PREGUNTAS INTERESANTES
DE EL PENSADOR A DON RAFAEL DÁVILA(1)

 

 

No hay cosa más fácil que preguntar, ni más difícil que responder. Lo primero arguye duda, lo segundo ciencia. He aquí la gran diferencia que hay de preguntar a responder.

Sin embargo, muchas de mis preguntas no contienen dudas, y así son fáciles de responder a un niño de la escuela. Otras hay que en efecto inducen a dudar de veras, y éstas quisiera que algún caritativo me las respondiera para mi aprovechamiento y enseñanza. Acaso don Rafael Dávila(2) se querrá tomar el trabajo de responderme; y elijo a este escritor porque creo que el que tuvo valor para escribir Verdades amargas a la presencia de Apodaca(3) en tiempo del gobierno español, ¿por qué no lo tendrá en el nuestro para decir verdades menos fuertes? Comencemos.

1a ¿Por qué los señores canónigos de México, después de cinco años de Independencia, no quieren colocar en la fachada de esta santa iglesia Catedral(4)las armas de la América,(5) sin embargo de habérseles reclamado tantas veces este escandaloso proceder por las prensas?

2a ¿Arguye esto adhesión o aborrecimiento a nuestro sistema liberal?

3a Si arguye esto último, ¿deberá el Estado enriquecer con sus diezmos a unos individuos que con las obras manifiestan que detestan la libertad y engrandecimiento de la patria?

4a Siendo la primera de las atribuciones del señor presidente hacer guardar las leyes y decretos del Congreso General,(6) según el artículo 110 de la Constitución,(7) e incluyéndose en éstos el de 19 de julio de [1]823, que manda “que se levante en la Catedral un sepulcro en que se depositen los restos de los primeros héroes.”(8) Se pregunta: ¿deberá el señor presidente disimular por más tiempo la indolencia o desobedecimiento que han manifestado los canónigos a este soberano decreto, pues en más de dos años no han dado paso sus señorías a erigir el mausoleo que se ha mand[ad]o?

5a En caso de que continúe el disimulo del señor presidente en este punto, ¿se deberá atribuir a prudencia o a miedo a los señores capitulares?

6a En caso que se atribuya a prudencia, se pregunta, ¿se puede su excelencia, el señor presidente, usar de esta virtud con desaire de las leyes, siendo su primer ejecutor?

7a ¿Esta infracción escandalosa del Cabildo Eclesiástico no traerá, cuando menos, las resultas del mal ejemplo que reciben los pueblos al ver desobedecer las leyes impunemente?

8a ¿Tienen estos señores algún privilegio exclusivo para no obedecer las leyes que no quieren? Si lo tienen, manifiéstenlo.

9a ¿Por qué, habiéndose hecho indigno de la mitra de México el arzobispo Fonte(9) por haber abandonado su diócesis, no tocó vacante el Cabildo, ni aun hoy la toca, habiéndose corrido la voz de que ha muerto? ¿Qué, estará esperando su vuelta como los portugueses la de su rey don Sebastien?

10a ¿Por qué razón una comisión de las Cámaras quiere se le den a la corte de Roma cien mil pesos(10) anuales?

11a ¿Será esta clase de tributo o feudalismo decoroso a la nación mexicana?

12a Estando como están los Estados oprimidos con los grandes cupos que tienen que cubrir para pagar tanto empleado, ¿será prudencia ni patriotismo oprimirlos más con este nuevo y vergonzoso tributo?

13a Si esta donación se propone a la curia romana, después de poner los artículos del concordato, ¿no, no es verdad que tendrá visos de simonía?

14a En esta virtud, ¿no deberá la Cámara revisora desaprobar este artículo de los cien mil pesos, como indecoroso a la República, gravoso a la nación, y sapiente a simonía?

15a ¿Por qué no se nacionalizan los bienes de los españoles que emigraron a la Península luego que se verificó nuestra emancipación,(11) pues así como se deben secuestrar los bienes de un traidor, así deben secuestrarse éstos, puesto que sus dueños en el acto de abandonarlos por no vivir entre nosotros (a pesar de estar bien garantidos) se declararon enemigos del sistema, y, de consiguiente, traidores a la misma patria que los había enriquecido?

16a ¿El dinero que producen los bienes de semejantes hombres a la hora de la guerra servirá en sus manos para defendernos de los enemigos, o para pagar los asesinos que nos han de degollar por fin de fiesta?

17a Por la misma razón quiero que el señor Dávila me diga ¿si será justo que el duque de Terranova,(12) por razón de descendiente de Cortés, posea en esta América tantas tierras y fincas que pueden hacer una potencia de Italia? ¿Habrá razón para que, habiéndonos hecho independientes de España, seamos dependientes aún del duque de Terrranova, pues que cuantos viven en las llamadas sus casas y arriendan sus tierras, son otros tantos vasallos que le tributan su dinero?

