POR LA SALUD DE LA PATRIA
SE DESPRECIA UNA CORONA(1)
Sombras tristes de los Carlos, Enriques y Luises, víctimas de vuestros mismos vasallos; Fernando de España, reyes de la Santa Liga,(2) opresores de la libertad del hombre, monarcas todos de la Europa, dejad vuestros sepulcros y vuestros tronos; trasladaos a la América Septentrional, en donde aprenderéis a respetar los derechos del hombre, a tener la ilustración del siglo, a huir los consejos de los áulicos aduladores y ministros perversos y a reinar como ciudadanos, y no como dioses en la Tierra.
Sí, tiranos de la libertad, venid a admirar una nación que os ha debido el concepto de salvaje porque no se le había permitido ver la luz, y en tres meses ha sabido recobrar sus derechos usurpados y remover con una admirable reacción los obstáculos que detenían los progresos de su ilustración y libertad.
Venid vosotros, soldados mercenarios o verdugos alquilados de los reyes para sostener su despotismo y tiranía, y aprended de nuestros Santa-Annas,(3)Chávarris,(4) Lobatos(5) y demás jefes oficiales y tropa americana lo que es y debe ser el verdadero militar. No un hombre orgulloso, altanero y espadachín, no un enemigo de la sociedad, ni un arrastrado adulador de un rey, sino un ciudadano de honor, cuya subsistencia y esplendor se vincula, no en plumas ni galones, no en cruces, títulos ni oropeles, sino en el respeto a la ley y en el amor decidido a su patria.
Estos nuestros valientes militares pospusieron todos sus intereses, sus personas y aun sus mismas vidas por sostener a la nación que peligraba, y esas armas que vosotros esgrimís contra vuestras patrias, por complacer a vuestros amos reyes, las han vuelto a favor de la suya, y se han substraído del mundo del emperador por salvarla.
Aprended, a ser militares ciudadanos, y no verdugos y asesinos alquilones, que tanto quiere decir soldados.(a) Veréis cómo aquí el mi litar no se distingue del paisano sino en el traje, y todos aspiran a sostener los derechos de la nación antes que los pretendidos del trono.(b)
Venid vosotros, ministros malvados, depósitos de la ambición y tiranía. Vosotros que, sacrificando la justicia a la adulación, y prefiriendo vuestros intereses al bien general de las naciones, contemporizáis con los caprichos injustos de los reyes, y a las veces se los sugerís, alarmándolos contra la libertad de los pueblos; venid y veréis a nuestro Herrera(6) fugitivo(c) y... a los demás renunciando en tiempo, y sin fruto, pues siempre serán vistos con desdén y desconfianza general.
Venid, en fin, naciones todas del universo y aprended de la ilustración americana a sostener y recobrar sus derechos a sombra y voz de sus conciudadanos, los Victorias,(7) Bravos,(8) Guerreros(9) y otros héroes de inmortal gloria.
Un ministro novel,(10) exaltado de la nada, afectado tal vez de interés fue colocado cabe el trono, y sus determinaciones lo socavaron, haciéndole creer a Agustín(11) que lo afirmaban; pero ya todos huyen temerosos al solo nombre de libertad.(12)
Temblad, monarcas todos de la Europa, temed monstruos de la humanidad. La noticia de este acaecimiento va a llenar de luz a las naciones y a poner en falso vuestros tronos llenos de sangre, de ambición y tiranía.
No hay hombres más temibles que los reyes: ellos suelen darse a las naciones como instrumentos para vengar la cólera del cielo; pero al mismo tiempo no hay otros más dignos de nuestra consideración imparcial, cuando, desconfiando de sí mismos, se entregan en manos de sus ministros. Si éstos no obran con rectitud, la pública execración pesa sobre el triste monarca, que mil veces ignora lo que firma o lo que se firma con su estampilla.
La condición de un rey es la más expuesta si quiere vivir, y la más penosa si quiere ser justo, pues entonces es necesario que no viva, sino que sacrifique al bien público su quietud, su salud y su existencia. Esto no es lo común y por eso hay tan pocos buenos reyes.
Como hombres necesitan el descanso, se fían de otros, y si éstos no son justos y lo sorprenden con su hipocresía, entronizan la injusticia y hacen odiosos a los amos al tiempo que ellos se engrandecen a costa de su descrédito.
