PREVENCIÓN DE EL PENSADOR(1)

 

 

Estaba yo pensando cómo advertiría a los aficionados a leer mamarrachos que el jueves primero de septiembre, queriendo Dios, saldrá el número uno de la continuación al periódico titulado: El Pensador Mexicano.(2) Quería decirles que saldrá un número los jueves, y otro con el título de suplemento los lunes; que la subscripción se abre desde hoy en el cajón de don Domingo Llano,(3) Portal de Mercaderes;(4) que su cuota es de cuatro pesos(5) cuatro reales(6) hasta el último jueves de diciembre que es decir por el cuatrimestre; que en el número primero de dicho periódico se dirá por qué aparece algún exceso en ésta y cuán justo es, atendidas las circunstancias, que los que gusten ilustrarlo pueden hacerlo, remitiendo sus producciones con un sobre a El Pensador, o dejándolas en los puestos del Diario o Gaceta,(7) y saldrán a luz cuantas lo merezcan, entendiéndose que cada uno deberá dejar en el tintero materia suficiente para responder a sus opositores, en caso de tenerlos, pues yo como periodista debo ser imparcial y no mezclarme en las disputas que no me toquen. También quería decir que las personas de fuera de esta ciudad que quieran subscribirse podrán valerse de sus correspondientes que tengan en ella; o si no los tienen, escribir derechamente(8) a El Pensador diciéndole a dónde se deben remitir los papeles cuando haya oportunidad de convoy o correo.

Todo esto quería decir; pero como lo más lo digo en el número primero,(9) me parece excusado repetirlo; sin embargo, habiéndole puesto por rubro al presente papel Prevención, etcétera, es menester ver cómo se desempeña, y qué es lo que se previene, porque falta mucho blanco(10) que escribir y es necesario llenarlo, y no de paja. ¡Válgate Dios por apuración!, ¡tomar la pluma para decir una cosa, y después de no querer decirla, tener que hablar algo útil en medio pliego de papel...! Pero ¿cómo ha de ser?, ya comencé y he de concluir de donde diere,(11) como decía el otro.


Prevención a los señores


Con el mayor dolor estamos viendo que en esta ciudad hay la maldita maña (porque costumbre no puede tolerarse) de que apenas se encarece por algún motivo justo algún efecto, aunque sea de primera necesidad, cuando se le impone un precio exorbitante y fijo, de modo que más fácil será hacer navegable el camino de Veracruz(12) que aquel efecto vuelva a verse en su legítimo y primitivo precio; sin embargo de que ya no existan los motivos o causas que se pretextaron para encarecerlo.

Esto es insufrible, y agobia al público demasiado cualquier descuido que haya en el particular de parte de los que tienen el palo y el mando, esto es, de parte de aquéllos que pueden remediar las cosas y no las remedian por indolencia, por cobardía, por no contraerse enemistades, etcétera, o tal vez, que será lo más cierto, por ocupaciones más graves u otros inconvenientes que yo no alcanzo, aunque estoy cierto que todo se debe posponer por atender al bien común.

Es cosa de desbautizarse(13) ver entrar convoyes cuantiosos cada rato, y pegujaleros(14) con sus chinchorritos(15) de mulas cargadas de efectos que tenemos encarecidos, como sebo, chile,(16) abarrotes,(17) etcétera, y sin embargo, estos renglones se están como se estaban. Uno o dos chiles por tlaco,(18) que no alcanza a los pobres para untar una tortilla; una viruta de sebo con una hebrita de algodón por pabilo que llaman velas, con que no pueden los miserables alumbrarse de las oraciones a las ocho de la noche, y más ahora que ya son largas; un pedacito de pan por cuartilla(19) que no basta para tomar un pocillo de chocolate; pero ¿qué digo chocolate si no lo hay, y si lo llegan a beber es un chocolate compuesto de mil porquerías como pepitas de melón o calabaza, hígados de toro, maíz tostado, palo de qué sé yo, y otras drogas con que lo hacen algunas puercas chocolateras, capaces de por sí de hostigar el estómago más robusto, y de dañar la complexión mejor organizada? ¿Qué diré del carbón malo y poquísimo por medio y cuartilla, que tanto vale una saquita?, ¿qué de los huevos a medio real, mil ocasiones?, ¿qué de las verduras llegándose a ver un jitomate por medio o por un real?, ¿qué de la carne flaca, escasa y ni cabal en el peso en muchas partes?, y ¿qué diré, por fin, de todo? ¿Qué he de decir?, lo que dicen las pobres mujeres, que reniegan del diablo y de los que le ayudan.