Ni se diga que el argumento es malo, porque no prueba vasallaje el pagar la renta de cualquier finca. Yo no señalo como tributo el efecto, sino la causa. A cualquier dueño de finca se le paga sin carácter de vasallaje; pero a los herederos de Cortés se les paga como a conquistadores, en cuyo título afianzan su dominio.

18a Si éste se reconoce justo por razón de descendientes de Cortés, más justo será el de Fernando VII, como heredero de Carlos V, y entonces ¿deberemos ser independientes? ¿O revestidos de tal carácter, contra los principios que autorizan al duque de Monte León,(13) seremos unos inicuos usurpadores de sus regalías?

19a Supuesto que ningún buen americano ha de querer conformarse con esto último, señor de Dávila, ¿no es verdad que los bienes del duque de Terranova en esta América deben reputarse como usurpados por Cortés, y por consiguiente entrar en el tesoro nacional?

20a Me aseguran que todas las casas del Empedradillo(14) donde están las llamadas del Estado, las de la vuelta de la calle de Tacuba(15) hasta la esquina de la Profesa,(16) las fronterizas a este templo hasta la esquina de Plateros,(17) y las de la frente de éstos hasta la esquina del Portal,(18) incluyéndose en estos lugares la Alcaicería,(19) pertenecen a los herederos de Cortés, y esto sólo en México, y lo que yo sé, ¿qué será lo que les producen las haciendas, fincas y tierras que tienen en toda esta América, y de las que se llaman señores? Y digo yo, señor de Dávila, ¿será justo que un descendiente del ladrón Cortés se lleve quinientos mil o más pesos anuales, pudiendo este caudal servir mejor para sostener tres floridos regimientos y aliviar en alguna parte a los pueblos?

Bajo este supuesto, señor de Dávila, dígame usted, por lo que más estime, ¿se harán o no las Cámaras acreedoras a la amistad general si a lo más pronto decretan que estos bienes, y los de los españoles emigrados en el tiempo de la Independencia, pertenecen a los tesoros públicos de la patria?

21a El señor Alpuche(20) tiene hecha proposición para que los españoles no sean colocados en los empleos civiles. La proposición rebosa patriotismo y una prudente precaución; pero dígame usted, ¿no fue lástima que la tal proposición no hubiera sido extensiva a los empleos militares? Porque ciertamente el gachupín(21) traidor, con la pluma en la mano en clase de oficial subalterno, en una oficina diplomática, no puede hacernos tanto daño como el mal español, colado en la clase de comandante de una descubierta, guerrilla o avanzada. Éste sólo puede seducir al sargento, éste a los soldados, y entonces, descubierto el santo y contraseña, se puede verificar una sorpresa por la que se pierda no sólo un ejército, sino la reputación de nuestro pabellón y toda nuestra decantada libertad.

Por tanto, pregunto ¿deberán colocarse en nuestro ejército los españoles oamericanos que nos sean sospechosos?

22a Siendo las milicias cívicas el auxilio del más sincero patriotismo, no como se establecieron al principio, sino como yo las he descrito en mis papeles, ¿por qué el Ayuntamiento(22) no las establece, aunque sea con las nulidades que tuvieron al principio y acaso tendrán en la legislación presente? Dígame usted, señor de Dávila, con sinceridad, ¿cuál es mejor plan de milicias cívicas, el que yo he propuesto o el actual?

Yo no quiero comprometer a usted, si no quiere no responda; pero si responde, sea sin adulación y guardando siempre aquel noble carácter de sinceridad que distingue a los americanos.

 

 

JUSTO TRIBUTO AL MÉRITO

 

Si hay autores dignos de un eterno renombre y de la más sincera gratitud, uno de los primeros es el señor F. M. V., por el precioso papel que acaba de regalarnos, titulado: Si no se organiza el ejército, perece la Independencia, en el que brillan a competencia la fluidez y precisión del estilo, lo sólido de las ideas, la mejor pericia militar y el más acendrado patriotismo.

Yo desde luego doy al autor las más expresivas gracias por el interés que toma en la salvación de nuestra patria, le tributo mi admiración y mi respeto y le suplico a nombre de los buenos no cese de elucidar más y más una materia que tanto interesa al decoro del pabellón americano.


Lizardi.



