PROCLAMA DEL SEÑOR NOVELLA,
ANALIZADA POR EL PENSADOR MEXICANO(1)

 

 

"Españoles:(A) quinientos mil franceses invadieron la España el año de 1808, preparada su entrada de antemano con la intriga, la seducción, la entrega de las principales plazas, diseminando el ejército, ocupadas las fábricas de armas, fundiciones de artillería y de municiones; favorecidos los traidores de los egoístas, de los cobardes de clases altas y bajas; prisionero nuestro rey amado DON FERNANDO VII, pero favorecido del cielo en medio de tantas persecuciones, ocuparon la capital los invasores, y, llevando la desolación y la guerra por todas partes, fueron dueños de toda la Península.(B) Quedó el único asilo a un puñado de valientes en las plazas de Cádiz, Alicante y Cartagena, oprimidas aún estas dos últimas de la peste. ¿Pues visteis este horroroso cuadro? Pues la Divina Omnipotencia amparó a los buenos, les dio fortaleza, desenrolló su valor, y todos los males desaparecieron en un momento; quedó Faraón confundido y España hizo triunfar su pabellón en toda su integridad.(C) Aún no nos hallamos en circunstancias tan críticas en el reino de Nueva España, pero estamos casi al borde de ellas.(D)Ahora es necesario recordar aquella situación porque nada nos imponga.(E) Vengan huestes a millares, auméntese la traición, la seducción y la intriga, únicas armas que han manejado hasta la presente los facciosos.(F) Estrechen cuanto quieran al león español;(G) que su misma opresión, el mismo compromiso en que lo pongan, sacudiendo su orgullosa melena, extenderá sus garras y se desprenderá victorioso de sus enemigos,(H) siendo para los siglos venideros el nombre español aún más memorable que lo que está tan repetida como dignamente señalado en los fastos de la histora.(I) A la lenidad con que nos quieren envolver en el desprecio de nuestro honor y nuestro nombre: guerra.(J) A la traición y [al] manejo solapado y oculto: guerra; a la cobardía y al egoísmo: guerra,(K) y guerra hasta vencer o morir todos con Novella."(2)

 

 

ANÁLISIS

 

A) Veis aquí, americanos aduladores y cobardes, como para nada os menciona el señor Novella en esta Proclama,(3)y hace muy bien: pues el traidor a la patria se hace odioso aun a los que lo necesitan.

B) Todo esto hicieron los franceses, y no sólo ellos, sino los ejércitos extranjeros y protestantes que llevó Napoleón a la sombra y bajo los auspicios de un español generoso como Godoy. Aquí se hubiera hecho lo mismo si hubieran tenido igual poder los nobles americanitos... En todas partes hay viles y egoístas, capaces de vender su patria por una toga, una mitra y aun por menos.

C) Es verdad, pero con el auxilio del inglés y de esta América.

D) Y tanto, que ya es obstinación y temeridad el resistirse. La mala opinión del gobierno de México, su ilegitimidad, su debilidad y su impotencia son tan públicas, que sólo él podrá afectar no conocerlas.

E) Son muy diferentes las circunstancias de entonces a las de ahora; y si no, véanse y desmiéntanme.

Napoleón trató de dividir la opinión entre los españoles; y el señor Iturbide ha tratado de consolidar la de los americanos. Ambos consiguieron su fin: Napoleón en perjuicio de España, Iturbide en beneficio de su patria.

Las tropas que invadieron la España eran extranjeras en el país; y así no se les dio nada de llevar por donde quiera la desolación y la muerte, con lo que se conciliaron más y más el odio de los españoles; las tropas que hoy hacen la guerra al gobierno español son americanas, les interesa el bien de sus paisanos; y bajo el mando militar y político de su general, no hacen ningún daño en los pueblos. De esta manera se hacen amables, y, lejos de concitarse el odio, se atraen las voluntades de todos los de su nación, y aun las de los españoles ilustrados y hombres de bien.

