OTRA AFEITADA DE EL PENSADOR 
AL LICENCIADO BARBITAS(1)

 

 

Esto quería yo, señor licenciado Barbitas, o señor Barbero sin licencia;(2) esto quería yo, que se picara usted un poco, ya que su mucha cobardía lo hace esconder tras los sucios canceles de su asquerosa barbería, y quiere sacar la castaña con la mano del gato,(3) comprometiendo al pobre de don Cornelio para que firme sus mamarrachos y los lleve a la imprenta.

Sí, licenciado Barbero, venga usted acá: avéngaselas con El Pensador mano a mano, sin comprometer al pobre de don Cornelito.(4) Yo quiero mi pleito con los licenciaditos, atarantaditos como usted; no con los pobretes que no conocen la O por lo redondo.

¿Conque usted dice, en su divino papel titulado Unos dijes para El Pensador, que "jamás ha sido amigo mío ni quiere serlo."(5) ¡Ay tatita(6) de mi alma!, si viera usted lo que sucedió en mi casa al leer estas tristísimas palabras. Yo estaba leyendo y el papel se me cayó de la mano, las quijadas se me desencajaron, y por poco no me da mal de madre;(7) a mi mujer se le alborotó el histérico,(8) mi hija la grande cayó con la pataleta,(9) a la chiquita le dio alferecía,(10) a su chichi(11) se le fue la leche; y mis criados estaban cabizbajos y confusos, cuando entró a mi casa con un fra[n]cmasón amigo mío, quien, conmovido de natural piedad, preguntó la causa de aquella [e]scena lastimosa. Yo que aún respiraba, le dije: ¿qué quiere usted que haya sucedido en mi casa? ¿No es bastante motivo para esta tristeza saber, de letra de molde, que el licenciado N no quiere ser amigo mío, como lo dice en su papelote titulado Unos dijes para El Pensador? ¡Ay de mí, y ay de mi mujer y de mis hijos!(12) ¿Qué haremos sin la amistad del licenciado N? ¿Quién nos consolará? ¿Quién cuidará de nuestra subsistencia?

─¿Pues qué, ese caballero le mandaba a usted el diario, o le hacía algunos favores? ─Ningunos, amigo. ─Pues entonces, ¿qué falta le hace a usted su amistad? ¿Quién es más que un triste dizque abogado? ¿De qué cuidado puede sacar a usted? ¿Ni usted para qué lo necesita? ¡Cierto que pierde usted gran cosa con no tener la amistad de semejante sujeto! ─Lo peor es, dije yo, que jamás le he hecho el más mínimo daño, y él da a entender que me aborrece.

Pues, pero se llamará católico cristiano, hace que se escandaliza de la excomunión de usted, lo llama excomunicatus vir;(13) oirá misa los domingos y fiestas de guardar, rezará el santo rosario y se persignará cada rato; pero, ¿y la caridad?, ¿y el amor a nuestros enemigos, tan recomendado por Jesucristo en el Evangelio? Volaverunt. ¡Qué bien se conforma aquel precepto del Salvador: amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen,(14) etcétera, con el "jamás he sido amigo de usted ni quiero serlo" del señor Barbero! ¿Éstos son los cristianos? ¿Así se producen los que se tienen por letrados? ¿Éstos son los sentimientos que nos inspira la sociedad?

¡Oh Júpiter! ¿Para cuándo son tus rayos?

Si esto es ser cultos, vale más ser payos.

Pues oiga usted, le dije a mi amigo, oiga usted qué famosamente critica este licenciado. Una llana gasta en querer persuadir que no es el autor de la Miscelánea,(15) lisonjeándose de que es el Barbero, como si todos los papeles de su barbería no estuvieran muy buenos para envolver cominos y culantro, a pesar de que él no lo cree, pues asegura que para ser buen barbero se necesita talento, con cuyas expresiones él mismo se califica de chistoso y atalentado.

