PRIMER CUARTAZO AL FERNANDINO

 

Por El Pensador Mexicano(1)

 

 

Por amor de Dios, hermano Fernandino,(2) ¿qué diablo se le metió a usted en la cabeza para habernos des[c]errajado ese papel tan exabrupto o violento y atropellado, con que no sólo lastima al sabio, al virtuoso, al generalmente amado el señor doctor don Josef Miguel Guridi y Alcocer,(3) benemérito diputado que fue por la provincia de Tlaxcala,(4) sino a todos los que lo hemos leído?

¿Quién le trastornó a usted los sesos, vuelvo a preguntar, para estrenar la libertad de imprenta(5) con un papel que, si no lo disculpa la equivocación de ideas, apenas se podrá librar de la nota de subversivo?

¿Arquea usted las cejas, se irrita y aun prepara la venganza contra quien tal dice? Pues no se incomode mucho porque va a leer las pruebas de lo dicho.

Me parece que cuando escribió este papel llevaba la pluma con más miedo que vergüenza; y con razón, hermano, si usted viera la irritada que se ha dado la bilis de los mexicanos contra el Constitucional a Fuerza, como llaman a usted; si viera esto, digo, si oyera los anatemas que le echan los liberales, se metía de veras de lego fernandino para hacer penitencia y desagraviar al rey, a la nación, a las Cortes, a sus constituyentes y al señor Alcocer, pues a todos se los ha llevado usted de encuentro.(6)

Yo soy un pobre diablo que escribo borrones y verdades porque sí y porque no;(7)pero le aseguro a usted por vida de nuestra amistad, que si hubiera escrito un papel semejante, y después hubiera reflexionado en lo que había hecho, me metía en la atarjea más inmunda y no salía de allí hasta pasado el día del juicio, por tal de no encontrarme con algún constitucional legítimo. Vamos al caso.

No es mi ánimo vindicar al señor Alcocer, ni menos a la nación española, a quienes agravia usted temerariamente. Esta nación y su individuo dicho, están vindicados por sí mismos de tamañas injurias. Mi ánimo es hacer ver a usted en unos superficiales apuntes de su papel, si no es del todo, huele mucho a subversivo.

Conozco que dirá usted que soy un entrometido, pues nadie me da vela en este entierro; pero como los descuidos de usted vuelan impresos, el amor a la paz, concordia y unión exigen un moderado correctivo.(8) Ésta es sentencia de usted.

Dice usted que gozamos de paz, unión y concordia por la bondad del Ser Supremo, eso querrá decir aquello de por la bondad del Soberano de todos los Soberanos, pues éste no puede ser Fernando VII y Dios que es Rex Regum et Dominus Dominantium,(9) Rey de Reyes, Señor de los Señores y Soberano de los Soberanos.

Si lo dijo usted por el rey de España, dijo una blasfemia, hizo una adulación tosquísima al monarca, y puso en ridículo al héroe a quien elogia, cosa que no le ha de gustar mucho. Tan ridículo es decir que nuestro rey es soberano de todos lo soberanos como decir que el virrey es el conde de todos los condes o el virrey de todos los virreyes. Descuido 1.

Descuido 2. "Nada más sería menester, dice usted, para que unos y otros escrupulosos sellasen sus labios, pues el rey se los manda y ha sellado los suyos."(10) Yo quisiera que usted nos explicara cuál ha sido el silencio del rey y sobre qué o por qué, y por miedo a quién; pues decir que se ha callado, después que hemos visto su Manifiesto,(11) sus repetidos decretos y esta tiernísima proclama(12) que nos dirige, es una proposición maliciosa. misteriosa quise decir; pero por uno o por otro pasará mientras usted no nos la explique, conciliándonos el silencio que le atribuye, con los muchos escritos que vemos suyos.

Descuido 3. Dice usted que sólo nuestro amado Fernando tuvo el increíble amor hacia sus vasallos que ha sido "necesario para desprender su corazón repentinamente de una gran parte de la potestad que [el] Dios... puso en sus manos".(13)

La soberanía, señor mío, reside esencialmente en la nación.(14) Esta proposición no se puede negar; así que, en haber restituido nuestro monarca a la nación la parte de soberanía que le pertenece, no hizo ningún grande sacrificio, como usted dice: no, no le costó ningún trabajo este desprendimiento. Los aduladores viles, y los egoístas tiranos de su patria, desde tiempos muy atrás fueron atribuyéndoles a los reyes los derechos que pertenecían a la nación; de esta manera no sólo la hicieron infeliz, sino que convirtieron en déspotas a los reyes, y los hicieron odiosos a los pueblos.

