ORACIÓN DE LOS CRIOLLOS

HECHA POR UN GACHUPÍN(1)

 

 

 

El criollo(2) hipócrita, tonto

y fanático en extremo,

delante de un lego se hinca

y le dice: Padre nuestro;

 

 

al rico siempre lo adula,

y como tengas dinero,

aunque seas un Barrabás

dirá: que estás en los cielos.

 

Porque en teniendo monedas

aquí el hombre más malvado,

dicen que es hombre de honor,

que es justo y

santificado.

 

El criollo...

 

Pero ni de chanza quiero proseguir esta idea odiosa, falsa y criminal. Ningún español ha escrito estos renglones sino un americano, por hacer ver al editor del folleto que vio la luz pública el 11 del presente con el título de La oración de los gachupines, que insultar es lo más fácil; para esto no se necesita ilustración, talento, estudios, crítica ni buen gusto; en careciendo de estas prendas, ya está hecho el costo.

Yo no me metería en impugnar semejante paparrucha,(3) viejísima en su origen y vestida a la independance, si no se hallara comprometido el honor de la nación y el mío, pues hay algunos que me creen su autor, sin advertir que yo uso de la sátira guardando el precepto de Horacio y de Marcial, esto es, atacando y burlando el vicio, dejando inmunes las personas, que es el único modo con que se hace útil la sátira.


Parcere personis dicere de vitiis
.(4)

Acaso el editor de esta grosera paparrucha la daría a la luz sin reflexionar en los disparates, sarcasmos e injurias atroces y generales que contiene contra todo español. El tonto autor de este mamotreto ni conocía la poesía, ni el idioma castellano. Véanse unos ejemplos.


No la poesía


En la estrofa décima consuena nuestros con vuestros.  Pecado contra la regla de consonancia.

En la 13 dice:


A Iturbide coronar

fue la segunda, y por Dios

que nos podemos gloriar,

no quiera un borbón mandar

decirle perdónanos.

Yo no puedo perdonar esta adisparatada(5) locución. ¿Qué quiere decir "no quiera un borbón mandar, decirle perdónanos"? En tal caso hubiera escrito así y estaba más natural:


A Iturbide coronar

fue la segunda, y por Dios

que un borbón no ha de imperar,

pues por ahora no ha lugar,

diremos: perdónanos.

 

¿Al español obediencia?

gachuzo,(6) no nos enredas,

que obedecer en conciencia

a una tirana potencia

no pueden ser nuestras deudas.

O había de decir enreudas, para que consonara con deudas, o dedas para consonar con enredas.

 

La 16:

 

Acábense disenciones,

los corazones unamos,

no pierdan todo, bribones,

por tontos y por baldones

que nosotros perdonamos.

Si todos se unen de corazón y perdonan al gobierno español las injusticias que nos hizo, conforme al espíritu de esta estrofa, ciertamente que han adelantado mucho los europeos. ¿Quién ha de creer tal unión, ni perdón cordial de quien, en el mismo verso en que los incita a la unión y que asegura los perdona, los insulta, llamándolos tontos, bribones, esto es, pícaros, haraganes, bellacos, dados a la briba, esto es, a la holgazanería y picaresca. Lea sobre esto el autor o editor el Diccionario de la lengua castellana, y aprenderá a hacer uso de las voces de su idioma.

 

La 17:

 

Si os ponéis a reflejar...

Señor mío: los objetos en que hiere la luz reflejan, los racionales reflexionan.


Tan hostigados, en fin,

nos llegásteis a tener,

que en garras de gachupín(7)

pedimos hasta en latín,

señor, no nos dejes caer.

Este desatino, a más de impío, es falso. Lo que Jesucristo enseñó en la oración domínica (que no admite glosas profanas), y lo que construye la Iglesia en latín, es que nos tenga Dios de su mano para no asentir a las tentaciones pecaminosas: no que nos libre de las garras de los gachupines, y más hoy que los pobres son los que están en nuestras garras. Amigo, pídale usted a Dios que no lo deje caer en la tentación de remendador de paparruchas ajenas y mucho menos si ha de remendar sin cuidado.