─Eso no le haga a usted fuerza, dijo mi amigo. ¿Qué ha de hacer el pobre? Usted, maguer que tonto, como le llaman sus enemigos, ha tenido la fortuna de verse elogiado de letra de molde en esta corte, en varias capitales de provincia, y aun allende de los mares. Sus obras de usted se leen con aprecio y se reimprimen a porfía en Guadalajara y Puebla;(16) por fin, usted cuenta con el aprecio público de muchos sabios conocidos, y con el general del pueblo en todo el Imperio, exceptuando algunos rivalillos tan sabihondos y temibles como El Barbero. Este infeliz escritorcillo lechuzo no cuenta con nada de esto, y antes se ha metido a escribir, o porque es letrado de veinte en tarea, sin crédito para ganar la vida en el bufete, o porque lo picó el diablo para que vieran sus disparates de molde, y conocieran todos a lo que llegan los hombres por las letras. Mas lo cierto es que losdijes(17) no se han vendido; y así, ya que este sabihondísimo letradísimo no halla quien lo elogie, discúlpelo usted y déjelo se despache por su mano.

─Así es, dije al amigo: mientras él viva, no faltará quien lo alabe; pero se quedó con el "miente" que le eché dos veces, cuando dijo que mi Segundo sueño era copia.(18) Hasta hoy no muestra el original.

─Vamos, repuso el amigo mío: no merecen contestarse los dijes del licenciado Barbero, porque sería honrarlo mucho. Todo el fárrago es una chocarrería(19) muy nevada, llena de insultos y groserías, con unos sofismas más gordos que su talento y unas apeadas por las orejas(20) a su gusto. Por ejemplo: no entiende qué quiso usted decir cuando le acordó aquello de distingue tempora et concordabis jura, y creyendo su crasísima ignorancia que había puesto una pica en Flandes,(21) grita: "que usted va al sol que nace, que viva que quien vence, que usted aduló a Venegas"(22) (y el angelito escribe Benegas con B),(23) sin acordarse de que lo aduló usted tan bien, que le dijo que "era un miserable mortal, sujeto a las pasiones, ignorante del estado político de la América y un átomo despreciable a la faz del Todopoderoso." Por cuyos elogios y adulaciones fue usted a una prisión como todos saben.(24)

─Eso me incomoda de mis enemigos, repuse, que así que se ven cogidos, apelan como éste a la calumnia, a la embustería, al sarcasmo. ¿Qué dice usted qué bien adulé a Venegas?, y qué seguido que miente este Barbero, sin vergüenza del público ante quien escribe, y en cuyas manos andan mis impresos y los suyos.

Por eso no se firman estos zaragates,(25) para que no los conozcan todos y descubran su c[i]encia y su virtud. Este mentecato no quiere conocer que es una verdad ineluctable que los hombres giran con la opinión vigente, a lo menos en público, pues lo contrario sería la mayor imprudencia. Todo el mundo va al sol que nace,(26) exceptos aquéllos que quieren que los deshagan. Sí, señor Barbero: para ir con la corriente no se necesita escribir, basta hacer, y basta callar y consentir. ¿Quién hay hoy que se acuerde de Fernando VII, de las Cortes de España ni del conde del Venadito(27) para elogiarlos, como hacían ayer? Nadie. Todos estamos que nos hacemos rajas(28) con nuestra independencia, y muchos que ayer eran enemigos acérrimos de ella y del emperador, hoy son sus primeros panegiristas. ¿Por qué, pues, culpa en mí lo que es común a todos?

Además que, hombre mentecato y sobradamente necio, ¿cuándo asentí al sistema del gobierno español? ¿Quién fue el primero que comenzó a ilustrar al pueblo mexicano en sus derechos, sino yo, a pesar de mi ignorancia, cuando usted y otros sabidísimos y letradísimos, si no influían descaradamente en contra de la libertad de la patria, callaban como unos putos,(29) y el que más, se contentaba con mal traducir el don Aguesau,(30) imprimirlo con mil reservas: porque tenían más miedo a Venegas que a diez toros puntales.(31) ¿Me entiende usted?