De este engaño tocó el más amable de los monarcas españoles: bien lo da a entender en su Manifiesto de 10 de marzo. Pero apenas el esplendor de la verdad hirió las pupilas de sus ojos, cuando con general admiración y aplauso de sus pueblos, conoció que Dios no, sino los hombres perversos habían puesto en sus manos una potestad sin límites, una potestad necesariamente dañosa a sus vasallos, una potestad que pertenecía a la nación, una potestad en cuyo total ejercicio no podía menos que constituir a esta misma nación en la desgracia, y convencido de estos saludables desengaños, tuvo la firmeza, el valor y la grandeza de alma necesaria para renunciarla a quien exclusivamente pertenece.

Pero tan lejos ha estado esta restitución de ser un costoso sacrificio para Fernando VII, que antes bien ha sido la base más robusta de su trono, el garante más seguro de su bondad, integridad, rectitud y justicia, y el lazo más indisoluble con que se unirá a sus hijos, y éstos a su dilectísimo padre.

¡Vea usted y cuánto ha perdido el gran Fernando con este generoso, pero justo desprendimiento! Tranquilizar su espíritu, afianzar el trono para su dinastía, hacerse feliz con su nación, verle como hija y ésta amarlo, reconocerlo y respetarlo como a su verdadero padre. Ya quisieran todos lo reyes comprar tan grandes y tan reales ventajas a costa de iguales sacrificios.

Para un tirano sería semejante desprendimiento un sacrificio; pero para nuestro amado Fernando no lo fue. Oiga usted qué bella y qué claramente nos lo dice:(a)"Ningún sacrificio, os lo afirmo, me costó (jurar la Constitución) luego que me convencí de que esta ley fundamental produciría vuestra dicha; y aunque hubiese tenido que hacer el más grande, lo habría ejecutado igualmente (aquí es preciso enternecerse)... persuadido de que el honor de la Majestad nunca se empaña con lo que se hace por el bien público."

Descuido 4. Pregunta usted que por qué se desprendió el rey de esta gran parte de potestad, etcétera, y se responde: "porque sus hijos reputan tan grande sacrificio necesario para su felicidad".(15) Que digiera esa píldora la nación, mientras escarmenamos(16) lo más bonito. Añade usted: "ellos lo reputan; sea o no así, el rey prefiere la felicidad de sus hijos a su propia felicidad, si es necesario para conseguir una perder la otra".(17)

En primer lugar, usted supone problemático el que la nación sea o no feliz por medio de su sabia Constitución; pero el rey, con el voto general, nos asegura que seremos felices con ella. "Marchemos francamente, dice, y yo el primero por la senda constitucional... hagamos admirar el nombre español, al mismo tiempo nuestra felicidad y nuestra gloria." En la proclama citada nos incita a ser verdaderos constitucionales cuando nos dice: "me congratulo en exhortaros a que os apresuréis a gozar de bien tan inmenso, acogiendo y jurando esa Constitución que se formó para vosotros y para vuestra felicidad".

Descuido 5. Dice usted que ningún rey español se ha desprendido de los poderes legislativo y judicial. De todos, hasta del ejecutivo se han desprendido muchos reyes desde Ataulfo hasta don Rodrigo, y desde Pelayo hasta Fernando VII.(18)

A más de los muchos reyes que espontáneamente se desprendieron de toda la soberanía por abdicaciones que hicieron de la corona, a otros muchos se la arrancó de la cabeza el veneno y el puñal, ministrado y dirigido por las manos no sólo de sus vasallos, sino de sus amigos, hermanos e hijos. ¿Y qué, hubiera sido prudencia en nuestro amable Fernando resistir el voto general de la nación, alarmar una parte de ésta contra la otra, permitir que sus hijos se matasen mutuamente y exponerse a tener los desgraciados fines de un Luis XVI, de Francia, de un Carlos I de Inglaterra y de otros varios? No, de ningún modo. Bendiga Dios, amén, a Fernando VII por su heroica docilidad; protéjalo en su reinado; hágalo cada día más amado de sus hijos queridos; envejézcase sobre el trono para la felicidad de la nación, y el último de los días sea el primero en que se cuente la extinción de la dinastía de los borbones.

