de ejercitar la piedad) porque no hay cosa tan vulgar como la bondad; ninguna de tus muchas virtudes no es más grata ni más admirable que la misericordia; pues los hombres en ninguna cosa se parecen a los dioses como en conceder la vida a los prójimos. Ni tu fortuna tiene cosa mayor que el poder, ni tu naturaleza que el querer conservar la vida a muchísimos.”(d)

En vista de esto, señor, os conjuro por el cielo y la tierra para que jamás abandone la lenidad para con los americanos. Economizad, señor, su sangre, que mucha han derramado en catorce años. No se diga que un gobierno paternal secundó los sacrificios de un tirano; ni nuestros enemigos tengan el gran día de ver derramar la sangre americana en los cadalsos. Castigad enhorabuena los delincuentes; pero haciendo distinción entre los delitos, templando la misericordia con la justicia, y en caso necesario que sobrepuje aquélla a ésta. Este exceso de pi[e]dad resplandece en el mismo Dios, como dice el real profeta.(e)

Desoíd a los que aparentando un celo santo por la conservación del orden os persuaden a que derraméis la sangre americana. No todo se ha de llevar a sangre y fuego. El hombre es animal manso por naturaleza, y nace desarmado en prueba de ello; por lo mismo, es más fácil guiarlo con la dulzura y la prudencia que con el cuchillo y el rigor. Aquélla lo convence, éste lo irrita. Venegas y Calleja trataron de extinguir la insurrección con estos medios, y en ninguna época se manifestaron más furiosos los americanos. A millares morían y a millares se levantaban contra los españoles. VinoApodaca(79) y a fuerza de repetir indultos, si no consiguió extinguir el amor patrio, a lo menos desarmó a los insurgentes. Apenas el señor Guerrero,(80)el brigadier Hernández(81) y el valiente Alquicira(82) conservaron por el sur el fuego sacro.

Tampoco creáis, señor, que la vindicta pública se interesa en que todo género de delitos se castigue con la última pena. A ningún hombre le interesa que maten a otro hombre, sino al que lo puede matar a él; por eso el asesino alevoso es digno de muerte.

Esos alegatos de la vindicta pública no son sino el eco de la venganza y demás pasiones de los que los profieren. Escuchad solamente, señor, los gritos de la justicia y la clemencia; economizad la sangre de nuestros compatriotas, sed piadoso, y el cielo con los hombres os llenará de bendiciones.

 

México, 23 de junio de 1824.


[José] Joaquín Fernández de Lizardi.

 

 


(1) México, Oficina de Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...]. Este folleto fue publicado por Luis González Obregón en El Pensador Mexicano. Diálogos sobre cosas de su tiempo sacados del olvido por... México, Cultura, 1918 (t. VI, núm. 6), pp. 59-78.

(2) Número 2 del papel titulado Si los liberales no dejan la lenidad perece la república, o cuatro palabras a El Pensador Mexicano, México, Imprenta a cargo de Ribera, 1824, 8 pp. El número 1 se titula Si los liberales no dejan la lenidad perece la repúblicao sea Reflexiones imparciales sobre los papeles titulados: O se descoyota a la nación o cesa su libertad, y voz de la razón contra los gachupines empleados, México, Imprenta a cargo de Martín Ribera, 1824,8 pp.