¿Quién antes que yo dijo y probó la injusticia del gobierno español? ¿Quién hizo ver su tiranía en la América ante un Venegas, en los tiempos del mayor espionaje y despotismo? ¿Quién tuvo valor para acusar de sacrílego su Bando de 25 de junio, contra la inmunidad del clero? ¿Quién les infundió tanto temor que los hizo infringir a los dos meses, la ley de libertad de imprenta, suprimiéndola, apenas había escrito nueve pliegos de papel?(32) ¿Quién hizo que Calleja revocara un Bando que favorecía a los monopolistas del carbón el año de catorce?(33) ¿Y quién, en ninguna época, ha escrito al gobierno con la energía que yo? Ninguno diga quién es, que sus obras lo dirán;(34) y las mías están en todas manos y nadie puede desmentirme, pese a la negra envidia que le roe a usted el corazón. Señale iguales y tan públicos servicios a la patria, y déjese de insultar a un ciudadano desgraciado, pero de más mérito que usted y muchos habladores como usted.

Jamás lisonjeé al gobierno español, y acaso en esto estuvo que mi suerte no fuera mejor hoy; mas no por eso me desacaté contra el gobierno. Hubiera sido menester haber tenido una cabeza tan redonda como la de usted. Lo que hice fue sucumbir a la fuerza; pero jamás adulé al gobierno, ni escribí una letra contra los insurgentes.

En doce años de escritos son innumerables los papeles míos que han visto la luz pública;(35) entre tantos, señale usted uno siquiera en que pruebe que yo fui de contraria opinión a la que soy, esto es, señale un papel que manifieste mi adhesión al gobierno español y odio a los insurgentes o al sistema de nuestra libertad; y ya que no lo pueda encontrar, meta la cara en un caño y no insulte a un ciudadano que puede darle lecciones del más acendrado patriotismo.

Como su sabihondería de usted no consiste sino en hablar y embrollar, dice con tono de vencedor: que yo dije que en otros papeles había manifestado mi inclinación al republicanismo; y como si hubiera conseguido un triunfo, añade: "¿Es usted republicista? Pues, impudentísima criatura, eche ese garbanzo más en su puchero."(36)

¡Qué tal! ¿No es usted sabio? ¿No es divino en la crítica? No sé cómo no lo reviento. Oiga usted usted, guaje:(37) una u otra expresión vertí en favor del tal gobierno en tiempo hábil y libre, cuando no menos que por un Bando se nos dijo que explicáramos nuestras opiniones; y así, ¿en qué está mi error?, ¿ni cómo me arguye usted hoy de lo que dije ayer? Usted mismo, ¿por qué estuvo preso pocos meses hace?(38) ¿Fue usted republicista? Pues, majaderísimo Barbero, échese esa ventosa en el ombligo.(39)

Se escandaliza usted mucho porque asenté que fue desesperado el grito del señor Hidalgo, y dice que les hubiera negado mi voto en el Congreso. Hombre tonto: ¿si no sabe usted lo que habla, para qué escribe? El grito del señor Hidalgo fue inmaturo: un fanático desconcertó sus planes, y así, sin esperanza de mejor coyuntura, proclamó la insurrección.(40) Eso quiere decir que fue desesperado, o a más no poder, porque: una salus victis nullam sperare salutem.(41) La desesperación es el último recurso del que tiene perdida toda esperanza.

En ese mismo párrafo, insiste usted en que yo vomité mil injurias contra el señor Hidalgo, Bravo,(42) etcétera; y para probarlo, dice usted: "Óigalo de su boca..." Aquí finge copiar mis palabras, truncándolas y supliendo con puntitos todo cuanto lo desmiente.(43) ¿No es esta mala fe, señor rábula? Oiga usted qué bonito sale el Credo con puntitos: "Dios Padre... fue concebido... nació... padeció... fue crucificado, muerto y sepultado... a los infiernos... desde allí ha de venir a juzgar... la carne. Amén." ¿Le gusta a usted? Pues eso es lo que valen los puntitos cuando se usan con malicia, como usted hace.

Por este estilo está todo su papelucho. Criticarlo más, sería honrarlo demasiado. Si no quiere usted, no conteste: favor nos hará con no regalarnos desatinos; pero si escribe bajo el nombre de Barbero, le he de sacudir el polvo a cuanto escriba, para que vea que criticar como usted es lo más fácil. Mientras, haga boca con esta coplilla:



Tenga o no tenga razón,

he de moler al Barbero,

pues callar a un majadero

es mi santa devoción.