 

23 y última:


Pierdan ya toda esperanza,

con nosotros vuestro bien

pueden tener...

Esta concordancia vizcaína(8) es como la de la estrofa octava. Debía decir: "con nosotros podréis tener vuestro bien."

Ya ve el señor oracionista, porque orador ni lo sueña ser, ya ve, digo, impugnados muy por encima sus crasísimos errores en lo material. ¿Qúe será en lo formal? ¡Santo Dios!, aquí se abre a la crítica un campo más espacioso que el de Belén y Campo Florido.(9) Repito que esta crítica es en obsequio de mi patria y mío, y más de la patria que mío.

Digo, afirmo y defiendo que el tal papel es alarmante, incendario, injurioso a los españoles pacíficos y amigos nuestros, residentes en el Imperio; impolítico y denigrativo al carácter dulce y benigno de los americanos; trascendental contra el honor de la nación, opuesto a las leyes naturales de gentes, divinas y civiles, falsario de la tercera garantía(10) y digno de recogerse y quemarse públicamente para satisfacer a los buenos españoles que viven con nosotros bajo la salvaguardia de la ley. Probémoslo.

Es generalmente injurioso a todos los españoles, según que se manifiesta de su lectura, sin poder excusar esta generalidad, la ridícula y acusadora nota que trae al fin, en que dice que habla sólo con los obstinados que están en Veracruz.(11) Lo primero, porque ni a ésos debemos zaherir con tal acrimonia. Los hombres no somos dueños de nuestras opiniones, ni nos debemos ensangrentar por tal contradicción. Nos es lícito defendernos del opresor, y procurar ponernos a cubierto del que nos quiera mal o nos pueda dañar. Yo mismo he dicho que no estamos seguros con ese padrastro de San Juan de Ulúa, ocupado por Dávila y nuestros declarados enemigos; he propuesto que se hostilice ese castillo hasta arruinarlo, aunque perezca Veracruz.(12)¡Dichoso día para la humanidad mexicana aquél en que pase el arado sobre las ruinas de esa ciudad más maldita que Sodoma por su clima homicida, una de las causas de la despoblación de América! En una palabra, tengo manifestado mi recelo y deseo de que se retiren de ahí nuestros enemigos, o que perezcan al rigor de las balas y bombas y de la hambre antes que nosotros perezcamos por ellos; esto está en el orden natural: vim vi repellere licet;(13) pero no por esto los odio. Como enemigos los temo y quisiera destruirlos, antes que nos destruyan; mas como hombres y semejantes míos los amo. De modo que si mañana viniese, desertado y derrotado del castillo, el más encarnizado español, ya viéndolo despreocupado e infeliz, lo serviría en lo que pudiera. No es fanfarronada: lo he hecho en esta época; viven los agraciados y lo estoy haciendo en el día, sin creer que hago más que lo que me dicta la naturaleza y lo que querría hiciesen conmigo en igual caso. Esto explica bien aquel refrán viejo:


El valor y la hazaña

no quita la atención en la campaña.

He dicho que la nota no satisface, porque el agravio no se ha hecho a los capitulados de Veracruz sino a los españoles independientes de México; a estos pacíficos que viven bajo el seguro de nuestras leyes, que descansan en la tercera garantía, y que aun cuando no les agrade nuestro sistema, no nos perjudican para nada. Repito que nadie es dueño de sus opiniones, y mientras éstas no se ejerciten contra el Estado, ni contra ningún particular, cada uno es libre para pensar como quiera, pues en los pensamientos ni Dios se mezcla.

