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¿Cuántas veces velando y alumbrado
de las luces del sol he padecido
ilusiones más claras y patentes
que en el sueño más largo y más pesado?

Young. Noche I

 

PRÓLOGO(1)

QUE DEBE LEER EL QUE QUISIERE

Las dos horas serían de la mañana del 16 del último septiembre, cuando yo no había podido pegar mis ojos, desvelado y mohíno además con un infierno de pulgas que me acosaban por todas partes, sirviéndome de potro de tormentos la cama que tengo destinada para mi natural reposo.

El silencio de la noche, los ronquidos de mis domésticos que dormían tranquilamente, junto con los repetidos lancetazos de tanto incansable animalito, me tenían desesperado. Los aguijones de las pulgas y mis vengativas uñas me habían amoratado el cuerpo y acalorado la sangre.

En medio de esta fatiga y deseando que acabara de amanecer para levantarme y cederles el campo a mis innumerables enemigos, escuché que en la ventana de mi recámara hablaban dos hombres en un tono de voz nada medrosa.

Al instante imaginé que eran algunos hermanos descarriados, de éstos que suelen entrarse a las casas ajenas a buscar lo que no han perdido, y como el mal mayor hace olvidar el menor, al momento me incorporé en la cama sin acordarme para nada de las pulgas, y envuelto en una sábana me encajé unos zapatos viejos que suplen por chinelas, y con un instrumento no sé si cortante, pungente o disparante, poco a poco, entre cobarde y enojado, me fui acercando a la ventana para ver qué fruto sacaba de la conversación de los que yo juzgaba ladroncillos.

¿Pero cuál fue mi sorpresa cuando oí que uno de ellos decía al otro clara y distintamente? "¡Grande ha sido nuestra ventura, amigo Demócrito, porque salir de los infiernos a pasear por el mundo, aun en las sombras, es un portento!" Todo el cabello se me erizó al oír de qué tierra eran mis conversantes. El corazón me palpitaba reciamente; la lengua se me pegaba al paladar; sentía que mi sangre discurría por las venas con la precipitación y desorden que en la fiebre; los nervios de mis piernas estaban tan laxos que se me doblaban las corvas cada rato: quería gritar a mi familia, pero las mandíbulas de mi boca se habían trabado unas con otras.

En este instante hubiera yo querido que los confabulantes hubieran sido Caco y Gestas(2) con todos sus aprendices, y que se hubieran llevado los pocos muebles y cuatro libros viejos que tengo; y aun les hubiera dado de ribete La constitución española,(3) El catecismo de la monarquía,(4) El reglamento de tribunales,(5) Los Diarios de las Cortes(6) y cuanto papelucho de éstos hay en mi estante, pues de nada sirven; y más cuando de la serie de la conversación me informé que el pretil de mi ventana elegían aquellos dos espectros para su tertulia, y que ésta sería ordinariamente una vez a la semana.

Poco a poco fue disipándose mi temor según mi alma fue acostumbrándose a escuchar el horrísono acento de aquellos fantasmas. Ya se ve ¿a qué cosa no se le pierde el miedo con la costumbre? Digo, pues, que fui entrando en calor y organizándose mi espíritu hasta que quedé tan tranquilo como al principio, y más cuando advertí que el tal Demócrito hacía desesperar al pobre viejo con su socarra y truhanadas;(7) bien es verdad que yo no cesaba de estregarme los ojos frecuentemente y de hacer algunas serias reflexiones para certificarme de que no estaba dormido. A pesar de todas mis diligencias y del íntimo testimonio de mi conciencia que me han asegurado ser realidad lo que me pasó aquella noche y me sigue pasando en otras con mis sombríos contertulios, yo no creo sino que soñé y sueño que los oigo hablar.

Ésta parecerá una duda pirrónica; pero yo no me atrevo a pensar sino a que, cuando más, éste es un fenómeno raro de mi fantasía, que, al modo de una enfermedad no común, me acomete periódicamente, haciéndome creer que estoy despierto, que oigo hablar a unas sombras, que hago esto y aquello, etcétera, bien así como el célebre Tasso que estaba persuadido y defendía que veía claramente un espíritu bueno que lo visitaba y disputaba con él de cosas profundísimas; lo que sin duda no era otra cosa, como dice el señor Muratori,(8) que efecto de la fantasía de aquel poeta.

Conque o bien sea que yo, sin sentirlo, me haya vuelto sonámbulo, o sea que me parezca que me vienen a visitar algunos espíritus, aunque no tan buenos como el que hablaba al Tasso, parece que no será ninguna cosa nueva.