[JoséJoaquín Fernández [deLizardi


México, 17 de septiembre de 1822.

 

 


(1) México, Oficina de don José Mariano Fernández de Lara [calle de San José el Real], 1822.

(2) El Barbero. Cf. nota 2 a Alerta mexicanos...

(3) sacar la castaña con la mano del gato. Hay varias versiones, por ejemplo: sacar la brasa con la mano del gato, que es lo mismo que sacar el ascua con la mano ajena, es decir, valerse de una tercera persona para realizar alguna cosa de la cual puede resultar daño.

(4) Cornelito. Cf. nota 3 a Otra afeitada...

(5) El Barbero escribió Unos dijes a El Pensador (cf. nota 3 a Ya salta el gato...) donde estampó: "yo, autor de El Barbero, jamás he sido amigo de usted ni quiero serlo."

(6) tatita. Cf. nota 2 a De don Servilio al clamor...

(7) tener mal de madre. "Se dice translaticiamente de los niños que tiene demasiado afecto a sus madres, que les suele ser perjudicial a su educación y crianza." Dic. de autoridades.

(8) Fernández de Lizardi escribió en su "Diccionario burlesco", bajo la letra "A", lo que es la alucema y los efectos que podía llegar a producir: "Vegetable oloroso que se quema, por lo común, en las recámaras de las parturientas, y es una preocupación perniciosa pues condena el aire y puede ayudar a sofocarlas, o cuando menos a excitarles el histérico o hipocondría." Cajoncitos de !a Alacena, núm. 7 en Obras IVop. cit., p. 206.

(9) pataleta. "El accidente que priva del sentido, u ocasiona algunos movimientos extraños, especialmente quando se discurre que es afectado ò fingido. Es del estilo familiar, y se dixo del verbo Patalear. Se toma tambien por especie ò empeño ridículo: y assi se dice, le dió por ahí á Fuláno la pataléta." Dic. de autoridades.

(10) alferecía. "La primera espécie de enfermedades convulsivas, que consiste en una lesión y perturbación de las acciónes animales en todo el cuerpo, ò en alguna de sus partes, con vários accidentes: como son el de apretar y rechinar los dientes, echar espumarajos por la boca, y ordinariamente con contracción del dédo pulgár."Dic. de autoridades.

(11) chichi. Nodriza, criandera que da el pecho a niño ajeno. Santamaría, Dic. mej.

(12) Lizardi se casó, en 1805 0 1806, con Dolores Orendáin, de quien tuvo una hija solamente. "Como hombre, Fernández de Lizardi tenía un corazón bellísimo, y un carácter inalterable y excepcional. Modelo como esposo y como padre, quiso también impartir su cariño a los desgraciados; recogió huérfanos." Este dato fue proporcionado por Luis González Obregón, quien agregó lo siguiente: "Entre los huérfanos que protegió Fernández de Lizardi, se debe mencionar al General D. Joaquín Rangel, quien perdió a su madre en un incendio, y al hijo de un carpintero llamado Marcelo, a quien maltrataba mucho el padre, por lo que fue recogido y educado por El Pensador, y tomó en agradecimiento el apellido de éste." Novelistas mexicanos. Don José Joaquín Fernández de Lizardi, op. cit., pp. 11 y 62.

(13) En Unos dijes a El Pensadorop. cit., p. 2.

(14) Cf. nota 11 a Desvergüenzas y excomuniones...

(15) "Dije en mi Cuelga a usted, que yo no soy, ni he pensado ser el autor de laMiscelánea: créalo usted o no lo crea, basta que yo lo diga." Cf. Unos dijes, p. 1. EnCuelga de El Barbero y su marchante, podemos leer lo siguiente: "Comienza usted su papeluchillo de Barbero rapa Barbero con una garrafal mentira para imputarme otra mentira. Dice que dos veces lo he provocado; una, en El Barbero y su marchante; y otra, en la Miscelánea de El Barbero. Esto es atentar o dar por cierto que el autor en ambos papeles es uno mismo, y ésta es la primera mentira de usted. Yo no tengo necesidad de darle satisfacción, ni menos probarle que uno es uno y otro es otro."