Tal me parece que ha sido la suerte de Agustín. De una vez se halló al frente de una nación grande y no poco ilustrada, ocupó su trono, quiso ayudarse de sus amigos; éstos, imbuidos en las costumbres góticas, al momento lo sacramentaron, lo hicieron inaccesible al pueblo, no tanto por divinizarlo cuanto porque no lo ilustraran los clamores populares. Semejante conducta debía tener sus resultados consiguientes, cuales fueron la enervación del gobierno y la injusta distribución de premios, pues vimos disfrutando honores y sueldos a los enemigos declarados de nuestra Independencia, al tiempo que gemían en el abandono y la miseria hombres beneméritos que habían sacrificado por la patria sus intereses y familias, y habían expuesto la vida en las campañas.
Tal procedimiento fue minando la opinión que había erigido el emperador a su favor y reclutándole quejosos y enemigos. A seguida los aduladores acabaron de desconceptuarlo, sugiriéndole o apoyándole la prisión de los diputados(13) y la disolución del Congreso,(14) cuando debían haberle hecho ver lo que vale la representación nacional, que es tanto como la nación misma soberana, señora, única dueña de sus derechos, y muy capaz de reclamarlos, como lo estamos mirando con asombro.
¿Cuándo los ministros ni paniaguados del emperador esperaban tan repentina voltereta? Ellos lo consideraban indestructible, y ya le preparaban su apoteosis; ya se ve, jamás se había visto en tal altura, y se desvanecieron, olvidándose de que la fortuna es loca e inco[n]stante, como se lo dije al emperador en la noche de su proclamación, con estas formales palabras, de que se acordará: "Felicito a vuestra majestad este momento; pero no se fíe del mundo, que es variable."
Después escribí mi Segundo sueño(15) para prevenirlo contra las seducciones y acordarle las máximas de reinar, trilladísimas por los políticos, que no son reyes, y despreciadas o ignoradas por éstos. Le envié el cuadernito curiosamente encuadernado, y creo no se lo leyeron ni una vez. Éste mi Segundo sueño fue quizá un pronóstico de lo que pasa.
Mas al fin, ya todo se erró. ¿Qué puede hacer el emperador para soldar esta quiebra? Enmendar los yerros que le hicieron autorizar, ¿y cómo?, sujetándose a la nación enteramente, y sacrificándolo todo por la tranquilidad de su patria y por su mismo bien.
Sí, heroico Agustín: sin vuestros favores yo os he amado porque concluisteis la obra de los Hidalgos y Morelos:(16) yo proclamé vuestra coronación en el feliz 28 de septiembre de [1]821(17) cuando habíais estancado a vuestro favor la mayoría de la opinión. Hoy debéis oír verdades de otro tono; pero siempre producidas por un corazón agradecido. En la difícil crisis en que os halláis, no os ama el que os oculte la verdad. Esta es que si la nación escarmentada no quisiere monarquía, sino república, debéis, señor, darle gusto, deponiendo ese fausto que os recluta enemigos; abdicarle también esa corona que os ha sido de espinas, y dejarle esa púrpura conque se cubren los tiranos. Tal acción os llenará de gloria. Amontonar crímenes por sostener un trono es muy común; pisar una corona es de héroes, y ya que lo habéis sido, no dejéis de serlo: apresuraos, los momentos son preciosos. Se dice que así lo intentáis; no tengáis en duda la nación: declaradla vuestra intención por un impreso; vea el mundo que Agustín, para ser grande, no necesita ser rey, y que aprecia más los laureles del honor que teje la fama, que los pedazos de un oro disoluble, y cuando esto hagáis, arrojaos con confianza en los brazos de esta nación magnánima, y pese a mí, si vuestra persona no es sagrada y vuestra familia venturosa en todo tiempo.
Así hablara yo al emperador y su majestad no se había de dar por ofendido, pues, visto a buena luz, y supuesto que el Congreso ha de proseguir libremente, si variase la forma de gobierno, será porque conoce que el actual no es del gusto de la nación, y entonces ¿para qué quiere el emperador ser rey en una nación que detesta los reyes? Su vida sería un continuo círculo de desconfianzas y temores, y en tal estado, la de un galeote forzado es preferible a la de un monarca aborrecido.
