PRIMER BOMBAZO POR EL PENSADOR
AL DOCTOR DON JOSÉ EUSTAQUIO FERNÁNDEZ(1)
Amigo: yo también soy cohetero(2) y disparo unos bombazos terribles bonitamente, a los que me buscan la boca; y así cuide usted la cabeza, no se la aplaste. Supongo que usted y su amigo que le aprobó su papel, son una misma persona, y así lo que aquí dijere entiéndalo usted por los dos.(3)
Se ha escandalizado usted mucho por mis Ideas políticas y liberales, y le choca que yo proponga que el pueblo elija libre e inmediatamente por sí sus diputados, así como elige compromisarios, pretendiendo usted probar que: "si elige a éstos libremente, elige libremente diputados."(4) No solamente, bajo este sistema, no elige el pueblo diputados libremente, pero ni los elige. De manera que yo no tendría embarazo cuando me dijesen: Pedro es diputado por México, para decir: "Pedro no es diputado por el pueblo de México, sino por unos cuantos individuos del pueblo que se llaman electores de partido a quienes eligieron otros cuantos que se dicenelectores de parroquia nombrados por otros muchos que se titulan compromisarios, a quienes el pueblo eligió libremente.(5)Mas esta libertad la perdió en el acto de substituirla en los compromisarios, y éstos son los que la delegan, bien o mal, en los electores de parroquia; éstos mejor o peor, en los de partido, y éstos, óptima o pésimamente, en los diputados a Cortes. Por manera que, sosteniendo mi opinión, digo que el pueblo puede hacer una buena elección de compromisarios, de que resulten unos malos diputados.
Esto es tan claro que sólo mi doctor puede negado. La razón lo convence, y la experiencia lo confirma. ¿De dónde proviene, si no, el que saliendo los compromisarios muy a gusto del pueblo, salgan después unos diputados que detestan, como lo hemos visto en las últimas elecciones?
Ya veo que usted quisiera que yo le dijese quiénes han sido estos sujetos, y cuáles las causas porque el pueblo los repugnó, pero no soy tan impolítico que, por darle gusto o satisfacerlo sin necesidad, saque a la plaza defectos de opinión de sujetos, por otra parte honrados. Los muchísimos liberales que componen este pueblo y los que han deseado tener en las Cortes individuos decididos a defender nuestros derechos, que son cuantos componen el pueblo, saben que no miento, que han salido electos diputados a Cortes, con representación de la América, varios que eran y aún son declarados enemigos de nuestra Independencia, a quienes conocíamos con el nombre de chaquetas. ¿No le parece a usted que a éstos los eligió el pueblo libremente para que se opusieran a la libertad de su patria? Pues ello es que así ha sucedido y todo México los conoce.(6)
La razón nos dicta que es más fácil engañar a pocos que a muchos, y que veinte por malicia o ignorancia pueden errar más fácilmente que doscientos mil sobre un mismo negocio. Doctor mío, o usted se finge cándido, o lo es en la realidad. A veinte electores de partido es fácil seducidos con oro, con empeños y... con tantas cosas que no ignoramos, pero ¿qué caudal basta a sobornar al pueblo?, ¿qué empeños es capaz de admitir?, ¿qué empleos se le pueden proponer?, ¿ni qué hermosuras bastarán a apartado de la rectitud con que debe obrar a su favor?
De aquí es que el pueblo, cuando elige inmediatamente por sí, rarísima vez se engaña en su elección: casi siempre acierta, y por eso se dijo que la voz del pueblo es la de Dios.(7)
Dije que a veinte electores se puede corromper muy fácilmente. No es menester a tantos, con uno más de la mitad que se corrompa, ya sobra, unido a los demás, para que la votación se yerre y la elección le sea perjudicial al pueblo, aunque haya otra mitad, menos uno dispuesta a su favor.