¿Qué les parecerá a los pobres europeos oír gritar La oración de los gachupines?¿Leer y oír leer un enjambre de sarcasmos e injurias contra ellos y todos sus paisanos? ¿Con qué corazón le harán éstos un favor a ningún criollo por más que lo merezca? Sabe Dios cuántos disgustos habrá habido a esta hora por ese maldito papel entre buenos enlaces de gachupín y criolla...(14) Ya me parece que oigo que aquél dice a ésta: "Mira tus paisanos qué carácter tienen, qué honor, qué virtudes, qué generosidad y buena fe. He aquí la garantía de la unión: bien sancionada pero irreligiosamente quebrantada por unos escritores adocenados y venales, que por el lucro de diez pesos no se paran en desacreditar a su nación, sin advertir que los papeles públicos son el barómetro por el que las naciones extranjeras miden los grados de ilustración y buena fe... Ahí el amor que yo te tuve y a estos hijos me clavó en este país para oír denuestos afrentosos."

¿Qué dirá una infeliz criolla en semejante caso? No tiene más arbitrio para aquietar a un esposo, justamente sentido contra esta patria, que ocurrir a la ternura, a las caricias, a las lágrimas. ¡Terrible compromiso!

Ins[is]to en que la nota no defiende el papel. ¿Qué nos parecería a nosotros cuando en los partes dados al gobierno español (muchos por oficiales americanos) decían que los insurgentes eran cobardes, rebeldes, traidores, ladrones y canallas? ¿No nos irritábamos todos sin hacer caso de que hablasen de los insurgentes, considerándolos no más nuestros paisanos? ¡Qué justo enojo no manifestamos por las prensas y lenguas contra el europeo don Francisco Pérez Muñoz por el agravio que hizo a la nación en su Suplemento al Noticioso(15) número 241, del miércoles 27 de septiembre de [1]820! ¿Cómo no nos electrizamos contra el Juanote Martinote de Juan Martiñenota(16) por su cuadernote infamatorio en que nos puso como nuevos, despreciando sus artificiosas y estudiadas excepciones? Por último, ¿qué nos parecería que un gachupín glosara el Padre Nuestro contra los criollos, así como yo lo iba glosando, y al fin dijera: "estos versos hablan sólo con los criollos desnaturalizados y chaquetas,(17) obstinados en el castillo de San Juan de Ulúa, y de ningún modo con los que se hallan pacíficos entre vosotros." ¿Nos satisfacería esta nota, después de generalizada la idea? Esto se llama hacer la del gato: primero hace la caca y luego quiere taparla; aunque no tenga con qué, y siempre apesta.(18)

Yo quisiera que el autor del folleto miserable, antes de darlo a luz, hubiera reflexionado primero que todos los hombres somos unos, capaces de vicios y virtudes en todos grados; segundo, que aunque haya en México y en el Imperio europeos hipócritas y perversos, encubiertos enemigos nuestros, hay otros muy adictos y honrados; tercero, que Dios le pedía a Lot tres justos para perdonar cinco ciudades,(19) y entre nosotros hay más de tres gachupines por cuyo respeto debe nuestra sátira mordaz perdonar a algunos malos.

¿Que no bastarán los muchos españoles que ayudaron con su dinero a la grande obra? ¿No bastan los muchos que pusieron sus pechos a las balas, y defendieron con la espada nuestra causa en el campo de honor, habiendo yo visto morir algunos entre nuestras filas? ¿No bastará la respetable memoria del ilustre joven español don Francisco Mina,(20) sacrificado en las aras de la tiranía por haber venido a defender los derechos de nuestra libertad? ¿No bastarán los españoles que en el Salón de Cortes defienden con ardor nuestros derechos? ¿No bastarán los que sostienen la ley en el Consejo? ¿No bastará el respeto que debemos a su alteza, el señor don Joaquín de Iturbide,(21) español, siquiera porque su hijo fue nuestro libertador y hoy nuestro emperador? Pues este príncipe es gachupín, y antes de ocupar el alto lugar que hoy tiene lo oí varias veces proferirse a favor de la América. Vaya una anécdota graciosa que debe honrarlo y hacerlo amable a los americanos. Un domingo iba su alteza a misa a la iglesia de dominicos de Azcapo[t]zalco. Por su edad decrépita lo llevaban de la mano dos oficiales, y iba [sic] diciendo: "Los independientes pelean por su tierra, esto es justo, y son muy bravos. Échenles diez íntegros a cada independiente y veremos. Súbanme a mi caballo con la espada, que no temo." Esta conversación graciosa la oí con otros, yendo detrás de su alteza, y a fe que me complació. Pero ya se ve, dirán, eso lo decía porque era su hijo el héroe; mas cuántos héroes criollos vimos perecer en las cárceles y presidios por denuncias de sus deudos íntimos?