¿Pero, se nota alguna dificultad para creer el fenómeno que me acontece? Yo no la advierto, porque no encuentro ningún embarazo para poder soñar con los ojos abiertos y creyendo que no duermo ni me engaño con los fantasmas del sueño; antes estoy persuadido de que en el mundo más son los que sueñan en las calles que en sus camas, más los locos libres que los enjaulados, y más los que desvarían sin fiebre que con ella.

Lo más extraño es que casi todos los sueños o ficciones que se representan en la imaginación de los soñadores despiertos y dormidos son quimeras y disparates sin sustancia; cuando los míos, en caso de ser sueños, son evidencias y cosas ordenadas.

Verá ahora el lector si deberá creer a puño cerrado en estas mis tertulias nocturnas, y más dándose las estampadas con letras de molde y con las aprobaciones y licencias necesarias; pero si, por desgracia, notase algún error craso o magro, allá se las avenga con Heráclito o Demócrito, que serán los legítimos autores de sus aciertos o delirios, pues yo en esta farsa no hago más papel que el de un mero copiante o redactor de sus conversaciones ¡gracias a mi feliz memoria! Y aun en esto poco, hago bastante; pues tengo que desvelarme a mi parecer, que escribir y purgar sus pláticas de algunas expresiones que ellos vierten, y yo omito por no ofender oídos castos.

Si este trabajo mereciere alguna gratitud, el público lo dirá, y si no, paciencia y barajar.

Es mi intención que salga este periódico los jueves de cada semana, salvo cuando se detenga en la censura, en cuyo caso esperamos yo y las sombras que habrán de dispensar los prudentes lectores, asegurados de que la puntualidad no pende de nuestro arbitrio.

No puedo ofrecer cuál será el volumen de cada número, porque no sé lo que hablarán las sombras y es muy regular creer que unas veces será su conversación más larga y otras más corta, según que tuvieren más o menos frescas las molleras, o estén para el paso como suele decirse.

En esta virtud la cuota de las suscripciones será de doce reales por los ocho números primeros: concluido este término, avisaré si prosiguen a visitarme mis camaradas.

Dichas suscripciones se admitirán en los puestos del Diario y Gaceta, dando en ellos a los interesados sus correspondientes recibos.

Nada importa decir si escribo por vicio, por diversión o por necesidad; pero se hace preciso advertir que no escribo para los sabios. ¿Qué podrán éstos hallar de nuevo en las conversaciones de Heráclito y Demócrito que no tengan olvidado en otras partes? Mucho menos encontrarán un estilo ameno y delicado, unas sales graciosas, unas sentencias catonianas,(9) una erudición escogida, un lenguaje florido y castizo, una elocuencia sorprehendente, ni, finalmente, ninguna de aquellas bellezas y primores que encantan e instruyen en tantos libros selectos que tenemos.

Así, pues, ninguno de estos señores, cuyos talentos reconozco, debe subscribirse, ni aun siquiera leer estos papeles para no llevarse el chasco de gastar su dinero en boberías, ni incomodarse con vejeces mal coordinadas y peor dichas.

Esta exhortación se las hago por el paso en que me hallo y para descargo de mi conciencia, protestando que si hacen contra lo que les amonesto, no tendrán que quejarse de mí ni llamarse a engaño, pues yo escribo para otros pobretes tan ignorantes o más que yo. Estos cándidos acaso se divertirán con las bufonadas de Demócrito y las cóleras de Heráclito. Tal vez encontrarán algunas moralidades que suavemente los enseñen, hallarán algunos cuentecillos sazonados que los instimulen,(10) sin sentir, a amar esta o la otra virtud, o a detestar aquel o el otro vicio, y, finalmente, puede ser que vean demostradas como errores muchas corruptelas que veneramos canonizadas por aciertos a merced de su misma ancianidad.

Para esta clase de gentes sencillas, aplicadas, sin estudios ni libros copio, como digo, las pláticas de Heráclito y Demócrito; y aun a éstos les encargo que se vayan con tiento y tomen muy despacio el pulso a este prólogo: en él quizá he puesto todo mi empeño para agradarlos; advirtiendo que si estas líneas que yo mismo he escrito con todo cuidado, están tan frías y heladas (ya se ve estamos en enero), ¿qué será lo que copie de Heráclito y Demócrito, de cuyas equivocaciones y delirios no salgo garante?