Usted lo entenderá, pero el pueblo necesita de más claridad. Concurren, por ejemplo, a elegir diputados, veinte electores de partido; pues no hay necesidad de corromper a los veinte, en intrigando con once, ya la diputación está segura, porque como se ha de resolver por votación, Pedro Enemigo de la Patria tendrá once votos, cuando Juan Benemérito tendrá nueve. Así es que aunque el pueblo desee a Juan por diputado, no saldrá sino Pedro, contra su voluntad.
Aquí es ella, mi doctor, éste es el estrecho a donde lo quiero meter para ver cómo sale. Si el pueblo eligiera diputados por sí y con entera libertad, jamás habría un diputado contra su voluntad; es así que los hemos visto tales, luego el pueblo, conforme al sistema de la Constitución española, no elige libremente diputados.
A esto me dirá usted que allá se lo haya el pueblo, que a él se le deja entera libertad para que elija compromisarios a su satisfacción, para que éstos elijan buenos electores de parroquia, éstos mejores de partido, y éstos excelentes diputados; y así si estos últimos son malos, el pueblo debe conformarse con ellos porque sus compromisarios subdelegaron su voluntad en los electores de parroquia, y éstos la resubdelegaron en los de partido.
¿Dirá usted tamaño disparate, mi doctor? Pues aunque lo diga, nada vale, porque esta forzosa conformidad nunca probará que el pueblo elija libremente diputados, que es el punto de vista de que no nos debemos separar.
La soberanía es el ejercicio de la voluntad general de la nación, y ésta es innegable e indivisible, y tanto, que el filósofo de Ginebra prueba que son nulas las leyes hechas por sus representantes, porque nadie puede representar la voluntad general de la nación. Oiga usted algo de lo bueno que dice:
La tibieza en el amor de la patria, la actividad del interés privado, la inmensidad de los estados, las conquistas y los abusos del gobierno han hecho que se recurriese al medio de los diputados o representantes del pueblo en las congregaciones de la nación.
La soberanía no puede ser representada, por la misma razón que no puede enajenarse: consiste esencialmente en la voluntad general y la voluntad no se representa, porque, o es la misma o no lo es: no hay medio entre estos dos extremos. Los diputados del pueblo no son, pues, ni pueden ser sus representantes, sino unos comisarios suyos que nada pueden concluir definitivamente. Cualquiera ley que el pueblo no haya ratificado en persona, es nula: no puede llamarse ley.(8)
¿Qué le parece a usted, mi doctor, del modo de pensar de este político? ¿Y qué le hubiera parecido el baturrillo conque se hacen las elecciones de diputados, conforme el formulario prescrito por la Constitución española? Sin duda que se hubiera reído a pide boca al ver que se llaman representantes del pueblo unos individuos a quienes muchas veces el pueblo ni conoce, pero ni aun noticia tiene de sus nombres.
Las Cortes, ciertamente, se propusieron exprimir la voluntad general por medio de estas elecciones parciales; pero si no me engaño, éste fue el medio, aunque sin su deseo, de ignorarla.
Yo convengo en que, por ahora, es como indispensable que algunos representen al pueblo, y que éste deposite en algunos su soberanía para que le dicten leyes justas, ya que por falta de ilustración no nos hallamos en los tiempos de la culta Roma, en que el mismo pueblo tenía la discreción necesaria para sancionar las leyes que le proponían sus tribunos cuando le parecían justas. No está nuestra nación en este caso. Distingue tempora et concordabis jura.(9 )Pero si quisiera que el pueblo, instruido de antemano en el grande interés que debía resultarle de la elección de buenos diputados, y en las necesarias circunstancias que deben concurrir en éstos para ser tales, tuviese la libertad de elegirlos inmediatamente por sí, sin andar substituyendo su voluntad en otros, y éstos en otros y otros, perdiéndose de esta manera, totalmente.