Pero si nada de esto vale para reprimir las plumas maldicientes e ingratas, valga por toda prueba la memoria del inmortal O'Donojú,(22) de ese gachupín, sabio, político y filantrópico que tanta parte tuvo en el fin glorioso de nuestra independencia: no porque fuera traidor a España, como han dicho sus necios paisanos, sino porque fue sabio, político y conocedor de los derechos del hombre. Trató de evitar la efusión de sangre de españoles y americanos y la ruptura de la tercera garantía, considerando que se derramaría la sangre sin medida si el ejército nuestro ocupaba la capital a fuerza de armas, como de hecho hubiera sucedido; y esta humanidad, junta con la razón, lo hizo trabajar, como lo vimos, por economizar nuestra sangre y la de los españoles, abreviando maravillosamente la conclusión de la grande obra, sin que esta hermosa ciudad hubiera visto el triunfo entre sangre, luto y horror, sino entre paz, unión y regocijo.(23)

¿Y hemos de manifestarnos tan ignorantes, vengativos e ingratos que, después de que muchos buenos y heroicos españoles nos han dado las pruebas más inequívocas de su adhesión a nuestra causa, y amor a nuestras personas, exponiendo y perdiendo de hecho algunos en la empresa sus mismas vidas por el logro de nuestra libertad,(a) aun hemos de insultar a los que tuvieron la fortuna de no perderla, y aún trabajan a favor de la patria, zahiriendo a todos sus paisanos con la publicación de unos mamarrachos indecentes, injuriosos, alarmantes, vacíos de concepto, de erudición y gracia? ¡Producciones infelices, hijas de cabezas destempladas y poco reflexivas!

No, mexicanos: lejos sean de nosotros semejantes escritos que harán el oprobio de la nación.

No soy adulador de los gachupines. He censurado y siempre censuraré la conducta de los perversos que nos odian y maquinan contra nuestra libertad; y no sólo contra ellos he usado de la crítica severa, sino contra los criollos desnaturalizados que adhieren a su modo de pensar. Detesto el torpe proceder de estos ingratos, y quisiera que se marcharan de entre nosotros si no se avienen con nuestro sistema.

Repito, pues, que no soy adulador de los españoles; pero tampoco malagradecido. Ninguno de ellos me hace el más mínimo favor; pero me los han hecho, y no pequeños. Un gachupín fue quien me prestó dinero y me regaló un caballo ahora un año para irme con los independientes, con la notable circunstancia de que me hizo este favor sabiendo que era para irme con los enemigos de su gobierno, y tan de buena letra lo supo, que no podía dudarlo, pues le manifesté una carta toda del señor generalísimo, hoy emperador, en la que me excitaba y persuadía a que me fuese. Si este español hubiera sido pícaro, ¡qué bella ocasión no se le proporcionó de perder a un criollo, entregándome al gobierno! Lejos de eso, me habilitó, y no sólo a mí, sino a una porción de americanos, sacrificando de este modo como diez mil pesos; después nos carteábamos con frecuencia, y fueron útiles algunas de sus noticias; y finalmente, luego que pudo, se marchó con nosotros, abandonando lo poco que le quedaba.  Si esto no arguye adhesión al partido, y si tales sacrificios no se deben agradecer, se acabó la razón y la gratitud entre los hombres.