Es verdad que no le faltarían aduladores como siempre; pero éstos serían algunos nobles egoístas reñidos por su interés con la democracia, o frailes y vulgares de la última plebe, cuyos vivas y sufragios son alucinantes; pero de ningún valor. Monsieur de Pradt(18) dice que, en [1]814 en el Congreso de Viena, el lord Wellington sostuvo a su presencia que Fernando VII con sus frailes y populacho tenía lo más fuerte de la nación. Los hechos posteriores manifestaron su equivocación, y tales sujetos son unos apoyos ridículos. En el estado medio consiste la fuerza física y moral; si con ésta no cuenta su majestad, el abdicar la corona será su mayor gloria, porque acabará de manifestar que nada aprecia más que el bien de la patria.
Esta brillante y heroica acción pasmará a la Europa, hará su nombre eterno, le tejerá laureles inmarchitables, le restituirá todo el amor de sus conciudadanos, y al advertir todos que se supo vencer a sí mismo, que holló una corona pesadísima, y que [por] segunda vez hizo la libertad de la patria, sin permitir se derramase la sangre americana, lo colmarán de bendiciones las generaciones presentes y futuras y, llenos [sic] de gratitud, dirán: ¡Viva AGUSTIN el grande, libertador de Anáhuac(19)y el héroe singular que despreció una corona por la salud de la patria!
México, marzo 7 de 1823.
El Pensador.
(1) México, Imprenta del Autor, 1823.
(2) Santa Liga Cf. nota 4 a Segundo sueño...
(3) Antonio López de Santa-Anna. Cf. nota 2 a Viva el general...
(4) Chávarri. Echávarri. Cf. nota 3 a Fuga de Guerrero...
(5) Lobato (1785-1829). General de brigada. En 1821 fueron reformados los cuerpos de infantería y se crearon nuevos regimientos. Entre los coroneles que se nombraron para tales regimientos se encontraba Lobato, en el quinto. Cuando se dio la insurrección de Santa-Anna, Lobato, Echávarri y Cortázar estuvieron al mando de algunas fuerzas para combatirla. A fines de enero de 1824, Lobato emprendió una revuelta en la capital de la República. Secundaba el plan de Hernández de despojar a los españoles de su empleo y correrlos del territorio; pero viendo las amenazas del Congreso y la deserción de las tropas, depuso las armas.
(a) Soldada era lo que hoy jornal, y por eso los soldados se llaman peones, es decir, jornaleros. ¿No es mejor que los nuestros se llamen militares?
(b) El lujo, la ostentación y tiranía no son sino derechos pretendidos, o vicios con nombre de derechos.
(6) José Manuel de Herrera (1776?- 1831). Insurgente. Doctor en teología por la Universidadde México. En 1811, cuando ocupaba la capellanía de Chiautla, se adhirió a la causa de Morelos, a quien acompañó en la toma de Oaxaca. Morelos lo designó para entablar negociaciones con los Estados Unidos, pero no pasó de Nueva Orleáns, regresando a México en 1816. Colaboró con Bustamante en El Correo del Sur. A petición de Iturbide fundó El Mexicano Independiente, que fue órgano de la causa iturbidista. Fue ministro de Relaciones Exteriores con la primera Regencia (5 de octubre de 1821 a 11 de abril de 1822), con la segunda (11 de abril a 18 de mayo de 1822) y durante el periodo imperial (19 de mayo a 10 de agosto de 1822). Estuvo escondido en Guadalajara a causa de las irregularidades del gobierno iturbidista hasta que fue preso en 1825. Con ese motivo publicó varias Indicaciones para justificar su conducta, en varias de ellas contestó las acusaciones que le hiciera Bustamante.
(c) Este ministro es clérigo. Véase si es verdad lo que he dicho: que jamás los eclesiásticos colocados al frente de los gobiernos son útiles, sino perniciosos al Estado. Dígalo la Francia con su Richelieu cardenal, la España con sus Cisneros [Jiménez de Cisneros] y sus jesuitas la Croix [Franciso de Croix, marqués de Croix, 450 virrey de la Nueva España (1766-1771). En 1767 expulsó a los jesuitas], y nosotros con nuestro Herrera. Jamás me cansaré de decir que nunca será feliz una nación con eclesiásticos al frente del gobierno, porque los intereses del clero con los del pueblo no son comunes. Ilustración y libertad no dan mitras ricas, canónigos acomodados, frailes gordos, legos limosneros, ni demandas y socaliñas infinitas, a título de limosna religión. Una república no sufre tales estafas. Por eso la detestan los primeros eclesiásticos serviles, como que son los primeros interesados en tener al pueblo supersticioso y fanático, para hacerlo así su esclavo y tributario.