(3) Fábula 30, “El erudito y el ratón”, de Iriarte: “En el cuarto de un célebre erudito / se hospedaba un ratón, ratón maldito / que no se alimentaba de otra cosa / que de roerle siempre verbo y prosa. / Ni de un gatazo el vigilante celo / pudo llegarle al pelo, / ni extrañas invenciones / de varias ingeniosas ratoneras, / o el rejalgar en dulces confesiones, / curar lograron su incesante anhelo / de registrar las doctas papeleras / y acribillar las páginas enteras. / Quiso luego la trampa / que el perseguido autor diese a la estampa / sus obras de elocuencia y poesía; y aquel bicho travieso, / si antes el manuscrito le roía, / mucho mejor roía ya el impreso. / ‘¡Qué desgracia la mía!’ / El literato exclama; ‘ya estoy harto / de escribir para gente roedora; / y, por no verme en esto, desde ahora / papel blanco no más habrá en mi cuarto. / Yo haré que este desorden se corrija...’ / Pero, si: la traidora sabandija, / tan hecha a malas mañas, igualmente / en el blanco papel hincaba el diente. El autor, aburrido / hecha en la tinta dosis competente / de solimán molido, / escribe (yo no sé si es prosa o verso), / devora, pues, el animal perverso, y revienta por fin... ‘¡feliz receta!’, / dijo entonces el crítico poeta: / ‘Quien tanto roe, mire no le escriba / con un poco de tinta corrosiva’. / Bien hace quien su crítica modera; / pero usarla conviene más severa, / contra censura injusta y ofensiva, / cuando no hablar con sincero denuedo / poca razón arguye, o mucho miedo.” Las mejores fábulas del mundo, selec. María del Pilar Bueno, revisada por Manuel Castellfort, Barcelona, de Gassó Hermanos, 1959 (Enciclopedias Gassó), p. 225.

(4) callejón de la Polilla. “Este callejón, situado de Oriente á Poniente está cerrado hacia el primer viento por el callejón de Pañeras [hoy uno de los tramos de Aldaco] y hacia el segundo por la tercera calle de San Juan [San Juan de Letrán, hoy uno de los tramos de Eje Central Lázaro Cárdenas]. El progreso incesante de la ciudad ha mudado el aspecto y, más que todo, el modo de ser de ese callejón. Ahora que la población ha crecido tanto por ese lado de la ciudad, se encuentra en medio de poblado limpio, con su atarjea cubierta, y poblado de honrados vecinos; años atrás, y con más razón siglos atrás, estaba en un arrabal, sucio, con un caño abierto en su centro, inmundo y pestilente, por donde corrían sus aguas, y poblado de gente non sancta, polilla que roe y destruye la sociedad con sus estragadas costumbres [...]. Cuando la sociedad se pobló pasaba por allí una acequia que se llamó después del Puente Quebrado [...] y venía por la calle del Puente Quebrado [hoy uno de los tramos de República de El Salvador].” A ambos lados de la acequia había desembarcaderos destinados al tianguis de San Juan. José Ma. Marroquí, La Ciudad de México, México, Tip. y Lit. “La Europea”, de J. Aguilar Vera y Compañía, 1903, t. III, p. 606.

(5) maromero. Cf. nota 3 a La tragedia de los gatos...

(6) al primer tapón zurrapas. “Phrase, con que se reprehende á los que por sus ruines operaciones dan desde luego á conocer su mal modo”. Dic. de autoridades.

(7) zurriagazo. Golpe dado con el zurriago o látigo.

(8) cate usted. Del siglo XIII al XIV tener en cuenta; en los siglos XIV y XV investigar o discurrir algo. Del siglo XIV al XX examine usted o registre.

(9) La tragedia de los gatos... En este volumen.

(10) tirar la piedra y esconder la mano. “Refrán que se aplica al que disimuladamente y en secreto hace daño a alguno y en lo público se muestra apasionado y parcial.” Dic. de autoridades.

(11) Fábula 57, “El naturalista y las lagartijas”, de Iriarte, citado por Fernández de Lizardi en el Suplemento a El Pensador Mexicano del miércoles 24 de enero de 1814, en Obras III, op. cit., p. 499; aunque inicia diciendo “No seriamente”, en vez de “no con empeño”.

(12) chocante. Fastidioso, molesto, cargante, repulsivo, repugnante, antipático. Santamaría, Dic. mej.

(13) ahí está la gracia, en escoger el grano y aventar la paja. Más conocido como apartar el grano de la paja.

(14) En Si los liberales dejan la lenidad, núm. 2, p. 1.

(15) Dice textualmente: “México por los Borbones cuyo autor ha tomado el carácter de sus héroes que es hacer sangre aun cuando juegan.” Idem.

(16) Ibidem nota a.