Descuido 6. ¿Conque [el] señor Canga Inclán dijo que Cortes significa rendido vasallaje?(19)¿Y qué tenemos con eso? Se lo dijo al señor Felipe V, diría un evangelio pero in illo tempore, allá cuando las Cortes no eran lo que debían, sino sombra muy imperfecta de lo que hoy son y lo que deben ser; cuando aún se usaba la ridícula ceremonia en las de Castilla de que compitieran sobre hablar primero Burgos y Toledo, y altercaban los diputados de estas ciudades, hasta que el rey decía: hable Burgos que Toledo hará lo que yo mande, y pasada esta gran cosa, se comenzaban las sesiones.

Pero aún en estos tiempos poco ilustrados se reconocía la nación con unos derechos soberanos para hacer sus leyes, derogarlas, etcétera. Lea usted sobre esto el Proyecto Constitucional, impreso en Cádiz, y verá que las limitaciones de los reyes no han sido nuevas en España. El mismo señor Felipe V, citado por usted, reconoció la soberanía de la nación representada en sus Cortes y dijo: ser la más suprema autoridad y potestad la que reside en aquel cuerpo místico.(20)

Descuido 7. "¡Cuánto diría yo, prosigue usted, con la doctrina de sabios españoles en favor de la utilidad de las Cortes LIBRE Y LEGÍTIMAMENTE congregadas por el rey!"(21) ¿Por qué no lo dice usted señor? Pero ya usted mismo responde que es imposible decirlo.(22) ¿Y por qué volvemos a preguntar a usted, de qué proviene esa imposibilidad? ¿Qué significa eso de Cortes libre y legítimamente congregadas? ¿Qué, las próximas no son congregadas con libertad y con legitimidad por el rey? Y si lo son, ¿a qué vienen aquel adjetivo libre y aquel adverbio legítimamente? Vaya, vaya, señor Fernandino, que se le trasluce el espíritu por encima.(23)

Descuido 8. ¿Quién no esperará, pregunta usted, que los hijos de tan querido rey derogarán lo que sea digno de derogarse?(24) ¿Y qué cosa tiene la Constitución dignas de derogarse? Creo que no responde usted esta pregunta en ocho meses.

Descuido 9. Dice usted que los escrupulosos temen que esté en el mundo el alemán Weshaupt,(25) etcétera. No conozco a ese caballero. Díganos usted quién es y qué significa la frasecilla.

Prosigue usted que los tales escrupulosos esperan que "las nuevas Cortes, derogando lo que deba derogarse (y dale con derogaciones),(b) restablecerán la nación heroica en su merecido esplendor". y la repondrán y al rey "en todos los derechos que legítimamente les correspondan."(26) Según esto, ¿la Constitución tiene artículos derogables, y ni el rey ni la nación hasta ahora están en posesión de sus derechos, puesto que se esperan las nuevas Cortes para que hagan esta justicia? Pregunto más: ¿cuándo se privó al rey y a la nación de sus derechos, cuando se abolió la Constitución o ahora que se restauró? Si entonces, luego está bien jurada, y nada más tienen que hacer las futuras Cortes. Ahora, celebradas estas Cortes constitucionalmente, continuarán el sistema y ya no hay que esperar de ellas nuestra felicidad. Vea usted en qué zarzales(27) nos mete la poca reflexión al escribir.

Descuido 10. En todos los Códigos halló usted que no ha habido división de poderes.Lea usted con cuidado el Fuero juzgo.

"No hablemos más, concluye usted, porque debemos callar cuando el rey lo manda."(28) Yo no sé dónde; antes nos acaba de conceder la libertad de imprenta, pero para que hablemos con madurez y juicio.

Ame usted al rey enhorabuena, como lo amamos todos; pero no se oponga ni en chanza(29) a la sabia Constitución que nos gobierna, puse en sembrado semillas de partido, se romperá la unión, lo que Dios no quiera, y no, no son nada lerdos los que leen su papel de usted para no advertirle la tinta con que se escribió.

