ORACIÓN FÚNEBRE DEDICADA A LA BUENA
MEMORIA DEL DIFUNTO CENTZONTLILLO(1)

 

Mortus est qui non resollat. Huevoduro en su

tecolotaria:(2) página 172, capítulo chicome.

 

 

 

¡Con cuánto temor y sobresalto me presento, señores, este día para anunciaros la mayor de las desgracias y el último de los desconsuelos que puede padecer la república de las letras con inmatura muerte del inocente Centzontlillo...!(3) ¡Ah! Una profunda tristeza baña mi corazón; el horror discurre por mis venas; un amargo llanto inunda mis mejillas; los cabellos se me erizan; la lengua se me pega al paladar, y todas las furias infernales se apoderan de mí al acordarme de la temprana y desgraciada muerte de mi querido pajarito.

¿Será posible, señores, que haya muerto un animal tan útil? Quizá no: tal vez dormirá con el sueño tranquilo de la noche, o por su debilitado sistema y enfermedad crónica y achacosa estará sumergido en un letargo. Animemos nuestras esperanzas; apliquémosle álcali o espíritus de cuernos de ciervo por si vuelve... Es en vano. Abrámosle el piquito y soplémosle el pulmón por si se le excita el movimiento de la vida... Nada vale, nuestras diligencias son inútiles: el pobrecillo ha muerto, porque ya no resuella; y en opinión del famosísimo médico Huevoduro, el que no resuella está muerto. Mortus est qui non resollat.

Pero ¿cómo era posible que estando vivo el Centzontli, la naturaleza estuviera tan mustia y enlutada? Él era el pájaro del día y el regocijo de la noche, pues cantaba con el sol y con la luna: él, después de su dulce gorjeo natural, poseía la música por arte y cantaba mil sones diferentes; él, émulo fidelísimo del loro, remedaba el ladrido del perro, el maullido del gato, el canto del gallo y el eco de todos los demás animales;(a) y él, en fin, era el regocijo del Anáhuac(4) y las delicias de la naturaleza.

Con justa causa, pues, todo se manifiesta triste y silencioso en este día. Yo advierto enmudecido al Redactor,(5) que debe trasladarnos la memoria de sus virtudes; estático al Archivista,(6) que debe conservar esta memoria; espantado elCentinela(7) de su cenotafio; la niña Gaceta(8) anegada en un mar de lágrimas; los circunstantes mustios y compungidos; los campos áridos y yermos; los ríos sin curso; los árboles sin frutos, y toda la naturaleza moribunda. Pero ¿qué mucho, si el mismo Sol(9)  se eclipsa y la Águila Mexicana(10) (b) se abate a los abismos para no ver y sentir la desgraciada muerte del Centzontli, quien seguramente ya no vive, porque ya no resuella. Mortus est qui non resollat.

Pero contengamos, señores, nuestro llanto, templemos nuestro justo sentimiento, y séanos una pítima a nuestro corazón enternecido la memoria de las virtudes de nuestro pajarito y la justa causa que tuvo para separarse de nosotros. He aquí los dos puntos en que dividiré mi discurso, si tenéis la paciencia de escucharme. Las virtudes y gracias que tuvo el Centzontlillo, punto primero. La gran razón que tuvo para morirse, punto segundo.

Soplos divinos de la naturaleza, que animáis los picos de las aves y los hocicos de los brutos, inspiradme en esta vez los trinos de los jilgueros, los graznidos de los cuervos, y aun, si necesario fuere, el dulce rebuzno de los burros para pronunciar dignamente las debidas honras de mi recomendable pajarito.

 

 

PUNTO PRIMERO

 

Hijo de p... se le ha llamado a un héroe por calumnia y sin razón alguna.(c) El perseguido tuvo cuatro padres, todos muy naturales, casados con la imprenta y ante faciem Valdés. Él fue su cura párroco que autorizó los matrimonios algunas veces con dispensa de vanas. ¿Por qué, pues, llamarle hijo de puta a mi Centzontli?

Además, señores, ¿qué no fue siempre pájaro, aunque su signo, en expresión de nana Chora, fue ser apajarado? Su primer padre fue el licenciado Miranda, quien lo bautizó con el título de Diario Redactor. En esta época comenzó a ser algo útil, porque lucía con las plumas ajenas de los demás avechuchos. A pesar de la sencillez de este su primer padre, a quien merecí mil favores, y no se los quise corresponder por no honrarlo, llegó mi héroe a conocer que era hombre grande, se envaneció en momentos y se comenzó a hacer fastidioso, motivo por el que se fueron escaseando las visitas y faltando al bendito Miranda los medios necesarios para proseguir manteniendo a su hijo, o por lo que se quiera, lo entregó a la tutela de su segundo padre que le puso por nombre Liberal, el que conservó en poder de su tercer padre.