Advertencias a don Rafael Dávila


He leído el pedantísimo papel de usted titulado: Ni el gobierno ni el Congreso nos librarán de la Liga.(23) Al leer aquel garrulante principio: “Mexicanos, al dirigiros en esta vez la palabra...” pensé que era alguna proclama de nuestro presidente: volví las hojas para buscar la firma, y fui leyendo Rafael Dávila de molde. Creí que me reventaba el bazo por la risa. La verdad tiene usted su pedazo de estilo declamatorio, y se conoce que al escribir su papel estaba ardiendo en patriotismo y se creyó lo menos un general que proclamaba a sus bravos para animarlos al combate; pero le advierto que otra vez diga algo útil, pues en este su papel no nos da sino noticias que ya apestan de viejas, y que otros tienen ya dichas antes y mejor que usted.

También le advierto que no sea plagiario ni ande copiando períodos de Llorente. Cuando quiera valerse de alguna sentencia, o cite al autor, o disfrácela de modo que no se conozca.

Item: le advierto que no sea inconsecuente. En su impreso titulado: Fuera del mando el gobierno se empeña usted en probar que no hay peligro de la venida de la Liga; y en éste dice: “el riesgo se aproxima, nuestra libertad está amenazada.” Ésta es una inconsecuencia insufrible.

Dice usted que no he contestado sus dos cartas. Advierto a usted que no lo había hecho por no deshonrar mi pluma; pero ya que usted me provoca, lo haré y leerá cosas que no le han de gustar.

Dice usted que tiene tamaños(24) y yo le pregunto: ¿tamaños qué, tiene?

Dice usted que no se metió conmigo y ¿acaso yo me metí con usted cuando sin qué ni para qué(25) me disparó sus dos cartas desaforadas, cuando me insultó atrozmente en su descomunal titulado: ¿Que se vayan los ingleses? Basta por ahora.

 

México, 29 de abril de 1826.


El Pensador.

 

 


(1) México: 1826. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...].

(2) Rafael Dávila. Este licenciado de Guadalajara fue enemigo de El Payo del Rosario. Fue miembro de la Junta Consultativa Auxiliar del Gobierno creada por orden de Pedro Celestino Negrete el 24 de junio de 1821. Nombrado capitán de la 9ª compañía de Infantería. Estuvo en la Cárcel de Corte. Este panfletista, “conocido por el apodo de ‘la Rata Güera’ era [...] originario de la Metrópoli, fue soldado en la columna Milicias de México y empleado público [...], se inició en las letras, en 1820, con un ‘papel’ titulado: Manos besan hombre que quisieran ver quemadas, en el mismo año sufrió prisión por otro libelo: La verdad amarga, pero es preciso decirla. Hombre de espíritu combativo, de ideas conservadoras, escribió un pasquín El Toro, sin ayuda de nadie: él mismo redactaba por su puño, y formaba la tipografía, corregía pruebas, imprimía y distribuía ejemplares’ [...]. Que no había diques a la libertad de imprenta quedó demostrado con la crudeza de los monólogos que Dávila publicó en El Toro, insultó, sin medida, a todos los liberales, en Retozos de cuajo largo con las hijitas del Cojo, pasquín con léxico de lupanar donde refiere sucedidos a Villavicencio, Zavala, Fernández de Lizardi, Cerecero, Poinsett y Guerrero, tal parece que su prosa asquerosa se debe a que, como él mismo confesaba: ‘tengo churripampli y voy a tirar las bragas’.” Héctor R. Olea, El Payo del Rosarioop. cit., pp. 80-81. También fue autor de Que se vayan los ingleses.

(3) Apodaca. Cf. nota 47 a La tragedia de los gatos...

(4) Catedral. Cf. nota 52 a La tragedia de los gatos...

(5) Además del águila (Cf. nota 2 a Calendario histórico...), la bandera de las Tres Garantías, o de tres colores. Cuando entraron a la Ciudad de México las tropas independentistas, Iturbide decretó, el 12 de noviembre de 1821, que la bandera mexicana tuviese los mismos colores, pero en franjas verticales (no horizontales) en el siguiente orden: verde, blanco y rojo. Al águila, que estaba de perfil y con corona imperial, en 1823 se le quitó la corona, agregándosele ramas de encino y de laurel como símbolo de la República.

(6) Título IV, sección 4ª “110. Las atribuciones del presidente son las que siguen: I. Publicar, circular y hacer guardar las leyes del Congreso General.” Felipe Tena Ramírez, Leyes fundamentales de Méxicoop. cit., p. 182.

(7) Constitución. Cf. nota 7 a Disputa de los congresos...