Después de todo, somos amigos. Dios haga a usted un santo y un constitucional sincero.


J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi]

 

NOTA: En la página 1, párrafo 2, líneas 7 y 8, dice: "la razón inmaculada y verdadera que no es Dios". Léase: "Sino la razón inmaculada y verdadera que no es sino Dios". Este descuido no fue de imprenta, ni menos del autor, de cuya religiosidad no dudamos; pero lo sería, tal vez, del amanuense, y de cualquier modo es justo se corrija.(30)

 

 


(1) Impreso en la Oficina de don Mariano Ontiveros, calle del Espíritu Santo [Cf.nota 1 a La igualdad en los oficios], año de 1820.

(2) Tiene dos folletos: El Fernandino Constitucional a los fidelísimos mexicanos.México, 1820, 4 pp., y al que se alude: El Fernandino Constitucional al señor exdiputado de Cortes, México, Oficina de don Mariano Ontiveros, calle del Espíritu Santo, año de 1820, 8 pp.

(3) José Miguel Guridi y Alcocer. Colegial del Seminario Palafoxiano de Puebla y catedrático de filosofía y sagrada escritura. En la capital de la República se recibió de doctor en teología y cánones. Se habilitó de abogado en la Real Audiencia. Después de ocupar algunos cargos, fue nombrado diputado a Cortes por la provincia de Tlaxcala. Hizo gala de su talento en el Congreso General de la Nación, en España. Cuando regresó a México (1813) se le designó provisor y vicario general del Arzobispado. En La Quijotita y su prima se consigna que tenía un curato en Acaxete a fines del siglo XVIII.

(4) Tlaxcala. Nombre de un estado de la República Mexicana, y de la ciudad capital del mismo.

(5) Después de haberse suspendido la libertad de imprenta, por decreto del virrey Venegas, de diciembre de 1812, fue restablecida el 19 de junio de 1820 por Juan Ruiz de Apodaca. Tal decreto apareció en la Gaceta Extraordinaria del Gobierno de México, y dice: "Siendo la voluntad del Rey que se restablezca inmediatamente en todas las provincias de la Monarquía, para velar sobre la libertad política de la imprenta, las Juntas de Censura que existían en el año de 1814 con los individuos que entonces las componían, hasta que las Cortes, á quienes exclusivamente pertenece, las confirmen ó procedan á nuevo nombramiento"... La Junta Provisional lanzó una Proclama a propósito del restablecimiento de la libertad de imprenta (apareció en la Gaceta del lunes 19 de junio de 1820) que dice: "Ciudadanos: la libertad de imprenta se ha restablecido: éste es uno de los primeros pasos que S. M., de acuerdo con esta Junta, ha estimado necesarios para restablecer el orden constitucional. La Junta al anunciaros el restablecimiento de esta egida de la libertad civil, no puede menos que dirigiros su voz y excitar vuestro honor, vuestra virtud y vuestra sensatez, para hacer de ella, uso digno de vosotros mismos. Que sirva esta prerrogativa á la propagación de las luces y de las virtudes: pero que jamás se abuse de ella para los odios y rencores particulares. ¡Sabios!, empleadla completamente en prestar al Gobierno y a vuestros semejantes vuestras luces y los frutos de vuestras tareas, de aquel modo que exige el decoro de la misma sabiduría del Gobierno y que la igualdad de derechos reclama de hombre a hombre. Así como habréis dado al mundo el primer ejemplo de orden y virtud en las mudanzas políticas, dadle también de hacer de esta prerrogativa el uso justo y moderado, que ninguna nación hasta ahora ha sabido disfrutar sin algún exceso.

"Madrid á 10 de marzo de 1820. En la sala de la Junta Provisional. Francisco Ballesteros, Vicepresidente. Manuel Lardizábal. Manuel Abad, obispo electo de Michoacán. Mateo Valdemoros. Conde Taboada. Bernardo de la Borja y Tarrius. Francisco Crespo de Tejada. Ignacio de la Pezuela. Vicente Sancho."