(17) Iturbide. Cf. nota 17 a La tragedia de los gatos...

(18) Vicente Gómez. Famoso pandillero que se tuvo como enemigo de toda la forma de gobierno y de paz. En el Manifiesto del Congreso Constituyente del Estado Libre y Soberano de la Puebla de los Ángeles á los habitantes de su distrito (Puebla, Imprenta Nacional, 22 de julio de 1824, firmado por Antonio María de la Rosa, presidente; José María Oller, diputado secretario, y José Ma. Calderón, diputado secretario) se exhorta a luchar contra este malhechor. “Vicente Gómez El Capador ha entrado de fuerza armada en Izúcar hostilizando á los europeos: dícese que entre los que há pescado uno de ellos há sido don Félix de la Madrid terrible comandante que tuvo El Gobierno Español y que hizo horrendas atrocidades.” Diario histórico de México (18 de abril 1824) de Carlos Ma. de Bustamante, Nota previa y notas al texto de Manuel Calvillo, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1981, t. I, vol. 2, p. 56. “Se han recibido noticias de que el Capador Gómez há asesinado á Don Félix La Madrid arrestándolo en Izúcar y á otros tres gachupines; hallóse su cadáver colgado, y cocido [sic] á puñaladas. Noticia de 22 de abril de 1824”, ibid., p. 57. El 25 de abril del mismo año, Bustamante consigna: “Se sabe que el Capador Gómez há hecho una gran matanza en una Hacienda de los Llanos de Apan sin perdonar ni aún [sic] a las mugeres. El Xefe Político de esta Ciudad refiere por circunstancia de una atrocidad que no tiene ejemplo, que exprimió las pistolas en las partes pudendas de aquellas infelices. Parece que se le va á proscribir poniendo talla á su cabeza.” Idem.

(19) Los suspensivos indican una supresión, a saber, “tomadas en su verdadero sentido”, y termina la cita con la frase: “y que es el que le damos, como verá el lector.”

(20) Así empieza la nota a de la página 1 del folleto citado.

(21) insurgentes. Partidarios de la primera insurrección independentista.

(22) Pedro El Negro. Pedro Rojas actuó en el Valle de México, especialmente en los caminos de Toluca y Cuernavaca; sus actividades insurgentes estaban mezcladas con asaltos. Tuvo fama de hombre sanguinario. El 14 de septiembre de 1817 asaltó al hijo mayor de Gabriel de Yermo y mató a seis personas, entre ellas al administrador de la Hacienda de Temixco, José Acha; Yermo logró escapar. El 21 de enero de 1818 el teniente coronel Casasola aprehendió a Pedro El Negro, quien fue pasado inmediatamente por las armas. Su cabeza fue enviada al realista Blas del Castillo y Luna, y su mano derecha fue colocada en el sitio donde perdió la vida Acha. Se decía que antes de morir Pedro El Negro confesó haber matado por su propia mano a más de seiscientas personas. Su nombre sustituyó al de las calles de San Agustín de las Cuevas en Tlalpan.

(23) Señor de la Sangre. Alude a una obra de teatro no localizada y, tal vez, también al derecho de conquista basado en argumentos religiosos. En la Biblia se escribió sobre Jesucristo, en una profecía sobre su “triunfo”: “Pues, ¿por qué está rojo tu vestido, y está tu ropa como la de aquellos que pisan la vendimia en el lagar? El lagar lo he pisado yo solo, sin que nadie de entre las gentes haya estado conmigo. Pisélos, a los enemigos, con mi furor, y los rehollé con mi ira, y su sangre salpicó mi vestido, y manché toda mi ropa.” Is. 63, 2-3. En esta alusión bíblica podría estar basada la obra dramática: representando a Cristo como Señor de la Sangre, o Mesías, triunfador sobre los gentiles, a quienes conquistó a la fe.