El argumento de usted sobre que "el que da un poder con facultad de sustituirlo, debe estar a la sustitución", para probar así que el pueblo elige libremente, sobre ridículo es muy adisparatado e impertinente. El que da un poder, con facultad de sustituirlo, debe de estar a la sustitución, porque le da con entera libertad. No así el pueblo, a quien se le prescribe la rutina con que forzosamente ha de elegir sus compromisarios o sus primeros apoderados, para que éstos sustituyan su poder en otros, y estos otros, en otros, y éstos elijan los que llaman representantes del pueblo. Éste, en el caso presente, no tiene más arbitrio que sucumbir a lo mandado, pero su resignación jamás probará su libertad. El poderdante en el caso de usted facultará o no al apoderado para que sustituya su poder según le convenga, pero al pueblo, en el caso que hablamos, no le queda tal libertad. A fuerza, velis nolis,quiera o no quiera, ha de elegir compromisarios, ha de aguantar toda la gresca de electores que se le vienen encima, se ha de conformar con los diputados que le elijan, ha de decir y creer que él mismo los eligió, aunque no los conozca, y ha de pasar por todo, porque así lo previenen los artículos tantos de los títulos tantos de la Constitución.(10) ¡Qué tal, mi doctor! ¿No es verdad que el pueblo elige libremente? Yo aseguro que usted no quisiera tal libertad para elegir un curato.
Dice usted (página 3) que "es falso que se va perdiendo la libertad de elegir mientras más se simplifica la Junta de Electores", y dice usted que es falso por la experiencia. Vamos a ver qué experiencia es ésta: "Que en las juntas parroquiales y de partido (dice usted) ha habido más defensores íntegros o ilustrados de los derechos del pueblo, que los que ha habido en las juntas del pueblo." ¡Famosa experiencia!, ¡conclusión valiente! No la esperaba yo de un señor doctor con media libra de seda en la cabeza. Vamos por partes.(11)
¿Quién le ha contado a usted que en las juntas parroquiales ni de partido ha habido más defensores íntegros e ilustrados de los derechos del pueblo que en las elecciones de compromisarios? ¿Conque entre dos o tres mil o más individuos de todas clases que concurran a una parroquia, supongamos a la del Sagrario de México, habrá menos idóneos que entre treinta electores de partido?(12) La razón y la experiencia dicen que no, y se puede probar con las listas, pero el señor doctor Fernández dice que sí. Mas ¿quién es este doctor Fernández para que sobre su palabra se le crea tamaño disparate? ¿Es más que un hombre que piensa con su cabeza como todos, escribe, imprime a salga lo que salgare(13) en tono magistral y decisivo? ¡Qué audacia, qué descaro es éste! ¿No es más que echémonos a escritores, vamos impugnando y maldiciendo sin criterio, sin moderación ni urbanidad a cualquiera? Pues no, mi doctor: donde las dan, las toman,(14) y el que quiera atenciones de mi pluma, sepa usarlas conmigo, y si no, dar que vienen dando.(15)Continuemos.
Yo he dicho que las más veces son las elecciones de compromisarios según la voluntad de los curas y jueces, y esto no es injuriosísimo a los curas y jueces, como usted dice. Será, a lo más, repugnantísimo a los curas y jueces que han procedido de tal modo, y con éstos hablo solamente, no con "el respetable cuerpo de curas y jueces", como usted criminal y cavilosamente dice.(16) Mi doctor, es necesario ser justos antes que escritores de ayer.
Dije que mi proposición, a lo más, sería repugnante a los curas y jueces que han dirigido las elecciones a su antojo, coartando la libertad del pueblo, pero nunca será injuriosa porque cuando el hecho que se acusa es cierto y público, no hay injuria.
Sólo usted ignora o afecta ignorar el grande influjo o prepotencia que tienen los curas y jueces en los pueblos sobre sus habitantes, por esto cree que sólo en Oaxaca se hicieron las elecciones viciosamente; pero todo el reino está por experiencia convencido de mi verdad. Yo tengo una porción de cartas de diferentes ciudades, villas y lugares que la acreditan, y firmadas muchas por sujetos de representación y nada vulgares. Yo no niego que habrá muchos curas y jueces observantes escrupulosos de las leyes, que dejarán al pueblo en toda la libertad que le corresponde para elegir compromisarios, pero no son los más seguramente.