El decreto del conde del Venadito termina con estas palabras. "Beneficiándome de la ilustración y rectitud de este público y el de todo el reino, á quienes excito y encargo en toda forma y con arreglo á las leyes de la imprenta que se citan, que usarán de la libertad de prensa, que desde hoy queda restablecida, con la moderación, decoro y circunspección que lo caracterizan conduciéndose por el camino de la Religión, de la fidelidad y de la prudencia, como lo han hecho hasta aquí en cuanto se ha ejecutado, con la más grata satisfacción mía y de todos los habitantes de este virreinato. México, junio 19 de 1820. Del Venadito. Cf. La Constitución de 1812 en la Nueva España, op. cit., t. I, pp. 116 y 119.

(6) ha llevado usted de encuentro. Los ha atropellado. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(7) porque sí y porque no. "Porque sí, porque no, razón de cófrade." Se usa cuando no se sabe dar razones de algo.

(8) correctivo. En general, medicamento que corrige.

(9) Dn. 2, 47. Véase también Ap. 19, 16.

(10) Op. cit., p. 2.

(11) Manifiesto del 10 de marzo de 1820. Reproducido en el "Prospecto" a El Conductor Eléctrico (Cf. Obras IVop. cit., p. 262). El texto es el siguiente: "MANIFIESTO DEL REY A LA NACIÓN" (Gaceta Extraordinaria de Madrid, núm. 37). "Cuando vuestros heroicos esfuerzos lograron poner término al cautiverio en que me retuvo la más inaudita perfidia, todo cuanto ví y escuché apenas pisé el suelo patrio, se reunió para persuadirme que la nacion deseaba ver resucitada su anterior forma de gobierno; y esta persuacion me debió decidir á conformarme con lo que parecia ser el voto casi general de un pueblo magnánimo que, triunfador del enemigo estrangero, temia los males, aun mas horribles, de la intestina discordia.

"No se me ocultaba sin embargo que el progreso rápido de la civilización europea, la difusión universal de luces hasta entre las clases menos elevadas, la mas frecuente comunicación entre los diferentes paises del globo, los asombrosos acaecimientos reservados á la generacion actual, habian suscitado ideas y deseos desconocidos á nuestros mayores, resultando nuevas é imperiosas necesidades; ni tampoco dejaba de conocer que era indispensable amoldar á tales elementos las instituciones políticas, á fin de obtener aquella conveniente armonía entre los hombres y las leyes, en que estriba la estabilidad y el reposo de las sociedades.

"Pero mientras yo meditaba maduramente con la solicitud propia de mi paternal corazon las variaciones de nuestro régimen fundamental, que parecian mas adaptables al caracter nacional y al estado presente de las diversas porciones de la monarquía española, así como las análogos á la organización de los pueblos ilustrados, me habeis hecho entender vuestro anhelo de que se restableciese aquella Constitución que entre el estruendo de armas hostilies fué propulgada en Cádiz el año de 1812, al propio tiempo que con asombro del mundo combatiais por la libertad de la patria. He oido vuestros votos, y cual tierno padre he condescendido á lo que mis hijos reputan conducente á su felicidad. He jurado esa Constitución por la cual suspirabais, y seré siempre su mas firme apoyo. Ya he tomado las medidas oportunas para la pronta convocacion de las Córtes. En ellas. reunido á vuestros representantes me gozaré de concurrir á la grande obra de la felicidad nacional.

"Españoles: vuestra gloria es la única que mi corazón ambiciona. Mi alma no apetece sino verse en torno de mi trono unidos, pacíficos, y dichosos. Confiad pues, en vuestro Rey, que os habla con la efusión sincera que le inspiran las circunstancias en que os hallais, y el sentimiento íntimo de los altos deberes que le impuso la providencia. Vuestra ventura desde hoy en adelante dependerá en gran parte de vosotros mismos. Guardaos de dejaros seducir por las falaces apariencias de un bien ideal, que frecuentemente impide alcanzar el bien efectivo. Evitad la exaltacion de pasiones que suele trasformar en enemigos á los que solo deben ser hermanos, acordes en afectos como lo son en religion, idioma, y costumbres. Repeled las pérfidas insinuaciones halagüeñamente disfrazadas, de vuestros émulos. Marchemos francamente, y Yo el primero, por la senda constitucional, y mostrando á la Europa un modelo de sabiduría, órden, y perfecta moderacion en una crisis que en otras naciones ha sido acompañada de lágrimas y desgracias, hagamos admirar y reverenciar el nombre español, al mismo tiempo que labramos para siglos nuestra felicidad y nuestra gloria. Palacio de Madrid 10 de marzo de 1820.— FERNANDO." Cf.Colección de los Decretos dictados por el rey desde 9 de marzo hasta 9 de julio del año de 1820, con el objeto de restablecer la Constitución Política de la Monarquía Española, porel lic. Juan Francisco de Azcárate, Méjico, en la Imprenta de don Alejandro Valdés, 1820, pp. 20-22.