Nada quiero decir de éstos porque no hay para qué, y sólo me contraeré a hablar del Diario. Este pobre niño, o pájaro de Pitágoras,(11) nació desgraciado, pues por más que hizo, por más padres que mudó, y por más diligencias que éstos hicieron para darle una buena educación, no pudo lograrse el angelito. Abandonólo, por fin, su último padre, y lo recibió bajo su dirección el señor don Carlos María de Bustamante, prohijándolo en un todo y mudándole hasta el nombre y llamándolo desde luego Centzontli. Aun hizo más, dedicóle las armas centzontlíticas, que se miran en las hojas de sus ejecutorias.

Con el mayor empeño se dedicó a enseñarlo éste, su último padre, y en efecto, nuestro héroe desgraciado aprovechó algún tanto a los principios. Él solía cantar alegremente las sesiones del Congreso, varias curiosas anécdotas, algunos rasgos de erudición mexicana y tal cual crítica bien hechas. Así caminara poco a poco nuestro pajarito hasta la cumbre de la gloria, si el hado siniestro, émulo siempre de sus dichas, no le previniera el fin de éstas con el de su existencia, la que tuvo que abandonar con justa causa como lo veréis en mi

 

 

SEGUNDO PUNTO

 

¿Quién se podrá prometer constancia en las venturas de este mundo rodeado de peligros? Cuando la fortuna nos ve más placentera, cuando nosotros engañados con sus favores aparentes creemos que han de ser duraderos y que los hemos de gozar mucho tiempo, entonces es cuando viene con el golpe el desengaño.

Así le sucedió al Centzontli, quien, engreído con la aura popular que logró algunos días, dejó de aplicarse, se comenzó a enronquecer y se hizo del todo despreciable.

No contribuyó poco a su desgracia la amistad que trabó con un negro, cuyo bronco estilo se le pegó, de suerte que ya no chiflaba en otro tono sino en el del malhadado Congodor.(12) Bien sabéis, señores, el influjo que tienen las malas compañías, especialmente en los corazones de los jóvenes; y así, no extrañéis queCongodor corrompiera tan pronto el de nuestro inocente pajarito.

Así fue en efecto: dentro de poco advertimos sus amigos con harto sentimiento que ya no sólo dejó de trinar con la suavidad que solía, sino que sus ideas habían cambiado de rumbo totalmente.

De la noche a la mañana padeció una metamorfosis horrible. De alegre, se volvió zonzo; de erudito, pedante; de sencillo, malicioso; de veraz, embustero; y de filantrópico, sangriento. ¡Quién lo creería! Un animalito tan manso y tan humilde que sólo se nutría de mosquitos llegó a tener el arrojo de quererse comer los hombres vivos como Stávoli.(13) Un pajarito que sabía cantar elogios a sus compañeros de repente los desconoció y los insultó públicamente; y, en fin, un pájaro que fuera apreciado siempre por sus antiguas virtudes, vino a hacerse el objeto del desprecio y del aborrecimiento... ¡Oh Congodor! ¡Oh Congodor maldito! Tú, sí, tú sólo pudiste trastornar la cholla de nuestro amable pajarito, tú fuiste quien lo desacreditó y envaneció; tú quien lo hizo fastidioso con obligarlo a contar tu largo y cansado romance; y tú, en fin, quien nos privó para siempre de su pico melodioso y festivo. ¡Padres de familia, maestros y tutores de niños, aprended en este funesto ejemplo los resultados que traen a la juventud las malas compañías! Poned, pues, todo vuestro conato en apartarlas de vuestros hijos y educandos, si no queréis tener la pesadumbre consiguiente a vuestra indolencia, como la acaba de tener el último padre de nuestro desgraciado animalito.

Como los pesares son cobardes y nunca vienen solos, sucedió que un malandrín, encantador por arte del diablo, convirtió al hermoso Centzontli en un espantosotecolote. Entonces, al verse en tan ridícula figura, clavó el pico, ya el suyo no fue canto sino graznido, le entró la fiebre mortal, se negó del todo al alimento, y, a pesar de que los médicos le persuadían que echara lejos de sí al malvado negro, fue imposible recabarlo de su capricho. ¡Tanto era el amor que le tenía! Se agravaba por momentos, los síncopes le menudeaban como granizo; pero no hubo forma de conocer la causa de su mal y separarla. El nombre de Congodor no se le caía del piquito. Tal obstinación enfadó más y más a los pocos amigos con que contaba, se retiraron éstos, le negaron sus auxilios, le quitaron el crédito con sus rebuznos estos miserables hombres, echándole la culpa a su nana.

O miseri homines! o cuantum est in rebus inane!

Con exquisitas diligencias, ¡qué mucho se abreviaran sus días! En efecto, el 29 de febrero, día aciago tanto para las pajareras como para la república literaria, día que se debía señalar con azabache, se remató el triste pajarito. Los médicos lo tenían desahuciado, el mismo Congodor conoció su muerte irremediable, no tuvo valor para despedirse de él: huyó sin decir a Dios. Comenzó a agonizar el Centzontlico, su padre no lo abandonó hasta el último instante, y loco del pesar dijo que yo tenía un carácter muy voluble;(d) conocí que era efecto del natural pesar de la muerte de su hijo, y le disimulé esta equivocación. Él es mi amigo.