Para evitar este abuso, propuse que el pueblo elija inmediatamente diputados.
Podrá alegarse que no está el pueblo en el estado de ilustración necesaria para elegir así, y yo digo que es muy poca la que se necesita para expresar la voluntad general, que ésta siempre es recta en el pueblo, que aunque lo puedan engañar, es muy difícil y aun toca en lo imposible en este caso, porque al pueblo no le pueden persuadir (violentar sí) a que elija para diputado a un sujeto conocidamente opuesto a la opinión común. Y estoy firmemente persuadido de que si el pueblo hubiera elegido con la libertad que propongo, jamás hubieran salido electos por México los señores N. R. T. Lo que digo de esta capital, puede entenderse de otras de provincia.
Además de que si al cabo, de trescientos años no se considera al pueblo con la ilustración necesaria para distinguir al ignorante del sabio, al de carácter del equilibrista,(17) y al egoísta del verdadero amante de su patria, larga la llevamos, y muy ruda debe ser nuestra nación, pues tratando con chirimoyas(18) trescientos años hace, aún no la juzgamos apta para distinguir la podrida de la que está en sazón.
Se persuade usted a que mi proyecto tendrá por objeto el salir electo diputado a Cortes. Se engaña usted, mi doctor, de medio a medio.(19) Once años hace que sirvo a mi patria con decisión y sin andar maromeando,(20) a pesar de las repetidas persecuciones que he sufrido por el gobierno pasado.(21) Jamás se me ha oído decir hoy: "Viva la Constitución", mañana: "Viva el rey", pasado mañana: "Viva la Constitución", y a las orillas de México: "Viva la Independencia". Siempre me he decidido a inspirar a mi Patria el conocimiento de sus derechos para que los reclamara, y se lo he dado a entender con el disimulo posible, según el tiempo y lugar donde escribía.
Por esto, aun ignorando yo si el señor Iturbide había proclamado en Iguala la Independencia en 24 de febrero, la proclamé yo en México, a la faz del gobiernopúblicamente en 1º de marzo, es decir, a los cuatro días, y a los once la volví a proclamar diciendo también públicamente que era justa justísima,(a)por cuyas gracias fui a dar a la de pita,(22) exponiéndome a que me hubieran despachado a Ceuta, y a dejar mi familia a perecer. Presentes están los señores vocales de la pasada Junta de Censura que calificaron mis papeles de sediciosos porque propendían a la separación de este Continente de la Península, y no me dejarán mentir. Dígame usted, mi doctor, ¿quién hizo otro tanto en México y en aquel tiempo?
Esto digo para que vea usted que yo siempre he sido patriota verdadero y decidido, no equilibrista, no maromero ni independiente de ayer y así que la vi cocida.
Asimismo, he sido desinteresado, y si no ¿qué empleo, qué condecoración he tenido?, ¿con qué alivios cuento ni he contado jamás?, ¿qué es lo que he pretendido en premio de los constantes, públicos y privados servicios que he hecho a la patria? Ningunos ciertamente. Vaya usted a las secretarías y en ninguna hallará una instancia o solicitud mía, porque estoy bien persuadido de que quien menos merece un empleo suele ser quien más lo solicita.
No por esto digo que nunca solicitaré un destino. Soy pobre, tengo familia, la amo y me será muy doloroso dejar por patrimonio la calle a mi hija, y a su madre las puertas de los templos;(23) mas hasta hoy no lo he pretendido, y cuando lo pretenda, no será ni por considerarme útil, ni menos porque mi Patria me recompense lo poco que he trabajado en su obsequio, pues es obligación del ciudadano el servir a su patria sin interés, sino por los motivos dichos.