(24) Muchos de los habitantes del Estado de México fueron partidarios en contra de su gobernador, Lorenzo de Zavala, de la expulsión de los españoles. Según Lucas Alamán, los yorkinos intentaron persuadir a la población de que todos los españoles tenían parte en la conspiración del padre Arenas [Cf. Si muere el fraile traidorque sea en la Plaza Mayor]. Para apoyarse en hechos, continúa Alamán, promovieron asonadas. Una de ellas fue excitada en Toluca por el capitán del número 6 de caballería, Santiago Guadarrama. Al respecto, éste escribió unManifiesto de los acaecimientos de Tolucaque en vindicación de su honor hace el ciudadano coronel Santiago Guadarrama (México, Imprenta de Mariano Ontiveros, 25 de agosto de 1823) donde desmiente que haya tomado parte en el asesinato de los coroneles Manuel Ruiz Elguero y Manuel Gracia, jefes del sexto regimiento de caballería, perpetrado por tropas que no querían ser mandadas por europeos. P. A. J. escribió Cumplieron los que dijeron, de aquí a cuatro meses nos veremos (Imprenta de J. M. Benavente y Socios, 1822) donde habla de las traiciones de los expedicionarios que se pronunciaron en Toluca, faltando a la garantía de la unión. Por su parte, Iturbide escribió El generalísimo almirante a los habitantes del Imperio(Imprenta Imperial, 16 de enero de 1822) donde comunica que no se desarmará a los expedicionarios, aunque sí se castigará a quien ataque las garantías. En otro comunicado, el 17 de enero de 1822, Iturbide avisa que salieron tropas para desarmar a los expedicionarios de Toluca y que el gobierno ha tomado medidas para evitar una contrarrevolución. Las desavenencias entre el Congreso e Iturbide dieron pie a que Francisco Buceli, teniente coronel, se levantara al frente de un regimiento de soldados españoles en Juchi; esta rebelión fue sofocada por Anastasio Bustamante y José Antonio Echávarri: “pero cómo pensaron con esa bastardía los capitulados en Juchi y otros han tratado de hacernos la guerra después de haber experimentado nuestra dulzura y lenidad”, Fernández de Lizardi en El Hermano del Perico que cantaba la Victoria, núm. 1, en Obras V, op. cit., p. 32. Cuando los españoles aún tenían Ulúa también era suyo el fuerte de Zacapoaxtla, porque el contrainsurgente teniente coronel Galindo se apoderó de la artillería de ese distrito: “¿Con que el señor Zerecero está muy satisfecho de que los españoles que viven con nosotros no están tan peleados con su pescuezo, que trabajen contra la Independencia? ¡Vaya, que este buen diputado tiene buena memoria! No queremos que se acuerde con los asonados de Juchi, Toluca y Zacapoaxtla.” Fernández de Lizardi, Obras VI- Periódicos. Correo Semanario de México, recop., ed., notas y presentación de María Rosa Palazón Mayoral, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Literarios, 1975 (Nueva Biblioteca Mexicana, 40), p. 164.

(25) José Guadalupe Salto, religioso insurgente conocido, entre otras acciones importantes, por el intento de atacar el fuerte de Jaujilla, que estaba en la laguna de Zacapu. Fue fusilado por Trujillo. Fernández de Lizardi lo consideró entre los héroes que sacrificaron su vida por la patria, en el número 25 de las Conversaciones del Payo y el SacristánObras Vop. cit., p. 265; también rememora que Trujillo condujo a Salto ya moribundo al patíbulo de Valladolid en una camilla, con la licencia del canónigo Queipo. Carta Segunda de El Pensador al Papista en Obras XIop. cit., pp. 553-566.

(26) Valladolid. Cf. nota 31 a La tragedia de los gatos...

(27) Otumba. Distrito del Estado de México.

(28) Manuel Sabino Crespo (1778-1815). Sacerdote insurgente y diputado al Congreso de Chilpancingo. Contribuyó a redactar la Constitución de Apatzingán. Fue capturado por el comandante español Águila; se le ofreció dos veces indultarlo a cambio de predicar un sermón contra la Independencia, ambas veces se negó. Fue fusilado por Calleja.