(12) Proclama. "EL REY Á LOS HABITANTES DE ULTRAMAR." "Españoles Americanos: cuando en mil ochocientos catorce os anuncié mi llegada á la capital del imperio español, la fatalidad dispuso se reinstalasen unas instituciones que la antigüedad y el hábito hicieron mirar como superiores á otras, que siendo mas antiguas se desconocieron y calificaron de perjudiciales por haberse renovado bajo distinta forma. La triste experiencia de seis años, en que los males y las desgracias se han ido acumulando por los mismos medios que se juzgan debia nacer la felicisad [sic]; el clamor general del pueblo en ambos hemisferios y sus demostraciones enérgicas me convencieron al fin de que era preciso retroceder del camino que incautamente habia tomado; y viendo el voto comun de la Nacion, impulsada por el instinto que la distingue de elevarse en la escena del mundo á la altura que debe tener entre las demas naciones, me he adherido á sus sentimientos, identificándome sincera y cordialmente con sus mas caros deseos, que son los de adoptar, reconocer u jurar, segun lo he ejecutado espontaneamente, la Constitucion formada en Cádiz por las Córtes generales y extraordinarias, y promulgada en aquella ciudad en diez y nueve de marzo de mil ochocientos doce. Nada en tan plausible acontecimiento puede acibarar mi satisfaccion sino el recuerdo de haberle retardado: el regocijo universal que le s[o]lemniza irá disminuyendo tan desagradable memoria; y la heróica generosidad del pueblo, que sabe que los errores no son crímenes, olvidará pronto las causas de todos los males pasados. Las Españas presentan hoy á la Europa un espectáculo admirable, debido solamente á su sistema constitucional, que clasifica los deberes recíprocos entre la Nación y el Trono: el Estado, que se hallaba vacilante, se ha consolidado sobre las bases robustas de la libertad y del crédito público: las nuevas instituciones tomarán la mayor consistencia dando resultados favorables y permanentes: no renacerá la inestabilidad en las providencias para enajenar la opinion, y estimular el deseo á otras novedades; y la ciencia de la política y sus combinaciones con las fuerzas terrestres y marítimas que la Nacion decretará y el arte sabrá poner en movimiento cuando las circunstancias lo exijan, infundirán en todos el respeto y consideración que se había perdido. Una nueva luz raya en el extendido ámbito del hemisferio español; y nadie al ver la refulgente claridad que le ilumina dejará de sentir arder en su pecho el fuego sagrado del amor á la pátria. Yo me congratulo de ser el primero en experimentar esta dulce y generosa emocion: me congratulo también en anunciároslo, y en exhortaros á que os apresureis á gozar de bien tan inmenso, acogiendo y jurando esa Constitucion que se formó por vosotros y para vuestra felicidad. Ningun sacrificio, os lo afirmo, me constó el hacerlo luego que me convencí de que esta ley fundamental produciria vuestra dicha; y aunque hubiese tenido que hacer el mas grande, lo habría ejecutado igualmente, persuadido de que el honor de la Magestad nunca se empaña con lo que se hace por el bien público.