Vea usted y cuánto apeteceré yo ser diputado, conociendo que es una carga concejil de mucho gravamen y responsabilidad, y para cuyo desempeño, aunque me sobre patriotismo, me falta el talento e instrucción necesaria; y en prueba de que hablo con sinceridad, lea usted en mi número segundo de mis Ideas políticas, las ocho clases de ciudadanos de que me parece debe componerse el Congreso, y cuando vea que yo no pertenezco a ninguna de ellas, advertirá lo distante que estoy de aspirar a salir electo diputado. Vamos a otra cosa.
El gobierno puede muy bien excluir de votar a algunos ciudadanos, si de esto se considera seguirse tarde o temprano algún beneficio a la nación, y esto sin hacer agravio a los excluidos. En Roma alguna tribu no votaba en nada, y no por eso fue jamás murmurado aquel gobierno sabio.
No es error querer que en una asamblea libre haya un tribunal con jueces,escribano y tropa, porque estos jueces, escribano y tropa no iban a deprimir sino a sostener la soberanía del pueblo, castigando al malvado que abusara de la confianza pública; y así su escándalo de usted, en esta parte, es de niños, como en otras es farisaico.
"¿En qué gobierno cristiano, dice usted, se creerá suficiente una sola hora para morir bien dispuesto?"(24) ¡Vaya, vaya!, ¡que un doctor borlado y sacerdote, y acaso teólogo, pregunte eso! No lo creyera yo, a no verlo impreso con tamañas letras de molde. Ya se ve que se ven impresas cosas que no están escritas.
Dígame usted, mi doctor, ¿con qué reloj o con qué ampolleta se mide la malicia del hombre y la misericordia de Dios?, ¿cuántas horas se necesitan para perder la gracia y cuántas para recobrarla?, ¿en qué tantos días se justificaron David, la Magdalena, la Samaritana, Pedro, Pablo, Agustín, Bruno, Guillermo y... tantos pecadores que veneramos santos en los altares?
¿Dirá usted que no se prepararon a morir en el momento de sus conversiones? Sería necedad tal objeción, pero a ella repondría yo preguntándole a usted que ¿cuántos días de capilla tuvo san Dimas? Un momento basta para recobrar la gracia y morir bien, ¡cuánto más una hora! Menos tiempo concedían Concha y otros comandantes a los pobres insurgentes y no hemos de creer que todos se condenaron. Hasta las viejas más ignorantes saben que basta una hora para morir bien, y por eso dicen: Dios nos coja en una buena hora, lo que importa es que la aprovechemos y estemos al cuidado de cuando venga la pelona, quia nescimus diem neque horam.
Dios se la conceda a usted como para sí desea su amigo
El Otro Cohetero.
(1) México, Imprenta de D. Celestino de la Torre, 1821.
(2) El Cohetero. José Eustaquio Fernández lo utilizó como seudónimo. Cf. nota 13 a Satisfacción al público...
(3) En el párrafo número 7 del Busca-piés a El Pensador Mexicano, sobre sus ideas políticas y liberales (México, Imprenta de D. Mariano Ontiveros, 1821), El Cohetero escribió: "Aquí iba yo cuando se me presentó un amigo a quien leí mi papasal, y aprobándomelo añadió: 'En efecto, tales son las votaciones que El Pensador desea: votaciones ciegas. Y como alambicadas, según él dice, no le podrá salir la cuenta, que acaso será el salir electo diputado a Cortes; por eso aspira a que el pueblo inmediatamente vote los diputados'." Así continúa citando al supuesto amigo en los 7 párrafos siguientes (p. 4).
(4) "Amigo mío [D. J. E. F. se dirige a Fernández de Lizardi], si el pueblo elige libremente sus compromisarios, luego en el sistema de la Constitución española elige libremente diputados a Cortes. Porque eligiéndolos libremente ya sabe que son para elegir electores parroquiales, en que se comprometen también para la elección de los de partido, y en éstos para los diputados. Sabemos que el que da un poder general con facultad de substituirlo debe estar a la substitución [el subrayado es nuestro] que haga el apoderado, y no puede ni justa, ni racionalmente, alegar que no lo nombró libremente. Este alegato lo tendrían todos los cuerdos por una insensatez. Pues bien: cuando el pueblo elige sus compromisarios, ya sabe que los debe elegir tales que sean capaces de nombrar unos buenos substitutos; cuando los electores de parroquia son nombrados, ya se sabe que quedan facultados para substituir en los de partido; y cuando se elige a éstos se les faculta para poner término en las substituciones del poder soberano en los diputados. Conque si el pueblo sabe todas estas substituciones con que de la universalidad debe pasar dicho poder a la singularidad, claro es que al elegir libremente sus compromisarios, elige libremente sus diputados" [el subrayado es nuestro]. Busca-piés a El Pensador...,p. 2.