Digan enhorabuena que no hay un gachupín independiente deveras; yo diré que sólo Dios registra los corazones, y que si los hombres sólo podemos juzgar del interior por las acciones exteriores de nuestros semejantes, yo a este europeo y a otros muchos, como él, tendrélos por independientes, porque sus hechos no han manifestado otra cosa.

Concluyo disculpando al editor de la dicha Oración con que no advirtió lo que hizo, creyendo que era una facetada(24) propia sólo para hacer reír al pueblo sin más trascendencia; y estoy por asegurar que si estas reflexiones se le hubieran hecho antes, habría desistido del intento; pero al mismo tiempo espeto que no se repitan esta clase de impresiones injuriosas, que no hacen ningún honor a sus autores, que predisponen los ánimos de los injuriados contra nosotros y hacen perder el concepto a la nación entre los sensatos de la Europa. Bien que ellos advertirán que si hay criollos preocupados que escriben libelos injuriosos, no faltan otros que los impugnen, y entre éstos siempre será el primero, por el honor de la patria


México, julio 17 de 1822.

 

El Pensador Mexicano.

 

 


(1) México, Oficina de Betancourt, 1822.

(2) criollos. Cf. nota 18 a El cucharero político...

(3) paparrucha. Dícese de cualquier cosa insustancial y huera. Santamaría, Dic. mej.

(4) parcere personis dicere de vitiis. Cita de Marcial que Fernández de Lizardi también emplea en el número 2 del tomo I de El Pensador Mexicano: ..."conviene seguir el prudente consejo de un gentil, el que, aunque trilladísimo, jamás será ocioso repetirlo, y es: dejar libres a las personas, y hablar únicamente de los vicios.Parcere personis dicere de vitiis. Marcial." Obras III, op. cit., pp. 42-43.

(5) adisparatada. Es una expresión muy frecuente en la obra lizardiana: véase, por ejemplo: "¿A quién han de perjudicar por ridículas y adisparatadas?", en Obras V, op. cit., p. 415.

(6) gachuzo. Gachupín, español. "Se usa más como sustantivo, y es despectivo." Santamaría, Dic. mej.

(7) gachupín. "A los españoles se les llamaba gachupines, corrupción de la palabra india cactzopin, que significa 'el que punza o pica con el zapato', aludiendo a las espuelas, según la interpretación del ilustrado licenciado don Faustino Chimalpopocatl Galicia, profesor de lengua mexicana en el Colegio de San Gregorio." Francisco de Paula Arrangoiz, México desde 1808, op. cit., p. 13

(8) vizcaína. Al parecer en la Colonia los vizcaínos se consideraban tontos.

(9) Belén. El campo que había en Belén podría haber estado cerca de la garita, o sea en Bucareli y Avenida Chapultepec. Campo Florido. Hubo la calzada grande y otra chica con este nombre. La primera comenzaba en las calles de Arcos de Belén y se dirigía a una capilla dedicada al culto de la Virgen de la Soledad, llamadas capilla y Virgen de Campo Florido. La pequeña comenzaba en la calle de Niño Perdido. "No hace muchos años todavía esta calle comenzo á formarse con edificios de uno y otro lado: antes fué una calzada formada de árboles á derecha é izquierda, y terminaba en una plazoleta semicircular frente al santuario, también rodeada de árboles. Al Poniente de esta calzada estaba el amplio potrero del convento de Belén de los Padres, y al Oriente terrenos incultos del antiguo barrio de Amanalco, pertenecientes á la parcialidad de San Juan. Siempre verdes aquellos campos, en tiempos de lluvia principalmente se cubrían de miles de florecillas silvestres que alcanzaron por aquel sitio el nombre poético y risueño de Campo Florido." La calzada más pequeña también tenía árboles, zanjas y terrenos que se cubrían de flores. José Ma. Marroqui, La ciudad de México, México, Tip. y Lit. "La Europea", 1900, t. II, pp. 49-50.

(10) tercera garantía. La unión. Las otras dos eran la religión católica y la independencia política dentro de una monarquía constitucional.