Los españoles en España pelearon con justicia. Esto es, por sacudirse un yugo tirano y extraño que no quisieron recibir, y los americanos pelean hoy por librarse de un gobierno cruel que los ha tenido sepultados trescientos años hace en los vicios, en la holgazanería y en la miseria. Si en los españoles hubo justicia, decisión y valor para sacudir el yugo que les amenazaba, ¿por qué a los americanos han de faltar iguales virtudes para sacudir no un yugo amenazador, sino experimentado a su costa por tantos años?

Los españoles contaron en España para su justa empresa con las armas del inglés y con los caudales de la América. Aquí, para sostener una empresa injusta, no cuentan sino con algunos pocos fusiles y un escaso numerario. ¡Tristes recursos comparados con cincuenta mil bayonetas disponibles, con el tesoro público de América y con la opinión general de todo el reino!

En España toda la nación defendía su patria; aquí toda la patria quiere libertarse de la denominación orgullosa de cuatro españoles preocupados.

Si en España unos pocos valientes se defendieron del francés, entusiasmados con la justicia de su causa, ¿qué no conseguirán aquí no unos pocos americanos, sino toda la nación, movida por el mismo resorte del patriotismo?

Sería fastidiar a los lectores si yo siguiera haciendo ver la disparidad que se nota en los extremos de la comparación del señor Novella con lo dicho; parece que es bastante. Continuemos.

F) Es menester valor para decir públicamente que la traición, la seducción y la intriga son las únicas armas que hemos manejado hasta el día. Todo el mundo sabe la legalidad y demasiada bondad de nuestro honradísimo jefe. Todos conocen la subordinación y disciplina de sus tropas, y nadie ignora el modo con que se han comportado en todas partes.

¿Qué, se llamará traición, seducción o intriga capitular con los comandantes de las plazas, concederles los honores de la guerra, contemporizando con ellos casi en cuanto han querido? Y esto, ¿en qué tiempo?, ¿cabalmente cuando podía el señor general conseguir con la fuerza lo que se le hubiera negado a la razón?

Pero si esto se llama intriga, traición y seducción, ¿qué nombre daremos a la viajata del señor Márquez Donayo, de incógnito hacia tierra adentro, con muchas onzas para los fines que se sabe? ¿Si guardar religiosamente el derecho de guerra, como lo ha guardado el señor general, se califica de traición, qué nombre merecerán las tropas del gobierno que, después de haber capitulado, no sólo se han presentado con las armas en la mano contra nosotros, sino que han salido a atacar un convoy y han querido intrigar con el señor Concha, quebrantando de una vez todos los pactos?

Aquí no hay ponderación ni falsedad. Todos saben que los capitulados en San Juan del Río se presentaron con el señor Concha en las inmediaciones de este pueblo y atacaron nuestras tropas el 22 de julio. También saben todos que los capitulados de Querétaro residentes en Celaya atacaron, aunque sin fruto, un convoy que venía con platas para el ejército. Estos hechos sí que merecen justamente los epítetos de traiciones, intrigas y vilezas.(4)

No basta, pues, que el señor Novella ni otro europeo fascinado digan que las únicas armas que hemos manejado han sido la traición, la seducción e intriga: es necesario que lo prueben, que señalen hechos públicos e innegables, como acabamos de hacer; mientras no, estén muy seguros de que nadie los ha de creer sobre su palabra.

G) El león español ha sido el jeroglífico de la nación española, y el señor Novella quiere que un puñado de españoles, que tiene a su partido, representen a toda la nación. Ello es un error, pero ¿qué hemos de hacer si así le place a su señoría?

H) Los americanos ni se han declarado enemigos de España, ni menos de los españoles. Reclaman justamente su independencia, y sólo serán enemigos de cuantos se opongan a que la consigan: para éstos lo serán inexorables. Han dado pruebas de su decisión y su valor, y no habrá amenazas ni peligros que los arredren.