Aquellos ricotes que embasilan [sic] en sus bodegas los cargamentos de víveres, y se tragan los convoyes, más enteros que se tragó al profeta Jonás la ballena, y no para vomitarlos benéficamente y de una vez, sino para hacer su negocio, subiéndoles los precios con exceso y dándonoslos por alquitara.(20) Éstos, digo, sonmalditos del pueblo, según la palabra que no falla, y éstos se llaman lobos gordos; aquéllos otros regatones(21) que arañan al público después que a ellos los arañan, se llamarán lobos flacos. Los lobos gordos dan furiosas tarascadas por su fuerza y poder, y los flacos no las dan menos perjudiciales por su hambre y voracidad, de modo que los pobres son víctimas de los lobos gordos y flacos... Admirémonos ahora de que haya en el día tantos ladrones en México. Los arbitrios ningunos, las necesidades extremas y los efectos precisos carísimos, son premisas que inducen naturalmente al robo, a la estafa, a la trampa. Dije naturalmente, no justamente, porque aunque nuestra mala naturaleza nos induzca a solicitar nuestra subsistencia por cualesquier camino, no hay justicia para hacerlo por fines siniestros, como es decir, para fomentar vicios, ni menos por unos medios ilícitos reprobados por las leyes natural y divina, como es el huerto. Lo que deben hacer los pobres enfermos, hambrientos y extremadamente necesitados, es pedir limosna; pero oigo a estos miserables a mi oreja que me dicen: "Señor, la pedimos; pero si no nos dan, si unos con otros se excusan, si nos responden con mucho desabrimiento, nos dicen que están peores que nosotros, que por no quitarnos el oficio no van por otro lado, que somos unos flojos, que trabajemos, que vayamos al Hospicio(22) (como si el hospicio fuera capaz de sostener a todos los pobres de México). Éstas y otras cosas nos dicen: pedimos limosna todo el día, y muchos nos quedamos sin comer", etcétera.

Hijos de la naturaleza humana, yo os responderé a estas vuestras justísimas quejas, consolándoos con los principios de vuestra santa religión. Pedid, clamad, gritad a los hombres, pero sea después de suplicar al Señor que mantiene el pájaro en el aire y el gusano en las entrañas de la tierra; y dejad a tanto avaro, a tanto usurero y monopolista que no tienen gracia ni para engañar al diablo...

Más diría; pero se acaba el papel... ¿y la prevención se hará más despacio? Pero ahora séalo que los comerciantes vivanderos se corten las uñas; que los que deben cuidar de esto, abran los ojos para que celen a los regatones, y que en la Plazuela del Volador(23) se ponga una tarifa cada semana para que todos sepan a cómo se han de vender los comestibles, quieran que no quieran los que los expenden, etcétera.

 


(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui, año de 1813. Spell da como fecha agosto. Y así se infiere de las primeras líneas del texto.

(2) El Pensador Mexicano. El tomo I es de 1812 a 1813, y consta de trece números. El tomo II consta de 18 números editados del 2 de septiembre de 1813 al 30 de diciembre de ese año, más suplementos; y el tomo III de 14 números, del 13 de enero (?) al 8 de noviembre de 1814, más suplementos.

(3) Cajón de don Domingo Llano. También citado en las "Advertencias preliminares" a La Quijotita  y su prima.

(4) Portal de Mercaderes. Cf. nota 48 a Quien llama al toro... o sea crítica.

(5) pesos. Cf. nota 45 a Las porfías de El Pensador.

(6) reales. Cf. nota 11 a Consulta que un payo hizo...

(7) puestos del Diario o Gaceta. Cf. nota 49 a Quien llama al toro... o sea crítica. En 1805 había doce puestos en México: el del Parián, frente al sitio de coches de Providencia, y once estanquillos: esquina de la Profesa; frente al Correo del Ángel; Bajos de San Agustín; Bajos de Portacoeli; Puente del Correo; esquina de Santa Inés; tercera calle del Relox; segunda de Santo Domingo; primera de Tacuba y Cruz del Factor.

(8) derechamente. "Rectamente, sin declinacion à una, ni à otra parte, en derechúra, via recta. Viene del nombre Derecho, y en lo antiguo se decía Derechamientre." Cf. Dic. de autoridades.

(9) Subtitulado "Prospecto del periódico y advertencias a los lectores." Concretamente alude a las "advertencias" Cf. Obras III, op. cit., pp. 154-156.

(10) blanco. "Papel no escrito. También se llamaba así al espacio de los escritos que se dejaban sin llenar, y a la primera forma que se pone en la prensa para imprimir un pliego; la segunda la llamaban la reiteración." Cf. Dic. de autoridades.

(11) de donde diere. Se dice del que se arriesga a un peligro por conseguir alguna cosa.

(12) Veracruz. Puerto situado en el Golfo de México.

(13) desbautizarse. Deshacerse, irritarse, impacientarse.

(14) pegujaleros. Pegujal es una pequeña porción de terreno que el dueño de una finca agrícola cede o guarda al encargado para que la cultive por su cuenta como parte de su remuneración.

(15) chinchorritos. Recuas o rebaños pequeños.

(16) chile. Ají o pimiento de América.

(17) abarrotes. Tiendas de víveres y artículos diversos. Por extensión, lo que ahí se vende. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(18) tlaco. Cf. nota 14 a los Avisos de El Pensador.

(19) cuartilla. Cf. nota 17 a Consulta que un payo...

(20) alquitara. Con escasez o poco a poco.

(21) regatones. Nombre que se daba vulgarmente a los revendedores, especialmente a los de Xochimilco. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(22) Hospicio. Hospicio de Pobres. Se abrió en 1774. Estaba en la calle de Calvario, hoy cuarto tramo de Avenida Juárez. En 1905 pasó a un edificio en la calzada de San Antonio Abad.

(23) Plazuela del Volador. En los terrenos de esta plaza actualmente se encuentra el edificio de la Suprema Corte de Justicia, ubicado en la esquina de Pino Suárez y Corregidora.