(11) San Juan de Ulúa había quedado en manos de los españoles. Primeramente quedó al mando de este reducto Dávila, que fue sustituído por Francisco Lemour el 24 de octubre de 1822. Éste, a su vez, fue sustituido por José Coppinger en septiembre de 1825.

(12) En los folletos: A unos los mata el valor y a otros los defiende el miedo, México, Oficina de Betancourt, 1822; El sueño de El Pensador no vaya a salir verdad, México, Impreso en la Oficina de don José María Betancourt y en su original en Puebla, en la Oficina Liberal de Morenos Hermanos, 1822; También en el Sol hay manchas, México, Oficina de Betancourt, 1822; y Cincuenta preguntas de El Pensador a quien quiera responderlas, México, Imprenta Imperial de don Alejandro Valdés, 1821 (preguntas 28 a 37).

(13) Máxima de Ulpiano: es lícito repeler la fuerza con la fuerza.

(14) Cf. nota 18 a El cucharero político.

(15) Noticioso General. Periódico que apareció cada tercer día. Publicado en la ciudad de México a partir del 24 de julio de 1815. Según datos del propio Fernández de Lizardi apareció por lo menos hasta 1823.

(16) Juan Martín de Juanmartiñena. Abogado español que vivió en la Nueva España, autor de Verdadero origen, carácter, causas, resortes, fines y progresos de la revolución de Nueva España y defensa de los europeos en general en ella, y especialmente de los autores de la aprehensión del virrey don José de Iturrigaray, México, Arizpe, 1820.

(17) chaquetas. Apodo con que eran conocidos, durante la guerra de insurrección y aún después, los partidarios de los españoles. Santamaría, Dic. mej.

(18) Existen dos refranes al respecto: "Hacer como vaca y cubrir como gata" y "Por eso lo tapa el gato, para que no lo vea el amo." Luis Martínez Kleiser, Refranero general ideológico español, Madrid, Fundación Conde de la Cartagena, 1953, p. 532.

(19) Gn. 18.

(20) Francisco Javier Mina (1789-1817). Caudillo español de la independencia de México.

(21) Los padres de Agustín de Iturbide fueron José Joaquín de Iturbide, español, y Josefa de Arámburu perteneciente a una familia de Michoacán.

(22) Juan de O'Donojú (1762-1821). Capitán general y jefe político de la Nueva España (3 de agosto a 27 de septiembre de 1821). Uno de los jefes de la masonería. Se afirma que fue el último virrey (aclaración remitida por José Rojas Garcidueñas).

(23) "Por de pronto, con su proclama consiguió O'Donojú ponerse en contacto con el general López de Santa Anna, que sitiaba Veracruz, y las comunicaciones que estableció demuestran que no era 'humillante' su actitud. Después de darle noticia de la toma de Puebla, el general mexicano dice a O'Donojú que, vista su proclama, puede comisionar a un sujeto 'de toda su confianza, discreción y prudencia' para tratar con el general en jefe. Le promete, además, que retirará sus fuerzas, cesarán las hostilidades y dejará entrar en Veracruz los comestibles y auxilios que necesiten. Pero O'Donojú no va a plegarse inmediatamente; para aceptar ─ya que 'no cedo a nadie en adhesión a los americanos'─ necesitará saber si Santa Anna tiene la precisa autorización de Iturbide, y sólo cuando el general sitiador comunique las medidas que ha tomado pata la entrevista entre O'Donojú y el primer jefe mexicano y prometa el cese de hostilidades, el nuevo jefe político podrá pactar. Y así quedó 'libre y franca la entrada de la ciudad', con lo que se abrió el mercado y se restableció la abundancia de víveres y de todos los artículos necesarios de consumo." Jaime Delgado, España y México en el siglo XIX, I. 1820-1830, pról. de C. Pérez Bustamante, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, 1950, p. 60.

(a) Exponerse a perder la vida por otro es la mayor prueba del amor: mejorem caritatem habet, etcétera. Es un evangelio.

(24) facetada. Chiste afectado y sin gracia. Santamaría, Dic. mej.