I) Los que quieren que se perpetúe en los fastos de la historia el heroico nombre español, deben cuidar de no empañarlo con acciones indignas de una nación magnánima. Por ejemplo, deben observar los derechos de gentes, el de guerra y el civil en sus casos; no permitir que sus soldados entren al pillaje en los pueblos, ni menos que asesinen a nadie fuera de acción de guerra, y aun en ésta deben conceder cuartel al que lo pida. A los que tengan presos por sus opiniones políticas, deben verlos con consideración, advirtiendo que siendo la general la que siguen, la misma generalidad disminuye el delito que les imputan, y los hace dignos de la indulgencia. Finalmente, los celosos de la gloria del nombre español deben ser nobles, justos, humanos y generosos, acordándose que la historia en sus fastos nos conserva así las brillantes acciones de los héroes, como las bajas y viles de los tiranos.

El señor Iturbide ha dado y está dando un ejemplo de generosidad inaudita. A ningún español se ha vejado en lo más mínimo por ser español ni por haber tenido opiniones contrarias a la independencia; a nadie se ha pasado por las armas, aun estando convencidos de delito de lesa patria. Algunos traidores están presos, pero nadie muerto, mereciéndolo muy bien algunos que, aun después de presos, no han cesado de cometer nuevos crímenes, ya hablando mal de nuestro sistema y ya seduciendo a los soldados.

En la guerra es tan valiente como piadoso. Jamás ha permitido que se mate al rendido, y aun con los enemigos descarriados, es benigno. Aquí mismo se asistió a un arriero que se dejó el señor Concha herido en el campo.

En ninguna ciudad ni pueblo que ocupan o transitan los independientes se roba, ni se mata ni se estupra. Todo lo pagan los soldados, con todos son comedidos, y ésta es la causa porqué nada les falta, todos los aman y auxilian con agrado, al tiempo que detestan y abominan las tropas del gobierno de quienes reciben tantos daños como los acaban de llorar Huautitlán y otros pueblos.

El señor general, lejos de hostilizar los pueblos neutrales (séanos permitido usar esta palabra), no perjudica ni aun a los que abrigan enemigos a la patria. Por orden suya está mandado que no se embarace la entrada de víveres a México en el mismo tiempo del sitio.(5) Lo propio mandó en los de Valladolid(6) y Querétaro.(7)

Éstas son las seducciones de que usa, y en efecto ¿quién no se ha de dejar seducir por la bondad, la generosidad y la dulzura? El señor Iturbide sabe bien la gran máxima de que más vale hacer amigos con el sombrero que destruir enemigos con la espada. Por eso, como con una magia encantadora, se ha atraído a su partido los oficiales y tropas del gobierno, los votos de los buenos y la opinión general del reino todo. Por eso ha hecho tan rápidos progresos, y por eso será su nombre admirable y glorioso en las generaciones futuras.

J) Decir que se ha despreciado el honor y nombre español es un arrojo contra el que están los papeles públicos, los muchos europeos destinados por su gusto y calmados de honores en el ejército, y por último, una de las garantías que protege la unión. Si esta unión no la quieren los españoles soberbios y orgullosos, si ellos frustrasen en daño de su patria los planes políticos del general, como lo han intentado, quéjense a sí mismos y no nos imputen falsedades.

Y supuesto que no hay tal desprecio, resulta un cargo al señor subinspector de su proposición, pues lenidad quiere decir suavidad, bondad, y así, decir: "a la lenidad con que nos quieren envolver: guerra", es como si dijera: a la generosidad con que nos quieren tratar los americanos: guerra. Y esto, a la verdad, es demasiada ingratitud.

K) Concluye el señor subinspector convidando a todos (los pocos adictos que tiene en México) a vencer o morir con su señoría. Lo primero ya es imposible; lo segundo es algo duro; y así, más vale que se acaben las preocupaciones, que se deteste el odio, que se reconozca nuestra justicia, que se consolide la unión, y que vivamos todos en paz con el piadoso y magnánimo Iturbide.

 

Tepotzotlán,(8) agosto 9 de 1821, primero de nuestra Independencia.


J[osé JoaquínF[ernández deL[izardi].

 

 


(1) Tepotzotlán, Imprenta Portátil del Ejército, dirigida por don Rafael Núñez, 1821.