(5) Cf. nota 18 a Ideas políticas... 1.
(6) Eran diputados a Cortes: Miguel Ramos Arizpe, José Mariano Michelena, José María Fagoaga, José María Couto, José Manuel Cortázar, Juan de Dios Cañedo, José de Montoya, Tomás Murphy, Matías de Aguirre, Juan Lucas de Alamán, José de Ayestarán, Francisco de Arroyo, Bernardo de Amaty, Tomás Vargas, José Castro, Luciano Castorena, José Gómez Pedraza, José María Guerra, Patricio López, Pablo Lallave, Joaquín Medina; Joaquín Maniau, Francisco Molinos, José María Moreno, José María Murguía, Juan José Navarrete, Eusebio Sánchez Pareja, Félix Quinto Tecanhuey, Francisco Ramírez, Miguel José Ramírez, Domingo Sánchez Reza, Andrés del Río, Andrés Sabariego y José Antonio Uranga.
(7) Vox populi, vox Dei. Adagio según el cual se establece la verdad de un hecho o la justicia de una cosa sobre el acuerdo unánime de las opiniones del vulgo. Algunos atribuyen dicha frase a Hesíodo, otros a Pericles, Arístides o Aristóteles.
(8) "El entibiamiento del amor patrio, la actividad del interés privado, la inmensidad de los Estados, las conquistas, el abuso del gobierno, han abierto el camino para el envío de diputados o representantes del pueblo a las asambleas de la nación." (Libro III, cap. XV) "La soberanía no puede ser representada por la misma razón de ser inalienable; consiste esencialmente en la voluntad general y la voluntad no se representa: es una o es otra. Los diputados del pueblo, pues, no son ni pueden ser sus representantes, son únicamente sus comisarios y no pueden resolver nada definitivamente. Toda ley que el pueblo en persona no ratifica, es nula." (Libro III, cap. XV) "La soberanía es indivisible por la misma razón que es inalienable; porque la voluntad es general, o no lo es; la declaración de esta voluntad constituye un acto de soberanía y es ley; en el segundo, no es sino una voluntad particular o un acto de magistratura; un decreto a lo más." (Libro III, cap. II) J. J. Rousseau, El contrato social, 3ªed., estudio preliminar de Daniel Moreno, México, Editorial Porrúa, 1974 (Colección "Sepan cuantos..." 113), pp. 14 y 51.
(9) Distingue los tiempos, y concordarás los derechos.
(10) Cf. la nota 18 a Ideas políticas... 1.
(11) "Dice usted más, amigo mío [D. J. E. F. se refiere a Fernández de Lizardi]: que se va perdiendo la libertad de elegir mientras más se simplifica la junta de electores [cf. el capítulo III de las Ideas políticas y liberales de El Pensador Mexicano, en este volumen]. Esto es falso por la experiencia, pues vemos que en las juntas parroquiales y de partido ha habido más defensores íntegros e ilustrados de los derechos del pueblo, que los que ha habido en las juntas del pueblo. A éstas por lo común no concurren sino de paso los sujetos respetables por sus virtudes patrias, porque van, votan y se retiran a sus vastas ocupaciones y tareas; mas cuando son electos asisten por necesidad, y sostienen a todo trance los derechos del pueblo su comitente. Por otra parte, ¿de dónde o cómo probará el señor Pensador, que mientas más se alambica la opinión del pueblo, más se pierde la libertad? ¿Pues qué, una proposición tan avanzada y tan chocante, y mucho más con la nota injuriosísima al respetable cuerpo de curas y a los jueces, sólo se debe creer porque un Pensador tan Pensador o acaso mucho menos que otros escritores, la escribe en tono magistral? ¿Qué una expresión de tanta trascendencia sólo con escribirla se cumple para persuadida? ¡Qué audacia, qué descaro es éste! ¿Quién es El Pensador Mexicano, para que sobre su palabra se le crea un enorme delito de los curas y de los jueces, como es restringir la libertad del pueblo soberano?" Busca-piés a El Pensador..., pp. 2-3.