(16) Sobre esto, Luis González Obregón escribió lo siguiente: "Muy fecunda fue la pluma de Fernández de Lizardi; se puede asegurar que durante los años transcurridos desde 1811 hasta su muerte acaecida en 1827, publicó más de veinticinco gruesos volúmenes, incluyendo, por supuesto sus obras literarias. Admira la gran facilidad que tenía para escribir sobre toda clase de materias, lo que indica que era hombre estudioso y de talento no común, y sorprende a la vez, cómo podía imprimir tanto, dado el estado que guardaba en materia de fondos, pues exceptuando una que otra ocasión en que por falta absoluta de recursos como ya hemos visto, le fue vedado hacerlo, casi siempre publicaba folletos a su costa, y se puede afirmar que ocupó la mayor parte de las imprentas que había entonces en México.  Esto nos hace suponer, no sin fundamento, pues D. Carlos María Bustamante dice: que 'los escritos del Pensador Mexicano, no sólo se leían, sino que se reimprimían en Guadalajara'"; esto nos hace suponer, repetimos, que sus obras y folletos eran buscados con afán, y por consiguiente muy vendidos." Novelistas mexicanos..., op. cit., pp. 47-48. No se ha hecho todavía un registro de las reimpresiones de los folletos de Lizardi, sin embargo daremos un ejemplo. De 1821:A las valientes tropas del Ejército Imperial Mexicano de las Tres Garantías, impreso en Tepotzotlán, Imprenta Portátil del Ejército, y reimpreso en Puebla, en la Oficina de Pedro de la Rosa; El Pensador Mexicano a los españoles preocupados entre las justicias de nuestra causa y a los americanos egoístas y traidores a la patria, en Tepotzotlán, Imp. Portátil del Ejército, y reimpreso en Puebla, en la Oficina del Gobierno Imperial;Gloria al Dios de los ejércitos, y honor a las tropas imperiales americanas, escrito, y seguramente hecho circular en Tepotzotlán, reimpreso en México por Joaquín y Bernardo Miramón, y en Puebla por Pedro de la Rosa, Imprenta del Gobierno; El Pensador Mexicano al excelentísimo señor general del Ejército Imperial Americano don Agustín de Iturbide, impreso en México, Imprenta Imperial, y reimpreso en Puebla, por Pedro de la Rosa. De 1822: Concluye el sueño de El Pensador Mexicano, en México, Oficina de Betancourt, reimpreso en Puebla, en la Imprenta de Moreno Hermanos y en Guadalajara, en la Oficina de Urbano Sanromán; Desvergüenzas y excomuniones no destruyen las sólidas razones, en México, Oficina de Betancourt y reimpreso en Puebla, en la Imp. de Moreno Hermanos; Carta primera de El Pensador al Papista, Carta segunda y Carta tercera, impresas en México, en la Oficina de Betancourt, y reimpresas en Guadalajara, en la de Urbano Sanromán; Carta cuarta de El Pensador al Papista, en México, Oficina del Autor, y en Guadalajara, en la de Mariano Rodríguez. De 1823: La victoria del perico, en México, Imprenta de Mariano Ontiveros, y reimpreso en Guadalajara, Oficina del ciudadano Brambila; Fuga de Guerrero y Bravo con el general Santa-Anna, en México, Imprenta de José Mariano Fernández de Lara, y en Puebla, en la Oficina de Pedro de la Rosa, impresor del Gobierno Imperial.

(17) Unos dijes a El Pensador.

(18) Cf. nota 4 a Barbero rapa Barbero.

(19) chocarrería. "Gracéjo, bufonáda, chanza, conversacion de cosas inútiles, insubstanciales, y de ningún provecho." Dic. de autoridades. Carmen Fontecha ha registrado palabras de nieve como palabras sosas. Glosario de voces..., op. cit., p. 252.

(20) apeadas por las orejas. Cf. nota 23 a El Pensador llama a juicio...

(21) poner una pica en Flandes. Cf. nota 17 a El Pensador llama a juicio...

(22) Francisco Javier Venegas. Cf. nota 19 a Lo que escribe...