(29) Manuel de la Concha. Respecto de este militar español que aprehendió a Morelos, en el Correo Semanario de México, núm. 3, dice Fernández de Lizardi: durante la gesta de la independencia se “ejecutaron prisiones, saqueos y asesinatos, mandados por jefes incapaces de mandar ni ser obedecidos por el estado de embriaguez en que se hallaban, fuese por accidente o por costumbre, como el sanguinario y detestable Concha.” Obras VIop. cit., p. 55. Fue asesinado en el camino de Jalapa a Veracruz, donde iba a embarcarse, el 5 de octubre de 1821. Se supo que en 1820 había atormentado a varios presuntos culpables de conspiración en Apan. Uno de los acusados, Vicente Enciso, denunció al gobierno virreinal las acciones de Concha.

(30) lo dicho, dicho; lo escrito, escrito. “Lo dicho, dicho y en ello me afirmo.” Rodríguez Marín, Más de 21.000..., op. cit., p. 266. “Lo escrito, escrito está: lo dijo Pilatos, que no era ningún pelagatos.” Rodríguez Marín, citado por Martínez Kleiser en Refranero general ideológico españolop. cit., p. 213.

(31) La nota dice: “No ha quedado piedra por mover a los escritores para aumentar el odio a los españoles. Se ha alegado por causa de él lo acaecido en las conquistas, sin atender a que aquellos hechos, como dice el abate Raynal en su obra de Los establecimientos de los europeos en las dos Indias, eran vicios de los tiempos y no de las personas, pues en iguales circunstancias cualquiera otra nación había hecho otro tanto.”

(32) van con el tiempo. Más conocido como “andar con el tiempo.”

(33) Hernán Cortés venció a Moctezuma Xocoyotzin, quien reinó de 1502 a 1520, y recibió a Cortés en 1519. En Concluye el sueño de El Pensador Mexicano (1822, enObras XIIop. cit., p. 74). Lizardi lo llamó “déspota desgraciado” que fue obligado a entregar el poder a los españoles. Según una versión, Moctezuma murió de una pedrada cuando intentaba calmar la indignación popular; otras versiones afirman que fue asesinado por órdenes de Cortés.

(34) En realidad hubo una gran mortandad de indios no sólo por causa de la Conquista, sino por la peste de viruela de 1520.

(35) Francisco Javier Venegas de Saavedra (1760-1838). 59° virrey de la Nueva España, de 1810 a 1813.

(36) Félix María Calleja del Rey (1755?-1828). 60º virrey de la Nueva España; organizó el Ejército del Centro. Fernández de Lizardi frecuentemente habla de su crueldad. Fue vencido por Morelos.

(37) Cruces. Alude a José de la Cruz, general realista que hizo gala de su crueldad en Nueva Galicia y Michoacán. Consideró a los insurgentes fuera de la ley y del derecho y predicó en la creencia de que mayores eran los servicios que se hicieran al rey y a la religión mientras más fuera el número de los rebeldes que se matara. En las Conversaciones del Payo y el Sacristán, núm. 9 del t. I, Fernández de Lizardi copia un decreto de Fernando VII en el que indica que José de la Cruz obtendrá el gobierno y la presidencia de Guadalajara en cuanto se haya dado la reconquista (Obras Vop. cit.)

(38) Sólo tenemos datos de Juan Díaz Porlier, que fue defensor de la Constitución española y enemigo de Fernando VII, quien obviamente es una figura histórica contraria a la aludida.

(39) El 30 de octubre de 1810, con un ejército de 100,000 hombres, las tropas de Hidalgo, dirigidas por Allende, vencieron al brigadier Torcuato Trujillo. Pero después de esta victoria, y cuando tenía la capital indefensa, Hidalgo emprendió la retirada.

(40) Guillermo Tomás Francisco Raynal (1713-1796). Sacerdote y escritor francés. Perteneció al grupo de los enciclopedistas. Escribió la Historia de las fundaciones de los europeos en entrambas Indias (1772).

(41) chayotes. Fruto de la chayotera, planta comestible de la familia de las cucurbitáceas, cub