"Americanos: vosotros, los que vais extraviados de la senda del bien, ya teneis lo que tanto tiempo hace buscais á costa de inmensas fatigas, de penalidades sin término, de guerras sangrientas, de asombrosa desolacion, y de extremo exterminio. Nada os ha producido vuestra sentida escision sino lágrimas y dolor, desengaños y amargura, turbulencias, enconos, partidos encarnizados, hambres, incendios, devastacion y horrores inauditos: el indicar solamente vuestra desgracia bastará para espantar las generaciones futuras. ¿Pues qué esperais? Oído la tierna voz de vuestro REY y Padre. Cese el inquieto y rezeloso cuidado que os agita, y cese el encono con las circunstancias que le produjeron, dando lugar á los sentimientos tiernos y generosos. Que la venganza no sea considerada por vosotros como una virtud, ni el odio como una obligacion. Los dos hemisferios, hechos para estimarse, no necesitan sino entenderse para ser eternamente amigos inseparables, protegiéndose mutuamente en vez de buscar ocasiones en que perjudicarse. Ni es posible que puedan ser enemigos los que son verdaderamente hermanos; los que hablan un propio idioma; los que profesan una misma religion; que se rigen por unas mismas leyes; que tienen iguales costumbres; y sobre todo, que los adornan las mismas virtudes; estas virtudes, hijas del valor, de la generosidad y de la suprema elevacion de las almas grandes. Renazcan pues con la Metrópoli las relaciones que en tres siglos de trabajos y sacrificios establecieron nuestros progenitores, los hijos favorecidos de la victoria: renazcan tambien otras que reclaman las luces del siglo; y la índole de un Gobierno representativo: depónganse las armas, y extíngase la bárbara guerra que ha ocasionado tan funestos sucesos para consignarlos en la historia con letras de sangre: con las armas en la mano no se terminan y arreglan las quejas de individuos de una propia familia; depongamoslas para evitar la desesperacion, y el riesgo de oprimirse y aborrecerse. La Nacion entera tiene este voto, y me facilitará todos los medios de triunfar sin violencia de los obstáculos que se han interpuesto durante las calamidades públicas. Hemos adoptado un sistema más ámplio en sus principios, y conforme con el que habeis manifestado vosotros mismos: nuestro carácter distintivo sea observar recíprocamente una conducta leal y franca, reprobando las máximas y consejos de aquella política descaminada y tortuosa que en sus falsas combinaciones pudo alguna vez favorecer efímeramente la fortuna. La Metrópoli os dá el ejemplo; seguidle, Americanos, porque de eso depende vuestra felicidad presente y venidera: dad á la madre pátria un dia de ventura en una edad tan fecunda en acontecimientos desgraciados: que el amor al órden y al bien general reuna las voluntades, y uniforme las opiniones.

"Las Córtes, cuyo nombre solo es un dulce recuerdo de sucesos portentosos para todos los Españoles, van á juntarse: vuestros hermanos de la Península esperan ansiosos con los brazos abiertos á los que vengan enviados por vosotros para conferenciar con ellos, como iguales suyos, sobre el remedio que necesitan los males de la pátria, y los vuestros particularmente: la seguridad de sus personas tiene por garantía el pundonor nacional, y aquel suspirado Código que á la faz del universo he jurado, y observaré religiosamente. Reunidos los Padres de la Pátria, los prudentes varones predilectos del pueblo, salvarán al Estado, fijando para siempre los destinos de ambos mundos; y en premio de tanta sabiduria sus contemporáneos tejerán la corona inmortal que ha de tributarles la posteridad agradecida. ¡Qué de bienes, qué de felicidades producirá esta deseada union! El comercio, la agricultura, la industria, las ciencias y las artes pondrán su mas brillante asiento en ese pais afortunado, que no sin razon se el mayor prodigio de la naturaleza; y al abrigo de una paz inalterable, fruto precioso de la concordia, que pide incesantemente la justicia, y la política aconseja, y de un gobierno constitucional, comun para todos, que ya no puede ser injusto ni arbitrario, os elevareis al mas alto grado de prosperidad que han conocido los hombres. Pero si desoís los sanos consejos que salen de lo íntimo de mi corazón, y si no cogeis y estrechais la fiel y amiga mano que la cariñosa pátria os presenta, esta pátria que dió el ser á muchos de vuestros padres, y que si existieran os lo mandarian con autoridad, temed todos los males que producen los furores de una guerra civil; el desconcierto y oscilaciones, que son consiguientes en los Gobiernos desquiciados de su natural asiento y legitimidad; las funestas consecuencias de la seduccion de los hombres, ambiciosos, que promueven la anarquía para arrancar y fijar en sus manos el cetro del mando; los robos de la insolente codicia de aventureros desconocidos; los peligros del influjo extraño, que acecha cautelosamente la ocasión de encender la tea de la discordia para dividir la opinión, que divide para dominar, y domina para saciarse de riquezas; en fin todos los horrores y convulsiones que se experimentan en las crisis violentas de los Estados, cuando en la exaltación de las pasiones los principios políticos se desenvuelven sin cordura, y el fanatismo predomina. Y entonces sentireis además los terribles efectos de la indignación nacional al ver ofendido su Gobierno; este Gobierno, ya fuerte y poderoso porque se apoya en el pueblo, que dirige y va acorde con sus principios. ¡Oh, nunca llegue el momento fatal de una inconsiderada obstinación! Nunca; para no tener el grave dolor de dejar de llamarme ni por un breve espacio de tiempo vuestro tierno Padre. = FERNANDO." México, 1820. Reimpreso en la Oficina de Arizpe. Cf. Suplemento al Noticioso General, núm. 698, lunes 19 de junio de 1820.