También se quejaba amargamente de que el señor Molinos del Campo(14) había sido el principal autor de la muerte de su hijo. Allí se lo haya el señor Molinos en la presencia de Dios, donde pagará, y muy que pagará, el centzontlicidio que acaba de cometer impunemente.

Por fin, en esas y las otras llegó la muerte y nos arrebató de una vez a nuestro pajarito. Mortus est qui non resollat. Lloremos, señores, lloremos justamente pérdida tan inestimable; pero enjuguemos el llanto con la lisonjera esperanza de que su padre vive, que es muy diestro músico, y que habiéndose separado de Congodor, tal vez hallará una calandrita o jilguero que nos divierta y nos haga olvidar hasta la memoria de nuestro desafortunado Centzontli, quien per misericordiam mei, requiescat in pace.


NOTA. Aunque esta Oración fúnebre se le había encargado al reverendo padre fray Pablo Villavicencio, ministro del Rosario,(15) la he mal desempeñado por las ocupaciones que tiene aquel religioso actualmente en el convento de Belén.(16)

 

El Pensador.

 

 


(1) México, Imprenta de Ontiveros, 1824.

(2) tecolotaria. Cf. nota 16 a Carta de El Pensador a El Payo...

(3) Cenzontlillo. Cf. nota 1 a Carta de El Pensadora El Payo... El lunes 1º de marzo de 1824 apareció la siguiente noticia: "Hoy ha cesado el Diario Cenzontli con mucho gusto de los Demagogos, pues contaba sus picardías maravillosamente; y como está a la cabeza de aquellos El Pensador Mexicano le ha formado su necrología harto insultaste al Editor." Carlos Ma. de Bustamante, Diario históricoop. cit., II, p. 39. Cf. nota 1 a Carta segunda de El Pensador a El Payo...

(a) Todos saben que los buenos cenzontlis tienen esta desgracia.

(4) Anáhuac. Cf. nota 19 a Por la salud...

(5) Redactor. Cf. nota 25 a Segunda carta de El Pensador a El Payo...

(6) Archivista. Cf. nota 26 a Segunda carta de El Pensador a El Payo...

(7) Centinela. Cf. nota 24 a Segunda carta de El Pensador al Payo.

(8) Gaceta. Cf. nota 3 a Buscapiés extraordinario...

(9) Sol. Cf. nota 15 a Felicitación y reflexiones...

(10) Águila Mexicana. Cf. nota 18 a Ataque al castillo...

(b) Los nombres de bastardilla son los que tienen los periódicos del día.

(c) Hijo de p. se llama a aquel que no conoce a su padre o que lo hubo fuera de matrimonio.

(11) Fernández de Lizardi jugaba mucho con la idea pitagórica de la metempsicosis como se vio en La victoria del perico y en El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(12) Congodor. En El CenzontliDiario de México, t. 1, núm. 136 (29 de enero de 1824), pp. 553-556 dice: "Continúa la historia del célebre africano Congodor, comenzada en el número 81." Al final dice "se continuará." Este dato aparece en Bustamante, Diario Históricoop. cit., p. 182.

(13) Stávoli. Cf. nota 21 a Carta de El Pensador a El Payo...

(d) Si el señor Bustamante y cuantos me acusan de voluble tuvieran presente la máxima de distingue tempore et concordabis jura, seguramente variarían de concepto. ¿Había yo de alabar a Hidalgo [cf. nota 12 a Vida y entierro...] delante de Calleja [cf. nota 20 a Lo que escribe El Pensador...], ni a Fernando VII delante del Congreso? Cuando eran artículos de fe los Tratados de Córdoba [cf. nota 7 a Alerta mexicanos...], ¿hubiera sido prudencia recomendar el sistema republicano? Si el carácter consiste en ser tontos y contrariarse a la opinión general, renunció a tal carácter.

(14) Molinos del Campo. Cf. notas 17 y 23 a Ataque al castillo...

(15) fray Pablo de Villavicencio, ministro del Rosario. Cf. nota 10 a Buscapiés extraordinario...

(16) convento de Belén. La orden hospitalaria de Betlemitas fue fundada en 1656 en el Hospital de Nuestra Señora de Belén, en Guatemala, por Francisco José Betancourt. En 1674 llegaron de Guatemala fray Francisco del Rosario y fray Gabriel de la Cruz, y en 1675 fray Francisco de San Miguel y fray Juan Gil o de la Madre de Dios. En 1657 ocuparon la casa de la calle de Tacuba y callejón de Villerías, donde edificaron el templo y convento de Betlemitas. Actualmente en la esquina de Tacuba y Filomeno Mata.