(8) Los restos fueron traídos el 17 de septiembre, y el siguiente 19 de julio de 1823 el Congreso expidió un decreto que declaraba “buenos y meritorios los servicios de los insurgentes que Iturbide había querido relegar al olvido, y el 17 del mes de septiembre, fueron depositados con solemne pompa en la bóveda del Altar de los Reyes en la Catedral los restos de D. Miguel Hidalgo y de sus demás ilustres compañeros”, “El cadalso de Padilla”, en Episodios históricos mexicanos, t. I, segunda parte, de Enrique de Olavarría y Ferrari, op. cit., p. 1987.

(9) Fonte. Cf. nota 4 a Calendario histórico...

(10) pesos. Cf. nota 4 a Mañas viejas...

(11) emancipación. Cf. nota 13 a La tragedia de los gatos...

(12) duque de Terranova y Monteleone. Descendiente de Cortés que residía en Europa. Tenemos el siguiente testimonio sobre sus bienes: Exposición que hace a la Cámara de Diputados del Congreso el apoderado del duque de Terranova y Monteleone, sobre las proposiciones presentadas por los señores diputados don Matías Quintanar y don Manuel Cañedo, relativas a las propiedades que dicho duque tiene en esta República Mexicana, México, Imprenta a cargo de José Fernández, 1828. En la sesión del Congreso de 30 de abril de 1825, los diputados Cañedo, Gutiérrez, Villegas, Altamirano, Arce, Ortega y Martínez Zurita hicieron la proposición de que se “secuestraran” los bienes que poseía el duque de Terranova en la República por ser “feudo infamante a la nación mexicana.” Por extinción de la descendencia masculina, los bienes de los sucesores de Hernán Cortés y los del marquesado del Valle de Oaxaca habían recaído en los duques de Terranova; después los sucesores fueron los príncipes de Pignatelli. Fernández de Lizardi cita el hecho de esta expropiación en las Conversaciones del Payo y el Sacristán, núm. 14, en Obras Vop. cit., p. 402.

(13) En 1833 hubo un Dictamen de la Comisión primera de Hacienda sobre que el gobierno ocupe los bienes conocidos en el Distrito Federal por el duque de Monteleone, México, impreso en las Escalerillas por Agustín Guiol, mayo 8 de 1833, firmado por S. de Enciso y Díaz y Rosa, en el que consideran que los bienes de Hernán Cortés fueron adquiridos a “derecho de conquista” y que su posesión era injustificable; por lo tanto, el gobierno debe entrar en posesión de ellos para sostener escuelas públicas en el Distrito Federal y aumentar el número de camas en el Hospital de San Andrés.

(14) Empedradillo. Esta calle es actualmente la del Monte de Piedad. En el siglo pasado se llamaba así “el amplio espacio comprendido entre los jardines del lado occidental de la Catedral y la hilera de casas que se extiende desde la esquina de la calle de los Plateros hasta la de la calle de Tacuba [...]. Todas las casas comprendidas en el cuadro formado por las calles del Empedradillo y San José el Real, las dos de Plateros y Tacuba eran propias del Estado y Marquesado del Valle de Oaxaca. De ellas algunas estaban separadas del vínculo y formaban parte del fondo dotal del Hospital de la Purísima Concepción, fundado por el mismo Hernán Cortés.” José Ma. Marroquí, La Ciudad de Méxicoop. cit., t. II, pp. 326 y 329.

(15) Tacuba. Cf. nota 11 a La vieja de la jeringa...

(16) Profesa. Cf. nota 15 a Diálogos... 1.

(17) Plateros. En la actualidad son las calles de Francisco I. Madero, entre Monte de Piedad y Bolívar.

(18) Portal. Cf. nota 2 a La vieja de la jeringa...

(19) Alcaicería. Antiguo mercado que estaba atrás del Palacio de Cortés, hoy Monte de Piedad. Fue llamada Alcaicería porque hubo la intención de construirla a semejanza de la de Granada. Fundada en 1611, duró hasta 1860, cuando las calles que la cruzaban (la de Arquillo, hoy Cinco de Mayo, y de la Alcaicería, hoy 1ª y 2ª de Palma), fueron ensanchadas.

(20) José María Alpuche e Infante (1780-?). Senador por Tabasco al Congreso. Proyectó una logia bajo el rito de York para contrarrestar a las centralistas. Fernández de Lizardi alabó su patriotismo y sabiduría en su Testamento...

(21) gachupín. Cf. nota 22 a Breve sumaria...

(22) Ayuntamiento. Cf. nota 2 a Mañas viejas...

(23) Liga. Cf. nota 27 a La tragedia de los gatos...

(24) tiene tamaños. Cf. nota 3 a Qué mal hará...

(25) sin qué ni para qué. En La Quijotita, Fernández de Lizardi dice que era un refrancillo vulgar; en el capítulo X del tomo II. Cf. Obras VIIop. cit., p. 310.