(12) Según el Diccionario universal de historia y de geografía, que escribieron en colaboración Lucas Alamán, José María Basoco, Manuel Orozco y Berra y otros historiadores en su tomo V, los límites de esta parroquia eran los siguientes: "Al Norte desde la esquina de la calle de Donceles hasta la plazuela de San Gregorio, de donde tomando al sur por la segunda calle de Banegas, torcerá por la plazuela de la Santísima, y siguiendo línea recta por la acequia, terminará en el Puente de Santiaguito; desde aquí volverá al Sur por la puerta Falsa de la Merced y calle de San Ramón, en cuya esquina torcerá por la esquina de la Estampa de Balvanera, y acabada seguirá su límite al Sur por la línea recta hasta la calle del Ángel, y desde ésta por el Poniente hasta la de los Donceles donde dio principio."
(13) salga lo que salgare. Forma festiva popular, muy común y general de la frasesalga lo que saliere. Santamaría. Dic. mej.
(14) donde las dan las toman. Refrán que explica la correspondencia en las injurias y la poca seguridad de quien agravia.
(15) dar que vienen dando. Se da a entender que se devuelve golpe por golpe, ofensa por ofensa. Esta expresión popular forma parte del título de un folleto lizardiano publicado en México, Oficina de Ontiveros, año de 1820: Dar que vienen dando. O respuesta a lo que estampó el Observador en el Suplemento al Noticioso número 751, al que pone un epígrafe: "Por varios rumbos, y distintos modos / que se cumpla la ley queremos todos." Cf. Obras X- Folletos (1811-1820), recop., ed. y notas de María Rosa Palazón Mayoral e Irma Isabel Fernández Arias, presentación de María Rosa Palazón Mayoral, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Literarios, 1981 (Nueva Biblioteca Mexicana, 80), pp. 337-351.
(16) Cf. nota 11 a este folleto.
(17) equilibrista. En política es aquel individuo que procura siempre estar bien con todos los partidos. Aquél que sabe estar al sol que alumbra.
(18) chirimoya. Fruto del chirimoyo; es una baya verde, rugosa, de pulpa blanca, y pepitas negras, de agradable sabor; semejante a la anona, pero más dulce y empalagosa. Santamaría, Dic. mej.
(19) de medio a medio. Completamente, por entero.
(20) maromero. Que maromea o cambia de partido continuamente.
(21) Cf. nota 7 a Ideas políticas. 1.
(a) Léase mi primer Chamorro, y la respuesta a la Carta que se fingió dirigida a mí por el excelentísimo señor Iturbide, y véanse las fechas con reflexión [El 1º de marzo de 1821, Fernández de Lizardi escribió Chamorro y Dominiquín. Diálogo jocoserio sobre la independencia de la América. Escribió el 7 de marzo ─es decir, no a los once sino a los seis días─, que la independencia era "justa, justísima, en Contestación de El Pensador a la carta que se dice dirigida a él por el coronel don Agustín de Iturbide.Lo que sí escribió desde la Cárcel de Corte fue una Defensa que... presentó a la Junta de Censura, sobre los dos folletos anteriores].
(22) a la de pita. A la cárcel.
(23) Cf. nota 11 a Contestación de El Pensador...
(24) Busa-piés a El Pensador Mexicano sobre sus ideas políticas..., p. 4.