(13) p. 3.

(14) Título I, capítulo I, artículo 3. "La soberanía reside esencialmente en la Nacion, y por lo mismo pertenece á esta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales." Cf. J. E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos, op. cit., t. IV, p. 87.

(a) Proclama de su majestad a los habitantes de ultramar, impresa en el Suplemento al Noticioso de 19 de junio. [Noticioso General. Periódico que salía cada tres días. Publicado en la Ciudad de México a partir del 24 de julio de 1815. Se suponía que salió hasta el 31 de diciembre de 1821; pero El Payaso de los Periódicos de Fernández de Lizardi confirma que vio la luz por lo menos hasta 1823].

(15) p. 3.

(16) escarmenamos. Castigamos.

(17) p. 3.

(18) "esto es lo que no hizo algún rey de España desde Ataulfo hasta don Rodrigo, desde don Pelayo hasta doña Sancha, desde don Fernando I hasta don Fernando VII", p. 3.

(19) El Fernandino asegura que, en un informe a Felipe V sobre el origen de las Cortes, don Vicente de Cangas Inclán dijo: "El nombre de Cortes significa rendido vasallaje; y aunque esto es notorio a todos, parece que no lo entendieron así algunos que, con suma ignorancia (si no con igual malicia), quisieron suponer y hacer creíble que era de desdoro para la real soberanía, mientras duraban", p. 2.

(20) Cita de la resolución de Felipe V a raíz de una consulta que le hizo el Consejo el 22 de febrero de 1713 sobre oficiales y agentes, a lo que respondió: "el reino junto con las Cortes hace un cuerpo conmigo, y con mi consentimiento tácito o expreso puede hacer mudar o quitar, no sólo a sus oficios y oficiales, sino también en otras cosas de mayor entidad y consecuencia aun las establecidas cortes antecedentes, sin que puedan disputarme a mi al reino junto en Cortes las regalías el poder, por ser la más suprema autoridad y potestad la que reside en aquel cuerpo místico", pp. 5-6.

(21) p. 6.

(22) "Pero siendo imposible decirlo, no lo será reflexionar siquiera que siendo ellasrendido vasallaje", p. 6.

(23) por encima. Modo adverbial "que vale sin el bastante examen de las cosas. Como mirar por encima". Cf. Dic. de autoridades. Por ende, hasta por la ropa; en una mirada superficial se le ve cuáles son su ideología y sus intenciones.

(24) "¿quién, pregunto, no esperará que tales hijos derogarán lo que sea digno de derogarse, y corresponderán con generosa gratitud a su amoroso padre?", p. 6.

(25) "Así que los escrupulosos no temen por las Cortes ni por la Constitución: son justos y aprecian lo que lo es. Temen sí porque ignoran si vive aún en este mundo, o está ya en el infierno el alemán Weshaupt, conducido por la legión de diablos que ocupaba su corazón", pp. 6-7.

(b) ¿Si será la libertad de imprenta, la extinción del llamado Santo Oficio, etcétera, lo que deba derogarse? [Cf. nota 19 a La catástrofe de Cádiz].

(26) Ambas citas en la p. 7.

(27) zarzales. Familiar y metafóricamente todo lo que sirve para enredar y dificultar la marcha de algún asunto.

(28) p. 8.

(29) chanza. Cf. nota 9 a El crítico y el poeta.

(30) Está en las líneas 8 y 9 del original.