(23) "Dije que de papel a papel no se acordaba usted de lo que dijo, ni de lo que dice; y lo peor es que lo confirma en su última sandia afeitada, disculpándose con lo de distingue tempora. Mentecatísimo hombre, ¿no ve usted que esto es dar remedio peor que la enfermedad? Conque usted al sol que nace: ¿no es verdad? Viva quien vence: ¿no es esto? Y ¡que así hable un hombre con barbas en la cara! [...] Dije que usted ponía la vela por donde viene el viento: y lo confiesa abiertamente: '¿Cómo quiere usted, me dice, que se hable hoy como se hablaba ayer? ¿Quién hay de cuantos escribieron en los tiempos de Calleja, y Benegas [sic] que no los adularan?'." El Barbero en Unos dijes a El Pensador, p. 3. Se refiere a lo que Lizardi escribió en Otra afeitada...

(24) "Pero, ¡oh, fuerza de la verdad!, hoy se verá vuestra excelencia en mi pluma un miserable mortal, un hombre como todos y un átomo despreciable a la faz del Todopoderoso. Hoy se verá vuestra excelencia un hombre que (por serlo) está sujeto al engaño, a la preocupación y a las pasiones." Lo escribió Lizardi en el año 1812, en el número 9 de El Pensador Mexicano: "Al excelentísimo señor don Francisco Xavier Venegas, virrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España, en el día 3 de diciembre de 1812. El Pensador Mexicano dedica afectuoso el siguiente periódico." Obras III, op.  cit., pp. 83-84. Sobre su prisión, cf. nota 42 a Segundo sueño...

(25) zaragate. "Persona despreciable; truhán, pícaro, pillo, tarambana." Santamaría, Dic. mej.

(26) al sol que nace. "Modo de hablar con que se explica el anhelo, y adulación, con que siguen algunos al que empieza a ser poderoso, o se espera que mandará presto." Dic. de autoridades.

(27) Conde de Venadito. Cf. nota 11 a Barbero rapa Barbero...

(28) nos hacemos rajas. "Hacerse rajas es darse mucha prisa a hacer alguna cosa, o executarla con eficacia y viveza." Dic. de autoridades.

(29) puto. "Invertido, afeminado puerco; tipo enfermizo y teratológico del pederasta o sodomita." Santamaría, Dic. mej. Aquí, Lizardi utiliza la palabra como sinónimo de cobarde.

(30) Aguesseau. Cf. nota 9 a Otra afeitada... A pesar de habérsele concedido cartas de nobleza, firmó siempre D' Aguesseau; quizá por ello Lizardi escribió Don Aguesau.

(31) toros puntales. "Se dice del ganado que conserva los cuernos puntiagudos, sin recortar o despuntar; especialmente de la res vacuna." Santamaría, Dic. mej.

(32) Cf. nota 42 a Segundo sueño...

(33) En el número 11, tomo III de El Pensador Mexicano(jueves 5 de mayo de 1814), Lizardi escribió: "Yo fui quien declaré guerra a los monopolistas de carbón, y tuvimos el gusto de ver que la bondad del excelentísimo señor don Félix Calleja se sirviera hacer revocar el anterior Bando contrario, y mandar quitar todos los estancos de carbón, con lo que al instante lo vimos abaratar, hasta el día." Obras III, op. cit., p. 453. Sobre el monopolio citado, había escrito en algunos suplementos del tomo II (1813) de dicho periódico: "Juanillo y el tío Toribio"; en otro suplemento, sin título, fechado en lunes 22 de noviembre de 1813; y en la "Carta de Juanillo al tío Toribio." Cf. Obras III, pp. 331-338, 346-349 y 353-357.

(34) ninguno diga quién es, que sus obras lo dirán. Refrán que expresa que para conocer a las personas, no hay más que juzgarlas por sus acciones u obras. Tiene numerosas variantes. Rubén M. Campos, al relatarnos una anécdota sobre El Negrito Poeta lo consigna. Cuenta dicho folklorista y erudito que, como agradecimiento a algunos favores que dicho poeta había recibido del virrey marqués de Casafuerte, le envió esta cuarteta, "cuyos dos primeros versos puso cien años más tarde don José Joaquín Fernández de Lizardi, como epígrafe de su famoso libroEl Periquillo Sarniento: Ninguno diga quién es, / que sus obras lo dirán: / las tuyas bien dicen Juan, / que eres gentil y cortés." El folklore literario de México, Investigación de la Secretaría de Educación Pública, Talleres Gráficos de la Nación, 1929, p. 92. Lo cierto es que Lizardi lo escribió en El Periquillo, capítulo II del tomo III: "Ninguno diga quién es, que sus obras lo dirán. Este proloquio es tan antiguo como cierto; todo el mundo está convencido de su infalibilidad; y así, ¿qué tengo yo que ponderar mis malos procederes cuando con referirlos se ponderan?" Obras IX, op. cit., p. 27.