(2) Francisco Novella. Militar español, veterano del 2 de Mayo y penúltimo virrey de Nueva España, en sustitución de Ruiz de Apodaca (1821). En la revolución de independencia y estando al mando Agustín de Iturbide, los oficiales de algunos cuerpos de tropas europeas, descontentos con Apodaca, a cuyos desaciertos atribuían la decadencia de la causa realista, lo depusieron el 5 de julio de 1821, y le dieron el mando a don Francisco Novella.

(3) "Proclama del excelentísimo señor virrey [Novella] publicada el día 13 del corriente", en Gaceta del Gobierno de México, tomo XII, número 105 (sábado 4 de agosto de 1821).

(4) Las acciones de Iturbide contra Valladolid hicieron sentir al gobierno virreinal la necesidad de reforzar a Querétaro, para contener ahí el desatado torrente que del interior amenazaba correr hasta la capital. Para ello era preciso, ante todo, conservar a San Juan del Río; Apodaca mandó 1,100 hombres del batallón de Murcia. Iturbide, en aviso de estas disposiciones, mandó al batallón de Celaya con Parres al frente de él. Después Anastasio Bustamante lo reforzó. La guarnición realista comenzó a desertar entonces y la desbandada fue mayor a la llegada del coronel Quintanar y su división. El comandante realista Novoa solicitó una capitulación y regresó a la capital con 400 hombres. Mientras, don Manuel de la Concha, con el propósito de auxiliar a las guarniciones de Querétaro y San Juan del Río, había salido de México con una división de 1,000 hombres. Al llegar a Cuautitlán recibió aviso de la capitulación y regresó a México. Iturbide se dirigía a San Juan del Río el 7 de junio cuando fue atacado por 400 soldados de infantería y caballería al mando del coronel Froilán Bocinos. A pesar de que las tropas de Iturbide tenían menor número de soldados, lograron vencer.

(5) "Los comisionados de Novella tuvieron en Puebla una entrevista con O'Donojú, que fue muy poco satisfactoria. El mismo O'Donojú dijo a Novella, que 'aunque por naturaleza o por hábito era difícil de alterar, la larga conferencia con los comisionados, lo había puesto a punto de perder su tranquilidad ordinaria." Sin embargo, habiéndole propuesto, según las instrucciones que tenía de Novella, una entrevista a que concurriesen el mismo Novella, Iturbide y O'Donoj[ú] éste la admitió, y dejando a su esposa y familia en Puebla, se puso luego en camino para las inmediaciones de México, a las que llegó el día 10 [de septiembre], alojándose en el convento de carmelitas de San Joaquín. Cuatro días antes, a propuesta del mismo O'Donojú, se había convenido un armisticio por seis días, prorrogables según lo exigiesen las circunstancias, a voluntad de los jefes de ambos ejércitos, que firmaron en la hacienda de los Morales, muy inmediata a Chapultepec, los tenientes coroneles Don Manuel Varela y Ulloa y Don Pedro Ruiz de Otaño, nombrados por Novella y por parte de los sitiadores, el conde de Regla y Don Eugenio Cortés, haciendo de secretario el sargento mayor de los granaderos imperiales Don Pablo María Mauliau. Los artículos fueron los ordinarios en tales casos: demarcación de una línea divisoria entre las fuerzas beligerantes, conservándose éstas en sus respectivas posiciones; devolución de los desertores que se acreditase haber ejecutado la deserción durante el armisticio, y entrada libre de víveres en la capital. La del agua delgada, interrumpida por un solo día, se había restablecido sin tardanza, habiéndose mandado por el Ayuntamiento una comisión con este objeto a los jefes de los sitiadores, ayudando la tropa de éstos a reparar el arco que había sido cortado." Alamán, Historia de México, op. cit., t. V, p. 230.

(6) Valladolid. Cf. nota 4 a El Pensador Mexicano a los españoles...

(7) Querétaro. Cf. nota 6 a El Pensador Mexicano a los españoles...

(8) Tepotzotlán. Cf. nota 7 de A las valientes tropas...