(7) Guadalupe Victoria (1786.1843). Su nombre verdadero era Miguel Félix Fernández (para otros es Fernández Félix). Insurgente mexicano y primer presidente de la República. Al comienzo de sus actividades como guerrillero de la independencia cambió su nombre a Guadalupe Victoria.
(8) Bravo. Cf. nota 33 a Otra afeitada...
(9) Guerrero. Cf. nota 4 a Fuga de Guerrero...
(10) José Manuel de Herrera. "En el ministerio de relaciones exteriores e interiores se colocó á un eclesiástico de quien es necesario hablar con mayor extensión, por la influencia que ha tenido en la caída de Iturbide, y posteriormente del general Guerrero [...]. En 1812 fue diputado del Congreso de Chilpancingo [...]. Iturbide lo llamó á su lado poco después de [...] Iguala, y desde entonces tuvo una influencia muy notable sobre este jefe desgraciado. Herrera es un hombre de quien no se puede hacer una descripción positiva [...]: no tiene conocimiento en ningún género, no tiene actividad para ninguna empresa, ni capacidad para decisiones atrevidas, ni mucho menos para resoluciones que puedan tener grandes resultados [...], su sistema era el fatalismo; pero si prácticamente sigue esta doctrina, es más por abandono y pereza que no por haber fundado su conducta sobre algún principio. De consiguiente no se sabe si tiene buenas ó malas intenciones; si el mal que ha hecho á su patria y á las personas que han tenido la desgracia de dejarse dirigir por él, ha sido efecto de miras tortuosas, ó más bien de una carencia absoluta de acción y de toda energía, que en tiempo de convulsiones es el mayor mal que puede acontecer á un gobierno. Este era el ministro de relaciones interiores y exteriores de la Regencia." México a través de los siglos, op. cit., t. IV, pp. 22-23.
(11) Agustín de Iturbide. Cf. nota 7 a De don Servilio al clamor...
(12) "Nada á la verdad contribuyó tanto á la ruina del gobierno imperial como la falta de recursos pecuniarios, los consejos desacertados de las personas que influian sobre Iturbide, el disgusto que sus providencias habian causado en las clases más respetables de la sociedad, y sobre todo su elevación al trono y el ensalzamiento de su familia; pero el instrumento de su ruina fué la falta de fidelidad del ejército..." Lucas Alamán, Historia de México, op. cit., t. V, p. 574.
(13) Cf. Defensa de los diputados presos...
(14) "azuzado por los militares que le rodeaban, Iturbide lanzó su célebre decreto de 31 de octubre que disponía la disolución de la Asamblea constituyente. Encargado de notificarlo al Congreso el general Cortazar se presentó en él anunciando su llegada y el objeto de su presentación al presidente don Mariano Marín. Discutióse acaloradamente sobre si debía ó no recibirse al enviado del emperador, que al fin penetró en el salón y leyó el decreto, que en cuatro líneas contenía, dice Zavala, la disolución del Congreso y la orden de que se entregasen los archivos, argumentando que tenía orden de que ese decreto se cumpliera en media hora." México a través de los siglos, op. cit., t. IV, p. 85.
(15) Segundo sueño... Cf. en esta edición.
(16) Hidalgo. Cf. nota 12 a Vida y entierro... Morelos. Cf. nota 37 a Segunda defensa...
(17) El Pensador Mexicano al excelentísimo general del Ejército Imperial Americano don Agustín de Iturbide, México, Imprenta Imperial, 1821.
(18) Pradt. Cf. nota 2 a Roma liberal...
(19) Anáhuac. Palabra mexica que significa junto o cerca del agua. Motolinía fue el primero en usarla para designar toda Nueva España. Cuando llegaron los españoles, el territorio del Anáhuac comprendía los que actualmente son estados de Colima, México, Puebla, Oaxaca, Guerrero y partes de Chiapas, Tabasco, Veracruz y Querétaro.