(35) De1809 es la primera producción literaria de Fernández de Lizardi. Cf. nota 3 a Lo que escribe...

(36) El Barbero escribió: "Dije que usted escribió a favor del republicanismo; y lo peor es que lo confiesa ahora por estas palabras: 'En otros papeles manifiesto mi inclinación a ese gobierno; pero en el que usted cita ni lo soñé'. Pues llámele usted ache. ¿Es usted republicista? Pues, impudentísima criatura, eche ese otro garbanzo más a su puchero." Unos dijes a El Pensador, p. 3. Cita lo que Lizardi estampó en Otra afeitada... Echar o poner garbanzos, además del sentido recto "vale echar especies a alguno, para que se enfade, o enrede, hable u diga lo que de otro modo callaría."Dic. de autoridades.

(37) guaje. "Bobo, sandio." Santamaría, Dic. mej.

(38) El Barbero, o Carlos Ma. de Bustamante, había expresado unas críticas bastante duras en contra de Iturbide, inclusive antes de que hubiera entrado el Ejército Trigarante a la ciudad de México, en La Abispa [sicde Chilpancingo, y, siendo ya miembro del Congreso las sostuvo, lo que le valió ser reducido a prisión en 1822, junto con los diputados a quienes se acusaba de participar en una supuesta conspiración contra Iturbide. Cf. notas 2 a Alerta mexicanos... y 6 a Lo que escribe...

(39) échese esa ventosa en el ombligo. Frase que equivaldría a esta otra: échese ese trompo en la uña, es decir, "tráguese esa temeridad, o esa barbaridad, ese despropósito, etc." Santamaría, Dic. mej.

(40) Lo escribió Lizardi en Otra afeitada...

(41) Tienen su salvación los vencidos: no esperar salvación. Virgilio en la Eneida, libro II, v. 354. EneidaLibros I-VI, introducción, versión rítmica y notas de Rubén Bonifaz Nuño, México, UNAM, Coordinación de Humanidades, Centro de Traductores de Lenguas Clásicas, 1972 (Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana), p. 34.

(42) Bravo. Cf. nota 33 a Otra afeitada...

(43) "Dije que usted vomitó dos mil injurias en su Chamorro contra el señor Hidalgo, Bravo, etc. Y qué, ¿no es verdad? Óigalo usted de su boca: 'Dije, son sus palabras, dije en ese papel: quiénes fueron los promotores y secuaces de la insurrección... arrieros y caporales... uno u otro abogado sin blanca, y tal cual clérigo desesperado' [Otra afeitada...]. Nunc sic: el señor Hidalgo fue uno de los tales cuales clérigos: ergo habló usted de ellos. Item más: en el mismo párrafo exceptúa a los mismos señores, y al señor Abasolo: luego antes los comprendió a todos. El silogismillo aprieta; pero como usted no piensa para escribir, nos dio otra prendecita al final del párrafo que cito: 'Sólo ese triste Barbero, dice, ignora que fue desesperado el grito del señor Hidalgo, descubiertos una vez sus planes en Querétaro' [Otra afeitada...]. Sí, ¡atrevidísimo hombre! El Barbero ignora esos disparates de usted, y si los oye sin impaciencia es porque vienen de donde vienen. ¿Qué hubiera sido de esas gloriosas víctimas, si cuando se trató en el Soberano Congreso de los honores póstumos al señor Hidalgo, y de los retratos suyos, y de nuestros demás héroes, hubiera usted tenido voto? ¡Cuál los hubiera puesto! Si no es que se hubiera acordado de su favorito: distingue tempora." Unos dijes a El Pensador, pp. 3-4.