En esta inteligencia, si este prólogo no acomoda ni satisface el gusto de mis lectores, pueden excusarse de leer ni menos comprar los números que siguen, agradeciéndome la ingenuidad con que les advierto por lo que pueda suceder, mientras yo me despido de todos con la estrofita de la musa americana sor Juana Inés de la Cruz, que se halla al fin del prólogo de sus obras, y es ésta:


A Diosy pues que te doy
aquí la muestra del paño,
si no te agrada la orilla,
no desenvuelvas el fardo.(11)

 

Valete

 


(1) En la Oficina de doña María Fernández de Jáuregui. Año de 1815. Periódico que consta de dos entregas (16 páginas) en 4°. Debió aparecer el mes de enero, ya que en el "Prólogo" se dice "... advirtiendo que si estas líneas que yo mismo he escrito con todo cuidado, están tan frías y heladas (ya se ve, estamos en enero)."

(2) Caco. Hijo de Vulcano. Semihombre y semisátiro de gran estatura, que vomitaba fuego y humo. En su caverna, al pie del monte Aventino, estaban colgadas las cabezas sangrantes de sus víctimas. Robó unas reses a Hércules, quien, en venganza, fue a su morada (la entrada hallábase obstruida por una enorme roca suspendida por cadenas de hierro forjadas por Vulcano) y, pese a los inconvenientes, penetró a la caverna a través de las llamas que vomitaba el hijo de Héfeso, y logró estrangularlo. Gestas, el mal ladrón que fue crucificado al lado izquierdo de Jesucristo.

(3) La constitución española. Se refiere a la Constitución política de la monarquía(1812).

(4) El catecismo de la monarquía. El dato más aproximado que se ha obtenido esCatecismo real y alphabeto coronado, editado en Madrid (1672).

(5) El reglamento de los tribunales. Decreto del 9 de octubre de 1812, cuyo título esReglamento de las audiencias y juzgados de primera instancia. Se divide en los siguientes capítulos: I "De las audiencias"; II "De los jueces letrados de partido"; III "De los alcaldes constitucionales de los pueblos" y IV "De la administración de justicia hasta que se formen partidos."

(6) Los Diarios de las Cortes. Se trata de alguna edición del Diario de sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias.

(7) Aquí anuncia la contraposición que hará entre Heráclito y Demócrito. No hay una razón suficiente que explique tal enfrentamiento. Lo más probable es que se trata de una interpretación de ambos filósofos que debió aparecer en alguna obra de divulgación filosófica. Esta peculiar manera de enfocar y contraponer a estos presocráticos prevaleció algún tiempo, así Juan Bautista Morales dice: "Lloremos la flaqueza humana como unos Heráclitos; pero riamos de los males en particular como unos Demócritos." Cf. Juan Bautista Morales, El gallo pitagórico, 2ª ed., estudio preliminar y selección de Mauricio Magdaleno, México, UNAM, 1951 (Biblioteca del Estudiante Universitario núm. 16); pp. 87-88. La última cuarteta de "Funambulesca", poema de Amado Nervo, dice: "Soy Heráclito y Demócrito a la vez; sol y nublado." Cf.Revista Moderna, t. III, marzo de 1900, p. 112. Esta misma apreciación se halla en la fábula de Fernández de Lizardi titulada "Heráclito, Demócrito y Minos", Cf. J. J. Fernández de Lizardi, Poesías y fábulas, op. cit., p. 536.

(8) Luis Antonio Muratori (1672-1750). Historiador italiano. Director de la Biblioteca Ambrosiana de Milán y de la Biblioteca Módena. Sus escritos sonRerum italicarum praecipui ab anno 500 ad annum 1500, colección de crónicas y documentos referentes a la historia italiana, desde las invasiones bárbaras hasta el siglo XVI; Antiquitates Italicae Medii Aevi, sive dissertationes de moribus italici populi (1738-1743); Annali d'Italia del principio dell'era volgare fino al 1500Anecdota graeca; Novus theasurus veterum inscriptionum, etcétera.

(9) Sentencias catonianas. Alusión a Marco Porcio Catón, censor severo.

(10) instimulen. Estimulen.

(11) Última cuarteta del "Prólogo" de la obra Inundación castálida. Cf. Sor Juana Inés de la Cruz, Romances en Obras completas, tomo I, Lírica personal. Ed., pról., y notas de Alfonso Méndez Plancarte, México, Fondo de Cultura, Económica, 1951 (Biblioteca Americana. Serie de literatura colonial), p. [4].